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Skyler Boché ha sobrevivido tanto a la guerra como al horrible accidente aéreo que debería haberla matado junto al resto de la tripulación. Ahora tiene que lidiar cada día con las consecuencias de ello. Además del TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) que la está comiendo por dentro. Devin James es una persona alocada, hermosa y testaruda; no es nada fácil lidiar con ella. Se siente atraída inexplicablemente hacia Skyler y se niega a renunciar a tenerla, por más que la propia Skyler intente hacer que se aleje. A través de todas sus experiencias en el amor, la pérdida y la desazón, descubrirá que, cuando los ángeles caen, a veces necesitan un poco de ayuda para levantarse nuevamente.
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Seitenzahl: 302
Veröffentlichungsjahr: 2022
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CUANDO
LOS
ÁNGELES
CAEN
Sherryl D. Hancock
Traducción de Marina López-Duarte Bandini
Título: Cuando los ángeles caen
Versión original en inglés publicada el 17-04-2017 por Ockham Publishing
© Sherryl D. Hancock 2017
Título original: When Angels Fall
Fotografía de la cubierta: Tirzah D. Hancock
Primera edición: junio 2022
Publicado por Monogatari Media Editorial S.L., Girona 148, 08037, Barcelona.
© 2022 Monogatari Media Editorial S.L., sobre la presente edición. Esta traducción se publica por acuerdo con Ockham Publishing Group Limited
Reservados todos los derechos.
Traducción: Marina López-Duarte Bandini
Edición de la cubierta: Marta Espallargas
ISBN E-book: 978-84-09-41213-6
Depósito legal: B-7765-2022
Impreso en UE
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
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Agradecimientos
Nuevamente, mi más sincero agradecimiento a nuestras valientes tropas de combate: por todo lo que hacéis por vuestro país y por los demás. El Trastorno de Estrés Postraumático es algo real y necesita ser tratado antes de que las cosas vayan demasiado lejos. Para todos los soldados que regresan de la guerra: sois importantes, sois amados y sois necesarios.
Y también gracias al buscador de Google por toda la ayuda y el material de referencia.
Este libro está dedicado a mi suegro Ralph W. Hancock Senior, veterano de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y uno de los mejores hombres que he conocido. Te echamos de menos todos los días y pensamos en ti a menudo. Siempre te amaremos. Gracias por ser el ejemplo de un hombre en el cual puedo confiar. He encontrado a muy pocos como tú.
Capítulo 1
—Hola, soy Jams —dijo el chico guapo de ojos azules, extendiendo la mano a Devin mientras la evaluaba con sus ojos.
Devin sonrió, sabiendo que estaba siendo observada y encontrándolo infinitamente divertido. Ella no salía con hombres. Sus amigos lo sabían, y aun así habían invitado a este chico y a sus colegas a su fiesta. Había sido error suyo, les había dicho que invitasen a cualquiera que pudiera parecer divertido. Tal vez debería haber sido más concreta.
—Adelante, siéntete como en casa —dijo ella, invitándolo a entrar en su hogar de Malibú.
El sitio era hermoso, situado sobre el océano y con una vista increíble desde cada ventana. Era una fiesta casera y todos estaban pasándolo bien. Había una amplia zona para sentarse ante una televisión de pantalla grande que estaba reproduciendo películas de forma aleatoria. La música brotaba de los altavoces escondidos en la casa, una mezcla agradable de música dance moderna y antigua. Una gran barra contenía todo tipo de bebidas alcohólicas. Por el otro lado, la enorme nevera de estilo comercial guardaba cervezas, vinos y refrescos.
Mientras Devin deambulaba por la casa echándole un vistazo a la gente que estaba reunida ahí, sus ojos se volvieron hacia el hombre que acababa de conocer y después se fijó en sus amigos. Fue entonces cuando vio a la mujer que estaba de pie con Jams y otros dos hombres. Devin no pudo quitarle los ojos de encima. La mujer no vestía de manera extravagante, su ropa era bastante normal. Pero había algo en ella, no sabía muy bien el qué, que la inquietaba. Se quedó observando mientras el grupillo se acercaba a unos miembros del Departamento de Policía de Los Ángeles que estaban por ahí. ¿Así que también eran policías? Devin no estaba segura, pero pensaba averiguarlo.
Una hora más tarde, le dirían que Jams y su «pandilla» en realidad eran parte del Equipo de Rescate del Departamento de Bomberos de Los Ángeles: tripulaban un helicóptero. Sus ojos se posaban todo el tiempo sobre la mujer del grupo, percibiendo claramente que ella también era homosexual. Devin se preguntó si era por eso por lo que le atraía tanto. Pero ese no podía ser solamente el motivo, ya que había otras lesbianas en la fiesta a las cuales Devin no conocía y no le llamaban tanto la atención.
Devin James siempre hacía lo que sentía que era correcto y algo le decía que aquella mujer era alguien a quien debía conocer, así que planeó hacerlo. Mientras se aclaraba la mente, miró a su alrededor y se dio cuenta de que la mujer había desaparecido; ya no estaba con sus amigos. Recorrió la casa, sin suerte en localizarla. Pero justo cuando se había rendido, pensando que la mujer ya se había marchado, miró por la puerta trasera. Estaba sentada en una de las mesas del patio interior. Observó cómo la mujer se llevaba una botella de cerveza a los labios y miraba su móvil, que estaba a su lado sobre la mesa de vidrio. Devin sonrió mientras observaba cómo la mujer ponía los ojos en blanco y lo empujaba lejos. Entonces la mujer se estiró para coger un cigarrillo del paquete que tenía cerca y se lo llevó a los labios. Abrió un mechero Zippo para encender el extremo y lo cerró con un movimiento suave. Por alguna razón que no pudo determinar, a Devin le pareció fascinante aquel gesto.
Abriendo la puerta corredera, Devin dio un paso hacia el patio interior. La mujer la observó inmediatamente, sus ojos de un imposible color verde azulado se estrecharon ligeramente mientras dejaba salir una bocanada de humo de entre sus labios. Devin sonrió, inclinando la cabeza mientras se sentaba en una silla cercana.
—¿No lo estás pasando bien? —preguntó Devin, con los ojos brillantes de diversión.
—Claro que sí —respondió la mujer, mirándola fijamente mientras se acercaba de nuevo la cerveza a los labios. Entonces se echó hacia atrás cómodamente, señalando el área a su alrededor—. Esto es algún tipo de patio interior.
Devin miró a su alrededor, sonriendo.
—Así es, a mí me gusta.
El móvil que estaba sobre la mesa vibró de nuevo, provocando que la mujer emitiera un gruñido mientras lo miraba otra vez.
—¿Problemas? —preguntó Devin.
La mujer la volvió a mirar. Se irguió y le dio una larga calada a su cigarrillo—. Solo se trata de unos asuntos en casa.
—¿Y dónde queda eso?
Sus ojos verdes azulados se estrecharon ligeramente de nuevo. Devin notaba que estaba tentando a la suerte, pero estaba determinada a conocer a aquella mujer.
—Luisiana —respondió la mujer.
Devin asintió como si lo entendiera todo. Cuando se hizo el silencio, Devin la presionó más.
—¿Así que eres amiga de Jams?
La mujer asintió.
«No es muy habladora, ¿eh?», pensó Devin para sí misma.
—Parece un tío agradable.
Devin vio el ligero cambio de actitud de la otra mujer; había estirado sus piernas y miraba las botas de combate negras que tenía puestas mientras asentía. Entonces miró nuevamente a Devin.
—Está soltero —dijo la mujer, como confirmándoselo a Devin.
Devin tardó un segundo en darse cuenta de que aquella mujer obviamente pensaba que había acudido a ella para sonsacarle información sobre Jams. Se rio nerviosamente, moviendo la cabeza.
—Oh no, yo no… —comenzó, negando rápidamente su interés en Jams de manera casi cómica. Vio cómo los labios de la otra mujer esbozaban una sonrisa ante su incomodidad, con los ojos brillando graciosamente. Aquello provocó que Devin se volviera atrevida—. Él no es mi tipo… pero tú sí.
Devin no estaba segura de porqué había sentido tanta satisfacción por la sorpresa que se veía reflejada en los ojos de la otra mujer, la cual inclinaba ligeramente su cabeza. Aun así, ella solo respondió con un simple: «Ya veo».
¡La mujer era como Fort Knox1! ¡Habían pasado años desde que Devin había tenido que esforzarse tanto para ligar con alguien!
Inesperadamente, la puerta corredera se abrió y Jams asomó la cabeza.
—¡Vudú, ven aquí que estamos tomando chupitos! —le gritó alegremente.
La reacción de la mujer fue sonreír con indulgencia, sacudiendo su cabeza y mirando hacia Jams.
—Un momento —respondió, levantando su cigarrillo a medio terminar.
—¡Vale, vale! — le respondió Jams, y volvió a entrar.
Hubo un momento de silencio mientras las dos mujeres se miraban entre sí.
—¿Vudú? —preguntó Devin, con los ojos brillantes por la curiosidad.
—Les costó un segundo en la escuela de aviación—. Devin parecía desconcertada, pero continuó—. Tu equipo te asigna un apodo de inmediato. Luisiana, Vudú… fue cuestión de un momento.
—Oh —dijo Devin, asintiendo y sonriendo—. ¿Entonces debería llamarte «Vudú»?
—No, si quieres que te responda —remató la mujer, como si ya lo hubiese dicho cientos de veces.
Devin se rio ante aquella respuesta, y luego la miró de soslayo.
—¿Cómo debería llamarte, entonces?
La mujer lo consideró durante un largo rato, como si decirle su nombre a Devin violara algún tipo de regla.
—Skyler.
—Yo soy Devin.
Skyler asintió, dándole una larga calada a su cigarrillo mientras se levantaba. Devin la observaba, pensando que Skyler sin duda era atractiva. Tenía una figura esbelta. Vestía unos vaqueros azules descoloridos que se ajustaban muy bien a su cuerpo, y una camiseta negra sin mangas que dejaba expuestos los músculos de sus brazos. Su cabello oscuro le llegaba a los hombros y lo tenía en capas cortas que enmarcaban un rostro perfectamente bronceado, con unos hipnotizadores ojos resaltados por unas gruesas pestañas negras. Devin se dio cuenta de que estaba mirando los labios de Skyler; eran gruesos y sensuales. Tenía tan poco maquillaje que Devin apenas podía detectarlo, su cara era tan hermosa que realmente no necesitaba nada para realzar sus rasgos.
«¿Ya me estoy obsesionando?», pensó Devin.
De repente se dio cuenta de que Skyler estaba esperando que la siguiera de regreso a casa y se rio nerviosamente. Se levantó apresuradamente de la silla y fue hacia la puerta corredera.
Skyler observó cómo la chica a la que había denominado «la salvaje» entraba de nuevo en casa. Devin indudablemente era bonita, con su cabello negro pintado de violeta en pequeños mechones y sus ojos muy verdes. Tampoco había duda de que exhibía un gran cuerpo, con la parte superior del bikini negro y unos pantaloncillos vaqueros hechos jirones. Tenía la piel suave, sin marcas visibles de bronceado. Skyler también se había fijado en las múltiples perforaciones que tenía Devin en las orejas, así como también en una de sus cejas.
Según la opinión de Skyler, eran como el día y la noche, por lo cual le impactaba que Devin se hubiese interesado por ella. Odiaba admitir que le intrigaba ver hasta dónde llegaría esa chica para poder comunicarse con ella. La mayoría de las mujeres no tenían tanta energía. Skyler sabía que su comportamiento era desagradable; era algo intencionado. Solo dejaba que se le acercasen las personas que ella quería que lo hicieran. Últimamente, cada vez había menos gente que quisiera estar a su lado. Era preocupante, pero no pensó sobre ello mientras seguía a Devin al interior de la casa.
—¡Ya era hora, maldita sea! —gritó Jams, estirándose para darle a Skyler un chupito lleno de un líquido oscuro.
Levantando su vaso, Jams brindó sombríamente:
—Los ángeles caen.
Skyler inclinó su cabeza y repitió:
—Los ángeles caen.
Los otros dos miembros asintieron mientras levantaban sus vasos y bebían.
Devin los observó, intrigada por el brindis; obviamente tenía un significado oculto para ellos. Hubo mucha más bebida y algunos brindis interesantes, y ya era obvio que Skyler se estaba emborrachando. Devin comenzó a detectar un acento marcado que debía ser cajún2.
—¡No, no, no! —exclamó en un momento dado Skyler, pidiendo silencio con sus manos entre el grupito reunido alrededor de la barra—. De verdad, ¿qué ha sido eso? —preguntó, con su acento más marcado ahora.
—¡Ha sido un pase, chérie! —respondió uno de los chicos.
Skyler tenía la mirada aturdida. Sacudiendo su cabeza, dijo:
—¡Ha sido el peor pase del mundo!
—Tal vez —dijo Jams, asintiendo con la cabeza—. ¡Pero ella les está dando una paliza con un palo, damas y caballeros!
—¡Cállate, coño! —Skyler frunció el ceño, con los ojos brillando de diversión.
Devin los miraba, observando la manera en la que Skyler interactuaba con su equipo. Era obvio que desde hacía tiempo eran amigos, pero los otros dos miembros (apodados «Tom» y «Jerry»), eran menos afectuosos con Skyler que Jams, y Devin se preguntaba por qué.
Skyler se alejó de la barra, recogiendo su botella de cerveza, y buscando sus cigarrillos y su mechero.
—El cáncer me llama —dijo mientras se dirigía hacia la puerta corredera de vidrio.
Cinco minutos después, Devin encontró a Skyler en el mismo punto en el que había estado un rato antes. Sonrió, observando que Skyler parecía estar mucho más relajada esta vez, con sus piernas extendidas frente a ella y cruzadas a la altura de los tobillos.
—Y aquí estás otra vez.
Skyler la miró de costado.
—¿Dejas que la gente fume dentro de tu casa?
—No.
—Por eso estoy aquí de nuevo —respondió Skyler, con suficiencia.
Devin asintió, mostrándose de acuerdo. Se estiró para alcanzar una silla y se sentó frente a Skyler, con sus piernas a cada lado de sus extremidades extendidas. Skyler la miró cautelosamente, con una sonrisa torcida en sus labios, pero no se movió de su lugar
—Pues… —comenzó Devin, como si simplemente quisiera reanudar la conversación que habían tenido mucho antes—. ¿De qué parte de Luisiana eres? —le preguntó inclinándose hacia adelante, con sus ojos posados en los de Skyler.
Skyler le dio una larga calada a su cigarrillo, considerando la pregunta de Devin. Dejando salir una larga humarada, sonrió y asintió, aceptando que Devin estaba esperando su respuesta.
—Baton Rouge —dijo Skyler, pero debido a su acento, sonó más como «ba ton rouge», con el «ton» bien marcado.
Devin la miró durante un largo rato, tratando de descifrar lo que le acababa de decir. Skyler sonrió, sabiendo que había dejado perpleja a la salvaje, al menos por un momento.
—¿«Ese» Baton Rouge? —le preguntó Devin finalmente, pronunciándolo de la manera más americana posible.
Skyler asintió, llevándose otra vez el cigarrillo a sus labios. Después de dar otra calada, se frotó el pulgar debajo del labio inferior; era un movimiento que aquellos que la conocían sabían que era su manera de medir hasta dónde iba a dejar acercarse a una persona. No dijo nada más.
«Sigue sin ser muy habladora»,pensó Devin.
—¿Y así se pronuncia en cajún?
—Sí, señora.
—Dilo otra vez —dijo Devin, cautivada.
Skyler se sorprendió por su petición, pero repitió «Baton Rouge» otra vez marcando mucho el acento.
—Qué guay.
Skyler inclinó la cabeza, con una sonrisa divertida en sus labios y sus ojos bailando en lo que Devin interpretó como una especie de desafío.
—¿Beber hace que te salga el acento? —le preguntó Devin repentinamente, rompiendo el silencio que había comenzado a extenderse.
—Un montón.
—¿Bebes mucho? —preguntó Devin, mirándola directamente, un tanto desafiante.
Skyler dudó antes de responder un poco a la defensiva:
—A veces.
Además del tono de voz, Devin observó que Skyler había levantado las piernas y se había sentado un poco más recta en su silla. Detectando un cambio claro en la dirección equivocada, Devin decidió hacer algo un poco impulsivo. Levantándose, dio un paso hacia adelante y se inclinó hasta estar frente a frente con Skyler.
—Me gusta el acento —le susurró seductoramente, con sus labios cerca del oído de Skyler.
Skyler se echó hacia atrás lo suficiente como para mirar a Devin a los ojos.
—¿En serio? —le preguntó Skyler con voz ronca.
Devin asintió, con sus labios abriéndose por la repentina y sorprendente tensión sexual que había surgido entre las dos. Mientras sus ojos se encontraban con los de Skyler, se preguntó si ella también lo había sentido. Los ojos de Skyler se fijaron en los labios de Devin y se alzaron de nuevo para posarse en su mirada. Solo bastó un simple movimiento para que sus labios se encontraran en un sorprendente y hambriento beso.
Devin se sentó sobre Skyler en la silla, mientras las manos de Skyler se deslizaban por su cabello acercando su rostro, con sus labios sin separarse en ningún momento. El beso se intensificó mientras sus cuerpos se presionaban entre sí. Devin cogió los hombros de Skyler y se maravilló por la reacción de su cuerpo. Nunca había sentido algo tan intenso. Era imposible que ahora pudiera detenerse.
Skyler estaba dejando que el alcohol en sus venas apagara todas las alarmas de advertencia que intentaban sonar en su cabeza. Se dijo a sí misma que por una vez no iba a pensar; solo iba a dejar que ocurriera. De todas maneras, no estaba segura de que su cuerpo permitiese que se fuera a detener, ya que sentía cada nervio como un cable de alta tensión.
Pasaron lo que parecían horas explorando la boca de la otra, con las manos sobre sus cabellos y su ropa. Cuando las cosas se pusieron decididamente más ardientes, Skyler se levantó, asiendo a Devin mientras lo hacía y poniéndola de pie suavemente. Se miraron por unos instantes hasta que Devin tomó la mano de Skyler y, haciendo que se diera la vuelta, la hizo entrar en casa.
Si alguien observó a la pareja caminando por ahí, nadie comentó nada. En unos pocos instantes, Devin y Skyler estaban dentro del dormitorio y ya no había lugar para las dudas. Se quitaron la ropa y la dejaron a un lado rápidamente mientras se acercaban a la cama. Sus labios se encontraron una vez más y no volvieron a hablar. Solo se comunicaban a través de jadeos, suspiros, gemidos y respiraciones cortas. Al final, ambas se tendieron lado a lado para recuperar las fuerzas. Se hizo el silencio, cada una inmersa en sus propios pensamientos.
Skyler sabía que estaba cometiendo una equivocación acercándose a la zorra de cabello negro y violeta. Su mente le había gritado muchas veces durante las últimas horas que se alejara de aquella chica. En el momento en que Devin le había dicho que era su tipo debería haberse escapado rápidamente. Pero, en vez de eso, se quedó, confiando en su habilidad de bloquear cualquier intento de que se le acercase una mujer. ¿En qué estaba pensando, emborrachándose cerca de ella? Había bajado la guardia lo suficiente como para invitarla a pasar, aunque solo fuera un rato, y eso fue todo lo que necesitó.
«Me pregunto qué tipo de hechizo habrá utilizado sobre mí»,pensó Skyler irónicamente, mientras su cuerpo se adormecía. El alcohol en sus venas la estaba sedando, y su último pensamiento y acción antes de dormirse fue poner espacio entre ella y el cuerpo desnudo de Devin que estaba a su lado. Ya había descubierto que besar a esa mujer había sido su ruina; mantener el contacto físico tampoco sería algo bueno.
Devin sintió cómo Skyler se alejaba de ella y se preguntó el porqué, pero decidió que ya la había presionado mucho. No sabía entonces que a la mañana siguiente se despertaría y comprobaría que Skyler se había marchado sin decir ni una palabra.
Durante la siguiente semana, Devin esperó a ver si Skyler la contactaba. Estaba decepcionada, pero no completamente sorprendida cuando no llegó ningún tipo de contacto. Su ego se calmó un poco cuando, al final de la semana, se enteró de que todo el equipo de rescate de Los Ángeles estaba en el norte de California ayudando con los incendios forestales que estaban fuera de control.
Devin le dio otra semana hasta que oyó que volverían a Los Ángeles más tarde ese mismo día. Y cuando vio que Skyler todavía no la había contactado, tomó cartas en el asunto. Usó sus habilidades para encontrar dónde vivía. Descubrió que vivía en un apartamento de lujo en Van Nuys y que, al parecer, ella y Jams eran compañeros de piso. Se enteró de esto último cuando él le abrió la puerta.
—¿Qué tal? —dijo él, sonriéndole mientras abría más la puerta. Observó que llevaba puesto su traje de aviador. Era de color verde militar con un parche del Departamento de Bomberos de Los Ángeles.
—Pasa —siguió, alejándose de la puerta—. Acabamos de volver.
—He oído que estabais en el norte —le dijo ella, entrando.
—Vamos a donde nos digan —le respondió. Hizo un gesto hacia el pasillo—. Está al final del pasillo, en la última puerta a la derecha.
Devin se sorprendió por la falta de preámbulos, como si él hubiese estado esperándola. O al menos no estaba sorprendido por su presencia.
Lo que no sabía era que él había estado atosigando sin parar a Skyler sobre Devin cuando estuvieron en el norte de California. Le estuvo preguntando repetidas veces si pensaba llamar a la chica. Las respuestas de Skyler no habían sido precisamente amistosas, aunque por suerte, a él no le daba miedo su compañera tanto como a los demás. Observó la cabeza de Devin dirigiéndose a la habitación de Skyler, sonriendo; la chica indudablemente era especial. Tenía la sensación de que Skyler finalmente había encontrado a alguien con quien no podía encerrarse tan fácilmente. Eso le hacía feliz.
Jams conocía a Skyler desde que ambos estaban en el entrenamiento básico del Ejército. Habían pasado doce años juntos y la había visto en las buenas y en las malas. Ella lo había acompañado en momentos difíciles de su vida y de su profesión, y él le había confiado su vida. Sabía que Skyler ahora estaba mal, y también sabía que algo tenía que pasar en algún momento. Jams había estado esperando, con temor, ese punto de inflexión. Una parte de él deseaba que apareciese alguien que fuera capaz de lidiar con la cabezota de su compañera; tal vez Devin era esa persona. No lo sabía, pero esperaba que así fuera.
Devin observó que la puerta de Skyler estaba abierta. Espió y vio a Skyler de pie dándole la espalda a la puerta. Todavía tenía puesto su traje de aviadora, así que Jams no exageraba al decir que acababan de volver. Devin dudó, preguntándose si debería haber esperado un poco más antes de presionar a Skyler otra vez, pero ya era demasiado tarde porque Skyler se dio la vuelta y la vio en la entrada. Devin no pudo evitar notar que el cierre del traje de aviadora de Skyler estaba abierto hasta su cintura, dejando expuesto un sujetador deportivo negro y mucha piel. Intentó concentrarse por tener una conversación con Skyler e ignorar la reacción inmediata de su cuerpo ante la imagen que tenía enfrente.
Skyler la observó de arriba a abajo, asimilando la expresión de deseo repentino en el rostro de Devin, y reprimió su respuesta instantánea. «¿Qué pasa con esta chica?», pensó Skyler. No era la primera vez que lo hacía en las últimas dos semanas. Sin duda le había sido más fácil controlar sus sentimientos cuando no estaba tan cerca de Devin; los recuerdos no eran tan vívidos.
Apoyándose en el escritorio que tenía detrás de ella, Skyler colocó sus manos a cada lado, con aspecto deliberadamente aburrido.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Devin entró por la puerta, conteniendo la irritación que surgió al oir el tono de Skyler.
—No he tenido noticias tuyas. Así que decidí venir a ver si aún estabas con vida.
Skyler asintió lentamente, evaluando aun la situación.
—¡Todavía estoy viva!
Devin respiró lentamente por la nariz, negándose a morder el cebo que le estaba lanzando Skyler. No iba a gritarle, no importa lo que sucediera.
—No me has llamado —dijo Devin, esperando parecer cercana.
—Nunca dije que lo haría —respondió Skyler, inexpresiva.
Devin frunció los labios, considerando la situación, y asintió.
—Tienes razón. No lo dijiste, pero esperaba que lo hicieras.
—¿Por qué?
Devin la miró, sorprendida de que alguien pudiera ser tan volátil. Esperó mientras miraba a Skyler y, en ese momento, captó un cambio en su mirada: sus ojos estaban levemente caídos. Eran diminutos. Si no la hubiera estado mirando directamente, no lo habría notado, pero eso demostró que, a pesar de toda la bravuconería de Skyler, le estaba pasando algo más. Devin no estaba completamente segura de saber qué era ese algo, pero quería averiguarlo.
Como Devin no contestó, Skyler se dio la vuelta y comenzó a quitarse el reloj y el collar, colocándolos en una caja en el aparador. Se trasladó a la cama y se sentó para desatarse las botas, sin dejar de mirar a Devin, esperando pacientemente una respuesta, pero negándose a preguntárselo de nuevo.
Devin miró a la mujer que había estado en su mente durante las últimas dos semanas, tratando de decidir cómo responder a su pregunta. Quería gritarle, llamarla «zorra» por haberla visto como un rollo de una sola noche y por tratarla como si fuera alguien intrascendente. Era algo que normalmente no soportaría, pero esta vez era diferente. Skyler era diferente y, maldita sea, no iba a dejarla ir por algo así.
Mientras Skyler se erguía después de haberse quitado las botas, Devin captó la mirada cautelosa de sus ojos. En respuesta, dio un paso acercándose a la cama e, instantáneamente, vio levantarse la barbilla de Skyler. Al notar la precaución e incluso un leve signo de alarma en el rostro de Skyler, Devin supo lo que tenía que hacer. Fue directamente hacia Skyler y se puso frente a ella. La posición de Skyler en la cama dejó a Devin por encima suyo. Oyó la rápida inhalación de aire de Skyler y sintió, en lugar de ver, que se movía ligeramente hacia atrás.
Skyler se estremeció, sintiendo que la proximidad de Devin enviaba una carga eléctrica a través de ella. Instantáneamente, todas las sensaciones de su noche juntas regresaron como un cohete y trató desesperadamente de mantener el control. Todo se hizo añicos un momento después cuando Devin pronunció un: «Oh, no, no lo harás», y la besó. Skyler dejó escapar un gemido mientras acercaba a Devin, profundizando el beso.
Las manos de Devin apartaron el traje de aviadora, mientras se sentaba a horcajadas sobre Skyler. Skyler obedeció sacando sus brazos de las mangas, e inmediatamente los puso alrededor de Devin, manteniéndola cerca. Las uñas de Devin se clavaron en los brazos de Skyler mientras el calor entre ellas se intensificaba. Skyler se movió para poder recostarse, llevándose a Devin con ella. Una vez más, se quitaron la ropa y la arrojaron a un lado; ya estaban haciendo el amor. Pasó otra hora antes de que finalmente se quedaran sin aliento en la cama.
Skyler yacía con su cuerpo cubriendo parcialmente el de Devin, su cabeza sobre la almohada justo por encima de la cabeza de Devin. Devin tenía su mano sobre el brazo de Skyler, rodeando su cuerpo. Fue unos minutos más tarde cuando Devin sintió que Skyler comenzaba a alejarse; ella inmediatamente aumentó el agarre sobre su brazo. Skyler la miró y Devin le devolvió la mirada con ojos desafiantes.
Entonces se rio, sorprendiendo a Devin por completo.
—No puedo alejarme mucho —dijo Skyler, explicando—. Simplemente no quería aplastarte.
Devin se aferró al brazo de Skyler cuando ella comenzó a retroceder de nuevo.
—Me gusta tenerte aquí.
—Sí, señora —dijo Skyler, sonriendo mientras acomodaba su cuerpo de nuevo.
Permanecieron calladas, pero fue un silencio confortable. Después de un largo rato, Devin miró a Skyler. Al sentir el movimiento, Skyler también la miró. El sol brillaba a través de las persianas de la habitación e impactaba sobre la cara de Skyler, y fue entonces cuando Devin observó lo cansada que parecía.
—¿Cuánto llevas sin dormir? —preguntó, preocupada.
Skyler cerró los ojos lentamente y volvió a abrirlos.
—No lo sé. Nunca puedo dormir bien cuando estoy en primera línea.
—¿Por qué? —preguntó Devin, acomodándose para mirar mejor a Skyler.
—Bueno, estábamos en tiendas de campaña y no parábamos de volar en toda la noche, así que dormir era algo complicado. Además, trabajábamos en turnos de doce a catorce horas.
—Dios mío. Vale, necesitas dormir —dijo Devin con decisión.
—No voy a discutir eso —dijo Skyler, sonriendo y cerrando los ojos de nuevo, comenzando a notar de repente lo cansada que estaba.
—Oh, qué día más feliz —respondió Devin, sonriendo—. Pero cuando te despiertes —dijo, poniendo un dedo en el pecho de Skyler—, quiero volver a mi casa.
Skyler parecía desconcertada.
—No me iré, a menos que nos vayamos juntas.
—No confías en mí, ¿eh?
—La verdad es que no —confirmó Devin.
Skyler asintió, aceptándolo. Sabía que su comportamiento había sido reprobable cuando se trataba de manejar los sentimientos de Devin, por lo que estaba dispuesta a aceptar esa culpa. Todavía no tenía idea de qué significaban, pero estaba demasiado cansada para tener esa conversación en aquel momento.
Skyler se durmió momentos después, acurrucada a su lado. Devin se levantó, se puso la ropa y salió de la habitación. Se sorprendió al ver que Jams todavía estaba despierto, comiendo sentado en la mesa del comedor; esperaba que estuviera dormido en su habitación.
—Oh, hola —dijo, mientras entraba al comedor.
—¿Qué tal?
—Pensé que estarías dormido como Skyler.
—Qué va —dijo, sacudiendo la cabeza—. Puedo dormir en cualquier lugar, es una habilidad que aprendes en el Ejército.
—¿Y Skyler no la aprendió?
—Claro que sí —dijo Jams, cambiando su mirada ligeramente—Sencillamente ya no duerme tan bien como solía hacerlo.
Devin lo miró durante un largo momento, esperando a ver si daba más detalles, pero no lo hizo.
Le sonrió de manera cómplice.
—Bueno, ¿qué tal fue? —preguntó, señalando con la cabeza hacia el dormitorio de Skyler.
Devin se sentó en la silla frente a él, levantando sus piernas y abrazando sus rodillas contra el pecho.
Negó con la cabeza en respuesta a su pregunta.
—¿Ha habido alguna vez una mujer que supiera cuál era su relación con ella?
—Ya no —respondió con una mirada de dolor.
Devin sabía que había algo más en aquella afirmación, pero no sentía que tuviera derecho a preguntar en ese momento. En verdad, ella y Skyler no estaban más cerca de tener una relación real de lo que habían estado una hora antes. Tan solo se las había arreglado para confirmar que la atracción sexual que sentía Skyler hacia ella era tan fuerte como la suya. Asintió con la cabeza, concentrándose en un hilo de sus vaqueros y jugando con él.
—Necesitas saber algo —dijo Jams después de un largo instante, con tono serio.
—¿Ah, sí? —dijo Devin con cautela.
—Tiene muchas cosas que resolver —siguió, llevándose el dedo a la sien—. Aquí, ¿entiendes?
—Ya lo he notado.
—En serio, necesita trabajar en algunas cosas —dijo Jams, casi en tono de disculpa—. Si no lo hace, no será nada bueno.
Devin miró al amigo de Skyler, sorprendida por lo que le estaba diciendo y sin saber por qué sentía la necesidad de decirle algo.
—¿Y por qué me lo cuentas? —preguntó ella con franqueza.
La observó por un momento, con una mirada tan evaluadora como la que tenía antes Skyler. Finalmente, puso su mano sobre la mesa entre ellos.
—Porque eres la primera mujer a la que se le ha acercado tanto en dos años.
—No sé si a lo nuestro se le puede considerar «acercarse».
—Habéis pasado más de una noche juntas, eso es estar más cerca de ella de lo que nadie ha estado.
—¿En serio?
Jams hizo un chasquido con la lengua.
—Nuestra chica no suele involucrarse tan rápido con alguien y sin duda no responde cuando la presionan. Hoy la has estado presionando al haberte presentado aquí, y eso es algo que generalmente rechaza.
—Oh, sí que me ha rechazado. Créeme.
—Pero sigues aquí.
Devin lo miró tratando de detectar algún tipo de motivo oculto, pero no pudo percibir nada.
—¿Hace cuánto que la conoces? —preguntó.
—Desde el entrenamiento básico —respondió, recostándose en su silla—. Nos conocimos el primer día. No era buena idea meterse con ella, así que decidí hacerlo.
—¿Y cómo te fue?
—Fui derrotado en nuestra pelea durante el almuerzo, pero en la cena ya éramos amigos —respondió, sonriendo.
Devin se rio; sin duda sonaba como la Skyler que conocía hasta ahora.
—¿Cuándo fue eso?
—Pues ya hace unos quince años.
—¡Ostras!
Jams asintió.
—Lo sé, es mucho tiempo.
Devin también asintió.
—Bueno —dijo, levantándose y recogiendo su plato—. Tengo que ir al gimnasio y después a ver a mi chica. Puedes pasar el rato aquí, asaltar la nevera o lo que sea.
—¿Cómo sabes que no me voy a ir?
La miró de manera maliciosa.
—Creo que eres suficientemente inteligente para saberlo —dijo con un guiño. Dicho esto, se dio la vuelta y salió de la habitación.
Sacudiendo la cabeza, Devin lo vio irse. ¿En serio conocía tan bien a Skyler? Después de quince años, supuso que probablemente sí. Jams se fue al poco rato.
Devin recuperó el portátil de su coche e hizo un trabajo que necesitaba poner al día. Pasaron unas horas antes de que se levantara para estirarse. Caminando para restaurar algo de circulación en sus piernas, comenzó a mirar algunos de los cuadros que colgaban en las paredes de la sala de estar. También examinó los que estaban apoyados en una mesilla larga.
Había fotos de Jams con mujeres, y fotos de él y Skyler, algunas de uniforme, una con ellas sosteniendo rifles con ropa de combate. Incluso había una foto de Skyler con una rubia con quien supuso que debía haber tenido una relación, ya que parecían una pareja.
Luego se dio cuenta de que la repisa de la chimenea tenía tres cuadros, dos de los cuales tenían velas al lado. La imagen central era de una tripulación de pie frente a un helicóptero, probablemente la de Skyler y Jams. Sin embargo, no reconoció a dos de los hombres, y ciertamente no eran los dos que habían estado con Skyler la noche de la fiesta. Las otras dos eran fotografías individuales de esos mismos hombres. Devin se dio cuenta de que se trataba de una especie de altar conmemorativo. Pensó entonces en lo que Jams le había dicho sobre las «cosas» que Skyler necesitaba resolver. ¿Este altar tendría algo que ver con esa declaración? Extendiendo la mano, tocó el cuadro de la tripulación, como si de alguna manera le explicara lo que había sucedido.
—Buenas —dijo Skyler desde la puerta de la sala.
Devin la miró. Vio que los ojos de Skyler se movían rápidamente hacia los cuadros que había examinado y luego volvían a ella
—¿Qué tal? Tienes mejor aspecto.
—Vaya, gracias —respondió Skyler, apoyándose en el pomo de la puerta.
Llevaba unos vaqueros y una camiseta de camuflaje con la inscripción «Ejército». Devin observó que los ojos de Skyler volvieron a la imagen nuevamente, y era obvio que estaba esperando que Devin preguntara. Devin decidió no presionarla, así que se acercó y se inclinó para besar suavemente los labios de Skyler.
—¿Lista para ir a buscar algo para cenar? —preguntó Skyler, aparentemente aliviada de que Devin no hubiera hecho ninguna pregunta.
—Sí, por supuesto.
—Déjame coger las llaves.
—Tengo mi coche aquí. Puedo conducir, si todavía estás cansada —ofreció Devin.
—Qué va, estoy bien. Probablemente conozco la zona mejor que tú.
—Vale, es cierto.
Unos minutos después salieron al aparcamiento. Devin no estaba segura de por qué estaba sorprendida de que el coche de Skyler fuera un deportivo. No estaba segura de lo que esperaba. Era un coche bajo y de aspecto elegante, y seguramente también era rápido. Eso no sorprendió a Devin en absoluto.
—¿Qué modelo es? —preguntó, mientras Skyler le abría la puerta del pasajero para que entrase.
—Es un Z —dijo Skyler, cerrando la puerta una vez que Devin estuvo sentada, dirigiéndose después al lado del conductor.
Devin vio cómo Skyler oprimía el botón de encendido y el motor cobraba vida con un rugido gutural.
—Qué guay... —dijo Devin, asombrada.
Skyler sonrió con orgullo.
—¿Verdad que sí?
Cuando Skyler salió del aparcamiento y aceleró el motor, Devin se sintió aliviada de llevar puesto el cinturón de seguridad. Ciertamente, el coche era rápido. Sin duda encajaba con Skyler; el exterior era de un blanco perlado con detalles en rojo, y el interior era como un coche de carreras, con un increíble cuero negro y rojo. Miró las alfombrillas del suelo y leyó la palabra cosida en ellas.
—¿Qué es «Nismo»?
Skyler sonrió mientras aceleraba el motor para pasar varios coches.
—Significa «Nissan Motorsports», es una marca de automóviles.
—Así que tienes tu propio coche de carreras.
—Supongo que tengo un coche de carreras auténtico, sí.
Skyler se inclinó y encendió el equipo de música. Devin no se sorprendió cuando la música rock salió de los altavoces. Reconoció que la banda era «Rush». Parecía encajar con el estilo de Skyler. Condujeron durante un rato y Devin estuvo observando cómo manejaba Skyler.
Skyler tenía una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios. Estaba tocando la palanca al ritmo de la batería de la canción que estaba sonando: «Everyone Wants You» de Billy Squire. Devin se fijó en el anillo que llevaba en el dedo anular derecho. Parecía un anillo de graduación, pero pudo ver que tenía la inscripción «EJÉRCITO».
La canción del equipo de música cambió, y Devin observó inmediatamente que el estado de ánimo de Skyler también lo hizo; fue como si hubiera entrado en trance, estirándose para subir el volumen. Devin miró la pantalla y observó que la canción se llamaba «Angels Fall»3. Inmediatamente recordó el extraño brindis que Skyler y Jams habían hecho en la fiesta, y se preguntó si la canción tenía algo que ver. Minutos después estaba segura de que así era.
