El Futuro del Dinero - Harald Seiz - E-Book

El Futuro del Dinero E-Book

Harald Seiz

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Nunca en un periodo de paz el tema del dinero ha generado tanta inseguridad como ahora. Aunque Alemania vive en el bienestar, muchas personas tienen la impresión de que el valor de nuestro dinero disminuye continuamente. Al mismo tiempo y sin necesidad se cuestiona el dinero en efectivo y cada vez más frecuentemente los medios tematizan el final definitivo del dinero en efectivo. La preocupación por El Futuro del Dinero no es casual: en muchos países hace mucho que la limitación masiva del dinero en efectivo es una realidad. Por el momento, la primera posición la ocupa India. En ese país se retiró de la circulación de un día para otro el 86 por ciento de las rupias en efectivo. Hasta ayer todavía medio de pago oficial, hoy repentinamente sin valor: y tampoco el dinero de la Eurozona está asegurado contra un destino semejante. Así que, ¿cuál es El Futuro del Dinero, como medio de intercambio y de pago y como posibilidad de mantener el valor? ¿Cómo vamos a pagar en el futuro? ¿Qué formas están a nuestra disposición? ¿Y cuáles se nos imponen, por el Estado o incluso por las circunstancias, como por ejemplo crisis y catástrofes, cuando el cajero automático o la cuenta en línea ya no funcionan?

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Harald Seiz

El Futoro del Dinero

HARALD SEIZ

Cómo el ORO revolucionará nuestro sistema de pagos

EL FUTURO DEL DINERO

Información bibliográfica de la Biblioteca Nacional Alemana.

La Biblioteca Nacional Alemana registra esta publicación en la Bibliografía Nacional Alemana.

Los datos bibliográficos detallados se pueden consultar en Internet en http://dnb.d-nb.de.

Para preguntas y sugerencias:

[email protected]

1. edición 2020

© 2017 by FinanzBuch Verlag,

una impresión del Münchner Verlagsgruppe GmbH

Nymphenburger Straße 86

D-80636 München

Tel.: 089 651285-0

Fax: 089 652096

Reservados todos los derechos, en especial el derecho de reproducción y difusión, así como la traducción. Ninguna parte de la obra puede ser reproducida de ninguna forma (mediante fotocopias, microfilms u otros procedimientos), ni almacenada, procesada, copiada o difundida utilizando sistemas electrónicos sin permiso por escrito de la editorial.

Los consejos publicados en este libro han sido elaborados y verificados cuidadosamente por el autor y la editorial. Sin embargo, no puede proporcionarse una garantía. También queda excluida la responsabilidad del autor o de la editorial y sus agentes por daños a personas, objetos o valores.

Traducción: Kern AG, Sprachdienste

Redacción: Judith Engst

Diseño de portada: Karatbars, Marc Fischer

Foto de la portada: Infinite Edits GmbH, Julian Haag

Composición: Röser Media, Karlsruhe

Impresión: GGP Media GmbH, Pößneck

eBook: ePubMATIC.com

ISBN Print 978-3-95972-398-5

ISBN E-Book (PDF) 978-3-96092-735-8

ISBN E-Book (EPUB, Mobi) 978-3-96092-736-5

Encontrará más información sobre la editorial en

www.finanzbuchverlag.de

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ÍNDICE

1. Introducción

2. Nuestro dinero: la política financiera y monetaria actual

El estado del euro

Grecia y otras crisis: símbolos de los defectos de construcción del euro

Política de tipos de interés y de endeudamiento después de varias crisis

Inflación

Confianza: la base más importante de una moneda

Los inconvenientes y caprichos de los mercados financieros

La situación macroeconómica y sus condiciones marco

El dinero en efectivo como blanco de las críticas

Monedas

Costes del dinero y del efectivo

Dinero falso

Conclusión

3. Medios de pago alternativos, transferencias de dinero y nuevas monedas

Las criptomonedas y el pedregoso camino del Bitcoin

El mecanismo: ¿cómo funciona la criptomoneda Bitcoin?

La importancia

El cómputo y otros problemas

M-Pesa: una innovación financiera de Kenia

Monedas regionales

FinTech y digitalización

Conclusión

4. Desarrollado a lo largo de la historia: el oro como factor de estabilidad

Explotación y extracción

Pureza, autenticidad, unidad de cálculo

Uso práctico

El precio del oro y de qué depende

El oro para conservar el valor: un ancla de estabilidad para monedas, gobiernos y hogares

La importancia de las reservas en oro

Reservas de oro en Alemania

El anterior patrón oro: el sistema Bretton Woods

El oro como inversión de capital

Conclusión

5. Delincuencia, crisis, catástrofes y la previsión necesaria

¿Qué tan seguros son nuestros sistemas de pagos?

Ataques a los bancos: el apagón de datos y la delincuencia cibernética

¿Qué hacer en una crisis?

«Concepto de Defensa Civil» (CDC) del Gobierno Federal alemán

Un apagón: resultados de un estudio del Berlin Institute of Finance, Innovation and Digitalization (BIFID)

Nuestras reservas de dinero en efectivo

Medios alternativos de pago

Simulación de una caída de los pagos

Recomendaciones

Disgresión: «Estudio del Parlamento alemán sobre el apagón»

6. Injusto y peligroso: el sistema financiero mundial no es sostenible

7. Dinero 4.0: ¿Cómo cambiará la digitalización el manejo del dinero y la forma de relacionarse con él?

Introducción

Dinero: funcional, flexible y anhelado

¿Nuevas tecnologías, nuevo dinero?

Crisis múltiples y política monetaria, incluidas las consecuencias esquizofrénicas

La lucha por el dinero en efectivo: ¿el Banco Central Alemán contra la política?

Vuelta a los orígenes: ¿el oro como alternativa universal?

Pagos digitales y el oro bajo el colchón

8. Oro para todos

La historia de Karatbars International

El oro como moneda de reemplazo: KaratPay y CashGold

9. Formar «reservas doradas»: conclusión y perspectivas

Bibliografía

Catálogo de enlaces

Notas finales

1.

INTRODUCCIÓN

Nunca en un periodo de paz y en tiempos de relativa estabilidad el tema del dinero ha producido tanta inseguridad como ahora. Aunque nosotros en Alemania vivimos en el bienestar, aunque nuestra economía funciona a todo gas, aunque al mercado laboral le va de maravilla desde hace casi una década y aunque somos punteros mundialmente en exportaciones, siempre nos ataca la sensación de que el valor de nuestro dinero está disminuyendo. Al mismo tiempo, se cuestiona sin necesidad la función de nuestro dinero en efectivo.

Lo sabemos: la mitad de la economía consiste en psicología. En cambio, con el dinero, todo es psicología. Porque nuestro dinero solo tiene el valor que le asignamos a él y a la moneda que está detrás de él. Por lo tanto, no toda sensación de inseguridad tiene que estar basada en datos fundamentales. La confianza, la reputación, la imagen: por más débiles que parezcan estos factores son los que, paradójicamente, convierten un medio de pago en fuerte.

El euro está fluctuando claramente en su valor frente a otras monedas. Las tasas de interés están por los suelos, por lo cual a su vez muchas inversiones monetarias clásicas han perdido su verdadero objetivo. Muchos Estados están contrayendo deudas en forma masiva, precisamente porque las tasas de interés están bajas, lo cual erosiona la creencia en el Estado. Y al mismo tiempo están rebosando los ingresos fiscales en Alemania como nunca antes, lo cual es registrado por los medios seriamente como una noticia positiva, como si en los impuestos no se tratara de nuestro propio dinero.

Al inicio me referí a los actuales tiempos de paz. Tan pacíficos no son, como todos lo sabemos. En Oriente Próximo reina desde hace años una confusa guerra cuyas consecuencias estamos sufriendo sobre todo en Alemania. Tampoco este es un punto que nos deje dormir mejor ni reduzca las preocupaciones en torno a nuestro dinero.

Por lo tanto, no solo el valor de nuestro dinero en la cuenta –y en esos casos se trata por cierto solo de los llamados depósitos a la vista–, sino también nuestras inversiones monetarias y seguros de vida se ven amenazados; ahora, la inseguridad también afecta al dinero en efectivo. Y la política impulsa este sentimiento, cuando su principal tarea sería garantizar la tranquilidad. En los medios se tematiza una y otra vez el fin del dinero en efectivo. Y esto no es una fantasmagoría ni tampoco una invención de los medios. Suecia, por ejemplo, está ya muy avanzada en este campo: casi todas las transacciones ya se realizan ahí de forma electrónica, incluso las cantidades más pequeñas se pagan con tarjeta de crédito; muchos pagos ya no se pueden hacer ahí en efectivo. Lo que al principio suena práctico –nosotros también disfrutamos de la comodidad de los pagos sin efectivo– se convierte en un problema en el momento en que ya no tenemos opción, cuando más bien el Estado nos impone una única posibilidad de cómo podemos pagar nuestras cuentas. Tal vez quiera activar la economía con una política de tasas de interés negativas (que realmente funciona solo sin dinero en efectivo) y obtener un mejor control de todos nuestros negocios, el cual, como muestra el ejemplo de Suecia, pronto puede alcanzar el 100 por cien.

Personalmente, eso me parece alarmante porque, con ello, el Estado y los bancos que dependen de él obtienen un control total sobre nuestro dinero. No solo saben todos los gastos de cada uno de los ciudadanos. Si quisiera, el Estado podría recurrir también a medidas drásticas: podría congelar nuestro dinero, aplicarle impuestos o cargar tasas de interés negativas a nuestros depósitos bancarios.

También aquí, en la Eurozona, el dinero en efectivo está bajo presión. Esto afecta primero a su fraccionamiento. En 2016, el Banco Central Europeo (BCE) decidió eliminar el billete de 500 euros, y el ministro de finanzas Wolfgang Schäuble propuso limitar los pagos en efectivo a 5.000 euros por transacción; supuestamente, claro, para combatir la corrupción, la economía subterránea y la delincuencia.

Pero ¿acaso podemos elegir? Naturalmente, el Estado tiene la competencia legislativa y de aplicación. Solo él garantiza la validez –no el valor interno– de la moneda y sus componentes, es decir, las monedas y los billetes que produce o solicita a sus proveedores. De un día para otro puede decidir una reforma monetaria, o por lo menos disponer que determinados billetes ya no son válidos. En noviembre de 2016 hubo un decreto de este tipo en la India. De la noche a la mañana se retiró de la circulación de facto el 86 por ciento del inventario de dinero en efectivo en rupias. Los billetes tuvieron que cambiarse, lo cual se controló y se manejó de manera restrictiva. La mayor parte de los billetes que hasta el día anterior habían sido un medio de pago oficial perdieron su valor en el mercado –en este caso en el sentido literal de la palabra–, y el valor que representaban solo se podía mantener depositándolos en una cuenta bancaria. Si un pueblo de miles de millones tiene que ir al banco marchando al compás, las consecuencias están claras: la economía, sobre todo el comercio al por menor y el comercio con mercancías para uso cotidiano, se paralizó durante semanas. Es propio de la situación que tales decisiones no vayan precedidas por lecturas y debates en el parlamento. En Europa, el Banco Central Europeo es de todos modos independiente de los gobiernos, mientras que en la India el ministro de finanzas puede ordenar un paso como este en política monetaria. Pero, en vista de las dislocaciones en esta y en otras áreas de la política, tales certidumbres ya se han perdido. Por lo menos en lo que respecta a nuestra moneda, al dinero en efectivo y a las inversiones de capital y los medios de pago, deberíamos prepararnos en general para cualquier cosa, incluso cuando ahora nos va tan bien como pocas veces en el pasado y como ya lo quisieran los ciudadanos de la mayoría de los demás países.

No obstante, muchos ahorradores e inversionistas de capital reaccionan ya desde hace mucho a estas noticias y a esta situación: es una votación con los pies. Están buscando de nuevo su seguridad financiera en valores reales. También por eso han aumentado tanto los precios de los inmuebles en las grandes ciudades alemanas, porque los inversionistas están buscando puertos seguros. En muchos casos, los rendimientos les dan igual; lo importante es que el dinero esté invertido de manera (supuestamente) sólida. Es secundario que las casas se estén comprando demasiado caras o que un comprador de inmuebles no pueda obtener beneficios de su inversión de capital debido a los ingresos por alquiler demasiado bajos en muchas ciudades. También las acciones se ofrecen como valores reales, aunque a muchos inversionistas les parezcan sospechosas las fluctuaciones de las cotizaciones en las bolsas y se escapen de su entendimiento. Por eso, los metales preciosos como el oro son una alternativa interesante para muchos. En el libro voy a entrar en este tema de manera especial porque estoy convencido de su futuro. También las criptomonedas despiertan deseo y curiosidad al mismo tiempo. Según todos los indicios, no van a sustituir al dinero clásico, ya solo porque el Estado las podría prohibir en cualquier momento, pero las criptomonedas como tecnología son extremadamente fascinantes y ricas en perspectivas.

Ahora bien, como se sabe, el dinero y las inversiones de capital tienen diferentes funciones. Por un lado, se trata de la posesión, inversión, multiplicación o conservación personal; por otro lado, de simples procesos de pago. Quiero repostar, conseguir un teléfono móvil nuevo por Internet, hacer el pago mensual de mi cuota de crédito y el alquiler, liquidar la factura de unos trabajadores, adquirir en línea de una persona privada una entrada para un concierto de rock cuyas entradas ya están agotadas, reservar un vuelo o comprar cuatro panecillos del panadero por la mañana. La mayoría de nosotros elegirían para todos estos procesos cotidianos realizar una transferencia, pagar con tarjeta de crédito, establecer un contrato de domiciliación, autorizar un cargo de débito, realizar el pago vía PayPal o recurrir al dinero en efectivo, tal vez en pocos casos pagar contra reembolso. Por lo tanto, podemos escoger. Y esta elección se puede modificar a voluntad y según la hora del día. Es nuestro dinero y tenemos la libertad no solo de decidir en qué lo gastamos, sino también de qué forma lo hacemos. Por cierto, esta forma podría ser también M-Pesa o una determinada clase de cigarrillos, conchas cauri o Bitcoin. El dinero es aquello en lo que nos ponemos de acuerdo entre todos o con el socio contractual correspondiente, aunque aquí ya se difuminen los límites entre medios de pago y moneda, y además se aplica como una limitación que naturalmente el Estado posee el monopolio de la moneda. Por cierto, no se asuste: en caso de que no conozca todos estos medios de pago, los voy a explicar en el transcurso del libro.

Así que, ¿cuál es el futuro del dinero como medio de intercambio y de pago, medio para conservar el valor y unidad de cálculo? ¿Cómo vamos a pagar en el futuro? ¿Qué formas están a nuestra disposición? ¿Y cuáles se nos imponen, por parte del Estado o incluso por las circunstancias, por ejemplo, por las crisis y catástrofes?

A estas cuestiones, con sus numerosas implicaciones y también con sus aspectos históricos, me voy a dedicar en este libro. Voy a bosquejar la historia del dinero y de los medios de pago. Voy a describir de qué factores depende nuestra confianza en el dinero y en el efectivo. Voy a mostrar cómo influyen en todo esto las condiciones generales económicas y de política monetaria, dónde radican los peligros de los medios y sistemas de pago usados hasta ahora. Presento algunos métodos de pago (seguramente exóticos para nosotros), indago la cuestión de lo que sucede en un apagón de TI o en ataques cibernéticos y cómo podemos superarlo y pagar cosas de importancia vital. Finalmente, voy a mostrar soluciones y alternativas para una moneda de reemplazo, o mejor: una moneda adicional, sobre todo también en forma de oro y criptomonedas. Pero todo esto no es un fin en sí mismo: a fin de cuentas, de lo que se trata es de estar preparados para diferentes escenarios o situaciones políticas, sociales y económicas, y esto desde la vida cotidiana normal hasta un escenario de catástrofes que de ninguna manera es totalmente improbable.

Así que ¿cómo pinta el futuro del dinero?

2.

NUESTRO DINERO: LA POLÍTICA FINANCIERA Y MONETARIA ACTUAL

¿Qué es realmente el dinero? «El dinero es todo aquello que cumple las funciones del dinero. Mientras el medio utilizado se pueda aprovechar como unidad de cálculo, como medio de pago y como medio para conservar valor, puede funcionar como dinero», dijo el presidente del Bundesbank, el Banco Central Alemán, Jens Weidmann, en el «Simposio sobre el Dinero en Efectivo» de su institución en el año 2014. Pero su colega del consejo directivo, Carl-Ludwig Thiele, se refirió enseguida a una característica fatal del dinero: «El dinero ‘en sí’ es una ilusión, un acuerdo para otorgar las propiedades de un medio de pago a cualquier objeto en una comunidad, ya sea pueblo, ciudad o país.»1

Para que el valor del dinero no sea también una ilusión, se requiere una gran cantidad de esfuerzos. Nuestra moneda, el euro, pero también todas las demás grandes monedas, dependen de una gran cantidad de factores, de los cuales un banco central solo puede influir en unos pocos. Precisamente la crisis del euro –y a pesar de todo, su relativa fortaleza, sobre todo en el valor interno– nos muestra lo que constituye las piedras angulares de una moneda sana con una política monetaria que la acompañe: política de deudas, inflación, tasas de interés, la situación mundial, el estado del sistema bancario, pero también el estado de la economía en sí, por solo mencionar algunos factores. Pero sobre todo es decisiva una circunstancia, y esta la hizo destacar también el presidente del consejo directivo del Bundesbank, Thiele: «Así, el intercambio actual de bienes fundamentado en los pagos monetarios está basado sobre todo en la confianza de la población de poder volver a realizar compras también ellos mismos con el dinero recibido, en el caso de los billetes, por lo tanto, con papel impreso.

De esta forma, la confianza de la población en el valor del dinero es el punto decisivo para una moneda que funcione. Los bancos centrales independientes y orientados hacia la estabilidad son aquí el ancla central de confianza.»2

En este capítulo voy a presentar, sobre todo con base en el ejemplo del euro, de qué depende en el fondo una moneda, cuáles son sus funciones y sus formas. Aquí se le da una importancia especial al dinero en efectivo. Porque el efectivo no solo es electrizante y de importancia vital, también es práctico, en su mayor parte anónimo y, en mi opinión, fundamental para un sistema monetario intacto y una economía nacional floreciente. Por supuesto que el efectivo también tiene sus defectos. Pero, sobre todo, la moneda que lo sustenta en ocasiones puede fluctuar de forma extrema, hacia adentro y hacia afuera. Trataré todos estos puntos con mayor profundidad, y en las secciones siguientes presentaré también las alternativas correspondientes. En el fondo se trata aquí del valor de nuestros medios de pago y de sus formas.

EL ESTADO DEL EURO

¿Fue un mensaje oculto? ¿Una nueva política de una transparencia despiadada? ¿O solo una metedura de pata por no haber reflexionado? El día de puertas abiertas del Gobierno Federal Alemán en agosto de 2016, el Ministerio Federal de Finanzas informó también en sus estands sobre el euro. No solo se repartieron los folletos habituales, sino también artículos publicitarios, más concretamente: ositos de goma. No se puede transmitir de manera más acertada el estado de nuestra blanda moneda, pero dan menos ganas de reírse si pensamos en el 9 o 10 de diciembre de 1991. Hace un cuarto de siglo, los jefes de Estado y de gobierno decidieron en una cumbre en la ciudad holandesa de Maastricht integrarse en una unión económica y monetaria. Había nacido el euro, que entonces no se llamaba así. Con motivo del aniversario, el diario Frankfurter Allgemeine publicó un balance con el poco halagador título de La dudosa herencia de Helmut Kohl, y escribió: «No se han cumplido las esperanzas, pero sí los temores.»

Es verdad que el euro tiene muchos aspectos positivos: se elimina el cambio de dinero en 19 países y las empresas ya no tienen riesgos monetarios. Pero ¿compensa esto las partes negativas? También vamos de vacaciones a Suiza, a Dinamarca o a Inglaterra y nadie nos dice que la existencia de una moneda diferente en cada caso nos lo impida. Y si yo de todas maneras pago muy frecuentemente con tarjeta de crédito o retiro dinero del cajero, el cambio de dinero ya no es un proceso adicional.

Es verdad que Alemania comercia internacionalmente con especial intensidad en la Eurozona. Pero, evidentemente, esto no impide a nadie de Ultramar comprar nuestras máquinas y coches también con dólares, yenes o yuanes. Además, precisamente los dos ejemplos de las exportaciones y del turismo muestran que, dependiendo del punto de vista, las diferentes monedas con diferentes tipos de cambio tienen sus ventajas y desventajas: cuando el euro está fuerte, nuestros bienes se encarecen para el comercio con Ultramar, pero al mismo tiempo resulta más barato ir de vacaciones fuera del área del euro. Claro que el euro es práctico: los riesgos por el tipo de cambio se han reducido para las empresas, el volumen del comercio y de los flujos de capital dentro del espacio monetario han aumentado enormemente. Pero ¿compensa esto las desventajas? Y, sobre todo, ¿contrarresta los problemas económicos y políticos que surgieron por primera vez al crearse la moneda única común para países completamente distintos? Este proyecto se impuso a la fuerza, en contra de la razón de la política económica, con el fin de unir a Europa: ¡y ahora está causando todo lo contrario! Por desgracia, las advertencias de los críticos se han convertido en realidad.

Pero ¿qué dijo el Frankfurter Allgemeine sobre la unión monetaria? «Este no era, ni es, un proyecto económico, sino un proyecto político. Kohl veía la moneda única como un instrumento en el camino hacia una unión política lo más irreversible posible. El medio económico, la moneda única, debía asegurar el objetivo, la unión política.»3

Así como años antes había fracasado en su consolidación el sistema Bretton Woods (volveré más tarde a este tema), podría sucederle ahora también al euro, porque a los diferentes países y a los bancos emisores les faltan algunos elementos centrales de política monetaria, por ejemplo, para devaluar su propia moneda y de esta manera hacer más atractivas sus mercancías para el comercio exterior.

Y, sin embargo, antes de este acuerdo, en diciembre de 1991, tuvo lugar una lucha encarnizada por el orden en que se llevarían a cabo los diferentes pasos, lo cual recordaba el Frankfurter Allgemeine: «Mientras unos apostaban por la ‘teoría de la locomotora’, según la cual la moneda única debía arrastrar a Europa en cierto modo hasta la unidad política, los otros –sobre todo el Bundesbank– no estaban de acuerdo, y apoyaban la ‘teoría de la coronación’: una unión monetaria solo sería concebible después de igualar la política económica y financiera y, por lo tanto, de hecho solamente cuando se hubiera alcanzado la unión política.»

Al final, esta cuestión fundamental la decidió el curso de la historia. El Canciller Federal Helmut Kohl compró la aprobación de Francia para la unidad alemana abandonando el marco alemán y abriendo el camino para la unión monetaria. Ahora vemos que las decisiones políticas no pueden invalidar las leyes económicas, e incluso muestran que la noción de «decisión política» también se puede traducir correctamente como «determinación objetivamente incorrecta».

La unión monetaria tampoco podía salir bien porque las economías nacionales europeas funcionan de manera distinta, a pesar de todas sus características comunes. En su muy elogiado libro The Euro and the battle of ideas, el economista alemán Markus Brunnermeier, el historiador inglés Harold James y el funcionario de alto rango francés Jean-Pierre Landau han mostrado que la causa más importante de la crisis del euro radica en las diferentes filosofías de política económica de los Estados del euro. Estas desigualdades tienen una base cultural, afirman. Por un lado, están los Estados, con Alemania a la cabeza, que apoyan una política económica controlada por reglas, y por el otro, aquellos países que, como Francia, creen en las bendiciones de la intervención en política económica. Estas dos filosofías son casi totalmente incompatibles, afirma al respecto el Frankfurter Allgemeine.4

Claro que esto no es un nuevo hallazgo. Todo lo contrario: y esto lo hace tan funesto. Así, el Frankfurter Allgemeine continúa criticando: «Pero no solo las diferencias en la concepción de política económica ya se conocían hace 25 años, también los hechos económicos se conocían igualmente. En un primer manifiesto, publicado en ese diario poco después de ‘Maastricht’, 62 profesores de economía de habla alemana advertían por simples razones económicas que no se debía introducir precipitadamente una unión monetaria. Con una moneda única, los países económicamente más débiles ya no iban a poder devaluarla y quedarían sometidos a una mayor presión de la competencia, lo cual conduciría a un mayor desempleo debido a su menor productividad y competitividad, se decía. De esta manera serían necesarias grandes transferencias. Pero, a falta de una unión política, una unión de transferencias semejante no estaría legitimada democráticamente. Y, además: la unión monetaria iba a someter a Europa a fuertes tensiones económicas, que ‘en breve podían conducir a una ruptura política, y con ello pondrían en peligro el objetivo de la integración’. Palabras proféticas.»5

El balance del Frankfurter Allgemeine es demoledor: «Grandes divergencias en la economía real entre los Estados del euro, una concepción de política económica distinta, falta de unión política: son estos tres factores, estrechamente vinculados unos con otros, los que explican el fracaso del euro. En los pasados 25 años se han inventado varias muletas para ayudar a la Eurozona a superar estos obstáculos.»6 El Pacto de Estabilidad desarrollado más tarde tenía el objetivo de asegurar los criterios de política presupuestaria de Maastricht... Pero nunca se insistió en cumplirlos. Las infracciones nunca tuvieron consecuencias. Justamente el sucesor de Kohl, Gerhard Schröder, fue uno de los primeros que contravinieron el criterio de endeudamiento.

Cuando pensamos en el euro en términos comerciales o privados, naturalmente no nos interesa la política de altos vuelos, sino sobre todo lo que podemos comprarnos con el euro, pero muchas veces también el valor del euro convertido en dólares, la moneda mundial dominante por una enorme distancia. Su papel tradicional no se ha modificado, ni siquiera con el fortalecimiento de otras economías nacionales. Aquí, el euro es la segunda moneda de referencia mundial más importante, lo que a los partidarios del euro les gusta poner de relieve como testimonio de su calidad. Pero también el marco alemán había logrado conseguir la posición número 2. Por lo tanto, ocupar esta posición no es ninguna hazaña para la moneda única europea, pero en vista de las turbulencias a las que se ve expuesto el euro, tal vez sea realmente un milagro.

GRECIA Y OTRAS CRISIS: SÍMBOLOS DE LOS DEFECTOS DE CONSTRUCCIÓN DEL EURO

Entonces, el euro tiene defectos de construcción fundamentales. Las economías nacionales involucradas y las mentalidades en los países correspondientes son demasiado diferentes, y lo mismo se aplica para la política presupuestaria, especialmente en los países del sur. Muchas veces es irresponsable, y todos tenemos que pagar por ello. Durante años, los gobiernos han incrementado sus gastos, inflado su aparato estatal y repartido beneficios sociales como si no hubiera un mañana. Al mismo tiempo, hasta el día de hoy sigue habiendo dificultades con los ingresos fiscales, como lo muestra el ejemplo de Grecia. Si los ingresos y los gastos no coinciden y ambas cosas no se pueden o no se quieren modificar, para un Estado hay dos soluciones esenciales de política financiera: o bien tiene que aumentar los impuestos, o tiene que contraer deudas, emitiendo bonos del Estado. Pero el Estado en cuestión tiene que pagar las deudas en algún momento y si ya no hay dinero para hacerlo porque se ha gastado, se tiene que volver a endeudar o declarar la bancarrota del Estado.

A más tardar desde el inicio del desastre de política presupuestaria en Grecia en el año 2010, el euro está en crisis. Es verdad que la mayor parte de las decisiones equivocadas son responsabilidad esencialmente del gobierno griego, pero todo esto ha sido alimentado en Grecia por la simple existencia del euro, porque el país consiguió introducirse con trampas en la unión monetaria falsificando estadísticas y por la ceguera de los políticos europeos. De esta manera, Grecia pudo conseguir al principio créditos en euros en condiciones más favorables de lo que nunca hubiera sido posible con una moneda propia. Ahora los griegos eran parte de una enorme comunidad más productiva (aunque cada uno debía ser responsable de sus deudas, como se nos prometió al momento de introducir el euro). Pero dado que esas deudas fueron excesivas y no se redujeron los gastos, en 2009/2010 hubo un brusco despertar. Si en ese momento el gobierno griego realmente hubiera querido dar un golpe de timón (lo cual está por verse), con una moneda propia y su banco central hubiera tenido a su disposición mecanismos para influir en el tipo de cambio, por ejemplo, para abaratar los productos y servicios nacionales (como por ejemplo el turismo) en el mercado extranjero y de esta manera activar la economía. Pero, así como sucedió, nuestra moneda comunitaria se vio aplastada, porque un pequeño país miembro –que sin embargo a los ojos de los mercados financieros representó y sigue representando todavía a muchos otros países del euro– tenía un tren de vida demasiado grande y no quiso llevar a cabo las reformas necesarias.

Especialmente en Grecia se le añadieron masivas carencias en la recaudación fiscal, defraudación fiscal crónica y corrupción; y en general, en los otros países donde el euro ha estado en crisis, Portugal, Irlanda, España, Italia, una fuerte recesión, causada entre otras cosas por la pérdida de competitividad, también contribuyó a esta miseria. Porque gracias a los créditos baratos en euros, estos Estados pudieron importar barato al principio, pero acabó elevando el nivel de los precios dentro del país. Este endeudamiento barato trajo consigo flujos de capital, los cuales sin embargo no se invirtieron de manera productiva, sino que se dedicaron al consumo o bien, como sucedió en España, produjeron gigantescos excesos de capacidad en el sector inmobiliario. «Como por arte de magia, el euro transfirió la excelente solvencia de Alemania a países que antes iban atrasados, como Irlanda y España, que experimentaron un enorme flujo de capitales y un boom inmobiliario sin precedentes», escribieron los autores de economía Michael Casey y Paul Vigna. Pero la magia solo existe en los cuentos de hadas. En la vida real, en algún momento despertamos de nuestros sueños... O incluso nos despiertan bruscamente.

Entre finales de 2009 y principios de 2010 había llegado el momento: el nuevo endeudamiento ascendía en Grecia a casi el 14 por ciento del producto interior bruto (los criterios de Maastricht prevén un máximo del 3 por ciento del PIB como límite máximo permitido), las tasas de interés de los bonos del Estado se incrementaron hasta valores récord por los aumentos de riesgos: Grecia estaba al borde de la bancarrota estatal. Así que la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) –la tan citada troica– entraron en acción. Se estableció el llamado fondo de rescate del euro, con créditos y garantías de emergencia para los Estados deudores. Hasta ahora, con tres paquetes de ayuda, se han aprobado créditos por valor de unos flamantes 322 mil millones de euros, de los cuales se han pagado 240 mil millones de euros, en su mayor parte a acreedores. Participaron sobre todo bancos franceses y alemanes con concesiones de créditos muchas veces abusivas. No habían aprendido nada de la crisis de las hipotecas subprime de 2008 y dejaron que su riesgo empresarial lo financiaran los contribuyentes europeos.

Crisis financiera global, crisis económica, crisis bancaria y de endeudamiento estatal, crisis de balanza de pagos: varios peligros, complicaciones y sus consecuencias tardías, se combinaron en Europa y en todo el mundo. La crisis financiera de 2008, que había debilitado casi a todos los bancos y Estados sin excepción, también en la zona del euro, no se había superado todavía en absoluto. En Irlanda y España, los hogares estaban sobreendeudados, sobre todo por la crisis inmobiliaria, aunque la concesión de créditos, muchas veces excesiva, había sido promovida por los flujos masivos de capital hacia estos países.7 Y todos estos factores se reforzaron recíprocamente. La difícil situación de los bancos ponía en peligro las finanzas estatales, y un país excesivamente endeudado y sin dinero amenazaba la existencia de los acreedores, sobre todo de los bancos. Realmente la crisis no podía ser peor, la peste se juntó con el cólera: el comercio entre los bancos quedó paralizado, la solvencia de algunos países miembros del euro empeoró visiblemente, el capital salió huyendo de los países en crisis, la crisis bancaria y la crisis de endeudamiento estatal se impulsaron recíprocamente. Finalmente surgió la expectativa de que un país saliera de la Eurozona, lo cual no estaba previsto en absoluto en el sistema. Todo esto se hizo después improbable cuando el jefe del BCE, Mario Draghi, prometió en el verano de 2012 hacer todo lo posible para mantener la unión monetaria.8 Por ello, hasta ahora existe la disposición del BCE de comprar bonos del Estado en cantidades ilimitadas en caso de emergencia.

Los paquetes de ayuda de la troica se condicionaron a fuertes obligaciones –programas de ahorro, aumentos de impuestos, reducciones de las pensiones, reformas administrativas y privatizaciones– lo cual puso en marcha un círculo vicioso, sobre todo en medio de una recesión. Porque las medidas, aplicadas de todos modos solo a medias, no surtieron efecto. Además, el pueblo griego mostró poca comprensión respecto a las transformaciones necesarias, y se hacía huelgas como si este fuera un nuevo deporte de moda. Así que la economía se hundió en Grecia, las cifras de desempleo explotaron, las inversiones desaparecieron, la reducida demanda interna agudizó la situación crítica y más y más académicos abandonaron el país. Grecia dejó de pagar varios créditos vencidos al FMI, algo nunca visto entre los Estados desarrollados.

Y al mismo tiempo, Grecia arrastró con Chipre otro Estado al desastre: los bancos de Chipre, cuyas cuentas rebosaban con las inversiones de rusos adinerados, habían metido enormes sumas en los bonos del Estado griegos. Después de que entonces se realizara un recorte de la deuda en Grecia para hacer partícipes precisamente también a los inversionistas privados de la carga financiera del paquete de rescate, no faltaron las víctimas. Afectó a los bancos sobreendeudados de Chipre, y con ello justamente a aquellos actores a los que iba dirigida la exigencia de un recorte de la deuda. Después de eso, las instituciones financieras del Estado insular tuvieron que contar con un pánico bancario de depositantes rusos, pero por supuesto también de chipriotas y otros, por lo que se vieron obligados a bloquear primero los retiros de dinero en efectivo y luego a limitarlos. A consecuencia de esto, los titulares de las cuentas, que no habían especulado en absoluto en bonos griegos, sino que sencillamente tenían una cuenta, perdieron mucho dinero.9 El gobierno de Chipre tuvo que congelar los depósitos y confiscar un diez por ciento de ellos. El mundo financiero global quedó conmocionado.

Conclusión parcial

Actualmente se está combatiendo el efecto, pero no la causa, como lo demuestran los numerosos programas de rescate del euro de los últimos años. Según esto, nunca hubieran debido existir los muchos paquetes de rescate para Grecia. Actualmente se discute entre los expertos si no hubiera sido mejor una bancarrota ordenada del Estado. Pero claro que también se trataba de calmar los mercados financieros con las intervenciones masivas. Durante mucho tiempo se quiso evitar también un recorte de la deuda para no dar ejemplo a los Estados del euro en condiciones semejantes, especialmente porque Portugal, España y sobre todo Irlanda habían hecho sus deberes y respetado las obligaciones de realizar reformas. Al final, en 2012 se otorgó una condonación de la deuda a Grecia, con la que los acreedores del altamente endeudado país miembro del euro tuvieron que renunciar a 53,5 por ciento del valor nominal original de sus préstamos.

¿Dónde estamos ahora? «Por lo tanto, la política de austeridad fue adecuada en relación al problema de las deudas estatales; sin embargo, también puede haber causado una agudización de los problemas de crecimiento en los antiguos países en crisis», dice el Instituto de Economía Alemana de Colonia en un estudio (El entorno actual de bajas tasas de interés: causas, efectos y soluciones).10 «La coyuntura de la Eurozona se ha recuperado y la recesión se ha superado», se dice ahí.11 Pero después de que Portugal, Irlanda y España parecían haber superado las dificultades, ahora se presentaba la amenaza de nuevos riesgos en Francia e Italia, entre ellos un crecimiento débil y un mercado laboral anquilosado. Ambos países han aplazado durante mucho tiempo las reformas necesarias.

Después de la eliminación de las monedas nacionales y el mecanismo de cambio vinculado a ellas, ha fracasado el desarrollo de mecanismos de adaptación adecuados en los países del euro. A esto se suma que los argumentos políticos y moralizantes –«El euro como proyecto de paz»– se ponen por encima de la razón económica y las leyes de la economía. Según las ideas de nuestros políticos, el euro debería fortalecer a Europa y unirla todavía más estrechamente, pero lo que se logró fueron disputas y riñas.

Todo esto pudo suceder también porque las promesas según las cuales cada uno tenía que ser responsable de sus deudas se rompieron brutalmente, también por parte del Gobierno Federal Alemán. Esto, la política de rescate fallida, el enorme volumen de recompra de bonos del Estado por parte del BCE y el hecho de que Grecia haya sido aceptada en la Eurozona mediante falsificaciones de estadísticas hacer surgir enormes dudas sobre nuestras instituciones y nuestros guardianes de la moneda. Por lo tanto, no es de extrañar que el euro esté bajo presión.

El periodista económico Michael Braun Alexander (Así funciona el dinero, Así funciona el oro) emite un juicio claro: «Por supuesto que dentro de algunos años la Eurozona ya no va a existir en la constelación actual. Quien todavía crea actualmente que la estática de esta unión financiera se puede sobrecargar a largo plazo, no ha entendido algo muy fundamental, y al parecer ha dejado de seguir las noticias desde hace una década.»12

Y por desgracia, los responsables tampoco entendieron algo importante, y no aprendieron nada de ningún aspecto de la prolongada crisis: «Las carencias estructurales del sistema monetario europeo, con su abismo insostenible entre las funciones políticas y monetarias, no se han superado, aunque fueron claramente evidentes», afirman Casey y Vigna. El error está en el sistema y solo se puede reparar ahí mismo, pero claro que no por aquellos que han causado la chapuza.

POLÍTICA DE TIPOS DE INTERÉS Y DE ENDEUDAMIENTO DESPUÉS DE VARIAS CRISIS

Una palanca central que el BCE ha activado en reacción a la acumulación de crisis es la política de tipos de interés, la cual a su vez influye profundamente en la política de endeudamiento y el nivel de deuda.

Los gobiernos de Europa, y entre ellos se cuentan en Alemania también los 16 gobiernos de sus estados federales, se han endeudado enormemente, aunque en distintos grados. Al respecto es importante el nivel de deuda en relación con la capacidad económica. Solo quien considera ambas magnitudes conjuntamente puede juzgar cómo se va desarrollando la carga en términos generales y si un deudor puede saldar el pago de los intereses y del capital. En Alemania, los datos de referencia son relativamente buenos a pesar del fuerte endeudamiento, sobre todo en comparación con los países con problemas: las deudas se están pagando de manera confiable, la tasa de endeudamiento se ha ido reduciendo constantemente desde 2010, de cerca del 85 por ciento del producto interior bruto a cerca del 71 por ciento en el año 2016 (por cierto: los criterios de Maastricht solo permiten el 60 por ciento). En comparación, Grecia tiene una tasa del 177 por ciento. Además, Alemania cuenta con una evaluación de primer nivel de las agencias pertinentes, de modo que al contratar deuda recibe las mejores condiciones. También gracias a la regla de oro presupuestaria, y en parte debido a los intereses negativos, Alemania está reduciendo sus deudas. Sin embargo, a finales de 2016 habían alcanzado la impresionante suma de 2,115 billones de euros, lo que corresponde a un endeudamiento per cápita de 26.523 euros. Ciertamente, estas son condiciones como en Grecia (28.000 euros), pero bajo un signo económico diferente. Con ello, en la zona del euro ocupamos el campo central, mientras que Estados Unidos, cuatro veces más grande –un deudor crónico– tiene deudas de cerca de 20 billones de dólares, es decir, casi nueve veces más que nosotros, y per cápita más del doble.

Desarrollo del coeficiente de deuda pública en Alemania – en porcentaje del PIB

Fuente: Ministerio Federal de Finanzas, informe mensual 6/2015 tabla 16

EE. UU.: deuda pública de 2006 a 2016 (en billones de dólares estadounidenses) – * Estimaciones

Fuente: FMI

El tipo de interés del BCE está ya desde 2014 en el cero por ciento. Se aplica así a todos los 19 países del euro, con el objetivo de abaratar el dinero, es decir, aumentar la oferta de dinero. No obstante, esta política de tipos de interés invita a los Estados de toda Europa a contraer deudas presuponiendo una buena solvencia del país, ya que en caso contrario se incrementan las primas de riesgo de acuerdo con la solvencia. En cambio, para algunos países, también para Alemania, las condiciones son fantásticas y están cerca del cero o incluso en el rango negativo. Con ello, los Estados potentes podrían reducir ahora mucho mejor sus deudas, como lo hace el gobierno alemán, o bien el entorno de tipos de interés induce a nuevos gastos, como sucede por ejemplo en Berlín con el senado de coalición roja-roja-verde de los partidos SPD, Die Linke (La Izquierda) y Die Grünen (Los Verdes).

Unión Europea: deuda pública en los Estados miembros en el 4.º trimestre de 2016, en miles de millones de euros

Fuente: Unión Europea

Para los tipos de interés bajos hay buenas razones, pero todas ellas tienen también su lado negativo, o pueden tenerlo, dependiendo de si el asunto se considera como deudor o como acreedor: se facilita la reducción de deudas de los Estados, pero al mismo tiempo también se posibilita un nuevo endeudamiento y se frena la disposición a realizar reformas estructurales. Los Estados pagan intereses bajos, o incluso menos de lo que ingresaron, lo que para el inversionista/acreedor es también un mal negocio: los seguros de vida y los seguros médicos privados ya tienen grandes problemas ahora, dado que el dinero que han recaudado, por ejemplo, para fondos de pensiones o las reservas necesarias, muchas veces solo lo pueden invertir con poco riesgo. Los ahorradores también salen con las manos vacías. Ya pasaron los tiempos en que todavía había bonos del Gobierno Federal, que no solamente destacaban por su nombre bonito, sino que también tenían una buena tasa de interés que por un tiempo alcanzó el ocho por ciento, y esto sin mucho riesgo, ya que a fin de cuentas el deudor era la República Federal de Alemania (aunque entonces también teníamos tasas de inflación bastante altas). En cambio, el dinero ahora es barato, lo que puede activar las inversiones e impulsar la economía y el empleo, así como ayudar a los constructores de viviendas, pero también hace que se eleven los precios inmobiliarios y las tasas de interés de otras inversiones de capital, a veces más arriesgadas, favorece la formación de burbujas inflacionarias y hace inestable el mercado financiero.

Además, se generan desarrollos contradictorios. Una tasa de interés baja puede impulsar los patrones de ahorro en dos direcciones contrarias: una parte de los hogares reduce las cantidades que ahorra y consume de inmediato. En cambio, los hogares con planes de ahorro fijos aumentan la tasa de ahorro para alcanzar sus objetivos de ahorro para la tercera edad.13 Los bancos, que en este entorno generan cada vez menos ganancias, tienen que modificar sus modelos de negocio, aunque la reducción en los costos de refinanciación por lo menos ha apoyado al sector bancario. En caso, tiene sentido no considerar solamente los contras de los intereses negativos.

Pero ya en la comparación de las ventajas y desventajas de los intereses bajos vemos que tienen efectos enormes sobre nosotros, también en el ámbito personal. No solamente nos afectan como ciudadanos, contribuyentes y deudores indirectos, sino que tienen consecuencias también en nuestros hábitos de consumo y finalmente en la inversión de capital y los fondos de pensiones. La política actual de tasas de interés nos hace pensar en qué forma se podría invertir mejor nuestro dinero. Las compañías de seguros de vida están bajo presión porque ya casi no encuentran inversiones que con los rendimientos mínimos prescritos correspondan a sus propias reglas de riesgo y a las normativas estatales. Los bonos del Estado, una forma tradicionalmente relativamente segura de inversión de capital, apenas producen ya ganancias o incluso consumen el dinero. ¿Quién podría haber previsto una situación tan extraña hace unos años? Las cuentas de mercado monetario ofrecen, si acaso, intereses del 0,1 por ciento, y algunas cajas de ahorros ya han empezado a cobrar cuotas por cantidades depositadas a partir de 100.000 euros (dado que ellas tienen que pagar a su vez recargos al BCE). Hace algunos años, estas cuentas todavía daban un 5 por ciento. ¡Positivo! Hoy en día también hace falta poner el signo antes de la cantidad.

Sin embargo, este desarrollo no es solo específicamente europeo. Desde los años 90, los intereses cayeron en casi todos los países de la OCDE.14 En Japón, en aquel entonces pinchó la burbuja inmobiliaria, y los créditos inmobiliarios correspondientes no se pudieron pagar como estaba previsto. Así, el banco central japonés redujo drásticamente la tasa de interés a partir de 1995, y a partir de 1999 ya estaba casi en el cero por ciento.15 El desarrollo de los bajos intereses recibió un nuevo impulso tras reventar la burbuja puntocom en el cambio del milenio y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. La Reserva Federal de los Estados Unidos, la Fed, bajó los intereses, y con ello infló precisamente la burbuja en el mercado inmobiliario estadounidense. «Con el estallido de la crisis financiera y económica global en 2008, los bancos centrales de los grandes países industrializados se vieron obligados a reducir sus tipos de interés a un nivel históricamente bajo para limitar las consecuencias de la crisis en la economía real y evitar un colapso del sistema financiero global.» A esta conclusión llega el Instituto de Economía Alemana IW en el estudio ya mencionado.16 Los bancos eran demasiado grandes y no podían realizar operaciones sin que tuviera efectos considerables en el sistema financiero global, por lo que tuvieron que ser rescatados con fondos del Estado en 2008. Aquí, el banco emisor danés fue el pionero con respecto a los intereses negativos, y Dinamarca se encuentra fuera de la Eurozona, pero tiene su Corona acoplada con el euro. Ya en julio de 2012 redujo la tasa de depósitos para bancos al -0,20 por ciento. Apenas en 2014 siguió el BCE, y también en Suiza, Suecia o Japón se tienen que pagar intereses de penalización si los bancos comerciales depositan dinero en los bancos centrales.17 La tasa de interés sueca, por ejemplo, es actualmente del -0,5 por ciento.18 Esto muestra que los intereses bajos no necesariamente tienen que ver con el euro y el BCE. Más bien, las razones son muy variadas. Una de estas razones es también, por ejemplo, la huida hacia inversiones seguras que actualmente tienen intereses bajos, lo cual con una demanda igualmente grande conduce una vez más a la caída de los intereses. Al mismo tiempo, esto impulsa al alza el tipo de cambio, como sucede con el Franco suizo, lo cual a su vez le causa enormes problemas al comercio exterior de ese país. Aquí vemos también los vínculos internacionales de los tipos de interés: los intereses bajos en un país pueden producir una fuga de capitales a través de las fronteras, y ahí también, por la fuerte demanda, forzar a su vez la caída de los tipos de interés. Además, los bancos centrales eran conscientes del peligro de fomentar la huida hacia el dinero en efectivo a partir de una determinada cantidad negativa, algo que querían evitar en la medida de lo posible.19 Por eso, de este rincón y de economistas aliados con los bancos centrales provienen también las exigencias de eliminar el dinero en efectivo.