Líder, llegó tu hora - Sebastián Escudero - E-Book

Líder, llegó tu hora E-Book

Sebastián Escudero

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Beschreibung

Hay momentos en la vida en los que Dios nos llama a ser sus portavoces y brindar ánimo y entusiasmo a los demás. Puede que no sepamos distinguirlo o preferimos no verlo, pero nos está confiando la misión de ponernos al hombro alguna de sus ovejas y que nos demos tiempo para atender a todos aquellos que Él ha colocado al lado nuestro. El autor viene a enseñarnos a descubrir en qué consiste ejercer el liderazgo y pone en claro lo que eso significa en términos cristianos. Es una oportunidad de hacer algo sumamente importante, de acoger en nosotros la visión en la que el Señor nos muestra hacia dónde hemos de caminar. Es una invitación a ser visionarios y aprender a poner nuestra confianza en Dios para que sea Él quien nos ilumine.

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Seitenzahl: 263

Veröffentlichungsjahr: 2021

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LÍDER,LLEGÓ TU HORA

Sebastián Escudero

LÍDER,LLEGÓ TU HORA

Editorial Claretiana

Índice
Portada
Portadilla
Lagales
Agradecimientos
Prólogo
Del desierto a los verdes pastos
Introducción
Capítulo 1: Las características del líder
1. La necesidad de un liderazgo
2. Compasión por las ovejas
3. Influenciamos como líderes
4. ¿Te están siguiendo?
5. Una cuestión de carácter
6. Dejando huellas
7. Añadiendo valor a las personas
8. Aprendiendo a ser líder
9. La fidelidad es la clave
El uso de los dones
El uso del dinero
10. La perseverancia marca la diferencia
Capítulo 2: La oración del líder
1. La unción privada determina la unción pública
2. La dependencia de dios
3. Los tres escalones hacia la madurez
a) El primer escalón: el rezo
b) El segundo escalón: la oración espontánea
c) El tercer escalón: la comunión
La comunión eucarística
Capítulo 3: La visión y planificación del líder
1. Un dios de planes
2. La planificación del líder
3. Ponerle fecha a los sueños
4. El reconstructor de murallas
1) Escribir la visión
2) Estar enfocado
3) Esforzarse
5. La necesidad de una visión
6. Inspectores del futuro
7. Permanentemente adelantados
8. La fiebre por el oro
Capítulo 4: La pasión del líder
1. Un solo hombre apasionado
2. El apasionado de los apasionados
3. El poder que viene de lo alto
4. El poder de la pasión
El poder del entusiasmo
5. Amantes apasionados
Capítulo 5: Las tentaciones del líder
1. La tentación del poder
2. El Dictador
3. Los “Uperetes”
4. Los oportunistas
5. La tentación de la carne
Crónica de una caída anunciada
La caída del rey
Soldado que huye…
¿Por qué cuidarme tanto?
La vida privada determina la eficacia del líder
6. Levantarse nuevamente
Capítulo 6: Los peligros del líder
1. Las crisis personales
2. El abandono
3. La rutina
4. El mal de la “tradicionitis”
5. La independencia
6. El hombre orquesta
7. Las emociones
El desánimo
El pesimismo
El mal humor
La nostalgia
La pasividad
El estancamiento
El activismo
La ansiedad
Capítulo 7: Las crisis del líder
1. Las críticas
Los que restan
2. La corrección fraterna
La fórmula Romanos 4, 17

Escudero, Sebastián

Líder, llegó tu hora / Sebastián Escudero. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2021.

Libro digital, EPUB - (Sanación en el espíritu)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-762-086-3

1. Superación Personal. 2. Liderazgo. 3. Dios. I. Título.

CDD 158.1

Editorial Claretiana es miembro de

Claret Publishing Group

Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao •

Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè

Diseño de tapa: Equipo Editorial

1ª edición, libro papel, septiembre de 2016

1ª edición libro digital, marzo de 2021

Todos los derechos reservados

Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723

© Editorial Claretiana, 2016

ISBN 978-987-762-086-3

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

EDITORIAL CLARETIANA

Lima 1360 – C1138ACD Buenos Aires

República Argentina

Tel: 4305-9510/9597 – Fax: 4305-6552

E-mail: [email protected]

www.claretiana.org

Dedico mi tercer libro a los Misioneros Mensajeros de Jesús, los principales inspiradores de mi ministerio, a quienes pertenezco por carisma, identidad, afecto y convicción.

A los de ayer, a los de hoy y a los que poblarán el planeta en el mañana de Dios.

Si no fuera por ustedes no hubiese escrito ni una sola página de este libro. Uno de los mayores regalos del Señor a mi ministerio es el de poder servirles como su líder.

AGRADECIMIENTOS

A mi hermano de sangre Hugo, por seguir sosteniéndome como hace más de 30 años. Gracias por ser mi líder desde que éramos niños.

A todos los Misioneros Mensajeros de Jesús, de todas las comunidades con las que batallamos juntos desde hace tantos años, en especial a mi comunidad de origen La Visitación, en Córdoba, por apoyar y renovar constantemente mi ministerio.

A la Familia Eclesial Mensajera de Jesús, especialmente al Instituto religioso de las hermanas, que hacen tan fecundo mi ministerio con su oración y afecto.

A la Hermana Ramona Taborda, gracias por seguir siendo a través de los años mi modelo de líder, mi confidente y especialmente “mi madre”.

A mis alumnos, los actuales y los que siguen siendo mis amigos con el correr de los años. Ser su líder es uno de los principales motivos de mi gozo en esta vida. Los amo.

A Martín Duarte y Ximena Guerrero, y a todos los amigos que el Señor me ha regalado a lo largo del país y del mundo en mis viajes de evangelización. Gracias por existir.

A Horacio Tissera y Gabriela Castro, por invertir noches sin dormir, una vez más, en la revisión literaria de este inexperto.

Al padre Alonso Sanchez y a toda la Editorial Claretiana por volver a poner su toque de confianza en mí en este nuevo libro.

Y dejo para el final mi principal agradecimiento a mi amado Jesucristo, el mayor Líder de mi vida. No me alcanzan las horas del día, ni los cds, ni los artículos, ni las prédicas para demostrarte lo agradecido que estoy con el llamado que le hiciste a este desconocido muchacho de un remoto barrio de Córdoba. Te amo con todo lo que soy.

PRÓLOGO

Es un amanecer como cualquier otro en el desierto. Pero este amanecer parece ser un poco más frío. El viento pareciera querer golpear en la cara. Hay un solo hombre despierto que se ha levantado tan temprano esta mañana de entre los cientos de miles que descansan en sus tiendas. Es un varón más bien joven, pero con cara de haber luchado demasiado en su vida. Está sentado en una roca con la mirada fija en el horizonte. Y lo único que sus ojos le permiten contemplar es arena y más arena a la distancia. No parece estar sentado allí por gusto. Su semblante calculador da a entender que una inquietud no le ha permitido dormir en toda la noche, y que lo ha traído a este sitio para resolver algo crucial para el resto de su vida.

Su mirada fija en el horizonte solo se altera al ver un palito entre las piedras con el que comienza a hacer un dibujo en la arena. Más bien parece ser un plano. Luego se rasca la barba y vuelve a zambullir su mirada en el desierto. Todavía no sabe que se está decidiendo el resto de la historia de la salvación y el destino de todo un pueblo.

De pronto, una voz suave le susurra en su corazón unas cuantas palabras que serán suficientes para robarle un par de lágrimas de sus ojos:

Así es Josué, ha muerto mi servidor Moisés. Y este pueblo necesita salir de una vez por todas de este desierto inhóspito. Tú ya conoces lo que hay del otro lado. Eres el líder indicado. Eres el líder que elijo para esta gran cruzada. Líder, llegó tu hora.

Del desierto a los verdes pastos

Si bien el liderazgo de Josué en la Biblia es uno más de los cientos que allí se encuentran, me pareció oportuno utilizar su figura como un modelo adecuado para comenzar ejemplificando lo que implica ser un líder.

El ministerio de Josué, a pesar de no ser tan famoso como lo fue el de Moisés, o el de David, no deja de ser uno de los más sobresalientes de toda la Biblia. Tuvo que suceder nada más y nada menos que a Moisés, con todo lo que debe haber implicado tener que reemplazar a un líder que con su bastón tocaba el mar y este se abría; o que tocaba la roca y de esta brotaba agua. La hora de su liderazgo consistía no solo en conducir a su pueblo a la tierra prometida, sino también en dejarlo a este asentado en una tierra ocupada por países de guerreros. Era un nuevo tipo de liderazgo. No podía repetir el liderazgo de Moisés. Eran nuevos los retos, y distinta la realidad. Josué debería hacer lo que su antecesor no hizo. Dante Gebel lo explica así:

Aquellos que seguían a Moisés tenían mente de turistas, mientras que los que seguían a Josué tenían mente de soldados.

Los primeros salían a buscar el maná del cielo. Los segundos sembraban y cosechaban.

Los primeros esperaban que Dios ahogara a los egipcios que venían detrás. Los segundos iban a conquistar la tierra que tenían por delante.

Los que seguían a Moisés vivían de los regalos de la gracia. Los que seguían a Josué de las recompensas a causa del esfuerzo y el trabajo duro.(1)

Y yo me atrevo a agregar: los que seguían a Moisés tenían que cruzar el mar Rojo viendo cómo Dios al toque del bastón abría de par en par las aguas. Los que seguían a Josué tenían que atravesar el río Jordán dando pasos de fe, y a medida que pisaban se iban deteniendo las aguas (Cfr. Jos 3, 7-17).

Sin duda es un nuevo pueblo, es un nuevo tipo de liderazgo. Un desafío, una carga muy pesada… pero posible de llevar.

Este libro es una motivación a tomar el lugar de liderazgo que nos corresponde para conducir y guiar a nuestros hermanos a los pastos verdes que el Señor en visión ya nos ha mostrado; a luchar por ellos para asentarlos en su lugar definitivo de modo tal que puedan dejar de andar sobreviviendo en el desértico valle de lágrimas por donde hace tanto tiempo caminan. Les escribo a los líderes de hoy, que tienen que enfrentar los desafíos del presente. Ya no están los Moisés de ayer, nos toca asumir la responsabilidad con nuestro propio estilo de liderazgo.

Te animo a creer que Dios cuenta contigo para llevar a cabo una gran obra. Y si después de leer este libro te encuentras tú también sentado en el desierto con un bastón de mando entre tus manos, tengo para ti la misma respuesta de Dios a Josué: “Líder, llegó tu hora”.

Sebastián Escudero

Mayo de 2011

[email protected]

1. GEBEL, Dante. Destinado al éxito. Ed. Vida. 2009: Miami, Florida. Cap. 11.

INTRODUCCIÓN

Este libro es el resultado de muchos años de triunfos y fracasos como líder. Cuando empecé a liderar a los 21 años hubiera deseado tener a mi alcance muchas más enseñanzas sobre liderazgo de las que en ese momento tenía. Tuve que aprender a liderar a la fuerza de caídas, de ensayos y fracasos. Y desde entonces tengo en mi mente la idea de hacer un libro que resuma todo lo que he aprendido a lo largo de mi vida sobre esta área tan importante del liderazgo, aplicándolo específicamente a los líderes cristianos.

He aprendido sobre liderazgo de vivencias, de consejeros, de observar otros líderes, y de mucha lectura sobre el tema. Pero sin duda he aprendido de los errores mucho más que de cualquier otra cosa. Por eso este humilde libro estoy convencido que puede ayudar a quien lo lea, y aplique los principios que enseño en su propio liderazgo, a no cometer los mismos errores que cometí yo y a crecer como líder para ser ocasión de bendición para otros.

Habrá quienes encuentren principios que sean una novedad en sus vidas, y otros para los cuales solo serán recordatorios de enseñanzas que ya aprendieron en su liderazgo. Pues como decía Platón: “La mayor parte de la instrucción es que a uno le recuerden las cosas que ya sabía”.

Si bien el libro está enfocado en aquellos líderes cristianos que tienen algún tipo de responsabilidad en lo que se refiere a la conducción de personas, esto no quiere decir que no sirva para todo tipo de personas; porque todos, lo aceptemos o no, somos influencia para alguien más. Y eso nos convierte en líderes, aun cuando no sepamos a quién estamos liderando:

Estés donde estés, seas quien seas, tengas lo que tengas, ocupes la posición que ocupes, siempre habrá alguien, por debajo de ti, que estará observándote.

Alguien que anhela ser como tú, parecerse a ti, actuar como tú, estar donde tú estás, tener lo que tú tienes, llegar donde tú has llegado, o, quizá, ocupar tu posición.

Siempre serás un modelo para alguien y serás responsable, con tus actos, con tus actitudes, con tus expresiones, en general, con tu comportamiento, por ese alguien que te sigue (Carlos Ache).

Y si no existiera ninguna persona que te siga, lo mismo tengo que comentarte que no has dejado de ser líder. Porque aún te queda alguien que precisará de ti el liderazgo más desafiante de toda tu vida: tú mismo. Solo si aprendemos a liderarnos a nosotros mismos estaremos capacitados para dirigir a los demás, sean uno, diez o diez mil personas. Así que no tengo ninguna duda de que escribí este libro para ti que estás acompañándome en esta introducción ahora mismo.

Mi intención no es impresionar a quienes lo lean, ni impartirles sabiduría, sino más bien compartir principios que considero que pueden llegar a ser importantes tenerlos en cuenta para llevar a cabo un liderazgo cristiano. No es un libro más de mi ministerio, ni lo escribí para agrandar mi “currículum”, sino que es una excusa, una nueva idea que el Señor puso en mi corazón para afectar a mi generación y a las venideras. Y esta idea no surgió de la nada; permíteme contarte cómo comenzó todo.

En enero del año 2006 el Consejo General de los Misioneros Mensajeros de Jesús, a quienes pertenezco por carisma e identidad, reunido en Salta, al norte de mi país, me eligió como el primer coordinador regional de la provincia de Córdoba, por tres años, con la posibilidad de ser re-elegido. Yo acepté con mucho gusto la propuesta. Sentía que toda mi vida, hasta ese entonces, me había preparado para llevar a cabo esta nueva misión. La tarea principalmente consistía en el acompañamiento de cada comunidad de la región, especialmente el pastoreo de los líderes.

Mientras regresaba de aquella misión maravillosa, el Señor me reveló la necesidad que los líderes de la región tenían de una formación sobre liderazgo. Y tenía dos opciones: les brindaba una formación en base a temas escritos por otras personas o me tomaba el trabajo de escribir yo mismo el material que creía adecuado. Elegí la segunda opción. Y así surgieron una serie de siete artículos sobre liderazgo que escribí para las reuniones de consejo regional a lo largo de mis tres años como coordinador regional.

Cuando terminé de escribir el séptimo artículo, supe claramente que el Señor quería que el material se difunda más allá de los Misioneros Mensajeros de Jesús de mi provincia. Y entendí que el Señor me llamaba a darle forma a los artículos para que se convirtieran en mi tercer libro. Y ese es el resultado que tuvieron efectivamente.

Le coloqué el título: Líder llegó tu hora, no solo por la referencia textual que la Biblia hace en el libro de Josué (Jos 1, 2), sino también porque sentí de parte de Dios que este libro, como millones más que se escribieron, escriben y escribirán, tiene que ser un llamamiento a tomar nuestro lugar de combate en esta hora clave de la historia. Como lo fue para Josué en la Biblia, después de pasar 40 años luchando en el ejército de Israel a la derecha de Moisés en el desierto, un día Dios viene a decirnos que se acabó el tiempo en el desierto… llegó la hora de atravesarlo. Y para hacerlo hacen falta líderes que muevan a las masas.

Los escritores bíblicos supieron distinguir correctamente dos maneras distintas de hablar del tiempo. Hay un tiempo que consiste en el paso de las horas, de los días y de las semanas. Para este tipo de tiempo usaban la palabra griega Cronos. Pero hay otro tiempo, que es el tiempo de Dios, en el que Él interviene en nuestra historia, en nuestro Cronos, y para designar ese tipo de tiempo usaban la palabra griega Kairós. Este libro está pensado para que los líderes podamos empezar a vivir en ese Kairós… en la hora exacta de la voluntad de Dios para nuestras vidas como líderes. (2)

He tenido el alto privilegio en estos años de viajar por distintos países y conocer de cerca las múltiples actividades que la Iglesia del Señor realiza mes tras mes para bendecir al Pueblo de Dios: conferencias, cursos, talleres, recitales, seminarios, retiros, jornadas de evangelización, peregrinaciones, asambleas de oración, etc. Y aunque estoy agradecido a Dios de todas las cosas que estamos emprendiendo en este tiempo, he llegado a la conclusión que podríamos estar mucho mejor que como estamos si hubiese más capacitación de líderes que sepan cómo hacer que estos eventos produzcan frutos multiplicadores en la Iglesia. El problema es que no disponemos de la suficiente preparación para este tipo de líderes. Y si lo disponemos, son los menos, lamentablemente.

Tengo el profundo anhelo de que este libro sea un canal de revelaciones de Dios para aquellos líderes que el Señor quiere que tomen un lugar protagónico de liderazgo donde Él los necesita. Será de seguro una gota de agua más en el océano, pero la hermosa Madre Teresa nos enseñó que el océano no sería lo mismo sin esa gota de agua.

El gran líder, primer ministro de Inglaterra durante la segunda guerra mundial, Winston Churchill, decía: “En toda época llega el momento en el cual un líder debe salir a la delantera a enfrentar las necesidades de la hora. Por lo tanto, no existe líder en potencia que no tenga la oportunidad de hacer una diferencia positiva para la sociedad. Trágicamente, hay veces en las cuales el líder no se levanta en su hora”.

Y en otra ocasión afirma: “En la vida de todos llega un momento especial en el cual, en sentido figurado, les dan un toque al hombro y les ofrecen la oportunidad de hacer algo sumamente especial, único para ellos y ajustado a sus talentos. ¡Qué tragedia si aquel momento les sorprende sin preparación o capacitación para lo que habría sido su hora más sublime!”.

Es mi oración que este libro llegue a la hora indicada y a las personas correctas que sepan levantarse y entender que les llegó su tiempo. Seguramente nunca conoceré el alcance que tendrá este libro para todos los líderes que lo lean. Pero no se nos pidió cosechar, sino sembrar. Este libro es eso: una siembra de todo lo que aprendí en mi vida sobre liderazgo. Que Dios te hable, líder querido, como hace casi 4000 años atrás lo hizo con un joven israelita, y te diga: “¡Líder, llegó tu hora!”

2. Dicho sea de paso, me costó discernir si el título del libro no debiera ser: Líder: llegó tu kairós. Pero elegí el término hora por respeto a quienes no tienen este conocimiento del término griego y que no alcanzarían a entender en qué consistía el mensaje del título.

CAPÍTULO 1

LAS CARACTERÍSTICAS DEL LÍDER

El primer capítulo del libro lo dedicaré a enumerar algunas de las características principales de un líder cristiano.(3) Necesitaría escribir varios libros para colocar todas las características que debe reunir un líder para desarrollar correctamente su liderazgo. Pero como no me es posible hacerlo, me limitaré a exponer solo algunas de las que en estos años de servicio a Dios me han hecho entender que son indispensables para cumplir el rol del liderazgo.

1. LA NECESIDAD DE UN LIDERAZGO

Todo florece o se marchita por un liderazgo. Toda obra buena, grande o fructífera necesita de un liderazgo. Nada se pone en movimiento sin una persona que mueva a los demás. Es como una ley natural. A lo largo de la historia, detrás de todo acontecimiento trascendente ha estado un hombre o una mujer que llevó a otros a concretar un proyecto. Pensemos por ejemplo en Cristóbal Colón, Alejandro Magno, la Madre Teresa de Calcuta, Hitler… etc. Fíjate la variedad de liderazgos que te muestro; sin importar el objetivo moral de quienes lideran, han tenido que asumir ese rol porque hubo una necesidad histórica de que lo asumieran.

Sin ir más lejos, tu misma familia camina hacia delante porque uno de sus miembros (papá, mamá, tu hermano mayor, tú) asumió el liderazgo necesario.

El desarrollo del rol de líder es necesario allí donde hay personas que se sienten movidas o llamadas a cumplir con un propósito. Si se trata de una obra de Dios, Él mismo se encarga de levantar un liderazgo que lleve a una porción de su pueblo a cumplir con su designio.

No hay liderazgo si no hay necesidad de este tipo de conducción. Pero el liderazgo no se lleva a cabo hasta que alguien no se siente llamado a ejercerlo. Y nadie se siente llamado si antes no ha percibido una necesidad en su grupo, equipo, familia o comunidad.

Puede que Dios esté necesitando del liderazgo de alguien que no se hace cargo por el simple hecho de no ver una necesidad a su alrededor. Hasta que no vea la necesidad no asumirá el rol que le toca. Un día leí una frase que decía: “Un líder es el menos conformista de un grupo”. Estoy convencido que así es. El líder es aquel que no soporta quedarse quieto sin hacer nada cuando sabe que se puede hacer algo.

Por eso, si tuviera que definir qué es el liderazgo me gustaría acuñar una serie de definiciones que nos brinda el gran líder John Maxwell:

Liderazgo es sentirse insatisfecho con la realidad actual.Liderazgo es tomar responsabilidad cuando los demás están presentando excusas.Liderazgo es ver las posibilidades que ofrece una situación, cuando los demás solo ven las limitaciones.Liderazgo es estar preparado para sobresalir en medio de una muchedumbre.Liderazgo es estimular en otro la capacidad de soñar.Liderazgo es el poder que ejerce uno para aprovechar el poder de muchos.Liderazgo es hacer que un sueño se convierta en realidad.Liderazgo, por encima de todo, es valentía.(4)

Hoy la Iglesia del Señor está necesitando liderazgo; está necesitando líderes que cambien la situación tan preocupante que estamos viviendo, donde Satanás gobierna con tanta vehemencia a millones y millones que caminan por caminar, sin un rumbo, sin un propósito, y sin alguien que los guíe por las sendas del Señor. Pero para que eso suceda es necesario que Dios suscite en el corazón de los que serán líderes una actitud indispensable: la compasión.

2. COMPASIÓN POR LAS OVEJAS

La primera y más indispensable actitud de un líder o de un futuro o posible líder es la de la compasión. No se puede liderar al estilo cristiano sin esta actitud de base. Liderar no es mandar, sino servir.

Hay distintos tipos de liderazgo en la sociedad. La primera motivación es la que define si se trata de un liderazgo cristiano o no. Uno puede estar motivado a dirigir a los demás por muchas razones:

Para sobresalir de los demás.Para alimentar el propio ego y orgullo.Para dominar a otras personas.Para levantar la autoestima dañada.Para lucrar económicamente a través de ello.Para “cumplir” ocupando el puesto que alguien le encargó.Etc.

Ninguna de estas motivaciones es cristiana en realidad. Para que lo sea debe estar basada en el amor. Por eso, la motivación correcta del líder cristiano debe ser siempre:

Porque me conmueve la situación de los demás.

Conozco a cientos de personas que pudiendo ser líderes no lo son, quizás por el simple hecho de que se han quedado mirando su ombligo y no han levantado su cabeza para ver si podían ayudar a alguien más.

En el año 2000 me alejé por primera vez de Dios y caí en una hambruna espiritual impresionante. Como consecuencia de esto dejé mi comunidad misionera donde servía desde hacía años, pero como un miembro más.

Un día decidí volver a visitar a mis hermanos, y la situación que contemplé era realmente triste. Había solo tres hermanitos que no sabían qué hacer para pasar el tiempo; y mi hermano de sangre, uno de esos tres, estaba tratando de hacer andar una casetera para poner música cristiana en la reunión.

Ese panorama me conmovió tanto, que volví a los pies de Jesús a ofrecerme nuevamente para su servicio. No podía seguir como si nada, con mi vida tan cómoda en medio de los placeres del mundo mientras mis hermanos estaban tratando de llevar adelante, de un modo tan forzoso, sus reuniones. Yo era ministro de música, podía ayudar en eso al menos.

En ese tiempo Dios habló a mi vida diciéndome que me hiciese cargo de mi comunidad apoyando a mi hermano. Empecé acompañando con la música en las reuniones. Pero a los pocos días el Señor me motivó a tomar el liderazgo por entero. Así lo hice por un tiempo de cinco años y medio hasta que vi a mis hermanos ya crecidos y con suficientes líderes como para seguir guiando a la comunidad hacia la tierra que el Señor nos había prometido. No fui un mesías para mis hermanos, en absoluto no lo fui, pero sin lugar a dudas fui un líder. Y ese liderazgo fue la consecuencia del deseo de ver crecer a mi comunidad.

El liderazgo es una cuestión de compasión. Los grandes líderes bíblicos han sido movidos por un impulso de compasión por la situación que sus hermanos estaban viviendo.

Moisés asumió el liderazgo luego de ver la opresión que los egipcios ejercían sobre sus hermanos de raza.Josué aceptó la delegación de mando de Moisés por el anhelo de ver a su pueblo instalado en su lugar definitivo y que deje de andar vagando por el desierto.David comenzó a dirigir a su pueblo al contemplar el peligro de las invasiones filisteas.Nehemías dejó su trabajo en Persia como mano derecha del rey para ir a reconstruir las murallas abandonadas de su pueblo que estaba desanimado.Jesús predicaba y hacía milagros porque veía que el pueblo estaba como ovejas sin pastor (Cf. Mc 6, 34).Pablo se pasó la mitad de su vida entre viajes, peligros y persecuciones por el solo hecho de salvar a las ovejas perdidas que necesitan conocer el Evangelio de la liberación.

Y así podríamos hablar de cientos de casos más.

Tengo una pregunta para hacerte: ¿habrá alguna situación en tu comunidad que necesite que asumas un liderazgo? Quizás no te has puesto a pensar en qué puedes ayudar. Pero puedes ser tú el que haga que cambie la situación paralizante de los tuyos.

La madre Teresa de Calcuta llegó a ser lo que fue porque un día paseando en las calles de Calcuta vio la miseria espantosa en la que la gente vivía allí, se compadeció y asumió el lugar que le tocaba para cambiar esa situación.

La compasión es lo primero que define a un líder cristiano.

3. INFLUENCIAMOS COMO LÍDERES

“Si tienes alguna autoridad la ejercerás sin proponértelo; si no la tienes no la alcanzarás obteniendo títulos o cargos, sino cambiando tu vida” (René Trossero).

Desde el momento en que asumimos el liderazgo nos convertimos en un modelo para los demás y comenzamos a influir en la vida de las personas ya sea para bien o para mal. William Arthur Ward dice: “El maestro mediocre, dice. El buen maestro, explica. El maestro superior, demuestra. El gran maestro, inspira”.

El liderazgo de por sí es influencia. Y tú, líder, que estás leyendo este libro, debes saber que los que están bajo tu liderazgo (y tantos más que no lo estén también) te estarán observando para saber cómo actuar en sus propias vidas. Inconscientemente comenzarán a imitar actitudes tuyas que le hayan impactado, o a repetir palabras o gestos tuyos. Y esto no es porque al otro le falte identidad o personalidad, sino porque tu manera de ser es inevitablemente una influencia para ellos. De hecho, si queremos saber cuánto éxito o fracaso tiene un líder, bastaría con que miremos a su gente, porque tal cual sea el líder, tal serán las personas que son por él lideradas.

Eres un líder si la gente ante cada situación se mantiene mirándote con el fin de averiguar qué piensas.

Pablo sabía del poder de influencia que tenía su ministerio sobre los demás. Y por ello mismo es que entendía lo importante que es el testimonio personal. Cuando le dice a Timoteo: Que nadie menosprecie tu juventud: por el contrario, trata de ser un modelo para los que creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida (1Tim 4, 12), lo que le está indicando es que su liderazgo es influyente sobre los demás. Por ello el testimonio personal es tan importante para ser líder.

Por tanto, el liderazgo no tiene nada que ver con la edad, sino con la influencia que ejerzamos en otros. En este sentido todos de algún modo somos líderes. Pero el liderazgo en Cristo tiene una gravedad extrema porque de nuestro estilo de vida va a depender que uno, diez o millones de millones conozcan a Jesús y se entreguen a Él. No tenemos idea de lo que puede hacer en la vida de los demás un simple gesto o palabra nuestra. A veces son cosas totalmente insignificantes para nosotros las que impactan a otros. Tengo el caso de varios alumnos míos que besan la Biblia cada vez que la cierran por el solo hecho de haberme observado hacerlo a mí.

Somos influencia. No es algo de nosotros lo que influencia, sino nuestra vida entera. Todo lo que hacemos y decimos, lo que pensamos y sentimos puede influenciar la vida de los demás para siempre. La música que escuchamos, la manera de vestirnos, lo que hablamos, lo que estudiamos, dónde trabajamos, nuestro pasado, nuestras metas en la vida, la forma de caminar y de reírnos, nuestros hobbies, etc. Todo, absolutamente todo lo que somos y hacemos es influencia. Es tu estilo de vida lo que afecta a los que te observan. Ven como vives y eso empieza siendo un llamado de atención hasta convertirse en una marca en el destino de las personas.

4. ¿TE ESTÁN SIGUIENDO?

“Un líder es alguien a quien sigues a un lugar al que no irías por ti mismo” (Joel A. Barker).

Una de las maneras de darnos cuenta si somos o no líderes es mirando hacia atrás: ¿Nos sigue alguien? Si nadie nos sigue es porque no somos líderes. John Maxwell dice: “El que cree estar guiando, pero nadie lo sigue, solo está dando un paseo”.

El liderazgo no es cuestión de títulos o de puestos asignados, sino de inspiración. Puede haber -y de hecho los hay- gente que se le dio el título de “Coordinador”, “Responsable”, “Dirigente”, etc. sin que ello implique que lo sea en realidad. Es fácil darse cuenta si está respondiendo a un título o si se trata de un auténtico líder: el líder arrastra a la gente en pos de una meta, moviliza a las personas, les marca el rumbo a seguir, los entusiasma, los inspira a avanzar.

Que alguien salga elegido líder no quiere decir que lo sea. Y que haya alguien que no tenga el título no quiere decir que no sea un verdadero líder.

El verdadero líder no le tiene que recordar a nadie que es un líder para que le lleven el apunte. Si tienes que decir a la gente que eres un líder, si se lo tienes que recordar, es que no lo eres.Si tienes que lograr el respeto o el silencio a fuerza de hacer valer el título, debes saber que lamentablemente no eres un líder aún. En todo caso, el verdadero líder se gana el respeto de los demás por saber manejar las relaciones personales, no por hacer uso del título.