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Poco más de quince anos después de su irrupción en ei gran público, y grados o su singular naturaleza, Internet se ha convertido en un medio imprescindible para la humanidad. Esto explica que venga siendo objeto del afán de poder de los Estados, disputado campo de juego para muchas empresas y también, por desgracia, espacio de creciente acción para la delincuencia. En todo caso, su presencia siempre genera desafíos de enorme importancia, ya amenazadores, ya prometedores, a ¡os que apenas se ha comenzado a dar respuesta. En el presente libro, Pablo García Mexía, experto en temas sociales relacionados con la Red, analiza una realidad candente que nos afecta a todos de un modo u otro, a partir de historias: casos de éxito o fracaso, simpáticos o trágicos, notorios o discretos, sucedidos en internet o alrededor de ella a partir de mitad de ios noventa. Escrita en un estilo abiertamente divulgativo, dinámico y ameno, pero sin rehuir el rigor y la profundidad científica o tecnológica en ocasiones requerida, esta obra pretende acercar a un amplio círculo de lectores a un medio que transformará hondamente y para siempre nuestro futuro.
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Veröffentlichungsjahr: 2012
HISTORIAS DE INTERNET
Casos y cosas de la Red de redes
PABLO GARCÍA MEXÍA
Valencia, 2012
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ISBN 978-84-15442-61-5
MAQUETA: PMc Media
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A María, mi esposa, siempre comprensiva oyente de todas estas historias
Prefacio
Poco más de quince años después de su irrupción en el gran público, y gracias a su singular naturaleza, Internet se ha convertido en un medio imprescindible para la humanidad. Esto explica que venga siendo objeto del afán de poder de los Estados, disputado campo de juego para muchas empresas y también, por desgracia, espacio de creciente acción para la delincuencia. En todo caso, su presencia siempre genera desafíos de enorme importancia, ya amenazadores, ya prometedores, a los que apenas se ha comenzado a dar respuesta.
El presente libro analiza una realidad candente que nos afecta a todos de un modo u otro, a partir de historias: casos de éxito o fracaso, simpáticos o trágicos, notorios o discretos, sucedidos en Internet o alrededor de ella a partir de mitad de los noventa.
Escrita en un estilo abiertamente divulgativo y dinámico, pero sin rehuir el rigor y la profundidad científica o tecnológica en ocasiones requerida, esta obra pretende acercar a un amplio círculo de lectores a un medio que transformará hondamente y para siempre nuestro futuro.
Madrid, mayo de 2012
Capítulo PrimeroInternet, un medio revolucionario
“This is the grand annihilation of time and place which we are all striving for, and which in one small part we have been permitted to see actually realised.” [“Ésta es la gran aniquilación de tiempo y lugar por la que todos venimos luchando, y que, en una pequeña parte, se nos ha permitido ver efectivamente realizada.”]
Samuel Butler (1835-1902), literato y pensador inglés, a propósito del telégrafo, en 18631.
Ya que hablamos de historias, arrancaré con una personal. Corría 1994 y me encontraba ampliando estudios en Boston, EE.UU. Por aquellos años, Internet comenzaba a asomarse, aún tímidamente, al balcón del gran público norteamericano, en forma de las primeras webs, los primeros buzones de correo electrónico, los primeros navegadores (¿se acuerdan del viejo Netscape?). Asistir a ese despertar en el país que protagonizó los orígenes de Internet desde fines de los años cincuenta y del que procedía la mayor parte de las principales innovaciones al respecto, permitía vislumbrar con especial claridad la extraordinaria importancia del fenómeno. Ya por entonces, podía entreverse que Internet estaba llamada a ser un medio absolutamente revolucionario para nuestro tiempo. Hoy ya es casi un tópico afirmarlo.
¿TAN NECESARIO COMO EL AIRE O EL AGUA?: INTERNET COMO MEDIO “VITAL”
En un formidable ensayo de 1999, el gran físico de Princeton Freeman Dyson fijaba en Internet uno de los tres grandes pilares de desarrollo futuro de la Humanidad, junto al “sol” (es decir, la tecnología derivada de la energía solar) y el “genoma”, es decir, las biotecnologías2.
Dyson demuestra que esto es así porque Internet tiene el carácter de proyecto “sostenible”, es decir, un proyecto “lo suficientemente barato como para ser el primero de una serie que habrá de continuar indefinidamente en el futuro”3.
Y el maestro de Princeton da en el clavo, pues una de las cosas de las que ese “proyecto” llamado Internet puede presumir es de ser en su momento una inversión decididamente barata: según el profesor de Temple University David Post, costó menos de 100 millones de dólares entre 1964 y 19834,cantidad que Vinton Cerf, uno de los indicutibles padres fundadores de esta Red, eleva a unos 200 millones de dólares5. En cualquier caso, tan bajo presupuesto, comparado con su incalculable valor actual, hace sin duda de Internet “una de las inversiones públicas más productivas de la Historia de la humanidad (si no la más).6”
Ciertamente, como el prestigioso jurista de la Universidad de Columbia Tim Wu ha resaltado, “Internet no es la primera tecnología de la información que supuestamente habría cambiado todo para siempre, pues los últimos cien años han venido contemplando una sucesión de optimistas y abiertos medios, como el teléfono, la radio, el cine, la televisión o el cable…”, inicialmente orientados a ese mismo destino7.
No obstante, si a algo responde este libro, y a algo se dedica el grueso de sus páginas, es a la profunda convicción de que la Red verdaderamente está cambiando casi todo para mucho tiempo, de que es un medio de importancia extraordinaria en la Historia de la humanidad entera.
También lo cree así Freeman Dyson, para quien un proyecto como Internet “marca el comienzo de una nueva era” (a diferencia de los proyectos insostenibles, que “marcan el final de una antigua”)8.
E igualmente mi amigo Andreu Veà, destacado tecnólogo y presidente del Capítulo español de Internet Society, pues en su opinión el salto que Internet aporta a las comunicaciones humanas goza de un carácter “definitivo”. En efecto, como Veà explica, la comunicación oral entre dos personas habría tenido por primera vez lugar en torno a 300.000 años antes de Cristo, en tanto que la escritura sumeria está documentada alrededor del año 3.000 antes de Cristo: estas dos formas de comunicación, en sus variedades oral y escrita, comparten la característica de producirse exclusivamente entre dos seres humanos, “uno a uno”. La imprenta cambiaría este esquema, al abrir la posibilidad de comunicaciones entre una persona y “un número n” o indeterminado de destinatarios del mensaje. Internet da un paso más, pues con ella las comunicaciones son posibles de un número indeterminado a otro número indeterminado de personas, es decir, “de n a n”: esta modalidad de comunicación se podrá por supuesto mejorar tecnológicamente (más velocidad, mayor calidad, etc.), pero no ya alterar en su sustancia9. Al respecto, puede verse la Figura nº 1.
Figura nº 1. Internet en el contexto de las comunicaciones humanas
Fuente: Andreu Veà Baró
La gran historiadora británica Frances Yates se mueve en coordenadas de no menor trascendencia en el pasado de la humanidad. Yates dedicaba su magistral obra El Arte de la Memoria, publicada en 1966, a explicar cómo las técnicas memorísticas que hundían sus raíces en el clasicismo griego contribuyeron a preservar y expandir la cultura occidental. Así sucedió hasta la llegada de la imprenta a mediados del siglo XV: desde entonces comenzó a abrirse paso, aunque todavía impregnada por una “concepción animista del universo, operada por la magia”, la nueva “concepción de un universo mecánico, operada por la Matemática”10.
Ese universo mecánico es precisamente el que en nuestros días comienza a ser reemplazado por el “universo digital”. Sin que falten ideas como la del conocido (y polémico) científico Stephen Wolfram, quien propone la superación de la Matemática por la Ciencia de la Computación (o Computer Science), como instrumento de explicación, no sólo del mundo natural, sino incluso de procesos sociales11.
Se debe probablemente al profesor Nicholas Negroponte, director del Media Lab del MIT, uno de los polos de investigación en la materia más prestigiosos del planeta, el haber resaltado con mayor claridad un efecto fundamental de la tecnología digital: la llamada convergencia entre los sectores TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Efectivamente, sectores aún hoy suficientemente diferenciables, como son la informática, las telecomunicaciones y los medios audiovisuales, así como los servicios de todos ellos derivados, vienen confluyendo cada vez más entre sí, hasta el punto de no poder ya entenderse sino en una estrecha interrelación. La convergencia ha generado de hecho todo un nuevo sector, el multimedia, caracterizado por la posibilidad de acceder a todo tipo de información digitalizada (voz, texto, vídeo, imagen fija), de modo interactivo, en cualquier momento y en cualquier lugar12.
Si todo esto es así, Internet viene a la vez siendo calificada como “el motor principal y simbólico de la convergencia”, en frase de Paloma Llaneza, una de las más significativas juristas españolas especializadas en estas materias13. Al fin y al cabo, esos tres sectores recién mencionados confluyen con toda naturalidad en Internet, la cual se ha erigido gracias a esto en indiscutible vanguardia de la sociedad de la información.
Muy conscientes de ello, por cierto, algunas de las firmas más y mejor implantadas en el sector de las TICs, han comenzado ya a “afilar sables”, con vistas a asegurarse posiciones de privilegio en el “medio Internet”.
No en vano, Internet ha transformado de raíz el tradicional modelo de negocio de las empresas de telecomunicaciones, originariamente fundado, de modo primordial, en las comunicaciones telefónicas fijas y posteriormente en las móviles: según indica la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en un informe emitido en 2011, las primeras van cediendo terreno de forma continua desde 2005 a favor de las móviles, especialmente en los países desarrollados14; en tanto que éstas van, cómo no, fundiéndose cada vez más con la conectividad a Internet15.
Por otro lado, la Red ha igualado ya a la televisión como el medio de comunicación más utilizado en muchos países avanzados: así, por ejemplo, un estudio elaborado por la consultora tecnológica y de negocio estadounidense Forrester, revelaba en diciembre de 2010 que el público norteamericano pasaba una media de trece horas semanales viendo televisión tradicional, siendo éste el mismo número de horas dedicadas al uso de Internet16.
Por supuesto que el público joven (menores de treinta años) lleva ya tiempo dedicándole prácticamente las mismas horas a Internet que a la televisión (por ejemplo en España, algo más de 18 a la semana en 2009, por algo más de 21 a la televisión)17; pero el público de este segmento llega más allá, pues los jóvenes ven normalmente televisión en combinación con Internet o meramente a través de ella18.
Cosa esta última que es presumible hagamos más pronto que tarde casi todos los demás, si hacemos caso al estudio de la consultora de negocio, también estadounidense, Bain & Company, dado a conocer en noviembre de 2011: tras realizar encuestas a más de tres mil consumidores en cinco relevantes países de América, Asia y Europa, Bain & Co. concluye que la Internet TV, es decir, la televisión conectada a Internet, estará presente en un 60% de hogares de dichos países para 201419.
Ya utilicemos “la caja del televisor” para “ver” Internet; ya naveguemos por la Red a través de “una pantalla alternativa” a la del ordenador, lo cierto es que con la Internet TV, Internet y televisión quedarán aún más estrechamente vinculadas: o por mejor decir, muy probablemente la televisión habrá comenzado a ser absorbida por Internet, la cual, gracias a estos nuevos dispositivos, podría terminar canalizando todos los contenidos, incluso los que hoy se emiten por televisión (por ondas o por cable). En el fondo, no es pues la televisión la que “se cuela” en el ordenador, sino que es Internet la que da “el gran salto a nuestro salón”, ese lugar donde desde hace más de medio siglo solamente reinaba el televisor.
Regresemos no obstante al citado estudio de Forrester, pues lo más novedoso del mismo es que también los miembros de la llamada “Generación X” (nacidos entre 1965 y 1980) dedican ya más tiempo a Internet que a la televisión; en tanto que ese tiempo es aproximadamente el mismo para los nacidos entre 1955 y 196520.
Según pone de relieve una estadística dada a conocer por el Pew Research Center en enero de 2011, igual tendencia se observa en relación con el seguimiento de noticias, al menos en los EE.UU.: los periódicos y la radio son en este caso los principales perjudicados; unos y otros son ya holgadamente superados por la Red en todos los tramos de edad, que solo tiene por delante a la propia televisión (si bien los menores de treinta años utilizan ya Internet como medio primordial de información, incluso por delante de la televisión)21.
Al fin y al cabo, “los segmentos de población más madura [mayores de 45 años] se están contagiando a cada vez mayor velocidad de las ventajas de la sociedad de la información”: así lo ponía de relieve en ese mismo mes de enero de 2011 la Fundación Telefónica, respecto del público español22.
No es de extrañar: como más adelante iremos constatando, ese ciudadano al que la Red proporciona mejores instrumentos de participación política, es al tiempo, y de nuevo gracias a Internet, un consumidor con muchas más opciones de optimizar sus inversiones, evitando pagar un paquete completo de 300 canales de televisión, por ejemplo, de los que solo ve de ordinario 10; o de personalizar sus preferencias, viendo todos los partidos Barcelona-Real Madrid en la liga española, en lugar de un canal permanente sobre submarinismo en el Pacífico Sur.
Como acabamos de ver, medios de comunicación clásicos como la radio o la prensa escrita se ven ante tesituras parecidas, hasta el punto de ser ya hoy un tópico que la única opción de futuro para ellos es la de adaptarse a la Red: para empezar, estando por supuesto presentes de un modo eficaz y atractivo en ella; y adicionalmente, esforzándose por extraer de Internet todas las oportunidades que sin duda les puede ofrecer23.
En realidad, y ya hemos anticipado la idea a propósito de la televisión, esa “convergencia digital”, más que una fusión “entre iguales”, estaría en realidad desembocando en una fusión “por absorción”, en la que Internet (y su imprescindible componente informático) estaría comenzando a englobar a los otros dos sectores de las telecomunicaciones y de los medios tradicionales de comunicación.
Otros, como el profesor de Harvard Jonathan Zittrain, han incidido en el carácter vital de la Red para la vida de las personas24. Y ciertamente es así, francamente es difícil hoy en día trabajar sin Internet, pasar un rato de ocio sin reparar en ella, o prescindir de su utilidad para buscar un restaurante, una ruta en bici… Tanto es así, que una encuesta publicada en septiembre de 2011 por la multinacional tecnológica norteamericana Cisco revela que un tercio de los jóvenes de 14 importantes países de todo el mundo (entre ellos España) consideran Internet un recurso tan necesario para la vida… ¡como el aire, el agua, la comida o el alojamiento!25 Evidentemente esa comparación resulta muy exagerada; pero quizá no lo sea tanto comparar este recurso con el de otros también ya hoy del todo cotidianos, como el fluido eléctrico, el telefónico o el de gas… Si la ausencia de cualquiera de éstos nos puede llegar a hacer la vida diaria muy incómoda, muy probablemente podamos decir lo mismo si nos falta Internet.
En el momento en que se escriben estas páginas, a fines de 2011, Internet se utiliza en el mundo por unos dos mil millones de personas, que la emplean como herramienta para interactuar, con una intensidad y a un ritmo verdaderamente vertiginosos: la figura nº 2 muestra muy gráficamente la enorme cantidad de acontecimientos que la Red registra en tan solo sesenta segundos. El salto desde los apenas 13 ordenadores conectados a Internet en torno a 1970 es literalmente exponencial26.
Figura nº 2. Infografía de Internet cada Sesenta Segundos
Fuente: Shanghai Web Designers27.
1 “A First Year in Canterbury Settlement with Other Early Essays. Darwin Among the Machines” [To the Editor of the Press, Christchurch, New Zealand, 13 June, 1863]. Citado por G. Dyson, Darwin amongst the Machines, The Evolution of Global Intelligence”, Addison-Wesley, 1997.
2 F. Dyson, The Sun, the Genome and the Internet. Tools of Scientific Revolutions, Oxford University Press, 1999.
3 F. Dyson, cit., p. 34.
4 D. Post, In Search of Jefferson´s Moose. Notes on the State of Cyberspace, Oxford University Press, 2009, p. 58.
5 “A Conversation with Internet Inventors Vinton Cerf and Stephen Crocker”, Smithsonian American Art Museum, 9 de noviembre de 2011, http://www.americanart.si.edu/calendar/lectures/archive/2011/inventors/
6 D. Post, cit., p.58.
7 T. Wu, The Master Switch: The Rise and Fall of Information Empires, Alfred A. Knopf, 2010, p. 5.
8 F. Dyson, cit., p. 34.
9 A. Veà Baró, “La Historia jamás contada de Internet”, Campus Party México, 23 de julio de 2011, http://tv.campus-party.org/player-mexico.php?v=q47jbPUbEQI
10 F.A. Yates, The Art of Memory, University of Chicago Press, 1992 (1966), p. 224.
11 S. Wolfram, A New Kind of Science, Wolfram Science, 2002. Como puede imaginarse, la obra entera se dedica a enunciar y justificar esta revolucionaria teoría, que sin embargo el autor sintetiza en las páginas 1 y ss., y 715 y ss., éstas últimas al hilo del que denomina “principio de equivalencia computacional”.
12 N. Negroponte, Being Digital, Alfred A. Knopf, 1995, p. 65 y ss.; 81 y ss. (si bien el de la convergencia digital es en realidad el trasfondo de toda la obra, absolutamente premonitoria de lo que iría sucediendo en el mundo digital a lo largo de los años posteriores a su publicación).
13 P. Llaneza González, Internet y comunicaciones digitales, Bosch, 2000, p. 24.
14 ITU, Measuring the Information Society 2011, p. 1. http://www.itu.int/ITU-D/ict/publications/idi/2011/Material/MIS_2011_without_annex_5.pdf
15 ITU, Measuring…, cit., p. 4.
16 “Americans Now Spend As Much Time Using Internet as TV [STATS]”, Mashable.com, 13 de diciembre de 2010, http://mashable.com/2010/12/13/internet-tv-forrester/
17 P. Reinares Lara, “Jóvenes y Televisión generalista en España: ¿Es Internet responsable de una audiencia perdida?”, Revista de Estudios de Juventud, marzo de 2010, nº 88, http://www.injuve.es/contenidos.downloadatt.action?id=177274291
18 P. Reinares Lara, cit. p. 7.
19 Bain & Company, “Internet television poised to reach 60 percent of households by 2014, Far-reaching New Study of 3,000 consumers in Europe, the United States and Asia Finds Strong Interest in ´Connected Content Experiences´”, 22 de Noviembre de 2011, http://www.zdnet.com/blog/btl/internet-tv-to-cover-60-percent-of-households-by-2014/64034
20 “Americans Now Spend…”, cit.
21 “Internet Gains on Television as Public’s Main News Source. More Young People Cite Internet than TV”, People Press, 4 de enero de 2011, http://www.people-press.org/2011/01/04/internet-gains-on-television-as-publics-main-news-source/
22 El dato figura en el ya tradicional Informe de la Sociedad de la Información en España, esta vez correspondiente a 2010. El Informe está disponible online en: http://e-libros.fundacion.telefonica.com/sie10/aplicacion_sie/partea/datos.html
23 La literatura sobre este asunto es por supuesto abundantísima. Para una muestra bien documentada, cfr. “Back to the Coffee House”, The Economist, 7 de julio de 2011, http://www.economist.com/node/18928416
24 J. Zittrain, “The Generative Internet”, Harvard Law Review, vol. 119, mayo de 2006, p. 1974 y ss.
25 Cisco, “Connected World Technology Report 2011”, http://www.cisco.com/en/US/netsol/ns1120/index.html
26 El dato procede de Intel y puede contrastarse en http://newsroom.intel.com/docs/DOC-2297
27 http://www.go-gulf.com/blog/60-seconds
INTERNET Y POLÍTICA: WIKILEAKS, REVOLUCIONES DEL MUNDO MUSULMÁN Y MOVIMIENTO 15-M
Tres historias sucedidas a caballo de los años 2010 y 2011 han resaltado con enorme virulencia la fuerza revolucionaria de Internet en el ámbito de la política. Y ello es así porque las tres han conllevado abiertos desafíos al poder establecido: desafío al poder democrático, como es el caso con las revelaciones de WikiLeaks en diversos países occidentales, bajo la demanda de una mayor transparencia; o con el llamado Movimiento 15-M en España, bajo reclamos de reforma política y electoral, así como un sistema económico más justo. Desafío en fin, al poder autocrático, plasmado en las revoluciones de varios países del mundo musulmán (Túnez, Egipto, Libia, Siria o Yemen, entre algunos más). A juicio de Castells, por cierto, uno de los más destacados analistas mundiales en la materia, estas últimas revoluciones, las de los países musulmanes, habrían supuesto la mayor demostración jamás sucedida de la indicada fuerza de Internet como mecanismo de naturaleza política35.
No parece que en España se haya ignorado el influjo de Internet en el desencadenamiento del Movimiento 15-M. Por si fuera el caso, no está de más recordar que en las apenas quince horas que mediaron entre la expulsión de un grupo de jóvenes de la Puerta del Sol durante la madrugada del 16 de mayo de 2011 y las ocho de la tarde de ese mismo día, el movimiento fue capaz de llenar esa misma plaza con millares de asistentes. Bastaba ver la enorme marea de mensajes en Twitter durante esa tarde para imaginar que así sería: #spanishrevolution, #nonosvamos, #democraciarealya y otras etiquetas dedicadas al asunto en esa “red política” por excelencia, “echaban humo”… se habían convertido en “trending topic”, en temas dominantes, no solo en España, sino también por ejemplo en Alemania y, sobre todo, a escala mundial.
El papel de Internet en el caso WikiLeaks es por supuesto imprescindible. Y ocurre además que, si no suficiente, desde luego Internet ha sido condición necesaria para que la llamada “Primavera árabe” pudiera siquiera llegar a producirse. Varios argumentos permiten acreditarlo.
En primer lugar, y aquí se produce un curioso cruzamiento entre uno y otro proceso, es difícil negar la probable influencia en el estallido de la revolución tunecina de la divulgación de determinados cables de WikiLeaks, donde el embajador norteamericano en Túnez denunciaba ante su Administración la corrupción patrocinada desde el entorno del depuesto Presidente Ben Alí.
En segundo término, pensadores como Hirschkind han señalado que, por ejemplo en Egipto, la década anterior a enero de 2011 había venido estando jalonada por una creciente ola de contribuciones de índole política en blogs y demás herramientas digitales, en las que múltiples ciudadanos, con mayor o menor seguimiento, censuraban el talante y las actuaciones represivas del régimen de Mubarak. Hasta tal punto habría sido así, que lo que 2011 habría supuesto sería el traslado de esas protestas “de la blogosfera a la calle”36.
Tercero, los propios testimonios de calle, prácticamente unánimes tras muchas jornadas maratonianas en la Plaza Tahrir, al afirmar que el decir y el sentir general en la plaza era el de que la revolución la habían iniciado “los jovenes de Facebook”…37 Sobran ulteriores comentarios.
Finalmente, basta mencionar los repetidos cortes de Internet efectuados por las autoridades de estos países para recordar lo que casi parece una obviedad, el hecho de que éstas jamás dudaran de la conexión entre la Red y los procesos que allí se estaban viviendo. Dos interesantes imágenes, obtenidas a partir del seguimiento en Twitter del proceso revolucionario egipcio, nos permiten extraer dos conclusiones relevantes en este sentido: primera, que los acontecimientos políticos estaban teniendo un intensísimo reflejo en Internet, concretamente en esa red (Twitter), que a la vez venía siendo empleada para promover y coordinar actuaciones (Figura nº 3).
Figura nº 3. El apagón de Internet durante la Revolución egipcia de enero de 2011
Fuente: http://www.kovasboguta.com38
Y segunda conclusión, que el seguimiento online de la revolución se desarrollaba a través de determinados polos de liderazgo, algunos pre-establecidos (por ejemplo, los medios tradicionales de comunicación, que se hacían presentes mediante sus propios tweets), pero otros surgidos enteramente al hilo de la faceta Twitter de la revolución (es el notorio caso de Ghonim, un empleado de la sucursal egipcia de Google, entre tantos otros).
Figura nº 4. La red de influencia durante la Revolución egipcia de enero de 2011
