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El tiempo de trabajo es, y siempre ha sido, un asunto político relacionado con la distribución de la riqueza y del poder. Cuando desnaturalicemos la forma en que trabajamos (un objetivo al que este libro pretende contribuir) y tengamos más capacidad de tomar decisiones sobre el propósito de nuestras economías, nos enfrentaremos a las preguntas sobre cómo trabajamos y durante cuánto tiempo. ¿Debemos aceptar que el trabajo siga dominando nuestra vida? ¿Podemos imaginar otras formas de trabajo, más equitativas, que sean para nuestro beneficio? Y, ante todo, ¿cómo hacemos para alcanzar esa meta? Ya es hora de dar el siguiente paso, hora de anteponer la libertad, la vida, y acortar una vez más la semana laboral.
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Veröffentlichungsjahr: 2023
Kyle Lewis es candidato al Doctorado en Filosofía de la Universidad de West London y codirector del think tank Autonomy.
Will Stronge es Director de Investigación en Autonomy e investigador invitado en políticas públicas en la Universidad de Brighton.
Introducción. Una lucha tan antigua como el capitalismo
El tiempo de trabajo sigue siendo el problema
La crisis laboral actual
Una política de “dividendos múltiples”
1. La vida en una sociedad obsesionada con el trabajo
Tiempo, libertad y trabajo
Una sociedad obsesionada con el trabajo
La tiranía del espacio de trabajo y el empobrecimiento de los seres humanos
2. Un potencial inexplorado. La tecnología al servicio del trabajo y el desarrollo humano
El sentido común de Keynes
El error de Keynes: subestimar la “racionalidad económica”
Poner la tecnología al servicio de la libertad
El potencial humano sin ataduras
Una pregunta para los socialistas
3. El tiempo de las mujeres
Hogar, dulce hogar
Empleo, género y tiempo
La doble jornada y la falta de tiempo de las mujeres
Salarios por el trabajo doméstico: más tiempo para la mujer
Hacia una distribución más justa del trabajo y el tiempo
4. La hora del medio ambiente
Un cambio en las métricas
Menos trabajo, menos emisiones de carbono
El Green New Deal: una oportunidad para mejorar la vida laboral
Trabajar menos: tan necesario como deseable
5. La lucha por la reducción de la semana laboral
Movimientos sociales: trabajar menos por el planeta y el futuro
Sindicatos: recuperar una historia de luchas
Partidos políticos: ampliar el poder y ofrecer esperanzas
Agradecimientos
Índice de contenido
Página de copyright
Página de título
Introducción
Contenido principal
Agradecimientos
Colofón
Notas al pie
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Stronge, Will / Horas extras / Will Stronge ; Kyle Lewis. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : EGodot Argentina, 2021. Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Eleonora González Capria.ISBN 978-987-8928-00-5
1. Condiciones de Empleo. I. Lewis, Kyle II. González Capria, Eleonora , trad. III. Título.
CDD 344
ISBN edición impresa: 978-987-8413-95-2
© Will Stronge y Kyle Lewis, 2021
Título original Overtime. Why We Need a Shorter Working Week
Traducción Eleonora González CapriaCorrección Federico Juega SicardiDiseño de tapa Martín BoDiseño de interiores Víctor MalumiánIlustración de Will Stronge y Kyle Lewis Max Amici
© Ediciones Godotwww.edicionesgodot.com.ar [email protected]/EdicionesGodotTwitter.com/EdicionesGodotInstagram.com/EdicionesGodotYouTube.com/EdicionesGodot
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina, noviembre de 2022
Will Stronge & Kyle Lewis
TraducciónEleonora González Capria
LA SEMANA LABORAL DE lunes a viernes, que tantos consideramos normal o natural, en realidad es una conquista social e histórica, y su distribución sigue siendo desigual: en muchas partes del mundo se trabaja veinticuatro horas al día, siete días a la semana, a cambio de casi nada. El tiempo libre del que disponemos en gran parte del Norte global es el resultado de las victorias obtenidas por los trabajadores durante los siglos XIX y XX. Fueron los canteros australianos quienes en 1856 lograron obtener por primera vez una jornada de ocho horas1. Mientras se dedicaban a edificar la ciudad de Melbourne en constante expansión, James Stephens y sus compañeros se hartaron de las agotadoras jornadas laborales de diez horas, así que, en una reunión pública, concluyeron que había “llegado el momento de introducir el sistema de ocho horas en los oficios de la construcción”2. Sin embargo, se necesitó más que palabras para llevar adelante esta demanda. El 21 de abril, Stephens y sus compañeros abandonaron las tareas que estaban realizando en la Universidad de Melbourne para marchar al Hotel Belvedere y, en el camino, fueron sumando a otros trabajadores de la construcción a su iniciativa. Como correspondía, su demostración de fuerza terminó con un banquete en el mismísimo hotel, donde los obreros pudieron celebrar su demanda colectiva. Después de meses de diálogo, los empleadores atendieron el reclamo, tal como lo informó el Herald local:
[Los canteros] han logrado, al menos en todos los oficios de la construcción, hacer cumplir [la jornada de ocho horas] sin mucho esfuerzo. Los empleadores han considerado necesario […] ceder, y sin luchar acordaron pagar, según tenemos entendido, el mismo salario que antes por diez horas de trabajo3.
El festejo de esta victoria histórica de los trabajadores (conocida, en un principio, como la “Procesión de las Ocho Horas”) se conmemoró durante noventa y cinco años hasta quedar incluido en la celebración internacional del Día del Trabajo.
El ejemplo de los canteros, junto con tantas otras luchas por el tiempo de trabajo que hubo a lo largo de la historia, puede enseñarnos al menos dos cosas. Primero, que la liberación del yugo del trabajo rara vez, si acaso alguna, se nos regala: hay que exigirla y pelear por ella. Segundo, que la reducción de la jornada laboral es una aspiración de los trabajadores en cualquier forma de empleo y cualquier época del capitalismo. En aquel momento, estaba claro para los canteros, así como para nosotros hoy en día, que poder descansar, pasar tiempo con los seres queridos, realizar actividades autónomas y tener independencia de los jefes constituyen elementos esenciales de lo que significa ser humano. Al fin y al cabo, el tiempo es vida.
Sin embargo, la pulseada por el tiempo que invertimos trabajando no quedó atrás. La lucha por una semana laboral más corta ha vuelto a formar parte de la agenda política. En los últimos años, muchos políticos han reavivado ese debate a lo largo y a lo ancho del Norte global, entre ellos, Alexandria Ocasio-Cortez en Estados Unidos, Sanna Marin en Finlandia, John McDonnell en el Reino Unido y Jacinda Ardern en Nueva Zelanda4. Algunos sindicatos, como IG Metall en Alemania, Communication Workers Union (CWU) en el Reino Unido y Fórsa en Irlanda, se encontraban en medio de campañas por la reducción de horas cuando llegó la pandemia de COVID-19, que tuvo como efecto el desempleo masivo. Y aún más sindicatos han sumado su voz desde entonces. En el mundo entero, grandes y pequeñas empresas han comenzado a implementar semanas laborales más cortas (y sin recortes salariales), desde Microsoft Japón5, con sus dos mil empleados, hasta una pequeña empresa de juegos de mesa en Londres6. La reducción de la semana laboral ha dejado de ser una campaña para convertirse en un aspecto central de la renovación de las políticas socialistas que tuvo lugar en la última década.
En cierta medida, la renovada atención pública que está recibiendo el tiempo de trabajo no resulta sorprendente: al fin y al cabo, se trata de un factor determinante en la vida de las personas. Todos los miembros de la sociedad deben contemplar, de una u otra forma, cuánto tiempo trabajan por semana, ya sea que tengan un empleo o sean trabajadores autónomos o no remunerados en el ámbito doméstico, ya sea que trabajen demasiadas horas, no consigan suficientes horas o ni siquiera consigan un empleo. El trabajo define y determina nuestra vida entera, desde la juventud hasta los últimos años.
Vale señalar que este libro abordará el tiempo de trabajo, ante todo, en términos de empleo y en el contexto de los países del Norte global. Desde ya, eso no quiere decir que otras formas de trabajo, o que el trabajo en lospaíses del Sur global, no resulten de importancia para la discusión, ni mucho menos. Es más, en los siguientes capítulos incorporaremos diversos debates sobre el trabajo no asalariado y el “trabajo informal” a nuestra exposición y nos apoyaremos en esos recursos teóricos y empíricos para comprender las cadenas de suministro globales, dado que ofrecen análisis mucho más amplios de estos fenómenos que los que se pueden encontrar aquí. Otras formas de mercantilización de la fuerza de trabajo, como la esclavitud, funcionaron durante mucho tiempo como motor de las economías capitalistas en conjunto con el trabajo asalariado, a veces en el mismo lugar de trabajo, pero también en simultáneo, en diferentes continentes, dentro de la misma cadena de valor7. Tampoco debe olvidarse ni desconocerse que la esclavitud sigue existiendo en todo el mundo hasta hoy8.
El renovado impulso que están recibiendo las campañas por una semana laboral más corta se ha producido en el contexto de un mercado laboral degradado. Si quizás en el pasado el “trabajo arduo” aseguraba una mejora en la situación laboral, ahora ya no quedan garantías. En las últimas décadas, la proporción del ingreso nacional que se destina a sueldos y salarios ha disminuido, mientras que la proporción que se destina al capital ha aumentado. En la actualidad, poseer activos como acciones o viviendas es un camino más conveniente hacia el éxito económico, y “ganarse la vida” se ha convertido en una frase anacrónica.
Las investigaciones han demostrado que, a lo largo de la historia y en todo el mundo, una mayor participación del capital en la renta nacional (y una menor participación del trabajo) se relaciona con una desigualdad más marcada en términos de distribución de los ingresos personales9. Hoy, en el Reino Unido, el 50% de la riqueza privada se concentra en las manos de alrededor del 12% de la población10. Como es de esperar, algunos han comenzado a llamar “capitalismo rentista” a esta nueva economía, en la cual quienes heredan riqueza o simplemente poseen activos crecen económicamente, mientras que para la mayoría “el trabajo no paga”11.
