Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Han pasado casi 2000 años desde que el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios definiera de modo magistral la naturaleza del verdadero amor. Sin embargo, el significado de semejantes definiciones aún permanece desconocido para muchas parejas. Hoy en día existen miles de noviazgos y matrimonios en crisis justamente por no comprender ni practicar el amor verdadero. Se habla mucho del amor de pareja en todos lados y en todo momento: en las canciones, en los libros, en las películas, etc.; pero muy pocas veces se ama como Dios quiere que amemos. En este libro, que es el resultado de varios años de investigación personal, Sebastián Escudero nos ofrece 150 reflexiones para seguir profundizando acerca de lo que "es" y lo que "no es" el amor verdadero. Sea que llevemos un día de novios o 60 años de casados, necesitamos aprender a amar.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 365
Veröffentlichungsjahr: 2021
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Sebastián Escudero
Editorial Claretiana
Escudero, Sebastián
Hemos conocido el amor : reflexiones diarias para crecer en el amor de pareja / Sebastián Escudero. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-762-085-6
1. Reflexiones. 2. Superación Personal. 3. Relaciones Interpersonales. I. Título.
CDD 158.2
Editorial Claretiana es miembro de Claret Publishing Group
Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao • Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè
Diseño de tapa: Equipo Editorial
1ª edición libro papel, octubre 2015
1ª edición libro digital, marzo de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto451
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
Inscripción ley 11.723 en trámite
© Editorial Claretiana, 2015
ISBN edición digital (ePub): 978-987-762-085-6
EDITORIAL CLARETIANA
Lima 1360 – C1138ACD Buenos Aires
República Argentina
Tel: 4305-9510/9597 – Fax: 4305-6552
E-mail: [email protected]
www.claretiana.org
A mi amada esposa Belén Valdez.
No existe posibilidad alguna de que no
te dedique este libro, mi amor. Es tu libro.
Te pertenece de punta a punta, lo sabes
muy bien. Gracias por tu generosidad de permitirme hoy compartirlo al mundo.
Te amo cada día más.
En agosto del año 2012, viendo la película cristiana A prueba de fuego, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: aprender a amar. Tenía 32 años, era predicador internacional y profesor de teología. Daba conferencias y talleres sobre el amor en colegios y en tantas ciudades donde Dios me había permitido viajar. Se suponía que tenía claro lo que significaba amar. Sin embargo, esa tarde, exactamente la tarde del domingo 5 de agosto del 2012, me di cuenta que no sabía amar bien. Y tomé la decisión de hacer el desafío del amor que propone la película.
El film cuenta la relación matrimonial y los problemas de pareja que enfrentan Caleb Holt, un bombero de Albany, Georgia, y su esposa Catherine. Luego de siete años de matrimonio, las discusiones continuas sobre sus ambiciones, finanzas, trabajos domésticos y sus intereses personales, han sido una fuerza que ha empujado a ambos a buscar algo más atractivo fuera del hogar. Cuando la pareja se prepara para embarcarse en los procedimientos de divorcio, Caleb es retado por su padre. El reto consiste en someterse a un experimento llamado El desafío del amor durante 40 días. Se trata de leer y practicar, un día a la vez, los principios allí propuestos acerca de lo que significa amar bien a la pareja. Con la ayuda de Dios, Caleb empieza a comprender, en el transcurrir de los retos cotidianos, lo que significa amar verdaderamente. Y se dispone a enfrentar la tarea más difícil de su vida: rescatar el corazón de su esposa. (1)
Unos días después de ver la película, adquirí el libro en el que esta se inspira: El desafío del amor (2), y empecé mi propio reto. Fueron 40 días de pura revelación de Dios a mi vida acerca de cómo tenía que amar a Belén, de quien estaba perdidamente enamorado, aunque, en ese entonces aún no éramos novios. Terminados los 40 días decidí hacer lo que hace el esposo en la película: continuar aprendiendo. Su esposa en un momento le pregunta:
—¿Por cuál día vas?
— Por el 43 —le responde él.
— Pero si son solo 40.
—¿Y quién dijo que debo detenerme?
Estaba por volver a empezar a leer de nuevo los 40 días, cuando de pronto tuve la moción de Dios de escribir yo mismo 40 días más con nuevas características del amor de pareja. El martes 30 de octubre tengo anotado en una agenda del año 2012 que empecé a escribir el día 1 de una nueva serie de reflexiones.
Unas semanas después Belén y yo empezamos nuestra relación de noviazgo. Y una de las primeras y más hermosas gracias que el Señor nos regaló en esos tiempos fue que ella empezó a hacer el reto del amor, leyendo cada día las reflexiones del libro. Lo consideramos como parte del proceso de discernimiento rumbo al altar. Para cuando ella terminó sus 40 días yo ya tenía los 40 días escritos por mí, así que ella decidió continuar leyendo mis reflexiones.
El miércoles 6 de febrero de 2013, estando en el aeropuerto de mi ciudad de Córdoba, rumbo a Puerto Mont, sur de Chile, le pregunté a Belén por mensaje de texto si valía la pena, según su parecer, que me ponga en la tarea de darle forma a esos escritos para que un día fueran mi propio libro con reflexiones acerca del amor. Y ella colocó textualmente: “¡Sí, mi amor! Vale la pena”. Ese día, a esa hora, en ese lugar… empecé a escribir este libro que tienes en tus manos.
Pido a Dios que cada día de reflexión te ayude a conocerlo más a Él, que es EL AMOR (1Jn 4, 8). Y así, un día, seamos muchos los que digamos, con un corazón agradecido… “Hemos conocido el Amor”.
Sebastián Escudero, febrero de 2015
1- Síntesis adaptada del argumento de la película disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Fireproof.
2- KENDRICK, Stephen & KENDRICK Alex. El desafío del amor. B&H Publishing Group. 2010.
Han pasado casi 2000 años desde que el apóstol san Pablo definiera de modo magistral la naturaleza del verdadero amor:
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13, 4-8).
Sin embargo, el significado de semejantes definiciones aún permanece sin ser comprendido en su plenitud. Y quizás no lo sea jamás para nosotros acá, en esta vida. Mientras tanto, humildemente, somos muchos los que buscamos profundizar el alcance de estos breves conceptos que da el apóstol.
Notemos que cuando san Pablo habla del amor está describiendo características propias como si se tratara de una persona. Cuando dice el amor es paciente nos está queriendo decir que el que ama verdaderamente tiene que ejercitarse en la paciencia con aquel a quien ama.
¿Necesitaremos hoy este tipo de aclaraciones acerca de lo que significa amar? ¿Tiene vigencia esta carta de san Pablo que le escribió a una comunidad griega,veinte siglos atrás? Yo creo que sí. Por eso escribí este libro. Quizás hoy más que nunca necesitemos profundizarla. Especialmente cuando aplicamos la palabra amor con referencia al amor de pareja. Hoy en día existen miles de noviazgos y matrimonios en crisis justamente por no comprender ni practicar el amor verdadero en sus relaciones. Se habla demasiado del amor romántico en todos lados y en todo momento (en las canciones, en los libros, en las películas, etc.) pero muy pocas veces se ama como Dios quiere que amemos.
Este libro, el sexto que Dios me permite escribir, trata de ser una pequeña luz más de reflexión acerca de este tipo de amor, aplicado exclusivamente al amor de parejas. No es un libro como los demás que escribí. Se trata más bien de una especie de trabajo de investigación personal, un compendio de enseñanzas que en alguna ocasión me fueron de gran bendición, una recopilación de datos proporcionados por profesionales, por expertos, por personas con décadas de experiencia matrimonial. Cada una de las fuentes está citada con su debida referencia bibliográfica -que por cierto es bastante extensa- al final del libro.
Esto hace que sea una obra singular en su manera de escribir, porque por lo general me involucro con testimonios personales en mis escritos. En este caso he elegido ser objetivo y escribir sin incluirme, salvo en dos o tres ocasiones particulares. En parte debido a que no me considero con la autoridad suficiente en el asunto porque que llevo pocos meses de casado. (3) Pero especialmente, porque considero de máxima importancia tener un panorama amplio de autores que reflexionaron sobre el amor.
A diferencia del libro El desafío del amor, en el que me he basado para escribir este libro, cada uno de los días de reflexión no concluye con un desafío, sino que solo procura sembrar principios a tener en cuenta. Quedará para el trabajo personal (o de la pareja) la elaboración de desafíos concretos a poner en práctica luego de lo aprendido.
Los días de reflexión no tienen un orden jerárquico. No es mi intención hacer una categorización ni una escala de valores acerca de qué día debe ser considerado más importante que el otro. Eso lo podrá hacer cada lector conforme a la utilidad y sentido que le encuentre a las reflexiones. Desde el punto de vista teológico no creo que exista una característica del amor más importante que la otra, sino que cada una se integra con las demás para expresar la esencia del amor auténtico.
Igualmente cabe aclarar que, aunque ningún día se repite, encontrarás a lo largo del libro que algunos principios se han señalado ya en algún día de reflexión previo. Esto es debido a que todas las características están relacionadas unas con otras para definir lo que implica el acto de amar a la pareja.
Sugiero, como lo hice en mi anterior libro Pan de Héroes, leer una reflexión por día, de manera tal que podamos rumiarla adecuadamente a lo largo de la jornada. No está pensado como un libro de lectura continua, sino más bien como parte de un proceso de reflexión y meditación diaria que nos permita degustar, analizar, orar y poner en práctica los principios enseñados. Tampoco está pensado como libro para leerlo en pareja, aunque podría serlo. Sería más provechoso leerlo por separado, respetando el proceso reflexivo de cada uno.
Los destinatarios principales de este libro son los que están en una relación de pareja, pero esto no excluye a los que quieran aprender más acerca de las características del amor romántico, sea cual sea su estado de vida y situación sentimental.
El término “pareja” abarca de modo amplio a los matrimonios en primer término, a los novios en segunda instancia, y a todas las relaciones afectivas que por diversas razones no pueden ser incorporadas en ninguno de estos dos grupos, pero que sí se reconocen como pareja. No me pareció justo limitar el alcance de la palabra amor a un solo tipo de relaciones.
El estilo utilizado es el mismo de los anteriores libros que escribí. No quiero hacer teología, psicología ni filosofía, sino tal vez una mezcla de las tres, pero desde un enfoque espiritual.
He procurado la variedad, cambiando permanentemente de temáticas para reflexionar. Por lo cual no será posible hacer una lectura continuada de reflexiones sin tener que hacer necesariamente una pausa mental entre enseñanza y enseñanza, salvo en algunos días indicados cuyas enseñanzas están concatenadas y que siguen una línea temática. Esto se da en temas que ameritan una reflexión de más de un día, por ejemplo: cuando hablo de la comunicación asertiva, el carácter del amor, el respeto, la confianza, etc.
Ruego a Jesús que, en cada reflexión que leas de este nuevo trabajo que Él me encomienda, encuentres respuestas y revelación a tu vida y a tu pareja. Que este aprendizaje signifique tanto para ustedes como significó para nosotros a lo largo de estos años escribiéndolo.
El título del libro está sacado de una canción que mi mamá me enseñó cuando tenía 11 años y que siempre quedó dando vueltas en mi corazón. Hoy entiendo el para qué: no solo usamos la letra con Belén como mensaje central de nuestra tarjeta de bodas, sino también para darle título a nuestro primer libro para parejas.
HEMOS CONOCIDO EL AMORHemos conocido el amor,
hemos puesto en El nuestro ideal,
y sabemos que al unirnos en el nombre del Señor,
dando fuerza a nuestra vida Dios está.
Hemos descubierto que la vida es
solo una mentira si el amor no está,
porque en el amor está viviendo Dios,
como fuente eterna de felicidad.
(Música: Emilio Mateu; letra: Jaume Reynés).
3- No obstante, no considero indispensablemente necesario llevar una vida de casado para poder hablar del amor de pareja. Jesús y san Pablo fueron célibes y sin embargo fueron expertos en la cuestión.
La primera y más importante verdad que necesitamos saber en este camino que empezamos juntos hoy es que el amor es una gracia. La gracia es la fuerza, el favor, el auxilio divino que el Señor coloca en nuestro interior para poder vivir conforme a su voluntad. Amar a nuestra pareja es, sin duda alguna, una gracia divina, porque nos sería imposible amar verdaderamente al estilo de Dios con un amor solamente humano. Cuando digo “al estilo de Dios”, me refiero a ese tipo de amor que ama incondicionalmente, que no tiene fin. La Biblia se refiere a esta clase de amor con el uso de la palabra griega ágape. El amor ágape es distinto de las otras clases de amor: fileos (amor de amistad) y eros (el amor sexual), que pueden fluctuar según los sentimientos. El amor ágape, sin embargo, es un amor que se manifiesta “en la salud y la enfermedad”, “en la prosperidad y en la adversidad”, en buenos y malos momentos. Es la única clase de amor verdadero. Esto se debe a que es la clase de amor que Dios tiene. Y a menos que esta clase de amor constituya el cimiento de tu pareja, el desgaste del tiempo la destruirá.
Así que si no le permites a Dios que comience a cultivar este tipo de amor dentro de ti, lucharás y no lograrás amar a tu pareja como debieras hacerlo. El amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13, 7) no surge en nuestro interior. Solo puede venir de Dios. (4) Tu corazón no puede fabricar el amor ágape. Es imposible. Excede tus capacidades. Tal vez estés convencido de que si te esfuerzas y te comprometes lo suficiente puedes obtener de tu corazón el amor incondicional, perdurable y sacrificial. Quieres creer que está en ti. Sin embargo, no puedes dar lo que no tienes. No puedes invocar reservas ni recursos interiores que no existen. Así como no puedes regalar un millón de dólares si no los tienes, no puedes dar más amor del que posees. Puedes intentarlo, pero fracasarás.
Así que, en concreto: el amor que puede soportar todas las presiones está fuera de tu alcance, mientras busques encontrarlo dentro de ti mismo. Necesitas que alguien te dé esa clase de amor. El amor es de Dios (1Jn 4, 7). (5) La maravillosa noticia es que en el matrimonio Dios regala al hombre la gracia matrimonial, con la cual, el cristiano casado tiene la seguridad de haber recibido de Dios todo lo que necesita para vivir esta misión en el estado matrimonial. Las parejas que saben aprovechar esta gracia y dejar al Espíritu Santo operar en ellos, cuentan con una fuerza especial para superar el desorden del pecado y avanzar en el camino hacia la perfección en el amor.
Una de las mayores caricias de Dios a las parejas es el don de la amistad. Seguramente has comenzado tu noviazgo luego de un tiempo de intensa amistad, en la que sin dudas han compartido muchos momentos especiales. Este tipo de amistad debe seguirse cultivando en el noviazgo y luego en el matrimonio, de manera que siga creciendo cada vez más en sus vidas. Tu pareja debe ser tu mejor amigo, tu primer y mayor confidente, el número uno, luego de Dios, a la hora de recurrir a contar algo importante. Las parejas que saben acompañarse tienen más elementos para perseverar en las crisis. Entonces, al resistir juntos las tormentas, tendrán más fuerza para continuar. La amistad, la diversión y el compañerismo deben ir creciendo, en lugar de disminuir. Es increíble la cantidad de matrimonios frustrados que existen, muchos de ellos terminando en un triste divorcio, por haber hecho de su relación una sociedad, un vínculo solo de paternidad o de deberes conyugales sin el condimento indispensable de la amistad.
Estamos viviendo en el mundo de la tecnología y de la comunicación. Si supiéramos usarlas al servicio de nuestro noviazgo o matrimonio… ¡qué maravilloso sería! Pero por el contrario, muchas personas se comunican con docenas de personas al día por las distintas redes sociales, abren su corazón, comparten sus crisis y alegrías, se ríen, se divierten con muchas personas a las que llaman “amigos”; pero resulta ser que con el compañero de vida, con su pareja, quien debiera ser el confidente número uno, el mejor amigo, la mejor columna para apoyarse, no se comunican.
Se suelen ver en los bares deplorables escenas de parejas que entran a tomar algo y luego de varios minutos mirando cada uno por separado sus celulares, encerrados en el círculo de sus amistades personales, con una sonrisa en sus rostros, cuando tienen que voltear para hablar con su pareja, se les apaga la sonrisa y se miran como preguntando… “¿Y ahora? ¿Qué hacemos…? ¿De qué hablamos?” ¡Qué tristeza! Es que la demasiada familiaridad genera menosprecio. A veces la costumbre de estar tantos años con la misma persona ha ido cortando de a poco el puente de la comunicación, del gozo ese, de esa chispa con la que se enamoraron al principio. Por eso debemos aprender a cultivar la amistad si queremos mantener viva la llama del amor en la pareja.
La honestidad es un elemento vital de las parejas felices. Nadie quiere estar al lado de alguien oscuro, de alguien que no mira a la cara cuando habla, de alguien que parece estar escondiendo cosas permanentemente.
En la pareja no deben existir los secretos, mucho menos cuando se trata de algo referido a la fidelidad. Para luchar contra los secretos es necesario aprender a confesarse mutuamente aquellos temas y asuntos que piensan que podrían dañar a la pareja. No se trata de tener que contar absolutamente todo al otro. Hay casos en que una amistad o un familiar te contó algo que merece ser guardado por ti, por ser asuntos referidos a temas del propio sexo. Esto es irrelevante para la relación, tu pareja no tiene ni el deber ni el derecho de saberlo. Pero hay casos particulares que sí merecen ser transmitidos al otro; especialmente cuando se trata de los inevitables intrusos que quieren entrar de algún modo a la pareja.
Satanás suele entrar en las parejas, destruyendo familias enteras, a través de aparentes pequeñas grietas que tienen su origen en pecados de omisión en la comunicación. Cuántas infidelidades comienzan con pequeños pasos que, si los hubiéramos confesado al principio, podríamos haber contado con el apoyo de nuestra pareja, con su consejería, con su punto de vista. ¿Quién mejor que tu compañero de vida para cuidarte cuando se aproxima el peligro? Qué injusticia más grande es empacar las maletas del hogar y marcharse con otra persona sin haberle dado al compañero de batalla la posibilidad de lucharlo, de cuidarlo, de salvarlo.
Lo que suele suceder es que muchas veces no hay un círculo de confianza y de armonía en la pareja, que permita que la sinceridad aflore adecuadamente. Muchas veces no se le puede confesar alguna tentación o situación especial a la pareja porque suele reaccionar con violencia, haciendo escándalos o melodramas que uno considera más prudente evitar. Por eso es necesario que ambos se den este marco de contención y de libertad para poder decirse cualquier fenómeno que entre a formar parte de la pareja. No hay sinceridad donde hay miedo, terror, falta de confianza. Quizás sea necesario sembrar esto primero para luego poner sobre ese cimiento la estructura firme de la sinceridad.
Y luego sí o sí será conveniente establecer un “pacto de sinceridad”, un código de honor donde la sinceridad, la transparencia, la lealtad, la honestidad, la verdad serán elementos vitales de la pareja. Levantado este muro no solo habrá paz y armonía, sino que los demonios no tendrán grieta para entrar a hacer de sus obras de destrucción. Y si por alguna razón lograran entrar, siempre habrá posibilidad de ponerles un freno, para que no sigan haciendo más daño. Este freno tiene un nombre: SINCERIDAD.
El que ama está pendiente de las necesidades de su pareja. Es propio de la naturaleza misma del amor el salir de sí mismo para meterse en el otro. Sin embargo, existen ciertos egoísmos que se van filtrando en la pareja desde el comienzo, que a la larga pueden hacer sucumbir todo el proyecto de amor. Estos egoísmos se pueden descubrir detrás de una falta de caballerosidad, detrás de una búsqueda permanente de ser escuchados en vez de escuchar al otro; detrás de patrones permanentes de falta de atención; etc.
En estos casos, habría que preguntarse seriamente si te trata de “amor” o simplemente de “querer”. Es fácil la diferencia: el que ama busca dar, el que quiere busca recibir.
El amor busca el bien del amado; es más, la felicidad de quien ama no es sentirse uno feliz, sino ayudar al otro a ser feliz. De hecho, uno no se casa para ser feliz, sino para ayudar a ser feliz al otro. Fíjate que digo: “ayudar a ser feliz” y no “hacer feliz”, porque nadie debiera tener semejante pretensión. Solo Dios y uno mismo pueden ser responsables de la propia felicidad. Nadie hace feliz al otro. Pero sí podemos ayudar, contribuir a la construcción de esta felicidad. Lo maravilloso de la vida en pareja es cuando esta concepción del amor la tienen ambos, porque entonces, al estar mutuamente pendientes el uno del otro, ninguno de los dos sufre necesidades… pues el otro está velando por ellas. De este modo, por ejemplo, el varón puede buscar la felicidad de su pareja con la paz de que ella está haciendo lo mismo con él.
Qué lindo anticipo del cielo es vivir así la vida. La Palabra de Dios nos enseña que hay más felicidad en dar que en recibir (Hch 20, 35) y esto es una realidad muy fácil de constatar. Hay un gozo que Dios reserva para las personas que están pendientes de dar, un gozo indescriptible que viene del sentirse feliz por la felicidad del amado.
En cambio, muchas de las amarguras diarias que vive una pareja es una consecuencia de no practicar este principio de ser altruista. Los reclamos permanentes, los celos enfermizos, las quejas diarias al otro, son un indicador de que nuestro nivel de altruismo es demasiado bajo en la relación. Si buscáramos mirar, en lugar de ser mirados; escuchar, en vez de ser escuchados; soltar, en lugar de estar asfixiando… nuestras vidas serían muy distintas. Como lo indica la oración del santo de Asís: “Señor, que no busque tanto ser comprendido como comprender, ser consolado como consolar, ser amado como amar…”.
Si hay algo en nuestras vidas que nos provee paz a la hora de tomar decisiones importantes es tener bien claras nuestras prioridades. El amor sabe hacer esto. El amor tiene esa bendita capacidad de poner en los estantes del corazón las personas que hay que amar en cada lugar.
Y supongo que no es noticia para ti, si eres creyente, que el primer lugar de tu corazón no lo debe ocupar nunca tu pareja, sino Dios. Pero, puesta esta base, el segundo lugar tampoco lo ocupa tu pareja… ni tampoco tus hijos, si los tienes. ¿Cómo? Te estarás preguntando. No, el segundo lugar lo debe ocupar tu propia persona, ya que no puedes dar amor a los demás si no te amas a ti mismo primero. Esto es lo que deja entender el Señor cuando nos indica que tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos (Cf. Mc 12, 30-31). Somos nosotros el parámetro principal para amar a los demás. Esto no quiere decir que tengas que ser un egocéntrico o un narcisista; solo se trata de quererse sanamente a uno mismo. Luego de esto podemos amar bien a los demás.
El tercer lugar de prioridades será distinto para solteros que para casados. Para los solteros no es la pareja -es decir, el novio o la novia- la que sigue, sino los padres y hermanos de sangre. Luego recién se puede colocar a la pareja, aunque el corazón diga lo contrario. De hecho el corazón no es el indicado para armar esta lista, pues no se trata de sentimientos, sino de prioridades establecidas según la voluntad divina. Si lo hiciéramos conforme al corazón algunos podrían poner al perro en el primer lugar y a los padres en el último, dependiendo de las historias personales.
Para los casados el tercer lugar es distinto. Y aquí es donde empieza la polémica, porque muchas personas creen que ese espacio lo deben ocupar los hijos. Pero no es así; el tercer lugar debe ocuparlo el cónyuge. Y es justamente este amor que se profesan el que provee de salud y estabilidad emocional a los hijos. El amor de los padres es la salud de los hijos.
Lamentablemente se ve muy seguido a parejas que se terminan descuidando en su romance cuando llegan los hijos. Porque tienen mal ordenado el estante de sus prioridades. Entonces el diálogo, la pasión y el amor se van enfriando de a poco en la pareja al enfocarnos tanto en quien pensamos que merece nuestra dedicación absoluta. Pero tristemente es en el divorcio cuando nos damos cuenta del mal que les causamos a nuestros hijos al descuidar nuestro amor de pareja.
Establecer prioridades brinda paz y seguridad. Sabemos ubicar a nuestros parientes, amigos, trabajo, tecnología, estudio y demás cosas en su lugar secundario respecto a lo más importante que tenemos que amar. Y entonces cuando tenemos que discernir una invitación o una actividad que nos proponen podemos tranquilamente elegir en base a lo que hemos establecido como prioridad. Podemos decir “no” sin sentir culpa, porque sabemos que estamos cuidando el tiempo, el dinero, el afecto, la fuerza y el amor que se merecen las personas que tienen prioridad en el corazón.
Si todo lo que sabes de tu pareja fuera equivalente a un diploma de la escuela secundaria, entonces deberías seguir aprendiendo sobre ella/él hasta obtener un “título universitario”, una “maestría” y un “doctorado”. Imagínalo como un viaje que dura toda la vida, el cual te acerca cada vez más a su corazón. ¿Sabes cuáles son sus mayores esperanzas y sus sueños? ¿Comprendes bien cómo prefiere dar y recibir amor? ¿Conoces sus mayores temores y por qué lucha con ellos? Uno de los problemas que impide tener una buena relación con tu pareja es que sencillamente no lo comprendes. Es probable que reaccione en forma muy distinta a ti frente a ciertas situaciones, y no comprendes porqué. (6)
El que ama busca comprender a su pareja. Comprender implica ponernos en el lugar del otro sin la actitud del juez condenador. Se trata de buscar los elementos que puedan hacernos entender la raíz de sus conductas. La madre de un asesino quizás sea la única que comprenda la razón por la cual su hijo hizo lo que hizo. De la misma manera, el que ama busca comprender a su pareja. Sea lo que sea lo que haya hecho, hay una raíz que le ha hecho llegar hasta ese punto. Existen razones ocultas de sus reacciones actuales. El que ama a su pareja trata de conocer y entender de la mejor manera la historia personal, las heridas, las situaciones del pasado que le pueden haber conducido a tener hoy las reacciones emocionales que tiene.
Qué distinta sería nuestra convivencia en la pareja si viéramos al otro permanentemente desde esta perspectiva, desde la misericordia, desde la comprensión; si entendiéramos que la “acción” que está haciendo ahora puede ser la “re-acción” a algo que le sucedió en su pasado. No se trata de ser psicólogos, solamente personas que aman lo suficiente como para considerar estas heridas…las lleguemos a conocer o no.
Lamentablemente muchas veces nos ponemos en posición de jueces, levantamos un martillo y un dedo acusador, en lugar de aplicar con el otro la misericordia que el Señor vive aplicando con nosotros. Es que a veces nos olvidamos de dónde nos sacó a nosotros el Señor y somos como el fariseo que critica la pelusa del ojo ajeno sin pensar en el árbol gigante que tenemos en el nuestro.
El verdadero amor entiende el estado de ánimo, las reacciones, las debilidades, los errores, los pecados de su pareja. Y los cubre con un manto llamado comprensión.
Aquellas parejas que sirven a Dios juntos tienen muchas probabilidades de mantenerse unidas. El servicio a Dios en equipo hace que la pareja se ame con un tipo especial de amor. Es que han dejado entrar a quien debe ser siempre el centro de todo matrimonio o noviazgo. Las parejas cristianas tienen esa característica de ser una pareja de tres, donde Jesús es el centro de unidad.
Lo mismo respecto a la oración: la familia que reza unida permanece unida. Es muy bueno suscitar y mantener el hábito de orar diariamente el uno por el otro y adorar finalmente juntos a Dios. Eso hace crecer el amor sobrenatural de la pareja, el amor de ágape, ese tipo de amor verdadero que es necesario para ser feliz en esta vida… y junto a ello todo lo que la pareja más necesita: paz emocional, confianza, respeto, etc.
Jesús no debe ser un recurso más de las parejas, debe ser el primero. Con el Señor de su lado, los que se aman tienen ganadas todas sus batallas. Se trata de dejarlo actuar a Él… dejarlo ser el centro de sus vidas.
Una pareja que tiene a Dios en su corazón y que tiene el hábito de la oración y de la intercesión muy difícilmente sufrirá de celos enfermizos, por ejemplo. Porque sabe que su pareja tiene a Dios en su corazón, por lo tanto confía en su discernimiento, en su temor de Dios, en sus valores cristianos… y si por alguna razón fuera seducida por el diablo para cometer algún tipo de infidelidad, tener a Dios en el equipo hace la diferencia… porque Él puede alejar de un solo golpe esos demonios que entran sutilmente a la pareja (Cf. Ex 14, 14).
La mejor manera para nutrir cualquier relación es a través de la comunicación. No podemos amar lo que no conocemos. La comunicación en la pareja abarca varios aspectos, a través de los cuales podemos lograr ese acercamiento:
La comunicación intelectual: cada vez que nos sentamos a platicar y expresamos nuestras ideas, nuestros conceptos, lo que pensamos de tal o cual cosa, estamos fortaleciendo la relación. El simple hecho de compartir lo que leímos en un libro nos acerca. El hablar de política, el conocer los puntos de vista del otro y respetarlos, y compartir experiencias que vivimos en el trabajo, etcétera. Todo lo que sea compartir ideas nos acerca.
La comunicación emocional: tiene su propio lenguaje, se refiere al tono de voz que usamos al hablarle, a la mirada que se intercambia cariñosamente, la sonrisa compartida, el contacto físico (abrazos, caricias), cualquier detalle a nivel emocional que demuestra que te ocupas de tu pareja. Por ejemplo, levantarte a media noche y no hacer ruido, o abrirle la puerta del coche. En fin, la ternura y la admiración son la clave para tener una mayor fuerza emocional.
La comunicación motriz: esta se da cuando se comparte una actividad, como bailar, salir a correr, andar en bici, hacer deporte juntos, o el simple hecho de ir al cine, a un museo, salir a comer una vez a la semana solos. Divertirse juntos, compartir alegrías fortalece enormemente la comunicación. Hay que buscar cómo crear esos momentos, ya que no llegan solos.
La comunicación instintiva: esta se da a través de los sentidos, la atmósfera, el entorno que nos rodea en la casa. El disfrutar de sabores, aromas, colores y temperaturas. Cuando logramos una mayor afinidad en estos aspectos, estrechamos lazos que crean identidad.
La comunicación sexual: es la manifestación íntima del amor. La pareja debe vivir conquistándose y teniendo presente que si se deja abandonada la plantita, o damos por un hecho de que ahí está segura, en cualquier momento se puede marchitar. En el amor solemos soñar mucho y trabajar poco.
Es importante mantener esa ilusión de novios, y no hacernos parásitos del amor, donde se cree que lo único que se requiere es el encanto personal, y no es así. Enrique Cueto dice: “El amor no existe, sino el gerundio estar amando”, cada momento de todos los días. Cuando una pareja decide hacer la vida en común, la historia del amor está en sus manos. No es magia, hay que construirla. Cuando nos casamos comenzamos literalmente a hacer el amor.
Si procuramos practicar estas cinco formas de comunicación cotidiana, creceremos juntos en pareja, logrando así fortalecer el amor.
El origen de muchos males en la pareja se origina en las ambiciones. Eso de pretender más y más del otro, de buscar recibir más placeres, más atención, más cuidado… de no conformarse nunca con lo que el otro le puede dar en este momento histórico.
Hay que tener mucho cuidado con los excesos en los noviazgos y matrimonios. Excesos que nos pueden llevar a comportamientos adictivos, y estos evidentemente pueden acabar con nuestra pareja. Algunos de estos excesos tiene su comienzo en cosas nobles, buenas, pensadas como algo bueno por Dios para la pareja pero que cuando son realizadas de manera obsesiva o desordenada quitan la paz y corrompen el vínculo haciéndolo enfermizo. Por ejemplo: el sexo en exceso en el matrimonio puede conducir a la lujuria y esta sabemos el daño que puede ocasionar a corto tiempo. La lujuria lleva a la posesión, y la posesión lleva a la muerte. (8)
Sin embargo existen otros excesos sutiles como por ejemplo los afectos desordenados, las caricias permanentes, la comunicación desmedida…cosas que sin duda empiezan como bendiciones en la pareja, pero que al hacerlas en exceso se convierten en un monstruo que devora el amor. Los celos enfermizos, el control a través de la manipulación, los reclamos histéricos permanentes, la posesión del otro, el vacío que sienten algunas parejas de novios al estar un día sin ver a la otra persona, etc., tienen su raíz en estas ambiciones de pretender tener cada vez más y más del otro.
Una pareja que ha caído en la trampa de este tipo de adicciones amorosas debe tomarlo en seria consideración y buscar ayuda urgente, quizás de tipo terapéutica y pastoral a la vez. Son muchas las personas que terminan en suicidio al romperse una relación, o al descubrir la infidelidad del otro. Esto es consecuencia de haberse enfermado en su relación amorosa. El amor puede producir en algunas personas, con ciertas características psicológicas o desórdenes afectivos, un efecto parecido al que produce la droga en un drogadicto. La adicción del amor es una de las peores cosas que sufre el alma del ser humano. Para ello debemos evitar los excesos. Aquello de la carta a los hebreos: conténtense con lo que tienen (Heb 13, 5) puede ser perfectamente usado aquí por las parejas.
Está científicamente comprobado que compartir experiencias risueñas es la mejor manera de afianzar la unión de una pareja. (9)
Un gran secreto de las parejas longevas es que han sabido disfrutarse mutuamente a lo largo de toda su vida. Nada más hermoso que gozar de la compañía de quien amas. Para ello hay que aprender a reírse más, aún de cosas sin demasiado sentido: esto llena de vida a ambos. Dos personas que se aman deben divertirse, y cuanto más se rían juntos, más amor sentirán y se demostrarán. El humor sirve para ayudarnos a enfrentar los problemas.
Los días están cargados de mucha tensión por lo general. Tensiones del trabajo, del estudio, de los hijos, de cuestiones familiares, de problemas económicos, etc. Tú debes intentar proveer a tu pareja de algo que le quite un poco de tantas tensiones permanentes. Y esto lo suele hacer maravillosamente el humor.
Pero lamentablemente muchas veces nos encargamos de proveer todo lo contrario: más estrés, más angustia, más cargas en el otro. Muchas personas se cansan de estar al lado de alguien que solo pelea, grita, discute, cela, controla, asfixia. La risa y el humor son un antídoto contra este tipo de gigantes en las parejas. Don Herold, en el poema Instantes dice: “si pudiera volver a vivir no me tomaría la vida tan en serio” (10). Eso es lo que tenemos que hacer en la vida de pareja: no tomarnos las peleas y crisis como algo tan en serio. Ser más flexibles, relajarnos más, reírnos.
Según la psicología positiva, existe una relación muy íntima entre las cosquillas y las caricias. Las personas con las que más reímos son las que más amamos, y viceversa. El “tonteo” es fundamental en el juego amoroso, y no digamos en el erótico. Y a largo plazo, las parejas que ríen y bromean juntas son más duraderas y están más satisfechas con su relación. Un buen sentido del humor es uno de los tres atributos más valorados en una pareja romántica. Y como dijo Víctor Borge: “La risa es la distancia más corta entre dos personas”. (11)
Además, el humor es una manera de seducción extraordinaria. Si tu pareja se está riendo de lo que tú dices o haces es imposible que no se sienta atraída por ti. Y si tú aprendes a celebrar sus chistes, sus actos de humor, también tu pareja se sentirá seducida por ti.
El que ama respeta la libertad del otro. Y no solo la respeta, sino que también la ama y la promueve porque sabe que esta libertad es un bien de la persona. El que ama no manipula ni extorsiona para tener al otro haciendo lo que uno quiere. No usa las lágrimas ni la ira, ni ningún mecanismo de manipulación para hacerle hacer al otro lo que uno quiere.
