La guerra de Corea 1950-1953 - Jorge Saborido - E-Book

La guerra de Corea 1950-1953 E-Book

Jorge Saborido

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La guerra de Corea fue, probablemente junto al conflicto de Vietnam, el mayor desastre del periodo histórico conocido como la Guerra Fría. El resultado fue la devastación de un país, la división de un pueblo con un elevado nivel de homogeneidad étnica y una serie de consecuencias que siguen presentes en la actualidad y que, por lo visto, perdurarán por mucho tiempo. Sin embargo, se ha generalizado la expresión "guerra olvidada", ya que constituye un episodio mucho menos conocido que, sin duda, no tuvo su debida relevancia. La repercusión de lo ocurrido entre 1950 y 1953 no estuvo originada en la importancia estratégica del país, que era solamente regional, sino en el desafío que implicó el ataque de Corea del Norte a un país con un gobierno creado por iniciativa de Estados Unidos y respaldado por las Naciones Unidas. El punto de partida fue que el gobierno de Washington asumió desde el primer día que la Unión Soviética estaba directamente involucrada en la invasión, lo que (suponían) constituía un nuevo avance en su voluntad expansionista, y tanto quienes estaban al mando en Estados Unidos como sus aliados occidentales coincidieron en resistir la "agresión". Con esta situación y la decisiva participación de la triunfante China Comunista liderada por Mao Tse Tung, se puede entender la dimensión que alcanzó el conflicto. Con el objeto de dar visibilidad a un evento crucial de los años de la segunda posguerra, esta obra rastrea los orígenes del conflicto, revisa el desarrollo, destaca su importancia dentro de la Guerra Fría, resalta los puntos más discutidos entre los especialistas y analiza resumidamente la evolución posterior del escenario en el que se produjo el enfrentamiento.

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Veröffentlichungsjahr: 2025

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LA GUERRA DE COREA 1950-1953

 

La guerra de Corea fue, probablemente junto al conflicto de Vietnam, el mayor desastre del periodo histórico conocido como la Guerra Fría. El resultado fue la devastación de un país, la división de un pueblo con un elevado nivel de homogeneidad étnica y una serie de consecuencias que siguen presentes en la actualidad y que, por lo visto, perdurarán por mucho tiempo. Sin embargo, se ha generalizado la expresión “guerra olvidada”, ya que constituye un episodio mucho menos conocido que, sin duda, no tuvo su debida relevancia.

La repercusión de lo ocurrido entre 1950 y 1953 no estuvo originada en la importancia estratégica del país, que era solamente regional, sino en el desafío que implicó el ataque de Corea del Norte a un país con un gobierno creado por iniciativa de Estados Unidos y respaldado por las Naciones Unidas. El punto de partida fue que el gobierno de Washington asumió desde el primer día que la Unión Soviética estaba directamente involucrada en la invasión, lo que (suponían) constituía un nuevo avance en su voluntad expansionista, y tanto quienes estaban al mando en Estados Unidos como sus aliados occidentales coincidieron en resistir la “agresión”. Con esta situación y la decisiva participación de la triunfante China Comunista liderada por Mao Tse Tung, se puede entender la dimensión que alcanzó el conflicto.

Con el objeto de dar visibilidad a un evento crucial de los años de la segunda posguerra, esta obra rastrea los orígenes del conflicto, revisa el desarrollo, destaca su importancia dentro de la Guerra Fría, resalta los puntos más discutidos entre los especialistas y analiza resumidamente la evolución posterior del escenario en el que se produjo el enfrentamiento.

 

 

Jorge Saborido. Fue profesor titular de Historia Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires; en la actualidad se desempeña como profesor consulto. Ha sido profesor invitado en universidades nacionales y de Uruguay, Chile y España. A lo largo de su vida publicó numerosos libros de historia, entre los que se destacan: La Revolución rusa (Madrid, 2006),Historia de la Unión Soviética (Buenos Aires, 2009),Veinte años de Rusia sin comunismo (Buenos Aires, 2011),La Revolución rusa, cien años después (Buenos Aires, 2017),Por qué cayó la Unión Soviética (Buenos Aires, 2021),Ucrania (Buenos Aires, 2022) y El conflicto de los misiles (Buenos Aires, 2023).

 

Javier Bonafina.Historiador, profesor en diversas instituciones educativas de nivel secundario, terciario y universitario, e investigador independiente. Nació en la ciudad de Santa Rosa en la provincia de La Pampa, allí cursó sus estudios de Historia en la UNLPam. Es magíster en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella y doctorando en Historia, miembro de la Sociedad Argentina de Investigadores de Historia. Especialista en la transición del siglo XIX al siglo XX. Escribió un libro sobre la historia de la ciudad de La Plata, donde vive desde 1999, y diversos artículos sobre historia contemporánea e historia reciente.

JORGE SABORIDO

LA GUERRA DE COREA 1950-1953

Índice

CubiertaAcerca de este libroPortadaIntroducciónEl escenario geográficoAntecedentes históricosLa ocupación japonesa (1910-1945)Corea en el escenario internacional de la posguerraEl estallido de la guerraLa intervención de ChinaLa estabilización militar y las negociaciones de pazLa Guerra de Corea, sus mitos y la historiografía actualGanadores y perdedoresCorea desde 1953 hasta hoyCronologíaAnexosBibliografíaMás títulos de Editorial BiblosCréditos

Introducción

La Guerra de Corea y sus consecuencias fueron probablemente el mayor desastre del periodo de la historia conocido como la Guerra Fría. Devastaron un país, encadenaron un pueblo y sus consecuencias siguen presentes hoy y por lo visto perdurarán mucho tiempo. Sin embargo, se ha generalizado la expresión “guerra olvidada” y varios libros sobre el tema llevan ese título. Para el general S. L. Marshall se trató de “la guerra más horrible del siglo” (citado por Hastings, 2010: 329). El secretario de Estado norteamericano Dean Acheson llegó a afirmar que “si todos los sabios del mundo se hubieran reunido para determinar el peor lugar posible desde el punto de vista político y militar para aquella condenada guerra habrían elegido Corea por unanimidad” (citado por Goulden, 1982: 3).

El problema residía en que la superioridad militar y tecnológica de Estados Unidos y las fuerzas de las Naciones Unidas contrarrestadas en buena medida por un frío tremendo que hizo estragos entre los soldados y el escenario que era un terreno montañoso en el cual los tanques y cualquier otro tipo de armamento pesado no se podían movilizar.

Pero la expresión “guerra olvidada” remite a otros factores, entre los cuales se pueden citar: la población norteamericana estaba exhausta del esfuerzo y las emociones que habían generado la Segunda Guerra Mundial –no olvidemos que el punto de partida fue el ataque japonés a territorio estadounidense, un acontecimiento de un impacto psicológico enorme–; por el contrario, el de Corea era un conflicto lejano del cual se tenían pocas noticias ya que la televisión no tenía la difusión ni la abundancia de medios de que dispuso posteriormente.

En resumen: para la opinión pública occidental en general y estadounidense en particular, la Guerra de Corea estuvo lejos de tener la significación que tuvo en la realidad,1 y la realidad fue que el conflicto generó realmente un impacto global a pesar del limitado espacio en el que se luchó. Esa repercusión no estuvo originada en la importancia estratégica de Corea, que era solamente regional, sino en el desafío que significó el ataque de Corea del Norte a un país controlado por un gobierno creado por iniciativa de Estados Unidos, con el apoyo de las Naciones Unidas.

El punto de partida fue que el gobierno de Estados Unidos asumió desde el primer día que la Unión Soviética estaba directamente involucrada en la invasión, lo que (suponían) constituía un nuevo avance en su voluntad expansionista, y tanto quienes estaban al mando en Washington como sus aliados occidentales coincidieron en resistir la “agresión”.

Como consecuencia, si bien Estados Unidos y China tuvieron con amplitud la participación más importante otros países occidentales también intervinieron y, desde luego, la Unión Soviética proveyó de apoyo material y logístico a Corea del Norte.

Otra de las consecuencias globales del conflicto fue que en los tres años siguientes la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)2 incrementó sus fuerzas en alrededor de tres millones de efectivos, incorporó a Turquía y Grecia y aceptó el rearme de Alemania, pero la respuesta occidental fue más allá: Estados Unidos concluyó tratados con Japón, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda.

También la Unión Soviética incrementó su poder: la fuerza de los aliados se incrementó en un millón y medio de hombres y, de acuerdo a las declaraciones de Kruschov, Secretario General del Partido Comunista, el poderío militar soviético aproximadamente se duplicó entre 1948 y 1955.3

Con el objeto de dar visibilidad a un evento que, como puede apreciarse, verdaderamente tuvo una enorme magnitud, el objeto de este trabajo es el de rastrear los orígenes, revisar su desarrollo, destacar su importancia dentro de la Guerra Fría, resaltar los puntos más discutidos entre los especialistas y analizar resumidamente la evolución del escenario en el que donde se produjo el enfrentamiento.

1. Los testimonios de quienes retornaron de la guerra corroboran la idea de que incluso sus parientes no solo tenían poca idea de los que habían vivido, sino que le daban escasa importancia (Hastings, 2010; Halberstam, 2009).

2. La OTAN fue creada el 4 de abril de 1949 y los miembros fundadores fueron Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Italia y Canadá.

3. El descontento popular que emergió en el bloque soviético a partir de 1953 fue, en parte, consecuencia del impacto del rearme impulsado por Moscú y las dificultades emergentes tal vez condujeron a la dirigencia comunista a facilitar el armisticio en Corea (Stueck, 1995: 6).

El escenario geográfico

La península de Corea tiene una longitud de alrededor de 1.000 kilómetros y una superficie de 220.000 kilómetros cuadrados (mapa 1). Está bañada al oeste por el mar Amarillo, al este por el mar del Japón (o, como se le denomina en Corea, el mar del Este) y al sur por los estrechos de Chejú y de Corea. Además, posee 3.960 islas vecinas. Con 223.179 kilómetros cuadrados, el área de Corea es similar a la de la provincia de Chubut (224.300 kilómetros cuadrados). Alrededor del 70 % del territorio es montañoso, aunque no alcanza una gran altura (Jo, Baccus y Koprowski, 2018).

A pesar de que Corea ha sufrido a lo largo de su historia la presión de sus tres grandes vecinos, Japón, China y Rusia, la población en general tiene un carácter étnicamente homogéneo y no cuenta con minorías raciales o lingüísticas significativas. Los coreanos son de rasgos mongoloides, aunque con mayor altura y color de piel más claro que los mongoles (Lew, 2000). Tras la separación del territorio en dos Estados y como consecuencia de la guerra de 1950-1953, un gran contingente de población abandonó el norte, lo que, sumado al divergente desarrollo económico, ha producido un importante desequilibrio demográfico entre los dos países.

La República de Corea, comúnmente conocida como Corea del Sur cuenta con alrededor de 52 millones de habitantes, con una densidad de población de 488,9 habitantes por kilómetro cuadrado, una de las más altas del mundo. La esperanza de vida al nacer se sitúa en los 75 años para los hombres y en algo más de 82 para las mujeres. La población todavía es relativamente joven, con una edad media de 38 años, pero las bajas tasas de natalidad registradas en las últimas décadas, consecuencia de la evolución económica, han dado lugar a un cierto envejecimiento de la población. En cuanto a movimientos migratorios, en los últimos años ha aumentado la llegada de extranjeros, especialmente trabajadores del sudeste asiático, pero la cifra todavía es reducida, menos del 3,5 % de la población. Por lo que respecta a las salidas, ha sufrido una importante merma, con aproximadamente cuatro millones que han emigrado, fundamentalmente a Estados Unidos y Japón.

Mapa 1

 

El proceso de urbanización se desarrolló a partir de la década de los setenta, contando actualmente con más del 80 % de población viviendo en ciudades. Su capital, Seúl, experimentó un notable desarrollo en los años sesenta favorecido por su situación física, en una llanura rodeada de colinas, bien comunicada, en donde ahora viven más de diez millones de habitantes. La ciudad de Pusan, por su situación frente a las costas japonesas, se ha convertido en el principal núcleo industrial del país y en el puerto comercial más importante, contando actualmente con casi cuatro millones de habitantes.

La República Popular Democrática de Corea, conocida como Corea del Norte, por su parte, tiene una población estimada de 26 millones de habitantes, una densidad de 202,9 habitantes por kilómetro cuadrado; dentro de la dificultado que existe para recabar datos fiables, la esperanza de vida al nacer es de 65 años para los varones y 73 para las mujeres. En cuanto a la distribución de la población, se calcula una tasa de urbanización del 60 %, siendo sus principales ciudades la capital Pyongyang, Chongjin y Wonsan.

Si bien tras la Segunda Guerra Mundial la economía de Corea del Norte era más potente que la del Sur por sus recursos mineros, energéticos y su capacidad bioeléctrica, esa diferencia se ha revertido hasta niveles increíbles, si bien los valores correspondientes al norte son antiguos y poco fiables; para citar solo un valor aproximado el PBI por habitante de Corea del Sur es aproximadamente cincuenta veces superior al de Corea del Norte (ver algunas precisiones en el apartado final).

En Corea del Sur los principales sectores industriales son la construcción naval, con siete de las diez principales empresas del mundo dedicadas a esta producción, la industria siderúrgica, la petroquímica, la construcción, la industria automovilística y la electrónica. La economía de Corea del Norte, por su parte, se beneficia de la disponibilidad de importantes recursos minerales: plomo, níquel, zinc, wolframio y mercurio. A partir de la década del setenta desarrolló una importante industria siderúrgica con producción de acero, de maquinaria pesada, además de construcción naval, pero el vuelco hacia un programa nuclear de origen principalmente bélico orientó la mayor parte de la producción. Este desarrollo contrastaba con la escasa dedicación a la producción de bienes de consumo. La caída de la Unión Soviética a fines de 1991, su principal proveedor de combustibles, produjo la paralización durante los años noventa de gran parte de su industria y provocó una gran crisis económica con consecuencias especialmente graves para la población, teniendo en cuenta la dedicación de un alto porcentaje de su PBI a gastos de defensa.

Antecedentes históricos

Las primeras estructuras urbanas se ubican en Corea alrededor del año 2300 a. C., constituyendo lo que lo que se conoce como periodo Gojoseon o Joseon Antiguo. Como vecino del poderoso Imperio Chino, durante siglos sufrió su influencia, experimentando penetraciones bajo la forma de invasiones o de infiltraciones políticas y económicas de los refugiados provenientes de las luchas de las sucesivas dinastías que se iban relevando en China.

El nombre de Corea proviene de una de las dinastías que gobernaron el territorio en el primero y parte del segundo milenio de nuestra era, la Koryo, que gobernó entre 918 y 1392, con capital en Kaesong.

Durante los siglos dominado por esta dinastía se dio un gran auge del budismo y se produjeron algunos importantes avances tecnológicos, como la invención de un linotipo móvil en 1234, dando lugar a las primeras escrituras impresas. Con el paso del tiempo el reino se fue debilitando por las luchas entre los funcionarios letrados y el poder militar, así como entre confucionistas y budistas.1 En 1170 el ejército expulsó a los funcionarios e intentó hacerse con el control, quitando poder a los reyes, lo que dio lugar a un largo periodo de luchas internas. En 1231 Koryo comenzó a sufrir las incursiones de los mongoles y, a pesar de una resistencia de casi treinta años, acabó siendo un Estado vasallo de estos durante un siglo, hasta que consiguió expulsarlos en 1356, pero ya no fue capaz de darle a las instituciones la solidez que habían tenido antaño.

En 1392 el general Yi Seong-gye fue enviado por Koryo a luchar contra la dinastía china Ming, pero este, apoyado por la aristocracia, dio un golpe de Estado, dando comienzo a la dinastía Joseon, que se extendió hasta 1910 y se caracterizó porque puso fin a la influencia del budismo afianzando la doctrina confuciana.

A lo largo de los siglos Corea tuvo períodos de esplendor cultural –se daba un gran valor a los estudios académicos– alterados primero por la invasión japonesa a fines del siglo XVI, quienes fueron expulsados, pero dejando al reino arrasado. Al siglo siguiente los invasores fueron los manchúes generando un enfrentamiento entre 1627 y 1636.

La crisis de la dinastía comenzó a manifestarse en el siglo XIX a partir de la presencia occidental. Durante décadas, Corea se opuso con firmeza a las demandas occidentales de establecer relaciones diplomáticas y comerciales. De esta forma, en 1866 se enfrentó militarmente a Francia y cinco años más tarde rechazó una expedición estadounidense. Corea se hallaba unida a China mediante una alianza, pero esta luchaba por su propia independencia contra la invasión occidental, por lo que no pudo prestarle apoyo cuando fue necesario. Su postura aislacionista no pudo evitar que, en 1882, Estados Unidos consiguiera un acuerdo por el que se obtenían tarifas reducidas para el comercio y una cláusula de extraterritorialidad, una práctica muy propia de la expansión colonial occidental. Después de este acuerdo siguieron otros con Inglaterra y Alemania (1883), Italia y Rusia (1884) y Francia (1886). Tras el firmado con Estados Unidos se produjeron tensiones, fruto de la apertura comercial con el exterior y, así, en el mismo año de su firma, tuvieron lugar motines que provocaron la intervención tanto de China como de Japón. Con el primero se firmó un acuerdo que otorgaba privilegios que no habían dado a ninguna otra nación, situación que reforzaba la presencia china. La apertura a Occidente dio lugar al enfrentamiento de las facciones liberales, partidarias de la transformación en un Estado moderno y progresista, con los sectores más conservadores. En los años siguientes Corea vio como su territorio era escenario de las rivalidades internacionales y de las ambiciones de sus vecinos más poderosos; dos importantes conflictos, las guerras entre China y Japón (1894-1895) y entre Rusia y Japón (1904-1905) serían definitivos para la futura historia de Corea.

Desde 1885 China tomó una serie de iniciativas para incrementar su dominio en Corea, llegando a tener, gracias a los apoyos locales, el control total del gobierno. Se intentó deponer al rey coreano Kojong, quien solicitó ayuda a Rusia y consiguió mantener su trono. La opinión japonesa, por su parte, era que el control de la estabilidad en Corea era vital para su seguridad; la acción de China en Corea perjudicaba claramente los intereses económicos de Japón, afectando sus exportaciones.

La determinación china de ocupar Corea aceleró el camino hacia el comienzo de las hostilidades. Una secta religiosa coreana contraria a la monarquía, los Donghak, encauzó el descontento mediante un levantamiento popular con fuerte presencia campesina que se inició el 11 de enero de 1894, lo que provocó que Corea pidiera ayuda a China, que acudió con fuerzas terrestres y navales. Dado que Japón tenía derecho a proteger a sus ciudadanos residentes allí y a sus intereses en la zona, envió una fuerza a Corea, presentando una serie de peticiones para así terminar con la situación de crisis: modificaciones en el sistema de elección de cargos para el gobierno, reformas fiscal, judicial y educativa, así como la mejora de las fuerzas del orden, pero estas peticiones fueron rechazadas por el gobierno, controlado totalmente por China. Ante esta negativa, las tropas japonesas tomaron el Palacio Real y cambiaron el gobierno, rechazando los acuerdos previos firmados con China. Finalmente, la guerra se declaró el 1 de agosto de 1894, pero la superioridad militar de Japón se mostró manifiesta, haciendo retroceder en pocos días a las tropas chinas. El 20 de agosto se firmó un acuerdo entre Corea y Japón por el que el primero aceptaba las condiciones japonesas, así como la apertura comercial. Pronto, además, la revuelta Donghak fue totalmente eliminada. Finalmente, en marzo de 1895 se firmó el Tratado de Shimonoseki por el cual China cedía Taiwán y varias islas al Imperio Japonés.

En 1896 Corea inició conversaciones con Rusia para conseguir el regreso del Rey Kojong, llegando a un acuerdo por el que además se reconocía la independencia de Corea y se conseguía la protección militar rusa hasta que dispusiera de un nuevo ejército. Los intereses del imperio zarista se basaban en la necesidad de disponer de puertos de aguas cálidas para la salida de su producción. Ese intento ruso de establecer bases navales hizo recelar al gobierno japonés y la tensión se acrecentó cuando Rusia invadió Manchuria en 1900. La importancia que Japón daba a Corea para proteger su seguridad se manifestó con el intento de acuerdo con Rusia por el que esta se quedaría con Manchuria mientras que Japón controlaría Corea, aunque finalmente este acuerdo no llegó a buen término. La tensión creció cuando tropas rusas entraron en Corea, lo que dio lugar a que el 10 de febrero de 1904, Japón le declarara la guerra.

Con el beneplácito de los Estados Unidos, Japón tomó el control absoluto de Corea y, tras varios enfrentamientos terrestres y navales, se puso fin a la guerra con la aplastante victoria japonesa, generando una profunda crisis en el imperio zarista que, desconocedor de la situación internacional en Extremo Oriente, pensaba en una fácil victoria; afortunadamente para Rusia, las negociaciones atenuaron el impacto de la derrota.2 Japón ocupó Corea y estableció su protectorado por el Tratado de Eulsa de 1905, prólogo del firmado en agosto de 1910, a partir del cual comenzó una ocupación de facto que se prolongó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

La presencia japonesa en Corea había comenzado luego de la guerra chino-japonesa de 1895. El gobierno nipón, preocupado por el exceso de población en la isla, especialmente en las zonas rurales, e interesado en poner un pie en el continente, incentivó el traslado de colonos hacia Corea; hacia 1910 se calcula que el número de inmigrantes japoneses instalados en territorio coreano era de 170.000 personas (Kim, 2022).

1. Confucianismo, budismo y también taoísmo, constituyen tres enseñanzas religiosas chinas. Mientras el confucianismo refiere a la vida natural del hombre, el budismo está más vinculado con el más allá.

2. Por ejemplo, no se vio obligado a pagar reparaciones, fundamentalmente porque Japón aspiraba a mejorar su relación con Rusia, pero se comprometió a no intervenir en Corea y cedió a perpetuidad la parte sur de la isla de Sajalin, así como también el arrendamiento, con el permiso de China, de Port Arthur.

La ocupación japonesa (1910-1945)

La dominación de Japón constituyó una prueba para el pueblo de Corea ya que no solo debieron soportar una dura represión, sino que además una parte importante de los recursos alimenticios producidos en el país eran enviados a Japón, mientras que se sufría un importante déficit en la península. La administración del conquistador hizo todo lo posible, fundamentalmente en los primeros años, por erradicar la identidad coreana: el idioma japonés se convirtió en el vehículo de instrucción para la enseñanza superior; además se intentó obligar a los coreanos a vestirse al estilo japonés y a asumir los códigos sociales japoneses.1

En el sector principal de la actividad económica, el campo, las reformas introducidas fueron despojando a muchos coreanos de la propiedad de la tierra en beneficio de individuos y corporaciones japonesas; se calcula que hacia 1930 más del 50 % de la tierra estaba en manos japonesas y muchos coreanos se convirtieron en arrendatarios, pagando rentas que con frecuencia superaban el 50 % de la cosecha. No obstante, se produjo asimismo la cooptación de algunos grandes propietarios que se vincularon con la dirigencia japonesa y constituyeron la base de los apoyos que tuvo el invasor hasta su derrota en la guerra.

El sector secundario, casi inexistente antes de la presencia japonesa experimentó un modesto pero apreciable proceso de modernización que dio lugar al surgimiento de un sector empresarial orientado hacia diferentes ramas de la industria liviana, por ejemplo, la manufactura de algodón, pero también de instalaciones más importantes en sectores como la metalurgia o la industria química, en estos casos a partir fundamentalmente de inversiones japonesas.

A lo largo de las tres décadas anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial se verificó un importante proceso de migración de coreanos a Japón, llegando a casi un millón en 1939. Además, muchos coreanos de las clases bajas fueron vinculados al poder colonial a través de la incorporación a la policía, convirtiéndose en uno de los símbolos más ominosos de la ocupación.