Emiliano R. Fernández - Erasmo González - E-Book

Emiliano R. Fernández E-Book

Erasmo González

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El doctor Erasmo González demuestra en este libro sus capacidades como historiador y como estudioso del guaraní para contextualizar las obras de Emiliano R. Fernándezy vincular las mismas con los acontecimientos acaecidos durante el conflicto chaqueño. La vida de Emiliano es de por sí atrayente, pero el lector tiene en sus manos un libro que, de forma sintética, refleja toda la gran magnitud de la obra del vate popular por excelencia, cuyo trabajo significó, sin dudas, el sentir de las clases populares a comienzos del siglo XX.

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Erasmo Gonzálezemiliano r. fernándezPoeta del pueblo y soldado guaranícolecciónprotagonistas de la guerra del chacogrupo editorial atlas

Prólogo

La vida y obra de Emiliano R. Fernández están estrechamente ligadas a los prolegómenos y al desarrollo de la Guerra del Chaco, de la que él fue un protagonista no solo mediante su excelso arte, sino también como soldado movilizado al frente de combate, llegando a ser herido.

En este libro, el doctor Erasmo González demuestra sus capacidades como historiador y como estudioso del guaraní al contextualizar importantes obras de Emiliano R. Fernández y vincularlas con los acontecimientos acaecidos durante el conflicto chaqueño.

La vida de Emiliano es de por sí atrayente, pero el lector tiene en sus manos un libro que, en forma sintética, refleja toda la gran magnitud de la obra del vate popular por excelencia, cuya obra reflejó sin duda el sentir de las clases populares a comienzos del siglo xx.

El arte de Emiliano fue clave para mantener en alza la moral de un pueblo que fue hasta los lejanos cañadones chaqueños para luchar por un territorio que secularmente estuvo en disputa y que finalmente, por diferentes factores, logró una victoria luego de tres años de combates, victoria que fue celebrada indudablemente al son de muchas de las músicas de Emiliano R. Fernández.

Herib Caballero Campos

Introducción

Es mi pluma una doncella, mi vanguardia, mi heroína que en la brega nunca merma su audacia, su valor y es ella esa lanza, la de pica aguda y fina centinela de mi vida, guardiana de mi honor.

Reconocer el desafío que significa abordar la biografía de Emiliano R. Fernández es innegable; una vida cargada de anécdotas, de lugares recorridos y de personajes con quienes se relacionó. Con testimonios dejados en su nombre, que son rescatados por algunos documentos y por muchos relatos orales; fue y es un actor identificado con la cultura paraguaya, traspasando su protagonismo histórico al de un personaje mítico y legendario.

Poeta, cautivador del sentimiento del pueblo paraguayo con expresiones que ofrendan a la madre y a la mujer amada a quien aclama, pero también reclama; Emiliano seduce el sentir de aquellos que vislumbran el significado y alcance de sus letras, determinando el valor de la historia nacional como ejemplo de dignidad, entrega y coraje. Emociona describiendo su consideración a los antepasados, especialmente a los combatientes de la Guerra Guasu.

Instigó con sus versos a derramar la sangre para defender al país de la amenaza en el suelo chaqueño, enardeció su pluma para contagiar de entusiasmo a los compatriotas ante la presencia del enemigo al que se tenía que derrotar. Fue convincente al aclamar la grandeza del pueblo paraguayo por defender y servir a su patria, cuya causa para el poeta reside en el virtuoso ejemplo de lucha de sus antepasados.

Como muchos paraguayos de la década del 30 del siglo pasado, es preciado al presentarse a combatir en tierras chaqueñas ante los bolivianos, siendo significativo por impulsar palabras que esparcían soplos de aliento palpitante en aquellos varios soldados que luchaban ante un enemigo prácticamente desconocido.

La inspiración del soldado poeta en referencia a la autoestima nacional se proyectó con el paso de los años y sigue cobrando fuerza en gran parte de la población. Estudiar su biografía y sus obras nos lleva a recordar a personajes de aquella contienda, a las referencias peyorativas hacia el enemigo, a la naturaleza y los terruños, además de los ideales aclamados en esa época.

Ubicar la vida de Emiliano R. Fernández en el contexto en el que vivió es un parámetro propicio para referenciar la situación social, política y cultural que el país enfrentó en la primera mitad del siglo xx. En varios versos del poeta se relatan acontecimientos que conforman las páginas de nuestro pasado.

Las letras épicas de Rivarola Fernández lo convierten en una fuente necesaria de estudio histórico de aquella contienda, fue uno de los miles de paraguayos incorporados para la guerra, llegando a ser parte en uno de los regimientos más recordados en la memoria popular, el 13 Tuyutí.

En ese sentido, esta obra presenta a Emiliano como un protagonista en la Guerra del Chaco, con una pluma atrayente que posee versos para poder abordar un marco conceptual referente al nacionalismo como catalizador de reclamos e ideales en un contexto bélico.

Esta investigación contó con la valiosa ayuda del profesor Arnaldo Meza, de Emiliano R. Fernández, nieto del poeta, y de Miguel Ángel Santacruz, que fue significativa por sus conocimientos, predisposición y voluntad empeñada en que la memoria del poeta siga perdurando en el tiempo. A ellos, los sinceros agradecimientos.

Erasmo González Asunción, julio de 2020

capítulo i

Descendiente de combatientes del 70

Sus padres

Los sobrevivientes de la guerra de 1864 a 1870 fueron forjando nuevos rumbos en medio de sus terribles consecuencias, como fue el caso de un joven combatiente nacido en Acahay, sobreviviente de la batalla de Acosta Ñu. Con 13 años, llegó hasta Cerro Corá para ser partícipe de la última resistencia lopista contra la causa de la Triple Alianza. Su nombre era Silvestre Fernández, hijo de Simeón Fernández y de María Ana Vega, ambos muertos en la guerra. El niño huérfano pudo escapar de las fuerzas aliadas de Cerro Corá cruzando los bosques que le hicieron llegar a Concepción, donde logró embarcarse y volver hacia Asunción.

Un poeta de la localidad de Acahay, don Juan Anuf, describe a Silvestre Fernández como conversador, “moreno, de estatura regular, curioso y atractivo”, quien, como muchos de los niños sobrevivientes en situación de orfandad, tuvo que alimentarse de frutas y animales silvestres.

Hacia 1892, viajó a su natal Acahay. Para entonces, Silvestre ya era padre de Andrés, Cecilia, Silguero y Modesto; hijos naturales. Allí se desempeñó en su oficio de carpintero y conoció a Bernarda Rivarola, nacida en Bejarano, distrito de Recoleta, el 20 de agosto de 1872.

Bernarda era sobrina del recordado coronel Valois Rivarola, muerto valerosamente en la guerra durante la batalla de Itá Ybaté. Su padre, hermano del coronel Rivarola, fue Eduardo Rivarola, quien falleció en la batalla de Piribebuy.

Silvestre y Bernarda, radicados en Yvysunu, compañía de Guarambaré, formalizaron una relación y contrajeron matrimonio en 1898. Fruto de esa unión nació el único hijo de la pareja: Emiliano, el 8 de agosto de 1894.

A veinticuatro años de Cerro Corá

Habían pasado veinticuatro años de la finalización de la Guerra contra la Triple Alianza, la población paraguaya seguía asediada por constantes convulsiones políticas, asesinatos y golpes de Estado que ahondaban más las consecuencias de la derrota del 70. En esa circunstancia, los sobrevivientes de la Guerra Guasu afrontaron su realidad en medio de carencias económicas y con privaciones ya al acceso de tierras.

Sobre la cultura de esos tiempos, inquietaba a muchos de aquellos paraguayos el decreto que declaraba a quien fuera su mariscal presidente, asesino de su patria y enemigo del género humano. Así también, la asechanza hacia el idioma guaraní prohibiendo su utilización era una realidad que atentaba contra la expresión oral del pueblo paraguayo.

Muchos de los sobrevivientes de la guerra deambulaban por distintos lugares alejándose de las persecuciones políticas y también en búsqueda de mejores condiciones de vida. La falta de instituciones estatales originaba desavenencia y desorganización social. El desequilibrio social, reflejo de la desordenada relación conyugal, contribuía a las carencias.

Desde 1870, los gobiernos instaurados continuaban con su discurso del fomento de la inmigración como medio para emprender tareas de desarrollo ante el escaso rendimiento productivo de la población. La presencia de inmigrantes era el anhelo propugnado de los gobiernos de posguerra, con la idea de que traerían el progreso y la civilización.

Por otra parte, las cuestiones territoriales del Paraguay seguían en la incertidumbre, esta vez con Bolivia, que reclamaba potestad sobre territorios chaqueños. Los intentos diplomáticos se realizaban esporádicamente.

Uno de esos intentos fue registrado en 1894, año de nacimiento de Emiliano. Fue el tratado firmado entre los representantes de Bolivia, Telmo Ichazo, y de Paraguay, Gregorio Benítez, el 23 de noviembre. Los acuerdos fueron estériles, pues fueron rechazados por el Congreso de ambos países.

Con todo ello, en el ambiente cultural de la capital empezaban a germinar nuevos bríos de intelectualidad con un grupo de jóvenes cuya generación contribuiría considerablemente a la difusión de la cultura: los novecentistas.

Emiliano llegó al mundo en un contexto espacial alejado del brote cultural capitalino del novecentismo, y cuando aún las ansias de cambio se inspiraban en las ideas emanadas de lo foráneo, especialmente del Viejo Mundo, en detrimento de lo autóctono, que no tenía espacio de difusión.

Los primeros vuelos del Guyra Campana

Los padres de Emiliano se trasladaron a Bejarano, Recoleta. Con 7 años, ingresó a la escuela Ysaty, donde permaneció hasta el quinto grado. Se comenta que su primera experiencia con el arte se originó en el cuarto grado, cuando formó un conjunto musical para una velada bailable. Los años de formación en su infancia se vieron interrumpidos por la realidad política del momento. Cambios y desórdenes políticos, como el de 1904, cuando se produjo el movimiento revolucionario liberal que terminaría derrocando al Partido Colorado del poder, formaron parte del momento histórico en el que el niño empezaba a interpretar el mundo.

Con las agitaciones políticas de la primera década del siglo xx, en 1907, su padre, afiliado al Partido Colorado, se trasladó a Alto Paraguay durante el gobierno liberal del presidente Benigno Ferreira, donde trabajó en los obrajes de Eduardo Teneri. La intolerancia política de la época determinó que muchas familias tuvieran que huir de esas circunstancias, tal como ocurrió con la familia de Emiliano. Para 1913, la vida de Emiliano se vio rodeada de acontecimientos que lo llevaron a radicarse hacia el norte del país. Viajó junto a unos familiares al Puerto de San Salvador, Alto Paraguay.

A su regreso, se vio envuelto en un incidente con Basilio Acosta, comisario de Ysaty. En consecuencia, fue castigado y reclutado en el cuartel en el Batallón de Guardiacárcel y Cuerpo de Bomberos.

La experiencia en la dependencia de policía le fue poco feliz y constructiva, pues desertó el 17 de febrero de 1914 al recibir maltratos corporales de sus superiores.

Una semana después, el 25 de febrero de 1914, llegó a Concepción, donde se hizo conscripto en la Segunda Compañía de Infantería. Al mando se encontraba el entonces teniente primero José Félix Estigarribia, quien había llegado recientemente de un curso de perfeccionamiento en Chile. Emiliano ascendió a cabo 1.º, cumpliendo con ese menester hasta el 11 de diciembre de ese año.

Emiliano abandonó tempranamente los estudios, como gran parte de la población de la época, y se volvió autodidacta.

El recordado profesor de la cultura guaraní Rudi Torga lo califica como un hombre con vasto conocimiento en la lectura de libros clásicos:

[…] como muchos intelectuales de nuestro país, solo llegó a cursar sus estudios primarios. Y después su formación intelectual ya fue autodidacta. En sus poesías abundan conocimientos de la Sagrada Escritura, Don Quijote de la Mancha, Las mil y una noches y Homero.

Con la afirmación de Torga, discrepa ciertamente Roberto Romero, quien asegura:

Emiliano no fue un mero autodidacta que escribía sus poemas al solo impulso de las inspiraciones momentáneas de sus sentimientos. Él tuvo grandes mentores particulares, como fueron el padre Ernesto Pérez Acosta, su gran amigo; Teodoro Rojas, director del Jardín Botánico, que fue su jefe; y el eximio gramático don Delfín Chamorro, al que visitaba en su modesta vivienda de Barrio Obrero, quien le había obsequiado un diccionario castellano con amable dedicatoria, del que Emiliano no se desprendía, consultándolo hasta sobre la mesa de un bar […].

Estando en Concepción en cumplimiento de su servicio militar, empezó a escribir sus primeros versos. Su estadía en esta localidad fue motivo para la conocida polémica entre guarambareños y concepcioneros sobre el lugar de nacimiento del poeta. Si bien la disputa del lugar de nacimiento fue a favor de la ciudad de Guarambaré, las opiniones de muchos estudiosos de su vida coinciden en afirmar que el poeta nació como tal en Concepción, pues de esos lares brotaron las poesías Trigueñita, Nde juru mbyte, Primavera, entre otras.

Emiliano R. Fernández empezó a destellar con la pluma. Aprendió a ejecutar la guitarra y a cantar sus primeras poesías, siendo una de sus características la de utilizar varios seudónimos. El más conocido fue el de Guyra Campana. En varias poesías como la llevada a canción, Concepción jerére, cuyos versos datan de 1928, se autodenomina: “Che ha ’ e guyra campana, guyra pepo morotĩ”.

Emiliano optó por anteponer el apellido de la madre al del padre como una forma de consideración y homenaje a ella.

Entre parajes