Protocolos de Contacto - Ricardo González Corpancho - E-Book

Protocolos de Contacto E-Book

Ricardo González Corpancho

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Beschreibung

¿Qué hay detrás del gran teatro ovni y el testimonio de los contactados? ¿El desarrollo de estas experiencias responde a ciertas reglas o procesos que desconocemos?¿Existen técnicas de preparación para enfrentar un encuentro cercano con "ellos"? ¿Cuál es el fin de una experiencia de contacto? Luego de experimentar lo "imposible" e investigar el fenómeno a lo largo de treinta años, Ricardo González Corpancho presenta este fundamental libro que examina, desde dentro, los encuentros con inteligencias no humanas. Originalmente escrito en 2018 y publicado en Argentina en 2019, Tesseractum Editorial lanza esta segunda edición, corregida y ampliada, en español.

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Seitenzahl: 285

Veröffentlichungsjahr: 2022

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RICARDO GONZÁLEZ CORPANCHO

PROTOCOLOS

DE CONTACTO

LOS ENCUENTROS CERCANOS, VISTOS DESDE DENTRO

2022

Dados Internacionais de Catalogação na Publicação (CIP)(Câmara Brasileira do Livro, SP, Brasil)

___________________________________

Corpancho, Ricardo González

Protocolos de contacto [livro eletrônico] :

los encuentros cercanos, vistos desde dentro /

Ricardo González Corpancho. -- São Paulo :

Tesseractum, 2022.

ePub.

Bibliografia.

ISBN 978-65-89867-41-8

1. Extraterrestres 2. Objetos voadores não

identificados - Aparição e encontros 3. Objetos

voadores não identificados - Pesquisa 4. Ufologia

I. Título.

22-124722                           CDD-001.942

_____________________________________________________

Índices para catálogo sistemático:

1. Objetos voadores não identificados : Ufologia 001.942

Aline Graziele Benitez - Bibliotecária - CRB-1/3129

Coordenación Editorial: Equipe Tesseractum Editorial

Diagramación: Equipe Tesseractum Editorial

Correctora de estilo: Virginia Cinquegrani

Diseño de tapa: www.woohustudio.com

PROTOCOLOS DE CONTACTO

© Ricardo González Corpancho

Segunda Edición (Primera en formato E-book), São Paulo, septiembre de 2022.

Sitio web oficial del autor:

www.ricardogonzalezoficial.com

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin previa autorización del autor.

Sumario

PRÓLOGO

Vivendo e investigando lo "imposible"

INTRODUCCIÓN

Los encuentros cercanos

El factor Adamski

Tipos de civilizaciones cósmicas

La clasificación Hynek

NOTA AL LECTOR

PDC 1: RESONANCIA

El pensamiento es energía

Mente y resonancia

La llave está en el corazón

La ecuación de resonancia

PDC 2: TELEPATÍA CÓSMICA

Formas de telepatía

Tipos de contactos telepáticos

Características de un mensaje auténtico

PDC 3: PROYECCIONES EXTRACORPÓREAS

Los cuerpos de luz

Cuando te transformas en un “fantasma”

Entrenamiento para una proyección

Características de un viaje astral

PDC 4: HOLOGRAFÍAS

El Tercer Ojo

Universo holográfico

Proyecciones en la percepción física

PDC 5: CRISTALES DE ENERGÍA

Implantes extraterrestres

Cristales de luz

PDC 6: PUERTAS INTERDIMENSIONALES

Los Xendra: portales artificiales

Naturaleza de los umbrales

Redes de energía

Cuando los humanos creamos singularidades

PDC 7: CONTACTO FÍSICO

Roswell y los relatos de abducción

Tipología de seres y el fenómeno de la adaptación

Mecanismo de un encuentro cercano

Un contacto en el desierto peruano

PDC 8: CONFIRMACIÓN DE ENLACE

Avistamientos programados

Sincronicidades

No todo lo que brilla es un ovni

PDC 9: NO INTERVENCIÓN DIRECTA

Razones para el no contacto oficial

Infiltrados

Nacer como humanos

Zonas neutras

PDC 10: TRASCENDENCIA

Los peligros del contactismo

El conocimiento une

EPÍLOGO

Los mensajeros del silencio

MIS REFLEXIONES FINALES

REFERENCIAS

.

A Fabio Zerpa (1928-2019), uno de los grandes pioneros de la ufología latinoamericana, incombustible investigador, pero, ante todo, un querido amigo y “padre de la vida”.

Tenías razón…

.

Había empezado siendo un “desacreditador” declarado que disfrutaba machacando casos que en principio parecían desconcertantes. Era el archienemigo de los “fanáticos de los platillos volantes” que deseaban de todo corazón que los ovnis fueran de origen extraterrestre. Lo que yo sabía de estos grupos procedía casi en su totalidad de lo que decía el personal vinculado al Libro Azul: “todos eran unos chiflados y unos visionarios”. Mi transformación fue gradual y a fines de los años setenta ya era completa. Actualmente no dedicaría ni un minuto más al tema de los ovnis si no creyera seriamente que el fenómeno es real y que los esfuerzos por investigarlo y comprenderlo, y resolverlo con el tiempo, podrían tener un efecto profundo, quizás incluso ser el trampolín desde el que la humanidad saltara al universo…

J. Allen Hynek, astrofísico.

The Hynek UFO report, 1977

Cuando te enfrentas a un fenómeno que no puede integrarse en la perspectiva ontológica imperante, las opciones son ignorarlo, forzar a que encaje en el paradigma existente o bien modificar y expandir tu cosmovisión…

Dr. John Edward Mack, psiquiatra de la Universidad de Harvard.

Abduction, 1994

Mientras la ciencia sea experimental —y no clarividente, como lo fue la alquimia y como solo puede serlo la poesía en nuestros tiempos— la humanidad seguirá formando parte del reino de los percebes. Seguiremos viendo con la boca abierta esos discos luminosos que ya eran familiares en las noches de la Biblia, y seguiremos negando su existencia aunque sus tripulantes se sienten a almorzar con nosotros, como ocurrió tantas veces en el pasado, porque somos los habitantes del planeta más provinciano, reaccionario y atrasado del universo.

Gabriel García Márquez, premio nobel de Literatura.

Revista Cíclope, 1969

Tratar de encadenar la magia, el absurdo, la invisibilidad y el misterio de los no identificados con estadísticas, métodos científicos y modelos físico-matemáticos (aunque sean made in USA) viene a ser tan estéril como archivar el viento, computarizar la ternura o encarcelar la belleza en un catálogo.

J. J. Benítez, periodista, investigador y escritor español.

La quinta columna, 1990.

Prólogo

VIVIENDO E INVESTIGANDO LO “IMPOSIBLE”

Goethe lo dijo muy bien: “Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”. Evoco esa frase, tan lúcida como lapidaria, mientras mi mente repasa valiosos recuerdos, escenas y emociones que me hacen tomar conciencia de que ha transcurrido más de un cuarto de siglo desde que decidí investigar el contacto “extraterrestre” —el lector comprenderá más adelante por qué pongo esa palabra entre comillas—. Afortunadamente, querido Goethe, el tiempo no corrió estérilmente. Y aquí estoy, frente a mi escritorio, ordenando y escribiendo lo que creo haber comprendido en tantos años. También mis dudas y preguntas.

Pero empecemos por el inicio.

Fui testigo de avistamientos ovnis desde muy niño. Para mí, siendo tan pequeño ―estimo entre cinco y siete años―, solo eran curiosas “luces caminantes” que inquietaban los diáfanos cielos de las sierras de Chosica, a las afueras de la ciudad de Lima. Me encantaba visitar esa localidad campestre. Tengo maravillosos recuerdos de aquellos paseos con mis padres y mis dos hermanos menores, Pepe y Mariella. Pero fue en la adolescencia cuando ellos irrumpieron con mayor intensidad. Primero, en 1988, con la irrebatible observación de un brillante objeto esférico que cruzó la capital en dirección al océano. Palidecí. Entonces se resucitaron mis recuerdos de niño y se despertó en mí un gran interés por este fenómeno. Más tarde, en 1993, sucedió lo imposible: mientras me hallaba estudiando para unos exámenes de estadística que debía rendir, una extraña voz irrumpió en mi cabeza. Un “mensaje” que surgió de forma espontánea y con claridad, una sentencia ajena a mis pensamientos que decía: “No dejes de seguir buscando. Somos seres extraterrestres que deseamos entablar una comunicación contigo”. Quedé muy sorprendido. Y no lo quería creer. Pero me convencí de que algo extraordinario me estaba sucediendo cuando minutos más tarde un objeto rojo brillante se situó sobre la terraza de la casa, con mi familia de testigo. Aquel silencioso ovni selló el inicio de esta aventura. Entonces, sin mayor titubeo, decidí experimentar el fenómeno e investigarlo. Era aún un adolescente cuando me integré con desbordante entusiasmo a círculos de estudio de los ovnis y grupos de contacto en Lima.

Tiempo después, un poco desencantado con esa búsqueda, fundé un grupo de investigación que llamé Proyecto ECIS (Estudio del Contacto con Inteligencias Superiores). La iniciativa surgió a raíz de la rotunda oleada ovni que sacudió el Perú el inolvidable verano de 1999, entre los meses de enero y marzo, para ser exacto. Fue una avalancha de reportes que obligó a la mismísima Fuerza Aérea Peruana (FAP) a crear una oficina destinada a esclarecer los insistentes casos de “fenómenos aéreos anómalos”.

Estuve presente en la conferencia inaugural de los militares al lado de otros investigadores locales e invitados internacionales, como mi querido amigo, el periodista español J. J. Benítez. En esa conferencia, los militares admitieron que no tenían una explicación convencional para los reportes de ovnis que llegaban uno tras otro a su mesa de trabajo. De hecho, en intimidad, uno de ellos, el comandante Julio Chamorro, me refirió un caso confidencial que involucraba al mismísimo presidente Alberto Fujimori, quien habría presenciado, en compañía de miembros de la FAP, la aparición de uno de estos objetos sobre la laguna Charo, en la Amazonia peruana. El mismo Chamorro reconocía que los reportes de avistamientos constituían solo la punta del iceberg.

Y es que lo más extraordinario de esta oleada ovni —registrada por distintos canales de televisión, incluyendo ecos de radar del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima— fue su vinculación con mensajes de “firma extraterrestre” que la anticiparon... Yo mismo recibí parte de esos mensajes y los difundí en medios de comunicación previamente a los sucesos.

Una de las comunicaciones, que obtuve a través de la escritura automática o psicografía, fechada el 24 de noviembre de 1998 —dos meses antes de que estallase la oleada—, afirmaba: “1999 será el año de las evidencias, ya que los apoyaremos con manifestaciones nuestras que serán captadas por ustedes y también por medios de comunicación…”.

Y ciertamente así fue. Hasta el día de hoy, en que escribo estas líneas, la oleada ovni de 1999 sigue siendo el caso más importante y documentado sobre los “no identificados” en el Perú.

Constatar en la conferencia de prensa de los militares la enorme repercusión de esta oleada me empujó a crear el ya mencionado Proyecto ECIS. Pero todo tiene un costo: ese año fui despedido de mi trabajo por aparecer constantemente en la televisión hablando sobre los ovnis…

Era un veinteañero que, luego de haber seguido estudios de mercadotecnia, se desempeñaba como representante médico para un laboratorio internacional. Tenía la promesa de puestos ejecutivos, pero todos esos planes se truncaron cuando se dio el inevitable despido por mi exposición pública con el tema ovni. Tal vez el “destino” así lo quiso. Y heme aquí.

Siempre supe que, tras los casos inexplicables de reportes ovnis se escondía una inteligencia no humana que nos observa. Algo indescifrable me animaba a investigar este fenómeno, a no renunciar a esa búsqueda. Por ello, a pesar del bajo golpe que significó mi despido, mantuve mis convicciones y continué adelante. Decidí dedicarme a tiempo completo a la investigación. Un verdadero salto al vacío que tuvo la desaprobación de todo mi círculo íntimo.

Luego de la oleada ovni, Proyecto ECIS inició la publicación de un boletín mensual gratuito, que bauticé como Enlace Cósmico. Mi inquietud, desde el principio, era investigar y dar a conocer todo esto. Rápidamente el boletín adquirió mucha aceptación en los primeros años de la era del internet, empezándose a distribuir vía correo electrónico. En 2002, dejó de emitirse y se transformó en mi actual sitio web, en donde he seguido publicando distintos trabajos. Estas investigaciones fueron la base para que, en 2006, realizara Enigmas, un programa de televisión para Canal 13 de Asunción que ganó el Premio Paraná como mejor documental de investigación. Entretanto, las entrevistas en los medios e invitaciones para conferencias en congresos internacionales sobre los ovnis se multiplicaban. Viajaba alrededor de diecisiete países por año. La demanda era abrumadora. Entonces advertí que el mayor interés del público se depositaba en mi testimonio de contacto. Casi sin darme cuenta, me estaba convirtiendo en una figura pública en este asunto. Desde luego, sabía que me estaba moviendo en un terreno muy resbaladizo: el complejo y controvertido mundo del contactismo. Pero no tenía otra opción que hacerme cargo de lo que había vivido. Para algunos era un contactado que investigaba. Para otros, un investigador que había tenido un contacto. Sea como sea, este libro muestra esas dos facetas de mi largo camino. Y es que el fenómeno ovni no es un asunto de creencias, como considera el común de la gente, sino de información.

¿Seres de otras realidades se encuentran entre nosotros? ¿Por qué no se presentan abiertamente a la humanidad? ¿Existen grupos de contacto en el mundo que se han “entrenado” para mantener un vínculo o relación con estos seres? ¿Se conocen reglas o mecanismos que faciliten ese contacto con ellos? ¿Cómo empezó todo esto?

Habitualmente, los investigadores del fenómeno ovni marcan la década de los años cuarenta como un momento muy importante en relación con el reporte masivo de encuentros cercanos con supuestos extraterrestres. Se dispone de suficiente información como para considerar que los experimentos con energía nuclear y el desenlace de la espantosa Segunda Guerra Mundial empujaron a esas inteligencias no humanas a contactarnos. Lo habrían hecho con las cúpulas militares de los Estados Unidos y otras potencias, e incluso con ciudadanos comunes, como el polémico caso de George Adamski —un expediente que veremos a continuación—. Sin embargo, al margen de esos episodios de la posguerra, muchos consideramos que los presuntos “extraterrestres” nos han venido observando desde tiempos más remotos, incluso participando en determinados eventos históricos e influyendo en el surgimiento de grandes civilizaciones. Esta inquietante afirmación, que podría sonar a un disparate, está sustentada en una gigante batería de datos que proviene de leyendas y mitos de la antigüedad, así como de escritos concretos que se refieren a la visita de esos dioses cósmicos o “ángeles en carros de fuego”. Los encuentros cercanos con ellos tendrían su origen en la prehistoria. Y, atendiendo esos relatos del viejo mundo, en donde determinados testigos eran convidados a un encuentro con lo desconocido en lugares marcados, vemos que no existe mayor diferencia con los casos registrados en el moderno contactismo.

Ese comportamiento de ellos con los contactados, que implica el “ajuste” de las experiencias a nuestro contexto histórico, cultural y mental, como la aplicación de todo un sistema de entrenamiento para sostener estos encuentros cercanos en el tiempo, es lo que denomino “protocolos de contacto” (PDC). Estos protocolos, no cabe duda, han existido desde siempre, pero han sido más claros de comprender en estas últimas siete décadas de investigación.

Y aquí debo subrayar algo. Si bien en las siguientes páginas procuraré analizar todo lo relativo a esos contactos y sus reveladoras informaciones, es importante aclarar que este compendio tiene su principal enfoque en experiencias con entidades de aspecto humano cuya actuación con los testigos ha sido respetuosa y enriquecedora. Es así porque el núcleo de este libro se basa en nuestro propio testimonio. Ahora bien, sabiendo que no todos los encuentros cercanos tienen ese rasgo amable, iremos descubriendo durante el desarrollo del libro otros casos y su probable explicación.

Además, sin mayor demora, debo dejar en claro que, cuando uso el término extraterrestre, no me estoy refiriendo, necesariamente, a una criatura física viajando en un disco volador proveniente desde otro astro, sino a algo que está fuera de nuestro ámbito terrestre de percepción.

En la medida en que transcurran estas páginas, el lector comprenderá mi razonamiento y mi prudencia. El único objetivo de este libro es organizar una gran cantidad de información relativa a la dinámica de los encuentros cercanos y darla a conocer al gran público para estimular su discusión. Ello me hará pasar revista a ciertos datos que ya he publicado en mis anteriores libros con miras a presentarlos en un nuevo contexto. También debo señalar que este libro es distinto a lo que propone el análisis clásico de la ufología1. La razón es sencilla: PDC se construye sobre la experiencia directa. Examina el fenómeno desde dentro, no desde la conjetura y la especulación basadas solo en experiencias ajenas. Empero, no por ello nuestro trabajo está ausente de rigurosidad y equilibrio, ya que en este han participado testigos de contacto de numerosos países. Para tal fin, se formó un equipo con más de cien personas, entre las que se encontraban profesionales de distintos ámbitos, desde periodistas, comunicadores, pilotos, psicólogos, médicos, sociólogos, en fin, una amplia muestra con variados puntos de vista. Gracias a este valioso aporte, se mejoró la perspectiva del libro.

Confieso que fue una tarea titánica elegir, ordenar y redactar la información. Originalmente, el libro era muy técnico y excesivamente abultado, un volumen que tal vez podría ser atractivo para un público ya versado en estos temas, pero ajeno y difícil para un novel buscador. Tomé entonces la decisión de replantear el libro orientándolo a ambos públicos: sencillo y comprensible en su lectura, pero sin que ello significara restar importancia a la trascendencia de sus informaciones. En definitiva, un libro que vaya al punto y sea un activador.

Por último, diré que PDC no procura sentar cátedra o pontificar sobre los encuentros cercanos. El material aquí expuesto constituye solo mis observaciones, basadas en una dilatada experiencia de contacto y el indispensable contraste. El tiempo, pues, no ha transcurrido estérilmente...

Incomode a quien incomode, estas increíbles experiencias constituyen un fenómeno auténtico. Es momento de ver qué es lo que hay tras bambalinas.

Ricardo González Corpancho

1 Utilizaré en adelante esta palabra, muy extendida en los círculos de investigación ovni. Proviene de las siglas en inglés UFO(unidentified flying object).

Introducción

LOS ENCUENTROS CERCANOS

Como ya mencioné, un gran incidente en nuestro planeta habría sido el responsable de que los reportes de avistamientos ovnis y su relación con encuentros cercanos con humanoides aumentase. Y no cualquier hecho. Hay que situarnos en la década de los años cuarenta, exactamente el 16 de julio de 1945. En aquel momento, en Alamogordo, Nuevo México, se desarrollaba exitosamente el experimento Trinity, parte del secretísimo Proyecto Manhattan, en el que el renombrado físico nuclear Robert Oppenheimer dirigía el laboratorio de experimentos. Por esta razón muchos lo consideran como uno de los padres de la bomba atómica. Pero la historia venía de más atrás: los físicos austriacos Lise Meitner y Otto Robert Frisch, con la colaboración del físico británico Rudolf Ernst Peierls, fueron quienes explicaron el fenómeno de la fisión nuclear, observado inicialmente en el laboratorio del químico alemán Otto Hahn en Berlín. Tanto la fisión como la fusión son reacciones nucleares que liberan la energía almacenada en el núcleo de un átomo. Ninguno de los científicos se imaginó que estos experimentos captarían la atención de inteligencias extraterrestres.

En enero de 1939 las noticias de estos avances llegaron a los Estados Unidos por medio del famoso físico danés Niels Bohr, lo que desencadenó una frenética actividad científica y tecnológica que llevó en línea recta a la detonación de Trinity. Estamos hablando de nada más y nada menos que de una bomba de plutonio de veinte kilotones.

Cuando visité personalmente el lugar de la explosión, mi corazón se estrujó al rememorar los hechos y sus devastadoras consecuencias.

Una fotografía que muestra el hongo de la explosión.

Y es que, poco tiempo más tarde de esta detonación en Alamogordo, el 6 de agosto de 1945, Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Para colmo de males, tres días más tarde, otra bomba sería lanzada sobre Nagasaki. Estos ataques a población civil con tecnología nuclear han marcado tristemente la historia de la humanidad.

El propio Oppenheimer, luego de las pruebas del Proyecto Manhattan, ya lo había advertido con una frase que tomó prestada del Bhagavad Gita, antiguo texto de la India que narra los combates de los dioses con el uso de lo que parecen ser bombas y naves voladoras: “Ahora me he convertido en la muerte, en el destructor de mundos…”, dijo el científico citando el capítulo 11, versículo 32 del sagrado texto. ¿En épocas remotas el hombre conoció el terror de las armas nucleares? ¿El enigmático brahmastra, que mencionan otros antiguos textos de la India, fue una de esas armas sobrenaturales de los presuntos “dioses”? ¿Esto trajo consecuencias a la humanidad en su relación con esos seres del cielo?

El autor en el lugar de la explosión de Trinity.

He aquí el tema que nos ocupa: esta nueva arma humana basada en una reacción en cadena de fisión nuclear descontrolada —el tipo de bombas lanzadas en Japón— alertó a un grupo de seres extraterrestres que, en cierto silencio, convivían entre nosotros. Ellos consideraron que, con estos experimentos, estábamos afectando no solo nuestra realidad, sino también la de otras criaturas en el multiverso. Y, al parecer, estos ensayos nucleares no fueron lo único que inquietó a los extraterrestres…

Dos años antes de que esas bombas impactaran en el suelo nipón, Estados Unidos realizaba el controvertido Experimento Filadelfia: un proyecto secreto de invisibilidad, presuntamente realizado por la Armada estadounidense en los astilleros navales de Filadelfia. Algunas fuentes sostienen que el experimento se basó en los descubrimientos científicos de Nikola Tesla. El reconocido inventor croata y genio en el campo del electromagnetismo habría descubierto la manera de manipular poderosas fuentes de energía no convencionales para abrir puertas entre las dimensiones. Por si todo ello fuera poco, las teorías de conspiración señalaron como cómplice del experimento al mismísimo Albert Einstein. Difícil confirmarlo. Ni siquiera la fecha del proyecto, llevado a cabo en el acorazado USS Elridge–DE173, está clara, pues algunos investigadores sitúan el ejercicio en agosto de 1943 y otros sostienen que la prueba definitiva se hizo el 28 de octubre de ese mismo año. Como haya sido, se dispone de relatos de distintos testigos que aseguran que el Eldridge fue visto durante varios minutos en Norfolk, Virginia ―a seiscientos kilómetros de distancia del experimento— para reaparecer luego en Filadelfia. Es decir: el barco se habría teletransportado, un fenómeno que, según diversas fuentes, causó horribles secuelas a la tripulación. De acuerdo con Al Bielek2, un investigador estadounidense que afirmó en vida haber sido parte de este asunto —y a quien pude entrevistar personalmente durante el Star Knowledge Congress, celebrado en Miami en el 2000, evento al que ambos fuimos invitados—, el Experimento Filadelfia existió y la “grieta” que abrió en otros planos fue la primera señal que alertó a los extraterrestres de que estábamos “jugando con fuego”. Con el posterior desarrollo y detonación de bombas nucleares, el escenario se complicó y entonces ellos decidieron actuar. ¿Y qué pasó con el Elridge? Según Bielek, fue transferido a Grecia en 1951, con trescientas toneladas menos de instrumentos en su interior que, según él, también se esfumaron. En 1992, el barco fue dado de baja en la Armada de Grecia y en 1999 se vendió para desguace. Un año más tarde, en noviembre del 2000, la Oficina de Investigación Naval de la Marina de los Estados Unidos (ONR, por sus siglas en inglés), publicó una nota para zanjar el tema:

La Oficina de Investigación Naval ya ha explicado que el uso de campos de fuerza para hacer que un barco y su tripulación sean invisibles no se ajusta a las leyes conocidas de la física. La ONR también asegura que la teoría de campo unificado del Dr. Albert Einstein nunca ha podido completarse. Entre 1943 y 1944, Einstein trabajó como asesor a tiempo parcial para la marina en investigación teórica de explosivos y explosiones. No existe evidencia de que Einstein haya trabajado en nada relacionado con invisibilidad o teletransportación.3

Sin duda hay muchas exageraciones en el caso Filadelfia. No pocos estudiosos piensan que la única invisibilidad que procuraba la Armada de Estados Unidos era ante el radar y no ante la vista. Empero, si las afirmaciones de Bielek fuesen ciertas, ¿los militares lo contarían al público?

Lo que sí es un hecho es que el Experimento Filadelfia y los ensayos nucleares fueron el preámbulo de una intensa oleada ovni que sacudió el mundo. Ya he dicho que se dispone de viejos reportes de los no identificados, pero resulta evidente que, a mitad de los años cuarenta, las observaciones se incrementaron. Por ejemplo, los aficionados a la ufología recordarán episodios como el avistamiento del piloto civil Kenneth Arnold, ocurrido el 24 de junio de 1947 cerca de Mount Rainier, en el estado de Washington. Arnold observó nueve objetos anómalos moviéndose en el cielo a más de mil quinientos kilómetros por hora, de acuerdo con su estimación. Al aterrizar en el aeropuerto de Yakima y entregar un informe de rutina a la Administración de Aeronáutica Civil, el tema se disparó. Más aún luego de que ofreciera su testimonio en una reunión que sostuvo en Oregon con la presencia de un reportero de periódico. Así se popularizó el término platillo volante(flying saucer en inglés), denominación que empleó la prensa amarillista al interpretar la descripción de los movimientos de los objetos. Arnold les había dicho: “Volaban erráticamente, como un plato lanzado al agua”. Aunque la Fuerza Aérea llamó espejismo a lo descrito por el piloto y luego globo sonda al aparato que cayó una semana después en un rancho de Nuevo México —el famoso caso Roswell, que ya examinaremos—, los militares se frotaron las manos e investigaron el asunto y acuñaron así el término ovni: objeto volador no identificado (UFO, en inglés). De esta forma, el 23 de septiembre de 1947, nació el Proyecto Signo (Sign Project), la primera iniciativa de los militares estadounidenses por aclarar el asunto de los “no identificados”.

Ovni fotografiado en Oregon, Estados Unidos. La imagen fue tomada por el matrimonio Trent, el 11 de mayo de 1950. Los escépticos dijeron que era un modelo a escala, un engaño. No obstante, el físico óptico e investigador Bruce Maccabee defendió su autenticidad luego de un amplio análisis. El debate continúa hoy en día.

De todos estos programas, el más famoso fue el Proyecto Libro Azul (Blue Book Project, 1952-1969), que, si bien es cierto que concluyó que la mayoría de los avistamientos de ovnis eran explicables, reconoció que un respetable 22% de los casos no pudieron resolverse: reportes que no tenían relación alguna con “histerias de masas”, testigos con psicopatologías o confusiones con objetos convencionales.4 Aún así, no son pocos los investigadores que acusan de varias contradicciones a los reportes y estadísticas del Libro Azul, considerando que, más que una iniciativa honesta por parte de los militares para revelar qué eran los ovnis, lo que buscaban, en realidad, era armar una tapadera o cortina de humo. En otras palabras, el objetivo no era esclarecer el fenómeno, sino desacreditarlo.

El factor Adamski

En medio de todo este complejo escenario, surgen los encuentros cercanos modernos. Digo modernos porque, como ya avisé en el prólogo de este libro, estoy convencido de que ellos están entre nosotros desde tiempos muy antiguos, pero decidieron volver a mostrarse en entrevistas “cara a cara” a raíz de los experimentos nucleares. Inicialmente, habrían contactado a científicos y militares, pero este proceso fue una suerte de derrota diplomática. Entonces optaron por conectar con otro tipo de testigos, surgidos de una muestra más común de la sociedad.

Uno de ellos pudo haber sido el ya mencionado George Adamski, el “decano de los contactados”. Este ciudadano estadounidense de origen polaco, que fue soldado en el 13.o regimiento de Caballería —que luchó en la frontera mexicana contra la expedición de Pancho Villa—, luego de su experiencia como soldado, se involucró en una búsqueda espiritual y esotérica que lo llevó a fundar, en los años treinta, la Orden Real del Tíbet. Esa etapa mística en la vida de Adamski habría significado una suerte de preparación para los contactos que más tarde afrontaría. Para sus detractores, los antecedentes de un invento.

George Adamski (Adamski Foundation).

En 1940, se trasladó con su esposa, Mary Shimbersky, a un rancho en Monte Palomar, en California, un predio al que llamarían posteriormente Palomar Gardens. Allí, tal vez inspirado por la cercanía del Observatorio de Monte Palomar, profundizó su pasión por el cosmos y la observación de los astros a través de un telescopio de seis pulgadas (150 mm). Fue así que, un 9 de octubre de 1946, se produjo el primer avistamiento: mientras Adamski y un grupo de amigos escudriñaban una lluvia de meteoritos, captaron la aparición de un ovni de forma tubular, un objeto alargado tipo cigarro que más tarde se haría popular en la ufología como la típica nave nodriza. Con el tiempo, las nuevas observaciones de Adamski contaron con el aval de extraordinarios registros fotográficos que, de un porrazo, abrieron el debate entre los creyentes de su experiencia y los críticos, siendo estos últimos quienes dijeron que el astrónomo aficionado fotografiaba tapas de aspiradora y lámparas de aceite para hacer creer en extraterrestres a sus seguidores. Además, sus detractores también aseguraron que los escritos del contactado tenían un precedente sospechoso en la ciencia-ficción, lo cual es cierto. Solo basta pasar revista a las publicaciones de tenor fantástico de fines de los años veinte e inicios de los años treinta para darse cuenta de que los platillos volantes ya se encontraban en el ideario de la gente. ¿Acaso los supuestos contactados se inspiraron en esas publicaciones para “fabricar” experiencias con extraterrestres? ¿O tal vez estos seres pudieron haber usado elementos de la cultura popular para presentarse con esas formas ante los testigos? ¿Es posible que la ciencia ficción sea un recuerdo del futuro y no imaginación? O los extraterrestres leen nuestra ciencia-ficción o nuestra ciencia ficción “leyó” a los extraterrestres.

Debo decir que, para importantes científicos que se adentraron en el estudio del fenómeno ovni, como el célebre astrofísico y asesor militar Josef Allen Hynek y su amigo francés, el teórico informático Jacques Vallée, Adamski era un charlatán. Poco sirvieron las descripciones de Adamski, basadas en sus presuntas experiencias extraterrestres, del cinturón de radiación de Van Allen antes de que se conociera públicamente en 1958, como tampoco que la Eastman Kodak’s haya certificado como auténtica —según la investigadora y escritora Kathleen Marden— una de sus filmaciones ovni (Silver Springs, 1965) para torcer la opinión de sus acusadores. Sería largo de enumerar las luces y sombras de este caso.

Fotograma de la referida filmación de 1965.

Mientras todas estas controversias lo señalaban y condenaban, Adamski despertaba interés y empezaba a ser visitado, en forma confidencial, por personal militar; se entrevistaba con personajes influyentes de su tiempo como la reina Juliana de Holanda y, supuestamente, con el mismísimo papa Juan XXIII en el Vaticano. “Yo sé que fue así. George no mintió”, me dijo a boca de jarro Glenn Steckling, actual presidente de la Adamski Foundation, durante una entrevista que le realicé en San Diego, en febrero de 2018. En esa reunión, Steckling me permitió meter mis narices en mucho material inédito sobre el caso Adamski: cartas, objetos personales, recortes de diarios, fotografías nunca publicadas, de todo. Un detalle no menor es que la familia de Glenn, de origen alemán, había cobijado en su hogar al célebre contactado durante sus últimos años de vida, hasta que un infarto de miocardio se lo llevó el 25 de abril de 1965. Adamski tenía, en ese momento, setenta y cuatro años. Un dato curioso es que fue enterrado en el Cementerio de Héroes Nacionales de Arlington, en Virginia. ¿Una distinción por su breve paso como soldado? ¿O por otra razón que ignoramos?

El autor entrevistando a Glenn Steckling.

Sin duda uno de los episodios más discutibles del caso Adamski fueron sus encuentros físicos con extraterrestres de aspecto humano. Y a esto quería llegar.

El primer contacto habría ocurrido en Desert Center, un desierto emplazado en el condado de Riverside, en el estado de California. Era el 20 de noviembre de 1952 cuando George Adamski se las vio allí con un ser de rasgos nórdicos, al que llamó Orthon. Todo ese incidente ocurrió ante seis testigos, entre los que se encontraba el explorador y antropólogo estadounidense George Hunt Williamson5.

Adamski, en su libro Flying Saucers Have Landed (“Los platillos volantes han aterrizado”, 1953), que escribió con el excéntrico investigador angloirlandés Desmond Leslie, describe así su contacto:

La belleza de su figura sobrepasaba la de cualquiera que hubiera visto antes. Y la amabilidad de su cara me liberó de todo pensamiento de mi propio yo. Me sentí como un niño en presencia de alguien con una enorme sabiduría y gran amor, y me hice muy humilde conmigo mismo... puesto que de él estaba irradiando un sentimiento de infinita comprensión y dulzura, con extrema humildad. Me hizo comprender que su llegada era amistosa. También que ellos estaban preocupados con la radiación saliendo de nuestra Tierra. Le pregunté si esa preocupación era debida a las enormes nubes radioactivas resultantes de nuestras bombas. Él lo comprendió rápidamente y asintió afirmativamente con su cabeza.

No queda claro si Orthon se refería al inicio de los ensayos nucleares en los años cuarenta o si estaba haciendo una alusión a la Operación Ivy: una serie de pruebas nucleares que Estados Unidos estaba desarrollando ese 1952 en el atolón de Enewetak, en las islas Marshall. Si fue así, estamos hablando de que la última prueba con la bomba de fisión más grande de la Historia se había realizado solo cuatro días antes del presunto encuentro de Adamski con el extraterrestre. ¿Ivy fue la gota que rebalsó el vaso?

Adamski fue uno de los primeros contactados de la posguerra. Tras él, otros testigos afirmaron haber tenido encuentros cercanos con el mismo tipo de extraterrestres humanoides, seres que querían advertirnos sobre el uso consciente de la energía y sus repercusiones en nuestro futuro. Aquí es oportuno destacar que los distintos reportes de encuentros cercanos reunidos en todo el mundo coinciden en el mismo mensaje: no jugar con fuego. Un fuego que no solo afecta nuestra realidad, sino también la de ellos, porque todos estamos unidos. ¿Son estos pretendidos mensajes de alerta de los extraterrestres solo confusiones de los contactados, influidos por la preocupación que despertaba en la humanidad la Guerra Fría? No subestimaría la advertencia.

“El uso inapropiado de las grandes fuentes de energía subatómica es un camino muy peligroso”, aseguró Ivika, una de las entidades extraterrestres en contacto con nosotros. “Aunque les resulte imposible comprenderlo, el corazón de los átomos tiene consciencia, una consciencia enlazada con la matriz del universo. Transgredir ese orden inteligente para fines de destrucción de otras criaturas es un grave error que tiene sus consecuencias”, aseveró.

Por ello me pregunto: ¿todo lo que vivió Adamski fue una fábula? ¿O detrás de su rocambolesca historia había una advertencia real que hasta hoy mantienen los presuntos extraterrestres?

Una escena de la película The day the Earth Stood Till (1951), en donde un extraterrestre humano, Klaatu, surge de una nave en compañía de su robot de tres metros de estatura, Gort. Su misión era entregar un ultimátum a la humanidad para que esta deje de usar armas nucleares. Los escépticos piensan que es un sospechoso precedente del supuesto encuentro de Adamski con Orthon. Otros piensan que la ciencia-ficción puede anticipar hechos futuros. Star Trek es un ejemplo: mostró antes de su creación teléfonos móviles, tabletas con pantalla táctil, escáner médico, una suerte de GPS, memorias USB y hasta grandes pantallas de plasma. ¿Imaginación que puede inspirar el desarrollo de dispositivos? ¿O “recuerdos del futuro”? Imagen de dominio público.

Tipos de civilizaciones cósmicas

Sea verdad la advertencia de Orthon o no, diversos científicos coinciden en interpretar el desarrollo de una civilización por su manejo consciente de la energía. El uso inteligente de fuentes de poder podría ser una muestra del grado de evolución. Así lo creyó el astrofísico ruso Nikolái Kardashov, quien, en 1964, propuso tres tipos de civilizaciones de acuerdo con el nivel de aprovechamiento de la energía disponible. Estas son:

Tipo I.