Cuatro horizontes - John Berger - E-Book

Cuatro horizontes E-Book

John Berger

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Beschreibung

Este libro recoge las conversaciones mantenidas entre John Berger, John Christie, sor Lucia Kuppens y sor Telchilde Hinckley tras visitar en 2009 la capilla de Ronchamp de Le Corbusier. En este viaje de peregrinaje espiritual y arquitectónico, los diálogos afloran como un homenaje en vivo a la capilla y a su arquitecto. Los cuatro visitantes acuden a Notre-Dame-du-Haute desde trayectorias muy distintas, cuatro miradas que se cruzan en ricos diálogos donde aparecen con inusitada frescura y espontaneidad temas tan universales como el valor de la historia, la espiritualidad del lugar, la luz o la materia. El libro viene introducido por un texto de John Christie que cuenta las circunstancias del viaje y recupera asimismo un texto que John Berger escribió en 1965 tras la muerte de Le Corbusier.

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Seitenzahl: 70

Veröffentlichungsjahr: 2016

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Editorial Gustavo Gili, SL

Via Laietana 47, 2°, 08003 Barcelona, España. Tel. (+34) 93 322 81 61

Cuatro horizontes

Una visita a la capilla de Ronchamp de Le Corbusier

John Berger, John Christie, sor Telchilde Hinckley, sor Lucia Kuppens

Traducción de Pilar Vázquez

Diseño gráfico: Toni Cabré/Editorial Gustavo Gili, SL

Fotografía de la cubierta: John Christie

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

La Editorial no se pronuncia ni expresa ni implícitamente respecto a la exactitud de la información contenida en este libro, razón por la cual no puede asumir ningún tipo de responsabilidad en caso de error u omisión.

© de la traducción: Pilar Vázquez

© John Berger, John Christie, sor Lucia Kuppens, sor Telchilde Hinckley, 2011

© Editorial Gustavo Gili, SL, Barcelona, 2015

ISBN: 978-84-252-2882-7

www.ggili.com

Producción del ePub: booqlab.com

ÍNDICE

Nota sobre el texto

Introducción, por John Christie

Viernes, 16 de octubre de 2009

Domingo, 18 de octubre de 2009

Lunes, 19 de octubre de 2009

Martes, 20 de octubre de 2009

Epílogo. Le Corbusier, por John Berger

Bibliografía escogida

Créditos de las ilustraciones

Nota sobre el texto

Boleto de entrada a la capilla de Ronchamp, 1990.

El texto principal de este libro es la transcripción de las grabaciones que realicé durante nuestra visita a la capilla de Ronchamp en octubre de 2009. La transcripción fue levemente corregida a fin de aclarar algunas ideas, pero el texto impreso es una representación muy precisa de las conversaciones espontáneas que mantuvimos los cuatro, tanto en la propia capilla como posteriormente, por la noche, alrededor de la mesa de la cocina, en Belfort, en las que debatimos con cierta profundidad las ideas y las cuestiones que se nos habían planteado durante la visita a la capilla.

Aunque la experiencia de explorar físicamente Notre-Dame-du-Haut en su enclave, en lo alto de la colina y mirando a los cuatro puntos cardinales, es incomparable, existen muchas fotografías excelentes de la capilla, tanto impresas como en la red.

Al final se incluye una breve lista de libros que me resultaron útiles para comprender los diferentes aspectos de la obra de Le Corbusier en Ronchamp, en particular la biografía de Nicholas Fox Weber, Le Corbusier.

A Life, que proporciona cantidad de detalles personales y muchísima información sobre las actividades de Le Corbusier en la Francia de Vichy durante la II Guerra Mundial y sobre su relación con su madre, a la que nos referimos brevemente en nuestra conversación.

Quisiera agradecer a Tom Overton que me sugiriera el título de este libro.

John Christie, 2015

INTRODUCCIÓN

John Christie

Las notas que siguen pretenden ser una introducción que acompañe y explique la conversación mantenida entre John Berger, sor Lucia Kuppens y sor Telchilde Hinckley, dos religiosas benedictinas de la abadía de Regina Laudis (Connecticut), y yo mismo, tras nuestra visita a la capilla de Ronchamp en octubre de 2009.

Se podría decir que nuestro viaje fue un peregrinaje, tanto espiritual como arquitectónico, y nuestras conversaciones, en el lugar mismo y más tarde, una forma de homenaje a este notable edificio y a su arquitecto.

En el verano de 1990 hice mi primera visita a la capilla de Notre-Dame-du-Haut de Le Corbusier, en Ronchamp. Fue uno de los lugares que Genevieve, mi mujer, y yo visitamos durante nuestras vacaciones de verano en Francia. Habíamos estado rodando en Fráncfort y, cuando terminamos el trabajo, enfilamos hacia el sur, en dirección a Basilea para más tarde, tomando dirección oeste, entrar en el Franco Condado. De camino nos desviamos y visitamos la casa donde pasó su infancia Gustave Courbet en Ornans. Por entonces era un pequeño museo provinciano escasamente amueblado y sin ninguna obra importante del pintor, pero recuerdo la vista del río Loue desde las ventanas traseras de la casa, una vista que, a no ser que un coche cruzara alguno de los puentes, probablemente no era muy distinta de la que vería Courbet de niño a finales de la década de 1820. A la salida del pueblo estaba el cementerio, con sus elaboradas lápidas y sus ornamentados panteones familiares. El paisaje circundante de espesos bosques y escarpadas laderas de roca blanca seguía pareciéndose al paisaje que pintó Courbet en su famoso cuadro Entierro en Ornans.

Ronchamp figuraba en segundo lugar en nuestra lista de visitas, y recorrimos los cien kilómetros que nos separaban por carreteras secundarias hasta que llegamos a media tarde. Tomamos la empinada carretera de los peregrinos, que sale de la N19, pasa bajo el viaducto del ferrocarril, y llegamos a la capilla a buena hora; el sol iluminaba todavía su famosa fachada sur. Estaba familiarizado con el aspecto de la capilla, pues había visto muchas fotos, pero verla al natural me emocionó realmente. Era mucho más impresionante que en las fotos que había visto en libros de arquitectura, lo que me sorprendió todavía más; siempre me había parecido que la frase “la cámara nunca miente” no suele responder a la verdad cuando se utiliza en el contexto de la fotografía de arquitectura, en la que a menudo el edificio real te decepciona en comparación con las fotografías.

Sin embargo, Ronchamp era distinto; los detalles que había visto en las fotos pasaron a formar parte de un todo, y el edificio, en realidad, era mucho más que la suma de sus detalles. Además, las vistas panorámicas sobre los campos del entorno y los bosques de los Vosgos al fondo ofrecían un marco natural extraordinario. En el encargo que se le hizo a Le Corbusier en 1950 se le pidió un interior íntimo en el que pudieran asistir a misa unos doscientos fieles, junto con un púlpito exterior, una especie de catedral al aire libre para utilizar en festividades señaladas cuando miles de peregrinos se congregaran en los terrenos alrededor de la capilla. Sobre la cubierta, a modo de centinelas oteando el paisaje, tres torres, cuya forma recuerda un poco a las chimeneas de un transatlántico, miran al norte, al este y al oeste e iluminan las capillas laterales, al tiempo que los rayos de luz que entran por las irregulares ventanas horadadas en el grueso muro sur iluminan el espacio central. En aquella visita, el interior estaba bañado por una luz que no dejaba de cambiar. En todos y cada uno de sus detalles, desde las coloridas vidrieras hasta la inmensa puerta pivotante esmaltada, se percibía la mano de Le Corbusier, y el edificio en su conjunto constituía una obra de arte compleja y perfectamente integrada.

Esa noche nos alojamos en un Logis de France a las afueras de la ciudad, en la carretera de Belfort, que no es muy transitada. Teníamos enfrente un campo de girasoles, y detrás del hotel un paisaje intacto. Por la mañana temprano visitamos de nuevo la capilla durante unas horas antes de continuar nuestro viaje. El hecho de haber visto la capilla a dos horas tan diferentes del día, y, por consiguiente, con el sol incidiendo de una forma tan distinta en sus fachadas, fijó el lugar en mis pensamientos, y empecé a leer todo lo que pude sobre Ronchamp y Le Corbusier. Aparte de los recuerdos de la experiencia del edificio y del lugar, una cosa fundamental que me traje de aquella visita fue un modesto librito en inglés, de formato cuadrado, que encontré en la tienda y que lleva por título Texts and Sketches for Ronchamp.1 Originalmente publicado en 1965, unos meses antes de la muerte de Le Corbusier, contiene las notas manuscritas y los dibujos que llevaron a la realización del proyecto de la capilla. Era como si el arquitecto lo hubiera escrito pensando en mí.

Una parte del texto se me quedó especialmente grabada: