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El dinero no es un fin, es un medio. Aprender a manejarlo te da la posibilidad de elegir tu camino y no vivir según las reglas de otros. Leo Piccioli te invita a derribar tabúes, a mirar las finanzas con otros ojos y a descubrir que la educación financiera no es un lujo, sino una herramienta. Con historias reales, ejercicios prácticos y desafíos pensados para jóvenes y adultos, vas a entender cómo armar tu presupuesto, invertir, consumir de manera inteligente y construir tu independencia. Un libro claro, directo y motivador para que el dinero deje de ser un problema y se convierta en tu aliado.
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Seitenzahl: 126
Veröffentlichungsjahr: 2025
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@editorialelateneo
A SOFIY MARQUI :)
Cuando tenía 18 años, me creía cool. Un poco tímido, pero inteligente y bueno en matemática. Hice el curso de Operador de Mercado Bursátil en el Instituto Argentino de Mercado de Capitales. Todo serio. Todo legal.
Fui con mis ahorros al agente de bolsa, en efectivo. Compré acciones de una fábrica de autos y de una petroquímica que ya no existe. Esperé 48 horas para que se acreditaran. Un mes para que me llegara un certificado por correo. Un papel que decía que era dueño de un pedacito de esas empresas.
¿Resultado? Perdí el 70% del total. Todo mi esfuerzo de años… volatilizado.
Borrado de un plumazo. Bueno, no es para tanto: el esfuerzo de un año de trabajo nomás. Porque equivocarse es parte del camino.
No me faltaba inteligencia, me faltaba entender las reglas del juego. La técnica no alcanza si no lo entiendes en profundidad. No saber finanzas no me hizo ignorante… Me hizo vulnerable.
Y no quiero que te pase.
La educación financiera no es para genios. No es para viejos. No es para aburridos. Es para el que quiere tener opciones, para quien busca un menú de donde elegir y construir su vida, en lugar de sobrevivirla.
Este libro es una llave para abrir puertas, para que elijas, para que crees. Vas a mirar el mundo de otra manera y el mundo no te va a poder ignorar. Hablaremos de las preocupaciones más frecuentes de los jóvenes en los últimos años del colegio secundario: cómo manejar el dinero, cómo hacer para que “rinda”, cómo evitar la tentación de gastar de más, qué significa invertir… y, además, el gran tema de conversación: el futuro vocacional y su vínculo con el dinero.
Te propondré algunos ejercicios y te daré unas cuantas herramientas reales, tangibles, concretas para poder administrar tu dinero.
Si tuvieras que elegir entre dos trabajos: uno que paga muy bien pero no te gusta y otro que te apasiona pero paga poco, ¿cuál elegirías y por qué? ¿Hay alguna tercera opción que podrías crear?
Ignacio, 15 años
A veces gasto más de lo que debería. Me da miedo porque quizás no sé manejar bien el dinero.
La forma en que entendemos el dinero ha cambiado drásticamente a lo largo de las generaciones. Cada generación tiene sus propias frases típicas que revelan sus valores financieros:
Crecieron en épocas de escasez, guerras o posguerras, y desarrollaron una mentalidad de ahorro y cautela. Para ellos, la seguridad financiera era primordial.
Vivieron el auge de la clase media y la estabilidad laboral. Valoran la educación formal como camino al éxito y la propiedad como símbolo de estabilidad.
Han crecido en un mundo digital con oportunidades globales, pero también con mayor incertidumbre laboral. Valoran la libertad, la flexibilidad y el propósito por encima de la seguridad tradicional.
Estas diferencias generacionales pueden crear conflictos familiares cuando hablamos de dinero. Tu abuela puede horrorizarse al ver que gastas en experiencias en lugar de ahorrar, mientras que tú puedes pensar que su obsesión por guardar cada centavo es excesiva. Tus padres tal vez no entiendan por qué prefieres alquilar un departamento en lugar de pedirles ayuda para comprarlo, y tú te preguntarás por qué no disfrutan más de la vida…
Ninguno está completamente equivocado: son solo valores diferentes, moldeados por contextos históricos distintos.
La forma en que ganamos el dinero, lo gastamos y lo valoramos dice mucho sobre quiénes somos y qué consideramos importante. El dinero simboliza mucho más de lo que significa.
Para entenderlo mejor, imagina que cada vez que gastas dinero estás “votando” por el tipo de mundo que quieres crear. Cuando decides comprar un producto local en lugar de uno importado, estás “votando” por apoyar la economía de tu comunidad. Cuando eliges ahorrar en lugar de gastar, estás “votando” por tu seguridad futura.
Nuestras decisiones financieras están muy influenciadas por nuestros valores personales, familiares y culturales. Algunos de estos valores los adoptamos conscientemente, mientras que otros los absorbemos sin darnos cuenta. Creemos que valemos más si usamos determinada marca de ropa o quizá pensamos que nos van a respetar más si nos compramos las zapatillas de moda o que tendremos mejores amigos si cambiamos el celular. Peor aún, algunas personas creen que en serio necesitan hacer algo, comprar determinado objeto o tener dinero para mantener su grupo de amigos. Qué triste pensar que el afecto dependa de lo material, ¿no?
Existen tres elementos que conectan el dinero con nuestros valores, con quiénes somos en verdad:
Origen de nuestros valores financieros. De dónde vienen nuestras creencias sobre el dinero:Familia (mensajes explícitos e implícitos).Entorno social y cultural.Experiencias personales tempranas con el dinero.Cómo se expresan nuestros valores en decisiones financieras.Prioridades de gasto.Actitud hacia el ahorro y la deuda.Equilibrio entre seguridad y riesgo.Evolución de valores financieros.Cómo cambian a lo largo del tiempo:Transiciones generacionales.Adaptación a nuevas circunstancias.Cuestionamiento, cambio y crecimiento.Ahora bien, aunque lo usamos todos los días, pocas veces nos detenemos a pensar en la naturaleza del dinero: ¿qué es el dinero realmente?
El dinero es, en teoría, un sistema de confianza colectiva. No tiene valor intrínseco (en especial desde que abandonamos el patrón oro). Un billete de 1000 es solo un pedazo de papel con tinta, pero todos acordamos tratarlo como si valiera lo que dice que vale. Exacto: es subjetivo, por lo tanto, humano.
Esa confianza colectiva es lo que permite que el dinero cumpla sus tres funciones principales:
Medio de intercambio. Facilita el comercio sin necesidad de trueque.Unidad de cuenta. Permite medir y comparar el valor de diferentes bienes y servicios.Depósito de valor. Conserva poder adquisitivo a lo largo del tiempo (aunque esto varía según la estabilidad de la moneda).Considera esto: te despiertas una mañana y tu teléfono no funciona. Intentas prender la televisión, pero no hay señal. Sales a la calle y ves gente confundida, algunos en pánico. Pronto descubres la razón: un ataque cibernético masivo ha borrado todos los registros financieros digitales del mundo. Las cuentas bancarias muestran saldo cero. Las tarjetas de crédito y de débito no funcionan. El dinero digital, que representa más del 90% del dinero mundial, ya no existe.
Todavía hay efectivo físico, pero es escaso y rápidamente pierde su valor cuando la gente se da cuenta de que los sistemas que le daban respaldo han colapsado. En cuestión de días, los billetes son solo papelitos de colores. El dinero, tal como lo conocemos, ha dejado de existir.
¿Qué pasaría entonces?
Las primeras semanas, probablemente, serían caóticas. Los sistemas de distribución colapsarían porque nadie podría pagar por bienes o servicios de la manera habitual. Tal vez, habría saqueos en las tiendas. Los gobiernos intentarían mantener servicios esenciales, pero, sin un sistema financiero funcional, resultaría extremadamente difícil.
En este mundo postapocalíptico, quien controla los recursos controla el poder. En ausencia de sistemas económicos formales, surgirían estructuras de poder basadas en el control directo de los recursos vitales.
A medida que la situación se estabiliza, las personas comenzarían a intercambiar bienes y servicios en forma directa. El trueque resurgiría como el método principal de comercio. Alguien con habilidades médicas podría intercambiar tratamientos por comida. Un agricultor podría cambiar verduras por herramientas.
Sin embargo, el trueque tiene limitaciones fundamentales:
El problema de la doble coincidencia de deseos. Para que un intercambio ocurra, cada parte debe querer exactamente lo que la otra ofrece.La incapacidad de dividir ciertos bienes. ¿Cómo intercambias media vaca? ¿O un tercio de un servicio médico?La dificultad para almacenar valor. Muchos bienes son perecederos o difíciles de almacenar.La complejidad de las valoraciones. ¿Cuántos huevos vale un corte de pelo? ¿Cuántas horas de clases de Matemática equivalen a un par de zapatos?Para superar las limitaciones del trueque, las comunidades tal vez comenzarían a adoptar ciertos bienes como medios de intercambio, una especie de “protomonedas”: objetos ampliamente aceptados que facilitan el comercio. A lo largo de la historia, muchos objetos han servido como protomonedas:
Conchas marinas en diversas culturas costeras.Sal en el Imperio romano (de ahí viene la palabra “salario”).Cigarrillos en prisiones y campos de cautivos de guerra.Fichas de racionamiento durante períodos de escasez (es algo interesante para preguntar a abuelos y bisabuelos).En nuestro escenario poscolapso, las protomonedas podrían ser:
Baterías y pilas (valiosas para mantener dispositivos funcionando).Medicamentos.Semillas (para cultivar alimentos).Herramientas duraderas.Conocimientos especializados documentados (libros técnicos y manuales).Con el tiempo surgirían sistemas monetarios más formales. Las comunidades más organizadas podrían emitir monedas locales respaldadas por bienes reales o por la confianza en la comunidad emisora. Estas monedas comenzarían a estandarizarse y a aceptarse en áreas cada vez más amplias.
Eventualmente, se desarrollarían nuevos sistemas financieros, pero serían muy diferentes a los actuales. Podrían estar más descentralizados, vinculados a bienes reales o diseñados con mecanismos para prevenir los problemas que contribuyeron al colapso original.
Este ejercicio mental nos revela varias lecciones importantes:
El dinero es una tecnología social. No es algo natural o inevitable, sino una creación humana que puede cambiar o incluso desaparecer.El valor real está en los recursos y habilidades. En última instancia, el dinero solo tiene valor porque representa acceso a cosas realmente valiosas, como comida, refugio, conocimientos, habilidades o conexiones humanas.La confianza es la base de cualquier sistema monetario. Sin confianza colectiva, incluso las monedas más “duras” pierden su valor. Cuando la mayoría de la sociedad cree que habrá inflación es porque, en el fondo, no confía en el valor del dinero como tal y, en reacción a esa creencia, considera conveniente usarlo cuando antes…, favoreciendo a esa inflación que tanto temen.La adaptabilidad financiera es crucial. En un mundo cambiante, la capacidad de adaptarse a nuevos sistemas de valor puede ser más importante que la riqueza acumulada en un sistema particular.¿Te has dado cuenta de que muchas veces podemos hablar abiertamente sobre sexo, política o religión con amigos, pero, cuando se trata de dinero, de repente todos se sienten incómodos?
El dinero sigue siendo uno de los grandes tabúes en nuestras relaciones personales. Los adultos no preguntamos cuánto ganan nuestros amigos para que no se ofendan, evitamos mencionar el precio de lo que compramos (salvo que haya sido muy barato) o cuánto dinero recibimos para no parecer pretenciosos o quizás por miedo a que “alguien se entere” y nos roben. Además, nos sentimos incómodos cuando alguien no puede permitirse lo mismo que nosotros.
Este silencio tiene consecuencias reales:
No aprendemos de las experiencias financieras de otros.Nos comparamos con imágenes falsas de prosperidad.Tomamos decisiones basadas en información incompleta o errónea.Las redes sociales han amplificado este problema. Vemos a influencers mostrando estilos de vida lujosos sin revelar cómo son financiados (spoiler: te muestran solo lo que quieren mostrarte; es bastante barato parecer rico, aunque no lo creas). Conocidos que publican sus vacaciones perfectas, pero no mencionan las deudas que acumularon para pagarlas. Todo esto crea una percepción distorsionada de lo que es “normal” en nuestras finanzas.
¿Cómo lo logran? A veces, endeudándose de más, pero en general es mucho más fácil; recordemos que las redes sociales son una visión limitada de la realidad, una ventana que el influencer elige para proyectar todo lo que hace. Así como todos pensamos dónde es mejor que nos dé el sol en una foto, ellos también deciden cuidadosamente el fondo, el contexto, hasta el país y el vehículo que manejan para darte una idea falsa de éxito… Hasta que suficiente gente la cree, les da dinero para lo que venden y se convierte en verdadera. Otra construcción humana, como el dinero: si todos creen que cierta persona es exitosa, aunque no lo sea en el inicio, esa creencia se volverá verdadera.
¿Alguna vez notaste que en muchas familias el papá maneja las inversiones mientras que la mamá se encarga del presupuesto diario? ¿O que en las publicidades de bancos suelen aparecer hombres hablando de inversiones y mujeres promoviendo el ahorro? Estos patrones no son casuales y tienen consecuencias importantes.
Según estudios recientes, existe una marcada disonancia entre las capacidades reales y la autopercepción financiera según el género. Aunque mujeres y varones muestran niveles similares de conocimiento financiero, las mujeres tienden a subestimar sus capacidades, mientras que los varones tienden a sobreestimarlas.
Esta brecha de confianza genera que las mujeres se relacionen con las finanzas de la siguiente forma:
Invierten menos y de una forma más conservadora.Negocian salarios con menos frecuencia y agresividad.Asumen menos riesgos financieros, incluso cuando tienen la misma capacidad.Se preparan menos para la independencia financiera.Estas diferencias no son innatas, sino culturales. Desde pequeños recibimos mensajes diferentes sobre nuestra relación con el dinero según nuestro género. A las niñas se les suele enseñar a ser cuidadosas y ahorradoras, mientras que a los niños se los anima a ser ambiciosos y tomar riesgos.
Reconocer estos sesgos es el primer paso para superarlos. Si eres mujer, puedes desafiar conscientemente tu tendencia a subestimar tus capacidades financieras. Si eres hombre, puedes cuestionar si tu confianza está respaldada por conocimientos reales.
En la isla de Yap, en Micronesia, la moneda tradicional son enormes discos de piedra que pueden pesar toneladas. Tan pesados que ni siquiera se mueven cuando cambian de dueño; simplemente todos en la comunidad reconocen al nuevo propietario.
Algunas tribus amazónicas consideran de mala educación guardar más recursos de los que pueden usar, lo que crea un sistema económico completamente diferente al nuestro, basado en el prestigio de compartir en lugar de acumular.
Estudios psicológicos muestran que gastar dinero en experiencias genera más felicidad duradera que gastarlo en objetos materiales, aunque estos últimos parezcan más permanentes.
