La reina - Daniela de Lucía - E-Book

La reina E-Book

Daniela De Lucía

0,0

Beschreibung

Todas llevamos dentro una Reina: esa parte nuestra que sabe lo que quiere y no se conforma con migajas, que está cansada de relaciones a medias, que reconoce su valor cuando los demás no lo hacen.   Daniela de Lucía revela 27 leyes fundamentales que toda mujer debe conocer para transformar su manera de vincularse. Historias reales, reflexiones profundas y ejercicios prácticos te acompañarán en el camino hacia tu magnetismo personal.   Este libro es una guía para que ocupes el trono y recuperes la corona. Un método probado para volver a creer en ti y elegirte primero.   Porque el buen amor no es casualidad: se crea.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 345

Veröffentlichungsjahr: 2026

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Todas llevamos dentro una Reina: esa parte de nosotras que sabe lo que quiere y no se conforma con migajas, que está cansada de relaciones a medias, que reconoce su valor, aun cuando los demás no lo hacen. Daniela De Lucía revela en 27 leyes los secretos fundamentales que toda mujer necesita conocer para transformar sus relaciones. Estrategias de coaching concretas, historias reales y reflexiones profundas te acompañarán en el camino hacia tu magnetismo personal. Este libro es una guía para que ocupes el trono y recuperes la corona. Un método probado para volver a creer en ti, valorarte y ser valorada. Porque cuando te comportas como Reina, el amor que mereces aparece. Logo Editorial El Ateneo. www.editorialelateneo.com.ar @editorialelateneo

www.editorialelateneo.com.ar

/editorialelateneo

@editorialelateneo

A las Reinas de la vida.

Si has llegado hasta aquí, no es casualidad…

INTRODUCCIÓN

Despierta a tu Reina interior

“Hoy nadie quiere compromiso”, “son todos iguales”, “ya no tengo citas porque no quiero perder el tiempo”. Escucho estas frases todos los días, una y otra vez, dichas por mujeres brillantes, empáticas, independientes, inteligentes. Y son estas frases, repetidas con resignación, con enojo, con cansancio o incluso con humor, las que me llevaron a escribir este libro. Porque detrás de cada una de ellas hay algo mucho más profundo que una simple queja: hay preguntas sin responder. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Cómo se construye un buen amor en estos tiempos? ¿Cómo navegar en el mundo de las citas sin morir en el intento?

Este libro nació de ahí. De esa necesidad de encontrar respuestas. De dejar de sobrevivir a las citas y empezar a vivirlas con pasión, alegría y seguridad para hacer realidad la relación de amor que queremos tener en nuestras vidas.

Reconozco que, después de muchos años de desamor o experiencias frustrantes, es normal que aparezca cierto cinismo. Dejamos de creer en los hombres, en las relaciones, en que un buen amor todavía sea posible para nosotras. Nos endurecemos. Nos convencemos de que ya no hay nada allá afuera que valga el esfuerzo de soltar el pijama y el ritual de viernes a la noche en casa y vestirnos para ir a charlar con un perfecto desconocido. Y es lógico que así sea: después de un Vivaracho Cucaracho (ese hombre que aparece, desaparece, vuelve, te confunde, te endulza el oído y luego se escurre cuando hay que comprometerse o dar la cara; no necesariamente un villano, pero sí un experto en evasivas, ambigüedades y zonas grises), cuesta volver a entusiasmarnos, a confiar, a querer ir por más en el amor.

No estoy aquí para convencerte de lo contrario. No te voy a proponer que repitas frases bonitas o afirmaciones sin sentido, ni que te “obligues” a tener esperanza si ya no la sientes. La única misión de este libro es que puedas vivir, en carne propia, un buen amor. Que lo experimentes. Que lo confirmes con hechos.

Estas leyes están pensadas para que puedas demostrarte a ti misma que eres capaz de construir un amor sano, genuino y apasionado. Porque muchas veces necesitamos ver, vivir y experimentar para volver a creer. Te prometo que, cuando empieces a aplicar estas leyes, verás cómo esa realidad comienza a manifestarse frente a ti. No es teoría, no es ilusión. Es transformación.

Son leyes, y no reglas, porque no quiero que dejes de ser tú misma. Las reglas te limitan, te indican lo que no debes hacer, son rígidas, inflexibles. Las leyes, en cambio, son flexibles, interpretables y te expanden. Son un espacio de reflexión y una guía para ganar claridad, confianza y seguridad.

Este es, entonces, un código de amor, un conjunto de principios que puedes interpretar desde tu ser, un faro que acompaña tu proceso y que alumbra tus decisiones para construir un vínculo auténtico, recíproco y duradero. Puedes leerlas en orden o darles un orden propio. Cada ley empieza y termina en sí misma, pero todas están vinculadas, y tú, como lectora, tienes el desafío de relacionarlas y aplicarlas a tu manera para crear tu propia realidad.

Este es un mapa emocional. Un camino para que puedas observarte y mirar el mundo de las citas desde otra perspectiva: la de la Reina.

¿POR QUÉ LA REINA?

Partimos de la premisa de que todas las mujeres llevamos dentro una Reina. Una parte de nosotras que sabe lo que vale, que reconoce su dignidad, que tiene claro que merece ser amada con respeto, con presencia y compromiso. Esa Reina vive en nosotras, aunque a veces la olvidemos. Porque sí, muchas veces, en lugar de actuar desde ese lugar de poder interior, terminamos comportándonos como podemos. O, peor aún, esforzándonos por ser queridas, por agradar, por ser elegidas. Y en ese intento nos desconectamos de lo que realmente somos y de todo lo que merecemos recibir.

Porque cuando olvidamos nuestro valor no solo lo sentimos por dentro, en forma de inseguridad, dudas o malestar; también se refleja afuera. Empezamos a frustrarnos porque los demás no nos valoran como sentimos que merecemos y esa desvalorización no es más que un espejo que nos muestra ese olvido interno. Ese momento en el que dejamos de tratarnos como las reinas del banquete… y empezamos a conformarnos con migajas.

Este libro es un recordatorio para volver a esa Reina. Para despertarla. Para que vuelva a ocupar su trono. La Reina no es un personaje ni una pose. Es una actitud interna. Una forma de estar en el mundo que nos recuerda lo que valemos y lo que merecemos recibir, sin tener que pedirlo, sin tener que reclamarlo. Y eso es clave.

AMOR INTELIGENTE

Cuando nos damos cuenta de que debajo de nuestras decisiones en el amor se esconden creencias basadas en mitos y no en verdades, nace un nuevo nivel de conciencia: el amor inteligente. Y aquí puedes pensar: “Pero yo soy una mujer inteligente y aun así no me va bien en las relaciones, elijo mal o siento que no soy valorada como merezco”. Te entiendo, y ese es el punto fundamental de este libro.

Muchas veces sabemos lo que “tenemos que hacer”, pero terminamos haciendo lo contrario. Entonces, aunque sepamos que una relación no nos hace bien y todos nos recomienden dejarla, ahí nos quedamos. Aunque sepamos que no estamos para pedir amor o recibir migajas porque somos valiosas, ahí nos quedamos.

La pregunta es: si sabemos lo que tenemos que hacer, ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué caemos en la falta de coherencia entre el pensar, el sentir y el hacer? ¿Es posible autosabotear nuestros propios resultados? Sí, es posible. Durante la formación en el Máster de Coaching Ejecutivo en Harvard Business School (HBS), profundicé en la teoría de los saboteadores de la personalidad, un enfoque creado por Shirzad Chamine dentro del modelo de inteligencia positiva. Esta teoría plantea que todos desarrollamos de manera inconsciente ciertos patrones mentales saboteadores, que, aunque en su origen buscaban protegernos, en la adultez terminan boicoteando nuestras decisiones, emociones y vínculos.

A lo largo de este libro analizaremos cómo estos saboteadores pueden interferir en la construcción de relaciones sanas, haciéndonos actuar desde el miedo a no ser queridas, la necesidad de controlar o la duda constante sobre nuestro valor. Comprenderlos es el primer paso para desactivarlos y, desde ahí, recuperar nuestro lugar de la Reina. Porque la Reina no es solo un arquetipo de poder personal. Es el equivalente al Sabio en la teoría de la inteligencia positiva: esa parte de ti que elige con claridad, actúa desde la calma y responde desde el amor propio.

Podemos ser cada día más inteligentes en el amor. Y no, no se trata de manipular al otro. Tampoco de controlarlo. Mucho menos de aplicar estrategias maquiavélicas para que alguien se enamore de nosotras. Ninguna relación sana se construye desde la manipulación ni desde el control. Mi misión como coach —y la de este libro— es acompañarte a construir una relación sana, feliz y duradera. Una relación donde te sientas querida, valorada y cuidada. No por lo que aparentas, sino por lo que de verdad eres.

Este libro no contiene técnicas vacías de seducción ni propone dejar de ser tú misma para gustar a los demás. Se trata de desplegar todo tu poder personal relacionándote desde el paradigma de la abundancia, para que todas las personas con las que te vincules en tu vida puedan, a partir de tu actitud, saber quién eres y cómo mereces ser tratada.

¿Qué hacer para gustar? Nada. Porque, cuando queremos gustar a toda costa, terminamos generando el efecto contrario. Esa necesidad de agradar, de ser aprobadas, se percibe. Y en lugar de atraer, ahuyenta. El verdadero atractivo no nace del esfuerzo ni de la ansiedad por ser elegida. Surge cuando somos nosotras mismas, cuando estamos en nuestro centro, cuando desplegamos nuestro magnetismo personal de forma natural, sin forzar, mendigar atención ni buscar validación. Porque no se trata de gustar. Se trata de ser. Y, desde ahí, todo lo demás llega.

EL AMOR PROPIO, LA BASE DE LA REINA

En mis libros anteriores, Estás para másy Desbloquea tu próximo nivel, he dedicado miles de caracteres a que el lector pueda desarrollar autoconocimiento, conexión personal y, como consecuencia, autoestima. En estas páginas encontrarás un método diferente para aplicar eso al amor.

En este libro voy a demostrar, a través de 27 leyes, cómo se comporta una persona con amor propio en las relaciones. Para escribirlas, no solo observé a mujeres que caminan con confianza, que se eligen todos los días y que han logrado construir vínculos sólidos desde su magnetismo personal, sino que también me basé en contenidos de Carl Gustav Jung, de Robert Greene –sí, el autor de Las 48 leyes del poder, Las leyes de la naturaleza humana y El arte de la seducción–, además de estudiar los contenidos de referentes en psicología especializados en vínculos y relaciones como Dr. Walter Riso, Dra. Cloé Madanes y Lic. Fernando Rubano (que, además de un gran referente, es maestro y amigo), enseñanzas de Clara Angelina Díaz Anderson, Master coach y profesora de Harvard, y el número uno de todos los tiempos: Anthony Robbins. Todo ese conocimiento está condensado acá, pero traducido a tu vida cotidiana, a tu energía femenina y a tus relaciones. Para que no solo lo entiendas, sino que también lo puedas aplicar de forma práctica. La idea es que, una vez que conozcas estas leyes, puedas salir al mundo de las citas con más confianza, más entusiasmo y sin perder esa chispa de diversión que también queremos que esté presente. Y, por supuesto, que puedas construir una relación sana, próspera y feliz.

CADA REINA TIENE SU HISTORIA

En cada capítulo encontrarás mucho más que una explicación teórica. Cada ley viene acompañada de una historia real que te va a mostrar cómo se vive, cómo se aplica y cómo puede transformar una vida.

Algunas de estas historias pertenecen a mujeres icónicas que han marcado la historia. Mujeres fuertes, poderosas, reconocidas, que han dejado huella no solo por sus logros, sino por cómo han navegado el amor y las relaciones. Sus vidas nos enseñan que el poder, la fama y el reconocimiento no te eximen de los desafíos del corazón, pero sí pueden mostrarte cómo enfrentarlos desde un lugar de fortaleza.

Otras historias son de mujeres que han llegado a mi consulta y me han abierto la puerta de su vida, de sus miedos, de sus sueños, de sus errores y de sus victorias. Son mujeres valientes que decidieron hacer el trabajo interno necesario para construir el amor que merecen. Sus historias son 100% reales, aunque he cambiado nombres y algunos detalles para proteger su confidencialidad, porque su confianza es sagrada para mí.

Todas estas mujeres, con sus aciertos y sus errores, con sus caídas y sus victorias, nos regalan un aprendizaje supervalioso. Cada historia es un espejo donde puedes verte reflejada, una guía que te muestra que no estás sola en este camino, y una prueba de que la transformación es posible.

Elegí mezclar mujeres famosas con mujeres anónimas por una razón muy simple pero poderosa: porque no importa dónde hayas nacido, cuánta fama tengas, cuánto dinero ganes, cuántos aplausos recibas o cuántos likes consigas, a todas nos pasan las mismas cosas. Todas vivimos amor y, también, desamor. Todas enfrentamos los mismos miedos, las mismas inseguridades, los mismos patrones. Y todas, sin excepción, podemos ser Reinas.

Al final, eso es lo que somos todas: mujeres escribiendo nuestra historia. Y es hora de que la tuya sea la de una Reina.

“Deja de pedir permiso para ocupar tu lugar”,Viola Davis.

LEY 1

Compórtate como una Reina para ser tratada como tal

Nuestro comportamiento crea realidades. Aprende a ocupar tu lugar. Cuando una mujer se comporta como Reina, el universo entero reconoce su lugar.

“Me merezco un buen amor”, “no logro conocer a una persona que quiera lo mismo que yo”, “siento que no importa lo que haga, nunca es suficiente”. ¿Alguna vez te escuchaste diciendo alguna de estas frases? ¿Sabes que te mereces un buen amor, pero aun así no llega a tu vida? ¿No sientes que eres valorada como mereces?

“Compórtate como una Reina para ser tratada como tal”. Esta es la primera ley. Es la base de todo. Es el punto de partida del viaje que vamos a recorrer juntas.

El proceso para lograr un resultado es pensar, sentir y hacer. A partir de nuestros pensamientos, positivos o negativos, activamos un sentimiento, y eso nos lleva a la acción. Por eso, primero es necesario tener amor propio, creernos merecedoras de amor, para luego, desde esa solidez interior, desde esa relación con nosotras mismas, construir una buena relación con el otro. Ok, en la teoría lo entendemos y suena muy bonito, pero en el plano de la realidad surge un gran desafío: ¿cómo hacemos para querernos más? ¿Cómo desarrollamos un amor propio sólido? ¿Qué hacemos para tener autoestima?

Estoy harta (sí, sí, harta) de ver intentos de amor propio que terminan en autoestima de cotillón. He visto de todo: personas que repiten mantras como un loro –“me amo”, “recibo un buen amor”, me valoro y me respeto”– y luego están en relaciones en las que viven todo lo contrario. He visto también a personas que interpretan el amor propio como autocomplacencia y se enfocan en darse gustos, entonces pasan por el mall y se compran los zapatos en 12 cuotas porque “me lo merezco”, y cuando llega el resumen de la tarjeta, en vez de “amarse más”, se dan con el látigo mental y la culpa, porque se generaron una deuda que no pueden pagar. Ante tantas falsas interpretaciones de amor propio y acciones de autoestima de cotillón, surge una pregunta clave: ¿cómo lograr un amor propio “suficiente y real” para construir una buena relación?

La autoestima no es ni más ni menos que el nivel de conexión que tenemos con nosotros mismos: cuánto nos conocemos y cuánto valoramos aquello que somos. Y el nivel de conexión hacia el afuera, hacia los demás, con un otro que nos guste, con esa futura pareja, será directamente proporcional a nuestra conexión interior. Ya dijimos que, para lograr resultados, el camino es pensar, sentir y hacer. Pero aquí vamos a hackear nuestro amor propio para potenciarlo y desarrollarlo desde la acción.

Si el amor propio es necesario para construir una relación de amor… ¿cómo se comporta una persona con amor propio en las citas? ¿Por qué hay personas que fluyen en sus relaciones? ¿Cómo logran enamorar y ser magnéticas esas mujeres que resultan irresistibles?

EL HUEVO O LA GALLINA

Durante años, he observado el comportamiento de miles de mujeres y he detectado ciertos patrones de conducta en aquellas que tienen autoestima alta y que logran tener un alto nivel de atracción sin esfuerzo. Estas mujeres no se desviven por agradar, son ellas mismas.

Cuando comenzamos a comportarnos como personas con autoestima alta, aunque al principio no lo creamos del todo, ya estamos activando algo. Estamos enviando un mensaje al mundo… y, más importante aún, a nosotras mismas. Porque cada vez que nos llevamos a la acción desde la confianza, aunque tengamos miedo, nos demostramos que podemos. Y eso, aunque parezca sutil, lo cambia todo.

Tony Robbins lo explica con claridad en su teoría de coaching del Ciclo del Éxito: todo comienza con nuestro potencial. Pero ese potencial no sirve de nada si nos quedamos en el tupper; es decir, si no se activa con acción. La acción genera resultados y esos resultados, si son positivos, refuerzan una nueva creencia sobre nosotras mismas: “soy capaz, soy valiosa, soy deseada, soy atractiva”. Y esa creencia, entonces, libera aún más nuestro potencial. Es un círculo virtuoso que se convierte en una espiral ascendente, porque se retroalimenta: cuanto más actúas desde la confianza, más resultados obtienes, más crees en ti… y más logras. Vamos liberando poco a poco a la Reina que llevamos dentro.

Si rompemos nuestros propios patrones de conducta en las relaciones y comenzamos a aplicar patrones de conducta de Reina, así seremos tratadas por los demás. Y, lo más importante, nos convertiremos en esa persona que confía en sí misma, que sabe lo que vale, que es capaz de poner límites sanos en sus relaciones, que resulta atractiva, valorada y respetada desde el primer encuentro. Nos convertiremos, finalmente, en Reinas.

La Reina conecta con su valor personal y la libertad de elegir quién quiere ser en su vida. Esta es la esencia del coaching estratégico, que nace a mediados del siglo XX junto con las teorías del antideterminismo del psiquiatra y psicólogo Viktor Frankl, quien afirma: “La última libertad humana es la actitud que tenemos ante las circunstancias que se nos presentan”. Frankl, luego de estar prisionero en un campo de concentración nazi, escribió su libro El hombre en busca de sentido y dio comienzo a una nueva era de la psicología tradicional: ya no estamos determinados por nuestro pasado, podemos elegir vivir una vida distinta porque, como seres humanos, tenemos la libertad y la capacidad de hacerlo. Nuestro pasado no es igual a nuestro futuro. ¿Cómo se puede aplicar esto a nuestras relaciones?

No importa cuántas veces te hayas equivocado en el amor, hoy tienes la oportunidad de crear un futuro diferente. No importa el abandono que sufriste en la niñez o esa relación con un narcisista que dañó tu autoestima, hoy tienes la oportunidad de vivir un amor pleno. No importa que creas que eliges mal en el amor o que no tienes suficiente amor propio o belleza para que otro te ame, tienes la oportunidad de elegir comportarte como una persona que se ama y, poco a poco, ver en el plano de la realidad demostrarte a ti misma, y al mundo, lo que de verdad vales.

Arquetipo de la Reina

Claridad:sabe lo que quiere. Y también lo que no. Tiene la capacidad de leer las señales, distinguir lo sano de lo tóxico, lo real de la ilusión. La Reina no se pierde en lo confuso, porque su claridad interna le da visión externa. La claridad es poder. Confianza: confía en sus pensamientos. En sus tiempos. En su valor. Y también en su intuición. Se siente segura de quién es. Y, desde ahí, toma decisiones sin dudarlo.Magnetismo: no necesita pedir ni controlar ni forzar; sabe que con su presencia ejerce una influencia invisible que logrará la conexión necesaria para construir vínculos sólidos.Dignidad: no negocia su valor por compañía. La dignidad no es rigidez, es centro. Es esa fuerza silenciosa que la mantiene erguida incluso cuando algo le duele.Respeto: no lo exige; lo encarna. Sabe que el respeto no se pide con palabras, sino que se inspira con presencia. Su forma de hablar, de retirarse y de poner límites, es lo que deja huella.Autoestima: no está esperando que alguien le diga cuánto vale. Lo sabe. Y como lo sabe, se cuida, se prioriza y se rodea de vínculos en los que es valorada.

LA HISTORIA: CLEOPATRA

La brisa del Nilo y el perfume de las flores de loto se colaban entre las torres del palacio real. A lo lejos, nadie en Alejandría podía imaginar que estaba por suceder algo que cambiaría la historia.

En una sala solitaria, iluminada por antorchas, Julio César repasaba mapas y documentos ensimismado, sin importarle lo que pasara fuera de los aposentos de su palacio. Pero esa noche su camino se desviaría de manera imprevista. No serían soldados ni políticos quienes ocasionarían ese desvío. La responsable de semejante acción iba a ser nada menos que una mujer.

Cleopatra ya no era la niña destronada que su hermano Ptolomeo había expulsado de Alejandría. Era una Reina sin corona, sí, pero con algo mucho más valioso: una confianza férrea en su propio valor.

Con su cabello perfumado y sus ojos oscuros, que iluminaban como el fuego, se dejó envolver en un manto de lino grueso por su fiel servidor Apolodoro, que la cargó a través de los pasillos del palacio al amparo de la noche. No había marcha atrás. Cada paso era un desafío, pero Cleopatra no sentía miedo. Su cuerpo estaba invadido por la calma de quien ha elegido su destino.

Cuando llegaron ante César, Apolodoro inclinó la cabeza, depositó el bulto a los pies del general y dio un paso atrás. César, intrigado, alzó una ceja y, con un gesto, ordenó que desenvolvieran la carga. Cleopatra se puso de pie, erguida, segura, y sus ojos, grandes y brillantes, se posaron en los de César como si midieran su alma. No bajó la vista. No sonrió con timidez.

El general, curtido en mil batallas, acostumbrado a las intrigas y las adulaciones, se quedó sin palabras. Ante él no había una suplicante, no había una víctima. Había una Reina.

Cleopatra habló. Su voz era suave pero firme. No pidió compasión. Expuso su causa con la dignidad de quien no implora, sino que se presenta como una igual. César la escuchó, fascinado no solo por la audacia de su gesto, sino también por su energía viva, magnética. Esa noche fueron miradas las que sellaron las alianzas. Y fue Cleopatra –sin más armas que su ingenio, su coraje y su presencia– quien torció el rumbo de su vida y del imperio más grande del mundo.

Ella no pidió permiso para ser tratada como Reina. Era una Reina y se comportó como tal. Y el mundo entero, empezando por Julio César, no tuvo más remedio que reconocerlo.

EL SÍMBOLO: LA CORONA

La corona no es solo un adorno de oro y gemas: es el reflejo visible de un trono interior. Una Reina no espera que otros le otorguen valor; ella se corona a sí misma en silencio, con cada decisión, cada límite, cada gesto de dignidad. Llevar la corona significa recordar, en cada momento, que el respeto y la admiración auténticos no se exigen ni se mendigan: se inspiran.Ponte la corona invisible. Y el mundo aprenderá, sin que digas una palabra, cómo mereces ser tratada.

“Una reina no tiene miedo al fracaso. El fracaso es otro trampolín hacia la grandeza”,Oprah Winfrey.

LEY 2

El amor no sucede por casualidad

Lo que hoy llamas destino ayer fue una elección. El amor no llega porque sí; responde al eco de tu energía, tu claridad y tu valor. La que espera por azar repite ciclos; la que despierta, crea realidades.

“Yo soy como soy”, “quiero que fluya”, “hago lo que siento”. ¿Alguna vez sentiste que alguien que te gustaba no llegó a conocerte? ¿Estuviste en una relación que querías que fluyera, pero se estancó? ¿Haces lo que sientes y eso no siempre te lleva a buen puerto?

Queremos que fluya, claro que sí: no hay nada más lindo que el inicio de una relación en la que todo se da con naturalidad, sin forzar, con reciprocidad y conexión auténtica. Queremos sentir, vivir un buen amor con intensidad, con todo nuestro corazón. Todo muy lindo, pero… ¿qué pasa cuando no pasa? Necesitamos reconocer que hay personas a las que se les da de forma natural conocer gente y construir buenas relaciones y otras a las que parece que, sin importar lo que hagan, no logran nunca el título de “novias”.

Conectar con los demás, resultar atractiva y, sobre todo, construir una relación, requiere de habilidades que no nos enseñan en el colegio ni en la universidad. Por eso hay tantas mujeres inteligentes que acumulan grandes logros y éxitos profesionales, pero hacen agua en el amor. Creemos que es algo que a todos nos tiene que salir igual y que deberíamos tener la capacidad innata de saber conectar y construir relaciones, pero no es así.

Si hasta ahora no hemos logrado una buena relación, muchas veces es por ignorancia. Por no saber. Por desconocer ciertas cosas que otras personas hacen de forma intuitiva, sin siquiera notarlo. Porque, si eres de esas personas que no fluyen en las relaciones, estarás cansada de escuchar a esa amiga que te dice: “Lo conocí a Pepito de casualidad; no lo busqué para nada… se dio solo”. Chan. Ok. Si a una amiga le pasó, a mí también, en algún momento, me debería suceder. Y pasan los días, los meses, los años... y, en algunos casos, las décadas, y no pasa.

Las relaciones comienzan, todo parece fluir, hay conexión, química, entusiasmo. Pero llega ese momento inevitable de definición, el famoso “¿qué somos?”. Y entonces aparece la respuesta que ya conocen de memoria: “Te quiero, eres una gran persona, pero no estoy buscando nada serio”.

Y lo peor no es solo ese cierre. Lo peor es que, dos meses después, lo ven de novio con otra. Y, al año, planificando un casamiento. Entonces las preguntas atacan todas juntas: “¿Qué pasó? ¿Por qué ella sí y yo no? ¿Por qué nadie quiere un compromiso?”. O, más honestamente aún, “¿por qué nadie quiere un compromiso conmigo?”.

Esa última pregunta –incómoda, dolorosa, pero muy humana– es la que muchas veces da origen al proceso. Porque detrás de ese dolor no solo hay frustración; hay una mujer que también empieza a mirar hacia adentro con más claridad. Y ahí empieza todo.

LA CONEJITA DE LA PRADERA

Cuando nos damos cuenta de que el amor no nos pasa, tenemos dos opciones: convertirnos en Reinas o en Conejitas de la Pradera.

La Conejita de la Pradera es dulce, impulsiva y emocionalmente atolondrada. No sabe bien qué quiere, pero lo quiere ya. Va por la vida diciendo todo lo que siente, sin filtro ni estrategia. Cree que el amor es cuestión de suerte y, mientras tanto, insiste en relaciones que no van, que duelen. Pero ella no se rinde, confunde terquedad con esperanza.

La Conejita de la Pradera vive en la ignorancia o, como decimos en memes, “finge demencia”. No importa cuántas veces fue rechazada, ghosteada (del inglés ghost: fantasma; es decir, ese susodicho que desaparece como Casper, pero sin lo simpático) ni cuántas cayó en vínculos con un Vivaracho Cucaracho. Ella sigue convencida de que, sin cambiar nada, como por arte de magia, en algún momento va a obtener un resultado diferente.

Una frase un tanto cliché, pero que describe a la Conejita, es “locura es hacer una y otra vez lo mismo y esperar resultados distintos”. Y sí, lo es. Pero, más allá del cliché, la pregunta real es: ¿de dónde viene esta “locura” de creer que, si algo no te pasa en años haciendo siempre lo mismo, algún día –misteriosamente– va a suceder? La Conejita no se lo pregunta. Porque la Conejita no cuestiona su propio patrón, lo repite.

Entonces, ¿qué hace la Conejita? Se queda esperando. Como Penélope, pero versión siglo XXI: en lugar de tejer, se sienta frente a Netflix con la esperanza secreta de que en cualquier momento el amor le toque la puerta. O peor: se engancha con el primer Vivaracho Cucaracho que le provoca un subidón emocional, convencida de que ese impulso desbordado es el verdadero amor.

En ese instante, su inteligencia emocional se va al tacho. Entrega todo –cuerpo y alma– por un sentimiento que, en realidad, fue disparado por un querubín errático que viene desde hace años tirando flechas sin acertar ninguna. Tan mal está apuntando ese Cupido que, a esta altura, sospechamos que opera bajo el efecto de drogas peligrosas o, mínimo, con resaca crónica.

Arquetipo de la Conejita de la Pradera

Falta de visión: no sabe lo que quiere. Se deja llevar por lo que siente en el momento.Enamoradiza: se enamora del potencial, de la ilusión, del “podría ser”, y no de la realidad concreta. Cree que querer mucho es suficiente. Confunde enamoramiento con amor. Terquedad: vive una y otra vez historias parecidas, y no aprende. Ignorancia: elige mal y no lo ve. Cree que es casualidad. Impulsividad: no piensa antes de tomar una decisión. Hace lo que siente (aunque no le convenga y le genere malestar).

EL AMOR NO LLEGA POR CASUALIDAD

Los resultados en la vida son causa y efecto, y construir un buen vínculo no es la excepción. Lo que vives hoy en tus relaciones es el fruto de decisiones conscientes e inconscientes, creencias instaladas, límites que pusiste (y no pusiste), señales que ignoraste y algunos traumas del pasado que operan en las tinieblas y que ya no deberían estar eligiendo por ti. No es mala suerte ni que el universo esté en tu contra. Es una fórmula silenciosa que opera desde dentro y se proyecta hacia afuera.

En el amor, como en todo, nada cambia si tú no cambias. Si repites patrones, repites historias y, por supuesto, repites finales. La Conejita de la Pradera cree que el amor es cuestión de azar, que un día alguien llegará a rescatarla del tedio emocional. Pero no ve que ella misma es la causa de sus historias repetidas. Por eso, tropieza con el mismo tipo de hombre. Cree que cambia, pero solo da vueltas en círculos, corriendo por el prado, blanca e impoluta como una pompa de jabón.

La Reina, en cambio, se hace la gran pregunta: ¿de qué forma soy protagonista en mis relaciones? Y eso ya la ubica en otro lugar. Porque mientras la Conejita actúa desde la reacción, la Reina actúa desde la conciencia. La Reina se observa, se posiciona y elige.

Pasar de Conejita a Reina no es un truco, es lograr un nuevo nivel de conciencia en el amor. No es verdad que el amor llega como producto de la suerte. Llega por elección. Y tú puedes elegir. Cómo quieres ser tratada, con quién te vinculas, qué historias ya no estás dispuesta a repetir. Porque el amor no llega por casualidad. Es el eco de tus decisiones, de tu energía, de tu claridad y de tu autoestima en acción.

LA HISTORIA: LAURA Y LA “SALIDA DEL TUPPER”

La rutina de Laura se podía cronometrar con precisión militar. Lunes a viernes, despertador a las 6:50, café solo, ducha rápida, 7:15 tomaba el subte y a las 8:15 ya estaba en su escritorio de la empresa de logística donde trabajaba como contadora desde hacía 15 años.

Martes y jueves, gimnasio después del trabajo. Fines de semana, series, algún libro de autoayuda y, de vez en cuando, una salida a almorzar con Ana y Carla, sus amigas de la universidad, ahora casadas y con hijos. A sus 42 años, la vida de Laura era ordenada, predecible y, según ella, “en paz”. Pero había un tema que la inquietaba cada vez más: llevaba una década soltera, y no por elección. “Es que, cuando menos lo esperes, va a llegar… Si lo buscas con desesperación, lo ahuyentas. El universo sabe lo que hace”, se repetía cada mañana frente al espejo.

Pero el universo parecía haberse olvidado de su deseo de formar una pareja. Mientras Ana le contaba sobre el compañero de trabajo que la había invitado a tomar un café (aunque estuviera casada, “siempre pasan cosas”, decía riéndose) y Carla le relataba cómo había conocido a un vecino nuevo en el ascensor que le había pedido el número, Laura se preguntaba por qué a ella nunca “le pasaba” nada.

Su vida transcurría entre las mismas cuatro paredes: oficina, gimnasio, casa, supermercado. Los únicos hombres con los que interactuaba eran Raúl, el encargado de su edificio (casado, tres hijos), y Martín, su compañero de trabajo (en pareja desde hacía ocho años). En el gimnasio, todos parecían estar en su mundo, con auriculares puestos y miradas perdidas en las pantallas de las máquinas.

Una noche, mientras hacía tiempo para irse a la cama mirando Instagram, se cruzó con un posteo que decía “Sal del tupper” como analogía a ponerle sal a la vida para que te pasen cosas. Le llamó la atención de inmediato, porque Laura tenía una gran colección de tuppers que hacían de “loncheras” para llevar el almuerzo al trabajo.

Esa noche se quedó despierta pensando en ese posteo y algo resonó en ella... Tomó su ejemplar gastado de El secreto, el libro de Rhonda Byrne acerca de la ley de la atracción, y lo hojeó buscando respuestas. “Pide, cree, recibe –leyó–. Visualiza lo que quieres y el universo conspirará para dártelo”.

Había pedido. Había creído. Había visualizado. Pero no había recibido nada más que noches de sábado viendo series en pijama. Fue entonces cuando decidió escribirme para saber más acerca de “salir del tupper”.

—Daniela —me dijo entre risas en nuestra primera sesión—, creo que necesito salir del tupper.

—Cuéntame más —le pedí—. ¿Cómo puedo ayudarte?

—Quiero una pareja, pero hace más de diez años que estoy sola… Sé que el amor va a llegar cuando tenga que llegar. Pero... ¿por qué no llega?

—¿Por qué no llega? —le repregunté textualmente.

—Creo que… porque estoy en el tupper…

—¿Y por qué no sales? ¿No buscas el amor?

Se quedó en silencio, procesando.

—Porque creo que es algo que debe darse natural… no forzado —dijo en un tono muy bajo, casi como si me lo preguntara.

—¿Qué sería forzarlo? —insistí.

—Bueno, forzarlo… buscarlo…

—¿Es lo mismo forzar que buscar? ¿Es lo mismo forzar una puerta que buscar una puerta?

—No —me dijo con una media sonrisa.

—¿Es lo mismo forzar una puerta que abrir una puerta?

—No. —Todavía mantenía la sonrisa en sus labios.

—¿Es lo mismo forzar una historia de amor que buscar una historia de amor?

—No… Ya entendí… —La sonrisa dejó lugar a un gesto de asentimiento.

—¿Necesitas o quieres un buen amor en tu vida?

—Quiero…

—Si quisieras un trabajo nuevo, ¿te quedarías en tu casa esperando que te llamen?

—No, obvio que no. Buscaría ofertas, actualizaría mi CV, haría entrevistas…

—Exacto. Entonces, ¿por qué crees que el amor funciona diferente?

Laura se tomó unos segundos para pensarlo.

—Sé qué hacer en el terreno laboral, pero no sé qué hacer en el amor.

Le propuse un experimento: durante un mes, iba a hacer una actividad nueva cada semana. No con el objetivo de encontrar el amor, sino de expandir su mundo.

La primera semana se inscribió en un taller de cocina italiana. “Siempre quise aprender a hacer pasta casera”, me contó. La segunda, se anotó en un club de lectura en una librería de Palermo. La tercera, en un curso de fotografía urbana.

— ¿Sabes qué es lo raro? —me dijo en nuestra cuarta sesión—. No estoy pensando en conocer a nadie. Estoy disfrutando de hacer cosas nuevas. Me siento... más viva.

La cuarta semana se inscribió en un club de cata de vinos. “Siempre me gustó el vino, pero nunca supe nada técnico”, me explicó. Fue ahí donde conoció a Lucas. No fue amor a primera vista. No fue una conexión mágica instantánea. Fue una conversación sobre un malbec de Mendoza que se extendió más de lo esperado. Fue reírse juntos cuando ella confesó que hasta hacía un mes no sabía la diferencia entre taninos y acidez.

Seis meses después, Laura me contaba en nuestra última sesión: “Entendí algo, Dani. El universo no trajo a Lucas a mi sofá. Yo me puse en movimiento y el universo respondió. El amor no fue una casualidad. Fue una causalidad. Mi propia creación”.

En la actualidad, Laura sigue yendo a sus clases de cata de vinos, pero ahora va acompañada. Sigue creyendo en la ley de atracción, pero ahora sabe que la atracción requiere acción. Sigue teniendo su rutina, pero ahora incluye aventuras. Y así fue como aprendió que el amor no sucede por casualidad. Se crea. Con intención, con acción y con la valentía de salir del sofá y ponerse en el camino de las posibilidades.

“Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos favorables en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”, Mark Twain.

LEY 3

La Copada nunca es novia

Ella, que todo lo da, todo lo pierde. El amor no nace del esfuerzo, nace del misterio que invita a conquistar. Quien quiere ser elegida debe aprender a ser inaccesible para quien no lo merece.

“Eres buena persona, pero no estoy listo para un compromiso”, “me gustas, pero no quiero un noviazgo”, “que fluya, vamos viendo qué nos pasa…”. ¿Te dijeron alguna de estas frases? ¿Estás o estuviste en una relación “casi algo”? ¿Pasaste por una relación en la que tú querías más y el otro, menos?

¿Qué es ser la Copada? ¿De dónde viene? Muchas veces me pidieron que lo explicara. Sé que en Argentina decimos “copada” y que en otros lugares de Latinoamérica se dice “la buena onda”, “la amiga”, “la que siempre quiere estar”, “la ayudadora serial”. En todos los casos, hace referencia a esa mujer que quiere ayudar al otro, que es generosa, que se entrega, que acepta las condiciones, los horarios y las propuestas del otro. Esa que se suma en todas, para la que nunca nada es un problema, la que da amor sin pedir nada a cambio.

¿Y eso está mal? No, para nada. Tengo un gran respeto y amor por las Copadas, porque entiendo que son seres del bien que se entregan al 100% en las relaciones y tienen tanta generosidad que dan más de lo que deberían. Entonces, por supuesto que no quiero que te des con el látigo mental si al comenzar una relación eres de esas personas que dan todo por el otro. Te felicito, porque habla de tu buen corazón y de tu capacidad de entrega y amor (cosa que a muchas personas les falta).

El problema es cuando ese nivel de entrega y generosidad te juega en contra y te encuentras en relaciones en las que, cuanto más das, menos te valoran; cuanto más das, menos te respetan; cuanto más das, menos te quieren. Y tú, del otro lado, puedes pensar: “Ok… si doy amor y el otro no lo valora, entonces sigo mi camino”. Y esta es la clave que quiero que conozcas a partir de esta ley. En el comienzo de una relación es necesaria la seducción, que nada tiene que ver con el amor. En general, la Copada entra cual Conejita de la Pradera a la relación y se saltea una etapa fundamental en la construcción de un vínculo amoroso: la conquista.

¿CONQUISTA?

¿Volvimos al medioevo? ¿Acaso todavía creemos que somos princesas y caballeros? No. Ya no somos princesas, somos Reinas, pues no necesitamos ser rescatadas ni validadas por el caballero en su armadura, tenemos nuestra independencia y muchas veces somos incluso más poderosas que los hombres con los que nos cruzamos.

“¿Entonces tenemos que fingir que el otro no nos interesa? ¡Qué superficial! A mí me gustan las relaciones reales”, me dijo Clara, una mujer inteligente, bella, divertida, profesional y superinteresante, que llegó a mi consulta queriendo entender el porqué de su soledad, el porqué de no ser nunca la elegida y quedarse siempre en el lugar de “la Copada que nunca es novia”.

¿Es la seducción una forma de manipulación? ¿Es la conquista el comienzo de una relación superficial? No y no. Y, es más, redoblo la apuesta: sin etapa de conquista, la relación termina siendo superficial. Pégalo en la heladera. Muchas relaciones superfluas, “casi algo”, comenzaron salteando la etapa de la conquista. Comenzaron sin esa conexión inicial profunda, esa curiosidad por el otro, ese enamoramiento. Sin esa fantasía de los primeros encuentros que da lugar a dosificar la entrega y construir una relación de noviazgo.

La conquista es una etapa crucial, porque sienta las bases de la relación. Si se omite o se apresura, como en general hace “la Copada”, se corre el riesgo de que la conexión carezca de profundidad y autenticidad. En la conquista no se manipula a nadie; se crea un espacio en el que ambos puedan explorarse y descubrirse uno al otro.

La etapa de conquista, según Robert Greene en El arte de la seducción