Pan de héroes - Sebastián Escudero - E-Book

Pan de héroes E-Book

Sebastián Escudero

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Beschreibung

Así como el Pueblo de Israel necesitaba el maná para poder sobrevivir en el desierto, nosotros necesitamos nuestro pan espiritual para vivir en el día a día. A modo de cuentos, anécdotas, testimonios personales, parábolas, frases, etc., el autor nos ofrece el fruto de sus predicaciones para hacer crecer nuestro corazón. Si bien fueron escritas y pensadas para alumnos de secundaria, están dirigidas a lectores de toda edad. Estos breves comentarios son un valioso aporte para lograr un espacio de oración tanto de forma personal como para meditar en grupo.

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Seitenzahl: 237

Veröffentlichungsjahr: 2021

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PAN DE HÉROES

SEBASTIÁN ESCUDERO

PAN DE HÉROES

Una colección de mensajes inspiradores

EDITORIAL CLARETIANA

Índice
Portada
Portadilla
Legales
Prefacio
Primera Parte
¿Falta de fuerzas o de voluntad?
Deja de mirar el tablero
El bloqueo del elefante
Si dudas, abortas
Soldado que huye
El perfume del pastor
La compasión idiota
Adrenalinópatas
Dios tiene el control
Y por casa, ¿cómo andamos?
El silencio de los inteligentes
La mejor de todas las biblias
Los aguaduelos
Empuja la vaca
Pescadores de peceras
Cuidado con los aplausos
El secreto de tu habitación
El eterno condenado
Guardianes del tiempo
Quemando naves y escalando sin soga
Bendiciones que marcan destinos
La fórmula del vino
Si eres
El mismo sí
Las dos chispas
Te amo, y punto
El propósito del aceite
El extra
Depende del alimento
No descuides los frijoles
La trampa esquimal
Lajay – roí
No te voy a soltar
El final de la película
Pensamientos rastreros
Lo mejor está por venir
Panda vence a dragón
La “culpitis”
No te olvides de lo más importante
Banquete para mendigos
La visa para los de al-qaeda
El cuarto para las doce
El tatuaje de dios
Dar vuelta la página
¡Pecadores sí, corruptos no!
Me planto
Agentes “xxx”
No le pegues a la piedra
Plumas al viento
El tiempo dirá
El abogado del ego
¿Hospital o museo?
El eterno recurrente
El paquete de galletas
Derriben el puente
Corazón de colibrí
La orden de pompeyo
El “detallito”
La kerkaporta
Déjà vu
Sawabona: Shikoba
Efecto mariposa
Kintsugi, cicatrices de oro
Segunda Parte
Nuestro propósito en la vida
La espiral ascendente
Sonríe siempre
La carencia afectiva
Dios es artista, no mago
Un antídoto contra la amargura
Primero hay que nacer
We are the champions
No usaste todas tus fuerzas
Relájate, yo estoy contigo
La frase que guía mi camino
El vasito de agua
Con la cara en la nuca
Sueño adolescente
Miedosos por ignorancia
Si quieres broncearte
Los beneficios del amor de Dios
Enfrentar los miedos
Luchar por nuestro hogar
Las máscaras
La fuente del amor
Perteneces a la familia de Dios
Sí, se puede
El rencor
Del Tabor al Getsemaní
La clave del fracaso
Una encrucijada más
Deshabitarnos
Dios te ama siempre
Los ganadores
El amor posesivo
En el país de la escasez
El entusiasmo
Tómate tu tiempo
¿Consejeros o cómplices?
La obsesión por la cima
Los límites a los hijos
Dejemos sin trabajo al “ego”
Felicidad es soltar en paz
La raíz de nuestra irritabilidad
No todo depende de ti
Dios me acepta
El respeto en las parejas
Curso de oratoria
Dios de lo imposible

Escudero, Sebastián

Pan de héroes : una colección de mensajes inspiradores / Sebastián Escudero. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-762-088-7

1. Educación Religiosa. I. Título.

CDD 268.4

Editorial Claretiana es miembro de

Claret Publishing Group

Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao • Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè

Diseño de tapa: Equipo Editorial

1ª edición, libro papel, junio de 2015

1ª edición libro digital, marzo de 2021

Todos los derechos reservados

Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723

© Editorial Claretiana, 2015

ISBN 978-987-762-088-7

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

EDITORIAL CLARETIANA

Lima 1360 – C1138ACD Buenos Aires

República Argentina

Tel: 4305-9510/9597 – Fax: 4305-6552

E-mail: [email protected]

www.claretiana.org

A mis alumnos, principales responsables —luego del Espíritu Santo— de que estés por empezar a leer este libro.

Gracias, chicos, por la profunda atención que me prestan desde hace tantos años al comenzar cada jornada con la prédica del día. Se los debía. Sepan que son ustedes los inspiradores y primeros destinatarios de este trabajo. Son los mismos mensajes de cada semana, sólo que en formato papel. Gracias por existir. Los amo.

PREFACIO

Era cerca de las 23 hs. de un día cualquiera de la semana, del año 2002. En mi casa no encontraba espacio adecuado para orar, así que había salido a caminar por los alrededores de mi barrio mientras conversaba con Dios, en una noche aquietada. De repente, paso por una casa y quedo asombrado por lo que mis ojos ven: en un cesto de basura, hay una multitud de libros tirados para que los recoja el camión.

Déjame explicarte algo importante. Yo amo la lectura, desde niño podía pasar horas enteras leyendo cualquier tipo de literatura. Así ha sido durante mi vida entera. Quienes me conocen saben que lo primero que haré cuando entre en una casa es buscar la biblioteca y detenerme un rato a inspeccionar y hojear sus libros.

Puedes imaginar entonces lo que sentí esa noche cuando vi tantos desechados a la basura. ¡Qué horror! ¡Qué crimen! Recuerdo que salí corriendo a buscar a casa una bolsa grande de consorcio. Tenía que apresurarme antes de que me gane el camión de basura. Gracias a Dios, llegué a tiempo. No sé la cantidad de libros que rescaté, pero fue la mayoría.

Cuando llegué a mi casa, con esa bolsa llena, empecé a revisarlos uno por uno. De repente me llamó poderosamente la atención el título de uno: Lecturas Matutinas. Se trataba de una especie de manual de reflexiones para cada día del año. Lo separé del resto, lo limpié un poco y empecé a leerlo. Esa misma noche empecé a escribir este libro, Pan de Héroes. Con ese libro en mano, rescatado del basurero, entendí que Dios me estaba mostrando que debía escribir un libro de reflexiones diarias, con ese estilo; con reflexiones cortas que dejen un mensaje profundo.

El primer ensayo ocupó varias hojas de un cuaderno. El segundo, un par de meses después, lo edité en dos revistas a las que llamé Prédicas motivacionales I y II. Ambas revistas pasarán a la historia de mi vida como el primer material que publiqué. Se vendieron cientos de ejemplares. Pero tuvieron que pasar más de doce años para que saliera a la luz en formato libro.

Hoy tengo el altísimo honor de presentarles este, mi quinto hijo literario. El título del mismo tiene cerca de seis años y está sacado de un texto bíblico que me impactó, a mediados del 2008, mientras leía la Biblia del peregrino de Alonso Schöekel: el salmo 105, versículo 40. El salmista va enumerando una a una las acciones gloriosas de Dios para liberar y demostrar su amor a su pueblo. Y entre ellas nombra la siguiente:

…los sació con pan de héroes.

Con este sintagma, se está haciendo referencia al maná, ese pan que alimentó al pueblo de Israel en su estadía por el desierto, que caía del cielo para alimentar a esos valientes héroes hambrientos. El alimento les permitía seguir avanzando en aquella hostil travesía rumbo a la tierra prometida.

Creo que nosotros también necesitamos un alimento diario similar, en el desierto de nuestra vida rumbo a la tierra prometida que habitaremos definitivamente un día. También hoy necesitamos ese pan celestial. Ese pan es, sin duda, la Palabra de Dios, que me analizaré en un formato de pequeñas reflexiones para que puedan ser un alimento espiritual para fortalecer el espíritu.

Lo ideal sería leer una reflexión por día, de manera tal que podamos rumiarla adecuadamente a lo largo de la jornada. Este no está pensado como un libro de lectura continua, sino más bien como parte de un proceso de reflexión y meditación diaria que nos permita degustar, analizar, orar y poner en práctica los principios enseñados.

El estilo utilizado es el mismo al de los anteriores libros que escribí. No quiero hacer teología, psicología o filosofía, sino tal vez una mezcla de las tres, pero desde un enfoque espiritual. Una vez más, respetando mi estilo literario, uso un lenguaje que intenta escapar a la monotonía y a la pesadez y que busca ser accesible a través de cuentos, anécdotas, leyendas, películas, testimonios personales, parábolas, frases biografías, etc., recursos que le permitan meditar tanto a un niño como a un anciano.

He procurado la variedad, cambiando permanentemente de temáticas para reflexionar. Por lo cual no será posible hacer una lectura continuada de reflexiones sin tener que hacer una pausa mental entre enseñanza y enseñanza.

Hacia el final del libro, agrego una sección de pequeñas meditaciones, más cortas que las anteriores. Se trata de pequeños fragmentos de frases que he ido publicando en mi cuenta de la red social Facebook, semana tras semana, estos últimos años, y que muchas personas me pidieron que las publique. Creo que este es el mejor espacio para hacerlo. Y como no voy a dejar de publicar estas frases, intuyo que este es el primer tomo de varios Pan de héroesque el Señor me va a permitir escribir.

Ruego a Jesús que derrame su bendición amorosa en cada palabra que leas de este nuevo trabajo que Él me encomienda. Que sea para tu alma un alimento nutritivo que te lleve a escudriñar más y más las escrituras.

No dudes que este libro es para ti… claro que lo es… es el tipo de alimento que necesitan personas como tú.

Sebastián Escudero,

Junio de 2014

[email protected]

PRIMERA PARTE

¿FALTA DE FUERZAS O DE VOLUNTAD?

Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla (1 Cor 10, 13).

Las tentaciones y las crisis no vienen de Dios, sino del diablo y del mismo hombre. Pero Dios permite que estas intervengan en nuestras vidas para hacernos crecer.

Cuando falleció mi madre, pensé que no podría soportar tanta angustia; hasta tuve la tentación de abandonarme pero no lo hice porque su palabra lo afirma: Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla.

Sé que muchos de mis alumnos no podrían soportar esa crisis de perder a su madre hoy… así que no les va a suceder. Las cosas suceden porque tenemos fuerzas para afrontarlas. Cuando bajamos los brazos no es por falta de fuerzas, sino de voluntad.

Por lo tanto, nadie puede argumentar que tal crisis o tentación es demasiado fuerte, demasiado difícil de soportar. Algunos encuentran en esta falsa creencia la excusa perfecta para dejar de luchar. Pero lo cierto es que Dios conoce nuestros límites y no permitirá que seamos tentados ni probados más allá de lo que podamos resistir.

Uno de los más grandes engaños del enemigo es hacernos creer que no hay forma de superar esa tentación que estamos experimentando. Eso nos hace tirar la toalla y relajarnos, porque llegamos a la ridícula conclusión de que esa prueba es más grande de lo que somos capaces. Cuando en realidad se trata de una prueba o tentación más grande en todo caso de lo que estoy ya dispuesto a soportar.

Cuando el diablo venga a mentirnos, aferrémonos a aquel consejo práctico que nos brinda el apóstol Pedro: Resístanle firmes en la fe, sabiendo que nuestros hermanos en este mundo se enfrentan con persecuciones semejantes (1 Pe 5, 9).También el apóstol Santiago nos enseña que debemos mantenernos firmes en la tentación: Resistan al diablo y él huirá de ustedes (Sant 4, 7b). San Pablo también afirma algo en consonancia con los otros dos apóstoles: Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio (Ef 6, 11).

¿Te has dado cuenta de cuál es el verbo común de todas estas citas bíblicas? El verbo resistir. De resistir se trata si quieres triunfar.(1)

Detrás de cada tentación grande hay una bendición grande. Tomás de Kempis nos dice en La imitación de Cristo: “la tentación suele ser señal precedente de que vendrá la consolación.”(2) En los casos de renuncia de un mal hábito, ciertamente el síndrome de abstinencia que implica el mantenerse con el firme propósito de salir de eso produce un violento estrés para resistir y no volver a caer en ese vicio. Y el diablo pondrá los medios para hacerte creer que no hay salida, que inevitablemente volverás a lo mismo. Pero tú no le creas.

El padre Antonio Royo Marín enseña que “a veces la tentación no desaparece enseguida, y el demonio podría atacar una y otra vez con gran tenacidad. Uno no debería desanimarse por esto. La insistencia del demonio es una de las mejores pruebas de que el alma no ha sucumbido a la tentación”(3).

Somos desafiados por Dios a niveles más altos de madurez cada vez que superamos una tentación. Simplemente cuando seas tentado, prepárate: se viene un nuevo paso de madurez. Pídele a Dios tener fuerza de voluntad para enfrentarla.

DEJA DE MIRAR EL TABLERO

Soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio (2 Tim 4, 5).

En una ocasión me descubrí enojado mirando una y otra vez el tablero de mi auto que me indicaba que me estaba quedando sin nafta. Y de golpe entendí que no ganaba nada con mirar tanto el tablero; lo que tenía que hacer es llenar el tanque. Me llevó a pensar en la cantidad de veces que perdemos el tiempo inútilmente mirando el problema y no la solución, luchando con una situación, con un hábito, con una debilidad o con un pecado, revolcándonos en un mar de culpas que no nos llevan a ningún lado, cuando lo que debiéramos hacer es buscar ser llenos de Jesús y esas cosas se disiparán solas. Alguien dijo que es más fácil encender una pequeña luz que luchar contra la oscuridad.

Mirar el tablero es mirar lo que nos falta, y si nos quedamos mirando lo que nos falta, lo duro de la crisis, lo imposible que sería alcanzar las metas, etc., es un hecho de que nos va a ir mal. Porque, así como tenemos fe en el poder de Dios, podemos tener fe en el mal, en el fracaso.

Déjame colocar algunos ejemplos para que sea más entendible la cuestión. En una de las visitas del padre Darío Betancourt a mi ciudad, el sacerdote estaba predicando en un estadio de fútbol sobre las tentaciones. Y en un momento preguntó a las miles de personas que estaban allí: “¿Cuántos de ustedes están luchando por no pecar?” Todo el estadio levantó la mano, incluidos sacerdotes y monjitas que se encontraban en el encuentro. El padre Darío comenzó a reírse. Y al rato dijo: “Entonces están todos equivocados. No debemos luchar por no pecar. Debemos luchar por estar más cerca de Jesús, y con Él a nuestro lado se disiparán las tinieblas del pecado en nuestra vida”. Y todo el estadio prorrumpió en aplausos y gritos de júbilo.

Esto es una gran verdad. Debemos concentrar nuestra atención en Dios, y no en el pecado; en la solución y no en el problema, en cargar nafta y no en mirar el tablero a cada rato. Luchar contra una tentación sólo intensifica nuestro enfoque en lo malo fortaleciendo su fascinación. Los santos están tanto tiempo con Dios que las tinieblas de sus vidas se disipan solas. Ellos no luchan por no caer en tentación; ellos están concentrados en estar cerca del Dios al que aman.

Cada vez que intentamos bloquear un pensamiento en nuestra mente lo que estamos haciendo es grabarlo más intensamente en nuestra memoria. Lo mismo sucede con nuestros sentimientos: cuanto más luchamos contra un sentimiento, más somos controlados por ellos, y de esa forma nos mantenemos cada vez más esclavos de ese odio, de ese rechazo, de ese miedo, etc.

La solución, si bien no es fácil, ciertamente es sencilla: concéntrate en otra cosa. No luches contra ese pensamiento, sino más bien cambia el cauce de tu mente.

En definitiva, y empleando un término de Andrew Mathews: “gravitamos hacia nuestros pensamientos dominantes”.(4) La mayoría de las dietas no resultan por el simple hecho de que nos mantienen enfocados y concentrados todo el tiempo en la comida.

Deja de mirar el tablero de lo que te falta para ser santo y busca un surtidor de nafta urgente. Fija tu concentración en Jesús. Cuando tu mente y tu corazón están puestos en Él, la tentación pierde su poder y su tiranía. Lee la Biblia, ora, recurre a los sacramentos, ocupa tu mente en la lectura espiritual o edificante, involúcrate en servicios para el Reino, etc. Esto le indica san Pablo a su discípulo Timoteo, que estaba rodeado de mil problemas: “No hagas caso de tus propias penas” (2 Tim 4, 5). En otras palabras, deja de mirar el tablero, más bien carga nafta de una vez por todas.

El bloqueo del elefante

Pero los hombres que habían subido con él replicaron: No podemos atacar a esa gente, porque es más fuerte que nosotros (Nm 13, 31).

¿Qué será lo que les puede hacer pensar a las personas que no pueden, que no son capaces, que no van a alcanzar una meta… que es imposible? En mi humilde opinión, creo que se debe a que sufrimos el bloqueo del elefante. Si vamos a un circo o a un zoológico, encontraremos a un elefante atado con una soga a una pequeña estaca enterrada en el suelo, sin moverse. Lo primero que uno se pregunta es cómo es que semejante bestia no se da cuenta que, con un solo movimiento de su pata, podría liberarse. Lo que sucede es que desde que era un pequeño elefante lo ataron a un gran árbol o a un poste sólido; y tanto hacer fuerza para liberarse se terminó convenciendo de que no se puede. Eso lo bloqueó para siempre. Cada vez que se ve atado a lo que sea algo dentro de él le dice: “no se puede”.

Hubo un día, un terrible día para su historia, en que el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –¡pobre!– que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez.(5)

Tú y yo somos interiormente del tamaño de un elefante, pero quizás también tenemos un bloqueo semejante al de ellos. Alguien desde niños nos hizo creer que no se puede, que siempre vamos a estar en el mismo lugar, que no nos da la cabeza, que es imposible cambiar nuestras circunstancias. El tema es que el elefante no puede liberarse de ese bloqueo porque está determinado por su instinto. Pero tú y yo, no. De la mano de Jesucristo podemos superar esos bloqueos.

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad condicionados por el recuerdo de «no puedo». Tu única manera de saber es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón.

Siempre recuerdo un bloqueo del elefante que tengo con la comida desde que soy niño. Un tío, viendo que demoraba en comer, no tuvo mejor solución pedagógica que mirarme a la cara y decirme que el estómago tarda 20 minutos en digerir alimentos desde el momento que empezamos a comer. Si no comemos dentro de este tiempo se nos cierra el estómago y podemos morir. Yo quedé tan traumado, tan bloqueado con eso, que empecé a comer rápido, para que no se me cerrara el estómago. No quería morir. Y hasta el día de hoy llevo incorporado un mal hábito alimenticio de comer rápido y no saber digerir correctamente los alimentos.

Ahora bien, eso no es tan grave, pero hay otros bloqueos que verdaderamente pueden anular nuestro destino, como puede ser el de no volver a intentar rendir un examen, no volver a abrirle nuestro corazón a nadie luego de una desilusión amorosa, no volver a cuestionarnos esas maldiciones que nos dijeron cuando éramos niños, etc. Bloqueos del elefante que no nos dejan crecer en paz.

Escribí un libro entero acerca de esta problemática: mi cuarto libro No me digas que no podrás (6). En el mismo explico que todos los seres humanos tenemos un potencial extraordinario dentro de nosotros. El gran problema es que el enemigo se encarga de mentirnos acerca de nuestro valor. Y la mayoría le cree. Por eso nos damos por vencidos.

Así que déjame darte un consejo: la próxima vez que te sientas atrapado por cualquier tipo de atadura levanta tu pie y verás lo fácil que es ser libre.

SI DUDAS, ABORTAS

“Nunca dudes en la oscuridad de lo que Dios te dijo en la luz” (Raymon Edman).

Cuando contemplo y medito la escena de la anunciación del arcángel Gabriel a la virgen María no puedo dejar de pensar lo trascendental de su sí. San Agustín enseña que “María quedó embarazada por oír la Palabra”. Es decir, fue su fe la que dio comienzo a la encarnación del Hijo de Dios en su vientre.

Ahora bien, ¿qué pasaba si dudaba a partir de entonces? Tamaña la responsabilidad que le asignó Dios... es que si dudaba, abortaba al Mesías que estaba en su vientre. Y la grandeza de la Virgen no fue solamente haber dado comienzo al verbo encarnado dentro de ella... sino más aún haber mantenido su convicción durante toda la vida. Puedo imaginármela diciéndole a Dios “creo” en momentos particulares de su vida, cuando pareciera que no existe ningún motivo para seguir creyendo:

Cuando tenía que limpiarle la colita siendo un bebé.... “Creo que es el Hijo de Dios que me anunció el Ángel”.

Cuando tuvo que enseñarle a rezar.... “Creo...”.

Cuando lo veía trabajar la madera en su carpintería sin contemplar ningún milagro maravilloso... “Creo...”.

Cuando lo vio clavado en esa cruz desfigurado, con su cuerpo triturado por los latigazos... “Creo...”.

La gloria de María no sólo consistió en creer en un momento histórico, sino en mantener su convicción cuando la noche no le brindaba motivo alguno para seguir creyendo.

Tenemos que aprender a no dudar en la noche de lo que nos fue revelado a plena luz del día. Esta verdad es la que puede salvar a un matrimonio cuando está lejos de aquella época de brillo en el noviazgo o de aquella inolvidable luna de miel; o a una persona a punto de abandonar su vida sacerdotal o religiosa. No tenemos que dudar de lo que ya se nos fue revelado.

Dudar puede llevarnos, de un arrebato, a perder lo que construimos toda una vida. Dudar te puede hacer abortar esa visión, ese sueño. Si Dios dijo que no va a llover, no llevemos paraguas. Y si llueve y Dios dice que va a parar, no construyamos arcas. No hagamos un plan b cuando Dios nos revela algo. La Biblia dice: Si ustedes no creen, no subsistirán (Is 7, 9b).

Esta Palabra cobró fuerza en mi vida con algo que me pasó exactamente el 4 de enero del 2010. Estaba haciendo cola para entrar a la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Viajé desde Córdoba en busca del visado para viajar a New York para dar una serie de giras, de conciertos y prédicas en dos estados y en más de diez parroquias. Tenía todo armado, los afiches míos ya colocados en NYC anunciando mi llegada. Empezaba el 14 de enero el primer mensaje. Pero a medida que avanzaba la cola me entró el miedo de que no me dieran la visa, ya que veía personas que salían llorando amargadas porque les habían rechazado la petición. Así que, antes de que llegara mi número, llamé a mis hermanos Misioneros Mensajeros de Jesús que estaban misionando en Salta y les pedí que por las dudas me guarden un colchón para ir a misionar con ellos, en caso de no obtener el visado. Así, preparé un plan b.

No hace falta te cuente que me negaron la entrada a EEUU, ¿no? Fue mi duda la que me hizo abortar este gran proyecto de Dios de evangelización en Norteamérica. Me quisieron consolar con muchos argumentos sobre el porqué de aquel rechazo. Pero siempre supe que fue mi vacilación del final la que me hizo temblar frente a la jueza del departamento de visas.

Es que hay momentos cruciales en nuestras vidas en que dudar nos puede conducir lenta o letalmente al final; son momentos críticos en que si dudas, abortas.

Soldado que huye (7)

Huye del pecado como de una serpiente, porque si te acercas, te morderá (Eclo 21, 2).

Es híper conocido por todos aquel refrán que dice: “Soldado que huye sirve para otra batalla”. Esto puede ser un acto de cobardía aplicado a muchas situaciones. Pero, aplicado a las tentaciones de tipo sexual, es un acto de suprema prudencia y sabiduría. Ya desde la época de los Padres de la Iglesia se nos enseña que se puede hacer resistencia a todas las tentaciones, excepto a aquellas referidas a la fe y a la pureza sexual.(8)

En todos los casos de caídas hay una regla de oro que vale la pena tener en cuenta: “Siempre hay un sí que se dijo cuando todavía se podía decir que no”. Siempre hay un mensaje que se podía haber evitado. Siempre hay una llamada que se podría no haber contestado. Siempre hay un paseo que se podría haber obviado. Porque hay un momento que ya es demasiado tarde… las cartas están tiradas sobre la mesa.

La manera de evitar caer en la tentación es huir lo antes posible de ella, apenas fuimos tentados; tan simple como eso. Este principio es el que aplicó José en Egipto, cuando, mientras trabajaba en la casa de Putifar, funcionario del palacio de Faraón, fue seducido por la esposa de aquel para tener relaciones sexuales: Ella lo tomó de la ropa y le insistió: Acuéstate conmigo. Pero él huyó, dejando su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí (Gn 39, 12).

Y eso es lo que Pablo aconseja: Huyan de la fornicación (1Cor 6, 18). La voluntad de Dios es que sean santos, que se abstengan del pecado carnal (1Tes 4, 3). No cedas a los impulsos propios de la juventud (2Tim 2, 22).

No debemos ni siquiera conversar por un instante con el diablo, simplemente se trata de huir.

Si estás a punto de faltarle el respeto a tus padres... ¡HUYE!

Si estás a punto de insultar a esa persona… ¡HUYE!

Si te encuentras con alguien que resulta ser una seducción en tu vida y que te puede conducir al adulterio… ¡HUYE!

Si estás tentado de entrar a ese sitio pornográfico… ¡HUYE!

Si no quieres que las abejas te piquen, mantente lejos del panal.

Huye de la inmoralidad. Aléjate de los sitios que te tienten a pecar. Saca la computadora de tu habitación y colócala a la vista de todos. Si es necesario, ponle una contraseña que sólo un familiar conozca. Recuerda que tu primera tarea no es resistir, sino huir. Huye de la tentación, así como también de la compañía de aquellos que pueden hacerte caer en el lazo de la seducción.

Contra el diablo, el consejo bíblico es resistir y él huirá; contra la flaqueza espiritual, Jesús nos exhortó a velar; pero contra el pecado sexual, el mandamiento es huir. De ningún otro pecado la Biblia nos manda a huir sino de la idolatría y de la fornicación. En otras palabras, cuando se trata de tentaciones sexuales, Dios nos invita a ser cobardes.(9)

Si te encuentras en una habitación cara a cara con una profunda tentación, ni se te ocurra ponerte a orar. No quieras empezar a filosofar. No intentas por nada del mundo poner a prueba tu capacidad de resistencia. No lo hagas. Simplemente huye… y lo más rápido posible. Soldado: es mejor perder una batalla que la guerra entera.

El perfume del pastor

El guardián cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz (Jn 10, 2-5).

En su homilía de la misa crismal del jueves santo del 2013, apenas unos días luego de haber sido elegido sumo Pontífice de nuestra Iglesia Católica, el papa Francisco dijo algo que quedará para los siglos de los siglos como una afirmación lapidaria:

El sacerdote que sale poco de sí se pierde lo mejor de nuestro pueblo. (…) De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con ‘olor a oveja’, pastores en medio de su rebaño; esto les pido: sean pastores con «olor a oveja», que eso se note… y pescadores de hombres (10).

Ya antes de ser papa, cuando aún era arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio sostenía que: