Francisco de Roma y Francisco de Asís - Leonardo Boff - E-Book

Francisco de Roma y Francisco de Asís E-Book

Leonardo Boff

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Las reflexiones de este pequeño libro tratan de acercar dos figuras que se revelan extraordinarias: Francisco de Asís y Francisco de Roma. El nombre de Francisco que el papa ha querido darse con-tiene un mensaje claro: de ahora en adelante estamos ante un modo nuevo de ejercer el papado, despojado de títulos y símbolos de poder, y con énfasis en una Iglesia inspirada en la vida y en el ejemplo de san Francisco de Asís, es decir, en la pobreza, en la sencillez, en la humildad, en la con-fraternización con todos.

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Título original:

Francisco de Roma e Francisco de Assis

Uma nova primavera na Igreja?

Traductor: Teodoro Nieto

Fotos de portada: Latinstock México SA de CV e iStockphoto LP

Diseño de portada: Lorena Romero Figueroa

Diagramación: Selma Jaber De Lima

© 2013 Ediciones Dabar, S.A. de C.V.Mirador, 42 Col. El Mirador 04950, México, D.F.Tel. 56 03 36 30, 56 73 88 55 Fax: 56 03 36 74

e-mail: [email protected] www.dabar.com.mx

ISBN: 978-607-612-244-0

ebook hecho en México.

Índice

Introducción

Mensaje de san francisco a los jóvenes de hoy

Los dos franciscos, el de asís y el de roma, llamados a restaurar la iglesia

Francisco de asís y francisco de roma

El espíritu de san francisco, inspiración para el papa francisco

El papa que paga sus cuentas

Francisco, un papa que presidirá en la caridad

Francisco de asís se desnuda para cubrir la desnudez del papa inocencio iii

La ecología de francisco de asís y francisco de roma

¿Es el papa francisco promotor de la conciencia ecológica?

¿Inaugura el papa francisco la iglesia del tercer milenio?

La tentación de francisco de asís y la tentación de francisco de roma

Ser radicalmente pobre para ser plenamente hermano, en francisco de asís y en francisco de roma

El papa francisco, la teología de la liberación y la teología del pueblo

Una fe comprometida y sin miedo en el papa francisco

El papa de la libertad de espíritu y de la razón cordial

Lo que nos ha traído de nuevo el papa francisco

El legado del papa francisco

¿Es reformable la curia romana?

¿Un concilio de toda la cristiandad?

Oración de san francisco por la paz

El amor total de san francisco

El cántico de las criaturas

Conclusión: el papa de la iglesia como hogar espiritual

INTRODUCCIÓN

Ningún papa en la historia de la Iglesia ha escogido el nombre de Francisco. Muchos eligieron, entre otros, los nombres de León, Gregorio, Benedicto y Pío. Escoger el nombre de Francisco, pensando en san Francisco de Asís, hubiera sido para los papas anteriores una gran contradicción. Ellos vivían en palacios, ostentaban muchos títulos honoríficos, concentraban en sus manos todo el poder religioso y, durante mucho tiempo, también el poder civil; poseían territorios (Estados Pontificios), ejércitos, muchos tesoros y bancos. Unían en su persona el Imperiumy el Sacerdotium.

Todo eso era precisamente lo que san Francisco de Asís no quería para él ni para sus seguidores. Todos debían ser frailes (fratres, corruptela de frater, hermano, en latín medieval). Se hacían llamar menores (sin poder) en contraposición a los mayores (los nobles, los grandes señores feudales y los ricos comerciantes). San Francisco y estos frailes optaron por vivir en el suelo de la vida (in plano subsistere), confraternizando con el pueblo, con los pobres y con personas tan rechazadas socialmente como eran los leprosos.

Si un papa venido de la periferia del mundo, fuera de la vieja cristiandad europea, escoge para sorpresa de todos el nombre de Francisco, es porque quiere dar, sólo con el nombre, un mensaje a todos: de ahora en adelante se intentará un modo nuevo de ejercer el papado, despojado de títulos y de símbolos de poder, y se procurará poner énfasis en una Iglesia inspirada en la vida y el ejemplo de san Francisco de Asís, es decir, en la pobreza, la sencillez, la humildad, la confraternización con todos, incluidos los seres de la naturaleza y la propia hermana y Madre Tierra.

Es un proyecto audaz pero necesario por estar más acorde con la tradición de Jesús y las exigencias del Evangelio y responder sobre todo a las demandas de un mundo globalizado, dentro del cual la Iglesia deberá encontrar, humildemente y sin exclusivismos, su lugar junto a otras Iglesias, religiones y caminos espirituales.

Las reflexiones de este pequeño libro tratan de acercar dos figuras que se revelan extraordinarias: Francisco de Asís y Francisco de Roma. Con toda seguridad, la Iglesia católico-romana ya no será nunca la misma. Con el papa Francisco, que prefiere entenderse primero como obispo de Roma, y sólo después Papa que quiere presidir a las demás iglesias en la caridad, es muy probable que inaugure una nueva dinastía de papas procedentes de las nuevas Iglesias de África, Asia y América Latina.

Hasta ahora éstas eran Iglesias-espejo de las Iglesias europeas, pero se han transformado con el tiempo en Iglesias-fuente con su propio estilo de vivir la fe, fruto del diálogo y encarnadas en las culturas locales.

Además, sólo el 24 por ciento de los católicos vive en Europa. El resto, la gran mayoría, vive en países de los llamados Tercero y Cuarto mundos. Por tanto, hoy por hoy, el cristianismo es una religión del Tercer Mundo, que un día tuvo su origen en el Primer Mundo. Por tanto, nada más justo que un papa venga del seno de estas grandes mayorías de católicos.

Por obra y gracia del Espíritu, que siempre acompaña el caminar, a veces tortuoso de la Iglesia, surgió finalmente un papa venido del fin del mundo, como él mismo dice. Sólo por el nombre que escogió –Francisco– representa una nueva esperanza para toda la Iglesia y para el mundo entero.

El día 16 de marzo, en el aula Pablo VI, concedió una entrevista colectiva a los periodistas, y con sencillez explicó el nombre de Francisco, diciendo:

Cuando se alcanzó el número de votos que me haría papa, se acercó a mí el cardenal brasileño Claudio Hummes, me besó y me dijo: “No te olvides de los pobres”. Inmediatamente, con relación a los pobres, pensé en san Francisco de Asís. Después pensé en los pobres y en las guerras. Durante el escrutinio, cuando el resultado de las votaciones se ponía peligroso para mí, me vino un nombre al corazón: Francisco de Asís. Francisco, el hombre de la pobreza, de la paz, que ama y cuida la creación, un hombre que transmite un sentido de paz, un hombre pobre. ¡Ah! ¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!

Aquí está dicho lo esencial de su nombre y de la misión que pretende asumir de coordinar y animar la fe y la esperanza de más de mil millones de católicos. Por lo que ha hablado y mostrado con gestos en el comienzo de su pontificado, especialmente con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Río de Janeiro del 23 al 28 de julio, augura profundas transformaciones que podrán inaugurar el tercer milenio de la Iglesia Católica. Dios lo quiera así.

Leonardo Boff

Petrópolis, julio de 2013

MENSAJE DE SAN FRANCISCO A LOS JÓVENES DE HOY

Queridos jóvenes, hermanas y hermanos míos:

Como ustedes, yo también fui joven; hijo de Pedro Bernardone, rico comerciante de tejidos. Con él fui a las famosas ferias del sur de Francia y Holanda. Aprendí francés y conocí un poco el mundo, especialmente la música de los juglares y cantos de amor de la Provenza.

Mi festiva juventud

Mi padre, muy rico, me proporcionó todas las facilidades. Yo dirigía un grupo de jóvenes bohemios, a quienes les encantaba pasar muchas horas de la noche en los rincones de las calles, cantando delicados poemas de amor y escuchando a trovadores que narraban historias de caballería. Entre bulliciosas fiestas, pasé así varios alegres años.

Después de algún tiempo, empecé a sentir un gran vacío dentro de mí. Todo aquello era bueno, pero no me llenaba. Para superar la crisis, intenté ser caballero y realizar hazañas en batallas contra los moros, pero a mitad de camino desistí. Entré en un monasterio para orar y hacer penitencia, pero enseguida me di cuenta de que no era ese mi camino.

Llamada para reconstruir la Iglesia en ruinas

Poco a poco empezó a crecer dentro de mí un extraño amor a los pobres y una profunda compasión por los leprosos que vivían aislados fuera de la ciudad. Me acordaba de Jesús que también fue pobre y de lo mucho que sufrió en al cruz.

Un día, cuando entré en la pequeña iglesia de san Damián, me quedé contemplando largamente el rostro llagado de Cristo Crucificado. De repente, me pareció oír una voz venida de él: “Francisco, ve a reparar mi Iglesia que está en ruinas”.

Aquellas palabras calaron profundamente en mi corazón y no podía olvidarlas. Empecé a reconstruir con mis propias manos una pequeñita y vieja iglesia en ruinas llamada Porciúncula. Después, pensándolo mejor, caí en la cuenta de que aquella voz se refería a la Iglesia de hombres y mujeres, de prelados, abades y sacerdotes, incluido al mismo papa. Esa Iglesia estaba en ruina moral. Campeaban muchas inmoralidades, hambre de poder, acumulación de riquezas, construcciones de palacios de cardenales, de papas y suntuosas iglesias. Todo aquello que Jesús seguramente no quería para sus seguidores.

Descubrimiento del Evangelio y de los pobres

Tuve a bien beber de la fuente genuina de la reconstrucción de la Iglesia: los Evangelios y el seguimiento de Jesús pobre. Nadie me inspiró o mandó, sino que fue Dios mismo quien me condujo a los leprosos, y tuve inmensa compasión de ellos. Lo que antes consideraba amargo, ahora, por amor compasivo, se me volvía dulce. Empecé a predicar por los poblados las palabras de Cristo en un lenguaje popular que todos entendían. Veía en los ojos de las personas que era eso lo que esperaban y querían oír.

Todos los seres de la creación son hermanos y hermanas

En mis andanzas me fascinaba la belleza de las flores, el canto de los pájaros, el murmullo de las aguas de los regatos. Apartaba del camino polvoriento a la lombriz para no pisarla. Entendí que todos habíamos nacido del corazón del Padre de bondad. Por eso somos hermanos y hermanas: el hermano fuego, la hermana agua, el hermano y señor Sol y la hermana y Madre Tierra, incluido el hermano lobo de Gubbio.

Muchos antiguos compañeros de fiestas y diversiones se unieron a mí. Una preciosa y querida amiga, Clara de Asís, huyó de casa y quiso compartir nuestra vida sencilla. Comenzamos un movimiento de pobres. No llevábamos nada con nosotros, a no ser el ardor del corazón y la alegría del Espíritu. Trabajábamos en los campos o pedíamos limosna. Queríamos seguir los pasos de Cristo humilde, pobre y amigo de los pobres. Y el papa Inocencio III, en medio de dudas, aprobó nuestra opción en 1209, permitiéndonos predicar por todas partes el Evangelio de Jesús.

Después de algunos años, éramos ya una multitud, hasta el punto de no saber cómo albergar y animar a tanta gente. Ustedes conocen el resto de la historia. No necesito repetirla. Más tarde, con el apoyo del papa de aquel tiempo, se creó la Orden de los Hermanos Menores, con diversas ramas, que perdura hasta hoy.

Queridos jóvenes, hermanos y hermanas muy queridos, tuve una experiencia que ciertamente ustedes, como jóvenes han vivido o están viviendo: un círculo de amigos, de fiestas y bailes. Por tanto, algo tenemos en común.

Déjenme que me traslade a su tiempo y les diga lo que me inspire el Espíritu de Dios.

Amar y cuidar de la Madre Tierra

En primer lugar les suplico que amen y cuiden de la hermana y Madre Tierra. Está enferma y con fiebre. Hace ya mucho tiempo que la estamos sobreexplotando. Para reponer lo que le quitamos en un año necesita ella un año y medio. Para ustedes, los de Brasil, la tierra les entregó tal vez la herencia más preciosa: la selva amazónica, la abundancia de agua dulce, la diversidad de los seres vivos y las grandes extensiones de suelos fértiles. Guarden esa herencia para sus hijos y para toda la humanidad.

Debemos hacer con urgencia una alianza global de cuidar la Tierra y unos de otros, si no queremos conocer grandes catástrofes que afectarán a toda la comunidad de vida. Corremos, por tanto, un grave riesgo. Pero si asumimos una responsabilidad solidaria y un comportamiento de cuidado con todo lo que existe y vive, podremos escapar de esta tragedia. Y lo vamos a conseguir.

Estar del lado de los pobres y oprimidos

Muchos hijos e hijas de la Madre Tierra, hermanas y hermanos suyos, son pobres y pasan hambre. Millones han sido arrancados de la pobreza y pueden tener una vida más digna que antes. Pero aun así, hay muchos postrados en las calles, víctimas de enfermedades, de las drogas y de falta de un techo. Sean como el buen samaritano que se postró ante ellos y les ayudó a levantarse. Jesús sigue crucificado en los crucificados de este mundo. Necesitamos bajarlo de la cruz y hacer que resucite.

Rescatar los derechos del corazón

Hay algo que me sale de la hondura del corazón y que necesito decirles: tenemos que cambiar nuestra mente y nuestro corazón.

Es necesario cambiar la mente para ver la realidad con otros ojos. Los estudiosos nos dicen hoy que la tierra es viva y no algo muerto y sin propósito, una especie de baúl de recursos ilimitados que podemos usar como queramos. Son limitados como la energía fósil del carbón y del petróleo, la fertilidad de los suelos y de las semillas. Tenemos que administrar bien estos bienes y servicios para que sean suficientes para nosotros y para las futuras generaciones.

Los astronautas desde la luna y sus naves espaciales nos han dicho que Tierra y humanidad son inseparables; forman una única entidad, indivisible y compleja. Por eso nosotros, seres humanos, somos esa porción de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Somos Tierra y sacados de la Tierra como nos dicen las primeras páginas de la Biblia, pero recibimos una misión única, la de cuidar y guardar todas las bondades naturales. Somos los guardianes de la herencia que Dios y el universo nos han confiado para que puedan durar y  atender nuestras necesidades y las de nuestros hijos y nietos.

Además de la mente, tenemos también que cambiar nuestro corazón. El corazón es la sede del sentimiento profundo, del afecto caluroso y del amor sincero. El corazón es el nicho donde crecen todos los valores. Necesitamos rescatar los derechos del corazón.