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¿Existió el fascismo en España? ¿Cuáles fueron sus orígenes? ¿Cuáles fueron sus principales líderes y organizaciones? ¿Qué base teórica tenían? ¿Qué sucedió con ellas? Estas son algunas de las preguntas que Roberto Vaquero desarrolla en su obra El fascismo en España. Orígenes y desarrollo. Un libro en el que, además, se realiza una comparativa ideológica, política y de liderazgo entre José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, dos figuras que, aunque compartieron proyecto durante algún tiempo en FE de las JONS, mantuvieron una dura rivalidad. La fuerza de la juventud y su papel en la llamada revolución nacional, el uso de la violencia política para la consecución de sus objetivos, el aprovechamiento del auge del movimiento nacionalista y el momento internacional, de pugna con el comunismo y de decadencia de la democracia liberal, son aspectos principales de estudio a lo largo de este trabajo, pues sin ellos no se puede entender la irrupción del fascismo. Revolución y contrarrevolución, el fascismo surgió en una Europa convulsa y se convirtió en un fenómeno internacional cuando Adolf Hitler tomó el poder en Alemania en 1933. España no podría mantenerse ajena a él, nadie en Europa podría hacerlo.
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Seitenzahl: 258
Veröffentlichungsjahr: 2024
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El fascismoen España
ORIGEN Y DESARROLLO
© Roberto Vaquero
© 2024. Editorial Renacimiento
www.editorialrenacimiento.com
polígono nave expo, 17 • 41907 valencina de la concepción (sevilla)
tel.: (+34) 955998232 •[email protected]
Diseño de cubierta: Equipo Renacimiento
isbn ebook: 979-13-87552-08-4
Quiero dedicar este libro a Alicia.
Gracias por ser una luz en mi vida.
Prólogo
La idea de este libro fue tomando forma en mi cabeza debido a las peticiones de mucha gente que me sigue de que publicara tanto mis investigaciones relacionadas con mi desarrollo universitario como de que diera mis opiniones y reflexiones sobre algunos aspectos del desarrollo del fascismo en España. Pensé en publicar mis textos, pero al final decidí realizar otros diferentes sin las rígidas estructuras del trabajo universitario, con mi estilo propio y añadiendo nuevos.
Así es como se empezó a configurar el presente compendio de textos sobre el origen y desarrollo del fascismo en España. Este siempre ha sido un tema que ha llamado mi atención y la situación que he vivido estos dos últimos años me ha permitido invertir tiempo en investigar y escribir, pudiendo así compartir lo mucho que he aprendido y descubierto sobre la cuestión.
Los primeros años de desarrollo de organizaciones como la JCAH, las JONS y la Falange son importantes para entender cómo se desarrollaron el fascismo y las organizaciones influidas por él en España. De estos años surgieron los símbolos de muchas organizaciones posteriores, los referentes históricos como Ramiro Ledesma Ramos o José Antonio Primo de Rivera, el nacionalsindicalismo, lemas que siguen siendo utilizados en la actualidad, una forma de actuar, de organizarse y la utilización de la violencia como instrumento principal para desarrollar el terror entre sus adversarios y cumplir así con sus objetivos políticos. Hablamos de la época de oro del escuadrismo y el pistolerismo falangista.
La etapa republicana es sin duda un periodo histórico apasionante que sienta las bases para el desarrollo político posterior de este tipo de organizaciones hasta la actualidad, ya que este tipo de partidos y grupos siguen teniendo una marcada influencia de las organizaciones y los hechos del periodo republicano y la guerra civil española.
Tanto las personalidades como las organizaciones y el propio periodo que abarcan estos textos suelen estudiarse desde una perspectiva emocional y mediante el sesgo ideológico en vez de hacerse desde la objetividad y la búsqueda de la verdad. En ocasiones, hay historiadores que retuercen la verdad para asemejarla a sus posicionamientos políticos previos. En este compendio de textos se ha buscado desarrollar todos estos temas desde una visión objetiva y una metodología científica, dando importancia a las fuentes primarias y a estudios relevantes en vez de a la mera propaganda de simpatizantes y detractores.
En todos los textos del compendio se trata con especial énfasis la cuestión de la violencia, la cual, lejos de ser algo aleatorio y anárquico, fue dirigida, planificada y enfocada a la consecución de los objetivos de estos grupos. En el caso del periodo republicano, fue enfocada a la creación de las condiciones materiales necesarias para que la escalada de tensión desarrollada por estas organizaciones lograra legitimar o justificar la intervención del ejército para restaurar el orden y dar marcha atrás a todas las reformas de los Gobiernos republicanos, es decir, para dar un golpe de Estado. Este análisis de la violencia también se desarrollará desde el punto de vista de la propia prensa de la Falange, en cuyas publicaciones darán múltiple información sobre el sentido de la violencia, su desarrollo y sus objetivos.
Como no podía ser de otra forma, se analizará la figura de uno de los más grandes precursores de la violencia política en este tipo de organizaciones: Ramiro Ledesma Ramos. El análisis no se centrará solo en su visión sobre la misma, sino también en la relación de esta con su principal enemigo, los comunistas, y en la pugna que mantuvieron tanto las JONS como Falange con estos y sus milicias.
En otros dos apartados, analizaremos las posiciones de las dos figuras principales del periodo dentro de este tipo de organizaciones, Ledesma y Primo de Rivera, con respecto a la juventud, que para ellos era donde se encontraba el potencial revolucionario para salvar a la patria.
Por último, he decidido introducir otro texto analizando la historia reciente de una organización, el MSR, que acumuló en su estructura a la plana mayor de los nacional-revolucionarios españoles, aquellos que se consideraron herederos de Ledesma y sus posiciones. A pesar de que se disolvieran en 2018, los grupos herederos de aquel proyecto continúan en la actualidad a través de editoriales, jornadas, círculos y plataformas culturales. Pretenden volver a construir un partido nacional-revolucionario que aglutine a las fuerzas que se reconocen herederas de algunas de las organizaciones tratadas a lo largo de todo el compendio.
La historia del MSR es importante para entender el uso de la violencia política de este tipo de grupos en los tiempos recientes y poder analizar los paralelismos e influencias en relación a los periodos descritos con anterioridad. Además, para mí son de especial relevancia, pues participé en los conflictos violentos contra Liga Joven, su organización juvenil, tras su despliegue en la Universidad Complutense y fuera de ella en 2013 y 2014.
Espero que este trabajo sea del agrado del lector y sirva para arrojar un poco de luz acerca de algunos aspectos sobre los que son difíciles encontrar fuentes y estudios que no tengan pretensiones de falsificar lo que realmente ocurrió.
Fascistización y violencia durante la II República: Los grupos y organizaciones fascistas
Introducción
El presente estudio pretende analizar ciertos aspectos de una de las épocas más convulsas de la historia contemporánea española: el periodo republicano precedente al inicio de la guerra civil española. Durante dicho periodo se constituyeron en España partidos de corte fascista y seudofascista, con similitudes a los que se habían constituido y se estaban formando en otros países de Europa. Estos partidos, o por lo menos los más relevantes de ellos, pretendían tomar el poder, acabar con lo que ellos denominaban «influencia comunista» e implantar un Estado de orden, autoritario.
Se analizará también quién promovió este tipo de organizaciones, incluyendo su financiación, cuáles eran sus objetivos, su estructura orgánica y su forma de actuar, destacando su visión de la violencia, cómo debía ser usada y cómo eran sus acciones. Por supuesto, se analizará si este uso de la violencia respondía a intereses propios o ajenos. Para encuadrar estas cuestiones también se centrará la atención en los líderes de las organizaciones fascistas, a través de los cuales se pueden conocer sus posicionamientos y su propia elaboración teórica, imprescindible para aproximarse a la esencia ideológica y práctica del fascismo.
La violencia fue un instrumento empleado por la mayoría de los partidos, fueran catalogados como de izquierda o de derecha, por lo menos de los más radicales1. La violencia no fue un instrumento de solo uno de los grupos, los anarquistas siguieron desarrollando actividades de pistolerismo y las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) fundadas por el PCE, también usaban la violencia contra sus enemigos. La Falange, las Juventudes de Acción Popular, las JONS y otros grupos de las derechas recurrieron a la violencia como instrumento para conseguir sus objetivos. El estudio girará en torno a la violencia, su legitimación y su puesta en práctica, que servirán de hilo conductor para desentrañar las preguntas que este trabajo intenta responder.
La agudización de la lucha de clases, la confrontación cada vez más intensa entre las fuerzas reaccionarias y revolucionarias fue extendiéndose e incrementándose según avanzaba el periodo republicano. Las organizaciones fascistas fueron las principales instigadoras de las escaladas de violencia, sobre todo en torno a octubre de 1934 y en la primavera de 1936. Las circunstancias fueron más complejas de lo que se pueda pensar a primera vista. La intensidad de la violencia fascista fue tal que tras la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936 Falange fue ilegalizada y una parte importante de sus líderes fueron encarcelados. La organización se vio obligada a pasar a la clandestinidad.
Es necesario destacar que, aunque el factor principal para el desarrollo de los acontecimientos y, en este caso concreto, la polarización social y el despliegue violento de los fascistas fue interno debido a la situación social, económica y política que atravesaba el país, también existieron factores externos que tuvieron influencia en los acontecimientos. Hay que tener en cuenta que la República se desarrolló en una situación internacional compleja debido al auge del fascismo en Italia y, a partir de 1933, en Alemania. La lucha de clases se estaba intensificando también en Europa, el conflicto entre revolución y contrarrevolución rebasaba el marco nacional. No se puede entender el tema objeto de estudio sin tener en cuenta todos los factores, los internos y los externos, ya que las fuerzas que terminaron enfrentadas tenían de aliados y referentes a potencias europeas de naturaleza antagónica.
Las organizaciones fascistas que se originaron y desarrollaron durante el periodo analizado tuvieron una gran influencia en los grupos y partidos fascistas que surgirían posteriormente. Esta cuestión no se circunscribe solo al partido único creado por Franco ni a su régimen, pues su influencia traspasa al mismo y tendrá un fuerte impacto en grupos de esta tendencia en la Transición y hasta nuestros días, en organizaciones actuales. Se analizará el porqué de esta influencia y el grado de fuerza de la misma.
En la actualidad hay historiadores que erróneamente creen que el tema desarrollado en el presente estudio es algo ya superado, aceptado por todos, pero no pueden estar más equivocados. Las organizaciones fascistas y con rasgos de estas vuelven a resurgir en muchos lugares de Europa, las teorías revisionistas sobre el fascismo vuelven a emerger (en España también), la polarización social producto de las crisis económicas está agudizándose, la lucha de clases continúa y es más necesario que nunca plantear las cuestiones aquí tratadas para entender la naturaleza de las organizaciones fascistas en España. Rehuir o negar que existe el debate sobre estas cuestiones es dar alas a los que quieren falsificar la historia.
Las derechas españolas sufrieron durante el periodo republicano debido a su identificación de la República con la revolución, un proceso de radicalización, en el cual la agresividad y la intransigencia fueron unas de las características principales2. Las derechas pasaron por tanto a identificarse como antirrevolucionarias o contrarrevolucionarias. Confrontaban con las ideas de república, democracia y revolución, encarnadas según ellos por los Gobiernos progresistas. En un principio, se plegaron a los planes de enderezar la situación con el ejército. Así, apoyaron la Sanjurjada, intento de golpe de Estado que fracasó y obligó a las derechas a volver a la oposición legal3. La Sanjurjada tuvo como principal objetivo la constitución de una república conservadora que pusiera freno a los avances que estaban desarrollando las fuerzas republicanas.
Se pusieron esperanzas en Alejandro Lerroux, del Partido Radical, con el que esperaban poderse alternar dentro de una república conservadora. Sin embargo, el papel de Lerroux fue, en todo caso, el de posible usufructuario del golpe. De hecho, le obligaron a denunciar el golpe en las Cortes para demostrar su lealtad4. Gil Robles acudió a reuniones conspirativas, pero en todo momento defendió públicamente la resistencia pasiva, la agitación y la movilización para tomar el poder de forma organizada, motivo por el cual fundó en 1933 la CEDA, con lo que logró cierta cohesión.
Los monárquicos alfonsinos buscaron ampliar alianzas. Con este motivo tuvieron conversaciones con el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y con los tradicionalistas carlistas5. La defensa de la religión común sería un punto de unión para todos. De hecho, la jerarquía eclesiástica supuso un elemento importante de legitimación, además de disponer de una fuerte estructura6 para ayudar a construir una alternativa al proyecto republicano. El PNV era un partido accidentalista, lo que buscaba era la mejor situación posible para conseguir sus propios objetivos, principalmente la búsqueda de la autonomía, con lo que llegaría a cambiar de aliados dejando de lado a los monárquicos, alfonsinos y carlistas, para acercarse a las posiciones republicanas y conseguir el Estatuto.
Según Gil Robles, el problema religioso llegó a ser tan enconado que la derecha se olvidó del desarrollo y avance de los derechos cívicos, usualmente asociados al laicismo, para centrarse en la defensa de la identidad religiosa, lo cual alejó aún más a la derecha española de ese tiempo de la democracia. Las actuaciones de grupos anarquistas quemando iglesias y atacando símbolos religiosos agudizaron aún más la polarización ya existente en la sociedad española por las medidas tomadas por los Gobiernos republicanos durante el Bienio Progresista7.
La aparición de la revista Acción Española supuso un altavoz importante para los monárquicos, que pudieron realizar labores ideológicas desde una perspectiva tradicionalista que extendía su crítica más allá de la república y la democracia, atacando el concepto de monarquía liberal 8 y apostando por la defensa de la religión. Otro factor importante en la movilización y radicalización de la derecha fue el papel que tuvieron los sacerdotes rurales. Las misas se convirtieron en verdaderos centros de difusión y adoctrinamiento contra el Gobierno republicano. Destacó el papel que tuvieron en Navarra en la formación del Requeté.
El fracaso de la Sanjurjada demostró a las derechas que un golpe blando no iba a revertir la situación, era necesario desarrollar otras tácticas, como realizar un golpe de Estado moderno.
Si el surgimiento del fascismo pudo ser tan impactante fue porque se vio desde las derechas como un buen instrumento de movilización contra las izquierdas, pues mediante la violencia podrían frenar a las organizaciones obreras revolucionarias. El fascismo es una ideología de carácter contrarrevolucionario y nacionalista, pudo extenderse rápido gracias al proceso de radicalización de elementos tradicionales. De hecho, la mayoría de organizaciones de la derecha adolecieron en mayor grado un proceso de fascistización, de influencia y asunción de determinados rasgos fascistas9. El método fascista para la toma del poder era el uso de la violencia organizada de tipo paramilitar contra sus enemigos, la imposición del terror a la oposición política para despejar su camino hacia sus objetivos.
El Partido Nacionalista Español, de José María Albiñana, fue un buen ejemplo de partido de corte conservador o tradicional que coge rasgos del fascismo sin llegar a serlo10. Sus legionarios fueron célebres por sus disputas violentas contra otros grupos. Muerto Albiñana, el partido se integró en Comunión Tradicionalista (CT) que, a su vez, fruto del Decreto de Unificación de Franco, acabó integrada en Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (FET de las JONS).
Ramiro Ledesma fue el dirigente fascista que mejor encarnó el desarrollo de la teoría y la práctica. La Conquista del Estado es la revista teórica desde la que llamará a la acción en las calles, incluida por supuesto la violencia contra el enemigo político. A pesar de toda la fraseología «revolucionaria» sería financiado por los monárquicos y la oligarquía financiera vasca11.
Onésimo Redondo fundaría las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH), que se definieron por su ruralismo, racismo y religiosidad12. Querían la recuperación moral, económica y política de Castilla. Apostaban por un Estado corporativista y totalitario al estilo italiano, su modelo ideal era la dictadura nacional de origen popular.
Bajo presiones de los financieros vascos de los que dependían tanto Ledesma como Redondo llegaron a la unificación de sus dos grupos, pasando ambos a formar parte de las JONS. Esta nueva organización tendría claro su anticomunismo y la necesidad de dar la batalla en las calles. Adoptaron el yugo y las flechas y la bandera rojinegra como símbolos, lo cual guardaba cierto parecido con símbolos usados por los anarcosindicalistas. Adoptaron las luego célebres consignas de «¡Arriba España!» y «¡España, Una, Grande y Libre!».
Onésimo Redondo sí que tuvo una participación activa de apoyo a los preparativos del golpe de Estado de Sanjurjo, mientras que Ledesma no tuvo ningún interés en el mismo debido a que lo calificó como reaccionario y monárquico13.
Ramiro Ledesma defendía el uso de la violencia para conseguir los fines que perseguían y dividía la violencia legítima en dos tipos14: la primera correspondería al periodo de lucha por la insurrección armada para la toma del poder; la segunda sería la violencia ejercida por el propio Estado fascista contra sus enemigos políticos por el mantenimiento del nuevo orden establecido.
El Fascio fue una de las publicaciones fascistas de mayor relevancia durante todo este periodo. Su función era hacer llegar las ideas fascistas a las amplias masas y crear una corriente de opinión favorable a las mismas. Para Primo de Rivera el fascismo no era la violencia, una táctica; sino la unidad, una idea. Rechazaba el marxismo, la lucha de clases y el liberalismo, apostando por algo por encima de lo demás: la unidad histórica y la patria15. Además, pese a recibir financiación de los monárquicos alfonsinos, viajó a Roma para entrevistarse con Mussolini con el fin de recibir más apoyo económico y, a pesar de la desconfianza que se tenía hacia él en Italia, lo consiguió.
No tardaron en aparecer problemas en la Falange. Los monárquicos no querían ni oír hablar de las soflamas «revolucionarias» que desarrollaban. Por ello, presionaron con la financiación, ellos solo querían a Falange como tropa de choque violenta. La ruptura con los monárquicos acabó produciéndose debido a la negativa de FE de sumarse al Bloque Nacional, lo que llevó a la Falange a un proceso de radicalización que le condujo a posiciones nacional-populistas y a una mayor dependencia de la Italia fascista.
Falange fue la organización más fuerte y decidida en cuanto al uso de la violencia contra izquierdistas se refiere, especialmente contra los marxistas. A pesar de ello, Primo de Rivera consiguió el acta de diputado en las elecciones por la provincia de Cádiz, convirtiéndose en el líder indiscutible del fascismo español e imponiéndose frente a otros líderes como Ramiro Ledesma. Las JONS se fusionarían con Falange estableciendo un triunvirato entre Primo de Rivera, Ledesma y Ruiz de Alda, aunque terminaría imponiéndose el primero de ellos. El partido pasaría a denominarse FE de las JONS16.
Las Juntas de Acción Popular tuvieron un proceso de radicalización que cada vez les acercaba más a las posiciones fascistas y el papel de líderes como Gil Robles no ayudaba a frenar esa tendencia17. La militancia falangista era vista por ellos como algo combativo, valiente, con una vida ejemplar de carácter ascético y una militarización general de la vida caracterizada por la disciplina y el sacrificio.
Ledesma y Ruiz de Alda intentaron en vano apartar a José Antonio del mando de la Falange en paralelo al momento en que se preparaba la insurrección de octubre contra el Gobierno. La rivalidad entre Primo de Rivera y Ledesma venía de antes de la unificación. Las milicias falangistas fueron puestas a disposición del Gobierno para ayudar a controlar la situación18. Las diferentes posiciones políticas de los grupos de la derecha se plegaron a la defensa del Estado contra la ofensiva revolucionaria de octubre. Las JAP se militarizaron y colaboraron con el ejército realizando vigilancias y protegiendo los transportes y suministros.
El posibilismo cedista desilusionó a los monárquicos, que hartos de esperar comenzaron a trabajar en otras direcciones. Así, se inició un apoyo continuo a una posible intervención del ejército para conseguir una solución a la situación política del momento con una reimplantación de la monarquía. Calvo Sotelo entendió, a diferencia de otros líderes de la derecha, que la mejor alternativa a la República era la movilización de todas las derechas en torno al ejército en el marco de un Estado autoritario.
La ruptura de Falange con los monárquicos y el final de su contribución económica llevó también a la ruptura de Ledesma y otros jonsistas con Falange. Ledesma acusó de conservador y vacilante a Primo de Rivera y aspiraba a convertirse en el socio principal de los monárquicos. Falange se quedó sin recursos económicos, por lo que tuvo que ampliar la dependencia de la Italia fascista. Sin embargo, esta ayuda dejó de llegar cuando detuvieron a Primo de Rivera19.
Los falangistas desarrollaron un plan para frenar la revolución. Apostaban por una insurrección falangista que obligara a las derechas y al ejército a movilizarse, a entrar en acción y que tras la conquista del poder se constituyese un Estado nacionalista, corporativo y autoritario20. En los meses previos a las elecciones de febrero de 1936, los falangistas desplegaron una ola de violencia sin precedentes, especialmente en las universidades. El propio día de las elecciones se vio envuelto en una vorágine violenta. Los falangistas asaltaron colegios y fueron solicitados como escoltas para votar por otras fuerzas de derechas; el resultado electoral para ellos fue un completo fracaso.
La victoria del Frente Popular dejó una situación difícil a las izquierdas a pesar de ganar las elecciones, ya que tenían en contra a casi la mitad del electorado y a una derecha fuerte en proceso de cohesión21.
Las JAP continuaron con su desarrollo de radicalización y comenzaron a exigir a la CEDA movimientos para la consecución de un Estado autoritario. La lucha contra el marxismo y la revolución eran una prioridad impostergable para las juventudes. Se le dio también un papel principal al ejército para la consecución del objetivo. Ante la falta de respuesta por parte de la CEDA, una parte considerable de las JAP acabó marchándose e integrando las filas de Falange o Comunión Tradicionalista22. El proceso de radicalización de las derechas se puede apreciar en la transformación de sus símbolos y del propio lenguaje político. El vocabulario político se militarizó, siendo más emotivo y buscando la provocación con el enemigo.
El predominio del ejército en la articulación del golpe de Estado no se puede entender sin el proceso de radicalización que sufrió el mismo durante el Bienio Negro. La insurrección de octubre, la creación de la UME y el conveniente emplazamiento de generales favorables al golpe crearon las condiciones materiales necesarias para que se convirtiera en la fuerza hegemónica de la derecha. Todo esto, sumado a la voluntad de los propios generales a no ser tomados como un simple factor que debía ser usado para la restauración de la monarquía, convirtió al ejército en el ente director del proceso23.
Tras las elecciones de 1936 la derecha se plegó a la estrategia golpista. Se inició un plan de creación de tensión que conllevara a crear una corriente de opinión y unas condiciones materiales generales favorables a una intervención militar del ejército. Este papel fue asumido de forma principal por Falange. La violencia desarrollada por esta pasó de luchas callejeras por el control de espacios al terrorismo y al pistolerismo falangista. La situación de confrontación fue agudizándose hasta límites insostenibles y el Gobierno tomó cartas en el asunto, detuvo a Primo de Rivera e ilegalizó a la Falange, que pasó a la clandestinidad24.
Tanto el periódico comunista Mundo Obrero, como la publicación ilegal de Falange No Importa, publicaron las acciones y bajas sufridas a causa de las acciones del enemigo, dando una clara muestra del ambiente que se vivía en esos momentos.
Todas estas acciones contribuyeron a la creación de un ambiente guerracivilista, en el que por parte de la derecha se veía una necesidad imperiosa de realizar una contrarrevolución preventiva que pusiera freno al comunismo y a la revolución. Calvo Sotelo definió el fascismo como una reacción instintiva de la burguesía contra el avance del comunismo y su revolución, el cual atentaba de forma frontal contra sus intereses25. Esta visión difiere de la «obrerista» de Ledesma.
Las propias organizaciones de la derecha radical tuvieron durante este periodo un proceso de cambio organizativo y estructural, desarrollaron un proceso de jerarquización, de aumento de la disciplina y adopción de liderazgos fuertes, consiguiendo que el conflicto entre moderados y radicales se acentuara.
El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y el inicio de la guerra civil española tuvieron una gran influencia en el desarrollo de las organizaciones de derechas españolas. Muchos de los líderes de las mismas fueron detenidos por encontrarse en territorio republicano en el momento de la sublevación, como Albiñana o Ledesma; algunos murieron en combates contra milicias, como Onésimo Redondo; y otros ya se encontraban en prisión, como Primo de Rivera. Esto creó una gran problemática, ya que sus organizaciones tuvieron afluencia de militantes, que venían de los monárquicos o de una vida no militante, por lo que se encontraron en un lapso corto de tiempo sin dirigentes y cuadros capacitados26.
Dentro del Movimiento Nacional surgieron voces que pedían la unidad de todas las organizaciones de derechas y las dos fuerzas mayoritarias, FE y CT, vivían una situación difícil. FE se encontraba sin el liderazgo de Primo de Rivera, que había sido fusilado, aunque los falangistas lo trataran como el ausente negando la realidad y estando divididos entre la facción de Hedilla y la de Sancho Dávila. CT, por su parte, tenía a Fal Conde exiliado debido a desavenencias con Franco por la independencia del partido. Solo los rumores de una posible unificación por parte de Franco desataron la crisis en Falange. Se desencadenó la crisis de Salamanca, en la cual hubo hasta enfrentamientos armados entre las facciones falangistas, con los que se impuso como jefe de la Falange Hedilla. Este fue elegido jefe de la Falange el día 18 de abril y Franco decretó la unificación el 19 del mismo mes27.
El Decreto de Unificación no fue fruto de una negociación entre las partes, sino una imposición de Franco desarrollada por Serrano Suñer. La CEDA, RE y el resto de partidos fueron disueltos, en el primer caso con el beneplácito de Gil Robles. Falange y Comunión Tradicionalista fueron forzadas a aceptar su integración en el nuevo partido, FET de las JONS, como un hecho consumado. Fal Conde permaneció en el exilio y Hedilla y sus más cercanos colaboradores fueron detenidos y condenados a prisión28. Hedilla fue nombrado miembro de la nueva dirección de FET de las JONS por Franco, pero este rehusó formar parte. Fue detenido y acusado de desacato, rebeldía y de oponerse al liderazgo de Franco, entre otras cosas.
Con el Decreto de Unificación Franco oficializó lo que ya era una realidad, se erigió como Caudillo de España, líder del Movimiento Nacional y principal figura de la política española29. La imposición del decreto apenas tuvo resistencias, lo cual demuestra la posición privilegiada que poseía.
Las organizaciones fascistas, protofascistas y con rasgos fascistizantes
Las derechas españolas acogieron la idea de que la República sentaba las bases sociales y políticas para la revolución. Entrelazaron una y otra hasta el punto de que para ellos terminaron significando lo mismo. Esto hizo que desde el inicio del periodo republicano se creara una animadversión y ataque continuo contra el régimen al que se consideraba enemigo. Sentían amenazados sus valores y la tradición y, por ello, comenzaron un acelerado proceso de radicalización que terminó desembocando en el levantamiento militar del 18 de julio de 1936. En tiempos posteriores, incluso a día de hoy, la derecha española asocia mayoritariamente república como algo en exclusivo de la izquierda y relacionado con la revolución.
La derecha, en proceso de radicalización, hizo un llamamiento a la contrarrevolución contra las fuerzas obreras y revolucionarias que, según ellos, ponían en peligro a España. Esta contrarrevolución iba dirigida contra la misma esencia de la democracia y de la república. El proceso de radicalización se acentuó en parte debido a la competencia que existía entre las propias organizaciones de derechas. La agresividad y la intransigencia fueron dos de las características de estas organizaciones durante este periodo. De hecho, décadas después estas características siguieron siendo importantes en la realidad de las organizaciones de ultraderecha. También se empezó a perfilar la idea de la lucha de España contra la anti-España, la cual ha sido recurrente entre este tipo de organizaciones hasta nuestros días.
Para las derechas, la proclamación de la República no había sido legítima, ya que supuso una ruptura clara con la legalidad anterior. No se produjo ningún acto de transición de poder, de hecho, pusieron en duda la veracidad de los propios resultados electorales de 193130. Los republicanos, por el contrario, calificaron a la propia experiencia de constitución de la República como revolucionaria, además, algunos partidos que apoyaban a la República veían a esta y a la democracia como un medio para conseguir sus fines, por ejemplo, la revolución. Este tipo de posiciones no solo creó oposición y desconfianza en los adversarios de la República, sino también en las propias filas de los partidos reformistas republicanos. Las dudas y recelos entre las fuerzas reformistas y revolucionarias trascendieron el periodo republicano y se incentivó durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.
Esta desconfianza les hacía temer por la propia supervivencia de la República, ya que desconfiaban de las posiciones instrumentalistas de socialistas y de cedistas y, en especial, temían las posiciones abiertamente hostiles de las izquierdas más radicales y de las organizaciones más fascistizadas. Revolución y contrarrevolución amenazaban la estabilidad política.
Las organizaciones de la derecha, desde las más moderadas a las más radicales y violentas, mantuvieron estrategias diferentes e incluso contradictorias, siendo incapaces, a pesar de esfuerzos como el realizado en la conformación del Bloque Nacional, de promover la unidad, aunque solo fuera de acción por el bien de la contrarrevolución y de los valores que defendían. Solo se consiguió dicha unidad cuando las organizaciones no tuvieron más remedio que plegarse a la estrategia golpista del ejército. Las organizaciones de la derecha tenían rivalidades entre ellas, tanto por determinados posicionamientos y estrategias como por los marcados liderazgos de sus jefes.
Las tensiones sociales, económicas y políticas se fueron agudizando durante todo el periodo republicano hasta el punto de que la situación se hizo insostenible. En este contexto de huelgas, choques violentos, insurrecciones e intentos de golpes de Estado, las organizaciones más radicales de la derecha sufrieron un proceso de fascistización, en el que también influyeron los países donde el fascismo había triunfado, demostrando que otra opción era posible. El fascismo era una ideología en alza y se extendía por Europa.
Ninguna de las organizaciones a analizar se declaró fascista como tal, sin embargo, algunos de sus líderes sí, e incluso ciertos grupos definieron a otros bajo este apelativo31. Las JONS, ante el surgimiento de Falange, no solo afirmaron cuestiones como estas, sino que los acusaron de copiar algunos de sus principios, de no aportar nada e incluso de intentar robarles militantes. La competencia entre estos grupos fue grande, especialmente debido a la captación de fondos.
Por lo tanto, la problemática de qué grupos eran o no fascistas no puede ser dirimida solo por lo que ellos decían de sí mismos. A este respecto, hay posiciones encontradas acerca de la definición de fascismo: desde la marxista, que lo caracteriza como dominación autoritaria de la burguesía, como la dictadura terrorista del capital32; hasta visiones académicas que lo definen como categoría histórica, describiendo un movimiento con una misión nacionalizadora de masas, caracterizado por la violencia, la importancia de determinada simbología nacionalista y, sobre todo, del líder33. La apuesta por la militarización de la sociedad y la represión interna cuando llegan al poder también serían características importantes, junto a la propia definición de los líderes de las organizaciones fascistas y en proceso de fascistización, las cuales desarrollaré en apartados posteriores.
Para Ramiro Ledesma no existía en España un partido fascista clásico como tal, lo que sí existía era un proceso de asimilación de algunos de sus rasgos y fundamentos. Esto fue así debido a las características especiales que tenían, según él, la tradición, cultura y realidad españolas. Lo cierto es que las organizaciones fascistas o más cercanas a este en España tuvieron una evolución desde posiciones conservadoras y contrarrevolucionarias, con gran importancia del catolicismo, por lo menos en la mayoría de ellas. De hecho, en la actualidad sigue siendo así, las organizaciones de este tipo siguen manteniendo un fuerte componente tradicionalista y católico.
Lo que es innegable es que todos estos grupos de la derecha radical, aunque no fueran fascistas, tuvieron una influencia clara del fascismo. Estaban fascistizados, es decir, cogieron rasgos y métodos de acción esenciales del fascismo y los hicieron propios, tuvieron una gran influencia que fue motivada no solo por el desarrollo o ayuda de los países en los que el fascismo había triunfado sino también por el propio desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales en España, que fomentaron su aparición y desarrollo. Se analizarán, a continuación, las organizaciones más destacadas de entre todas ellas.
La Conquista del Estado y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas
Ramiro Ledesma fue uno de los referentes teóricos y prácticos del fascismo español, aunque, como ya se ha señalado, él no se considerara como tal. Inició su andadura política con la creación del semanario La Conquista del Estado, desde el cual desplegaba una semántica «revolucionaria» llamando a las masas a la acción. Estaba dirigido sobre todo a la juventud y a la clase obrera. El grupo tenía una fuerte composición uni
