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Fue entonces, sobre la base de esa realidad, que resolvimos lanzar este libro sobre el Arte del Johrei, esta dádiva divina, el único "puerto seguro" al cual el ser humano puede dirigirse con la certeza que encontrará recursos para entender la causa de todas las desgracias que lo afligen.
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Seitenzahl: 197
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Traducción a Portugués
Minoru Nakahashi
ENSEÑANZAS DE MEISHU SAMA
EL ARTE DEL JOHREI
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Copyright da presente edição:
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Divino Señor,
fulgurante Sol que ilumina al mundo,
guiando al hombre en la trilla de la felicidad
El kototama
verdadero de Meishu Sama expresa
la esencia pura del verbo de Dios Creador
De la Nueva Era
insigne constructor. Preparadas dejó ya
las columnas maestras del Reino del Cielo en la Tierra
Sublime vida de amor
dedicada a las criaturas!
No lo conoció, sin embargo, la gran mayoría
Cuando Ohikari
escribió, intensa e inefable Luz
se manifestó! Nueva vida a todos mostró.
Al Cielo regresó.
Junto al Padre permanece. Desde lo Alto,
comanda la continuidad de la Obra Divina.
El tiempo llegó.
Quien el poder de kototama acepta,
como noble instrumento de Dios renacerá.
Meishu Sama (el Señor de la Luz, en japonés), nació el día 23 de diciembre de 1882, en Tokio, capital de Japón, en un barrio llamado Hashiba.
Tanto la fecha como el lugar de su nacimiento están, desde el punto de vista espiritual, estrictamente relacionados con la misión que debería desempeñar durante su vida terrena, como propagador de la Luz de oriente, a través de la divulgación de las Sagradas Enseñanzas que le fueron reveladas por Dios, buscando la salvación de la humanidad.
Por haber nacido en uno de los barrios más orientales de Tokio, ciudad situada también muy al Este de Japón, el país del Sol naciente, el que, a su vez, está ubicado en el extremo Oriente del globo terrestre, ya es una señal de que sería el precursor de los cambios de la Noche al Día. Tal transformación ocurrirá cuando, después del milenario reinado de las tinieblas, la Luz de una Nueva Era despunte en el horizonte. Por otra parte, también el 23 de diciembre, en el hemisferio norte, los días comienzan a hacerse más largos que las noches y la Luz gana terreno a las tinieblas.
Son, por lo tanto, todos esos datos altamente significativos en la vida de un muchacho simple que, al nacer, recibió el nombre de Mokiti Okada y para quien estaba destinada la misión de transformarse en el Señor de la fuente inagotable de Luz de la Era del Día, semejante al Sol en el Mundo Material. Revestido de tamaño poder concretizó la estructura del Reino del Cielo en la Tierra, estableciendo las columnas maestras que están sintetizadas en sus Enseñanzas. Son principios resultantes de sus experiencias sobre la Agricultura de la Gran Naturaleza, Johrei como medio de eliminar las enfermedades y demás sufrimientos y crear felicidad; y también sobre su forma de interpretar el Arte, según la cual la expresión de la verdadera belleza contribuye a la elevación espiritual de quien la aprecia. Tan preciosos conceptos serán los que despierten la conciencia divina en el hombre, permitiéndole crear, en comunión con Dios, una nueva civilización.
Hasta 1920, Meishu Sama fue un hombre común, dotado, con todo, de una gran inteligencia, profunda nobleza de actitudes, enorme sentido de justicia, incomparable sensibilidad artística y gran amor por la humanidad. Durante algún tiempo, se dedicó también a las actividades comerciales con el objetivo de conseguir el capital necesario para abrir un periódico orientado hacia la defensa de las causas sociales.
En un día de diciembre de 1925, a medianoche, Meishu Sama comenzó a recibir las primeras revelaciones, a través de las cuales descubrió el Gran Plan Divino para eliminar del mundo todos los infortunios, tales como las enfermedades, pobreza y conflictos. Al mismo tiempo, tomó conocimiento de que Él era el escogido por el Creador para construir, en la Tierra, el Reino del Cielo.
Al comienzo, Meishu Sama dudó respecto de tantas y tan extraordinarias revelaciones. No aceptaba que a él, un simple mortal, pudiese haberle sido encomendada tamaña misión. Poco a poco, sin embargo, sucesos misteriosos a su alrededor, lo hicieron aceptar la verdad de los hechos, sin refutación. Así, en la década del 30, ya con 45 años, era un gran Maestro, con el grado de kenshinjitsu (sabiduría que trasciende el tiempo y el espacio) que le permitía no sólo ver el presente, el pasado y el futuro de la humanidad, sino también tener la posibilidad de, ya revestido de todo ese poder, trabajar concomitantemente en el Mundo Espiritual y Divino.
Fue así que la madrugada del día 15 de junio de 1931, Meishu Sama, acompañado de un pequeño grupo de discípulos, subió al Monte Nokogiri para esperar el nacimiento del Sol y hacer oración.
Ahí, en la alborada, recibió la extraordinaria revelación de que se aproximaba la Era del Día, marco inicial de una nueva civilización. Días más tarde, se instaló en su vientre una “Bola de Luz” conocida en sánscrito como cintâmani y en japonés como nyoi-hoshu, significando hoshucinta, término que en portugués corresponde a la palabra bola; nyoi=mani, cuyo significado es “fuerza capaz de realizar todas las voluntades”.
Durante la Era de la Noche, esa “Bola” permaneció bajo el dominio del Dragón. En el momento en que la aurora comenzó a despuntar, Meishu Sama la recibió y pasó a usufructuar de un poder capaz de concretizar la estructura del Reino del Cielo en la Tierra, ofreciendo así a los hombres medios concretos para crear un mundo de Verdad, Virtud y Belleza. A partir de entonces se transformó en un manantial inagotable de Luz Divina que brilla, cada día, con más intensidad.
Investido, entonces, de un poder ilimitado, comenzó a dedicarse a tiempo completo a la salvación de la humanidad.
En los primeros tiempos, cuando Meishu Sama comenzó a dedicarse a sanar enfermedades a través del Johrei, la Era del Día estaba sólo en su inicio y la Luz divina era aún bastante débil. Por esa razón solamente Él era capaz de canalizarla y, aun así, empleando fuerza física por medio de masajes hechos con las puntas de los dedos, en determinadas partes del cuerpo.
También en esa época, Meishu Sama adquirió la firme convicción de que el Johrei resolvería todos los problemas de la humanidad. Imbuido de tamaña certeza, comenzó a divulgar esa verdad teniendo por sustento la propia experiencia resultante de sus investigaciones y observaciones. Buscó entonces una forma de otorgar a toda la humanidad la Luz que estaba en Él. Fue así como descubrió que era posible fijarla en papel, a través de la letra. A partir de ahí, escribía diariamente la palabra Ohikari (Luz). Después de preparados diez paquetes, cada uno con cincuenta escritos, Meishu Sama se concentraba durante cinco minutos, para impregnarlos con la Luz de Dios, centralizando así en cada uno de los Ohikari toda la fuerza oriunda de su “Bola de Luz”. De esa forma, comenzó a conceder a sus seguidores (mamehito) permiso para canalizar Johrei. Desde entonces todos los mamehito comenzaron a transmitirlo, inicialmente a familiares y amigos, con resultados sorprendentes.
Ese mismo año (1935), Meishu Sama fundó la primera iglesia, pero luego fue obligado a cerrarla. Por imposición del régimen militar, no había libertad de credo. Por eso, las autoridades japonesas le ordenaron que no mezclara enseñanzas religiosas con el trabajo de sanar. Le impusieron escoger entre uno y otro. Optó, entonces, por sanar.
Durante los diez años siguientes, se dedicó solamente a la salvación de aquellos que lo buscaban, empleando la Luz Divina como si fuese un tratamiento, orientado sólo hacia la mejoría física. Incluso así, las personas que se Le acercaban sentían intensamente la presencia de Dios; por eso, regresaban y lo recomendaban a otras. De esa forma, el número de sus seguidores iba en aumento.
Fue solamente después de la Segunda Guerra Mundial que la libertad de culto comenzó a ser garantizada por la Constitución japonesa. Meishu Sama pudo entonces dedicarse libremente a su misión. En esa época, centenas de mamehito lo asistían en el trabajo de Johrei; el número de frecuentadores aumentaba cada día más. Una organización religiosa formal se estableció en 1947, con ocho iglesias filiales esparcidas por el país. En 1950 recibió el nombre de Sekai Meshya Kyo (Doctrina del Mesías para el Mundo). El número de Templos aumentó a ochenta, con algunas centenas de Casas de Difusión.
Cuando Meishu Sama partió al Mundo Espiritual, el 10 de febrero de 1955, a los 72 años, ya contaba con más de 150 mil seguidores en Japón. En menos de diez años, consiguió organizar la Iglesia, formar Ministros, escribir las Enseñanzas y edificar un museo con valiosísimas colecciones de obras de arte orientales.
Es de hacer notar todavía que todos los grandes maestros del pasado, realizaron también milagros y sanaron enfermos. Ninguno de ellos, sin embargo, legó tal poder a todos sus seguidores. Así, el fin de la vida terrena de Meishu Sama, no interrumpió la canalización de Johrei. Por el contrario, como Él mismo previó, la “Bola de Fuego” que poseía, una vez liberada de las limitaciones del cuerpo físico, aumentó aun más, permitiendo a todos los mamehito efectuar mejorías prodigiosas.
A medida que el tiempo pasa, las profecías de Meishu Sama van confirmándose. La contaminación de los alimentos por los agrotóxicos, el aumento de los índices mundiales de criminalidad, resultantes de la obnubilación del cuerpo espiritual por las máculas, el agravamiento de las enfermedades existentes y el surgimiento de nuevas y terribles dolencias –muchas de ellas causadas por los propios medicamentos utilizados por la moderna ciencia médica- son hoy hechos irrefutables.
Nada, pues, salvo el poder de la Luz, podrá librar a la humanidad de tantos infortunios.
El camino de la mayoría de los preceptos que predico, no fue recorrido por mis antecesores.
Por esa razón, yo creo que muchas personas cuestionan, en el buen sentido, su veracidad. Quiero, por eso, dar algunas explicaciones para dejarlos muy claros.
Constantemente estoy hablando sobre la construcción del Reino del Cielo en la Tierra. No es, sin embargo, invención mía. Es revelación del Creador.
Como el tiempo ya está llegando, Dios me mostró Su Plan para establecer, en la Tierra, el Reino del Cielo, así como los fundamentos y las condiciones para concretarlo. Al mismo tiempo, me otorgó un poder especial para que yo pudiese alcanzar ese objetivo.
Una de las manifestaciones del auxilio divino, que me fue concedido, son mis Enseñanzas, a través de las cuales todos podrán descubrir la verdad sobre el Universo y la vida.
Ese conocimiento refleja mi sensibilidad espiritual, por la cual pude comprender principios ocultos por largo tiempo por la columna negra de la oscuridad del Mundo de la Noche.
Ahora ha llegado el momento de develar todos los misterios, toda la verdad, aún oscura o cubierta de niebla.
Evidentemente que antes de esta época, fue imposible ver nítidamente, pues las tinieblas imperaban. Ni aún la luz de la Luna permitía una visión clara de la realidad.
Hasta el presente, el mundo se ha caracterizado por ese aspecto de incertidumbre, de nebulosidad.
A partir, sin embargo, de la mitad del año 1931, se inició el período de la Aurora, en que, lentamente, el Sol va apareciendo y determinando la entrada de la Era del Día.
Ahora, entonces, está llegando el Mundo de la Luz y el Reino del Cielo, en breve, se concretará en la Tierra.
Con el inicio de esas transformaciones, todos los secretos del Universo, los males sociales, las cuestiones oscuras comienzan a develarse por la Luz; es decir, lo nebuloso se hace transparente.
Ha llegado el tiempo en que no exista ningún lugar donde el Mal pueda permanecer oculto.
Como ese infortunio representa la esencia de la causa de las enfermedades, pobreza y conflictos, no es extraño que después de su expulsión, aparezca un mundo de felicidad, exento de esos tres grandes males.
Dentro de esos sufrimientos, el más terrible es la enfermedad que debilita la estabilidad de la vida. Ahora, sin embargo, con el esclarecimiento de la causa de las dolencias, surgirá una situación de plena tranquilidad, en que el ser humano vivirá completamente feliz.
Hasta hoy, fue imposible para la humanidad tocar, a través de las religiones, filosofías, educación o ideologías, el amago de los problemas causados por el Mal.
Para alcanzar esa capacidad de entendimiento, los iluminados precisan alcanzar el estado de kenshinjitsu (sabiduría que trasciende el tiempo y el espacio).
Sakyamuni, el fundador del budismo, dijo haber llegado al grado de kenshinjitsu a los 72 años. Fue cuando pudo saber sobre la época de la extinción del budismo y del nacimiento de Miroku (Maitreya).
Nichiren, (monje y profeta de la época del budismo) afirma que conquistó ese mismo nivel (kenshinjitsu) con poco más de 50 años. Fue en esa época en que le quedó claro el aparecimiento de Bodhisattava Joogiyo (Miroku) transcurridos 650 años de su muerte, época en que llegaría el Mundo de Ginoo (Mundo de Miroku).
Aunque Jesús nunca se haya referido al estado de kenshinjitsu, es posible deducir que Él alcanzó ese nivel por sus profecías sobre la aproximación del Reino del Cielo en la Tierra y la segunda venida de Cristo.
Es posible imaginar también que muchos de los hombres santos que aparecieron en este mundo, deben haber vivido próximos a ese nivel.
Para que la noción sobre el concepto dekenshinjitsuquede muy clara, voy a dar una explicación bastante simple.
El grado de kenshinjitsu puede compararse con alguien que alcanzó la cumbre de una pirámide. Estando a esa máxima altura, la persona es capaz de mirar en todas las direcciones y conseguir una visión amplia y total del conjunto. Así, entonces, cuanto más alta sea la pirámide, mayor será la extensión observada.
Ahora, creo que debo hablar también sobre mí. Alcancé el kenshinjitsu a los 45 años.
Cuando alcancé ese estado, conseguí ver claramente el pasado, el presente y el futuro de todas las cosas. Es obvio que se me esclarecieron todos los errores anteriores y, al mismo tiempo, supe cómo sería el mundo del futuro. Conseguí vislumbrar claramente cómo vivirá la humanidad.
Sin embargo, no puedo todavía transmitir con detalles todo lo que sé porque Daiba (dewa, satanás) aún continúa obstaculizando el Plan de Dios. Por consiguiente, estoy obligado a anunciar la verdad hasta cierto límite. De ahí la razón por la que yo sienta cierta dificultad para esclarecerla profundamente. Aún así, lo que ya escribí es bastante diferente, en comparación con lo que predicaron mis antecesores.
Creo por eso que, al leer atentamente mis Enseñanzas, todos podrán percibir que los preceptos en ellos expresados son bastante más claros y transparentes, si se comparan con los de mis predecesores. En verdad, ya se abrió la puerta del misterio.
30 de enero de 1950
El mundo está viviendo actualmente un período de grandes perturbaciones. Guerras, luchas, incomprensiones, desarmonía. Para completar, innumerables enfermedades extrañas, sin casi ninguna posibilidad de sanar, están afectando la salud de la humanidad, generando sufrimientos interminables.
Ante tal realidad, es grande el número de personas que buscan desesperadamente una alternativa de salvación.
Fue entonces, sobre la base de esa realidad, que resolvimos lanzar este libro sobre el Arte del Johrei, esta dádiva divina, el único “puerto seguro” al cual el ser humano puede dirigirse con la certeza que encontrará recursos para entender la causa de todas las desgracias que lo afligen.
El Johrei es, en verdad, uno de los puntos fundamentales de las Enseñanzas reveladas por Dios a Meishu Sama. Constituye el verdadero método por el cual todas las personas podrán solucionar problemas relacionados con las enfermedades, miserias y conflictos.
Deseando, desde el fondo del corazón, que este libro sea una fuente de Luz para cada lector en particular, tuvimos el máximo de cuidado, al traducirlo, de mantener lo más fiel posible, la idea original de nuestro gran Maestro Meishu Sama.
Tenemos incluso la certeza de que, aunque en el momento, muchos no concuerden con lo que esta obra propone, especialmente sobre la enfermedad, en un futuro próximo tales conceptos comenzarán a ser comprendidos y respetados, porque retratan una verdad revelada por el Creador.
Recomendamos, pues, que lo lean con espíritu crítico, mediten sobre las Enseñanzas en él expuestas y luego traten de colocarlas en práctica, atentos a los resultados.
Y aquí, en el Templo Luz de Oriente, estaremos constantemente pidiendo a Dios y a Meishu Sama que iluminen a nuestros lectores.
Además, permaneceremos siempre a disposición de todos para cualquier aclaración que fuera necesaria.
Qué es la enfermedad?
Es un proceso de eliminación de las toxinas presentes en el organismo.
Cuando no existen impurezas en el cuerpo, la circulación sanguínea permanece normal y las personas disfrutan de una salud vigorosa. Pueden realizar sus actividades tranquilamente, sin pasar por el infortunio de las enfermedades.
Y qué se entiende por toxinas?
En esencia, son el resultado de la acción de medicamentos introducidos en el organismo, los cuales se deterioran, intoxican la sangre o se transforman en pus.
Entonces, si producen enfermedades, por qué el hombre utiliza remedios?
La razón es la siguiente: en épocas muy primitivas, cuando la población humana comenzó a aumentar, los recursos nutricionales fueron haciéndose más escasos. En consecuencia, los hombres buscaban los alimentos por todas partes. Y se comían todo lo que encontraban, tanto en las montañas como en los valles y ríos. Por ejemplo, granos, frutos silvestres, insectos, conchas, pequeños peces.
Y como los métodos de pesca y agricultura eran primitivamente muy rudimentarios, los hombres no poseían técnicas específicas para escoger los alimentos adecuados al cuerpo humano. Entonces, comían de todo, preocupados sólo de saciar el hambre. Por eso, frecuentemente, se intoxicaban. Y al sufrimiento derivado de tales abusos, lo llamaron enfermedad. Para librarse de ese infortunio que les causaba dolores, malestares y otros problemas, experimentaron con raíces y cortezas de árboles. Al descubrir, por casualidad, que algunas plantas atenuaban las perturbaciones orgánicas, los hombres, agradecidos, les dieron el nombre de remedios.
Hubo incluso quienes se destacaron como descubridores de medicamentos, Entre ellos, puede ser citado Nanko-shi que vivió en China, en el período de la dinastía Han (206 a.C–220 d.C). También conocido por el nombre de Shin-no, fue el iniciador del kanpoo, un tipo de medicina china basada en plantas.
Naturalmente que los dolores y malestares que acompañan una intoxicación alimenticia, forman parte del proceso de purificación. Y, si los remedios alivian esas indisposiciones, es porque detienen la eliminación de las toxinas. Fue exactamente por eso que, a partir de la época del surgimiento de las terapias basadas en plantas, los hombres comenzaron a pensar que la paralización de las toxinas era un medio de sanar las enfermedades. Esa ilusión aún persiste hasta hoy, aunque ya hayan pasado más de dos mil años.
También en el Occidente existe el mismo hábito: se extraen remedios no sólo de las raíces y cortezas, sino de todos los otros elementos de la naturaleza.
Es espantoso percibir que, en ese aspecto, la inteligencia humana poco evolucionó, pues aún hoy perdura la idea de que los remedios sanan las enfermedades.
Para que ustedes entiendan mejor el proceso de purificación llamado enfermedad, tomaré como punto de partida, los resfriados, pues no hay persona alguna que nos los haya contraído. El primer síntoma es la elevación de la temperatura. Enseguida, surgen dolores de cabeza, de las articulaciones, de espalda; también aparece tos, catarro, sudor y decaimiento. Algunas de esas molestias son infalibles. Todas, sin embargo, resultantes del proceso utilizado por el cuerpo para la eliminación de las toxinas. Desconociendo ese hecho, la terapéutica tradicional trata de detener el flujo normal de salida de las impurezas, lo que constituye un error imperdonable.
Se hace, por lo tanto, extraordinariamente necesario que las toxinas, existentes en el interior del cuerpo, sean eliminadas, para que el organismo esté en condiciones de realizar una actividad saludable. Es por eso que habiendo excesiva acumulación de impurezas, el propio cuerpo naturalmente provoca su eliminación. En ese proceso, la fiebre disuelve toxinas solidificadas, las cuales son expulsadas del organismo en forma de catarro, romadizo, sudor, diarrea o por otros diferentes métodos. Si la persona soporta pacientemente dolores y algunas perturbaciones orgánicas, la acción purificadora se procesará naturalmente en un corto período. Así, al reducirse las toxinas, la salud mejora y la fuerza vital aumenta.
Otro punto fundamental: casi siempre cuanto mayor sea la vitalidad, más fácilmente surgen las purificaciones. Por lo tanto, el recurso adecuado para impedirlas es bajar la resistencia orgánica, lo que justamente hacen los tratamientos médicos, incurriendo, por esa razón, en un terrible engaño. Como los síntomas de las enfermedades disminuyen a medida que el cuerpo se debilita, es comprensible que se haya propagado ese malentendido. Con todo, ahora ya no es posible ignorar que los remedios son sólo recursos utilizados para retirar la fuerza vital del hombre.
Es preciso también dejar claro, que la fiebre es el medio natural por el que el cuerpo humano disuelve las toxinas, para después eliminarlas bajo la forma líquida. Como constituye un proceso que irrita los nervios, causa dolor y sufrimiento, comenzó a ser considerado como algo nocivo para el hombre. Como consecuencia de ese concepto errado, las terapias tradicionales emplean bolsas de hielo, cataplasmas y otros medicamentos para bajar la fiebre, conservando así, solidificadas, las toxinas. Por lo tanto, usando esos métodos inadecuados, que temporalmente alivian el dolor, la medicina impide la mejoría definitiva de las enfermedades.
Es pues perfectamente correcto afirmar, como ya lo hice en otras Enseñanzas, que los creadores de las molestias son los propios medicamentos empleados para impedirlas. Se hace entonces urgente entender, de manera correcta, lo que es la enfermedad hasta ahora erróneamente combatida. En realidad, es una gracia dada por el Cielo, para aumentar la salud y fortalecer la vitalidad del ser humano.
A fin que no queden dudas, voy a detallar más mi explicación. Por ejemplo, cuando alguien apaña un resfriado y trata de bloquear su libre curso, a través del empleo de medicamentos, está, de hecho, impidiendo la eliminación de impurezas del organismo.
En una secuencia natural, esas toxinas vuelven a solidificarse, además de ser aumentadas con otras oriundas de los medicamentos o de cualquier método que haya sido empleado para detener el flujo natural de limpieza del cuerpo. Es, por lo tanto, errado pensar que el desaparecimiento de síntomas como dolores e indisposiciones orgánicas, signifique una mejoría definitiva. Por el contrario, genera, en el futuro, una purificación más severa.
Observen también que los cambios de clima provocan resfriados o gripes, los cuales se hacen para muchas personas, afecciones crónicas, porque jamás se sanan completamente, debido al uso indiscriminado de los remedios. Al leer mis palabras, espero que se convenzan de esa gran verdad.
