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Con este libro he querido recopilar y transmitir una visión más concreta y unos conceptos claves para entender cómo empezar a gestionar nuestra propia salud de forma preventiva rompiendo teorías y normas que no son correctas y que damos por validas sin investigarlas ni comprobarlas. Dedicada a la salud, como he comentado estudié durante largos años una gran cantidad de disciplinas y teorías médicas de varias fuentes, también la dietética occidental, las plantas medicinales y la aromaterapia, que practiqué simultáneamente. Lo que más captó mi interés durante ese largo periodo fueron las situaciones con personas donde todos estos conocimientos no fueron suficientes, es decir, no funcionaron. Fue un reto y un estímulo permanente de búsqueda e investigación para encontrar las respuestas concretas a los interrogantes que me planteaba, especialmente uno: por qué la misma terapia dietética funciona en un 50 % de los casos y por qué en el otro 50 % no lo hace. Si persistes y no te desmoralizas ni abandonas, al final comprendes qué sucede en cada caso. La respuesta es muy fácil: lo que sirve para resolver un problema no lo hace para otro, ya que las causas no son las mismas, aunque los síntomas sean similares. Según la filosofía y la medicina oriental, se considera que un ciclo de vida son seis periodos de diez años; cuando se cumplen esos sesenta años, la vida vuelve a empezar otro ciclo nuevo. "Rectificar es de sabios" es una de mis frases preferidas. Esa actitud me ha funcionado mucho mejor que cuando me basaba en todo lo que había estudiado y aprendido. Ahora la vida me ha permitido descubrir el conocimiento no racional ni teórico producto de la práctica y la experiencia que fui acumulando sin ser consciente. Descubrí que "cada caso es un mundo y lo que sirve para uno no sirve para otro". Es un inicio con cada persona, nada es lo que parece; no puedes dar nada por hecho, hay que aprender de cada situación algo nuevo: 1) Intentar poner un poco de orden en el caos informativo que circula sobre alimentación equilibrada, salud integral y medicina natural. Durante años estudie diferentes métodos de medicina natural, me fueron transmitidas teorías y conceptos que, con la práctica y la experiencia, he podido averiguar que eran completamente erróneos, pero que nadie podía saberlo en ese momento y aún se siguen transmitiendo. 2) Aportarlas experiencias recogidas durante 45 años tratando a personas sanas y enfermas con terapia dietética y alimentación macrobiótica equilibrada, así como con plantas medicinales y aromaterapia. 3) Porque en estos momentos los avances tecnológicos de la ciencia van destapando muchos de esos errores. Esto nos va demostrando que algunos de los conceptos milenarios que aplica la medicina tradicional oriental.
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Seitenzahl: 505
Veröffentlichungsjahr: 2020
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MACROBIÓTICA I
ALIMENTACIÓN SEGÚN DIAGNÓSTICO MORFOLÓGICO
Introducción a los principios básicos de la filosofía y la medicina oriental, la alimentación macrobiótica equilibrada y la cocina medicinal
Loli Curto
Queda prohibida sin la autorización escrita de la titular del copyright la reproducción o la traducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio o procedimiento. ¡Gracias!
© 2020 Loli Curto.
Libre Edición.
ISBN ePub: 978-84-17307-58-5
Primera edición.
Texto: Loli Curto
Diseño portada y edición: Mila Haru
Fotografía: Sara Casas Curto
Maquetación: Fabiana Montiveros (Libre Publicación) y Elisa Orozco (Se hacen libros)
BiografíaLa autora
Introducción ¿Por qué este libro?
• ¿Por qué se contradice la información sobre alimentación?
• El efecto placebo
PARTE IFILOSOFÍA UNIVERSAL
• Capítulo 01. Las filosofías fundamentales
• La antropología religiosa
• La medicina hipocrática
• El poder curativo de la naturaleza
• Simbolismo y mitología
• Capítulo 02.La filosofía oriental y el yin y el yang
• La filosofía oriental
• Origen del símbolo del yin y el yang
• Características del yin y el yang
• Los cinco elementos
– El flujo diario del Qi
• El yin y el yang en la vida diaria
• Características yin o yang de los alimentos
– El yin y el yang en la vida moderna
– Los alimentos tienen aplicaciones terapéuticas
• Capítulo 03.Las emociones, los pensamientos y el alma
• Las emociones: cómo se crean
– ¿De dónde proviene la emoción y cómo se genera?
• Los pensamientos: el resultado de las emociones
– Anatomía del pensamiento
• El alma: la energía que anima la materia
• Los alimentos generan reacciones bioquímicas que producen los estados de ánimo
– Una alimentación según diagnóstico
• La morfología
PARTE IILA MACROBIÓTICA
• Capítulo 04.¿Qué es la macrobiótica?
• Una forma de pensar y un estilo de vida
• ¿Cómo saber cuál es la información correcta sobre alimentación y salud?
• Internet: ¿una ayuda o un obstáculo?
• Adelgazar
• La dieta más estandarizada que propone la macrobiótica
• El Qi
- Cocina macrobiótica medicinal para alimentar nuestro qi
• Capítulo 05.Los alimentos producen los estados de ánimo y los pensamientos
• Cómo los alimentos generan reacciones bioquímicas
• Relación directa entre órganos, alimentos y emociones
• Los órganos producen reacciones positivas y negativas
• La energía térmica
• Los trastornos de conducta pueden modificarse
• Las múltiples funciones no fisiológicas de los órganos
- Los doce órganos y sus funciones de forma comparativa
• La interrelación de los procesos de cocción con los sabores y las energías
• La moda de la dieta alcalina
– ¿Sabemos cuál es el estado y la actividad de cada órgano de nuestro cuerpo en términos ácido-alcalino?
– ¿Sabemos si nuestro estómago está capacitado para digerir y asimilar los alimentos vegetales crudos?
PARTE IIIDIETAS Y ALIMENTOS
• Capítulo 06.Recomendaciones dietéticas generales y particulares
• Terapia dietética
• La variedad de dietas macrobióticas que contemplamos
• Dieta de adaptación para personas que se inician
• Dieta básica para empezar a equilibrarnos
• Dieta estricta o equilibrada para resolver situaciones crónicas y curarse
• Dieta de mantenimiento
• Adaptación de la dieta
• El ayuno macrobiótico o la monodieta
• La famosa dieta número siete de los macrobióticos (los siete o diez días de arroz integral)
• Las dietas estacionales
– El invierno
– La primavera
– El verano
– Los dojos o entretiempos
– El otoño
• Capítulo 07.Fundamentos de la alimentación macrobiótica
• Alimentos que producen longevidad
– Los longevos de Okinawa
• Clasificación de los alimentos y su yin y yang
• Los cinco sabores
• Cereales y pseudocereales
– Cereales
– Pseudocereales
– ¿Qué es el índice glicémico?
• Cereales
Arroz, Trigo, Los derivados del trigo con y sin gluten, Avena, Centeno
• Pseudocereales
Trigo sarraceno o Fagopyrum aescualentum, Quinoa real, Maíz, Mijo, Amaranto o amaranthus, Hato mugi o Coix lacryma-jobi
• Las proteínas en la dieta macrobiótica
• El colágeno
• El mejor momento del día
• Digestión de las proteínas
• Las proteínas vegetales
- Los alimentos crudos y la vitamina B12
• Las legumbres
Soja blanca Bio, Derivados de la soja blanca, Azuki (soja roja), Lentejas, Beluga linsen, Guisantes, Garbanzos, Soja verde (judía mungo), Soja negra (kuromame), Habas
- Verduras
El yin y el yang de las verduras, Verduras recomendables, Verduras no recomendables, Las algas o verduras del mar
- Germinados de pseudocereales y semillas oleaginosas
Métodos para hacer germinados en casa
• Proteínas de origen animal
• Proteína vegetal: la realidad
• La fitoterapia occidental
– Las verduras silvestres
• La fitoterapia oriental
– Metodología de la preparación para conservar los principios activos
– Condimentos y especias, un buen complemento para incorporar en la cocina macrobiótica
• Los condimentos en la cocina macrobiótica medicinal
• Edulcorantes
• Bebidas: tés y caldos
• Las mejores bebidas
- Algunas recetas de té
• El jarabe de alta fructosa (hfcs)
– La fructosa para diabéticos
– La fruta madura
– La manipulación de la fruta
– La industrialización de la fruta
– Composición de la fruta
– Las frutas en la medicina oriental y la cocina macrobiótica
– Bioquímica compleja en el metabolismo de los azúcares
• Alimentos agresores no recomendables
• Capítulo 08.La bioquímica vegetal en alimentos y las contraindicaciones que presenta
• Los antinutrientes y cómo reducir su efecto en la cocina macrobiótica medicinal
• Los tóxicos alimentarios naturales
• Virtudes y efectos nocivos perjudiciales
• Técnicas de cocción en la cocina macrobiótica
• El fuego y sus funciones transformadoras químicas y alquímicas
• Capítulo 09.Las calorías
• ¿Existen realmente las calorías?
• La energía no se crea ni se destruye, solo se transformA
• ¿por qué hay tantos déficits?
• Los estilos de cocción
• Capítulo 10.Los probióticos o fermentos en la alimentación macrobiótica
• La vanguardia dietética o nutricional
• Alimentos funcionales, un nuevo concepto en Occidente
• Todo tiene un efecto, nada es neutro
• ¿Qué son los probióticoS?
• Fermentos Yin
• Alimentos probióticos de tipo yin o acidificantes
• Alimentos probióticos de tipo yang o alcalinizantes
• ¿Cómo actúan?
• Beneficios que pueden aportar los probióticos a nuestra salud
• ¿Qué es un prebiótico?
• ¿En qué nos ayudan o nos benefician los probióticos?
• ¿Qué es un antibiótico?
• ¿Son interesantes en cualquier época del año?
PARTE IVLA VOZ DE LA EXPERIENCIA
• Capítulo 11.Alquimia interna
• LA ESTRUCTURA HUMANA MÚLTIPLE
• La esencia de la vida
• Las energías del ser humano y la importancia de la alimentación
A modo de conclusión…
Bibliografía
Me dedico a mejorar la calidad de vida de las personas, por ello asesoro como naturópata y dietoterapeuta macrobiótica desde hace más de 45 años a todo tipo de clientes que quieren mejorar y aprender a autogestionar su propia salud a través de la alimentación de una forma integral y personalizada.
Mis dietas son específicas en función del diagnóstico y los problemas de salud de cada persona, ya que no aplico conceptos estandarizados. La razón es que a lo largo de mi trayectoria he podido comprobar que estos no suelen funcionar para todo el mundo por igual. Entiendo la salud como un estado óptimo, totalitario del ser, que abarca el físico, mental, emocional, espiritual y energético. Un enfoque integral y completo de la salud obliga a tener en cuenta al ser humano en su conjunto, sin excluir su entorno.
La calidad de vida es el resultado de una combinación compleja de muchas variables. Nuestro bienestar no consiste tan solo en vivir más tiempo, sino en vivir mejor, por lo que alimentándonos de una forma inteligente y equilibrada y rodeándonos de un entorno menos contaminado y más saludable podremos beneficiarnos de una mejor longevidad.
Los profesionales de la salud se han dedicado en todas las épocas y culturas a estudiar la vida, la muerte y las enfermedades. En sus comienzos, esta ciencia utilizaba las plantas, los minerales y partes de animales, así como rituales «mágicos» de curación que eran efectuados por chamanes, sacerdotes, curanderos o brujos.
Los nativos americanos aseguraban que el «hombre blanco» pensaba con la cabeza, y esto les parecía increíble, incluso les causaba risa. Es comprensible que se sorprendieran, ya que la cabeza, es decir, el cerebro, es solo el órgano interpretativo de la realidad, no el perceptivo. «Nuestro primer maestro es nuestro propio corazón», reza un dichocheyene.
La medicina oriental estudia los procesos del cuerpo y el recorrido que hace la energía por sus diferentes canales, órganos y sistemas. El estudio y la práctica de la filosofía y la medicina oriental durante todos estos años me han llevado a encontrar algunas respuestas asociadas a una mejor aportación en la búsqueda de lo que significa la longevidad. Son muchas las áreas y parcelas que nos pueden ayudar a la comprensión y buena gestión de la salud, como la ciencia, la biología, la filosofía, la geología, la fisiología, la antropología y la alquimia. En todas hay enormes parcelas de conocimiento que se han ido recopilando a lo largo de los siglos hasta hoy y nos ofrecen una amplia gama de posibilidades.
Lo que diferencia la cultura, la filosofía y la medicina propias de Oriente del sistema occidental es la observación y estudio de todo el universo en su conjunto; nada está separado y el ser humano, junto con su entorno, forma una unidad muy variada en sus estructuras y con sistemas y funciones muy diferentes, pero siempre interconectados, como el cuerpo, la mente, los pensamientos, las emociones, el alma y el espíritu.
Mi primer contacto con la Macrobiótica se debió a una dolencia personal. Un año después de experimentar una gran mejora, el impacto y la impresión que causó en mí me llevaron a emprender cambios drásticos en mi vida: dejé mis estudios académicos y mi trabajo como administrativa para dedicarme por entero al estudio y la práctica de este sistema hasta entonces desconocido para mí. Abrí un centro de salud en Vic (Barcelona) llamado CEREALIA, una tienda de dietética, herboristería y restaurante macrobiótico-vegetariano, que dirigí durante 20 años y en el que asesoré a diario a personas con problemas de salud y a otras que solo buscaban orientación dietética para prevenir y mantener una buena salud.
En 1983 mis inquietudes existenciales me llevaron a la India y Nepal, donde permanecí un año y experimenté una gran transformación en todos mis ámbitos esenciales internos, que me han marcado profundamente durante mi trayectoria hasta la actualidad. Mi objetivo era conocer Oriente y profundizar en la medicina y la alimentación tradicional ayurvédica de esta cultura (aprovecho para decir que sus principios básicos son los mismos que los de la Macrobiótica, aunque no en la forma ni la metodología).
Al regresar de la India, en 1984, me formé en naturopatía en Barcelona. Un año después, decidí oficializar mis conocimientos e inicié mis estudios de Macrobiótica de primer y segundo nivel en el Instituto Kushi de Barcelona, y en 1986 los concluí, con tercer nivel, en el Kushi Institute of Switzerland. Obtuve la titulación en Filosofía y Medicina Oriental, Cocina Macrobiótica Medicinal, Diagnostico Morfológico, Shiatsu y Feng-shui. En paralelo estudié y practiqué durante años otras disciplinas como dietética-nutrición, fitoterapia, aromaterapia, salud y alimentación infantil, embarazo, posparto y lactancia.
Como ya he indicado, en esa época descubrí el feng-shui. Lo hice con el profesor italiano Ferro Ledvinca, que no solo me introdujo de lleno en esta disciplina, sino que supo despertar en mí una gran pasión e interés por ella y que se ha mantenido hasta hoy. Más tarde amplíe mi formación en Londres en la escuela Feng-Shui Network con el profesor estadounidense William Spear, autor del bestseller sobre feng-shui Made Easy. También lo estudié con el profesor de Macrobiótica inglés Roger Green en esa misma escuela.
Años después realicé un periodo de prácticas de feng-shui con el profesor de Macrobiótica y Medicina Tradicional China Rick Vermuyten, un profesional belga reconocido en varios países en los cuales imparte cursos de distintos temas relacionados con la salud. Mi estancia en Barcelona durante 14 años la dediqué a esta actividad en exclusiva, con asesoramiento a empresas en el diseño de proyectos arquitectónicos de nueva construcción: apartamentos, locales de negocio, viviendas…
En la actualidad asesoro a clientes particulares en el ámbito de la salud como naturópata y dietoterapeuta macro- biótica, así como también a empresas, comercios, locales, oficinas y viviendas de nueva construcción, para la realización de reformas de todo tipo de espacios con el sistema curativo feng-shui. Desarrollo numerosos proyectos de nueva construcción y reformas, además de asesorar en el proceso de selección de viviendas de compra o de alquiler para garantizar los resultados, es decir, con organización de la energía en cada espacio de forma equilibrada para obtener beneficios en todas las áreas posibles, así como la salud, el bienestar y el confort.
Complemento mi trabajo como asesora macrobiótica y dietoterapeuta con cursos y conferencias en los cuales doy a conocer, además de esta obra, dos libros esenciales, publicados por la editorial Océano: Feng Shui, la salud y el bienestar de tu casa, que ha sido traducido del chino cantonés y reeditado en múltiples ocasiones; y Disfruta de la Macrobiótica. La dieta equilibrada, una exposición e introducción a la metodología macrobiótica en su totalidad, la filosofía oriental, los cinco elementos, etc., con un amplio recetario para toda la familia, así como algún apartado de alimentación infantil.
En primer lugar, me gustaría poner un poco de orden en el caos informativo en el que constantemente estamos sumergidos. La información que circula sobre alimentación, salud y medicina natural es mucha y muy dispar, y no siempre es correcta. Todos tenemos claro que queremos estar bien y llevar una dieta sana y equilibrada, pero no funciona cualquier teoría ni es tan fácil como parece. Aquí encontrarás las evidencias que podrás contrastar de cómo esos alimentos anunciados continuamente como saludables no lo son, sino todo lo contrario. Somos constantemente bombardeados por múltiples tipos de propuestas alimentarias, alimentos maravillosos o suplementos que prometen milagros. Por eso creo que es importante que aprendamos a detectar los bulos o, como diríamos ahora, las fake news.
Con este libro he querido recopilar y transmitir una visión más concreta y unos conceptos claves para entender cómo empezar a gestionar nuestra propia salud de forma preventiva rompiendo teorías y normas que no son correctas y que damos por validas sin investigarlas ni comprobarlas. Dedicada a la salud, como he comentado estudié durante largos años una gran cantidad de disciplinas y teorías médicas de varias fuentes, también la dietética occidental, las plantas medicinales y la aromaterapia, que practiqué simultáneamente. Lo que más captó mi interés durante ese largo periodo fueron las situaciones con personas donde todos estos conocimientos no fueron suficientes, es decir, no funcionaron. Fue un reto y un estímulo permanente de búsqueda e investigación para encontrar las respuestas concretas a los interrogantes que me planteaba, especialmente uno: por qué la misma terapia dietética funciona en un 50 % de los casos y por qué en el otro 50 % no lo hace. Si persistes y no te desmoralizas ni abandonas, al final comprendes qué sucede en cada caso. La respuesta es muy fácil: lo que sirve para resolver un problema no lo hace para otro, ya que las causas no son las mismas, aunque los síntomas sean similares. Según la filosofía y la medicina oriental, se considera que un ciclo de vida son seis periodos de diez años; cuando se cumplen esos sesenta años, la vida vuelve a empezar otro ciclo nuevo.
«Rectificar es de sabios» es una de mis frases preferidas. Esa actitud me ha funcionado mucho mejor que cuando me basaba en todo lo que había estudiado y aprendido. Ahora la vida me ha permitido descubrir el conocimiento no racional ni teórico producto de la práctica y la experiencia que fui acumulando sin ser consciente. Descubrí que «cada caso es un mundo y lo que sirve para uno no sirve para otro». Es un inicio con cada persona, nada es lo que parece; no puedes dar nada por hecho, hay que aprender de cada situación algo nuevo: 1) Intentar poner un poco de orden en el caos informativo que circula sobre alimentación equilibrada, salud integral y medicina natural. Durante años estudie diferentes métodos de medicina natural, me fueron transmitidas teorías y conceptos que, con la práctica y la experiencia, he podido averiguar que eran completamente erróneos, pero que nadie podía saberlo en ese momento y aún se siguen transmitiendo. 2) Aportar las experiencias recogidas durante 45 años tratando a personas sanas y enfermas con terapia dietética y alimentación macrobiótica equilibrada, así como con plantas medicinales y aromaterapia. 3) Porque en estos momentos los avances tecnológicos de la ciencia van destapando muchos de esos errores. Esto nos va demostrando que algunos de los conceptos milenarios que aplica la medicina tradicional oriental —china, japonesa, tibetana y coreana— desde la Antigüedad son correctos y se van verificando a través de la tecnología y la ciencia en Occidente, aunque lentamente. Intento fusionar los conocimientos y ventajas de los dos sistemas, ya que, aunque mi fuente es más oriental, yo pertenezco a Occidente; en mí conviven las dos mentalidades, y me gusta cuando coinciden…
En este libro encontrarás información que te ayudará a comprender mejor las estructuras bioquímicas y energéticas de los alimentos, así como sus procesamientos transformadores en la cocina relacionados siempre con el organismo humano y su metabolismo. Te invito a recorrer un camino que te permitirá descubrir conceptos que podrás integrar en tu vida para mejorar áreas relacionadas con tu salud. Tomar conciencia del complejo mundo de la alimentación y de todo lo positivo que puede aportarte y, a la vez, de lo negativo que puede enfermarte es un inicio.
El objetivo es utilizar estas páginas como una plataforma para dar unas pautas y conceptos básicos y claros sobre la alimentación macrobiótica equilibrada, la salud integral y el bienestar, y la etiología de la enfermedad, así como algunas pautas de lo que significa la cocina macrobiótica medicinal de origen natural. Inicialmente quería hacer un libro práctico, ya que el anterior —Disfruta de la Macrobiótica. La dieta equilibrada— es una obra de carácter más divulgativo de las bases de la filosofía oriental. Pero a lo largo de este viaje me fui dando cuenta de que el gran problema al que nos enfrentamos cada día es el desconocimiento de las nociones más básicas sobre alimentación: muchas personas solo saben contar nutrientes y calorías. No sabemos diferenciar entre los alimentos crudos y cocidos, nos parece que todos son buenos y que no puede pasar nada por comer frutas o ensaladas en invierno, y que si no estamos diagnosticados de celiaquía, podemos comer pan cada día sin problema…
Parece necesario tomar conciencia, primero, de cuáles son los errores nutricionales que están llevando a la sociedad a desarrollar cada vez niveles más altos de enfermedades y que muchas veces se pueden evitar aplicando correctamente la alimentación. Y, segundo, entrar en el nivel del autoaprendizaje para poder empezar a gestionarse uno mismo la salud a escala preventiva.
Por otro lado, muchas personas se dirigen a mí para solicitarme cursos, pero he de reconocer que en el pasado hice muchos de ellos y no me satisficieron. Las personas se apuntan a la información teórica y formativa, pero no cambian ni sus hábitos ni su sistema de alimentación ni su estilo de vida. La información que incorporo en este libro es una invitación que pretende introducirte a la filosofía y medicina oriental macrobiótica como si se tratara de un curso básico, aportar pautas y criterios de selección de alimentos en función de tus necesidades y objetivos de salud, dejando fuera todos los alimentos que puedas considerar agresivos para ti en función de lo expuesto aquí.
De todos los conocimientos adquiridos en los últimos diez años, el más valioso sin duda es comprender que la forma en que se transfieren los nutrientes procedentes de los alimentos al sistema digestivo y después al sistema metabólico no es ni mucho menos un proceso estandarizado, para todos igual, como se anuncia en los medios de comunicación. El planteamiento o los criterios, junto con la franja horaria en que se pretende aplicar la terapia dietética y el procesamiento de los alimentos fuera y dentro del organismo, que siempre se presenta de forma general, son un error de base. Para obtener los beneficios y resultados perseguidos siempre debe ser personalizado y basado en un diagnóstico previo de la situación del organismo en cuestión. La afirmación que oímos en todos los medios de comunicación acerca de que tal alimento o sustancia va bien para tal órgano no es correcta. Cada vez que oigo decir o leo, por ejemplo, «comer o tomar esto va bien para el riñón», siempre me viene a la mente la misma pregunta: ¿el riñón de quién? Os recomiendo que os hagáis la misma pregunta siempre, ya que os planteará una visión nueva.
En todos los medios suele aparecer diariamente información sobre alimentación o salud que da pautas y consejos tajantes y contundentes, que siempre promete grandes ventajas y publicita alimentos o complementos nutricionales, que además contradice lo que aparece en otros medios. Muchas personas prueban esas propuestas guiadas por el deseo sincero de mejorar su salud y alimentarse de forma sana para obtener mejores resultados, tal como prometen. Lo hacen convencidas de las teorías y afirmaciones expuestas y, sobre todo, con confianza en que quien los propone, ya sea una marca o un personaje famoso, se habrá informado previa y correctamente antes de hacer ese tipo de recomendaciones, algo que la mayoría de veces no sucede. No dudo de que se hayan informado, pero la pregunta es: ¿dónde? La salud debe tratarse con formación, no con información.
Basándose en estos consejos aparentemente seguros, cientos de personas llevan a cabo esos experimentos sin ninguna garantía, simplemente porque han aparecido publicados en tal o cual medio. Tienen el objetivo de obtener esos beneficios tan espectaculares que les prometen, pero en la práctica muchos no los consiguen y llegan a la conclusión de que esos consejos no les funcionan porque algo han hecho mal o porque no han entendido bien algún aspecto. Parece que nadie se preocupa por saber de dónde viene esa información y si es fidedigna, si ha sido avalada por algún profesional experto en el tema. Deberíamos saber diferenciar con claridad los profesionales expertos en una materia de los que solo son aficionados, que han leído mucho de diferentes fuentes y saben organizar muy bien la información, publicitarse y venderla en los medios. Todos deberíamos tener claro que estos últimos no son profesionales y, por desgracia, abundan. A continuación, te muestro algunos datos de cada perfil:
El profesional. Tener la carrera de biólogo, farmacéutico o médico no te convierte en experto terapeuta en alimentación macrobiótica medicinal, en dietética y nutrición o en dietoterapia china, aunque la mayoría da por hecho que sí. Otra cosa muy diferente es que haya médicos u otros profesionales de la medicina que hayan añadido a su carrera formación o especialización en estos temas, relacionándolos y fusionándolos a la hora de aplicarlos como terapia. Este perfil profesional que fusiona el campo de la medicina y el de la dietoterapia oriental no es abundante, y uno que se decante por aplicar exclusivamente la dietética y alimentación como terapia reparadora todavía es menos común… Pero existe, solo hay que localizarlo. Esta minoría de grandes profesionales en el campo de la salud, la dietética-nutrición y la alimentación suelen publicar las «grandes verdades», siempre argumentadas y documentadas, basadas en experimentos científicos realizados con rigor y corroborados por pruebas analíticas de laboratorios. Estos expertos y sus descubrimientos no suelen interesar al conjunto de la sociedad, y menos aún a la industria, que tendría que renunciar a vender productos que perjudican la salud. Estas verdades nadie quiere escucharlas porque nos demuestran que nos estamos alimentando muy mal, y no estamos dispuestos a reconocer los errores ni a rectificar y, sobre todo, no lo estamos a renunciar a nuestros vicios alimentarios. Esta es una de las razones por las que tienen éxito las mentiras sobre nutrición: abandonar los hábitos adictivos no es fácil para nadie, y eso nos lleva a aceptar la información errónea porque viene envuelta en unas teorías fantásticas, muy fáciles de aplicar. Parece que con un solo producto o alimento se garantiza nuestra salud, nos va a mantener jóvenes, además de ser barato, y, sobre todo, no nos obliga a abandonar nuestros vicios. Es una solución milagrosa.
El aficionado. Este posee mucha información teórica, que sabe procesar muy bien para ofrecerla y venderla. No es profesional, porque no tiene la formación oficial necesaria ni la titulación reconocida para poder dedicarse a esta profesión. Aquí hay que añadir que, por otro lado, hay profesionales que tienen esa titulación oficial, pero que nunca se han dedicado ni trabajado en esa profesión; al no tener experiencia, solo formación teórica, tampoco pueden hablar desde la práctica y mucho menos garantizar resultados.
Estas grandes diferencias entre ambos perfiles hemos de tenerlas claras antes de someternos a sus consejos. Conocer el currículum de la persona que nos va a asesorar es importante para discernir si puede hacerlo correctamente o no. La experiencia es un grado, y cuanta más tengamos, más capacidad poseeremos para abordar la materia.
Cuando hacemos un cambio en nuestros hábitos diarios algunas veces parece que funciona. En muchas ocasiones experimentamos una mejora y esto nos anima a continuar, ya que nos parece que lo que estamos aplicando funciona bien, e incluso se lo recomendamos a nuestro entorno como si fuéramos unos expertos, unos fanáticos de ese producto o remedio milagroso.
Debemos comprender que no hay productos ni remedios naturales a la venta que sean la panacea, un «curalotodo» para nuestros problemas de salud. La razón es muy sencilla: el organismo humano es de una complejidad tal de sistemas y procesos que ni siquiera la ciencia actual, tan evolucionada y con toda la tecnología de última generación, conoce con precisión este laberinto diseñado por la naturaleza. La prueba de lo que digo es que cada día se hacen descubrimientos nuevos que sorprenden a científicos, físicos, bioquímicos, antropólogos, arqueólogos…, que contradicen los anteriores que se habían dado por válidos. ¿Cómo podemos creer que, con los años de evolución y esfuerzos de investigación vividos sin haber llegado a comprender esa totalidad del ser, puede haber un producto químico que no tiene nada que ver con el organismo o natural que pueda actuar en ese enorme conjunto de sistemas y resolver los problemas de todos a la vez solo con una pastilla?
El cambio introducido puede hacernos experimentar en nuestro organismo un alivio y una mejoría al abandonar los viejos hábitos; nosotros lo interpretamos como que la novedad incorporada para conseguir los objetivos que prometía está funcionando, cuando en realidad es el propio desconocimiento de nuestros procesos internos lo que nos lleva a esa deducción. Sin haber sido previamente diagnosticados ni correctamente asesorados, puede incrementar aún más el desequilibrio y crear deficiencias o excesos en nuestros órganos. Por intentar autogestionar nuestra salud podemos empeorar la situación. Lo que hayamos tomado, y que en un primer momento haya podido parecernos que estaba provocando un efecto positivo, puede convertirse en algo negativo si lo prolongamos.
A continuación, indico cuáles suelen ser los procedimientos más habituales para la mayoría de la sociedad que va a probar un producto panacea. Lo primero es haber escuchado repetidas veces sus virtudes —no demostradas— hasta hacernos reaccionar; no obstante, nunca hablan de las contraindicaciones. Esa repetición publicitaria nos hace creer que tiene que ser cierto, ya que todos cuentan lo mismo, cuando en realidad solo sucede que la fuente de información suele ser la misma —la industria que lo vende—, y el error siempre se propaga con más facilidad que la verdad.
Pongo como ejemplo el interés que mostramos cuando queremos probar algo nuevo y necesitamos mejorar alguna área concreta de nuestra salud. Si pretendemos conseguir remontar, por ejemplo, nuestro sistema inmunológico porque sentimos que estamos cansados sin motivo aparente, entonces deducimos que debemos tener las defensas bajas, sin que de esto tengamos ninguna evidencia concreta. Buscamos en internet cómo aumentar nuestras defensas y se muestran varios productos que, según la publicidad que los acompaña, parece que nos van a quitar años de encima, que proporcionan unos resultados espectaculares.
Casi siempre empezamos a consumirlo por la mañana en ayunas para que tenga más efecto, como suelen recomendar. En pocos días parece que nos sentimos mejor y damos por hecho que lo que leímos en su momento es totalmente cierto. Por tanto, seguimos con la nueva propuesta de desayuno ya convencidos de que es cierto lo que decían sobre el alimento o producto que estamos tomando, incluso nos volvemos un poco fanáticos. Si seguimos con el experimento durante un largo periodo, puede que sigamos sintiéndonos bien o, por el contrario, que volvamos a sentirnos mal y descubramos que no nos funciona. Si esto último se produce, está claro que la causa no tiene nada que ver con lo que estamos aplicando, y si nos seguimos sintiendo bien, eso confirma que los antiguos hábitos eran nefastos.
Mejoramos al abandonar el desayuno anterior: siempre la realidad metabólica que se produce es otra diferente a la que imaginamos, y voy a argumentar en qué suele consistir la mejora obtenida. Imagina que en tu hábito anterior tomabas, por ejemplo, café, leche, zumo de fruta, e incluso galletas, mermelada, pan, etc., para desayunar. Esta mezcla me atrevo a denominarla «bomba de relojería» para el organismo debido a las incompatibilidades y rechazos digestivos, así como por las reacciones inflamatorias y de intolerancia que presenta, además del excesivo gasto energético que tiene que efectuar el organismo para poder aceptarlo. Cada alimento de los que he puesto de ejemplo pertenece a un grupo diferente; eso significa que se necesitan enzimas muy distintas para digerir cada uno de ellos. Si el estómago segrega una enzima para las proteínas, como en este caso la leche, no puede segregar una para las frutas, es decir, que una anula a la otra —por decirlo fácil y rápido— y, como consecuencia, el organismo no aprovecha ningún nutriente. Pero eso no es todo lo que sucede, ya que, con una mezcla como esa en el estómago, que no se puede digerir, esta, al fermentar, produce un tipo de bacterias que provocan todo tipo de síntomas: gases, dolor e inflamación abdominal, diarrea o estreñimiento y muchos otros.
Que nos atrevamos a comer cualquier cosa no es garantía de que lo podamos digerir, lo procesemos y lo asimilemos, ya que son procesos que actúan por separado y pocas veces se consiguen los tres. Ante esta situación, más extendida de lo que se piensa, nuestra salud empieza a empeorar. Y lo hará a una velocidad que dependerá de la edad que tengamos. Podemos empezar a estar muy cansados antes o después por dos razones:
• Porque nuestro organismo se agota al tener que aportar toda la energía de reserva de la que dispone para intentar compensar y resolver ese desastre dietético «no digerible».
• Porque ninguno de los alimentos procesados, industriales y no óptimos —más la mezcla nefasta— puede llegar a convertirse en energía ATP1 en nuestras células y seguimos carentes de ella, desnutridos, hambrientos por falta de nutrientes, es decir, cansados..., pero, además, con altos picos de glucosa, ansiosos y con necesidad de tomar otro café con más azúcar para obtener un plus de energía rápida. Esto produce un circuito cerrado interminable y muy adictivo.
¿Qué sucede al introducir esa sustancia maravillosa que nos recomendaron? Simplemente que sustituimos el terrible desayuno que estábamos ingiriendo y, al liberar al cuerpo de esa agresión, este se sintió mucho mejor. No es que el nuevo producto aumente nuestras defensas, ni muchísimo menos, es que nuestro sistema se quitó de encima algo mucho peor, y lo que sea que estemos tomando como sustituto resulta menos dañino momentáneamente. No obstante, si pudiéramos analizar las defensas antes de introducir el cambio y después, casi seguro que estarían en el mismo punto. Por tanto, lo que quiero mostrar es que lo que nos recomiendan para las defensas no funciona de forma específica para esa función y la información es errónea… Pero prácticamente nadie lo comprueba.
Es cierto que podemos sentirnos mejor al desplazar o anular sustancias peores. Esta conclusión nos puede hacer pensar en aceptar cualquier remedio, aunque no produzca beneficios, y que nos puede funcionar para desplazar uno peor. Pero no es así en todos los casos, ya que, como he indicado antes, puede que estemos incrementando aún más los problemas porque desconocemos cuáles son las funciones y la repercusión que estas sustancias tienen realmente en nuestro organismo y cómo nos están afectando.
Cuando accedemos a una información nutricional resulta fundamental diferenciar:
• Valores nutricionales, basados en la cantidad de grasas, proteínas, azúcares, vitaminas…, sin diferenciar ni la procedencia, ni la calidad, ni la biodisponibilidad, solo una cantidad estándar.
• Valor energético, un cálculo basado en calorías que corresponde a uno matemático que proviene de la física y que muestra la cantidad de energía calorífica. Es un cálculo no nutricional.
• Propiedades, que suelen ser las cantidades de proteína, hidratos de carbono, etc. A veces se le añaden otras características no comprobadas que se le atribuyen de forma generalizada, cuya lista va siempre en aumento sin ningún control y nadie se atreve a desmentirla.
• Composición química, la única lista real que existe. En muchos alimentos ni siquiera se publica.
En mi opinión, todos estos datos carecen de precisión, ya que nunca son específicamente relativos al producto envasado, en cuya etiqueta los estamos leyendo, sino que se trata de datos aproximados preparados para incorporar de forma automática a la etiqueta. ¿Te imaginas que con cada alimento hubiera que hacer etiquetas nuevas y con diferentes valores nutricionales? Sería lo correcto, pero es impracticable para la industria. La realidad es que cada producto presentaría unas características y valores diferentes, únicos y variables en función del país de origen, la climatología y la estación y el proceso de recolección en concreto, más humedad, menos minerales según el estado del suelo, más o menos proteína por la clase de simiente utilizada, los antinutrientes en función de las plagas autóctonas del lugar… Así es como se comporta y actúa siempre la naturaleza: nada es idéntico.
PARTE I
FILOSOFÍA UNIVERSAL
Las bases para lo que en el presente llamamos Macrobiótica fueron establecidas hace miles de años por sabios de una civilización muy desarrollada desde el punto de vista espiritual. Originalmente no apareció como un sistema dietético ni medicinal, sino como una cosmogonía unificada o filosofía universal que fue aplicada a todos los dominios relacionados con la actividad humana de aquella época. Esto incluía la aplicación práctica a la dieta y al mantenimiento del bienestar y la buena salud.
El concepto «oriental» en realidad es desacertado, ya que en aquella época no existía un área llamada Oriente, sino que la humanidad de entonces estaba unificada. Con el tiempo y profundos cambios geológicos, se fueron produciendo separaciones de continentes. También se distanciaron las fórmulas de aplicación de estos conocimientos sobre la filosofía del universo, se creó una especie de dualidad a escala cognitiva y pedagógica. En Oriente han luchado por mantener vivas las más antiguas tradiciones y conocimientos hasta la actualidad, aunque también han incorporado la filosofía de vida occidental y los métodos más modernos conviven con los tradicionales. No obstante, aunque en la actualidad ya no constituyan un ejemplo, Oriente mantiene intactos los conocimientos de la Antigüedad y nos ofrece la posibilidad de estudiarlos y aplicarlos.
Existe un punto de fusión donde confluyen todos los sistemas de medicina que han existido hasta el presente (y que en el futuro seguirán convergiendo): la medicina hipocrática o, como decían nuestros antepasados, el dios Hipócrates o padre de la medicina.
La mítica frase en la que se basa la síntesis de toda la medicina alopática e incluso biológica y otros paralelismos a escala mundial, y que se atribuye a Hipócrates, es Vix medicatris naturae, literalmente, «El poder curativo de la naturaleza». También según esta teoría la naturaleza es el médico de todas las enfermedades, ya que esta interviene en todos los procesos de reparación y sanación del organismo. Este concepto antiguo que alude a la intervención de las fuerzas invisibles de la naturaleza no se estudia académicamente de forma directa, es decir, observando los procesos naturales. No obstante, la ciencia médica y farmacéutica los observa y analiza en los laboratorios de alta tecnología, y llega así a descubrimientos muy valiosos que nos ayudan a comprender mejor el enigma que hay detrás del proceso de la vida y la muerte de los seres humanos, así como del reino animal, vegetal y mineral que nos rodea y en el que estamos inmersos.
Ese poder curativo de las leyes invisibles de la naturaleza que actúan en todos los organismos aún sigue vigente, aunque solo sea en ese compromiso ético que los profesionales médicos del mundo de forma obligatoria aceptan y en el que basan su titularidad académica y su profesionalidad. Junto con el certificado de graduación oficial, estos reciben este otro ético llamado Juramento Hipocrático, que cuelga de las paredes en los consultorios médicos, aunque en la actualidad ha sido modificado por la Declaración de Ginebra.
Esta realidad muestra que Hipócrates es un concepto, bajo mi punto de vista, actual. En él, según la etimología y las raíces grecorromanas, se juntan hippoos, que significa caballo, como las palabras hipopótamo, hipocampo, hipotálamo, hipódromo…, y krato, que equivale a mandar, gobernar, dominar. Por tanto, la palabra completa significa «el que domina los caballos». De este modo, podemos comprobar que este vocablo hace alusión al dios o padre de la medicina, aunque algunos creen que se trata de una persona. En realidad, esto no se ha podido demostrar. Con anterioridad a la época en que se calcula que pudo existir Hipócrates, este símbolo de la mitología tradicional ya existía y siempre existió. Todavía en la actualidad se le sigue rindiendo honores y es homenajeado en el terreno profesional de la medicina.
Según mi interpretación, este símbolo universal de Hipócrates alude a la capacidad intrínseca y latente que tienen todos los organismos vivos de corregirse a sí mismos y restablecer de nuevo su equilibrio, balanceándolos, contrarrestándolos, y que es lo que los diferencia de los organismos inertes. Estas capacidades y creencias hipocráticas versan sobre cómo el organismo no se mantiene pasivo frente a las enfermedades y cómo desarrolla una lucha natural, espontánea y regida por las leyes del universo para sobreponerse. Dichos organismos están conectados de forma directa a esas leyes que rigen la naturaleza como si se tratara de una guía invisible instintiva que les dicta qué deben hacer, cómo han de proceder para recuperar su equilibrio de nuevo. A este instinto natural se le llama la «sabiduría del cuerpo», que nada tiene que ver con la mente ni los pensamientos, ya que los demás reinos de la naturaleza también la poseen.
El hombre pertenece a la tierra. La tierra no pertenece al hombre.
JEFE INDIO SEATTLE
En líneas generales, un ser vivo es el resultado interno de interacciones de sistemas muy complejos en el que intervienen a su vez otros sistemas de comunicación molecular o de redes interconectadas que están directamente vinculados con el medioambiente exterior formando un ecosistema. A través de estas conexiones en red se produce un intercambio o dinámica básica continua de energía y materia de forma perfectamente ordenada de estímulo y respuesta, lo que constituye el sistema más importante para estos organismos vivos o seres de la naturaleza: la nutrición y la respiración. Junto con la reproducción, esta incorporación de energía se realiza de forma automática, aunque requiere de la introducción de las sustancias apropiadas para que esa incorporación de energía sea constante y perdure, ya que sin ellas no sería posible
Los organismos vivos se diferencian de los que no lo están en que en el proceso de experimentar continuamente la vida y de estar vivos intrínsecamente se halla el proceso de la muerte, que está de forma indisoluble ligada a la existencia.
La salud y la enfermedad, según estos principios filosóficos, siempre han estado sujetas a las mismas leyes que actúan en positivo o en negativo, que tienen validez universal y que son de orden totalmente natural, ya que el ser humano solo es un filtro a través del cual se manifiestan. El estado de la enfermedad no se considera un mal que ataca al organismo, sino un proceso de interrupción del fluir natural de todas las leyes que nos rigen y que nos obliga a efectuar un esfuerzo para comprender los errores cometidos contra nuestra propia naturaleza. Es una lucha que ejercen los organismos vivos para autorregularse y equilibrarse con la utilización de las leyes universales o de la naturaleza a su favor.
La Diosa Madre es el nombre genérico que utilizaron todas las culturas en el pasado y al que añadieron un nombre descriptivo del lugar geográfico y el idioma original antropológico de cada país para invocar a las fuerzas reparadoras y sanadoras de nuestra madre naturaleza. La ley reparadora que interviene en el proceso de la curación se considera una fuerza femenina porque tiene la capacidad de expandirse y reproducirse por sí sola permanentemente de forma ilimitada. Es una estructura espacial o energía cósmica consciente de sí misma y considerada por la ciencia la matriz del universo por la que han sido creadas todas las cosas. La existencia humana se reproduce siempre a través de una madre, que significa matriz y que también representa a las mismas leyes universales. Esta fuerza creadora fue venerada en el pasado en todo el mundo y esas leyes no han cambiado, siguen siendo tan actuales como el sol, el agua, la tierra, el aire… El único cambio producido es que los seres humanos nos hemos desconectado totalmente de la naturaleza en estos términos, y aunque viajemos a la otra punta del mundo para ver un paisaje nuevo, en realidad no estamos conectados con la esencia de nuestra madre tierra, el paisaje sagrado de nuestro entorno natural más próximo o la diosa madre, pues todo es lo mismo. Por eso cuando enfermamos no miramos hacia dentro para comprender cuál es el error que estamos cometiendo con nosotros mismos, sino que corremos al médico o a la farmacia buscando una solución. En nuestro interior, de forma natural e instintiva, siguen existiendo esos vínculos con nuestra madre original, aunque estén oxidados por la falta de uso.
La mitología es uno de los pocos sistemas que han permanecido intactos a través del tiempo en la cultura occidental. A través de él nuestros antepasados fueron transmitiendo a cada nueva generación la cosmogonía del lugar, es decir, todos los conocimientos y la forma de ver y entender la parte invisible e incomprensible del universo y de la vida en su totalidad, para que nuestra mente humana racional pudiera acceder de manera abstracta. El que haya permanecido intacta a través de los tiempos se debe a su carácter totalmente abstracto y nada concreto: da lugar a infinidad de interpretaciones personales y nadie ha podido apropiársela ni manipularla, ya que esos símbolos o relatos que describen una realidad superior e invisible nos resultan totalmente incomprensibles, y todos somos conscientes de que no se expresan de una forma literal. Es cierto que no sabemos qué significa la diosa madre, la madre de Dios o simplemente la diosa o la partícula divina, como la llama la ciencia actualmente. No obstante, tal vez no es necesario saberlo, tampoco lo sabían nuestros antepasados, que identificaron esa energía cósmica creadora universal como fuente inagotable de todas las cosas, omnipresente siempre en todos los lugares del mundo visible e invisible.
Ellos tuvieron siempre claro que con la mente no se podía llegar a ella, que era imposible, y ya que de alguna manera tenían o querían acceder, o mejor dicho hacerse asequibles a ella, entendieron que solo el alma podía enfrentarse a esa energía cósmica, ya que es de naturaleza similar. Por esa razón daban tanta importancia al cultivo del alma y desarrollaron los impresionantes métodos y templos que existen por todo el mundo, y muchos más que han desaparecido, lugares especiales para despertar y entrar en contacto con el alma, casi siempre adormecida por el impacto del mundo material y su aparente absolutismo. En estos templos o lugares diseñados y construidos con el propósito concreto de sanar el alma se producían conexiones curativas mediante la invocación de esa energía sanadora o la diosa y la conexión con el alma personal, que es la diosa en nuestro ser más íntimo y puro. A través de esta selección establecida mediante invocación ritualizada, es decir, con método práctico diario, intentaban mantener el orden y el equilibrio interno-externo del ser humano sin que interviniera el consumo de producto alguno.
Nuestra cultura occidental, y más concretamente europea, ha tenido varias fuentes originales donde han confluido diferentes corrientes, unas veces influenciadas por la cultura asiática, otras árabe, otomana, sumeria, judía, hindú, china, rusa, celta, mongol, esquimal, grecorromana… Los nombres han ido variando con el tiempo, pero la esencia se ha mantenido inmutable.
Actualmente hemos perdido el contacto con esa esencia, pero no por eso ha dejado de existir ni de ser efectiva; igual que siempre, sigue actuando para las personas que quieran y sepan utilizarla. La humanidad actual no es diferente, aunque muchos están convencidos de que sí lo es. En realidad, respiramos por los mismos conductos, caminamos con las dos piernas, trabajamos con los dos brazos, dormimos en posición horizontal, comemos, bebemos, sufrimos, experimentamos alegría, enfermamos y morimos… ¿Hay alguna diferencia?
Solo nuestra mentalidad ha cambiado, se ha vuelto más materialista, nos hemos dejado poseer y convencer en nuestra mente racional por la apariencia de la materia, pero, como dicen todas las corrientes filosóficas, la mente es solo un órgano interpretativo, ni siquiera es el perceptivo de lo que nos rodea. Según aseguran los grandes sabios de la humanidad de todos los tiempos, todo lo que vemos a nuestro alrededor no es real, es ilusión, por ejemplo, como dice Buda. La prueba de que nuestra mentalidad no tiene base sólida es que las creencias a las que nos aferramos como tablas salvavidas podemos cambiarlas, si queremos, en una fracción de segundo, porque no son nada más que pensamientos a los que hemos decidido dar mucha importancia. Incluso podemos hacerlo en menos tiempo, si así lo decidimos, pues sabemos que el pensamiento viaja más rápido que la velocidad de la luz —300 000 km/s—. Según la física, esta velocidad es la única constante invariable que se produce en el universo; en cambio, no podemos modificar o reparar nuestro cuerpo físico a esa velocidad.
La frase «El que no revisa, observa y aprende de las experiencias del pasado está obligado a repetir los errores eternamente» expresa claramente esta idea que quiero transmitir sobre nuestro pasado ancestral y nuestra mentalidad actual, que deberían fusionarse, no desconectarse. El tiempo no es un concepto lineal como nuestra mente nos dice, es decir, no se trata de una línea recta donde el pasado va quedando atrás, el presente es ahora mismo y el futuro no existe porque está por venir… La física nos explica que es una espiral multidireccional y cíclica; de hecho, la teoría ecuacional de la mecánica cuántica asume que podemos vivir o interactuar en diferentes dimensiones a la vez, aunque nuestra mente racional no lo registre. Según los físicos, el concepto del tiempo solo existe en nuestra mente.
Con esta introducción quiero mostrar que las enfermedades las generamos nosotros mismos al no tener nociones claras de cómo alimentar, mantener y reparar nuestro propio organismo. El hecho de no saber cómo preservar nuestra salud nos justifica para autorizar a otras personas a que lo hagan por nosotros y depositamos nuestra salud en sus manos. Puede suceder que esos profesionales a los que hemos encargado que se ocupen de nosotros y de nuestra salud nos orienten bien y sepan cómo hacerlo, de forma correcta, pero también puede ocurrir que no conozcan en profundidad nuestro ser íntimo y total, ni cómo producir esos procesos de cambio en nuestro interior. Nadie lo puede producir por nosotros, como nadie puede respirar, sentir o comer por nosotros.
Los sistemas aplicables en el proceso de curación no deberían alejarse ni un milímetro de los procesos de la naturaleza porque pertenecemos a ella, es nuestra madre, somos una síntesis de toda la naturaleza.
Lo que está afuera está dentro, el microcosmos es un reflejo del macrocosmos, lo que está arriba es igual a lo que está abajo.
HERMES TRIMEGISTOS
El conocimiento de las leyes naturales más importantes que actúan en la reparación y mantenimiento de nuestro organismo debería ser uno de nuestros objetivos en la vida, ya que es la clave de la conservación y el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, algo imprescindible para vivir; de su correcto mantenimiento y prolongación dependen nuestra salud y toda nuestra vida.
Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.
ORÁCULO DE DELFOs
Se considera un error introducir en el cuerpo sustancias que nada tienen que ver con ninguno de sus procesos vitales y naturales. Lo agreden, lo intoxican y no pueden rescatarlo de la enfermedad porque no poseen ningún principio universal reparador. También es un error agredir a la naturaleza como lo estamos haciendo, abusando, contaminando hasta extremos de autolesionarnos a nosotros mismos y provocarnos enfermedades, algo que, si tuviéramos una conciencia más despierta, no haríamos.
Para concluir, me gustaría indicar que distinguimos dos áreas bien diferenciadas: «la enfermedad», o interrupción del fluir natural de los procesos del organismo, y «la medicina», del tipo que sea, ya que, aunque existen varios métodos, si arrancan de la misma raíz universal, todas confluyen en ese punto que he venido exponiendo, donde el único objetivo es restablecer el orden natural interrumpido. Estas dos áreas son campos muy diferentes que no debemos confundir, aunque el objetivo solo es uno: la salud. Pero para repararlo, hay que conocer con precisión la enfermedad.
Las mismas fuerzas poderosas de la naturaleza con nombres simbólicos, descriptivos de sus funciones, siguen vigentes actualmente, aunque les demos la espalda todo el tiempo. Podemos invocarlas porque viven y están en cada uno de nosotros, como siempre se hizo en el pasado, a través de todas las culturas y civilizaciones. El objetivo es mantenernos conectados a ellas y dejarnos afectar e influenciar por esas leyes cósmicas para mejorar nuestra salud, que abarca la totalidad de nuestra vida y que debería ser una prioridad.
Los textos que mostraré en este libro pretenden ir en esa dirección: aportar unas bases adquiridas a lo largo de la experiencia de años de observación y estudio conviviendo cada día con la naturaleza, la medicina y la salud, tres áreas que, si logramos fusionar de forma correcta, nos proporcionarán el equilibrio que buscamos. Aunque no sea fácil, creo que debemos intentarlo.
No pretendo mostrar en esta obra toda la información sobre la filosofía oriental, ya que esta es muy extensa, compleja y demasiado abstracta. En ella se basan todas las teorías, metodologías y aportaciones que se presentan en este trabajo, razón por la que se hace imprescindible mencionarla, ya que, por ser conceptos desconocidos en el lenguaje de nuestra sociedad, es básico encontrar paralelismos dialécticos que nos ayuden a comprenderla mejor. Muestro, pues, solo una pincelada para centrar y ordenar todos estos conceptos que quiero señalar como parte de una propuesta de cambio en nuestra alimentación, salud y vida.
Una de las intenciones de la filosofía oriental es estimular la reflexión y el cuestionamiento de los grandes temas de la humanidad que nos afectan, así como desarrollar nuevas habilidades cognitivas que difieren bastante de las habituales en nuestra sociedad occidental. Esta filosofía busca, de este modo, que adquiramos una nueva forma de pensar más crítica y constructiva en cuestiones que no estamos acostumbrados a asumir en términos de autorresponsabilidad, como en las áreas de la salud, la alimentación, la medicina y, por qué no, la forma de morir —habitualmente solemos dejar este aspecto en manos del sistema gestionado con los criterios de las empresas que se dedican a estas tareas y en las que no solemos participar—.
El carácter sistémico de este conocimiento nos permite poder acceder a él de forma progresiva y, dependiendo de cómo integremos en nuestro día a día todos estos planteamientos, iremos avanzando en la compresión de esta filosofía, ya que los elementos que más y de mejor manera nos pueden enseñar son la práctica y la observación permanente en nosotros.
La filosofía oriental nos enseña que en el universo lo más sutil o liviano es el origen de lo más denso, y que lo más denso es el fundamento de lo más sutil. Es el circuito que en Occidente identificamos como que la energía crea la materia y esta, cuando desaparece o se desintegra, vuelve a convertirse en energía.
Con simultaneidad, el movimiento de la energía condiciona los aspectos orgánicos tangibles a la vez que el estado y los cambios en la estructura de cualquier sustancia determinan las cualidades del movimiento del Qi o energía. Esto hace imposible establecer dicotomías como mente y cuerpo, normal y patológico, bueno y malo, y muchas más con la «normalidad aparente» con la que se hace en la medicina occidental. En realidad, las dicotomías en Oriente solo son relativas al yin y el yang; en cualquier tipo de fenómeno que intentemos explicar no existen otras.
El principio del yin y el yang se simboliza tradicionalmente con un círculo dividido en dos mitades por una línea sinuosa en forma de S, con una mitad de color negro y la otra blanca. El círculo evoca la unidad del universo constituido por los aspectos yin y yang, inseparables en toda manifestación de la totalidad. Dentro de la mitad de cada color hay un círculo menor del color opuesto en el centro, que representa el hecho de que cada uno de los dos aspectos lleva el germen de su opuesto. Al ser contrarios, se complementan, y juntos conforman una unidad, un todo equilibrado. No hay luz sin oscuridad, existe la noche porque le sigue el día… ¿El frío es la falta de calor o es el calor la ausencia de frío?
El yin y el yang ayudan a entender el funcionamiento del macrocosmos, de todo lo que nos rodea, ese pulso de contrarios que mantiene el delicado equilibrio a nuestro alrededor.
El ser humano, en la filosofía oriental, es un universo en miniatura, un microcosmos inmerso en el macrocosmos. En su interior también se produce un choque de contrarios, y la armonía entre estos tiene como resultado el equilibrio y la buena salud, porque este equilibrio es la base del buen funcionamiento de nuestro ser total. Si nuestro organismo acumula demasiado yin o yang, es posible que aparezcan síntomas físicos de enfermedad producto del desequilibrio energético que se produce cuando estas dos fuerzas se descompensan. Lo ideal es que nuestro organismo no tenga carencias, pero que tampoco padezca excesos. Este es el objetivo primordial de la filosofía y la medicina macrobiótica: la prevención para proporcionarnos un cuerpo sano, a través de la correcta gestión de nuestra alimentación y, por consiguiente, de nuestra salud, ya que desde las funciones vitales correctas se alimentan o nutren los demás aspectos de nuestra totalidad como las emociones, los pensamientos, el alma y el espíritu.
Como decía George Ohsawa, el creador de la Macrobiótica actual, «no hace falta ocuparse de la enfermedad, porque es inútil, ya que es variable y está siempre presente. Hace falta crear en el cuerpo humano el medio en el cual esta no pueda instalarse».
El fundamento más importante de la Macrobiótica se apoya en la filosofía oriental y está basado en las dos leyes cósmicas que rigen la naturaleza en todos sus principios. Estas dos fuerzas son opuestas y a la vez complementarias, y juntas forman la totalidad del universo. Este principio único universal está formado por el yin y el yang.
El equilibrio solo es un movimiento que compensa el movimiento anterior; por eso, para lograr estabilidad siempre hay que recurrir al pasado, saber leer las señales que produce el exceso de yin y yang al actuar en nuestro cuerpo y saber compensar esas señales aportando unas energías que anulen la inercia natural que se pone en marcha cuando utilizamos el yin y el yang sin conocer ni prever los resultados.
La teoría del yin y el yang se puede utilizar para analizar cualquier fenómeno existente, nos permite estudiar el origen, el desarrollo y la transformación de todas las cosas existentes en la naturaleza. La relación de estas dos fuerzas se hace difícil de estudiar y comprender en profundidad, así como llevarla a la práctica, por una razón muy sencilla: están en constante cambio, las posibilidades de transformación son infinitas. Si lo aplicamos al campo de la salud, destacamos como campos que investigar para poder saber qué nos ocurre la actividad de la sangre, la energía de protección externa del cuerpo —que en Occidente llamamos «las defensas»—, la actividad fisiológica de los órganos y vísceras, las estructuras corporales y la «energía alimenticia» o Gu Qi, la cual se sintetiza en el bazo.
Cada cambio patológico del cuerpo se puede comprender y explicar de acuerdo con esta teoría. Estos conceptos del yin y el yang se interrelacionan de varias maneras, como un algoritmo, todas muy importantes; estas fuerzas se oponen continuamente la una a la otra puesto que actúan en los extremos opuestos; existen con simultaneidad, no puede hallarse una separada de la otra, sino que están fusionadas; tienen interdependencia, es decir, que para que una pueda crecer, aumentar, necesariamente la otra tiene que disminuir o decrecer, y se utilizan mutuamente la una a la otra para alimentarse. Comprender esta múltiple relación entre ambas fuerzas lleva su tiempo, pero, si lo hacemos, podremos entender cualquier situación que nos suceda, aunque sé que requiere de mucha observación y estudio.
Estos dos estados de energía y materia se consumen, existen y se sostienen mutuamente. Así, mientras uno sube, el otro baja; mientras uno penetra, el otro sale. Uno de los tratados más antiguos e importantes de la medicina tradicional china, base de la actual medicina, el Neijing, afirma que, aunque la medicina sea muy compleja, se puede definir en dos palabras: yin y yang.
Cuando estamos sanos, la relación entre el yin y el yang cambia constantemente: cuando estamos pasivos, descansando, aumenta el yin; cuando nos activamos físicamente, trabajando o practicando algún deporte, lo hace el yang. Por el contrario, cuando estamos enfermos este control mutuo entre las dos energías deja de funcionar y provoca un desequilibrio. Ahí es donde actúa la dieta, compensando, restableciendo y reforzando las dos fuerzas debilitadas por algún error que hemos cometido.
En este tipo de medicina que exponemos aquí, los síntomas se diagnostican y definen en estos términos: «yang hiperactivo que daña el yin», «yin hiperactivo que daña el yang», «exceso de yang por deficiencia de yin», «exceso de yin por deficiencia de yang» y otros síndromes intermedios y combinados.
EQUILIBRIO DE EL YIN Y EL YANG
Yin significa y representa «expansión» en el dialecto mandarín, y yang, «contracción». Es decir, son los dos polos opuestos de mayor influencia en el universo. La cosmogonía taoísta entiende que el universo respira —inspiración-contracción, expiración-expansión— al igual que los seres humanos, que somos sus hijos. Por esta razón, también a la energía que circula por la galaxia se le llama «aliento cósmico». Se considera yin a la noche, el frío, la oscuridad y lo femenino. En cambio, es yang el día, el calor, lo masculino y la luz. ¿Cómo podemos saber si estamos más en un lado o el otro para poder comprender nuestra condición a la hora de aplicar la alimentación?
CARACTERÍSTICAS YIN O YANG
YIN
YANG
Hipoactivo
Inhibición
Quietud
Tez pálida
Color amarillento
Voz baja
Interno
Vacío
