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Obra verdaderamente fundamental y paradigmática en la filosofía latinoamericana desde su aparición hace treinta años que, a partir de las premisas del pensamiento marxista de las relaciones sociales, elabora una detallada crítica del pensamiento filosófico europeo y plantea el tema del desarrollo de la filosofía como un tránsito de períodos problemáticos a períodos de hegemonía, vinculando a la filosofía con la geopolítica y las relaciones de poder.
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Seitenzahl: 362
Veröffentlichungsjahr: 2011
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Primera edición en el FCE, 2011 Primera edición electrónica, 2011
Primera edición en español (Edicol, México), 1977 Segunda edición (USTA, Bogota), 1980 Tercera edición (La Aurora, Buenos Aires), 1985 Cuarta edición (AFYL, México), 1989 Quinta edición (Nueva América, Bogotá), 1996 Primera edición en portugués (Loyola, São Paulo), 1982 Primera edición en inglés (Orbis Books, Nueva York), 1985 Segunda edición en inglés (Orbis Books, Nueva York), 1988 Tercera edición en inglés (Orbis Books, Nueva York), 1993 Primera edición en alemán (Argument, Hamburg), 1989 Primera edición en italiano (Queriniana, Brescia), 1992
D. R. © 2011, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008
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ISBN 978-607-16-0822-2 (ePub)ISBN 978-607-16-0534-4 (impreso)
Hecho en México - Made in Mexico
A los pueblos periféricosque vencen el fratricidio
A las mujeres campesinas y obrerasque luchan contra el uxoricidio
A la juventud del mundo enteroque se rebela contra el filicidio
No hay paz,hasta rompen las flores.
Susana, mi hijade nueve años
Lo que sigue va dirigido al que se inicia en filosofía. Por ello este corto trabajo —casi sin bibliografía, porque los libros de mi biblioteca están lejos, en la patria argentina—, escrito en el dolor del exilio, quiere ser sentencioso, casi oracular. No pretende ser una exposición completa, sino más bien un discurso que va trabando tesis tras tesis, propuesta tras propuesta. Es sólo un marco categorial filosófico provisorio.
Escrito desde la periferia para personas de la periferia, sin embargo, se avanza también ante el eurocéntrico, como el hijo que protesta contra el padre que se va haciendo viejo; es decir, el hijo se va siendo adulto. La filosofía, para algunos patrimonio exclusivo del Mediterráneo, desde los griegos, y en la Edad Moderna sólo eurocéntrica, comienza por primera vez a desplegar pretensión de mundialización real.
Por ello, este marco teórico-filosófico o conjunto de simples tesis para permitir pensar de un cierto modo, quisiera iniciar un diálogo mundial de la filosofía sur-sur y sur-norte, es decir, desde un horizonte global. Partía, es evidente, desde la periferia, y usaba todavía el lenguaje del centro. No puede ser de otra manera, como el esclavo que habla la lengua del señor cuando se rebela, o la mujer que se expresa sin saberlo dentro de la ideología machista cuando inicia su liberación.
Filosofía de la Liberación, filosofía posmoderna, popular, feminista, de la juventud, de los oprimidos, de los “condenados de la tierra”, condenados del mundo y de la historia.
E. D.
México, 1976
Este libro, escrito hace treinta años y editado en diversos países latinoamericanos, y con múltiples traducciones en lenguas extranjeras, espero que ahora tenga su hogar, y deje de ser un peregrino. La edición del FCE, integrada a los Breviarios, le permitirá llegar a muchas manos.
Esta nueva edición la dedico en especial a los estudiantes de la patria primera del autor, que debió abandonarla en 1975, después de un atentado de bomba en su casa, y por haber sido expulsado de la Universidad Nacional de Cuyo (en Mendoza) por colegas intelectuales que colaboraron con lo que ya venía anunciándose, lo que le obligó a exiliarse en México —la otra patria chica del autor dentro de la Patria Grande: América Latina—.
Quizá alguien opine que una obra de hace treinta años no valdría la pena ser reeditada. Alguien puede opinar que las referencias inmediatas no son actuales, y la terminología y aun la problemática no es la habitual al comienzo del siglo XXI. Sin embargo, en este libro se resumieron temas que venían tratándose desde fines de la década de los sesenta, y que anticipaban la descolonización que se irá produciendo en la filosofía latinoamericana, en la filosofía de la periferia en general (en la India y el Asia, o en el África también), como crítica del eurocentrismo y la Modernidad.
Escrita tres años antes que la obra de Edward Said, Orientalismo, y cuatro años antes que la de J. F. Lyotard, La condición posmoderna, esta obra iniciaba la crítica del occidentalismo (como crítica del “centro”) y de la Modernidad (usando aún el término de “posmoderno”, aunque con otro sentido). Se trataba de un programa de investigación filosófica que descentraba las referencias dominantes, levantándose críticamente ante Europa, ante el machismo, ante la ideología pedagógica occidentalista, ante el fetichismo imperante (ya que las dictaduras militares eran fruto de un fundamentalismo cristiano oscurantista). A la distancia, era la primera presentación, con una cierta pretensión de discurso mínimo pero suficiente, que permitía vislumbrar el discurso de la naciente Filosofía de la Liberación.
Los años que han pasado nos han ido dando la razón[1] en cuanto al punto de partida de nuestra reflexión filosófica crítica. La pobreza de la periferia y de América Latina ha crecido. La hecatombe ecológica muestra que el proceso destructivo del vulnerable equilibrio de la vida en la Tierra corre peligros, aun en el corto plazo inesperadamente, lo que ha aumentado la toma de conciencia del inevitable suicidio colectivo al que el capitalismo nos conduce (por su tecnología irracional en cuanto a los efectos negativos de su propio proceso productivo y de consumo). El militarismo con el que comenzamos la obra (1.1 Geopolítica y filosofía), tema ausente en la filosofía en general, se ha mostrado en las últimas guerras de Kosovo, Afganistán e Irak como una cuestión límite: el “Estado de guerra” de John Locke se ha instaurado como la “normalidad”. Habiendo terminado la llamada Guerra Fría, hubiera podido pensarse que una situación de “paz perpetua” (el postulado kantiano) fuera posible, pero, por el contrario, la “Voluntad de Poder” de la locura del Imperio estadunidense, conducido por fundamentalistas cristianos y judíos (ambos grupos straussianos, como los nombra un periodista mexicano, se oponen dando escándalo a la mejor tradición profética y semita, como la indicada por Martin Buber, Walter Benjamin o Emmanuel Levinas, en los que nos inspiramos para escribir esta obra hace ya treinta años), nos ha lanzado a una situación más dramática que nunca. Estas posiciones políticas extremistas “dan cuerda” al fundamentalismo islámico, no olvidando que muchos de estos fundamentalistas fueron organizados y entrenados militarmente por la CIA para enfrentar a la antigua Unión Soviética. ¡El fetichismo está a la orden del día!
Es decir, esta obra hay que leerla como el anuncio desde el pasado de muchas catástrofes que pudieron evitarse, pero que por desgracia han continuado hasta el presente. De no corregirse el rumbo en el corto plazo todo esto conducirá a la extinción de la humanidad y de la vida en la Tierra, fenómeno de fondo que ya es anunciado por el aumento gigantesco de la pobreza en el sur (y también por la desocupación estructural en el norte), que nos mueve a continuar cultivando la tradición de la Filosofía de la Liberación como pensamiento crítico radical desde la alteridad de muchos rostros oprimidos y excluidos: los de las mujeres, de las razas no-blancas, de los ancianos y los niños, de los marginales y los inmigrantes, de los obreros y los campesinos, de los indígenas y las culturas negadas, de los países periféricos del capitalismo trasnacional globalizado, de las generaciones futuras que recibirán una Tierra destrozada… tantos Otros y Otras silenciados e invisibles, más allá del horizonte del ser occidental, blanco, machista, burgués, que domina el mundo a comienzos del siglo XXI.
La Filosofía de la Liberación localiza estas exterioridades como los espacios creativos de sus enunciados. Esas negatividades corporales son el locus enuntiationis del discurso descolonizador de liberación, hoy mucho más que hace treinta años.
Por otra parte, han surgido numerosos gestos de liberación, y en especial en América Latina, donde iniciando el siglo XXI pareciera que el pueblo latinoamericano comienza a ponerse de pie y se dispone a labrar el camino hacia su segunda Emancipación. Hemos actualizado muy poco la obra, aunque se notarán ejemplos de hechos históricos posteriores a la primera edición.
E. D.
México, 2006
[1] Para consultar mis obras desde aquellos años hasta el presente, búsquese en la internet www.clacso.org, Biblioteca virtual, Sala de lectura, Enrique Dussel (1963-2006), o en www.enriquedussel.org.
Valga esta corta introducción como mero ejemplo de un momento de la Filosofía de la Liberación, que siempre debería comenzar por presentar la génesis histórico-ideológica de lo que pretende pensar, dando preponderancia a su impostación espacial, mundial. Es la “histórica” o los momentos formativos de la historia de la filosofía. Se debe así iniciar lentamente una “de-strucción” o “de-construcción” de la historia.
1.1.1.1. Desde Heráclito hasta Von Clausewitz o H. Kissinger, “la guerra es el origen de todo”, si por todo se entiende el orden o el sistema que el dominador del mundo, en el ejercicio de la razón cínica, controla desde el poder y con los ejércitos. Estamos en guerra y por ello se trata del uso de la razón estratégica. Guerra siempre potencial del norte contra el sur; éstos que son los que la sufren desde la Guerra del Golfo o la ocupación de Somalia. “Nuevo Orden Mundial” para los que fabrican las armas; existencia sangrienta para quienes son obligados a comprarlas y usarlas. El espacio como campo de batalla, como geografía estudiada para vencer estratégica o tácticamente al enemigo, como ámbito limitado por fronteras, es algo muy distinto a la abstracta idealización del espacio vacío de la física de Newton, o al espacio existencial de la fenomenología. Estos espacios son ingenuos irreales, no-conflictivos. El espacio del planeta dentro del horizonte ontológico es el espacio controlado por el centro, por el Estado orgánico y autoconsciente que pretende no tener contradicciones porque es el Estado dominador hoy sin contrapartida. No hablamos del espacio del claustrófobo o del agorófobo. Hablamos del espacio ético-político, el que comprende todos los espacios, los físicos existenciales, dentro de las fronteras y la competencia del mercado económico, en el cual se ejerce el poder bajo el control de los ejércitos. No advertidamente la filosofía nació en este espacio. Nació en los espacios periféricos en sus tiempos creativos. Poco a poco fue hacia el centro en sus épocas clásicas, en las grandes ontologías, hasta degradarse en la mala conciencia de las edades morales o, mejor, moralistas.
1.1.1.2. Se trata entonces de tomar en serio al espacio, al espacio geopolítico. No es lo mismo nacer en el Polo Norte o en Chiapas que en Nueva York. La “caída del muro de Berlín” no ha cambiado esta situación; más bien la ha acrecentado. Dicha caída del muro, que comenzó a levantarse en la década de 1960, ha hecho más trágica la realidad presente. El otro “muro” más antiguo es ahora más alto, comenzó a levantarse en 1492, y separa el norte desarrollado y el sur empobrecido, pasa por el Río Colorado, el Mediterráneo y las aguas territoriales del Japón.
1.1.2.1. La Filosofía de la Liberación es el contradiscurso de la Modernidad en crisis, y, al mismo tiempo, es transmoderna. La filosofía moderna eurocéntrica desde el ego conquiro (yo conquisto, protohistoria del ego cogito), situando a los otros pueblos, a las otras culturas, y con ello a sus mujeres y sus hijos, los dominó dentro de sus propias fronteras como cosas o útiles manipulables bajo el imperio de la razón instrumental. La ontología los coloca como entes interpretables, como ideas conocidas, como mediaciones o posibilidades internas al horizonte de la comprensión del ser; la lengua hegemónica los bautiza con sus propios nombres al “des-cubrirlos” y explorarlos. Espacialmente centro, la subjetividad moderna constituye una periferia mundial y se pregunta con Fernández de Oviedo: “¿Son seres humanos los indios?”, es decir, ¿son europeos y por ello animales racionales? Lo de menos fue la respuesta teórica, en cuanto a la respuesta práctica, que es la real, la seguimos sufriendo todavía: somos sólo mano de obra, si no irracionales, al menos “bestiales”, incultos —porque no tienen la cultura del centro—, salvajes… subdesarrollados.
1.1.2.2. Esa ontología eurocéntrica no surge de la nada. Surge de la experiencia práctica de dominación sobre otros pueblos, de la opresión cultural sobre otros mundos. Antes que el ego cogito hay un ego conquiro (el “yo conquisto” es el fundamento práctico del “yo pienso”). El centro se impuso sobre la periferia desde hace cinco siglos. Pero ¿hasta cuándo? ¿No habrá llegado a su fin la preponderancia geopolítica del centro? ¿Podemos vislumbrar un proceso de liberación creciente del mundo periférico? Para ello deberíamos ir más allá de la modernidad, pero no en el sentido de un posmodernismo nihilista. Nuestro camino es otro, porque hemos sido y somos la “otra-cara” de la modernidad. Se trata de un proyecto “transmoderno”, “metamoderno”, que debe asumir el núcleo racional moderno, pero debe saber criticarlo superándolo.
1.1.3.1. La filosofía no piensa la filosofía, cuando es realmente filosofía y no sofística o ideología. No piensa textos filosóficos, y si debe hacerlo es sólo como propedéutica pedagógica para instrumentarse con categorías interpretativas. La filosofía piensa lo no-filosófico: la realidad. Pero porque es reflexión sobre la propia realidad del filósofo parte de lo que ya es, de su propio mundo, de su sistema, de su espacialidad. Pareciera que la filosofía ha surgido en la periferia, como necesidad de pensarse a sí mismo ante el centro y como exterioridad, o simplemente ante el futuro de liberación.
1.1.3.2. Desde la periferia política, porque dominados o coloniales, desde la periferia económica, porque colonos, desde la periferia geopolítica, porque excluidos, apareció el pensamiento presocrático en la actual Turquía o en el sur de Italia, con antecedentes en Egipto y Mesopotamia (como nos enseña Giorgio Semerano actualmente) antes que en Grecia. Los padres griegos son periféricos (desde Capadocia a Alejandría), e igualmente los latinos. El pensar medieval emerge desde las fronteras del imperio con el renacimiento carolingio, la renovación viene desde la periférica Irlanda. Desde la filosofía árabe de Samarcanda, Bagdad o Córdoba se inicia la renovación aristotélica en el París del siglo XIII. Desde la lejana Königsberg, al este del Báltico, irrumpe Kant. Desde el exilio inglés crece el pensar de Marx. Los hombres lejanos, los que tienen perspectiva desde la frontera hacia el centro, los que deben definirse ante el hombre ya hecho y ante sus hermanos bárbaros, nuevos, los que esperan porque están todavía fuera, esos hombres tienen la mente limpia para pensar la realidad. Nada tienen que ocultar. ¿Cómo habrían de ocultar la dominación si la sufren? ¿Cómo sería su filosofía frente a una ontología ideológica si su praxis es de liberación ante el centro que combaten? La inteligencia filosófica nunca es tan verdadera, válida, clara, tan precisa como cuando parte de la opresión y no tiene ningún privilegio que defender, porque no tiene ninguno.
1.1.4.1. El pensamiento crítico surge en la periferia —a la cual habría que agregarle la periferia social, las clases oprimidas, los lumpen—, pero termina siempre por dirigirse hacia el centro. Es su muerte como filosofía crítica; es su nacimiento como ontología acabada y como ideología. El pensar que se refugia en el centro termina por pensarlo como la única realidad. Fuera de sus fronteras está el no-ser, la nada, la barbarie, el sinsentido, las lenguas primitivas, los mundos salvajes. El ser es el fundamento mismo del sistema o la totalidad de sentido de la cultura y del mundo del centro.
1.1.4.2. Para Aristóteles, el gran filósofo de época clásica, en tiempo de una formación social esclavista auto-centrada, el griego es “hombre (ánthrōpos)”; no lo es el bárbaro europeo (Europa es todavía la barbarie), porque le falta habilidad; ni lo es tampoco el asiático, porque le falta fuerza y carácter; tampoco son hombres los esclavos, a medias lo es la mujer y el niño sólo en potencia. Hombre es el varón libre de la polis de la Hélade. Para Tomás de Aquino el señor feudal ejerce un ius dominativum (derecho de señorío) sobre el siervo de su feudo, lo mismo el varón sobre la mujer —ya que Eva aunque hubiera pecado no podía transmitir el pecado original a su prole, porque la madre sólo administra la materia (materiam tantum), pero es el varón el que da el ser (esse) al hijo—. Para Hegel el Estado que porta el Espíritu es el “dominador del mundo” ante el cual todo otro Estado “no tiene ningún derecho (rechtlos)”. Por ello Europa se constituye en “la misionera de la civilización en el mundo”. La Modernidad construye un mito irracional hacia afuera (al justificar el uso de la violencia, la guerra para destruir los obstáctulos al proceso civilizador sobre los pueblos inferiores, posición que defendieron Ginés de Sepúlveda, Kant, Hegel y la mayoría de los filósofos europeos o estadunidenses).
1.1.4.3. La ontología, el pensar que expresa el ser (del sistema vigente y central), es la ideología de las ideologías, el fundamento de la auto-interpretación de los imperios, del centro. La filosofía clásica de todos los tiempos es el acabamiento o el cumplimiento teórico de la opresión práctica de las periferias.
1.1.4.4. Por ello la filosofía, como el centro de la hegemonía ideológica de clases, las elites, y culturas dominantes, cuando es filosofía de la dominación, juega un papel esencial en la historia, en concreto en la filosofía moderno-europea. Por el contrario, se podría rastrear en toda esa historia el pensamiento crítico que es, de alguna manera, filosofía de la liberación, contradiscurso en cuanto se articula a la praxis, a la formación cultural e ideológica de los pueblos, a los grupos, a los nuevos movimientos sociales y las clases, a los géneros, las razas discriminadas y a las generaciones futuras.
1.1.5.1. Karl Jaspers habla de una “Edad Eje (Achsenzeit)” en la que la humanidad habría cobrado conciencia crítica (una primera “Ilustración [Aufklärung]”). En dicha edad queremos situar igualmente una protofilosofía africana, asiática y amerindia (si los presocráticos fueron igualmente un movimiento protoclásico), para distorsionar la visión eurocéntrica de la historia mundial hegeliana, y de la historia de la filosofía tradicional —liberándola del manejo ideológico, ario y racista eurocéntrico del romanticismo alemán,[2] que comienza por el “secuestro” del pensar griego y continúa por la pretensión de universalidad, de la “centralidad” mundial de Europa occidental—.
Esquema 1. Grandes culturas neolíticas y áreasde contactos del oeste hacia el este1.1.5.2. La revolución neolítica o urbana comienza hace unos 10 000 años a.C., tiene ya una expresión madura en la confederación de ciudades en la Mesopotamia (en el cuarto milenio a.C.), y podemos situarla en el tercer milenio a.C. en las primeras dinastías egipcias (que provenían del sur, del mundo bantú del África central, y donde comienza la larga tradición de la “resurrección” que culminará en los cultos de Osiris); continuará en las ciudades del valle del Indo (a medidados del tercer milenio), para culminar por el este en el Imperio chino (cuyas primeras dinastías deben situarse al comienzo del segundo milenio). Fue una larga marcha hacia el este (contra la opinión de Hegel de que la historia tiene la dirección “del este hacia el oeste”, lo que le permite decir que “Europa es el centro y el fin de la historia”).
1.1.5.3. Hace unos 40 000 años a.C., el Homo sapiens cruza por Bering y llega por Alaska y Canadá al continente americano. Lo “humaniza”, “descubre América”, en una de sus corrientes, por las praderas, los ríos, las islas del Caribe, y pasa del Orinoco al Amazonas, llegando al Río de la Plata en el sur. Hace unos 12 000 años a.C. lo vemos llegar a Tierra del Fuego. Otra corriente, se interna en las altas montañas, las Rocallosas, llega al “embudo” mexicano (limitado por las sierras madres Oriental y Occidental), a Centroamérica, a la región de los Andes colombianos hasta Chile. A más de 1 000 metros de altura, sobre el Pacífico, se desarrolla la revolución urbana de la “América Nuclear”.
1.1.5.4. Como las estepas del Asia central, el Océano Pacífico (el “Mar del Sur”) fue, por su parte, un área de contacto entre culturas. Los polinésicos dominaron el gran Océano. Llegaron en múltiples expediciones a las costas occidentales de América, y ciertamente influenciaron a las grandes culturas americanas. De manera que podemos indicar, como resumen, que los amerindios son por su raza, cultura, visión del mundo, el Extremo Oriente del oriente.
1.1.5.5. Las grandes culturas mesoamericanas (olmeca, maya, tolteca en Teotihuacán, azteca, zapoteca, etc.), las culturas chibchas en Colombia, y la inca, partiendo de las culturas del Titicaca boliviano, hacia Perú y Ecuador, constituyen el progreso hacia el este de la revolución neolítico-urbana. En ellas se dio una primera sistematización de la visión cotidiana del mundo, que el mismo A. Toynbee llegó a denominar el “huiracochinismo”, pero que en el mundo mesoamericano recibió el nombre de “tolteyotl”: la suma de la sabiduría de los toltecas de Tula (aproximadamente en el 700 d.C.).
1.1.5.6. La “Edad Eje” propuesta por K. Jaspers, aproximadamente, se sitúa entre los siglos X a VII a.C. La aparición de los textos de la sabiduría egipcia-africana (por ejemplo, el Libro de los muertos, o la Sabiduría de Menfis) son anteriores al siglo XX a.C., por lo que habrá que ampliar dicha “Edad Eje” tanto en el tiempo como en el espacio. La sistematización de los Upanishadas del Indo, la renovación de Buda desde el Nepal, la sabiduría china del taoísmo y posteriormente de Confusio, anticipan a los presocráticos de la Magna Grecia, a los primeros profetas de Israel, a las primeras tradiciones de la sabiduría del zoroastrismo mesopotámico, a lo que deberíamos agregar —con una cierta posterioridad, desde el siglo VIII d.C., propia de la diacronía del neolítico que camina hacia el este— el “tolteyotl” mesoamericano, que es expresado mucho después por la gran sabiduría de los tlamatinime, o entre los incas ya presente en la visión de los amautas.
1.1.5.7. Es necesario entonces, para una Filosofía de la Liberación desde la periferia mundial, y especialmente en América Latina, situar la filosofía del omeyotl (la “Dualidad” originaria), que se enseñaba en el calmecac (escuela de la sabiduría náhuatl), como un movimiento protofilosófico de la “Edad Eje”, en el nivel de los textos de Menfis o posteriormente de los presocráticos, de los que se interesaban por el origen del cosmos, que lo buscaban en los elementos primigenios (tierra, aire, fuego, agua), o que concebían el “uno” (tò én) como lo primero. Los aztecas, al pensar el “dos” (omé) como el dialéctico origen de todo, podían inmediatamente pensar la pluralidad (los “cuatro” Tezcatlipocas) sin el paso irracional del pensamiento griego posterior. Éstos debían situar a la “materia” como principio de determinación del “Uno”: ¿esta materia era eterna como el “Uno” u originada posteriormente? O como segunda posibilidad: ¿qué podía producir a la pluralidad en el origen si todo era sólo “Uno”? No hay salida partiendo del “Uno” y todo se torna irracional. No así el pensamiento de la sabiduría azteca.
1.1.6.1. La filosofía egipcia se desarrolla en sus colonias (Atenas lo fue de Sais, ciudad del Delta del Nilo). Parménides, desde la periferia de la Magna Grecia, enunció el comienzo radical de la filosofía como ontología: “El ser es, el no-ser no es”. ¿Qué es el ser sino el fundamento del mundo, el horizonte que comprende la totalidad dentro del cual todo cobra sentido, la frontera del mercado que controlan los ejércitos? El ser coincide con el mundo, es como la luz (tò fôs) que ilumina un ámbito y que no es vista. El ser no se ve; se ve lo que él ilumina: las cosas (tà ónta), la palabra (el lógos), los útiles (tà prágmata). El ser es lo griego, la luz de la propia cultura griega. El ser llega hasta las fronteras de la helenicidad. Más allá, más allá del horizonte, está el no-ser, el bárbaro: Europa y Asia. Es en la política, la de Platón, Aristóteles, Epicuro, de los estoicos, donde se descubre el sentido de la ontología.
1.1.6.2. Desde los pobres colonos que como Heráclito enunciaban que el ser es como el lógos que, como el muro, defiende la ciudad (de los bárbaros), se pasa al cosmopolitismo alejandrino o romano en el que se confunde la ciudad con el cosmos, es decir, se diviniza la ciudad greco-romana y se la identifica con la naturaleza misma. La ontología termina así por afirmar que el ser, lo divino, lo político y lo eterno son “una y la misma cosa”. Identidad del poder y la dominación, del centro, sobre las colonias, sobre otras culturas, sobre los esclavos de otras razas. El centro es, la periferia no-es. Entre los romanos, posteriormente, donde reina el ser reina el control de los ejércitos del César, del emperador. El ser es; es lo que se ve y desde donde se controla el Imperio.
1.1.6.3. Las filosofías clásicas helenístico-romanas, con algunas excepciones, se articularon de hecho a los intereses de las elites, grupos o clases dominantes esclavistas y justificaron su dominación desde el horizonte del ser mismo. Es fácil comprender aquello de que “el esclavo es por naturaleza esclavo” de Aristóteles, o el intento de los estoicos y epicúreos de proponer una salvación individual a los ciudadanos del imperio para, por una parte, dar conciencia tranquila a todos sus miembros, y, por otra, sacralizar al imperio, manifestación terrena de los dioses del cosmopolitismo.
1.1.7.1. El hombre de la periferia fue en este caso el pobre beduino del desierto arábigo, no ya el guerrero del hierro que atravesando con sus caballos la estepa euroasiática invadió un día Grecia, Roma o la India. Ahora era el beduino y pastor del desierto, que no experimenta el ser como la luz de día (de donde procede Dios), sino como proximidad, rostro-a-rostro (panim-el-panim en hebreo), como palabra (dabar), junto al hermano de la misma raza y al extranjero al que se le rinde hospitalidad. Ese beduino forma un día los reinos de Acad, Asiria, Babilonia, Fenicia. Un grupo de ellos serán esclavos; llamados los apiru.[5] La liberación de esos esclavos, míticamente liderados por un tal egipcio llamado Moisés, se convertirá en una “narración” de frecuentes “re-lecturas” (cuestión tratada en La simbólica del mal por Paul Ricoeur). Será el origen de la visión del mundo que Maimónides podrá definir siglos después en el califato de Córdoba como la “filosofía de la creación”, teoría crítica que justifica la revolución práctico-política de los esclavos, de los pobres y de los oprimidos (3.4.4), tan despreciada por Nietzsche (cuando expresa que todo ello es una “religión de esclavos”).
1.1.7.2. Desde la periferia, la realidad como la libertad del Otro que irrumpe ante el oído atento que escucha, también ejercerá la hegemonía en sus épocas clásicas: en Constantinopla desde el siglo IV, en Roma desde el siglo VI, en Bagdad desde el siglo IX, en Córdoba desde el siglo X, en París desde el siglo XIII.[6] El mundo semita (judío, cristiano y musulmán) también tendrá su filosofía. Habiendo comenzado por expresar con Hammurabi: “¡He hecho justicia con la viuda, con el huérfano, con el pobre!”, o con Jeshúa de Nazareth: “¡Bienaventurados los pobres!”, y habiendo comprendido que Abel nunca construyó su ciudad, como escribía Agustín en la Civitas Dei, terminaron por identificar a la Cristiandad, al sistema vigente, a la ciudad terrestre (la medieval o la de los califatos) con la “ciudad de Dios”. La creación (como acto originante del ser desde la nada), que permitía comprender las cosas, las palabras, los útiles, los sistemas y los reinos como contingentes y posibles, y por ello cambiables (3.4.5.2), vino a formularse como la legitimación, la justificación del sistema medieval latino-europeo: el creador formó las cosas así. La ideologización de la teoría subversiva y política de la creación fue el comienzo de su final, el de su fosilización, el de la revolución moderna centroeuropea.
1.1.7.3. Es decir, y repitiendo, el pensar metódico semita, musulmán y cristiano, que comenzó por estar articulado a las tribus nómadas y austeras del desierto, terminó por justificar al mundo refinado de Bagdad, de Bizancio o del feudalismo medieval latino, a las elites, a los grupos y a las clases dominantes comerciales o feudales. No faltaron los críticos del mundo así jerarquizado como dominación mercantil o feudal, estructura tributaria recesiva, pero frecuentemente terminaron en las manos de los califas o del santo oficio de la inquisición.
1.1.8.1. La modernidad nace cuando se derrumba el milenario Mediterráneo. Desde los cretenses y fenicios, hasta los árabes y venecianos, el Mediterráneo era un mar de grandes conexiones; era un área periférica de la historia que unía el norte del África con el Oriente medio hacia la India, la China, y hacia el occidente con la Europa del sur. Sin embargo, aislada la Europa germano-latina por el mundo otomano-musulmán (que llegaba desde el sur de España en Granada, y hasta las puertas de Viena bajo la presión turca, después de la caída de Constantinopla en 1453), no podía expanderse por el ancho mundo. Los musulmanes llegaban desde el Marrueco de los Almohavides, hasta Túnez, Egipto o el Irak; del califato mogol de Angra o Delhi, a los reinos comerciales de Malaca y hasta la isla de Mindanao en Filipinas. Desde el Atlántico al Pacífico era la única universalidad empírica en el siglo XV. Europa occidental era sólo una cultura marginal y periférica.[7]
1.1.8.2. Las cruzadas medievales fueron el primer intento expansionista europeo, pero los musulmanes eran lo suficientemente fuertes para volver las fronteras a su situación anterior. Llegado el siglo XIV, comienzan primero los portugueses y después los españoles a internarse en el Atlántico tropical (que será desde fines del siglo XV hasta hace poco, el centro de la primera historia mundial). España y Portugal inician la modernidad mercantil, desenclaustran Europa por el occidente; Rusia lo hará por la tundra del norte hacia el oriente. En el siglo XVI España descubre el Pacífico por el occidente y Rusia por el oriente. El mundo árabe es ahora el rodeado, y pierde la centralidad que había ejercido durante casi mil años. España y Portugal dejarán después lugar al imperio holandés e inglés. Europa es ahora, sólo ahora y no antes, el centro (en el sentido hegeliano, claro que éste proyecta esa centralidad casi hasta Adán y Eva que son vistos como protoeuropeos por la conciencia ingenua del mundo cotidiano). Desde la experiencia de esta “centralidad” conseguida con violencia, el europeo comienza a considerarse como un “Yo” constituyente. Es el nacimiento de la historia de la subjetividad moderna, del “eurocentrismo”. La “centralidad” europea en la historia mundial es la determinación esencial de la modernidad.
1.1.8.3. Desde el “yo conquisto” al mundo azteca (1521) e inca, a toda América (primer genocidio de la modernidad); desde el “yo esclavizo” a los negros del África (segundo genocidio) vendidos por el oro y la plata logrados con la muerte de los indios en el fondo de las minas, desde el “yo venzo” de las guerras realizadas en India y China hasta la vergonzosa “guerra del opio”; desde ese “yo” se despliega el pensar cartesiano del ego cogito (1637).[8] Ese ego será la única sustancia, divina entonces en B. Spinoza. Con Hegel el ich denke[9] de Kant cobrará igualmente divinidad acabada en el absolute Wissen.[10] Saber absoluto que es el acto mismo de la totalidad como tal: Dios en la tierra. Si la fe, el “culto” perfecto de la religión absoluta en la Filosofía de la religión de Hegel, es la “certeza” de que la representación del entendimiento es la idea absoluta, dicha certeza es la que tienen los dominadores del mundo de ser la manifestación en la tierra de la misma divinidad. Los imperios del centro, Francia e Inglaterra como potencias coloniales, la Alemania nazi (que con la “solución final” judía cumple el tercer genocidio: el holocausto) de la Modernidad, y posteriormente Estados Unidos con la ideología de la CIA, poseen así, una vez más, una ontología que los justifica; una sutil ideología que les da buena conciencia. ¿Qué es Nietzsche sino una apología del hombre conquistador y guerrero? ¿Qué es la fenomenología y el pensamiento existencial sino la descripción de un yo o un Dasein desde el cual se abre un mundo, el propio siempre? ¿Qué son muchas de las escuelas críticas o aun las que se lanzan a la utopía, sino la afirmación del mismo centro como mera posibilidad futura de “lo mismo”? ¿Qué es el estructuralismo sino la afirmación de la totalidad aunque se las respete en su coexistencia antropológica, sin solución política económica de real liberación? ¿Cómo piensa la exclusión del otro el modelo de la “comunidad de comunicación”?
1.1.8.4. “Dios ha muerto”, es decir, Europa ha muerto porque se había identificado con Dios: el fetiche al menos ha muerto para nosotros, y con ella Estados Unidos como su cuantitativa prolongación. La muerte del fetiche (3.4.3) es importante, porque como “toda crítica comienza por la crítica de la religión” fetichista, la liberación es posible sólo cuando se tiene el coraje de ser ateos del imperio, del centro, afrontando así el riesgo de sufrir su Poder, sus boicots económicos, sus ejércitos y sus agentes maestros de la corrupción, del asesinato, de la tortura y de la violencia.
1.1.8.5. Homo homini lupus es la definición real, es decir política, del ego cogito y de la filosofía europea moderna. Es la expresión ontológica de la ideología de la clase burguesa, triunfante en la revolución inglesa, y que dominará el mundo por el sistema capitalista. La filosofía hegemónica se convierte nuevamente en el centro de la hegemonía ideológica (A. Gramsci) de las clases dominantes.
1.1.9.1.1. La Filosofía de la Liberación es reciente; nació en Argentina al final de la década de los sesenta. Sin embargo, sus antecedentes se encuentran en el origen mismo de la filosofía moderna europea. Bartolomé de las Casas (1484-1566) expresó, con gran precisión, que “dos maneras han tenido en extirpar de la faz de la tierra a aquellas miserandas naciones”, refiriéndose a los dos modos que han usado los europeos en dominar a la periferia. “La una por injustas, crueles, sangrientas y tiránicas guerras”; es decir, los europeos han asesinado a los habitantes de la periferia (es la muerte del otro). La otra, “después que han asesinado a todos los que podían anhelar vivir en libertad, como son los hombres varones, porque comúnmente no dejan en la guerra con vida sino los niños y las mujeres, se les oprime con la más dura, horrible y áspera servidumbre”. Se trata, como puede observarse, de la dialéctica explícita del señor y el esclavo en las reflexiones publicadas en 1552 en Sevilla en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Se ha asesinado al indio, pero cuando dejan alguno en vida lo reducen oprimiéndolo con horrible servidumbre. El texto indica además que dejan en vida a la mujer, para amancebarse con ella (dominación erótica, 3.2.5), y a los niños, para educarlos en la cultura europea (dominación pedagógica, 3.3.5). Y así, en nombre del nuevo dios (el oro y la plata, el dinero, las libras esterlinas o el dólar), fueron inmolados en el altar del mercantilismo primero, en el del primer imperialismo, y en el altar actual del sistema de las trasnacionales, muchas más millones de personas de la periferia que los que el limitado imperio de los aztecas inmoló (con tanto horror y espanto de la culta y religiosa Europa) a su dios Huitzilopochtli.
1.1.9.1.2. La filosofía que sepa pensar esa realidad, la realidad mundial actual, no desde la perspectiva del centro, del poder cultural, racional, falocrático, político, económico o militar, sino desde más allá de la frontera misma del mundo actual central, desde la periferia, esa filosofía no será ideológica (o al menos lo será en menor medida). Su realidad es la tierra toda, y para ella son (no son el no-ser) realidad también los “condenados de la tierra”.
1.1.9.2.1. La filosofía colonial universitaria latinoamericana no contará para nada con la sabiduría náhuatl (de los tlamatinime) o inca (de los amautas) (1.1.5.7). Fue una absoluta tabula rasa. El mismo Bernardino de Sahagún, el más insigne de los antropólogos en el origen de la modernidad, no tuvo la capacidad de poder continuar, ni de lejos, la antigua sabiduría. Fue tronchada, como se tronchó la cabeza de las culturas amerindias a fuerza de espada.
1.1.9.2.2. Denominamos, entonces, filosofía colonial no sólo a la que se cumple en América Latina, en esta primera etapa desde el siglo XVI (ya que en l552 se fundaron las universidades de México y Lima, con igual grado académico que las de Coimbra, Alcalá y Salamanca), sino especialmente al espíritu de pura imitación o repetición en la periferia (también en África y Asia) de la filosofía vigente en el centro, con honrosas y pocas excepciones.
1.1.9.2.3. La filosofía colonial latinoamericana se cultivó en la periferia hispánica. España, como ningún otro poder metropolitano (por influencia del Renacimiento y del “Siglo de Oro” ibérico), fundó en sus colonias americanas más de treinta centros superiores que expedían licencia en filosofía (en su mayoría con el fin de continuar los estudios eclesiásticos o de derecho). Las más famosas facultades de filosofía fueron las de México (cuyos profesores publicaron sus obras en Lyon, Leipzig, Venecia y otros grandes centros editoriales de Europa, como en el caso del texto latino de la Lógica mexicana de Antonio Rubio, l548-1615, que se usaba como libro de texto en la Universidad de Alcalá, y tuvo decenas de ediciones, como por ejemplo la de 1605 de Köln), y de Lima. Ello no impedía que se cultivara la filosofía en otros centros. Y así un Juan Espinoza Medrano (1632-1688) —estudiado por Walter Redmond— publicó sus famosos Cursus philosophicus en 1688. Caben ser nombradas las facultades de Santa Fe de Bogotá, Guatemala, Quito, Santiago de Chile, Córdoba del Tucumán, etc. Sin embargo, todas ellas fueron, aunque en parte creativas, el reflejo de la segunda escolástica hispánica. Cabe destacarse que esta filosofía escolástica era moderna, no ya feudal, por sus tesis ontológicas, antropológicas y políticas. En el siglo XVII, la cultura barroca jesuita, con sus imponentes reducciones de indios (las más famosas en el Paraguay), dio pasos importantes en filosofía, física, matemáticas, política. Empero, nunca superó del todo la imitación, y el proceso fue doblemente ideológico, por una parte, por ser ya ideológico en Europa, y, por otra, por repetirse en la periferia ocultando la dominación que se sufría.
1.1.9.2.4. La etapa colonial mercantilista en las colonias portuguesas y las primeras colonias inglesas no contempló la fundación de centros filosóficos “a la europea” en África o Asia. En Coimbra o en Londres se formaban las elites coloniales. Fue el comienzo de una dominación cultural que se perfeccionaría más adelante.
1.1.9.3.1. Hace poco más de dos siglos, en 1776 exactamente, comienza el proceso de emancipación contra el mercantilismo de las metrópolis. En Nueva Inglaterra un grupo de valientes colonos se levanta contra la metrópoli Inglaterra y comienza así la guerra de la primera emancipación. Ese proceso continuará en la América hispano portuguesa, desde 1810 hasta 1898, desde la emancipación de Argentina y Perú, hasta la de México o Brasil, para terminar con el Caribe: Puerto Rico pasará de colonia española a “Estado libre asociado” de Estados Unidos en 1898. Medio siglo antes éstos se habían anexado a Texas, Nuevo México y California, desgajándolas de México. Desde G. Washington hasta Miguel Hidalgo, Simón Bolívar o Juan J. de San Martín, brilló en ellos un pensar emancipatorio que no llegó a ser una filosofía explícita. B. Bentham lo vio a finales del siglo XVIII y Hegel lo describe en su Filosofía del derecho en 1821: “Inglaterra comprendió que le era más útil la emancipación de las colonias que el mantenerlas dependientes”. El Imperio inglés había aprendido que se ahorraba capital al retirar su burocracia y su ejército de las colonias. Los héroes criollos emancipadores eran ingenuos en cuanto al alcance de su acción. La liberación, de la que habla la Filosofía de la liberación, era todavía un horizonte futuro insospechado. En ellos, sin embargo, nuestra actual filosofía puede beber un anhelo profundo de libertad.
1.1.9.4.1. Pero tan pronto como la primera crisis de la Revolución industrial pudo superarse, en Inglaterra y Francia principalmente en torno al 1850, es decir cuando se produjo una recapitalización suficiente, las metrópolis comenzaron una segunda etapa colonial (en la segunda mitad del siglo XIX). Ahora son el mundo árabe, el África negra, la India y el sudeste asiático los que recibieron el embate de lo que pronto será el imperialismo financiero e industrial monopolista.
1.1.9.4.2. Las elites coloniales fueron sistemáticamente educadas en el centro. Oxford, Cambridge, París se transformaron en los centros de “reeducación”, de “lavado de cerebro” hasta bien entrado el siglo XX. Las oligarquías criollas poscoloniales, fueran blancas, mestizas o mulatas, copiaron la filosofía metropolitana. Verdaderos títeres, repetían después en la periferia lo que sus egregios profesores de las grandes universidades metropolitanas les habían enseñado. En El Cairo, Dakar o Saigón, lo mismo que en Buenos Aires o Lima, enseñaban a sus discípulos el ego cogito, desde el cual ellos mismos quedaban constituidos como un ideatum, cogitatum, entes a disposición de la “voluntad de Poder” como voluntades impotentes, dominadas. Maestros castrados que castraban a sus discípulos.
1.1.9.4.3. Estos filósofos colonizados habían olvidado su pasado. El mundo árabe no se remontaba a su espléndida filosofía floreciente ya en el siglo IX, la India y la China, que desde hacía más de tres milenios daban frutos gigantescos de gran pensamiento, se avergonzaban de sus sabios. El pasado no resistió el embate del pensamiento imperial metropolitano moderno, al menos en sus grupos pretendidamente más progresistas, modernizadores, desarrollistas.
1.1.9.4.4. Los filósofos modernos europeos piensan la realidad que les hace frente: desde el centro interpretan la periferia. Pero los filósofos coloniales de la periferia repiten una visión que les es extraña, que no es la propia: se ven desde el centro como no-ser, nada, y enseñan a sus discípulos, que todavía son algo (por cuanto son analfabetos de los alfabetos que se les quiere imponer), que en verdad nada son; que son como nadas ambulantes de la historia. Cuando han terminado sus estudios (como alumnos que todavía eran algo, porque eran incultos de la filosofía europea), terminan como sus maestros coloniales por desaparecer del mapa (geopolíticamente no son, filosóficamente tampoco). Esta triste ideología con el nombre de filosofía es la que todavía es enseñada en la mayoría de los centros filosóficos de la periferia por la mayoría de sus profesores.
1.1.9.5.1. Llegado el fin de la segunda Guerra Mundial emerge un nuevo poder mundial. Estados Unidos hegemoniza el mundo en Yalta. Domina entonces las antiguas colonias del Imperio inglés, lo que queda del francés, y de otras naciones metropolitanas europeas. Los héroes de la emancipación inauguran un reciente periodo poscolonial; se abren a un espacio político ambiguo. Mahatma Gandhi en India, Abdel Nasser en Egipto, Patricio Lumamba en África piensan en la libertad de sus pueblos, pero no tienen conciencia que pasarán de manos de Inglaterra, Francia o Bélgica a las de Estados Unidos; como nueva etapa de un nuevo tipo innovador de neocolonialismo (1.1.9.3). La filosofía tiene un rico material para ser pensado filosóficamente. La libertad se transforma así en una lejana utopía y no en una realidad concreta empírica. Por desgracia, no hubo una firme y expresa filosofía de la emancipación nacional anticolonial. Sólo hubo manifiestos, panfletos, obras políticas (que incluyen implícitamente una filosofía, pero que no es filosofía en sentido estricto). Ese pensar fue lo más acabado del pensar periférico moderno mundial. Se situaron en el adecuado lugar hermenéutico; en la perspectiva correcta. Pero no era filosofía todavía, aunque en Frantz Fanon fue ya un comienzo, entre muchos otros.
