El amor es un escándalo de tipo personal - María Bernatene - E-Book

El amor es un escándalo de tipo personal E-Book

María Bernatene

0,0
5,49 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

El amor es un escándalo de tipo personal es una especie de diario íntimo plagado de emociones y pulsiones que surgen después de la ruptura de una relación. La autora aborda el amor de una manera despiadada. Pone en tela de juicio las relaciones de pareja, pero también su ausencia. Es un grito, constante y agudo, una necesidad de expresión, es descubrirse a la mitad y tener que llenar ese hueco. Es, también, cada uno de los intentos por volver a relacionarse con alguien y la tan escuchada búsqueda de amigarse con uno mismo. El texto se vuelve desesperante y desgarrador, pero también adictivo: es como un caramelo desarmándose en la boca y es, sin lugar a dudas, un escándalo. El amor es fuego en las manos y nunca sabemos del todo cómo comportarnos frente a él. Quizás no siempre haya que soltarlo, sino dejar que arda, que nos vaya deshaciendo y descubrir hasta dónde somos capaces de aguantar.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 97

Veröffentlichungsjahr: 2022

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Bernatene, María

El amor es un escándalo de tipo personal / María Bernatene. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

116 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-763-2

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Bernatene, María

© 2022. Tinta Libre Ediciones

El amores un escándalode tipo personal

María Bernatene

PRIMERA PARTE

Tocar fondo

Capítulo 1

Sin ánimos de spoilearte, tengo que aclarar que lo que sigue a continuación dista muchísimo de ser una historia de amor. En realidad, dudo que tal cosa exista fuera de un cuento de hadas. Estoy cansada de romantizar cada gesto, cada palabra, como si alguien de hecho fuera capaz de construir algo semejante.

Desde que me separé de Víctor, la cosa viene más o menos así: mal.

Bueno, quizás es bastante pesimista comenzar de esta manera, pero prefiero ser sincera y no vender algo que no es. Estoy abrumada, ya ni siquiera puedo describir mis cambios de humor, la cantidad de necesidades que se despiertan a cada instante y que no sabía que tenía. Víctor se fue y dejó un agujero enorme en la casa. No solo por los muebles que se llevó, los imanes de la heladera, el soporte del televisor, los focos, el cuerito de la canilla del baño… Como si extrajera todo y nada a la vez, pero asegurándose de que mi mundo entero dejara de funcionar. De todas maneras, a una semana de su partida, y luego de la visita de algún plomero, lo que más se sufre es el silencio. El suyo, que dejó aquí conmigo, acompañado de un frío arrasador.

Todo lo que me queda es su ausencia y un puñado de recuerdos que seguramente no tendrá consigo, porque la que se ha quedado de una pieza en el lugar que vestimos para dos soy yo.

El tiempo pasa y no me acostumbro a caminar sin derrumbarme frente a alguna cosa. A sentarme a la mesa sin pensar que vendrá de un momento a otro con una fuente humeante. A levantarme y hacer todo con la mayor celeridad posible para no despertarlo. Me rehúso a dejar de comprar cosas para él, a sacar la mirada de las vidrieras para hombres o de los anillos con formas extrañas que le encantaban.

Cuánto me cuesta que no esté más. Hoy me levanté y estuve esperándolo un centenar de veces con un mate servido, con la puerta y las ventanas abiertas, con el capítulo en donde lo dejamos. En pausa. Así vivo ahora. Inmersa en pausas eternas.

Cuánto desearía poder seguir adelante convencida de lo que hice y sin remordimientos. Me gustaría tanto poder mirarlo a los ojos y no estar pensando en todo lo mío que se fue con él. Y en lo que me dejó, absolutamente incompleto.

Hace nada estábamos atrapados en el mismo abrazo, prácticamente adheridos; el agua de nuestras lágrimas deshizo el pegamento y se convirtió en un mar enorme y bravo. Lo veo, luego, en la otra orilla, extendiendo sus brazos; agito los míos para indicarle dónde estoy, pero las olas, altísimas, nos hacen cada vez más pequeños y más distantes. Así vivimos ahora, es imposible comunicarnos; cuando baja la marea estamos tan exhaustos, el uno frente al otro, que nos dejamos caer en la arena, de rodillas, y simplemente nos miramos. Nos perdemos en los ojos del otro, con todas las palabras atascadas en la boca. Cuando está ahí, tengo tanto por decirle que acabo por quedarme en silencio. No sé si a él le pasa lo mismo, me cuesta adivinar en qué está ahora, desde que se fue.

Si tan solo las cosas no hubieran sido de esta manera. Siempre fuimos tan dramáticos, tan extremos, tan el uno para el otro…

Me encantaría recordar uno, aunque sea uno solo de los tantos momentos en los que fuimos felices. Me siento atrapada en la catástrofe, en el drama, como si la historia nunca hubiera acontecido, ¿qué es lo que extraño ahora que lo odio? ¿Qué queda de lo que amaba ahora que me duele?

Me propuse algo: olvidarme de él.

Parece mucho, ¿no?

Lo primero que debo hacer es sacarlo de este techo. Su ausencia lo invade todo y ya no queda lugar para seguir. A veces me encuentro caminando por la casa como esas personas que esquivan los rayos láser en el robo de una reliquia. Mi cuerpo se contorsiona, se adapta, se estira, se achica, se retuerce y hasta desaparece para no tocar uno de los sensores. Es que, con solo rozarlos, empezaría un estallido de llanto que no terminaría jamás.

Pero ¿por dónde se empieza? ¿La habitación, la cocina, el baño, el sillón? En mi cabeza suena: ¡bang, bang, bang, bang! Disparos directos al corazón, a los muslos, a la boca, a mis orejas y a cada centímetro de mi cuerpo que él ha besado y que, a esta altura, lo cubren todo. Si hubiera un tatuaje por cada sitio en el que él posó sus labios, tendría todo el cuerpo negro, toda la piel, el cabello. Es el luto que arrastro ahora conmigo. Así me acuesto ahora y así me levanto. Así están todas las cosas que rozó con las manos. Las puertas, las sillas, la mesa, las canillas, las paredes, los botones del control remoto. Todo teñido de su paso por aquí.

Me siento un momento a respirar, va ser tan difícil borrarlo. Y cuando lo haga, van a quedar en mi mente proyectándose los recuerdos, y luego su número de celular en la pantalla del mío y quizás una foto caprichosa que aparece en los recuerdos del Facebook. ¡Dios! ¡Lo detesto! Detesto su omnipresencia; prendería fuego todo, o me daría a la fuga, pero respiro y entiendo que tengo que seguir. Me da risa, ¿seguir dije? ¡Ja! ¡Imposible!

Abrí mi cuaderno de apuntes para redactar alguna frase que me dé ánimos, o jugar en secreto a eso de decretar nuevas cosas: tomo la lapicera y me apuro a pasar las hojas para no leer los poemas que le escribí en todos estos putos años; voy rápido, decidida, buscando un espacio en blanco. Como no aparece ninguno, giro el cuaderno y empiezo de atrás para adelante y la cizaña del destino quiere que me cruce con un retrato suyo que había dibujado aquella tarde en la que dormía plácidamente y yo lo observaba, embobada, como si no existiera algo mejor que hacer que estar mirándolo al desgraciado. Lo observaba y desconocía todo lo que estaba pronto a pasarnos, lo miraba y mis oídos no llegaban a percibir el ruido del vapor que salía de la pava, el agua hirviendo adentro y golpeteando la tapa. Y en qué pensaba mientras, no puedo saberlo, quizás en las horas que nos estaban por llegar o en el olor de su pelo.

Qué desgracia el amor. Porque nos hace sentir tan bien. Y luego tan mal. Como ahora, que me siento desbastada y, de a ratos, una ridícula.

Estoy encerrada, y no es solo su ausencia la que me acompaña, todo lo que nos dijimos quedó atrapado en estas paredes conmigo adentro. El eco de cada palabra no desaparecerá nunca y seguirá sonando cuando ni él ni yo estemos vivos. Las personas que ocupen la casa sabrán nuestros secretos. Sabrán que alguna vez nos reímos, que lloramos, que nos gritamos, que hicimos el amor… ¿cuántas veces? ¿Cuántas habrán sido en total? ¿Cuántos días estuvimos juntos? Siento la necesidad de contarlos y empiezo a hacer números en la calculadora como una maniática. ¿Cuántos besos nos dimos? Si sumamos todos los minutos, las horas, los días que nos estuvimos besando, ¿llegaremos quizás a un año? ¿O serán dos? Porque realmente fueron muchas veces. ¿Cuánto tiempo podrá llevarme dejar de repasar todo eso en mi mente si ni siquiera sé si quiero hacerlo?

“¿Por qué no escribís sobre mí?”, me dijo. Ahora le respondo: estaba ocupada mirándolo, soñando con él, hasta despierta. Estaba preparándole el desayuno, o la cena, o pasándole la esponja por la espalda en los lugares a los que no llegaba. Doblando su ropa, contándole cómo había ido el día, mirándolo a los ojos, sacándole la remera, el pantalón, bailando desnuda frente a sus ojos, haciéndole el amor, gritando su nombre. No era capaz de hablar de nosotros porque estaba entretenida siendo nosotros.

Qué terror me da hacer esto, el qué dirán y el qué dirá. Como si pudiera hacerle justicia al mundo que construimos y que ya no existe.

Me voy un tiempo, del tiempo.

He querido que así fuera.

Me voy y volveré sin él, voy a dejarlo en algún lugar con los ojos tapados para que se pierda y no me siga. Voy a mirarlo sabiendo que jamás volveré a verlo de la misma forma, voy a decirle adiós sin decirlo.

Me voy a engañar a mí misma.

No quiero saber dónde ha estado y si piensa alguna vez en mí. No quiero saber si yo todavía lo hago. Si fantaseo con su cuerpo o con su voz.

Me voy de mí.

Renuncio a nosotros y a todo lo que hago en torno a él.

Capítulo 2

Como si no tuviera suficiente, esta mañana encontré algo suyo en la casa. Es un anillo que me dio una vez, uno de esos anillos familiares que, ahora que lo pienso, deben haber usado la mayoría de sus novias. Una entrega única que se repite como un eco a lo largo de la historia, de la suya, de las suyas.

Me lo dio una vez en el contexto del amor, haciéndome prometer que jamás lo perdería. Valía tanto en su memoria, que no me animaba a usarlo. Valía tanto en su presente, que no terminaba de entender cómo había sido capaz de compartirlo conmigo. Pero con el tiempo lo olvidó, lo olvidamos. Dejó de estar ahí; ese tesoro ya me pertenecía y si lo tenía puesto o no, ni siquiera le interesaba. Dejó de ser un acontecimiento importante. Cada tanto lo recordaba y rezaba en silencio no haberlo perdido, para no fallarle. “Quiero que tengas esto y que no lo pierdas”. ¿Lo perdí? No, está acá, brillante. ¿Lo tuve? Tampoco. No se tiene lo que no se puede tener, y su valor pasó a ser el de las cosas antiguas que acarreamos pero no nos pertenecen. Quizás eso mismo fue para él, una especie de responsabilidad. No lo recordaba cuando se llevó su lado de las cosas. No lo recordaba o pensaba que era mío. Aunque hubiera sido como perderlo si nos perdíamos, y nos estábamos perdiendo.

Lo llamé más tarde. Hay cosas que no puedo dejar de hacer, aunque todo haya terminado. Vino.

Estaba frente a mí.

Hay una forma suya de mirarme, una especial que usa cuando hace eso de prometerme un futuro, de darme tregua.

Hay un cielo azul que se refleja en sus ojos para traerme de vuelta. Hay un fuego ardiendo secreto, una ventana abriéndose, una cortina que se enreda cuando me ve de esa manera, de su manera.

Hay algo que se rompe, una coraza, mil espejos, las doscientas veces que me juro olvidarlo.

Hay alguien que saluda; lo que éramos nos contempla, chiquito pero entero, desde el fondo de nosotros.

Y ¿por qué? ¿Por qué se empeña en hacer eso? En recibirnos nuevamente y con los brazos abiertos, como si no hubiera pasado nada, o peor aún, como si todo hubiera pasado. La vida que nos mata. La muerte en que vivimos. Afuera del tiempo.

—¿Cómo estás? —me dijo mirándome fijamente. Tuve el impulso de correr la vista porque temí que se metiera dentro de mí. Que me descifrara, que se me viera el