Macrobiótica I - Loli Curto - E-Book

Macrobiótica I E-Book

Loli Curto

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Con este libro he querido recopilar y transmitir una visión más concreta y unos conceptos claves para entender cómo empezar a gestionar nuestra propia salud de forma preventiva rompiendo teorías y normas que no son correctas y que damos por validas sin investigarlas ni comprobarlas. Dedicada a la salud, como he comentado estudié durante largos años una gran cantidad de disciplinas y teorías médicas de varias fuentes, también la dietética occidental, las plantas medicinales y la aromaterapia, que practiqué simultáneamente. Lo que más captó mi interés durante ese largo periodo fueron las situaciones con personas donde todos estos conocimientos no fueron suficientes, es decir, no funcionaron. Fue un reto y un estímulo permanente de búsqueda e investigación para encontrar las respuestas concretas a los interrogantes que me planteaba, especialmente uno: por qué la misma terapia dietética funciona en un 50 % de los casos y por qué en el otro 50 % no lo hace. Si persistes y no te desmoralizas ni abandonas, al final comprendes qué sucede en cada caso. La respuesta es muy fácil: lo que sirve para resolver un problema no lo hace para otro, ya que las causas no son las mismas, aunque los síntomas sean similares. Según la filosofía y la medicina oriental, se considera que un ciclo de vida son seis periodos de diez años; cuando se cumplen esos sesenta años, la vida vuelve a empezar otro ciclo nuevo. "Rectificar es de sabios" es una de mis frases preferidas. Esa actitud me ha funcionado mucho mejor que cuando me basaba en todo lo que había estudiado y aprendido. Ahora la vida me ha permitido descubrir el conocimiento no racional ni teórico producto de la práctica y la experiencia que fui acumulando sin ser consciente. Descubrí que "cada caso es un mundo y lo que sirve para uno no sirve para otro". Es un inicio con cada persona, nada es lo que parece; no puedes dar nada por hecho, hay que aprender de cada situación algo nuevo: 1) Intentar poner un poco de orden en el caos informativo que circula sobre alimentación equilibrada, salud integral y medicina natural. Durante años estudie diferentes métodos de medicina natural, me fueron transmitidas teorías y conceptos que, con la práctica y la experiencia, he podido averiguar que eran completamente erróneos, pero que nadie podía saberlo en ese momento y aún se siguen transmitiendo. 2) Aportarlas experiencias recogidas durante 45 años tratando a personas sanas y enfermas con terapia dietética y alimentación macrobiótica equilibrada, así como con plantas medicinales y aromaterapia. 3) Porque en estos momentos los avances tecnológicos de la ciencia van destapando muchos de esos errores. Esto nos va demostrando que algunos de los conceptos milenarios que aplica la medicina tradicional oriental.

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Seitenzahl: 505

Veröffentlichungsjahr: 2020

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MACROBIÓTICA I

ALIMENTACIÓN SEGÚN DIAGNÓSTICO MORFOLÓGICO

Introducción a los principios básicos de la filosofía y la medicina oriental, la alimentación macrobiótica equilibrada y la cocina medicinal

Loli Curto

Queda prohibida sin la autorización escrita de la titular del copyright la reproducción o la traducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio o procedimiento. ¡Gracias!

© 2020 Loli Curto.

Libre Edición.

ISBN ePub: 978-84-17307-58-5

Primera edición.

Texto: Loli Curto

Diseño portada y edición: Mila Haru

Fotografía: Sara Casas Curto

Maquetación: Fabiana Montiveros (Libre Publicación) y Elisa Orozco (Se hacen libros)

Índice

BiografíaLa autora

Introducción ¿Por qué este libro?

• ¿Por qué se contradice la información sobre alimentación?

• El efecto placebo

PARTE IFILOSOFÍA UNIVERSAL

• Capítulo 01. Las filosofías fundamentales

• La antropología religiosa

• La medicina hipocrática

• El poder curativo de la naturaleza

• Simbolismo y mitología

• Capítulo 02.La filosofía oriental y el yin y el yang

• La filosofía oriental

• Origen del símbolo del yin y el yang

• Características del yin y el yang

• Los cinco elementos

– El flujo diario del Qi

• El yin y el yang en la vida diaria

• Características yin o yang de los alimentos

– El yin y el yang en la vida moderna

– Los alimentos tienen aplicaciones terapéuticas

• Capítulo 03.Las emociones, los pensamientos y el alma

• Las emociones: cómo se crean

– ¿De dónde proviene la emoción y cómo se genera?

• Los pensamientos: el resultado de las emociones

– Anatomía del pensamiento

• El alma: la energía que anima la materia

• Los alimentos generan reacciones bioquímicas que producen los estados de ánimo

– Una alimentación según diagnóstico

• La morfología

PARTE IILA MACROBIÓTICA

• Capítulo 04.¿Qué es la macrobiótica?

• Una forma de pensar y un estilo de vida

• ¿Cómo saber cuál es la información correcta sobre alimentación y salud?

• Internet: ¿una ayuda o un obstáculo?

• Adelgazar

• La dieta más estandarizada que propone la macrobiótica

• El Qi

- Cocina macrobiótica medicinal para alimentar nuestro qi

• Capítulo 05.Los alimentos producen los estados de ánimo y los pensamientos

• Cómo los alimentos generan reacciones bioquímicas

• Relación directa entre órganos, alimentos y emociones

• Los órganos producen reacciones positivas y negativas

• La energía térmica

• Los trastornos de conducta pueden modificarse

• Las múltiples funciones no fisiológicas de los órganos

- Los doce órganos y sus funciones de forma comparativa

• La interrelación de los procesos de cocción con los sabores y las energías

• La moda de la dieta alcalina

– ¿Sabemos cuál es el estado y la actividad de cada órgano de nuestro cuerpo en términos ácido-alcalino?

– ¿Sabemos si nuestro estómago está capacitado para digerir y asimilar los alimentos vegetales crudos?

PARTE IIIDIETAS Y ALIMENTOS

• Capítulo 06.Recomendaciones dietéticas generales y particulares

• Terapia dietética

• La variedad de dietas macrobióticas que contemplamos

• Dieta de adaptación para personas que se inician

• Dieta básica para empezar a equilibrarnos

• Dieta estricta o equilibrada para resolver situaciones crónicas y curarse

• Dieta de mantenimiento

• Adaptación de la dieta

• El ayuno macrobiótico o la monodieta

• La famosa dieta número siete de los macrobióticos (los siete o diez días de arroz integral)

• Las dietas estacionales

– El invierno

– La primavera

– El verano

– Los dojos o entretiempos

– El otoño

• Capítulo 07.Fundamentos de la alimentación macrobiótica

• Alimentos que producen longevidad

– Los longevos de Okinawa

• Clasificación de los alimentos y su yin y yang

• Los cinco sabores

• Cereales y pseudocereales

– Cereales

– Pseudocereales

– ¿Qué es el índice glicémico?

• Cereales

Arroz, Trigo, Los derivados del trigo con y sin gluten, Avena, Centeno

• Pseudocereales

Trigo sarraceno o Fagopyrum aescualentum, Quinoa real, Maíz, Mijo, Amaranto o amaranthus, Hato mugi o Coix lacryma-jobi

• Las proteínas en la dieta macrobiótica

• El colágeno

• El mejor momento del día

• Digestión de las proteínas

• Las proteínas vegetales

- Los alimentos crudos y la vitamina B12

• Las legumbres

Soja blanca Bio, Derivados de la soja blanca, Azuki (soja roja), Lentejas, Beluga linsen, Guisantes, Garbanzos, Soja verde (judía mungo), Soja negra (kuromame), Habas

- Verduras

El yin y el yang de las verduras, Verduras recomendables, Verduras no recomendables, Las algas o verduras del mar

- Germinados de pseudocereales y semillas oleaginosas

Métodos para hacer germinados en casa

• Proteínas de origen animal

• Proteína vegetal: la realidad

• La fitoterapia occidental

– Las verduras silvestres

• La fitoterapia oriental

– Metodología de la preparación para conservar los principios activos

– Condimentos y especias, un buen complemento para incorporar en la cocina macrobiótica

• Los condimentos en la cocina macrobiótica medicinal

• Edulcorantes

• Bebidas: tés y caldos

• Las mejores bebidas

- Algunas recetas de té

• El jarabe de alta fructosa (hfcs)

– La fructosa para diabéticos

– La fruta madura

– La manipulación de la fruta

– La industrialización de la fruta

– Composición de la fruta

– Las frutas en la medicina oriental y la cocina macrobiótica

– Bioquímica compleja en el metabolismo de los azúcares

• Alimentos agresores no recomendables

• Capítulo 08.La bioquímica vegetal en alimentos y las contraindicaciones que presenta

• Los antinutrientes y cómo reducir su efecto en la cocina macrobiótica medicinal

• Los tóxicos alimentarios naturales

• Virtudes y efectos nocivos perjudiciales

• Técnicas de cocción en la cocina macrobiótica

• El fuego y sus funciones transformadoras químicas y alquímicas

• Capítulo 09.Las calorías

• ¿Existen realmente las calorías?

• La energía no se crea ni se destruye, solo se transformA

• ¿por qué hay tantos déficits?

• Los estilos de cocción

• Capítulo 10.Los probióticos o fermentos en la alimentación macrobiótica

• La vanguardia dietética o nutricional

• Alimentos funcionales, un nuevo concepto en Occidente

• Todo tiene un efecto, nada es neutro

• ¿Qué son los probióticoS?

• Fermentos Yin

• Alimentos probióticos de tipo yin o acidificantes

• Alimentos probióticos de tipo yang o alcalinizantes

• ¿Cómo actúan?

• Beneficios que pueden aportar los probióticos a nuestra salud

• ¿Qué es un prebiótico?

• ¿En qué nos ayudan o nos benefician los probióticos?

• ¿Qué es un antibiótico?

• ¿Son interesantes en cualquier época del año?

PARTE IVLA VOZ DE LA EXPERIENCIA

• Capítulo 11.Alquimia interna

• LA ESTRUCTURA HUMANA MÚLTIPLE

• La esencia de la vida

• Las energías del ser humano y la importancia de la alimentación

A modo de conclusión…

Bibliografía

Biografía LA AUTORA

Me dedico a mejorar la calidad de vida de las personas, por ello asesoro como naturópata y dietoterapeuta macrobiótica desde hace más de 45 años a todo tipo de clientes que quie­ren mejorar y aprender a autogestionar su propia salud a tra­vés de la alimentación de una forma integral y personalizada.

Mis dietas son específicas en función del diagnóstico y los problemas de salud de cada persona, ya que no aplico con­cep­tos estandarizados. La razón es que a lo largo de mi trayecto­ria he podido comprobar que estos no suelen funcionar para todo el mundo por igual. Entiendo la salud como un estado óptimo, totalitario del ser, que abarca el físico, mental, emo­cio­nal, espiritual y energético. Un enfoque integral y comple­to de la salud obliga a tener en cuenta al ser humano en su conjunto, sin excluir su entorno.

La calidad de vida es el resultado de una combinación compleja de muchas variables. Nuestro bienestar no consis­te tan solo en vivir más tiempo, sino en vivir mejor, por lo que alimentándonos de una forma inteligente y equilibrada y rodeándonos de un entorno menos contaminado y más sa­ludable podremos beneficiarnos de una mejor longevidad.

Los profesionales de la salud se han dedicado en todas las épocas y culturas a estudiar la vida, la muerte y las enferme­dades. En sus comienzos, esta ciencia utilizaba las plantas, los minerales y partes de animales, así como rituales «mági­cos» de curación que eran efectuados por chamanes, sacer­dotes, curanderos o brujos.

Los nativos americanos aseguraban que el «hombre blanco» pensaba con la cabeza, y esto les parecía increíble, inclu­so les causaba risa. Es comprensible que se sorprendieran, ya que la cabeza, es decir, el cerebro, es solo el órga­no inter­pretativo de la realidad, no el perceptivo. «Nuestro primer maestro es nuestro propio corazón», reza un dichocheyene.

La medicina oriental estudia los procesos del cuerpo y el recorrido que hace la energía por sus diferentes canales, ór­ganos y sistemas. El estudio y la práctica de la filosofía y la medicina oriental durante todos estos años me han llevado a encontrar algunas respuestas asociadas a una mejor apor­tación en la búsqueda de lo que significa la longevidad. Son muchas las áreas y parcelas que nos pueden ayudar a la com­prensión y buena gestión de la salud, como la ciencia, la bio­logía, la filosofía, la geología, la fisiología, la antropología y la alquimia. En todas hay enormes parcelas de conocimiento que se han ido recopilando a lo largo de los siglos hasta hoy y nos ofrecen una amplia gama de posibilidades.

Lo que diferencia la cultura, la filosofía y la medicina pro­pias de Oriente del sistema occidental es la observación y es­tudio de todo el universo en su conjunto; nada está sepa­ra­do y el ser humano, junto con su entorno, forma una unidad muy variada en sus estructuras y con sistemas y funciones muy diferentes, pero siempre interconectados, como el cuer­po, la mente, los pensamientos, las emociones, el alma y el espíritu.

Mi primer contacto con la Macrobiótica se debió a una dolencia personal. Un año después de experimentar una gran mejora, el impacto y la impresión que causó en mí me lleva­ron a emprender cambios drásticos en mi vida: dejé mis es­tudios académicos y mi trabajo como administrativa para dedicarme por entero al estudio y la práctica de este sistema hasta entonces desconocido para mí. Abrí un centro de salud en Vic (Barcelona) llamado CEREALIA, una tienda de dietética, herboristería y restaurante macrobiótico-vegetaria­no, que dirigí durante 20 años y en el que asesoré a diario a personas con problemas de salud y a otras que solo buscaban orientación dietética para prevenir y mantener una bue­na salud.

En 1983 mis inquietudes existenciales me llevaron a la India y Nepal, donde permanecí un año y experimenté una gran transformación en todos mis ámbitos esenciales inter­nos, que me han marcado profundamente durante mi trayectoria hasta la actualidad. Mi objetivo era conocer Oriente y profundizar en la medicina y la alimentación tradicional ayurvédica de esta cultura (aprovecho para decir que sus principios básicos son los mismos que los de la Macrobiótica, aun­que no en la forma ni la metodología).

Al regresar de la India, en 1984, me formé en naturopatía en Barcelona. Un año después, decidí oficializar mis conoci­mientos e inicié mis estudios de Macrobiótica de primer y se­gundo nivel en el Instituto Kushi de Barcelona, y en 1986 los concluí, con tercer nivel, en el Kushi Institute of Switzerland. Obtuve la titulación en Filosofía y Medicina Oriental, Cocina Macrobiótica Medicinal, Diagnostico Morfológico, Shiatsu y Feng-shui. En paralelo estudié y practiqué duran­te años otras disciplinas como dietética-nutrición, fitoterapia, aromaterapia, salud y alimentación infantil, embarazo, posparto y lactancia.

Como ya he indicado, en esa época descubrí el feng-shui. Lo hice con el profesor italiano Ferro Ledvinca, que no solo me introdujo de lleno en esta disciplina, sino que supo des­pertar en mí una gran pasión e interés por ella y que se ha mantenido hasta hoy. Más tarde amplíe mi formación en Lon­dres en la escuela Feng-Shui Network con el profesor estadounidense William Spear, autor del bestseller sobre feng-shui Made Easy. También lo estudié con el profesor de Macrobiótica inglés Roger Green en esa misma escuela.

Años después realicé un periodo de prácticas de feng-shui con el profesor de Macrobiótica y Medicina Tradicio­nal China Rick Vermuyten, un profesional belga reconocido en va­rios países en los cuales imparte cursos de distintos temas relacionados con la salud. Mi estancia en Barcelona duran­te 14 años la dediqué a esta actividad en exclusiva, con ase­so­ra­miento a empresas en el diseño de proyectos arquitec­tó­ni­cos de nueva construcción: apartamentos, locales de negocio, viviendas…

En la actualidad asesoro a clientes particulares en el ám­bi­to de la salud como naturópata y dietoterapeuta macro­- biótica, así como también a empresas, comercios, locales, oficinas y viviendas de nueva construcción, para la realiza­ción de reformas de todo tipo de espacios con el sistema cu­ra­ti­vo feng-shui. Desarrollo numerosos proyectos de nue­va cons­truc­ción y reformas, además de asesorar en el pro­ceso de se­lección de viviendas de compra o de alquiler para garantizar los resultados, es decir, con organización de la ener­gía en cada espacio de forma equilibrada para obtener bene­ficios en todas las áreas posibles, así como la salud, el bienestar y el confort.

Complemento mi trabajo como asesora macrobiótica y dietoterapeuta con cursos y conferencias en los cuales doy a conocer, además de esta obra, dos libros esenciales, publicados por la editorial Océano: Feng Shui, la salud y el bienestar de tu casa, que ha sido traducido del chino cantonés y reeditado en múltiples ocasiones; y Disfruta de la Macrobiótica. La dieta equili­bra­da, una exposición e introducción a la metodología macro­bió­ti­ca en su totalidad, la filosofía oriental, los cinco elementos, etc., con un amplio recetario para toda la familia, así como algún apa­rtado de alimentación infantil.

Introducción¿POR QUÉ ESTE LIBRO?

En primer lugar, me gustaría poner un poco de orden en el caos informativo en el que constantemente estamos sumer­gidos. La información que circula sobre alimentación, salud y medicina natural es mucha y muy dispar, y no siempre es correcta. Todos tenemos claro que queremos estar bien y lle­var una dieta sana y equilibrada, pero no funciona cualquier teoría ni es tan fácil como parece. Aquí encontrarás las evi­dencias que podrás contrastar de cómo esos alimentos anun­ciados continuamente como saludables no lo son, sino todo lo contrario. Somos constantemente bombardeados por múltiples tipos de propuestas alimentarias, alimentos mara­villosos o suplementos que prometen milagros. Por eso creo que es importante que aprendamos a detectar los bulos o, como diríamos ahora, las fake news.

Con este libro he querido recopilar y transmitir una vi­sión más concreta y unos conceptos claves para entender cómo empezar a gestionar nuestra propia salud de forma pre­ven­tiva rompiendo teorías y normas que no son co­rrec­tas y que damos por validas sin investigarlas ni comprobar­las. Dedi­cada a la salud, como he comentado estudié du­rante lar­gos años una gran cantidad de disciplinas y teorías médicas de va­rias fuentes, también la dietética occidental, las plantas me­dicinales y la aromaterapia, que practiqué si­mul­táneamen­te. Lo que más captó mi interés durante ese largo periodo fueron las situaciones con personas donde todos estos conoci­mien­tos no fueron suficientes, es decir, no fun­cionaron. Fue un reto y un estímulo permanente de búsque­da e inves­ti­ga­ción para encontrar las respuestas concretas a los interrogantes que me planteaba, especialmente uno: por qué la misma te­rapia dietética funciona en un 50 % de los casos y por qué en el otro 50 % no lo hace. Si persistes y no te des­moralizas ni abandonas, al final comprendes qué sucede en cada caso. La respuesta es muy fácil: lo que sir­ve para resol­ver un proble­ma no lo hace para otro, ya que las causas no son las mis­mas, aunque los síntomas sean similares. Según la filosofía y la me­dicina oriental, se consi­dera que un ciclo de vida son seis periodos de diez años; cuando se cumplen esos sesenta años, la vida vuelve a em­pezar otro ciclo nuevo.

«Rectificar es de sabios» es una de mis frases preferidas. Esa actitud me ha funcionado mucho mejor que cuando me basaba en todo lo que había estudiado y aprendido. Ahora la vida me ha permitido descubrir el conocimiento no racio­nal ni teórico producto de la práctica y la experiencia que fui acu­mulando sin ser consciente. Descubrí que «cada caso es un mun­do y lo que sirve para uno no sirve para otro». Es un ini­cio con cada persona, nada es lo que parece; no puedes dar nada por hecho, hay que aprender de cada situación algo nue­vo: 1) Intentar poner un poco de orden en el caos informa­ti­vo que circula sobre alimentación equilibrada, sa­lud integral y medicina natural. Durante años estudie diferen­tes métodos de medicina natural, me fueron transmitidas teorías y con­cep­tos que, con la práctica y la experiencia, he po­dido averi­guar que eran completamente erróneos, pero que nadie podía saberlo en ese momento y aún se siguen trans­mitiendo. 2) Apor­tar las experiencias recogidas duran­te 45 años tratando a per­sonas sanas y enfermas con terapia dietética y alimentación macrobiótica equilibrada, así como con plantas medici­na­les y aromaterapia. 3) Porque en estos momentos los avan­ces tec­no­lógicos de la ciencia van desta­pando muchos de esos errores. Esto nos va demostrando que algunos de los con­cep­tos milenarios que aplica la medi­ci­na tradicional oriental —china, japonesa, tibetana y coreana— desde la Antigüedad son correc­tos y se van verificando a través de la tecnología y la ciencia en Occidente, aunque len­tamente. Intento fusionar los conoci­mientos y ventajas de los dos sistemas, ya que, aunque mi fuen­te es más oriental, yo pertenezco a Occidente; en mí con­viven las dos mentali­dades, y me gusta cuando coinciden…

En este libro encontrarás información que te ayudará a comprender mejor las estructuras bioquímicas y energéticas de los alimentos, así como sus procesamientos transforma­dores en la cocina relacionados siempre con el organismo humano y su metabolismo. Te invito a recorrer un camino que te permitirá descubrir conceptos que podrás integrar en tu vida para mejorar áreas relacionadas con tu salud. To­mar conciencia del complejo mundo de la alimentación y de todo lo positivo que puede aportarte y, a la vez, de lo nega­ti­vo que puede enfermarte es un inicio.

El objetivo es utilizar estas páginas como una platafor­ma para dar unas pautas y conceptos básicos y claros sobre la alimentación macrobiótica equilibrada, la salud integral y el bienestar, y la etiología de la enfermedad, así como al­gunas pautas de lo que significa la cocina macrobió­tica me­dicinal de origen natural. Inicialmente quería hacer un libro práctico, ya que el anterior —Disfruta de la Macrobió­tica. La dieta equilibrada— es una obra de carácter más divul­gativo de las bases de la filosofía oriental. Pero a lo largo de este viaje me fui dando cuenta de que el gran problema al que nos enfrentamos cada día es el desconocimiento de las nociones más básicas sobre alimentación: muchas personas solo saben contar nutrientes y calorías. No sabemos diferenciar entre los alimentos crudos y cocidos, nos parece que todos son buenos y que no puede pasar nada por comer frutas o ensaladas en invierno, y que si no estamos diagnosticados de celiaquía, podemos comer pan cada día sin problema…

Parece necesario tomar conciencia, primero, de cuáles son los errores nutricionales que están llevando a la sociedad a de­sarrollar cada vez niveles más altos de enfermedades y que muchas veces se pueden evitar aplicando correctamente la alimentación. Y, segundo, entrar en el nivel del autoaprendi­zaje para poder empezar a gestionarse uno mismo la salud a escala preventiva.

Por otro lado, muchas personas se dirigen a mí para so­licitarme cursos, pero he de reconocer que en el pasado hice muchos de ellos y no me satisficieron. Las personas se apun­tan a la información teórica y formativa, pero no cambian ni sus hábitos ni su sistema de alimentación ni su estilo de vida. La información que incorporo en este libro es una invitación que pretende introducirte a la filosofía y medicina oriental ma­crobiótica como si se tratara de un curso básico, aportar pautas y criterios de selección de alimentos en función de tus necesidades y objetivos de salud, dejando fuera todos los ali­mentos que puedas considerar agresivos para ti en función de lo expuesto aquí.

De todos los conocimientos adquiridos en los últimos diez años, el más valioso sin duda es comprender que la for­ma en que se transfieren los nutrientes procedentes de los alimen­tos al sistema digestivo y después al sistema metabó­lico no es ni mucho menos un proceso estandarizado, para todos igual, como se anuncia en los medios de comunicación. El planteamiento o los criterios, junto con la franja horaria en que se pre­tende aplicar la terapia dietética y el procesamien­to de los alimentos fuera y dentro del organismo, que siem­pre se pre­senta de forma general, son un error de base. Para obtener los beneficios y resultados perseguidos siem­pre debe ser perso­nalizado y basado en un diagnóstico pre­vio de la situación del organismo en cuestión. La afirmación que oímos en todos los medios de comunicación acerca de que tal alimento o sus­tan­cia va bien para tal órgano no es correc­ta. Cada vez que oigo decir o leo, por ejemplo, «comer o to­mar esto va bien para el riñón», siempre me viene a la men­te la mis­ma pregunta: ¿el riñón de quién? Os recomien­do que os hagáis la misma pre­gunta siempre, ya que os planteará una visión nueva.

¿POR QUÉ SE CONTRADICE LA INFORMACIÓN SOBRE ALIMENTACIÓN?

En todos los medios suele aparecer diariamente información sobre alimentación o salud que da pautas y consejos tajantes y contundentes, que siempre promete grandes ventajas y pu­blicita alimentos o complementos nutricionales, que además contradice lo que aparece en otros medios. Muchas personas prueban esas propuestas guiadas por el deseo sincero de me­jorar su salud y alimentarse de forma sana para obtener mejo­res resultados, tal como prometen. Lo hacen convencidas de las teorías y afirmaciones expuestas y, sobre todo, con con­fianza en que quien los propone, ya sea una marca o un per­sonaje famoso, se habrá informado previa y correctamente antes de hacer ese tipo de recomendaciones, algo que la ma­yoría de veces no sucede. No dudo de que se hayan informa­do, pero la pregunta es: ¿dónde? La salud debe tratarse con formación, no con información.

Basándose en estos consejos aparentemente seguros, cien­tos de personas llevan a cabo esos experimentos sin ningu­na garantía, simplemente porque han aparecido publicados en tal o cual medio. Tienen el objetivo de obtener esos be­ne­ficios tan espectaculares que les prometen, pero en la práctica muchos no los consiguen y llegan a la conclusión de que esos consejos no les funcionan porque algo han hecho mal o porque no han entendido bien algún aspecto. Parece que nadie se preocupa por saber de dónde viene esa información y si es fidedigna, si ha sido avalada por algún profesional ex­perto en el tema. Deberíamos saber diferenciar con claridad los profesionales expertos en una materia de los que solo son aficionados, que han leído mucho de diferentes fuentes y saben organizar muy bien la información, publicitarse y ven­derla en los medios. Todos deberíamos tener claro que estos últimos no son profesionales y, por desgracia, abundan. A continuación, te muestro algunos datos de cada perfil:

El profesional. Tener la carrera de biólogo, farmacéuti­co o médico no te convierte en experto terapeuta en alimen­ta­ción macrobiótica medicinal, en dietética y nutrición o en die­to­te­rapia china, aunque la mayoría da por hecho que sí. Otra cosa muy diferente es que haya médicos u otros profe­sio­na­les de la medicina que hayan añadido a su carrera for­ma­ción o especialización en estos temas, relacionándolos y fusio­nán­dolos a la hora de aplicarlos como terapia. Este per­fil profe­sional que fusiona el campo de la medicina y el de la dietoterapia oriental no es abundante, y uno que se decan­te por aplicar exclusivamente la dietética y alimentación como terapia reparadora todavía es menos común… Pero existe, solo hay que localizarlo. Esta minoría de grandes pro­fe­sio­na­les en el campo de la salud, la dietética-nutrición y la ali­men­tación suelen publicar las «grandes verdades», siempre argumentadas y do­cumentadas, basadas en experimentos cien­tíficos realizados con rigor y corroborados por pruebas analíticas de laborato­rios. Estos expertos y sus descubrimientos no suelen interesar al conjunto de la sociedad, y menos aún a la industria, que ten­dría que renunciar a vender productos que perjudican la salud. Estas verdades nadie quiere escucharlas porque nos demuestran que nos estamos alimentando muy mal, y no es­tamos dispuestos a reconocer los errores ni a recti­fi­car y, sobre todo, no lo estamos a renunciar a nuestros vi­cios ali­men­ta­rios. Esta es una de las razones por las que tienen éxito las mentiras sobre nutrición: abandonar los há­bitos adicti­vos no es fácil para nadie, y eso nos lleva a aceptar la información errónea porque viene envuelta en unas teo­rías fantásticas, muy fáciles de aplicar. Parece que con un solo pro­ducto o ali­mento se garantiza nuestra salud, nos va a man­te­ner jóvenes, además de ser barato, y, sobre todo, no nos obli­ga a abando­nar nuestros vicios. Es una solución milagrosa.

El aficionado. Este posee mucha información teórica, que sabe procesar muy bien para ofrecerla y venderla. No es pro­fesional, porque no tiene la formación oficial necesaria ni la titulación reconocida para poder dedicarse a esta profesión. Aquí hay que añadir que, por otro lado, hay profesionales que tienen esa titulación oficial, pero que nunca se han de­dicado ni trabajado en esa profesión; al no tener experiencia, solo formación teórica, tampoco pueden hablar desde la práctica y mucho menos garantizar resultados.

Estas grandes diferencias entre ambos perfiles hemos de tenerlas claras antes de someternos a sus consejos. Conocer el currículum de la persona que nos va a asesorar es impor­tante para discernir si puede hacerlo correctamente o no. La experiencia es un grado, y cuanta más tenga­mos, más capacidad poseeremos para abordar la materia.

EL EFECTO PLACEBO

Cuando hacemos un cambio en nuestros hábitos diarios al­gunas veces parece que funciona. En muchas ocasiones ex­perimentamos una mejora y esto nos anima a continuar, ya que nos parece que lo que estamos aplicando funciona bien, e incluso se lo recomendamos a nuestro entorno como si fué­ramos unos expertos, unos fanáticos de ese producto o remedio milagroso.

Debemos comprender que no hay productos ni remedios naturales a la venta que sean la panacea, un «curalotodo» para nuestros problemas de salud. La razón es muy sencilla: el or­ganismo humano es de una complejidad tal de sistemas y procesos que ni siquiera la ciencia actual, tan evolucionada y con toda la tecnología de última generación, conoce con pre­cisión este laberinto diseñado por la naturaleza. La prueba de lo que digo es que cada día se hacen descubrimientos nue­vos que sorprenden a científicos, físicos, bioquímicos, antro­pólogos, arqueólogos…, que contradicen los anteriores que se habían dado por válidos. ¿Cómo podemos creer que, con los años de evolución y esfuerzos de investigación vividos sin haber llegado a comprender esa totalidad del ser, puede haber un producto químico que no tiene nada que ver con el organismo o natural que pueda actuar en ese enorme con­junto de sistemas y resolver los problemas de todos a la vez solo con una pastilla?

El cambio introducido puede hacernos experimentar en nuestro organismo un alivio y una mejoría al abandonar los viejos hábitos; nosotros lo interpretamos como que la nove­dad incorporada para conseguir los objetivos que prometía está funcionando, cuando en realidad es el propio descono­cimiento de nuestros procesos internos lo que nos lleva a esa deducción. Sin haber sido previamente diagnosticados ni correctamente asesorados, puede incrementar aún más el desequilibrio y crear deficiencias o excesos en nuestros órga­nos. Por intentar autogestionar nuestra salud podemos em­peorar la situación. Lo que hayamos tomado, y que en un primer momento haya podido parecernos que estaba provocando un efecto positivo, puede convertirse en algo negativo si lo prolongamos.

A continuación, indico cuáles suelen ser los procedimien­tos más habituales para la mayoría de la sociedad que va a probar un producto panacea. Lo primero es haber escucha­do repetidas veces sus virtudes —no demostradas— hasta hacernos reaccionar; no obstante, nunca hablan de las con­traindicaciones. Esa repetición publicitaria nos hace creer que tiene que ser cierto, ya que todos cuentan lo mismo, cuan­do en realidad solo sucede que la fuente de información suele ser la misma —la industria que lo vende—, y el error siempre se propaga con más facilidad que la verdad.

Pongo como ejemplo el interés que mostramos cuando queremos probar algo nuevo y necesitamos mejorar alguna área concreta de nuestra salud. Si pretendemos conseguir remontar, por ejemplo, nuestro sistema inmunológico porque sentimos que estamos cansados sin motivo aparente, enton­ces deducimos que debemos tener las defensas bajas, sin que de esto tengamos ninguna evidencia concreta. Buscamos en internet cómo aumentar nuestras defensas y se muestran va­rios productos que, según la publicidad que los acompaña, parece que nos van a quitar años de encima, que proporcionan unos resultados espectaculares.

Casi siempre empezamos a consumirlo por la mañana en ayunas para que tenga más efecto, como suelen recomendar. En pocos días parece que nos sentimos mejor y damos por hecho que lo que leímos en su momento es totalmente cier­to. Por tanto, seguimos con la nueva propuesta de desayuno ya convencidos de que es cierto lo que decían sobre el ali­men­to o producto que estamos tomando, incluso nos vol­ve­mos un poco fanáticos. Si seguimos con el experimento durante un largo periodo, puede que sigamos sintiéndonos bien o, por el contrario, que volvamos a sentirnos mal y des­cubramos que no nos funciona. Si esto último se produce, está claro que la causa no tiene nada que ver con lo que es­tamos aplicando, y si nos seguimos sintiendo bien, eso con­firma que los antiguos hábitos eran nefastos.

Mejoramos al abandonar el desayuno anterior: siempre la realidad metabólica que se produce es otra diferente a la que imaginamos, y voy a argumentar en qué suele consistir la mejora obtenida. Imagina que en tu hábito anterior to­mabas, por ejemplo, café, leche, zumo de fruta, e incluso ga­lle­tas, mer­melada, pan, etc., para desayunar. Esta mezcla me atre­vo a denominarla «bomba de relojería» para el orga­nismo debido a las incompatibilidades y rechazos digestivos, así como por las reacciones inflamatorias y de intolerancia que presen­ta, además del excesivo gasto energético que tie­ne que efectuar el organismo para poder aceptarlo. Cada ali­men­to de los que he puesto de ejemplo pertenece a un gru­po diferente; eso significa que se necesitan enzimas muy distintas para digerir cada uno de ellos. Si el estómago se­gre­ga una enzima para las proteínas, como en este caso la leche, no pue­de segregar una para las frutas, es decir, que una anu­la a la otra —por decir­lo fácil y rápido— y, como consecuen­cia, el or­ganismo no apro­vecha ningún nutriente. Pero eso no es todo lo que suce­de, ya que, con una mezcla como esa en el estó­mago, que no se puede digerir, esta, al fermentar, produce un tipo de bac­te­rias que provocan todo tipo de sín­tomas: gases, dolor e in­fla­mación abdominal, diarrea o es­treñimien­to y muchos otros.

Que nos atrevamos a comer cualquier cosa no es garan­tía de que lo podamos digerir, lo procesemos y lo asimilemos, ya que son procesos que actúan por separado y pocas veces se consiguen los tres. Ante esta situación, más extendida de lo que se piensa, nuestra salud empieza a empeorar. Y lo hará a una velocidad que dependerá de la edad que tengamos. Po­de­mos empezar a estar muy cansados antes o después por dos razones:

• Porque nuestro organismo se agota al tener que aportar toda la energía de reserva de la que dispone para intentar compensar y resolver ese desastre dietético «no digerible».

• Porque ninguno de los alimentos procesados, industria­les y no óptimos —más la mezcla nefasta— puede llegar a convertirse en energía ATP1 en nuestras células y seguimos carentes de ella, desnutridos, hambrientos por falta de nutrientes, es decir, cansados..., pero, además, con altos picos de glucosa, ansiosos y con necesidad de tomar otro café con más azúcar para obtener un plus de energía rápida. Esto pro­duce un circuito cerrado interminable y muy adictivo.

¿Qué sucede al introducir esa sustancia maravillosa que nos recomendaron? Simplemente que sustituimos el terrible desayuno que estábamos ingiriendo y, al liberar al cuerpo de esa agresión, este se sintió mucho mejor. No es que el nuevo producto aumente nuestras defensas, ni muchísimo menos, es que nuestro sistema se quitó de encima algo mu­cho peor, y lo que sea que estemos tomando como sustitu­to resulta me­nos dañino momentáneamente. No obstante, si pudiéramos anali­zar las defensas antes de introducir el cam­bio y después, casi seguro que estarían en el mismo pun­to. Por tanto, lo que quie­ro mostrar es que lo que nos reco­mien­dan para las defen­sas no funciona de forma específica para esa función y la in­for­ma­ción es errónea… Pero prácticamente nadie lo comprueba.

Es cierto que podemos sentirnos mejor al desplazar o anular sustancias peores. Esta conclusión nos puede hacer pensar en aceptar cualquier remedio, aunque no produzca be­neficios, y que nos puede funcionar para desplazar uno peor. Pero no es así en todos los casos, ya que, como he in­dicado antes, puede que estemos incrementando aún más los problemas porque desconocemos cuáles son las funciones y la repercusión que estas sustancias tienen realmente en nues­tro organismo y cómo nos están afectando.

Cuando accedemos a una información nutricional resul­ta fundamental diferenciar:

• Valores nutricionales, basados en la cantidad de grasas, pro­teínas, azúcares, vitaminas…, sin diferenciar ni la proce­dencia, ni la calidad, ni la biodisponibilidad, solo una canti­dad estándar.

• Valor energético, un cálculo basado en calorías que corres­ponde a uno matemático que proviene de la física y que muestra la cantidad de energía calorífica. Es un cálculo no nutricional.

• Propiedades, que suelen ser las cantidades de proteína, hidratos de carbono, etc. A veces se le añaden otras ca­rac­te­rísticas no comprobadas que se le atribuyen de forma gene­ralizada, cuya lista va siempre en aumento sin ningún con­trol y nadie se atreve a desmentirla.

• Composición química, la única lista real que existe. En mu­chos alimentos ni siquiera se publica.

En mi opinión, todos estos datos carecen de precisión, ya que nunca son específicamente relativos al producto en­vasado, en cuya etiqueta los estamos leyendo, sino que se trata de datos aproximados preparados para incorporar de forma automática a la etiqueta. ¿Te imaginas que con cada alimen­to hubiera que hacer etiquetas nuevas y con diferen­tes valo­res nutricionales? Sería lo correcto, pero es imprac­ti­cable para la industria. La realidad es que cada producto presentaría unas características y valores diferentes, únicos y variables en función del país de origen, la climatología y la estación y el proceso de recolección en concreto, más hume­dad, menos minerales según el estado del suelo, más o me­nos proteína por la clase de simiente utilizada, los antinutrientes en función de las plagas autóctonas del lugar… Así es como se com­porta y actúa siempre la naturaleza: nada es idéntico.

PARTE I

FILOSOFÍA UNIVERSAL

Capítulo 01.LAS FILOSOFÍAS FUNDAMENTALES

LA ANTROPOLOGÍA RELIGIOSA

Las bases para lo que en el presente llamamos Macrobiótica fueron establecidas hace miles de años por sabios de una ci­vi­lización muy desarrollada desde el punto de vista espiritual. Ori­ginalmente no apareció como un sistema dietético ni me­dicinal, sino como una cosmogonía unificada o filosofía uni­versal que fue aplicada a todos los dominios relacionados con la actividad humana de aquella época. Esto incluía la apli­ca­ción práctica a la dieta y al mantenimiento del bienestar y la buena salud.

El concepto «oriental» en realidad es desacertado, ya que en aquella época no existía un área llamada Oriente, sino que la humanidad de entonces estaba unificada. Con el tiempo y profundos cambios geológicos, se fueron produciendo se­pa­ra­ciones de continentes. También se distanciaron las fórmu­las de aplicación de estos conocimientos sobre la filosofía del uni­verso, se creó una especie de dualidad a escala cognitiva y pedagógica. En Oriente han luchado por mantener vivas las más antiguas tradiciones y conocimientos hasta la actuali­dad, aunque también han incorporado la filosofía de vida oc­ci­den­tal y los métodos más modernos conviven con los tradicio­na­les. No obstante, aunque en la actualidad ya no constituyan un ejemplo, Oriente mantiene intactos los conocimientos de la An­tigüedad y nos ofrece la posibilidad de estudiarlos y aplicarlos.

LA MEDICINA HIPOCRÁTICA

Existe un punto de fusión donde confluyen todos los siste­mas de medicina que han existido hasta el presente (y que en el futuro seguirán convergiendo): la medicina hipocrática o, como decían nuestros antepasados, el dios Hipócrates o padre de la medicina.

La mítica frase en la que se basa la síntesis de toda la me­dicina alopática e incluso biológica y otros paralelismos a es­cala mundial, y que se atribuye a Hipócrates, es Vix medicatris naturae, literalmente, «El poder curativo de la natura­leza». También según esta teoría la naturaleza es el médico de todas las enfermedades, ya que esta interviene en todos los procesos de reparación y sanación del organismo. Este con­cepto antiguo que alude a la intervención de las fuerzas in­visibles de la naturaleza no se estudia académicamente de for­ma directa, es decir, observando los procesos naturales. No obstante, la ciencia médica y farmacéutica los observa y analiza en los laboratorios de alta tecnología, y llega así a des­cubrimientos muy valiosos que nos ayudan a compren­der me­jor el enigma que hay detrás del proceso de la vida y la muer­te de los seres humanos, así como del reino animal, vegetal y mineral que nos rodea y en el que estamos inmersos.

Ese poder curativo de las leyes invisibles de la naturale­za que actúan en todos los organismos aún sigue vi­gen­te, aunque solo sea en ese compromiso ético que los pro­fesionales médicos del mundo de forma obligatoria acep­tan y en el que basan su titularidad académica y su pro­fe­sio­na­lidad. Junto con el certificado de graduación oficial, estos reciben este otro ético llamado Juramento Hipocrático, que cuel­ga de las paredes en los consultorios médicos, aunque en la actua­lidad ha sido modificado por la Declaración de Ginebra.

Esta realidad muestra que Hipócrates es un concepto, bajo mi punto de vista, actual. En él, según la etimología y las raíces grecorromanas, se juntan hippoos, que significa ca­ba­llo, como las palabras hipopótamo, hipocampo, hipotála­mo, hipódromo…, y krato, que equivale a mandar, gobernar, do­minar. Por tanto, la palabra completa significa «el que domina los caballos». De este modo, podemos comprobar que este vocablo hace alusión al dios o padre de la medicina, aunque algunos creen que se trata de una persona. En realidad, esto no se ha podido demostrar. Con anterioridad a la época en que se calcula que pudo existir Hipócrates, este símbolo de la mitología tradicional ya existía y siempre existió. Todavía en la actualidad se le sigue rindiendo honores y es homena­jeado en el terreno profesional de la medicina.

Según mi interpretación, este símbolo universal de Hi­pó­crates alude a la capacidad intrínseca y latente que tienen to­dos los organismos vivos de corregirse a sí mismos y restablecer de nuevo su equilibrio, balanceándolos, contrarres­tán­dolos, y que es lo que los diferencia de los organismos inertes. Estas capacidades y creencias hipocráticas versan so­bre cómo el organismo no se mantiene pasivo frente a las en­fermedades y cómo desarrolla una lucha natural, espon­tá­nea y regida por las leyes del universo para sobreponerse. Dichos organismos están conectados de forma directa a esas leyes que rigen la naturaleza como si se tratara de una guía in­visible instintiva que les dicta qué deben hacer, cómo han de proceder para recuperar su equilibrio de nuevo. A este ins­tinto natural se le llama la «sabiduría del cuerpo», que nada tiene que ver con la mente ni los pensamientos, ya que los demás reinos de la naturaleza también la poseen.

El hombre pertenece a la tierra. La tierra no pertenece al hombre.

JEFE INDIO SEATTLE

En líneas generales, un ser vivo es el resultado interno de interacciones de sis­te­mas muy complejos en el que intervienen a su vez otros sistemas de comunicación molecular o de redes interconectadas que están directamente vinculados con el medioambiente ex­terior formando un ecosistema. A través de estas conexio­nes en red se produce un intercambio o dinámica básica con­ti­nua de energía y materia de forma per­fectamente ordenada de estímulo y respuesta, lo que cons­tituye el sistema más im­portante para estos organismos vi­vos o seres de la natura­le­za: la nutrición y la respiración. Jun­to con la reproducción, esta incorporación de energía se realiza de forma auto­má­ti­ca, aunque requiere de la introducción de las sustancias apro­pia­das para que esa incorporación de ener­gía sea constante y per­dure, ya que sin ellas no sería posible

Los organismos vivos se diferencian de los que no lo es­tán en que en el proceso de experimentar continuamente la vida y de estar vivos intrínsecamente se halla el proceso de la muerte, que está de forma indisoluble ligada a la existencia.

La salud y la enfermedad, según estos principios filosó­fi­cos, siempre han estado sujetas a las mismas leyes que actúan en positivo o en negativo, que tienen validez universal y que son de orden totalmente natural, ya que el ser humano solo es un filtro a través del cual se manifiestan. El estado de la en­fermedad no se considera un mal que ataca al organismo, sino un proceso de interrupción del fluir natural de todas las leyes que nos rigen y que nos obliga a efectuar un esfuerzo para comprender los errores cometidos contra nuestra pro­pia naturaleza. Es una lucha que ejercen los organismos vivos para autorregularse y equilibrarse con la utilización de las le­yes universales o de la naturaleza a su favor.

EL PODER CURATIVO DE LA NATURALEZA

La Diosa Madre es el nombre genérico que utilizaron todas las culturas en el pasado y al que añadieron un nombre des­crip­tivo del lugar geográfico y el idioma original antropo­lógi­co de cada país para invocar a las fuerzas reparadoras y sa­nado­ras de nuestra madre naturaleza. La ley reparadora que inter­viene en el proceso de la curación se considera una fuer­za femenina porque tiene la capacidad de expandirse y re­produ­cirse por sí sola permanentemente de forma ilimitada. Es una estructura espacial o energía cósmica consciente de sí misma y considerada por la ciencia la matriz del universo por la que han sido creadas todas las cosas. La existencia hu­mana se re­produce siempre a través de una madre, que sig­ni­fica matriz y que también representa a las mismas leyes universales. Esta fuerza creadora fue venerada en el pasado en todo el mundo y esas leyes no han cambiado, siguen sien­do tan actuales como el sol, el agua, la tierra, el aire… El úni­co cambio pro­du­cido es que los seres humanos nos hemos desconectado totalmente de la naturaleza en estos términos, y aunque via­jemos a la otra punta del mundo para ver un pai­saje nuevo, en realidad no estamos conectados con la esencia de nuestra madre tierra, el paisaje sagrado de nuestro entor­no natural más próximo o la diosa madre, pues todo es lo mis­mo. Por eso cuando enfermamos no miramos hacia den­tro para com­prender cuál es el error que estamos cometien­do con noso­tros mismos, sino que corremos al médico o a la farmacia buscando una solución. En nuestro interior, de forma natu­ral e instintiva, siguen existiendo esos vínculos con nuestra madre original, aunque estén oxidados por la fal­ta de uso.

SIMBOLISMO Y MITOLOGÍA

La mitología es uno de los pocos sistemas que han permane­cido intactos a través del tiempo en la cultura occidental. A través de él nuestros antepasados fueron transmitiendo a cada nueva generación la cosmogonía del lugar, es decir, todos los conocimientos y la forma de ver y entender la parte invisible e incomprensible del universo y de la vida en su totalidad, para que nuestra mente humana racional pudiera acceder de manera abstracta. El que haya permanecido intacta a través de los tiempos se debe a su carácter totalmente abstracto y nada concreto: da lugar a infinidad de interpretaciones per­sonales y nadie ha podido apropiársela ni manipularla, ya que esos símbolos o relatos que describen una realidad superior e invisible nos resultan totalmente incomprensibles, y todos somos conscientes de que no se expresan de una forma li­te­ral. Es cierto que no sabemos qué significa la diosa madre, la madre de Dios o simplemente la diosa o la partícula di­vi­na, como la llama la ciencia actualmente. No obstante, tal vez no es necesario saberlo, tampoco lo sabían nuestros antepa­sa­dos, que identificaron esa energía cósmica creadora univer­sal como fuente inagotable de todas las cosas, omnipresente siempre en todos los lugares del mundo visible e invisible.

Ellos tuvieron siempre claro que con la mente no se po­día llegar a ella, que era imposible, y ya que de alguna mane­ra te­nían o querían acceder, o mejor dicho hacerse asequibles a ella, entendieron que solo el alma podía enfrentarse a esa energía cósmica, ya que es de naturaleza similar. Por esa ra­zón daban tanta importancia al cultivo del alma y desarrolla­ron los impresionantes métodos y templos que existen por todo el mundo, y muchos más que han desaparecido, lugares especiales para despertar y entrar en contacto con el alma, casi siempre adormecida por el impacto del mundo material y su aparente absolutismo. En estos templos o lugares diseña­dos y construidos con el propósito concreto de sanar el alma se producían conexiones curativas mediante la invoca­ción de esa energía sanadora o la diosa y la conexión con el alma per­sonal, que es la diosa en nuestro ser más íntimo y puro. A tra­vés de esta selección establecida mediante invocación ritualizada, es decir, con método práctico diario, in­tentaban man­tener el orden y el equilibrio interno-externo del ser hu­mano sin que interviniera el consumo de produc­to alguno.

Nuestra cultura occidental, y más concretamente europea, ha tenido varias fuentes originales donde han confluido diferentes corrientes, unas veces influenciadas por la cultu­ra asiática, otras árabe, otomana, sumeria, judía, hindú, china, rusa, celta, mongol, esquimal, grecorromana… Los nombres han ido variando con el tiempo, pero la esencia se ha mante­nido inmutable.

Actualmente hemos perdido el contacto con esa esencia, pero no por eso ha dejado de existir ni de ser efectiva; igual que siempre, sigue actuando para las personas que quie­ran y sepan utilizarla. La humanidad actual no es diferente, aunque muchos están convencidos de que sí lo es. En rea­lidad, res­pi­ramos por los mismos conductos, caminamos con las dos pier­nas, trabajamos con los dos brazos, dormi­mos en posi­ción horizontal, comemos, bebemos, sufrimos, experimen­ta­mos alegría, enfermamos y morimos… ¿Hay alguna diferencia?

Solo nuestra mentalidad ha cambiado, se ha vuelto más ma­terialista, nos hemos dejado poseer y convencer en nues­tra mente racional por la apariencia de la materia, pero, como dicen todas las corrientes filosóficas, la mente es solo un ór­gano interpretativo, ni siquiera es el perceptivo de lo que nos rodea. Según aseguran los grandes sabios de la humanidad de todos los tiempos, todo lo que vemos a nuestro alrededor no es real, es ilusión, por ejemplo, como dice Buda. La prueba de que nuestra mentalidad no tiene base sólida es que las cre­en­cias a las que nos aferramos como tablas salvavidas pode­mos cambiarlas, si queremos, en una fracción de segundo, por­que no son nada más que pensamientos a los que hemos decidido dar mucha importancia. Incluso podemos hacer­lo en me­nos tiempo, si así lo decidimos, pues sabemos que el pen­samiento viaja más rápido que la velocidad de la luz —300 000 km/s—. Según la física, esta velocidad es la única constante invariable que se produce en el universo; en cam­bio, no podemos modificar o reparar nuestro cuerpo físico a esa velocidad.

La frase «El que no revisa, observa y aprende de las ex­periencias del pasado está obligado a repetir los errores eter­namente» expresa claramente esta idea que quiero transmitir sobre nuestro pasado ancestral y nuestra mentalidad actual, que deberían fusionarse, no desconectarse. El tiempo no es un concepto lineal como nuestra mente nos dice, es decir, no se trata de una línea recta donde el pasado va quedando atrás, el presente es ahora mismo y el futuro no existe porque está por venir… La física nos explica que es una espiral multidireccional y cíclica; de hecho, la teoría ecuacional de la mecánica cuántica asume que podemos vivir o interactuar en diferentes dimensiones a la vez, aunque nuestra mente ra­cional no lo registre. Según los físicos, el concepto del tiem­po solo existe en nuestra mente.

Con esta introducción quiero mostrar que las enferme­dades las generamos nosotros mismos al no tener nociones claras de cómo alimentar, mantener y reparar nuestro propio organismo. El hecho de no saber cómo preservar nuestra sa­lud nos justifica para autorizar a otras personas a que lo hagan por nosotros y depositamos nuestra salud en sus manos. Pue­de suceder que esos profesionales a los que hemos encar­gado que se ocupen de nosotros y de nues­tra salud nos orienten bien y sepan cómo hacerlo, de forma correcta, pero tam­bién puede ocurrir que no conozcan en profundidad nuestro ser íntimo y total, ni cómo producir esos procesos de cambio en nuestro interior. Nadie lo pue­de producir por nosotros, como nadie puede respirar, sentir o comer por nosotros.

Los sistemas aplicables en el proceso de curación no deberían alejarse ni un milímetro de los procesos de la naturaleza porque pertenecemos a ella, es nuestra madre, somos una síntesis de toda la naturaleza.

Lo que está afuera está dentro, el microcosmos es un reflejo del macrocosmos, lo que está arriba es igual a lo que está abajo.

HERMES TRIMEGISTOS

El conocimiento de las leyes naturales más importantes que actúan en la reparación y mantenimiento de nuestro organis­mo debería ser uno de nuestros objetivos en la vida, ya que es la clave de la conservación y el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, algo imprescindible para vivir; de su correcto mantenimiento y prolongación dependen nuestra salud y toda nuestra vida.

Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.

ORÁCULO DE DELFOs

Se considera un error introducir en el cuerpo sustancias que nada tienen que ver con ninguno de sus procesos vita­les y naturales. Lo agreden, lo intoxican y no pueden resca­tar­lo de la enfermedad porque no poseen ningún principio universal reparador. También es un error agredir a la naturaleza como lo estamos haciendo, abusando, contaminando hasta extre­mos de autolesionarnos a nosotros mismos y provocarnos enfermedades, algo que, si tuviéramos una conciencia más despierta, no haríamos.

Para concluir, me gustaría indicar que distinguimos dos áreas bien diferenciadas: «la enfermedad», o interrupción del fluir natural de los procesos del organismo, y «la medi­cina», del tipo que sea, ya que, aunque existen varios méto­dos, si arrancan de la misma raíz universal, todas confluyen en ese punto que he venido exponiendo, donde el único ob­jetivo es restablecer el orden natural interrumpido. Estas dos áreas son campos muy diferentes que no debemos confun­dir, aunque el objetivo solo es uno: la salud. Pero para repa­rarlo, hay que conocer con precisión la enfermedad.

Las mismas fuerzas poderosas de la naturaleza con nom­bres simbólicos, descriptivos de sus funciones, siguen vigen­tes actualmente, aunque les demos la espalda todo el tiempo. Podemos invocarlas porque viven y están en cada uno de nosotros, como siempre se hizo en el pasado, a través de to­das las culturas y civilizaciones. El objetivo es mantenernos conectados a ellas y dejarnos afectar e influenciar por esas leyes cósmicas para mejorar nuestra salud, que abarca la to­talidad de nuestra vida y que debería ser una prioridad.

Los textos que mostraré en este libro pretenden ir en esa dirección: aportar unas bases adquiridas a lo largo de la ex­periencia de años de observación y estudio conviviendo cada día con la naturaleza, la medicina y la salud, tres áreas que, si logramos fusionar de forma correcta, nos proporcio­narán el equilibrio que buscamos. Aunque no sea fácil, creo que debemos intentarlo.

Capítulo 02.LA FILOSOFÍA ORIENTALY EL YIN Y EL YANG

LA FILOSOFÍA ORIENTAL

No pretendo mostrar en esta obra toda la información so­bre la filosofía oriental, ya que esta es muy extensa, comple­ja y demasiado abstracta. En ella se basan todas las teorías, metodologías y aportaciones que se presentan en este traba­jo, razón por la que se hace imprescindible mencionarla, ya que, por ser conceptos desconocidos en el lenguaje de nues­tra sociedad, es básico encontrar paralelismos dialécticos que nos ayuden a comprenderla mejor. Muestro, pues, solo una pincelada para centrar y ordenar todos estos conceptos que quiero señalar como parte de una propuesta de cambio en nuestra alimentación, salud y vida.

Una de las intenciones de la filosofía oriental es estimular la reflexión y el cuestionamiento de los grandes temas de la hu­manidad que nos afectan, así como desarrollar nue­vas ha­bilidades cognitivas que difieren bastante de las habi­tuales en nuestra sociedad occiden­tal. Esta filosofía busca, de este modo, que adquiramos una nueva forma de pensar más crí­ti­ca y constructiva en cuestio­nes que no estamos acostum­bra­dos a asumir en términos de autorresponsabilidad, como en las áreas de la salud, la ali­men­tación, la medicina y, por qué no, la forma de morir —habi­tualmente solemos dejar este as­pec­to en manos del sistema gestionado con los crite­rios de las empre­sas que se dedican a estas tareas y en las que no sole­mos par­ticipar—.

El carácter sistémico de este conocimiento nos permite poder acceder a él de forma progresiva y, dependiendo de cómo integremos en nuestro día a día todos estos plan­teamientos, iremos avanzando en la compresión de esta fi­losofía, ya que los elementos que más y de mejor manera nos pueden enseñar son la práctica y la observación perma­nente en nosotros.

La filosofía oriental nos enseña que en el universo lo más sutil o liviano es el origen de lo más denso, y que lo más den­so es el fundamento de lo más sutil. Es el circuito que en Occidente identificamos como que la energía crea la mate­ria y esta, cuando desaparece o se desintegra, vuelve a convertirse en energía.

Con simultaneidad, el movimiento de la energía condiciona los aspectos orgánicos tangibles a la vez que el estado y los cambios en la estructura de cualquier sustancia determinan las cualidades del movimiento del Qi o energía. Esto hace imposible establecer dicotomías como mente y cuerpo, normal y patológico, bueno y malo, y muchas más con la «normalidad aparente» con la que se hace en la medicina occidental. En realidad, las dicotomías en Oriente solo son relativas al yin y el yang; en cualquier tipo de fenómeno que intentemos explicar no existen otras.

ORIGEN DEL SÍMBOLO DEL YIN Y EL YANG

El principio del yin y el yang se simboliza tradicionalmente con un círculo dividido en dos mitades por una línea si­nuo­sa en forma de S, con una mitad de color negro y la otra blan­ca. El círculo evoca la unidad del universo cons­tituido por los aspectos yin y yang, inseparables en toda ma­nifestación de la totalidad. Dentro de la mitad de cada co­lor hay un círculo me­nor del color opuesto en el centro, que re­presenta el he­cho de que cada uno de los dos aspectos lleva el germen de su opuesto. Al ser contrarios, se com­ple­men­tan, y juntos con­forman una unidad, un todo equilibrado. No hay luz sin os­cu­ridad, existe la noche porque le sigue el día… ¿El frío es la falta de calor o es el calor la ausencia de frío?

El yin y el yang ayudan a entender el funcionamiento del macrocosmos, de todo lo que nos rodea, ese pulso de contra­rios que mantiene el delicado equilibrio a nuestro alrededor.

El ser humano, en la filosofía oriental, es un universo en miniatura, un microcosmos inmerso en el macrocosmos. En su interior también se produce un choque de contrarios, y la armonía entre estos tiene como resultado el equilibrio y la bue­na salud, porque este equilibrio es la base del buen fun­cio­namiento de nuestro ser total. Si nuestro organismo acumula demasiado yin o yang, es posible que aparezcan síntomas físicos de enfermedad producto del desequilibrio energéti­co que se produce cuando estas dos fuerzas se descompen­san. Lo ideal es que nuestro organismo no tenga carencias, pero que tampoco padezca excesos. Este es el objetivo pri­mor­dial de la filosofía y la medicina macrobiótica: la preven­ción para proporcionarnos un cuerpo sano, a través de la co­rrec­ta gestión de nuestra alimentación y, por consiguiente, de nues­tra salud, ya que desde las funciones vitales correctas se alimentan o nutren los demás aspectos de nuestra totalidad como las emociones, los pensamientos, el alma y el espíritu.

Como decía George Ohsawa, el creador de la Macrobió­tica actual, «no hace falta ocuparse de la enfermedad, porque es inútil, ya que es variable y está siempre presente. Hace falta crear en el cuerpo humano el medio en el cual esta no pueda instalarse».

CARACTERÍSTICAS DEL YIN Y EL YANG

El fundamento más importante de la Macrobiótica se apoya en la filosofía oriental y está basado en las dos leyes cós­micas que rigen la naturaleza en todos sus principios. Estas dos fuerzas son opuestas y a la vez complementarias, y jun­tas forman la totalidad del universo. Este principio único universal está formado por el yin y el yang.

El equilibrio solo es un movimiento que compensa el mo­vimiento anterior; por eso, para lograr estabilidad siempre hay que recurrir al pasado, saber leer las señales que produ­ce el exceso de yin y yang al actuar en nuestro cuerpo y saber compensar esas señales aportando unas energías que anulen la inercia natural que se pone en marcha cuando utilizamos el yin y el yang sin conocer ni prever los resultados.

La teoría del yin y el yang se puede utilizar para analizar cualquier fenómeno existente, nos permite estudiar el origen, el desarrollo y la transformación de todas las cosas existen­tes en la naturaleza. La relación de estas dos fuerzas se hace di­fí­cil de estudiar y comprender en profundidad, así como lle­var­la a la práctica, por una razón muy sencilla: están en cons­tante cambio, las posibilidades de transformación son infinitas. Si lo aplicamos al campo de la salud, destacamos como campos que investigar para poder saber qué nos ocurre la actividad de la sangre, la energía de protección externa del cuerpo —que en Occidente llamamos «las defensas»—, la actividad fisiológica de los órganos y vísceras, las estructuras corpora­les y la «energía alimenticia» o Gu Qi, la cual se sintetiza en el bazo.

Cada cambio patológico del cuerpo se puede compren­der y explicar de acuerdo con esta teoría. Estos conceptos del yin y el yang se interrelacionan de varias maneras, como un algoritmo, todas muy importantes; estas fuerzas se opo­nen continuamente la una a la otra puesto que actúan en los ex­tre­mos opuestos; existen con simultaneidad, no puede ha­llar­se una separada de la otra, sino que están fusionadas; tie­nen in­terdependencia, es decir, que para que una pueda crecer, aumentar, necesariamente la otra tiene que disminuir o de­cre­cer, y se utilizan mutuamente la una a la otra para alimen­tarse. Comprender esta múltiple relación entre ambas fuer­zas lleva su tiempo, pero, si lo hacemos, podremos entender cual­quier situación que nos suceda, aunque sé que requiere de mu­cha observación y estudio.

Estos dos estados de energía y materia se consumen, existen y se sostienen mutuamente. Así, mientras uno sube, el otro baja; mientras uno penetra, el otro sale. Uno de los tratados más antiguos e importantes de la medicina tradicional china, base de la actual medicina, el Neijing, afirma que, aun­que la medicina sea muy compleja, se puede definir en dos palabras: yin y yang.

Cuando estamos sanos, la relación entre el yin y el yang cambia constantemente: cuando estamos pasivos, descan­san­do, aumenta el yin; cuando nos activamos físicamente, tra­ba­jando o practicando algún deporte, lo hace el yang. Por el contrario, cuando estamos enfermos este control mutuo entre las dos energías deja de funcionar y provoca un desequilibrio. Ahí es donde actúa la dieta, compensando, resta­bleciendo y reforzando las dos fuerzas debilitadas por algún error que hemos cometido.

En este tipo de medicina que exponemos aquí, los sínto­mas se diagnostican y definen en estos términos: «yang hi­peractivo que daña el yin», «yin hiperactivo que daña el yang», «exceso de yang por deficiencia de yin», «exceso de yin por deficiencia de yang» y otros síndromes intermedios y combinados.

EQUILIBRIO DE EL YIN Y EL YANG

Yin significa y representa «expansión» en el dialecto man­darín, y yang, «contracción». Es decir, son los dos po­los opuestos de mayor influencia en el universo. La cos­mo­go­nía taoísta entiende que el universo respira —inspiración-con­trac­ción, expiración-expansión— al igual que los seres hu­ma­nos, que somos sus hijos. Por esta razón, también a la energía que circula por la galaxia se le llama «aliento cósmico». Se con­sidera yin a la noche, el frío, la oscuridad y lo femenino. En cambio, es yang el día, el calor, lo masculino y la luz. ¿Cómo podemos saber si estamos más en un lado o el otro para poder comprender nuestra condición a la hora de apli­car la alimentación?

CARACTERÍSTICAS YIN O YANG

YIN

YANG

Hipoactivo

Inhibición

Quietud

Tez pálida

Color amarillento

Voz baja

Interno

Vacío