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"En este libro, el lector se hallará cara a cara con lo que llamo El Vórtice: las anomalías y contactos, las investigaciones y las controversias, lo sagrado y lo ancestral. Además, en el adendum incluyo, completas, las catorce "transmisiones" que estos seres nos han brindado, hoy integradas en esta obra para que puedan analizarse en su justo contexto. Las conclusiones, como siempre, quedan al juicio personal de quien ahora me lee." Ricardo González Corpancho
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Seitenzahl: 289
Veröffentlichungsjahr: 2023
RICARDO GONZÁLEZ
CORPANCHO
EL
VÓRTICE
LOS SERES-PORTALES DEL URITORCO
Y LOS NODOS DE LA TIERRA
Dados Internacionais de Catalogação na Publicação (CIP)
(Câmara Brasileira do Livro, SP, Brasil)
_____________________________________________________________
González Corpancho, Ricardo
El vórtice (livro eletrônico):
los seres-portales del uritorco y los
nodos de la Tierra / Ricardo González Corpancho. --
São Paulo : Tesseractum Editorial, 2023.
epub
ISBN 978-65-89867-55-5
1. Contatos com extraterrestres 2. Objetos
voadores não identificados 3. Objetos voadores não
identificados - Aparição e encontros 4. Ufologia
I. Título.
23-154073 CDD-001.942
_____________________________________________________________
Índices para catálogo sistemático:
1. Civilização antiga : Influências extraterrestres
001.942
Eliane de Freitas Leite - Bibliotecária - CRB 8/8415
Coordinación Editorial: Equipe Tesseractum Editorial
Diagramación: Equipe Tesseractum Editorial
Correctora de estilo: Virginia Cinquegrani
Diseño de tapa:www.woohustudio.com
Fotografía: Mario Tizón. “Tormenta en el Uritorco”. @mario_j_tizon
EL VÓRTICE
© Ricardo González Corpancho
Primera Edición, São Paulo, Maio de 2023.
Sitio web oficial del autor:
www.ricardogonzalezoficial.com
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin previa autorización del autor.
SUMARIO
Veinte años después...
1 SERES DE ENERGÍA
2 URIN URQU
3 LA TIERRA INTELIGENTE
4 CHAMANES Y CONTACTADOS
5 LOS RUNA CAMIARE
6 EL BASTÓN DE MANDO
7 LA CIUDAD DE LOS CÉSARES
8 DEL MATO GROSSO A TALAMPAYA
9 LUCES CÓSMICAS, SOMBRAS HUMANAS
10 MENSAJES DEL TEMPLO DE LA ESFERA
11 EL ROSWELL ARGENTINO
12 WITAIKON
Cerrando el círculo
ADENDUM TRANSMISIONES
IRDIN
Cuando el misterio es demasiado impresionante,
es imposible desobedecer.
Antoine de Saint-Exupéry
Todos somos muy ignorantes.
Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein
La verdad pasa por tres etapas. Primero se la ridiculiza,
después encuentra una feroz resistencia y, finalmente,
se la acepta como evidente.
Arthur Schopenhauer
A Natalia Calvo Heredero (1965-2022);
desde la otra orilla sigues caminando con nosotros...
Veinte años después...
En 2022, cumplí dos décadas de constantes visitas a los dominios del cerro Uritorco. Y, desde hace más de un lustro, Capilla del Monte, el otrora pequeño pueblo que hoy crece sin cesar a sus faldas, se ha convertido en mi hogar, desde donde ahora mismo escribo estas líneas. Diversas circunstancias de la vida, mágicas y extraordinarias ―que más adelante compartiré―, me condujeron a radicarme con mi esposa en estas bellas sierras cordobesas en el corazón de la Argentina. A lo largo de todo ese tiempo, he dado a la imprenta tres libros que abordaron los extraños prodigios que aquí se reportan. La intención era contrastar el mensaje del Uritorco con todo lo que ya había vivenciado en Perú y en otros puntos de encuentros cercanos en el mundo. Mi visión, pues, no era “localista” y exploraba el fenómeno desde una perspectiva más amplia. Así he descubierto que, amén de las similitudes y particularidades que exhiben los lugares de contacto, tras bambalinas, hay en ellos el mismo mensaje. Esa fuerza es la que anida en estas páginas.
He sentido con mucha intensidad presentar en un solo volumen la esencia del material que ya he publicado y complementarlo con los nuevos hallazgos y experiencias de contacto. Mi objetivo ―o el de “ellos” operando a través de este servidor― es facilitar el acceso a una “llave”.
En este libro, el lector se hallará cara a cara con lo que llamo El Vórtice: las anomalías y contactos, las investigaciones y las controversias, lo sagrado y lo ancestral. Además, en el adendum incluyo, completas, las catorce “transmisiones” que estos seres nos han brindado, hoy integradas en esta obra para que puedan analizarse en su justo contexto. Las conclusiones, como siempre, quedan al juicio personal de quien ahora me lee.
Este minucioso compendio es un acercamiento a un enigma inabarcable. Pero los entresijos del Uritorco me han enseñado que la verdadera comprensión se esconde en el ascenso, no en la cumbre.
1SERES DE ENERGÍA
―¿Entonces, esos seres, según tu criterio, parecían estar construidos por una suerte de energía sobrenatural? ―repregunté a Ángel María Tonna, el estanciero y contactado uruguayo del famoso caso “La Aurora”.
Tonna dio un sorbo profundo a su mate y sentenció con seguridad:
―Brillaban mucho y se manifestaban hasta dentro de mi propia casa, aquí mismo en donde estamos reunidos...
El querido “Toto” Tonna ni se inmutaba. No percibí en él el más mínimo resquicio de nerviosismo. Estaba totalmente convencido de lo que decía.
En 1976, Tonna y su familia protagonizaron una intensa actividad ovni en su inmenso rancho de Paysandú, “La Aurora”. Los hechos fueron tan extraordinarios que atrajeron el interés de la prensa e incluso de un equipo militar de investigación. Los testigos fueron tan numerosos que convirtieron el caso en uno de los más célebres y discutidos en Uruguay y Sudamérica.1 Pero lo más inquietante no fue la irrupción de los “no identificados” y sus presuntas marcas en el campo, que fueron interpretadas como símbolos cósmicos con poder de sanación; para muchos investigadores, lo más desconcertante eran los encuentros cercanos con esas entidades de luz asociadas con la actividad ovni.
―¿Quiénes son esos seres que viste? ―continué interrogando a Tonna.
―Son de aquí y de todas partes ―soltó risueño―. Pero tienen la capacidad de mostrarse con forma humana, de lucir exactamente como nosotros...
―¿Por qué eligieron tu rancho?
―Me explicaron que hallaron en mi campo una “ventana” natural que les permite manifestarse...
―¿Has hablado con “ellos” recientemente?
―¡Sí! ―contestó exultante―. Es más, te digo que Maia está aquí y te quiere saludar...
Sinceramente, en ese momento pensé que el afable Tonna me estaba “cargando”, como dicen los uruguayos. En otras palabras, una tomadura de pelo. Tonna, totalmente tranquilo, me pidió que lo acompañara fuera de la vivienda para conocer a la supuesta entidad cósmica.
Decidí seguirle el juego y caminamos a campo abierto. Y allí apareció, de la nada, una luz saltarina, brincando caprichosa a unos dos metros del suelo. Se hallaba relativamente cerca, tal vez unos treinta metros de distancia. Por momentos era blanca y, al aproximarse más, lucía dorada. Fue una breve observación que quise catalogar como la cabriola de luciérnaga. Eso sí, una luciérnaga enorme...
―Esa fue Maia ―afirmó Tonna, muy sonriente y suelto de huesos.
Días después, estando a bordo en mi avión de regreso a Lima, un sueño lúcido, que hasta el día de hoy recuerdo en sus detalles, me sorprendió. En este, una mujer de largos cabellos rubios, totalmente luminosa, se me presentaba como Maia y afirmaba que la luz en el campo de Tonna era ella... En medio del “sueño” dudé, pero la entidad me habló con autoridad: “¡Despierta, tendrás una confirmación!”.
Y volví en sí de súbito y abrí mis ojos como platos. Entonces observé a un niño corriendo por el pasillo del avión, gritando contento, como si estuviese jugando con un amigo invisible: “¡Maia!, ¡Maia!”.
Quedé impactado. Mientras veía a la madre del nene ―más que desconcertada― llevar a su pequeño de regreso al asiento y ajustarle el cinturón de seguridad, mi mente empezaba a repasar experiencias semejantes que ya había enfrentado.
Gracias a Tonna pude unir los cabos sueltos.
Han transcurrido más de veinte años desde nuestro encuentro en “La Aurora”. Sigo pensando que Tonna es uno de los contactados más auténticos que he conocido.
Letrero de bienvenida a la estancia “La Aurora”.
El ser de Lancacuyo
El presunto encuentro con “Maia” en la estancia de Tonna no era la primera ocasión en que me las veía con un “ser de luz”.
Un claro antecedente fue la experiencia que afronté en las cuevas de las rocas Lancacuyo, en Cusco. Corría el año 1998. Como recordarán los lectores de mis anteriores libros, me estoy refiriendo a la mítica “Zona X”, una waka o lugar sagrado de gran importancia para los sacerdotes andinos. El santuario, no por casualidad, se halla próximo al templo-fortaleza de Sacsayhuamán y otros centros arqueológicos atribuidos al Imperio inca, como el poderoso Templo de la Luna. Allí, las grutas y laberintos (chinkanas, en quechua) evocan los secretos de la Pachamama y su conexión con el mundo de los humanos. La “Zona X”, pues, es un lugar de convergencia, un punto de contacto.
Al lado del guía e iniciado paqocusqueño, Sergio Cáceres Huamán, contemplé atónito cómo una “niebla luminosa”, surgida de la nada en la garganta de la cueva, “construía” una figura humana, alta y espigada. Ambos la vimos. Y “aquello”, fuera lo que fuese, me “habló”. El ser me dijo, mentalmente, que, pese a las injusticias que veíamos en el mundo, no debíamos desfallecer. Que debíamos seguir adelante porque al final la luz prevalecería...
¿Quién era? ¿O “qué” se había presentado ante nosotros? Para mi acompañante ―recordemos, formado en ancestrales conocimientos andinos―, estuvimos ante la probable manifestación del espíritu de un antiguo sabio o líder inca. Para este servidor ―en ese entonces parte de grupos de contacto y de ufología en Lima―, el ser podría estar conectado con el fenómeno que rodea a los ovnis e incluso entidades de otras dimensiones que nada tienen que ver con los humanos.
¿Ambos testigos estábamos equivocados con las interpretaciones? ¿Éramos presa de un sesgo alimentado por nuestro paradigma mental? Fuera como fuere, el fenómeno ―la aparición del ser― era un hecho indiscutible, real, que había sobrevivido a nuestras especulaciones. ¿Es posible que Maia y el ser de Lancacuyo guardaran una desconocida relación?
La cueva de Lancacuyo, en donde “aquello” apareció.
Esta experiencia me hizo desempolvar algunos libros en donde sus autores se hacían la misma pregunta: ¿un fenómeno inteligente y desconocido, más allá de la hipótesis extraterrestre, se nos presenta bajo distintos “disfraces” de acuerdo con nuestro patrón de creencias? En el fenómeno de los encuentros cercanos, como bien dice mi querido amigo Juanjo Benítez, nada es lo que parece.
Me sumergí entonces, en aquellos inolvidables años de juventud, en la hipótesis parafísica, sin descartar la posibilidad de auténticos contactos con entidades de origen extraterrestre. Consideré ―y lo sigo considerando― que el fenómeno tiene múltiples fuentes.2 Pero, como digo, la hipótesis que contempla nuestra interacción con otras dimensiones e inteligencias desconocidas cautivó mi interés. Sin mayor demora, desempolvé algunos libros que ponían la lupa en este asunto, como los de John Keel, Arthur C. Clarke o Carl Gustav Jung. Pero fue el Pasaporte a Magonia3 del científico y ufólogo francés Jacques Vallée el que mejor describió la complejidad del fenómeno.
Admito que, en un principio, no me resultó nada fácil integrar estas informaciones. Mis experiencias de contacto en Perú siempre han estado vinculadas con el fenómeno ovni y la actuación de seres de aspecto humano que sostenían ser parte de una misión de origen extraterrestre. No se trataba de “visiones”, sino de experiencias concretas que han implicado a múltiples testigos. Y lo más importante: las informaciones que “ellos” entregaron en esos contactos se cumplieron perfectamente en el tiempo.4
No obstante, Vallée y otros estudiosos que comulgan con sus ideas tenían razón: el fenómeno de los encuentros cercanos no se puede explicar única y exclusivamente con la supuesta visita de seres extraterrestres. “Los contactados no mienten, pero hay que explorar otras hipótesis para entender la complejidad del fenómeno”, me dijo el propio Vallée en una agradable charla que compartimos con la ufóloga ítaloestadounidense Paola Harris. De hecho, como muchos recordarán, Harris participó con nosotros de un contacto programado en Monte Shasta, el volcán dormido en el norte de California. La reconocida investigadora, que inició sus pesquisas en los años setenta al lado del “padre de la ufología”, el astrónomo estadounidense Dr. J. Allen Hynek, no solo contempló atónita la aparición de distintos ovnis volando en formación e interactuando con los participantes del campamento, sino que, por si todo ello fuera poco, pudo protagonizar un encuentro cercano del tercer tipo. Es decir, Harris, al lado de otras nueve personas, se las vio con un ser humanoide de rasgos nórdicos y de casi tres metros de estatura que surgió del bosque de Sand Flat en Shasta. El gigante estaba vestido con un enterizo azul oscuro pegado al cuerpo, que lucía atlético. Tenía los brazos descansando a ambos lados y el rostro descubierto, un semblante claramente humano que permitía apreciar unos largos cabellos blancos. El visitante parecía estar ingrávido, flotando al lado de los árboles. Este extraordinario suceso, ocurrido la inolvidable noche del 20 de septiembre de 2014, remeció a la ufología estadounidense.
Vallée y Harris son grandes amigos desde hace décadas. Acaban de publicar un revelador libro sobre el impacto de una aeronave desconocida en el desierto de Nuevo México justo después de la detonación de la primera arma nuclear (Prueba Trinity, 16 de julio de 1945).5 El detalle es que, en los restos de la nave, se hallaron pequeños seres humanoides aún vivos. ¿Su paradero final? Desconocido.
“Jacques sabe que no miento respecto al contacto de Monte Shasta ―me dijo Harris―. Y mucho menos duda del testimonio de José Padilla sobre los seres hallados en el lugar del objeto estrellado en 1945. Pero se resiste a pensar que estas experiencias tienen una firma de otros mundos”, añadió.
He aquí, pues, la “grieta” que sigue dividiendo la opinión de investigadores, científicos, ufólogos y contactados. ¿Cuál es la identidad real de la fuente de los contactos? Sea como sea, de algo no hay duda: las experiencias son reales. Y ello destruye a nuestro inmodesto intelecto...
Paola Harris y Jacques Vallée.
Ahora bien, ¿quién o qué controla estos encuentros cercanos? ¿Cuál es el propósito? Sigo pensando, luego de treinta años de enfrentar estas experiencias e investigarlas desde dentro, que nos hallamos ante un fenómeno que no tiene un solo origen...
El ser de Lancancuyo y la manifestación de “Maia” constituyen solo la punta del iceberg. Como bien escribió el poeta francés Paul Éluard: “Hay otros mundos, pero están en este”6. Es aquí en donde los misterios del Uritorco toman protagonismo.
1 Detallo el caso “La Aurora” en mi libro Lugares de contacto, Luciérnaga, Grupo Planeta España, 2018.
2 He escrito al respecto en diversos artículos y en mis libros, especialmente en Protocolos de contacto, Tesseractum Editorial, Sao Paulo, nueva edición 2022.
3Pasaporte a Magonia, Jacques Vallée, Plaza & Janés, Barcelona, España, 1972.
4 Mi libro,Tierra II, es una buena descripción de estos contactos extraterrestres. Editorial Planeta, Aquari, 2022.
5 Más información en Trinity, the best-kept secret, Starworks, Paola Harris and Jacques Vallée, Starworks USA & Documatica Research, Illinois, 2021.
6 La fuente de esta frase es una carta que Éluard escribió a Teofrasto Bombasto de Hohenheím, y cuya respuesta en clave fue: “La vida es fuego, el cuerpo incombustible”.
2URIN URQU
Supe de los misterios del cerro Uritorco en los años noventa. Revistas especializadas en el fenómeno ovni y varios libros publicados en la Argentina se hicieron un espacio en las librerías limeñas, especialmente en la célebre Galería Boza del Jirón de la Unión, en donde mi recordado don Aníbal Cotrina tenía el punto de venta de libros esotéricos de referencia de toda la ciudad. Era el clásico espacio de reunión de los investigadores. Cotrina viajaba frecuentemente a Buenos Aires y traía muchos títulos de editorial Kier y otros libros inéditos que habían sido publicados de forma independiente por sus autores. Verdaderas joyas.
Muchas de estas publicaciones hacían referencia al cerro Uritorco. Era citado una y otra vez como un escenario de contacto de enorme importancia en la Argentina. Pero había distintos puntos de vista sobre su misterio. Incluso, algunos contradictorios.
Fabio Zerpa, el decano de la ufología sudamericana ―un hermano que siempre llevaré en el corazón―, concentró su atención en la actividad ovni que se reportaba en las sierras de Córdoba y que pudo investigar personalmente desde los años sesenta. Fue, sin duda, uno de los principales comunicadores de los enigmas del Uritorco. Más tarde, el investigador de Capilla del Monte, Jorge Suárez, se sumó a la divulgación ufológica a raíz de la presunta huella de un ovni, el famoso caso del cerro Pajarillo (1986) ―más adelante examinaremos las luces y sombras de ese expediente―. Pero el primer investigador que sentó las bases del mito Uritorco fue Guillermo Alfredo Terrera, un personaje que merece un capítulo aparte. De él ―con el apoyo de Zerpa― surge la idea de un mundo subterráneo oculto bajo el Uritorco, un centro sagrado que será llamado Erks. El origen del nombre está en disputa. Unos apuntan al propio Terrera y no pocos señalan que fue un añadido del esotérico argentino Ángel Cristo Acoglanis, otra de las grandes figuras de la rocambolesca historia contactista de Capilla del Monte. No en vano Acoglanis fue el inspirador del escritor y místico brasilero Trigueirinho, quien publicó varios libros dedicados a Erks y a sus luces cósmicas. Los registros de esos discutidos fenómenos lumínicos eran obra de Roberto Villamil, fotógrafo y corresponsal de guerra naval argentino que fue amigo y discípulo de Acoglanis. Aníbal Cotrina también había traído a Lima un librito de Villamil que recopilaba sus extraordinarias fotografías.7 Examiné todo el material disponible y me quedé muy impresionado con la voluminosa información. Numerosos testimonios de contacto, evidencias fotográficas y un sinfín de historias de gran intriga ―que incluían desde supuestas expediciones nazis a Capilla del Monte al hallazgo de objetos arqueológicos en la montaña― circulaban con insistencia en este cuadrante de las sierras de Córdoba. ¿Por qué en los dominios del Uritorco?
Poco a poco me iré sumergiendo en estas fabulosas historias.
Ricardo González Corpancho y Fabio Zerpa, durante una conferencia en Capilla del Monte. Foto de Cristian Belluco, 2016.
El mundo de abajo
La primera vez que visité Capilla del Monte fue en el 2002. Inmediatamente, el pueblo me cautivó. Sus casas rústicas de campo, añejos caserones de estilo europeo y no pocas estancias se acomodaban en un hermoso lienzo al pie de sus dos montañas de referencia, el Uritorco, con sus mil novecientos setenta y nueve metros de altura, y Las Gemelas ―también llamada “Sisiorco”, el aspecto femenino y complementario del Uritorco―, con mil seiscientos noventa y cinco metros. Pero no hay que olvidar que detrás de estas dos moles se halla el cerro Overo, con mil ochocientos setenta metros, lugar de frecuentes avistamientos de cóndores. Los paisajes que uno puede encontrar allí son de ensueño, con nutridos bosques, cascadas y albercas naturales que tienen al río Calabalumba como alma.
De ser un asentamiento serrano con poca población, la pintoresca Capilla del Monte fue creciendo a pasos agigantados debido a su aura de misterio, un irresistible imán que atrajo a buscadores de todo el mundo. Es increíble, pero el otrora pueblo cobija actualmente a unos veinte mil habitantes. Demográficamente, hoy es una ciudad. Pero sus raíces se remontan a fines del siglo XVI, cuando los españoles llegaron a estas sierras para la explotación minera. De hecho, la primera capilla fundada por los colonos sobre un monte terminó dándole el nombre al pueblo, a pesar de que en las actas oficiales la denominación original era iglesia de San Antonio de Padua.
“El nombre Capilla del Monte es un símbolo exotérico ―me dijo un investigador local―. Esconde otra realidad: que la verdadera capilla o templo del monte es el santuario oculto dentro del cerro Uritorco”, me afirmó.
Pero ¿qué significa Uritorco? La respuesta oficial es que la palabra proviene del quechua urituorqo, que quiere decir “cerro de los loros”. Tiempo atrás, la montaña estaba plagada de estos. Sin embargo, consultando con varios especialistas en la lengua quechua en Perú, podría ser otro el significado. A algunos les llamó la atención la posible raíz del nombre: Urin-Urqu. Urinalude a un lugar que “está abajo” o “sitio inferior”. Urqu significa “monte”, “montaña”.
¿Uritorco es “lo que está debajo de la montaña”?
Es muy difícil saberlo. Ignoramos los auténticos nombres ancestrales de estas regiones. Se pueden haber deformado o cambiado a lo largo de los siglos. Pero esta “casualidad” llamó poderosamente mi atención.
Cerro Uritorco desde el lago El Cajón.
El reconocido investigador y escritor peruano, Rodolfo Sánchez Garrafa, antropólogo de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco y consultor de la Revista Intercultural Aymara Quechua “AQ”, me aportó otro gran detalle: “Lo importante es discurrir acerca de su connotación simbólica de ser el caso. Si la denominación original fuera Uritu urko, estaríamos en el terreno del idioma pukina y estaría refiriéndose a uno de los componentes de la dualidad que estaba bien cimentada en el altiplano incluso antes de Tiawanaku...”. Enmudecí.
Sánchez Garrafa me recordó la dualidad complementaria que reina en la cosmogonía andina. Se refiere a dos fuerzas que convergen en el proceso de la vida y generan la existencia. Su mensaje se puede hallar en mitos y leyendas como en la arquitectura de ciudades sagradas, templos y plazas ceremoniales. La dualidad complementaria expresa el orden del espacio-tiempo andino simbolizado en la diarquía Janan y Urin (“arriba” y “abajo”), dos dimensiones o mundos que se entrelazan. Esta visión multidimensional del saber andino encaja muy bien con los misterios del Uritorco. Curiosamente, la creencia local sostiene que el Uritorco es un lugar sagrado que expresa la dualidad de fuerzas. No solo atrae e ilumina a los peregrinos; también puede ofrecer duras pruebas y alejarlos del vórtice...
Aquella primavera de 2002, caminando por la famosa calle techada de Capilla del Monte, hallé al fotógrafo de las luces cósmicas, el mencionado Roberto Villamil. Estaba comiendo con unos amigos en un restaurante. Fue el inicio de una intensa amistad, investigaciones y colaboraciones, una convivencia que con el transcurrir del tiempo tuvo sus altibajos debido a nuestras irreconciliables diferencias sobre la pretendida historia del origen del contactismo en Capilla del Monte, un mito cultivado por décadas del cual yo mismo me desengañé y Villamil defendía a capa y espada. Más adelante abordaré este controvertido asunto.
Ahora bien, al margen de nuestros profundos desacuerdos, Robert fue para mí un gran amigo. Y así lo llevaré en mi corazón.
Mientras revisaba este libro para entregarlo al editor, Villamil emprendió el gran viaje. Un maldito infarto se lo llevó. Partió en su amada Capilla del Monte. Estoy seguro de que ahora ya desveló el invisible rostro de Urin-Urqu.
Susurros de Shambhala
Sea cual sea el secreto del cerro Uritorco, me resultaba evidente que el fenómeno ovni solo constituía uno de sus ingredientes. Y no necesariamente el más importante si lo comparo con sus insistentes historias de cuevas ocultas y esquivos habitantes intraterrestres. El reino del Templo de la Esfera, como Terrera y Acoglanis llamaban al presunto centro de comando de esas entidades bajo la montaña, me recordaba otros casos “imposibles”. ¿Ese mundo interior del Uritorco era acaso uno de los centros secundarios de la perseguida Shambhala?
Quienes han seguido mi trabajo saben muy bien que he dedicado muchos años a la exploración del enigma del mundo subterráneo. Recorrí Asia Central tras la huella de la expedición Roerich y su búsqueda de Shambhala, para muchos esotéricos la sede principal de la gran red intraterrestre en donde moran los “Guardianes de los Registros”, supuestos descendientes de culturas antediluvianas que custodian en el mundo interior las memorias de su sumergida civilización. Otras versiones apuntan a un reino físico-espiritual, de donde habrían surgido las más profundas enseñanzas místicas. Así lo describen antiguos textos tibetanos. Libros ampliamente documentados como el Vaidurya Blanco, los Anales Azules, La Ruta hacia Shambhala y La Esfera de Shambhala ―todos escritos por lamas― han encendido una llama de interés en Occidente. Sin embargo, no todas las fuentes se ponen de acuerdo en su auténtico génesis y mucho menos en su exacta ubicación, que suele planear entre esquinas secretas del Himalaya, el desierto de Gobi e incluso Siberia.
Como fuese, siguiendo todas las pistas posibles, acampé al pie del Belukha (Beluja), en la frontera de Kazajistán y Siberia, recorrí el Altái ruso y el desierto mongol de Gobi, en donde visité la sede del Monasterio de Khamar. Allí sus monjes me afirmaron que estaban en contacto, a través de la meditación, con los “señores de Shambhala”. También caminé en los dominios del Himalaya y comparé todo lo vivido con los misterios de América, desde los tesoros ancestrales de mi país, como Cusco y el lago Titicaca, a la exploración de cuevas sagradas que, según las leyendas, conectaban con las moradas de los paco pacuris (“Guardianes Primeros”). Organicé, incluso, cuatro expediciones a las selvas del Manú tras la leyenda del Paititi, la presunta ciudad perdida de los incas. Estos viajes ―en donde en más de una ocasión casi pierdo la vida― generaron una profunda mutación en mi camino.
El sagrado Belukha, en Siberia.
El autor en su campamento de gers, en el desierto de Gobi.
Lo diré sin mayor demora: ese reino intraterrestre ―y sus silentes guardianes― no es una quimera. ¿Ciudades desconocidas bajo tierra? ¿No es una locura?
Cada vez que se habla de la existencia de un reino subterráneo, los escépticos más recalcitrantes se burlan y piensan en la teoría de una Tierra hueca. Desde luego, la evidencia científica disponible les da la razón. Pero aquí no estoy hablando de una Tierra hueca, sino de un entramado de túneles y galerías ubicados en la corteza, tal y como sostienen los lamas de Asia Central y los sabios amautasde los Andes.
La Tierra hueca es otro asunto.
En 1665, el erudito alemán Athanasius Kircher publicó un ambicioso libro donde sustentaba la oquedad del planeta. Su obra, Mundus subterraneus, quo universae denique naturae divitiae, se convirtió rápidamente en una referencia para los buscadores de lo desconocido. Y es que Kircher, más allá de toda polémica, era un respetado jesuita de amplios estudios, considerado por algunos como el padre de la geología moderna. Si a esto le sumamos que no fue el único en proponer la posibilidad de una Tierra hueca, cruzada a la que se sumaron otros importantes científicos como el gran Edmundo Halley o John Cleve Symnes, la hipótesis, al menos, debería considerarse. Pero hoy sabemos que esa Tierra hueca no existe, al menos en la acepción literal que se le ha otorgado.
Antigua representación de la presunta Tierra Hueca.
Se ha podido confirmar que nuestro planeta está compuesto de tres partes principales: la corteza, el manto y el núcleo. La corteza, básicamente una combinación de granito y roca basáltica, tiene un grosor medio de treinta y cinco kilómetros (mucho más delgada en las fosas oceánicas). Debajo de ella se encuentra el manto, que se extiende hacia adentro dos mil novecientos kilómetros, compuesto de silicatos de magnesio, hierro, calcio y aluminio. Debajo del manto, nos topamos con el núcleo, el gran responsable de nuestro campo magnético, constituido principalmente de hierro en estado de fusión en su parte externa y probablemente sólido en su parte interna ―como resultado de la congelación del hierro bajo la extraordinaria presión de unas tres millones doscientas mil atmósferas―. Para darse una idea, el núcleo terrestre tiene un radio de tres mil quinientos kilómetros; es decir, es mayor que el planeta Marte.
Más adelante volveremos a este asunto del núcleo y su importancia en el contactismo.
En suma, toda la información que se ha podido recopilar gracias a las ondas sísmicas y el estudio de la constante gravitacional descartan totalmente la idea de una Tierra hueca. Al menos no como muchos esotéricos la imaginaron. Y menos con grandes hoyos en los polos como algunas pretendidas fotografías de la NASA, retocadas digitalmente o mal interpretadas, sugerían ―y a esto añado el mito subterráneo que se creó en torno al testimonio del aviador estadounidense Richard E. Byrd y su falso diario que circula en internet―. De lo que no hay duda, como ya dije, es de la existencia de gigantescas cavidades en la corteza.
Cuando recorrí Derinkuyu, la sorprendente ciudad subterránea de Capadocia, en Turquía, que podía acoger a veinte mil personas en sus galerías que descienden hasta dieciocho niveles ―léase, toda la población de Capilla del Monte―, sonreí. Aunque los más conservadores quisieron atribuir la soberbia construcción a los primeros cristianos, los nuevos estudios señalan que la otrora “Elengubu” podría tener miles de años de antigüedad. Y es solo una de varias ciudades subterráneas en Capadocia...
Mapa del mundo subterráneo de Derinkuyu, Turquía.
Escribiendo estas líneas recuerdo mi expedición a la Cueva de los Tayos, en Ecuador, otro “lugar imposible” que podría haber albergado a una civilización desconocida. Estuve allí tres días sin salir a la superficie. Nuestra expedición no tuvo que usar oxígeno. La inmensa red de túneles naturales que hallamos parecía haber sido acondicionada por alguien. Allí apreciamos algunas rocas con ángulos de noventa grados y bloques perfectamente unidos a la usanza de las edificaciones incas. En ese mundo subterráneo hay ríos y hermosas cascadas, un verdadero tesoro oculto. Pero también posee algo más...8 He presenciado, pues, cosas increíbles en esos “portales” de la Pachamama. Experiencias inolvidables como el contacto que describí con el ser de luz en Lancacuyo. Debo decir que he repetido este tipo de acercamientos en otros escenarios, como Monte Shasta en California o en la Sierra del Roncador en el Mato Groso brasilero. Explorando todos estos puntos especiales alrededor del mundo, descubrí un poderoso hilo conductor. Uritorco, sin duda, era parte del entramado. Otra wakaque me recordaba lo ya vivido y lo que aún me restaba por vivir...
Uniendo los datos
A inicios del 2012, Roberto Villamil me hizo una inesperada propuesta. Quería que escribiéramos un libro juntos. Su objetivo era entrelazar sus vivencias al lado de Acoglanis ―apoyado en su archivo de fotografías de las “luces cósmicas”― con mis expediciones y experiencias de contacto. Él ya me había escuchado en varias conferencias y le resultó interesante cómo analizaba los misterios del Uritorco bajo la lupa de lo que había explorado en el mundo. Pero no existía un libro. Entonces acogí la idea y así nació Las luces de Erks9, obra que sentó un antes y un después frente al material que habitualmente circulaba sobre el tema. Fue toda una aventura. Renunciamos a importantes ofrecimientos editoriales para tener amplia libertad con nuestro experimento y publicamos el libro de forma independiente, alcanzando varias ediciones y excelente crítica. El libro, además, incluía fotos a color de los avistamientos de las desconcertantes energías multicolores que Villamil y otros testigos habían registrado. La publicación de esta obra ―hoy fuera de circulación― disparó un sinfín de conferencias en Argentina y otros países que atendí en una agotadora maratón.
La difusión emprendida puso en relieve, por primera vez en el contexto del expediente Uritorco, las exploraciones de Roerich y su relación con la “Hermandad de la Luz”, el contactismo estadounidense y su influencia en Sudamérica, los portales dimensionales y su probable conexión con el mundo subterráneo, así como el papel de los nodos de la Tierra. Indudablemente, “revoloteamos el gallinero” porque, a raíz de esta apasionada difusión, se empezaron a publicar nuevos libros sobre el Uritorco que se hacían eco de nuestro trabajo, sin citarnos, claro está. No hubo necesidad de señalar esos refritos. Era escandalosamente evidente.
En aquellos años, en Capilla del Monte se pensaba que todos los misterios que rodeaban al Uritorco eran ampliamente conocidos en el mundo. Se respiraba una suerte de “orgullo esotérico” en los investigadores locales. Pero esta percepción estaba en buena parte equivocada. Solo un pequeño nicho de estudiosos del fenómeno ovni fuera de Argentina estaba al tanto de la existencia del Uritorco gracias a la difusión de Fabio Zerpa y de J. J. Benítez. Para darse una idea, personajes como Acoglanis eran totalmente desconocidos más allá de los círculos místicos de Argentina, Uruguay y Brasil. Y Terrera, el “padre esotérico” de Capilla del Monte, apenas era recordado como el poseedor de una pieza extraña de supuestas propiedades mágicas: el mítico Bastón de Mando, que ya analizaremos en las próximas páginas.
Para mí estaba claro que el fenómeno ovni no era la única pista a seguir en el expediente Uritorco. Había otras señales de contacto para atender. Consideré que esas “luces cósmicas”, fuera lo que fuesen, marcaban un cuadrante. Y ese cuadrante era lo importante. Las “luces” entraban y salían de esa zona-ventana. Un nodo que podría estar conectado con otros centros de poder en el mundo. Por ello no descarté el mensaje de Shambhala y su conjunción con los susurros del Uritorco. Así nació esta investigación, otra mirada sobre los contactos con esas entidades lumínicas que he procurado dar a conocer en el mundo.
Confío en que estas páginas lo describirán con mejor resultado que obras anteriores. Estamos ante un secreto que es más complejo de lo que se supone...
7Luces Kósmicas en la magia del Uritorco, Roberto Villamil, edición del autor, Buenos Aires, 1998.
8 He publicado nuestra experiencia en la Cueva de los Tayos en mi libro Intraterrestres, Luciérnaga, Editorial Planeta, Barcelona, 2013. También profundizo al respecto en mi ya citada obra Lugares de contacto, de la misma editorial.
9 Las luces de Erks, Ricardo González y Roberto Villamil, ECIS Publicaciones, Buenos Aires, 2012.
3LA TIERRA INTELIGENTE
Considero que las viejas enseñanzas místicas expresaron una fascinante verdad: el universo estaría organizado armoniosamente por una gran red, un tejido que posee sus puntos de intersección o vórtices que redirigen la energía a través de los fractales de la creación. Como reza una máxima hermética, “lo que existe arriba existe abajo”, una ley de espejo que implica no solo al planeta Tierra, sino a sus criaturas.
Tal y como lo defiende la medicina oriental, los humanos también disponemos de una red interna de energía y vórtices perfectamente organizados. El Uritorco, pues, sería un chakra (rueda, en sánscrito) o nodo planetario. Y uno de muchos alrededor del mundo. A diferencia del humano, que posee siete vórtices principales, el planeta los atesora por cientos. Y no exagero. Es un mecanismo muy complejo que nace del ser viviente en el cual habitamos: la Pachamama.
El corazón cristal
El nombre Pachamama, que traducimos como “Madre Tierra”, proviene de una palabra especial: pacha, que en quechua significa, entre otras cosas, “tiempo”. La palabra mamala podemos hallar en otras lenguas. Por ejemplo, en el latín, en donde mamma no solo significaba “teta”, sino que alude a la madre por su función de amamantar a su bebé. El término ma se encuentra en muchas culturas del mundo, tal vez, porque es la sílaba más fácil de pronunciar en la temprana edad. Somos, pues, bebés de la Pachamama. Hijos de Gaia. Herederos de Tonantzin. Diferentes nombres ancestrales para representar el vínculo que posee el planeta con sus criaturas.
Las wakas de la Pachamama, de acuerdo con los paqos andinos, son lugares sagrados para recibir los efluvios del Gran Espíritu. Esos lugares de contacto están organizados dentro del gran conjunto, llamado de forma iniciática Qhapaq
