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Este libro esta destinado tanto a médicos generales y especialistas como a pacientes interesados en profundizar sus conocimientos sobre dos grandes y desconocidas epidemias, que afectan enormemente la calidad y la perspectiva de vida de adultos y niños: la privación de sueño y la apnea de sueño (ronquido). De manera simple y clara un otorrinolaringólogo y un neumonólogo con experiencia en el tema transmitirán al lector los conceptos más importantes para detectar y tratar estos problemas.
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Seitenzahl: 122
Veröffentlichungsjahr: 2016
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EL RONQUIDO Y LA APNEA DEL SUEÑO Su diagnóstico y tratamiento al alcance de todos
© 2016: Juan Mosovich y Julio Silio
Primera edición
Diseño y maquetación: Martín Cairns
Ilustración de tapa: http://www.canstockphoto.es
Ediciones LiliumBuenos Aires, Argentina
www.edicioneslilium.com.ar
Nº ISBN: 978-987-3959-11-0
Buenos Aires, Argentina, Abril 2016
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del Autor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
Mosovich, Juan; Julio Silio
El ronquido y la apnea del sueño : su diagnóstico y tratamiento al alcance de todos / Juan Mosovich ; Julio Silio. - 1a ed . - San Isidro : Lilium, 2016.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-3959-11-0
1. Trastornos del Sueño . 2. Tratamiento Médico. 3. Diagnóstico. I. Silio, Julio II. Título
CDD 616.8
Dedicado a nuestra familia y a tantos más…“Mientras exista el mundo, mientras existan los seres, que yo también exista para aliviar su sufrimiento. Todo el sufrimiento del mundo surge de buscar el placer propio, todo el bienestar, de buscar la felicidad de los otros”.
Shantideva.
Introducción
Capítulo 1
Privación de sueño. Hipersomnolencia. Test de cuantificación y diagnósticos diferenciales.
Capítulo 2
Importancia sanitaria del S.A.H.O.S. Equipos y estrategias de diagnóstico en adultos.
Capítulo 3
Terapéuticas con equipos de presión positiva fija y automática. Indicaciones clínicas, limitaciones y funcionamiento general.
Capítulo 4
Dispositivos Intraorales Para el Tratamiento del S.A.H.O.S.
Capítulo 5
Manejo quirúrgico de la apnea del sueño en adultos.
Capítulo 6
Trastornos respiratorios del sueño en niños.
Capítulo 7
La práctica clínica. Nuestra visión en el diagnóstico y tratamiento del S.A.H.O.S. en el adulto.
Bibliografía
Dormir bien y un número adecuado de horas es importante para el descanso del cuerpo, la salud en general y el funcionamiento de la mente. Durante el sueño el cerebro efectúa tareas imprescindibles para un desempeño óptimo durante la vigilia. El hecho que en occidente las personas económicamente activas duermen menos horas es evidente. Las cargas laborales, como las costumbres sociales han hecho reducir el número de horas de sueño y pocos imaginamos las graves consecuencias que esto tiene para nuestra calidad de vida. Dormir menos deteriora nuestras funciones cognitivas (sobre todo la memoria), incrementa la somnolencia, nos pone de mal humor y hace que nos accidentemos más, también nos predispone a comer en exceso y a engordar con las consecuencias que esto tiene. Dormir menos disminuye nuestro deseo sexual y produce impotencia. Las enfermedades banales (migrañas, infecciones respiratorias) se hacen aún más frecuentes e intensas.
Por otro lado, a pesar que duermen las horas suficientes o incuso más, muchas personas tienen dificultades para respirar de manera adecuada mientras duermen y esto deteriora la calidad del sueño. La dificultad se puede manifestar como algo de ruido al respirar o ronquido intenso, acompañado o no de pausas respiratorias o apneas del sueño. Al dormir los músculos se relajan y la postura acostada hace que la lengua y otras estructuras de la garganta (amígdalas) bloqueen la vía respiratoria e impidan al durmiente respirar. La apnea obstructiva del sueño es similar a que alguien nos estrangule mientras dormimos. Cuando la obstrucción o el “estrangulamiento” persiste mucho tiempo llega incluso a caer la saturación de oxígeno en la sangre arterial, haciendo que se produzca un cambio en el ritmo cardíaco se libere adrenalina y genere estrés (en pacientes predispuestos, pueden producirse arritmias cardíacas graves e incluso fatales). El sueño se hace más superficial o a veces el paciente directamente se despierta para salir de esta situación. El cambio de posición o la recuperación del tomo muscular en este despertar hacen que se libere la vía respiratoria y el episodio obstructivo llega a su fin solo para repetirse más tarde al profundizar el sueño en un ciclo de obstrucciones que puede repetirse en casos severos con un ritmo de 60 a 80 veces por hora y a veces más. En lugar de descansar mientras duermen, estos enfermos se cansan más, mucho más incluso de lo que se cansan durante el día. Un paciente con una enfermedad severa sufre un estrés muy superior al que sufriría por ejemplo en un día laboral particularmente agotador y estresante. Las probabilidades de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y muerte súbita también se incrementan.
Muchos médicos soñamos alguna vez en participar en la asistencia de una epidemia. Tenemos el prejuicio de pensar que para tener esta experiencia, el trabajador de la salud debe trasladarse a algún lugar abandonado de África o India. Cuando comenzamos a lidiar con el síndrome de apneas e hipopneas obstructivas del sueño (S.A.H.O.S.) tuvimos y tenemos aún, con cada nuevo paciente que es diagnosticado, la sensación de estar en medio de una epidemia desconocida o ignorada por la mayoría. Un 3% de la población aproximadamente sufre las consecuencias más severas de esta enfermedad y esto afecta su vida tanto en calidad como en cantidad. Desde deterioros en la función cognitiva, somnolencia, riesgo de accidentes hasta el incremento de la posibilidad de sufrir infarto de miocardio, hipertensión o un accidente cerebrovascular. Millones de personas padecen esta enfermedad sin saberlo y muchos médicos la ignoran o menosprecian. Hay escasos equipos y personal técnico capacitado en el diagnóstico y tratamiento del problema a pesar de requerir un entrenamiento relativamente sencillo y ser los equipos necesarios de bajo costo. No es infrecuente diagnosticar pacientes coronarios tratados con stent o cirugías a corazón abierto de S.A.H.O.S. severo que ha pasado inadvertido a los médicos a pesar de las complicaciones ya sufridas. Tampoco es raro detectar la enfermedad en choferes de corta y larga distancia que han sufrido ya accidentes relacionados a la somnolencia. Posiblemente este sufrimiento podría haberse evitado con una intervención precoz.
Si enfrentamos una epidemia de cólera por ejemplo, sabemos que muchos pacientes morirán de deshidratación. Sería bueno contar con camas de terapia intensiva y médicos expertos para asistirlos. Pero seguramente no habría la cantidad de camas y personal suficiente para llegar a todos los enfermos. Muchos pacientes tendrán que ser atendidos en salas de internación comunes, incluso en centros periféricos de salud o hasta en el campo o la calle por paramédicos armados con lo mínimo indispensable para que a la mayoría llegue la asistencia sanitaria que permitirá salvar innumerables vidas. Como el S.A.H.O.S. es una epidemia debemos actuar de una manera similar, manteniendo los centros de alta complejidad (laboratorios del sueño altamente equipados) pero estimulando también la creación de unidades más sencillas de diagnóstico y tratamiento, con equipos más simples para que se puedan diagnosticar y tratar más pacientes de esta enfermedad que permanece sin diagnóstico, aún en los países desarrollados, en alrededor del 80 % de los casos
Este libro intenta incrementar el tan escaso número de profesionales con la capacidad de diagnosticar y tratar con eficiencia esta enfermedad. También por qué no, los enfermos que padezcan esta enfermedad (o sus familiares) pueden encontrar en este libro información útil para la toma de decisiones.
Esperamos que este sea un pequeño grano de arena hacia la mejor comprensión del S.A.H.O.S. y la privación de sueño en la sociedad.
“Quien piensa que algo pequeño no hace la diferencia, que pruebe dormir con un mosquito”
La privación de sueño es una condición que afecta a gran parte de la sociedad generando un incremento de la morbilidad (alterar funciones cognitivas, somnolencia) como de la mortalidad (accidentes). Se corrige incrementando las horas de sueño a más de 8has diarias. A mayor privación de sueño, menor tiempo de latencia al sueño (o tiempo que tardamos en dormirnos). Los test de cuantificación tienen una utilidad relativa y no son de uso frecuente en la práctica clínica. El modafinilo, melatonina, hipnóticos (zolpidem), descongestivos nasales, protectores sonoros, manejo de la luz, son mecanismos que pueden utilizarse para regular las horas de sueño.
La deprivación de sueño por si sola es causa de gran parte de la morbilidad y la mortalidad de la apnea del sueño y es sin duda, al igual que la apnea del sueño, una epidemia no diagnosticada en nuestra sociedad, en muchos casos muy simple de diagnosticar y tratar. Los pacientes privados de sueño se sienten realmente mal y no identifican con claridad la causa de su malestar. Pocos conocen que este trastorno que se corrige de manera muy sencilla...durmiendo más. En mi opinión tiene mucha más repercusión que el alcohol en la generación de accidentes de tránsito.
Normalmente los seres humanos requerimos dormir de 7.5 a 8 horas diarias. Si se reduce el número de horas dormidas se genera una deprivación de sueño que afecta la calidad de la vigilia. En 1960 un estudio conducido por la American Cáncer Society encontró que la duración del sueño promedio en la población era de 8 a 8.9 horas mientras que en 1995 en un estudio de la National Sleep Foundation las horas de sueño cayeron a 7. Reportes recientes en Estados Unidos informan que los americanos están durmiendo 6 horas o menos en 2004. Hoy más de 30% de los adultos, hombres y mujeres entre 30 y 64 años reportan dormir menos de 6 horas por noche (1).
Aunque la deprivación total de sueño (esto es mantenerse en vigilia durante un período prolongado de varios días) ha servido para el análisis de los efectos que esta tiene sobre las funciones neurocognitivas, lo cierto es que la privación parcial (dormir menos horas de las necesarias) es por lejos mucho más frecuente en la sociedad moderna debido entre otras cosas a enfermedades como la apnea del sueño y otros trastornos del sueño, demandas laborales y responsabilidades sociales o domésticas.
La deprivación crónica es cuando una deprivación parcial se prolonga por mucho tiempo (meses, años). Se ha demostrado que restricciones de sueño de menos de 7 horas durante 4 o más días resultan en efectos adversos (y acumulativos en la medida que se acumula la privación) sobre diferentes funciones neurocomportamentales (2)(3)(4) (5). Repetidos días de sueño de entre 3 a 6 horas incrementan la predisposición a la somnolencia diurna, disminuyen la velocidad y precisión en el trabajo y la memoria (2) (3) además de generar trastornos de atención (2) (3) (4). Naturalmente existen variaciones individuales en relación a la resistencia y vulnerabilidad en el deterioro cognitivo que genera esta deprivación de sueño (7) . Por ejemplo, el peor desempeño de una persona privada de sueño puede ser superior al mejor desempeño de una persona sin privación de sueño. Sin embargo numerosos estudios han demostrado que la deprivación de sueño genera deterioros en el funcionamiento neurocognitivo (8) (9) (10). Hay cientos de estudios relacionados con la deprivación total de sueño pero menos en relación a la deprivación parcial y apenas unos pocos en relación a la deprivación crónica Las mediciones incluyen el desempeño cognitivo, motor y el humor (11).
Todas las formas de deprivación resultan en un incremento del humor negativo, especialmente sentimientos de fatiga, pérdida de fuerza, somnolencia y confusión.
Se piensa que también incrementan la irritabilidad, ansiedad y depresión. Dificultan la habilidad de encarar un problema cuando hay información cambiante o distractores (12)(15). Otros trastornos serian la dificultad en recordar información (16) (17), mantener el foco en cosas importantes (18) (19) (20) mantener pensamiento flexible para adaptarse a las situaciones (21) (22), tomar riesgos inapropiados o evaluar mal los riesgos (23) (24), tener baja introspección en déficits de desempeño o no identificar errores propios (10) (25) (26) perseverancia en pensamientos y acciones equivocadas (12) (13) (27)(29) y problemas en efectuar modificaciones en el comportamiento en base a nueva información existente (15) (21) (29). En resumen, dormir menos nos hace funcionar muy por debajo de nuestro potencial.
Cada hora que restamos al sueño incrementa la deprivación de sueño y esto es acumulativo. En el experimento más extenso controlado dosis-respuesta de privación crónica de sueño que se ha efectuado hasta la fecha (30), se ha demostrado que con 8 horas diarias de sueño no se registran deterioros neurocognitivos. Luego de dos semanas de restricción de sueño a 4 horas diarias los déficits en la atención, memoria y respuesta cognitiva son equivalentes a las vistas luego de dos noches de privación completa de sueño. Similarmente, dos semanas de restricción a 6 horas resulta en un déficit equivalente a una noche de privación completa de sueño. El deterioro cognitivo se incrementa de manera casi lineal a medida que pasan los días de privación crónica. La sensación subjetiva de somnolencia y fatiga parece ser menor en la deprivación crónica parcial que en la privación total aguda. Los déficits cognitivos se acumulan mucho más rápido cuando hay una privación completa de sueño que cuando la misma cantidad de sueño se pierde gradualmente en una serie de días de restricción (30) (31). Parece que el periodo de vigilia óptimo para el mejor funcionamiento (y evitar la acumulación de privación y consecuente déficit cognitivo) es de 15.84 horas seguido de 8.16 horas de sueño (9).
Los arousals o despertares durante el sueño se definen como incrementos abruptos en la frecuencia del electroencefalograma por un mínimo de 3 segundos durante el sueño no R.E.M. y en asociación con un incremento en la frecuencia electromiográfica durante el sueño R.E.M. (32). Por definición los arousals o despertares no resultan en la recuperación de la vigilia (despertar real), sin embargo, se han asociado con somnolencia diurna excesiva (33) (40) déficits cognitivos (34) (37) (41-45) y alteraciones en el humor (37) (42) (45) (86). Estos estudios muestran que la fragmentación del sueño tiene el mismo efecto que la privación de sueño en el comportamiento durante la vigilia. Se sugiere que una frecuencia de arousals de uno por minuto derivan en deterioros de sueño similares a una noche de privación completa (34) (47).
