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El autor, B. J. Hermansson, es un hábil creador de relatos que conjuga una prosa aguda con descripciones poéticas. En esta colección podrás disfrutar de 10 de sus historias más seductoras: Sueño de solsticio de verano ¡Luz, cámara, sexo! Seduciendo al doctor Amantes Día de los enamorados Una mujer libre Fuckboy Ardiente como el infierno El gimnasio Semana sí, semana no
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Seitenzahl: 226
Veröffentlichungsjahr: 2020
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B. J. Hermansson
LUST
Lo mejor de B. J. Hermansson: Deseos
Original title:
B. J. Hermansson compilation 2
Translated by LUST
Copyright © 2019 B. J. Hermansson, 2020 LUST
All rights reserved ISBN 9788726649048
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
—¿Llevas la sudadera con capucha roja? —Vanessa le pregunta a su hijo.
— Sí, mamá.
— ¿Has guardado los impermeables? Papá dice que os vais al campo mañana.
— Sí, mamá.
— Entonces me parece que eso es todo…
— Se te olvida algo —Tim la mira con una mirada traviesa.
— ¡Los libros del colegio! ¿Los has guardado?
— Claro que sí, mamá.
Tim ya se marcha primero a casa de un amigo y luego a casa de su padre, el ex de Vanessa Harding. Acaba de despedirse de Tiffany, su hija mayor. Una vez más, está a solas. Es viernes y los niños han estado con ella una semana. En las semanas impares los niños se quedan en casa de su padre y en las semanas pares, se quedaban con ella. Así que ahora les toca ir de vuelta con él. Ella sabe que no les pasará nada malo, no se morirán de hambre y no les faltará de nada, estarán bien cuidados por su padre, que dará prioridad a su bienestar por encima del suyo propio. Hará cosas con ellos, les preguntará como están y estará para ellos igual que estuvo para ella.
Finalmente se fueron distanciando. Se conocieron en el instituto y fueron pareja desde entonces hasta hace cuatro meses. La decisión fue conjunta, no necesitaron más palabras y ninguno de los dos podía culpar al otro. La vida les había llevado ahí. El tiempo, dijeron ellos, se había cobrado su precio y se habían ido separando y habían cultivado intereses nuevos de forma separada. Quisieron hacer algo antes de que sufrieran los niños. Ninguna conmoción. Nada de gritos, llantos o lágrimas, nada de uno negándose a hacer esto o lo otro o gritarles para decirles que eran egoístas y que necesitaban poner a los niños por delante. Se lo habían esperado puesto que ambos eran hijos de padres divorciados y así es cómo habían reaccionado cuando sus propios padres les habían dicho que se separaban y que uno de los dos se mudaría de casa.
—Solo queremos que seáis felices.
Es lo que los niños les habían dicho. Niños con talento, listos e intuitivos que habían criado juntos para ser individuos sensatos. Aunque Tim solo tenía diez años y Tiffany trece, eran muy sabios y reflexivos para su edad.
La actitud de los niños le había permitido respirar un suspiro de alivio. Las semanas que siguieron evolucionaron sin consecuencias significativas. El padre se había mudado a un piso nuevo y todo había ido bien, casi demasiado bien. Así que ella tenía a los niños semana sí, semana no y el resto del tiempo lo pasaban con él. Decían que les gustaban sus dos dormitorios, que se sentían bien en ambas casas y ella les creyó. Nadie conocía a los niños mejor que ella y sabía cuándo le estaban diciendo la verdad y cuándo estaban mintiendo para que la otra persona fuese feliz. Pero en este tema, no titubeó ni un segundo. Estaba segura de que le decían la verdad y no solo lo que ella quería oír, lo cual le aportaba una gran sensación de paz interior. Ella había hecho lo correcto, él había hecho lo correcto y juntos habían salvado algo que podría haber terminado en un absoluto desastre.
Cuando está totalmente sola en la casa, hay una clase de silencio especial al que todavía no se ha acostumbrado. Un silencio lleno de aburrimiento, que le coreo por dentro y le dice que tiene que hacer algo, que tiene que pensar en algo que hacer. Acaban de dar las cinco de la tarde y tiene bastante tiempo por delante para hacer más que estar tumbada en el sofá viendo una serie mediocre sobre las condiciones de vida azarosas en sitios bellos y soleados.
*
Llama a su amiga Sarah. Ella también está soltera y se acerca a casa de Vanessa inmediatamente. Las dos amigas abren una botella de vino, se sirven dos vasos y empiezan a beber sorbitos.
—Deberías empezar a salir —le dice Sarah.
—¿Salir? Tú me conoces, tonta —exclama Vanessa—.Me tomo las cosas muy despacio, no me precipito en nada, espero el momento correcto, etc. Y me parece que todavía no he llegado a ese punto. solo han pasado unos meses desde que nos separamos.
—Eso es cierto. Sí que te conozco —replica Sarah—.Te conozco mejor que la mayoría de la gente y sé cómo eras antes de que conocieras a Nicholas. Eras la más animada, siempre sonriendo, curiosa y eras una gata salvaje, Vanessa.
Las dos amigas ríen y de repente aparecen en la mente de Vanessa recuerdos de una época pasada. Recuerdos que ella había olvidado hace mucho y que había guardado bajo llave en un rincón perdido de su cerebro.
—¿Te acuerdas de David? —se pregunta Vanessa—.¿Y de Jonnnie? Y, guau, ¿Alex?
—Cuando David metía la lengua cuando daba un beso…
—Los dedos de Johnnie estaban en todas partes al mismo tiempo.
—Y Alex… Oh, Alex. Cuando nos preguntó si podía salir con las dos al mismo tiempo.
Vanessa y Sarah se habían conocido en el instituto. Se convirtieron en mejores amigas y no tardaron mucho en no solo compartir todos sus secretos sino también sus experiencias. Los chicos estaban locos por esas mujeres jóvenes curiosas y ellas estaban igual de locas por los chicos.
—Y el profesor, ¿cómo se llamaba? ¿Lindgren?
—Larsson —responde Vanessa—.Se llamaba David Larsson.
—Estabas tan enamorada de él —dice Sarah.
—Lo quería y lo deseaba.
Más risas sentidas y alegría auténtica. Los recuerdos las invaden.
—Incluso le escribiste una nota, ¿te acuerdas? —sigue Sarah.
—Por favor, no me lo recuerdes.
—Escribiste la nota y se la pusiste encima de la mesa. Le escribiste que tenías curiosidad por él.
—Y…
—Pusiste tus iniciales, VM, Vanessa Maar, para que no pudiera estar completamente seguro de quién se estaba fijando en él.
— Pero…
—No se te ocurrió que fueras la única persona en nuestra clase con esas iniciales —dice Sarah.
—Después de eso, me miraba raro —responde Vanessa.
—Sí, estaba interesado, pero no se atrevió a hacer nada al respecto.
—O quizás solo pensó que era una tonta. Tonta porque sabía que estaba casado y tonta por pensar que pudiera tener interés en mí —le contestó Vanessa.
—Lo éramos también —dice Sarah—. Pero ahora tenemos tanto tiempo libre entre manos. Una vida, rutinas cotidianas, una familia.
—Sí, es cierto. ¿Pero lo echas de menos? ¿La época aquella?
—Claro que sí. Y aunque parezca una época totalmente diferente, no es demasiado tarde.
—¿Demasiado tarde para qué? —pregunta Vanessa.
—Para ser la clase de Vanessa que eras entonces. Todavía puedes hacerlo ahora. Estás soltera y todo el mundo, todos los hombres están ahí a tus pies. El mundo es tuyo.
—No sé…
—Descárgate una aplicación —prosigue Sarah—.Empieza a escribirles. Espera y mira a ver qué pasa. No tienes nada que perder, pero puedes encontrar a la vieja Vanessa otra vez muy dentro de ti. Yo la he echado de menos.
Vanessa piensa antes de contestar con una sonrisa en la cara.
—Yo también.
*
Al día siguiente, se crea un perfil. Ellos escriben de inmediato. Hombres de todas las edades divulgando información sobre ellos en diversas cantidades. Algunas de las cuentas tienen foto, pero la mayoría no. Algunos tienen fotos de ellos mismos o de una playa o una mascota. O unos músculos abdominales tensos. Otros escriben largos textos descriptivos sobre sí mismos, mientras que los hay que no escriben nada en sus biografías. Por lo tanto, la variedad es bastante significativa. Ella le contesta a cualquiera que le parezca interesante, es decir, los tíos que son atractivos y parecen sensatos. Sensato para ella significa agradable. Y con una foto que parece real.
Darko es unos cuantos años mayor que ella y los dos se sienten atraídos. Él está en una situación similar a la de ella, lleva una temporada separado y tiene dos niños que se quedan con él cada dos semanas. Después de escribirse frenéticamente durante un par de horas, él le pregunta si podría llamarla. Ella se toma un momento para pensárselo. ¿No va todo demasiado deprisa? Solo tiene una foto de él, un hombre de cuarenta y pico años con ojos bondadosos.
Ayer no estaba segura de si esto de las citas por Internet era lo suyo. Si no era demasiado precipitado todo. Pero a la vez, le pareció tentador e interesante. No había pensado en esa posibilidad todavía y Vanessa no sabía qué pensar o sentir. Pero tras pensarlo un rato, se dio cuenta que tenía interés en llevar esto más lejos, así que le escribió a Darko y le dijo que aceptaba que la llamase.
Él es de Halmstad, una ciudad bastante al sur en la costa oeste de Suecia. Tiene una voz buena, es agradable escucharle y encaja con sus ojos perfectamente. Pero más importante todavía es que es gracioso. Es una persona llana y no le cuesta reírse de sí mismo, cuenta chistes y anécdotas divertidas y ella quiere conocerlo más. Le cuenta las citas que ha tenido, sus experiencias y los pensamientos al respecto. A ella le gusta oírle.
—Tienes que tener cuidado. Hay mucho loco ahí fuera.
—¿Loco?
—Bueno, no asesinos o psicópatas, aunque de esos quizás también haya. Pero hay gente bastante loca en esto de las citas, locos de una forma única.
—Parece que tienes experiencia personal en el tema.
—Sí que la tengo.
—¿Me atrevo a escucharte?
— Eso depende de lo valiente que te encuentres hoy.
—Te di mi número de móvil cuando llevábamos escribiéndonos dos horas tan solo…
—Ah, eso es cierto.
Silencio durante unos segundos. Seguramente está pensando en qué contarle a ella, en cuánto revelar, y eso aviva la curiosidad de Vanessa. Le encantaría oírle hablar de sus experiencias.
—Conocí a una mujer la semana pasada. Era única. Un poco rarita a decir verdad y no pude comprenderla realmente. Empezamos escribiéndonos notas, justo como tú y yo hemos hecho hoy, pero yo quería tomarme las cosas con calma y ver adónde nos llevaba. Hablar por teléfono quizás y finalmente quedar para un encuentro en persona si seguía pareciéndome buena idea después de charlar por teléfono. Pero ella estaba muy animada y quería quedar «ya mismo».
—¿El mismo día que habías empezado a escribiros?
—Sí, tenía mucho interés. Dijo que podía venir a mi casa. Vivía a veinte kilómetros del centro de la ciudad, pero eso no la preocupó. Yo le dije que no me parecía bien, pero ella dijo que tenía muchas ganas de verme y no le importaba acercarse. Después de un rato, cedí aunque no sabía mucho acerca de ella. Transcurrió poco tiempo antes de que ella apareciese en mi bloque de pisos. Tocó el timbre y yo le abrí y la invité a que pasara. Y…
Él hace una pausa para hacer crecer el suspense.
—Luego tuvimos sexo. Mucho sexo. Sexo prolongado glorioso y fantástico.
A Vanessa le gusta lo que oye..
—Cuéntame más —dice ella.
—¿Sobre el sexo?
—Sí.
Ella se muerde el labio inferior. Se percata de un chispazo de sensualidad en ella que crece entre sus muslos. Con una mano en sus pantalones, los desabrocha y luego empieza a tocarse suavemente mientras Darko prosigue con su relato.
—Estaba muy decidida. Mandona incluso. Quería que yo la follase. Me dijo exactamente cómo quería que me pusiera, no en la cama, sino en el suelo, y que debía mantener las manos en sus hombros. No quería hablar, dijo. Eso era quizás lo más raro que soltó. No quería oír mis palabras o mi voz, solo quería mi polla.
—¿Eso es lo que dijo?
—Eso es exactamente lo que dijo. «No quiero oír tus palabras. solo quiero tu polla». Y luego la follé. Estuvo bien, realmente bien.
—¿Y luego qué?
Vanessa prosigue acariciando su vulva. Se está poniendo húmeda ahora. Es emocionante y nuevo y está en el borde de lo prohibido, hablar con un extraño por teléfono mientras que le habla de sus experiencias sexuales. Le gusta, le gusta mucho. Su mente curiosa da vueltas y se está poniendo cada vez más mojada. Se acaricia el coño, recorre en círculos su clítoris con sus dedos índice y anular. Siente calor, sus mejillas se ruborizan.
—Quería que yo me tumbase boca arriba. O mejor dicho no quería… me lo ordenó. Hice lo que me pidió y ella se puso a horcajadas encima de mi pecho y me hizo lamerla.
—¿Estaba buena?
—No soy muy de lamerle el coño a nadie pero esta vez me encantó. Creo que fue porque me lo pidió.
—¿Así que te gusta que te dominen?
—Mmm.
Silencio otra vez. Ella se penetra con los dedos, siente como su coño se abre entre sus dedos y como fluyen los jugos entre sus muslos. El placer sexual crea olas en su clítoris y el resto de su cuerpo. Da tanto, tanto gusto.
—¿Te estás tocando? —pregunta él.
Vanessa se ruboriza y se detiene en medio de un embiste.
—Me excitas —replica Vanessa.
—Tienes el mismo efecto en mí… Me estoy tocando también y estoy duro ahora. Como una roca.
—¿Te apetece correrte conmigo? —dice ella.
—Me encantaría —dice Darko.
—Gime conmigo entonces.
Ella escucha su respiración. Inspiraciones profundas y bruscas. Luego puede oír cómo se está acariciando su miembro, debe de estar vestido, seguramente solo con los botones del pantalón abiertos, porque su antebrazo y su mano rozan los botones cada vez que se tira del miembro. Ella está próxima al orgasmo ahora. Puede sentir su coño moviéndose, palpitando, y cómo la excitación le hace jadear una y otra vez. Ella gime en voz alta. Se acaricia la vulva, juega intensamente con su clítoris con movimientos largos, duros, rápidos. Está tan cerca ya.
—¡Me estoy corriendo!
Las palabras de él se difuminan en puro placer y justo en ese momento ella también se corre. Un orgasmo que hace que su coño explote literalmente con jugos y placer. Luego tranquilidad. Y un fuerte deseo de más.
Continúan hablando durante la noche. Darko vive lejos de ella, por lo visto. Demasiado lejos para poder considerar una relación auténtica y los dos tienen sus vidas, sus rutinas cotidianas y trabajan en ubicaciones geográficas distintas. Pero aunque un romance normal es improbable, quieren seguir en contacto. Ella quiere oír más de sus relatos.
—Y yo quiero saber más de los tuyos.
Darko es quien la convence. Le hace darse cuenta de lo que quiere y lo que anhela. Está lista para abordar un mundo donde no hay obstáculos, no hay obligaciones ni deberes. Quiere quedar con hombres y ahora está convencida de eso. Hombres mayores, jóvenes, quizás más de uno a la vez. Y buscará el placer para crear sus propias historias, como las de Darko.
Él se convierte en su confidente.
Él comparte su situación.
Y, de repente, ella siente que la vieja Vanessa, la Vanessa que ha sido menospreciada y dejada de lado, escondida en las sombras, ha vuelto.
Por fin, su vieja manera de ser ha regresado.
*
Tres días más tarde está a punto de salir a su primer encuentro. Él se llama Martin y es controlador financiero. Ha sido fácil escribirse con él y emocionante también. Muchas preguntas, unos iconitos sonrientes y durante la mayor parte del tiempo un tono travieso, que le hace pensar que no es demasiado estricto o aburrido. A ella le gusta la travesura y es una parte excitante de su personalidad.
Pero esto se convierte en una verdadera decepción cuando por fin se conocen.
Por lo que se ve, Martin es muy chistoso y hábil cuando se trata de escribir pero cuando están ahí sentados cara a cara, es rígido y cauteloso. Contesta las preguntas de ella pero poco más. La conversación entre ellos no va a ninguna parte y ella no quiere ser la persona que le saque las palabras de la boca literalmente. Pronto se cansa de él.
Pero justo antes de que ella esté a punto de concluir la velada, le recorre el cuerpo con la mirada. Puede que sea un hombre aburrido, pero tiene un cuerpo en forma y atractivo. Sus músculos son fácilmente perceptibles bajo la camisa y la chaqueta y tiene un rostro hermoso. Líneas rectas, hoyuelos y labios carnosos con una forma marcada. Un rostro que acaba de afeitarse, todo liso y suave. Es amable. Ordenado y aseado.
Pero, ¿quizás haya algo más en él que eso? ¿Algo que pueda emerger sin palabras? Ella piensa en el relato que le contó Darko. Acerca de la mujer que solo quería follar, sin discutir ni palabrerío. Ella se inclina hacia delante.
—¿Qué dirías si yo te sugiriese que me follases como un loco, de forma ardiente y humeante, en el baño de señoras en un minuto? Sin más ni menos.
Ella observa cómo sus ojos se vuelven inseguros. ¿Está loca? ¿Cómo se supone que debe reaccionar? Ella no dice ni una palabra más, solo espera su reacción. Sí o no, realmente no importa mucho ahora. Ella ha pasado ya el punto de no retorno.
—Claro.
Unos diez minutos más tarde, el espejo se está llenando de vapor, sus pechos cuelgan por encima del lavamanos y una y otra vez él hunde su polla preciosa en el coño palpitante de ella. Está caliente y él está duro. Es enorme y su polla cabe justo en ella. Se la unta de saliva para conseguir un movimiento de deslizamiento más fluido. Y ahora dentro de ella, emplea toda su fuerza en los embistes acrecentando el ritmo entre ambos. Él no dice ni una palabra, ella no está interesada en palabras. Tener su polla dentro de ella hace que se sienta viva otra vez. Le hace volver a conectar con sus emociones. Conseguir el 100% de placer del cuerpo de un hombre, su verga, sus manos hábiles y sus movimientos. Tiene la habilidad de crear un éxtasis completo. La fricción crece entre el torso de él y las nalgas de ella. Su erección palpitante muy dentro de ella le hace jadear.
Está disfrutando. Le encanta cada minuto que dura.
Clímax inmenso, no solo una vez sino tres. Se corre duro en orgasmos que le hacen olvidar el tiempo y el espacio y está extática. Le encanta cada partícula de su cuerpo y el suyo, la simbiosis entre los dos, la combinación de dos cuerpos hambrientos. Dos sexos que buscan dar y recibir.
*
—Sencillamente tienes que conocer a John —dice Sarah.
—No suena como que tengamos mucho en común, ¿no te parece? —contesta Vanessa.
—Ni remotamente —dice Sarah, de acuerdo con ella.
—¿Pero aun así quieres que lo conozca?
—Es un follador fantástico, igual que tú, Vanessa.
—¿Igual que yo? —Vanessa mira a su amiga con escepticismo.
—Sí —Sarah le guiña un ojo.
—Me han hablado mucho de él y ahora está recién divorciado y excitado, buscando pareja.
—Pero ¿cómo se supone que le contacto? —replica Vanessa.
—No puedo realmente llamarle y preguntarle si deberíamos… follar.
Las palabras se sienten extrañas en la boca. No es típico de ella ser así de atrevida y directa, ir a por lo que quiere y ser franca y abierta sobre el hecho de que quiere sexo.
—Hazlo —dice Sarah con determinación.
—¿Solo llamarle y decirle que quiero su cuerpo?
—Sí.
Así que, a pesar de sus dudas, la noche siguiente John la visita en casa. Tienen sexo y luego hacen la cucharita en la cama, la espalda de ella toca el estómago y el pecho de él. John presiona su cuerpo contra el de ella, la besa en el cuello, los hombros y la boca. Cuidadosamente, varía la intensidad y el lugar en el que los coloca. A veces son largos y prolongados y otras veces son más veloces y hambrientos. John ancla su polla con seguridad contra ella y toca su punto más interno. Es atrevido y tiene todo el derecho a serlo. La hace correrse una y otra vez. Es maravilloso. Tan jodidamente maravilloso. Sus movimientos expertos, sin una pizca de duda, la hacen sentirse completa, libre y radiante.
Justo cuando ella piensa para sus adentros que las cosas no pueden ir a mejor, él dice:
—¿Te apetece que te lo coma?
Ella no contesta, solo se echa hacia atrás y se abre de piernas. Le encanta que se lo coman. Vanessa cierra los ojos y espera ese placer pecaminoso, interminable, que vendrá cuando él le rodee el clítoris con los labios. Cuando él lo hace, la satisfacción de ella es completa. Todo es perfecto. La lengua es segura. Los besos son seguros. Concentración total mientras él alterna movimientos rápidos con movimientos profundos y pausados y movimientos juguetones y cautelosos con la punta de la lengua. Sabe exactamente qué hacer y cuándo hacerla sentir más hambrienta, cómo disfrutar de la sensación, ansiando y deseando su toque sensual.
En ese momento ella se corre, con las piernas por encima de los hombros y descansando en la espalda de él. Su boca y su rostro están encajados entre sus muslos y ella se corre en un orgasmo tremendo que cubre su rostro de jugo. Está empapado. Ella, con su coño y su placer inmenso y salvaje, tienen la culpa.
Cuando John y Vanessa se despiden por la noche, inmediatamente le escribe a Darko. Le habla de su velada y Darko la anima con más preguntas y queriendo saber más. Vanessa le cuenta mucho, pero no todo. La excitación sexual alborota su cuerpo. Le gusta Darko y su unión extraordinaria también.
*
Cuando llega el viernes, tiene la semana entera con los niños organizada. Hace todo lo que se espera de ella y todo lo que ella quiere hacer para ellos y con ellos también. Salen juntos, visitan la piscina, se van de paseo y se van a una tienda local de juegos para comprarle a Tim algo que ha estado deseando durante semanas y semanas. Se lleva a Tiffany a los establos y se queda para ver a su hija montar a caballo, la actividad semanal de su hija. Hacen crepes, comen helado delante de la tele, ven una película juntos. Además de todo esto, les prepara bocadillos de media mañana, pone la lavadora, dobla ropa limpia y la guarda en los armarios, les saca la ropa para el colegio al día siguiente, ordena y limpia la casa, se va al supermercado, cocina la cena, pone la mesa, limpia la mesa, carga el lavavajillas y lo descarga también. Se lleva a los niños al colegio, habla brevemente con sus profesores para asegurarse de que sus hijos van bien en el colegio. Está pendiente de ellos, les atiende, está para ellos.
En el trabajo, habla con sus compañeros sobre lo que ella y los niños harán juntos, qué han estado haciendo y lo que todavía no hacen. Como cualquier mujer normal y madre, ella habla de lo que la gente a su alrededor espera que hable. Eso no le molesta para nada. Está muy cómoda en ese papel. Hablan de recetas, programas de la tele, ropa, tareas y sus listas de cosas pendientes. Tiene reuniones de planificación estratégica y habla sobre su trabajo; trabaja mucho y termina su día en la oficina antes de irse a casa en coche para recibir a sus hijos con amor, atención y cariño. Y una cena deliciosa también.
Esto es, de alguna manera, una doble vida. Dos vidas contrastadas. Una semana madre y la otra mujer hambrienta y caliente. La gata salvaje que agarra todo lo que le apetece.
Cuando los niños se van, está totalmente sola, pero últimamente no tiene que hacer un esfuerzo para llenar el tiempo. Sabe cómo vivir, sabe cómo quiere dirigir su vida. Seguirá como hace dos semanas. Está más segura que nunca de que quiere seguir donde dejó las cosas la última semana.
Empieza por llamar a Darko.
—Tengo que contarte algo loco que pasó el otro día —dice Darko—. Estoy deseando escuchar tu reacción.
—Cuéntame —responde Vanessa con una voz ávida.
—Empecé a escribirle a esta mujer —prosigue Darko—. No tardamos mucho en ponernos a flirtear y ponernos un poco guarros, y ella me excitó de verdad. Me puse tan ardiente que…
—…¿no podías esperar a conocerla antes de quedar con ella? —Vanessa llena el hueco antes de que Darko pueda decir las palabras.
—Como generalmente hago —dice Darko.
—¿Pero sí quedaste con ella?
—Sí, quedamos. Me cabalgó como una loca, tan duro y tan deprisa. Fue precioso y casi me corrí dentro de ella.
—¿No quería que llevaras condón? —pregunta Vanessa.
—Dijo que estaba totalmente en contra de los anticonceptivos, pero sí que tuve tiempo de salirme. ¡Menos mal! Imagínate si no hubiera podido.
—Estás jugando con fuego, Darko. Tienes que tener más cuidado la próxima vez.
—Pero eso no es la cosa más loca…
—¿No?
—No, porque unos días más tarde me voy a una velada para padres de alumnos e imagínate lo que pasa luego.
—¿Ella trabaja en el colegio? —Vanessa está conmocionada.
—Es la nueva profesora de mi hija.
—¿Estás de guasa?
— Te dije que era algo loco.
Vanessa continua su búsqueda de placer, sexo genial y hombres interesantes que saben cómo satisfacerla de la mejor manera possible. Está disfrutando con estas experiencias y no está buscando empezar una relación. Por lo menos nada serio. No tiene interés en nada exepto sus pollas, sus brazos, su tacto, sus cuerpos moviéndose rítmicamente contra el de ella. Le encanta y se lo está pasando en grande.
Eric es mucho más joven que ella. Se conocen un domingo. No ha pasado mucho tiempo desde que dejó de estudiar en el instituto y al principio eso le hace tener reparos y le dice que ella es mucho mayor que él y quizás eso no está bien. Analiza la situación. Está a punto de dejar de escribirle, pero él le dice una y otra vez que realmente quiere conocerla, así que ella decide darle una oportunidad. Solo tiene veinte años y ella casi cuarenta, pero quedan y él es muy franco con ella. Directo.
—Te deseo.
Ella se emociona. Insegura. ¿Puede hacer eso? ¿Se lo puede permitir?
—¿Estás seguro de que quieres esto?
—Absolutamente.
Los dos disfrutan grandemente explorando sus cuerpos. Él no tiene tanta experiencia como los otros, es evidente, pero ella lo encuentra encantador. El hecho de que él no tenga la misma experiencia que ella también es excitante. Él la toma como un debutante, con gran deseo, mucha fuerza y curiosidad intensa. Un chico que se acaba de convertir en adulto y que ahora se da cuenta de que todo está al alcance de su mano. El mundo a sus pies. Tanto por hacer, tantas cosas que no se quiere perder. Es muy generoso y tiene un espíritu bondadoso y si ella le puede dar un poquito de eso, enseñarle cómo podría ser la vida, entonces quiere hacer eso por él.
Ella está tumbada boca arriba y él está encima. Pega su pecho contra el de ella, mientras la besa con una lengua muy activa y animada. Su polla es grande y muy ardiente, la embiste una y otra vez y pronto descarga esperma joven encima de su vientre.
Vanessa sonríe. Sonríe porque está disfrutando de tener sexo y de la vida nueva que se le ha abierto. Todo está perfectamente.
