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¿Cuántas situaciones injustas, cuantos vínculos dañinos o cuantos momentos que nos han marcado y hemos callado en el "Nombre del Amor"? ¿Cuánto tiempo de nuestra valiosa vida perdimos por ceder a alguien más el poder sobre nosotros y nuestras decisiones? ¿Que hacer con todo lo que creímos que era amor y no lo era? ¿Como salir de situaciones de violencia, abuso o maltrato cuando al parecer no tenemos opciones? ¿ Que hacemos cuando descubrimos una verdad que nos rompe el alma? "En el nombre del amor" recorre algunos aspectos de ese reconocimiento, transita algunas dolorosas "seudo verdades" y rompe con creencias que entristecen y apagan nuestras vidas. Después haber vivido marcada por la dependencia emocional, el abuso y la violencia encubierta, su autora, se ve obligada a renacer desde sus propias ruinas. "En el nombre del amor" no es solo un testimonio, es una voz que interpela, que invita a mirar hacia adentro y a dejar de justificar lo injustificable. Con una narrativa honesta y conmovedora, esta obra desarma mitos del amor romántico, confronta mandatos culturales y alienta al lector a emprender un camino de autoconocimiento, dignidad y libertad.
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Seitenzahl: 189
Veröffentlichungsjahr: 2025
Milagros Sánchez
Sánchez, Milagros En el nombre del amor / Milagros Sánchez. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2025.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-6755-0
1. Autoayuda. I. Título. CDD 158.1
EDITORIAL AUTORES DE [email protected]
Dedicatoria
Prólogo
PRIMERA PARTE
En el nombre del “Maldito Amor”
Te entregué todo de mi
¿Que tenemos para dar?
Dejé de “ser” para poder abastecer...te---
“Deje de ser”
Sin celos... no hay paraíso
Peligrosas redes sociales
Buscando justificaciones
Seducidas y abandonadas
Lo que soy
Doloroso “darse cuenta”
Violencia injusta violencia
Violencia
VIOLACION:
SEGUNDA PARTE
¿Por dónde comienzo?
Mirarme al espejo: con responsabilidad pero sin culpa
Soltar
La construcción de lo que quiero ser
Miedos
Puentes
A Milagros, por no rendirse.
De manera vertiginosa pasaron algunos años desde que pensé ya había terminado este libro. Lo más interesante fue encontrar en esas páginas cierta humedad, una distancia interna entre quien había escrito aquellas líneas y quien las estaba leyendo. Era, en cierto modo, otra mujer. Con hechos que habían marcado cruelmente mi vida, procesos de mucho dolor, días interminables y noches de llanto que provenían desde dentro, desde mi alma hecha trizas. Podría afirmar que todo lo que intenté transmitir aquella vez era solo el comienzo de lo que, más tarde, viviría en primera persona. Esta vez como protagonista.
Allá por 2017 todavía soñaba sueños grandes, tenía fuerza y una tenacidad irreversible- aspectos de mi caracter que aún conservo pero administro mejor- y por supuesto un deseo inmenso de lograr cada cosa que me proponía. Vivía a ciegas, confiando - muchas veces- en personas equivocadas, las mismas que tiempo más tarde contribuyeron al hundimiento de mi propio ser, llevandome inevitablemente al colapso total.
Así fué que un día desperté y todo lo que había sido, hecho y tenido, ya no estaba más. Mi escenario había desaparecido al igual que todo lo que conformaba mi cotidianidad, mi trabajo, mi hogar, absolutamente todo, sumando la traición y la estafa de personas con las que jurabamos ser "familia".
Lejos estaba de mí volver a tomar en mis manos este libro, juré nunca más volver a escribir. Mi decisión estaba firme, como así también mi furia con la vida, con Dios y mi enojo conmigo misma. Había vivido atravezada por este sesgo que daba nombre a mi libro y basandome de lo que “creía que era amor”, soportaba todo en silencio. Había sido estafada, invalidada, lastimada, golpeada en todas las áreas de la vida, me habían sacado todo, no tenía nada de lo que tantos años me había constado construir, estaba rota completamente rota.
¿Quién está preparado para caer, ser estafado económica y moralmente o fracazar en la vida? ¿Quien esta preparado para levantarse de entre los escombros de su propio ser? Solo sé que estando en el piso, en el fondo del pozo, las cosas de desmoronaban y aun así seguía pensando que "yo" era la única responsable. Era un devenir de caos tras caos. No estaba preparada para eso, no estaba en mis planes, no podía “darme cuenta” del mal que se me estaba infringiendo y aún así seguía adelante.
En mi intento de sobreponerme rápido a todo, de que mi familia no sufra las consecuencias de todo lo que estaba ocurriendo pasaba muchas horas trabajando. Pagando las consecuencias de la brutalidad de otros y acallando mi voz interna que golpeaba desde dentro pidiendo justicia. Pero el golpe más duro aún no había llegado.
Noviembre de 2020 mi hija habló. Después de muchos años de silencio pudo contarme que había sido abusada y allí fué que supe “quien era él en realidad y lo que había le hecho”. Quedé destruída en alma y vida. Ninguna de las situaciones que habían pasado hasta ese momento importaban, nada, ante esta “verdad” que cambió nuestras vidas para siempre. Leer la declaración de mi hija en la denuncia fué lo mas duro que viví. Habíamos estado al lado de un abusador de menores durante años, un ser siniestro, un violador. Alguien que aparentaba ser buen padre, buen hijo, buen amigo, bueno en todo. Pero no. Era un monstruo. Saber esto me mató en vida, sentí morir, sentí cuando mi alma estalló en mil pedazos y ese fué el incio de lo que sucedería en los próximos cuatro años.
¿Por qué a mi hija? ¿Por qué a mi familia ? ¿Dónde había estado yo? ¿Cómo no me dí cuenta? Miles de preguntas sin contestaciones, miles de planteos propios, callejones internos sin salida, dolor... mucho dolor. ¿Cómo haria esta mujer para recontruirse después de la catástrofe? ¿Quería esta mujer arrancarse las alas y el pico como el águila escondida en una montaña hasta que, desde ese dolor, todo vuelva a crecer? ¿Tenía esas fuerzas? ¿Podría alguna vez volver a volar, a soñar, a escribir, a reir a carcajadas sin que le duela el alma? Que lejos estaba todo aquello para mí.
Y allí fué donde mi proceso comenzó. Sin nada, sin nadie. Solo de algo estaba segura: todo comienzo tiene un final, y sabía internamente que ese recorrido “inevitable” algún día terminaría. Sabía que alguna mañana abriría la ventana y el sol me volvería a iluminar. Lo había perdido todo, menos la Fé. No sabía cuando, como, ni donde. Pero si estaba segura de que todo aquello construiría en mi una nueva mujer. Y así fué. La batalla legal, la injusticia, la crueldad, la violencia, todo el daño que sufrí y sufrimos, me hizo encontrar un nuevo concepto de amor, me obligó a desaprender lo que creía que era verdad y encontrar nuevas concepciones internas para que - a partir de todo aquello que tanto dolió- pueda transformarme.
No tengo idea cuantos libros leí, ni cuantos especilistas escuché, ni tantas otras técnicas que implemente para sanar poco a poco. Lo que si sé es que tuve que trabajar y mucho. Y que el “darse cuenta” te da alternativas de cambios- si y solo si-estamos dispuestos.
“En el nombre del amor” ya no fué un libro más, lo re escribí casi por completo. Encontré nuevas significaciones en mi experiencia y en la vivencia de cada persona que en este libro menciono, pues esa enseñanza se expandía en mi mente, me interpelaba y me daba fuerza para transmitirla de manera simple y sincera. Leeran aquí otras experiencias, otras historias, porque de ello aprendí. Y todo aquello que había escrito algún tiempo atrás se resignifico en mi interior y luego en estas lineas. Pude comprender cada experiencia desde otro lugar y hallar en cada una la libertad de expresar y reivindicar el amor.
Diseñé cada párrafo, cada experiencia, cada reflexión, nuevamente. Pues aquella mujer que escribió la primer version- simplemete- ya no era yo. Estas líneas, para nada complejas, pero si desde lo mas profundo de mi corazón, me llevaron más de dos años, porque nada fué lineal, tuve, en el proceso de reconstrucción, altas y bajas... No fué facil volcar en palabras lo que tenía para decir, para dar, para transmitir pues había sido atravezada por mi propia experiencia. En el presente soy otra mujer. Desde lo interno, lo espiritual, lo psíquico , lo emocional y hasta en lo físico. Y en esa transmutación pude ver con claridad el verdadero significado del amor, pude darme cuenta del romanticismo erróneo que se crea en su nombre, de los mandatos impuestos que acepté en silencio, de las diferentes formas de violencia y pude experimentar la gran oportunidad que tenemos a diario de re escribir nuestra historia y de cambiar por completo los conceptos falsos que tanto daño nos hacen.
Verdaderamente nunca imaginé que escribir este nuevo prólogo llevaría más de cinco años desde el anterior, tampoco imaginé que podía lograrlo. Cada relato me interpela, cada pensamiento me construye, cada lágrima ha tomado significado cuando veo en la pantalla que esas lineas escritas son parte de mi aprendizaje. Agradezco cada pedacito de historia que aquí, con permiso de sus protagonistas y sobre todo con mucho respeto, permitió develar en mí para después transmitir, relatar y así poder ejemplificar lo que a diario atravezamos, naturalizando la violencia, el desamor, la agresión, el abuso, y tantas otras cosas que nos dañan, nos empobrecen y nos alejan de nosotros mismos.
Hoy, recirbirlos en este viaje de experiencias, algunas propias y otras ajenas, me llena de emoción. Hoy estos párrafos llamados “En el nombre del Amor” me llenan de amor y deseo profundamente que lleguen a su propósito, que sea leído por quien busque cortar con el daño vivido, desaprender y volver a aprender para transformar su vida y encontrar su propio camino: el camino de la verdad, aquella que- irremediablemente-nos lleva a ser quienes realmente vinimos a ser.
Milagros.
...” No se daña a quien se quiere”...
El “qué” y el “para qué” nos mueve en la vida, sea cual sea nuestro origen, sexo nacionalidad: siempre hay algo que nos mueve. Causas y efectos, medios y fines para tal o cual cosa, y muchas veces vamos por la vida defendiendo causas que son contra nosotros mismos. Lo cierto es que –desde nuestra temprana edad– llevamos esos patrones arraigados y constituidos por un amor “falso” que justifican nuestra manera de vivir y nuestras elecciones. Un verdadero "maldito amor" que no hace mas que dañarnos y postergarnos en nuestro camino hacia la plenitud, el crecimiento personal y la paz interior.
Hace un tiempo, escuchando a una mujer –la cual aprecio lo suficiente como para abrazarla con el alma– narraba los años de “sacrificio” y “lucha” que vivió para “llevar” su familia adelante (algo que por supuesto hacia eco en mí) Quise –lo juro– con todas mis fuerzas, entender lo que decía, lo que tanto la oprimía, a tal punto que, con su voz quebrantada y sus manos envejecidas, hacía que mi mente no pare de preguntar... ¿por qué?. Ella no había vivido su vida desde un amor sano, sino como una constante lucha, textualmente “era lo que le había tocado en la vida” y sin cuestionarse nada así lo aceptó y se resigno a seguir año tras año. Esto la llevaba a vivir cotidianamente con la idea de: sufrir por, sacrificarse por, resignarse por, deternerse por, todo era un gran "por"... ¡por esto! ¡por aquello! ¡por ellos! ¡por y para él! Tener la invalidación, agresión y manipulación constante en su vida era normal y al mismo tiempo un signo de lo lejos que estaba de ella misma, de pensar y actuar en pos de sus propias decisiones y de su felicidad.
En ningún momento de su relato mencionó satisfacción, por lo contrario, lo sentía como un karma, algo inevitable, lo que le tocó en la vida. Hacía muchos años que estaba resignada, estaba segura que así era lo mejor para mantener su familia unida, aceptando cada agresión, o insulto sin determinar un límite. El costo que estaba pagando era demasiado alto, pero según sus palabras, nada podía hacer, solo seguir huyendo de su propia verdad. Pues de solo pensar que algo de esa realidad podía cambiar la hacia temblar de miedo porque para ella eso era “amor”. La costumbre pesaba mas que cualquier ínfima idea de tener una mejor vida. Su relación vincular era solo su esposo e hijos. No tenía permitido un espacio personal, tener amigos ni tampoco desarrollarse en alguna area de estudio o trabajo. Salvo, por supuesto, que fuera supervisado por su controlador. Su relato continuaba, ya con lágrimas en los ojos, y sus palabras me atravezaban, me interpelaban profundamente. Quería sacudirla y luego abrazarla, hasta que despierte, así hasta que dijera basta! hasta que gritara ¡basta! de ese amor que era falso ¡esa concepción errónea del amor! de esa entrega innecesaria y cruel. Estaba presa en una vida llena de injusticia y detenimiento. Había sido manipulada y maltratada durante más de veinte años por su esposo a quien ella “amaba” o al menos eso creía. Exacto, ella pensaba que esa entrega sumisa, ese silencio ante cada insulto, ese maltrato continuo era parte del “amor”. Su relato abría un paradigma en mí. Era, en cierto modo, un espejo. La construcción cultural y social que por años nos hizo creer que mejor estar calladas y obedientes. Tal fué la magnitud del mandato que lo terminamos, en muchos de los casos, creyendo.
Ella era un mujer trabajadora, correcta y una buena madre. Habían pasado largos años donde el egoísmo, la manipulación y la crueldad de aquel hombre la tenian cautiva y en estado de absoluto abandono personal. Un tiempo mas tarde volvimos a vernos. Algo había pasado, algo estaba diferente en ella. Me miro a los ojos y me dijo: ...”Fué triste darme cuenta que todo eso no era normal”. Al fin una pieza se había movido y con ella el mundo entero de esa mujer. Más de veinte años de sufrimiento y violencia caían frente a su rostro perplejo. Esa mujer estaba rompiendose en mil pedazos y eso dolía. Su darse cuenta acaparo cada capítulo y se vió naturalizando aquello que vivía confundiéndolo con los costos del amor. Pero al fin nuevos pensamientos y preguntas hiceron que poco a poco despierte: vivía presa en un maldito y falso amor. Porque en realidad, aquel hombre no había hecho más que denigrarla, violentarla, hacerle creer que era una inútil, que no merecia nada y que si estaba callada era mejor. Y ella callaba, le creía y asumía su rol de mujer inútil, pero siempre teniendo la casa limpia, criando hijos sola y administrando el poco dinero que el dejaba con la premisa que “no gastara de más”. Entre más recordaba situaciones que había vivido y me las contaba, más me preguntaba dónde había estado aquella mujer internamente los ultimos veinte años de su vida, donde se había quedado varada. ¿Cuándo dijo: Sí!, quiero? ¿Cuándo internalizó el maltrato, los insultos, la denigración como algo normal? ¿Cuándo supuso que lo merecía?
¿DONDE ESTAMOS NOSOTROS CUANDO EXPERIENCIAS SIMILARES NOS PASAN?
¿O será que estamos TAN ENTRETENIDOS en lo que pasa afuera como para pensar en que pasa adentro? Unos solos segundos, unas solas preguntas podrían revelar realmente cual es el significado de lo que hacemos y tambien de lo que no hacemos por nosotros mismos.
Atrevernos a escuchar las respuestas, esas que golpean desde dentro, sin tapar, sin justificar: ESE ACTO DE ESCUCHA VERDADERA CAMBIARIA EL PARADIGMA DE NUESTRAS VIDAS PARA SIEMPRE.
Para aquella mujer la violencia implícita y explícita había sido tal, que años más tarde sus hijos la maltrataban de la misma manera , incluso denigrándola con las mismas palabras y con iguales manera que su padre. Bueno, que otra cosa se podia esperar, mas que el resultado del ejemplo dado. Descargar la frustración y la violencia generalizada en las mismas condiciones y hacia la misma persona. La violencia y el destrato como eje del vínculo. Y, aún así, ¡esta mujer no reaccionaba! Lejos estaba de pensar que todo aquello no era normal, por lo contrario, continuaba adaptada a esa realidad, dolorosa realidad.
La”resignación” y la “justificación”impregnaban su discurso, su emoción y su vida. Para ella aquello era el “PRECIO QUE PAGABA” por tener una familia y un marido. Eso, para ella, era parte del amor, su forma de concebir el amor.
Muchas veces el beneficio que encontramos en “tolerar estas acciones dañinas” es huir del miedo que nos genera el pensar en “quedarnos solos”; Preferimos estar así, en ese lugar de opresión ¡pero acompañados!
Preferimos tolerar desamor, gritos, órdenes, desplantes, chistes denigrandonos, violencia emocional, violencia psiquica, silencios maltratadores, hostigamiento, soledad estando acompañados, violencia gestual, violencia económica y financiera, algún que otro empujon o golpe, (o violencia física extrema) celos, algún CUERNO ( o varios) algun: segundo tercer o ultimo lugar...preferimos dejar de vestirnos como nos gusta, quisas no tener amigos, estar encarcelados y al mando de otro antes que tomar una decisión fuerte y determinante, que , aunque nos duela, NOS DIGNIFICA, NOS DEVUELVE LA VIDA Y LA AUTORIDAD SOBRE NOSOTROS MISMOS.
En ocasiones elegimos una vida miserable ( culpando/ responsabilizando a ese otro) a decidir en pos de nuestra vida y tener que pasar por un proceso doloroso, un proceso de responsabilidad por nosotros mismos: porque hacernos responsables y elegir por una vida digna no es algo comodo, provoca CRISIS. Porque... duele separase! duele elegirse antes que los demás, duele ponerse en primer lugar, da miedo poner límites, duele dejar los seudos beneficios, duele comenzar de nuevo, TODO DUELE. Pero el aceptar un falso amor cargado de violencia que nos destruye la vida día a día, puedo asegurarte que duele mucho más.
Retomo la historia del inicio de este capitulo: él siguio hostigando y maltratando, ella siguió callando, tolerando y justificando. Tiempo mas tarde ella enfermó: “una enfermedad silenciosa dijeron los medicos” (al igual que su voz y su vida) . Luego de eso todo continuó... de la misma manera. Ni el grito de una enfermedad hizo correr a aquella mujer del lugar donde era lastimada y violentada. Por lo contrario, así continuó. Creyendo que hasta la enfermedad era parte de lo que ella merecía.
No se puede cambiar el pasado, pero al despertar, podemos cambiar el presente y el futuro. Y para ello hay que explorar profundamente en nuestro interior, en ese plano de uno mismo. Preguntarse ¿cuantos minutos, días, meses o incluso años voy a vivir de esta manera? Atreverse y mirarse al espejo y preguntarse a uno mismo ¿Esto es lo que meresco? ¿esto es lo que quiero para mi vida? ¡¡CUESTIONARNOS PREGUNTARNOS ESCUCHARNOS INTERPELARNOS!! es la única salida. Y,por sobre todo, saber que cualquier situación se puede cambiar y de cualquier situación se puede salir!!! Tener fé, creer en nosotros mismos y defender lo que realmente queremos y merecemos nos posiciona en lugares sanos. Romper con mandatos, estructuras, y sesgos no será tarea fácil, pero reconocerlos, ya es gran parte del camino.
Al comprender quién soy -digo comprender y no entender, porque comprender supone esa cuota mágica de amor y aceptacion para realizar el cambio- y lo maravilloso de vivir, comprenderemos además nuestro propósito de vida, y solo así, sabiendo quienes somos y nuestro verdadero valor, no permitiremos el maltrato, el dasamor, la humillación y la desidia nunca más y ante situaciones o experiencias adversas tendremos la capacidad de identificar y resolver cuestiones que antes nos destruían psíquica, mental, espiritual, física y emocionalmente.
El simple- y complejo- hecho de atrevernos a explorarnos, deviene en una corriente de sucesos inimaginables, históricos, determinantes, asombrosos: y es allí donde te preguntas...¿ donde estuve todos estos años? Pero esa pregunta ya no conlleva sufrimiento sino una semilla de gratificación interna que se expande como luz hacia el afuera.
Cuando por fín la decisión de cambiar llega, quizás ya pasaron tantos años como situaciones desgastantes. Quizás las fuerzas no son las mismas y el enojo por “haber permitido” se instale como único argumento para seguir en el mismo sufrimiento. ¡Pero no! No lo permitas! En esa crisis que deviene de la decisión hay algo bueno: ya no esperas que ese otro cambie, porque aunque duela, te das cuenta que los unicos que podemos cambiar somos nosotros mismos. Y no hay nada mas sanador que emerger de las dificultades aceptando que lo vivido anteriormente fué solo una parte del camino.
Hay tantas historias contadas y por contar como personas en este planeta, hay tanto finales posibles como situaciones imborrables, pero no hay negociación alguna cuando estamos en riesgo, no solo física, también mental, emocional y espiritualmente. Debemos urgentemente priorizarnos, en el buen y mas amplio sentido de la palabra.
¿Por que creí que eso era amor?
En terminos de amor, los ejes culturales, sociales, políticos y patrones de conductas adquiridas a travez de las generaciones han marcado un camino equivocado y dañino para hombres y mujeres, y fueron mutando e involucionando en las ultimas décadas. Nos hicieron creer que las conductas agraviantes eran “normales”, inclusive que violar y matar se convirtió en moneda corriente. Y no fue hasta entonces que las mujeres tuvimos un darnos cuenta que literalmente CAMBIO EL MUNDO. Desde ese lugar, no podemos juzgarnos por lo que nos pasó, por confundirnos, por aguantar, simplemente “fué lo que nos enseñaron”y así lo aprendimos. Lo realmente importante es entender en profundidad que todo eso no era verdad. Que hubo por largos años intereses mundialmente machistas que poco a poco fueron cambiando e irán desvaneciendose hasta que la igualdad de género sea sólida. Si bien al dia de hoy todavía tenemos duros ejemplos de violencia hacia las mujeres y nos siguen catalogando en muchos casos como el ”sexo débil” no debemos cesar en la lucha por la igualdad. La fuerte discusión que plantea el tema y la postura que atraviezan diferentes concepciones de amor nos hace entender que tenemos aún una enorme deuda en educación emocional, en la igualdad de género, en nuevas construcciones de valores y vínculos sanos.
Entonces ¿Por que creí que eso era amor? Será el caso por caso, será la idea de amor que se halla en la configuración de cada ser humano. Pero con certeza puedo decir que el amor no golpea, no mata, no destruye, no agrede, no invalida, no engaña. ¿Por que creí que eso era amor? Porque seguramente fue lo que viví desde mi infancia y no tuve ejemplos de amor sano. ¿ Por que creí que eso era amor? Porque quisas lo confundí con el primer enamoramiento y crei, luego de la etapa de conociemiento, que era parte del precio a pagar por quedarme al lado de. ¿Por que crei que eso era amor? Quizás porque no me enseñaron a amarme ni a valorarme. ¿Por qué creí que eso era amor? Porque tenia miedo a la soledad. ¿ Por que creí que eso era amor? Porque desconocía quien eras vos y tu verdadero valor ¿ Por que creí que eso era amor? Porque quizás era la experiencia que tenía que vivir para saber realmente lo que es el amor.
Y así tantas respuestas como personas hay en este mundo.
Es dificil salir de estos lugares internos y externos. Es complejo tomar decisiones y aun mas volver a comenzar. Pero cuando llega ese “darse cuenta” el reloj interno se da vuelta. Y ahora que sé... ¿que hago con lo que sé?
Naturalizar acciones que van en contra de nuestro ser y hacer, solo dilata la evolución de nosotros mismos.
Creímos que todo eso era amor porque así nos lo enseñaron, así lo tomamos y así lo hicimos nuestro. Desaprender no es tarea fácil, porque aun hay resagos de desigualdad en todo ámbito en el que nos movemos, aún hay rezagos que están tan naturalizadas que se hacen invisibles a los ojos, a nuestra percepción, por eso, debemos estar atentos y conscientes, puesto que, comprender nuestra real importancia nos acerca a sabernos merecedores del amor verdadero, que no es mas que aquel que se construye a lo largo de los años, en contextos sanos y libre de toda opresión.Y que, por supuesto, comienza con nosotros mismos.
El amor se construye, se alimenta y se vivencia con mas profundidad. Porque hasta incluso en vínculos sin mayores compromisos, se cuida de no herir, de no lastimar. Y así llegamos a la premisa de que: “El verdadero amor comienza y termina en uno mismo”somos, en este sentido, nuestro propio limite”. Y solo amandonos podemos amar.
