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Una guía sencilla acerca del sendero de la meditación, en la cual se exponen los aspectos esenciales de este sagrado arte consagrado al acercamiento de nuestra alma a Dios.
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Seitenzahl: 216
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Por Claudio Dossetti,
Prof. de la Fundación Hastinapura
Texto escrito
siguiendo las enseñanzas recibidas de mi
Madre Espiritual Ada Albrecht
Editorial Hastinapura
Buenos Aires
2016
Manual de Meditación
Claudio Dossetti
Ediciones: 2015, 2016.
Imagen de la portada: El Sagrado Om, uno de los infinitos Nombres de Dios.
El tipeo, diseño y corrección del presente libro ha sido realizado íntegramente por Miembros de la Fundación Hastinapura.
Dossetti, Claudio
Manual de meditación : filosofía de la meditación, sus formas, mantras y dioses, obstáculos, guía para meditar / Claudio Dossetti. - 2a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-4038-44-9
1. Meditación. I. Título.
CDD 294.5435
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
© by Editorial Hastinapura
Riobamba 1018 (C1116ABF)
Ciudad de Buenos Aires, República Argentina
Tel. (0054-1) 4811-9342 / 4813-0685
E-mail: [email protected]
Internet: www.hastinapuralibros.com
Primera edición en formato digital: diciembre de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
OM SRI GANESHAIA NAMAHA
Reverencia a Sri Ganesha
Deva de la Sabiduría Espiritual
en la Religión de la India y
Guía de los Devotos de Dios
Ada Albrecht, Fundadora de Hastinapura, en la Sede Central de Hastinapura, en Buenos Aires, República Argentina
Este pequeño libro
es una humilde ofrenda
entregada con devoción
a los pies
de mi Madre Espiritual
Un Maestro junto a dos de sus discípulos enseñando el sagrado arte de la música devocional
EL PRESENTE LIBRO tiene como única finalidad sembrar el anhelo de meditar en los corazones de todos aquellos en quienes habita la sagrada añoranza por el regreso a Dios.
Las enseñanzas sobre las cuales ha sido elaborado este pequeño texto son en su totalidad las que he recibido de mi Madre Espiritual, la Prof. Ada Albrecht, quien a lo largo de muchos años ha brindado con amor y sabiduría todo el conocimiento que ha traído de sus largos viajes a las sagradas tierras de la India, el cual, por otra parte, habitó desde siempre en lo profundo de su inmenso corazón.
Hemos de mencionar también que las enseñanzas aquí vertidas tienen por base la doctrina de la Escuela de Filosofía de la India denominada Vedânta Advaita, o Escuela del No-dualismo, cuya esencia, espíritu y método, nos ha sido clara y pedagógicamente explicado por nuestra compasiva Madre.
Por otra parte, y siguiendo su espíritu amplio y universalista, todo cuanto aquí se dice acerca de la meditación y la vida espiritual, más allá de ciertos términos en fonética sánscrita y algunas referencias a las Divinidades Hindúes, es aplicable a todos los senderos místicos que tengan como meta la Unión con el Divino Señor.
Y por último recordemos en todo momento que Dios es Uno, que los Sabios lo llaman con muchos Nombres diferentes, y que los caminos de todas las Religiones conducen siempre a Él, razón por la cual, el amor, el espíritu de unidad y la fraternidad deberían reinar siempre en los corazones de todos los seres humanos.
Om. Paz, Paz, Paz.
DIOS ES LA ÚNICA REALIDAD. Hacia Dios se encaminan todas las criaturas. Dios es la meta de todas nuestras disciplinas espirituales. Y Dios es también la única finalidad de la meditación.
Todos venimos de Dios, vivimos en Dios, y a Dios regresaremos. Jamás nos hemos apartado de Él, y jamás lo haremos. Y si no Lo vemos es tan sólo porque nos hallamos distraídos, y ello es porque hemos perdido la memoria de nuestra naturaleza Divina y Espiritual (1).
Todos nuestros esfuerzos deberían estar abocados a recuperar esa memoria divina que, en algún momento, y por alguna causa inexplicable, hemos perdido.
Los Sagrados Upanishads nos dicen “Todo es Dios”. Si fuésemos capaces de comprender el significado de esta breve frase, todos nuestros males desaparecerían, la absoluta felicidad residiría en nuestros corazones, la Paz inundaría nuestro ser, toda discordia se diluiría, y tomaríamos conciencia de lo que en verdad somos, esto es: Espíritu Puro, Ilimitado, Divino.
“Dios es la Única Realidad, el mundo es una efímera ilusión, y el ser humano es idéntico a Dios”. Esta frase resume la enseñanza del No-dualismo hindú (2). De este modo, lo que llamamos “mundo” en realidad es como un espejismo, o bien, como una ilusión que cubre la Eterna Realidad. Dios siempre permanece Puro, Pleno de Bien y Perfecto, y no es afectado por los acontecimientos del mundo, del mismo modo en que las aguas vistas en un espejismo en el desierto, jamás podrán mojar las arenas de dicho desierto.
Así, lo que todos nosotros deberíamos comprender es que “Todo es Dios” (3). Hemos de alcanzar el sublime estado de Conciencia Divina, en el cual todo cuanto contemplemos sea Dios. Así veremos a las criaturas como siendo Dios y nada más que Dios. Entonces seremos capaces de amar por igual a todos los seres, de sentir una infinita compasión por todas las criaturas, de ver la Unidad Divina de la existencia, y de permanecer en santa Paz. Esto es conocido como sentimiento de Unidad Divina (4).
Imaginemos a una gota de agua que se siente aislada y temerosa en medio del océano. Tiene miedo del agua que la rodea, y también siente el temor de desaparecer. En verdad, la gota cree que es tal, simplemente porque supone que está separada del resto del agua del océano y que es distinta de éste. Si en algún momento ella descubre la verdad, es decir, si toma conciencia de que no es una “gota” separada, sino que es una con la inmensurable totalidad del océano, todos sus padecimientos desaparecerían en un instante. Nosotros, los seres humanos, somos como esa gota de agua. Somos parte de la Realidad Universal, que es Dios, pero creemos que somos seres separados. Cuando tomemos conciencia de nuestra Naturaleza Divina, de modo instantáneo todos los límites ilusorios desaparecerán, y sólo Dios permanecerá. Entonces cantaremos plenos de dicha, como dicen los Upanishads: “Soy Uno con el Divino Señor” (5).
Existe una célebre sentencia, muy antigua, muy sabia, y que proviene también de los Upanishads. Esa sentencia es: “Tú eres Aquello” (6). Esa frase, que en sánscrito se dice Tat Tvam Así, es susurrada por el Guru o Maestro a su discípulo, indicando que el ser humano, en Esencia, es idéntico a Dios.
Se dice que algunas almas muy preparadas, con el sólo hecho de escuchar esa sentencia, toman conciencia de su Real Naturaleza Divina, es decir, la gota de agua de nuestro ejemplo se da cuenta de que en realidad es una con el Océano. Pero esto sucede muy rara vez. Para la gran mayoría de los discípulos, el escuchar esa frase es tan sólo el comienzo de un largo camino, que si es seguido con fe y devoción, llevará al alma de regreso a Dios.
Todo cuanto llamamos “Camino Espiritual” es, en verdad, un Camino de retorno a Dios. En realidad, el Camino Espiritual no consiste en “avanzar hacia algún lugar”, o en “estudiar”, o en “ascender”, o en “aprender”, o en “acumular conocimientos”. Se trata, más bien, de una Purificación. ¿Purificación de qué? De nuestra mente y de nuestro corazón, a fin de que podamos tomar conciencia de nuestra Naturaleza Divina.
Nuestro corazón es como un espejo. Si un espejo se halla sucio no refleja la luz del Sol. De modo similar, si nuestro corazón está impuro, no puede reflejar la Luz de Dios. Cuando decimos corazón, también decimos mente, porque ambos se hallan estrechamente unidos.
Por todo esto es necesario que conozcamos qué es nuestra mente y como ella actúa, ya que ella puede separarnos de Dios (si es impura), o bien, puede llevarnos hacia Él (si se halla purificada).
Y para saber en qué consiste nuestra mente primero debemos hacer una rápida referencia al ser humano. Tal es la razón de ser del siguiente Capítulo.
Sri Sankaracharya, el Gran Maestro de la Vedânta Advaita
1. Tal es la enseñanza central de los Upanishads, también llamados Shruti, los Textos Sagrados más elevados de la Tradición Hindú. Ellos son la Palabra Divina revelada por Dios Mismo a los antiguos sabios contemplativos, llamados Rishis. Las principales Escuelas de Filosofía Mística de la India se hallan basadas en las enseñanzas de los Upanishads.
2. La Vedânta Advaita. Esta enseñanza es idéntica a la que nos brindara el Sabio neoplatónico Plotino, y también es muy semejante a la de grandes místicos de diversos credos, entre los cuales podemos mencionar a San Juan de la Cruz y a Meister Eckhart dentro del cristianismo y a Ibn’ Arabi y Rumi en Islam.
3. Sarvam Kalvidham Brahma, es decir, “todo es Dios”, es una célebre frase de los Upanishads.
4. Advaita Bhâvana.
5. Aham Brahmâsmi, es decir, “Yo soy Brahman”, Brihadâranyaka Upanishad I, iv, 10.
6. Es decir, “Tú eres Uno con Dios”, Chândogya Upanishad VI, viii, 7.
LOS SABIOS HINDÚES nos dan una descripción simple y pedagógica de la conformación del ser humano, a fin de que, conociéndola, el aspirante espiritual pueda trascenderla y así lograr su amada meta, que no es otra que la Unión con Dios. Dicho de otro modo, este conocimiento es una gran ayuda para realizar las prácticas espirituales, ya que nos permite distinguir entre lo Real (Dios), y lo irreal (las cosas manifiestas, incluyendo nuestro propio cuerpo y mente).
Si bien la esencia del ser humano es el Espíritu Divino (7), a causa del velo de la ilusión, dicho Espíritu aparece “cubierto” o “velado” o “rodeado” por diversas envolturas ilusorias, las cuales han sido agrupadas por los antiguos Maestros de la India en tres cuerpos. Ellos son:
EL CUERPO DENSO: Es el cuerpo tangible que vemos con nuestros ojos físicos; es el que usualmente llamamos simplemente: “nuestro cuerpo”.EL CUERPO SUTIL: Es el que está conformado por la fuerza vital, los sentidos, la mente, la memoria, nuestro ego personal, y el intelecto o discernimiento; este cuerpo sutil, a diferencia del anterior, y a causa de su gran tenuidad, no puede ser visto con nuestros ojos físicos; usualmente a la parte del cuerpo sutil con la cual conocemos, recordamos, decidimos y pensamos le llamamos en forma genérica: “mente”.EL CUERPO CAUSAL: Es el que da origen a los dos anteriores. Este cuerpo causal, que podría compararse a una semilla, nace como consecuencia del velo de la ilusión que nos oculta a Dios (8).Sin embargo, más allá de esta sencilla pero acabada descripción del ser humano, lo importante aquí es recordar que Dios, el Espíritu Divino o Âtman es algo por completo diferente a todos estos cuerpos, ya que Él carece de toda forma y limitación. Dios es la Realidad y la Eternidad, mientras que estos cuerpos no son más que imágenes pasajeras surgidas de la ilusión, y que nacen y mueren en el reino tiempo.
Cuando el aspirante, a través de la instrucción recibida de su Maestro y las prácticas espirituales, toma conciencia de que su Verdadero Ser se encuentra más allá de dichos cuerpos ilusorios, comienza a tener un vislumbre de la Realidad de Dios, y poco a poco se establece con firmeza y alegría en el santo Sendero que nos lleva hacia Él. Por ello debemos reflexionar diariamente acerca de lo efímeros que son los tres cuerpos ya mencionados, y tomar conciencia de que nuestra real naturaleza es la Eternidad y la Bienaventuranza.
Esta reflexión acerca de lo pasajero que es el cuerpo, y sobre la Eternidad de Dios, es un paso importante que debemos realizar en el Camino Espiritual (9).
Así como el ser humano se halla conformado por tres cuerpos, también nos enseñan los Libros Sagrados de la India que durante su paso por el mundo transita por tres estados de conciencia diferentes (10). Ellos son:
EL ESTADO DE VIGILIA: Es el que se halla presente en nuestra vida cotidiana, cuando estamos despiertos.EL ESTADO DE SUEÑO: Es el que corresponde al estado onírico, cuando soñamos mientras dormimos.EL ESTADO DE SUEÑO PROFUNDO: Es el que se manifiesta cuando dormimos y no hay imagen onírica alguna. Suele hallarse acompañado de un estado de gran bienaventuranza.Ahora bien, así como en el caso de los tres cuerpos hemos visto que el Espíritu o Âtman es diferente de todos ellos, lo importante en este caso es saber que estos tres estados de conciencia también son pasajeros, y que la única Conciencia Real es la Conciencia Divina (11), de la cual los tres estados mencionados son sólo reflejos. Durante los momentos de contemplación espiritual o Comunión con Dios, o Samâdhi, el ser humano participa de este estado verdadero de Conciencia Absoluta y Bienaventurada. La meditación nos conduce a dicho estado.
Al igual que en el caso de los tres cuerpos, también aquí es necesario reflexionar acerca de lo cambiante que es la conciencia relativa, asociada con la tornadiza mente, y lo estable y eterna que es la Conciencia Divina.
Desde tiempos remotos los Maestros nos han enseñado que mientras peregrinamos por el sendero espiritual es necesario que estemos muy atentos a los movimientos de nuestra mente, ya que es a través de ella que adquirimos tanto conocimientos del mundo como instrucción espiritual.
Cuando la mente se dirige hacia el mundo, es decir, cuando piensa en términos mundanales, adquiere conocimiento temporal a través de los sentidos, y así nace la ciencia terrenal, la cual es cambiante y efímera. Pero cuando se dirige hacia Dios conoce las cosas del espíritu a través del estudio de los Libros Sagrados, las enseñanzas del Maestro Espiritual o Guru, el recuerdo de Dios, la reflexión y la meditación.
Ahora bien, lo primero que debemos saber acerca de nuestra mente es que no posee inteligencia propia. ¿Cómo es esto posible? Nos dicen los Textos Sagrados hindúes (12) que toda la inteligencia que cree tener nuestra mente ha sido tomada prestada de la Conciencia Divina. Así como la Luna refleja la luz del Sol, de modo similar, la mente refleja la Conciencia de Dios.
Por lo tanto, nuestra mente es algo que cree saber pero que en realidad no sabe, y que cree conocer pero que en realidad no conoce. Dicho en otras palabras, la mente es sólo materia (materia sutil, pero materia al fin), mientras que la conciencia proviene de la Conciencia Divina, y por lo tanto, es de naturaleza luminosa y espiritual (13).
Entonces, ¿en qué consiste nuestra mente? Ella es un vasto conjunto de pensamientos, llamados Vrittis, es decir, “impresiones”, o “remolinos mentales”. En otras palabras, la mente parece existir porque los pensamientos se mueven, del mismo modo en que cuando en un día ventoso se forma un remolino en el cual giran hojas secas pareciera que “vemos” al viento, cuando en realidad es invisible.
Si dichos pensamientos son mundanos, nos atan al mundo, y si son espirituales, nos liberan de él. Citando las palabras de mi Madre Espiritual:
“Según sean las impresiones de la mente, así es el ser humano.” (14)
¿Y cómo se generan esas impresiones mentales, o Vrittis? Se generan a través de lo que perciben nuestros sentidos, y se profundizan al recordar una y otra vez las mismas imágenes en nuestra mente. Es como hacer un surco en la tierra, primero se marca débilmente, y luego se profundiza.
Además, si esos surcos en nuestra mente llegan a ser muy profundos crean tendencias. Esas tendencias (que son llamadas Samskaras), también pueden ser buenas o malas, mundanas o elevadas (15). Por ejemplo, si acostumbramos a meditar diariamente crearemos en nosotros una tendencia hacia la meditación, pero si acostumbramos a dormir en exceso, crearemos una tendencia a dormir y nuestra mente se volverá torpe.
Así, al tener más pensamientos mundanos, más “encadenados” y “enredados” nos hallamos con el mundo, y más lejos de alcanzar la Conciencia Divina.
Y en cambio, si hay menos pensamientos materiales en nuestra mente, y hay más pensamientos sobre Dios, ella tenderá a purificarse y aquietarse.
En un lago sereno se refleja con gran nitidez la imagen de la Luna; de modo similar, en una mente serena se refleja perfectamente la Luz de Dios, la cual traerá paz y bienaventuranza a nuestro corazón (16).
Las máculas de la mente o pensamientos mundanos impiden que tengamos una visión espiritual del mundo. Algunas de esas máculas son el egoísmo, el sentimiento de posesión, el rencor, el resentimiento, el temor, la envidia, los celos, el orgullo, la avaricia, etc. Dichas máculas no desaparecen pensando en ellas, o estudiándolas, o hablando largamente acerca de ellas, del mismo modo en que la suciedad de un espejo no desaparece con sólo observarla, o estudiarla, o hablando de ella. Lo que debemos hacer es remover dichas máculas mentales a través de las buenas obras, del cultivo de pensamientos espirituales y de la meditación, del mismo modo en que limpiamos un espejo valiéndonos de un paño limpio y agua pura.
Por ejemplo, si en nuestro corazón habita el sentimiento de rencor hacia alguna persona, lo que debemos hacer es meditar en Dios, posar nuestros pensamientos a los pies del Señor y ocupar nuestro tiempo en hacer buenas obras para bien de nuestros semejantes; nada más. Luego, Dios Mismo se ocupará de transmutar en bien lo malo que habita en nuestro interior.
En otras palabras: para quitar de nuestro corazón lo malo, debemos hacer el bien. Ello requiere de constancia, esfuerzo, y por sobre todo, de un gran amor hacia nuestro prójimo y hacia Dios.
Llamamos buenas obras a aquellas que realizamos pensando en el bienestar de los demás, y con el corazón posado en la Divinidad. Ellas harán que nuestros pensamientos siempre giren en torno a las cosas buenas, y así se vayan tornando más luminosos.
Un discípulo espiritual siempre debería hallarse pensando en el bienestar de sus semejantes, y en cómo contribuir a dicho bienestar. La haraganería, la indiferencia, el rumiar pensamientos oscuros y la inercia no pueden tener cabida en un alma que busca la Luz.
Además, el exceso de palabras, los razonamientos complicados, y el pensar en demasía, poco bien le hacen a nuestro espíritu. Es preferible elevar nuestros ojos hacia la Divinidad y hacer cosas buenas, con humildad y sencillez.
Hacer buenas obras, día y noche, ese el camino de la purificación de la mente y del corazón. Este es el modo en que comenzamos a transitar el Camino Espiritual que ha de culminar en la Bienaventurada Unión con el Divino Señor.
7. Âtman.
8. Para conocer en detalle esta conformación del ser humano, así como también las enseñanzas fundamentales de la Advaita, ver el libro Filosofía Final: una introducción a la Vedânta Advaita, de Ada Albrecht.
9. De acuerdo a los Upanishads, el Sendero Divino se halla conformado por tres pasos fundamentales: 1) Escuchar las palabras del Maestro (Shravana); 2) Reflexionar sobre ellas (Manana); 3) Meditar (Nididhiâsana).
10. Al respecto ver el Mândukya Upanishad.
11. Este estado de Conciencia Divina es llamado Turiya, que significa precisamente “el Cuarto”, haciendo referencia al cuarto y único estado real de Conciencia.
12. Los Upanishads.
13. Es por ello que todos los seres, ya sean seres humanos, aves, peces, animales terrestres, plantas, minerales, estrellas, etc., participan de uno u otro modo de la Conciencia e Inteligencia Divinas. Y también, todas las criaturas poseen un Alma Divina e Inmortal, ya que todas son hijas de un mismo Padre Divino y Eterno, de Quien han nacido y a Quien regresarán.
14. Filosofía Final, Cap. II.
15. De acuerdo a la tradición hindú, los Samskaras con los cuales nacemos son el producto de las obras que hemos realizado en nuestras vidas previas. De allí la importancia de realizar buenas obras en la vida actual, ya que ellas darán como resultado buenos Samskaras en las próximas.
16. En realidad, la mente es necesaria al comienzo del sendero espiritual, pero luego se convierte en un obstáculo. Así como un pez no puede vivir fuera del agua, de modo similar, la mente no puede vivir fuera del mundo. Cuando el alma se eleva hacia Dios, abandona las cosas terrenas, y entre las cosas que abandona se halla la misma mente con sus variados pensamientos.
EL MAESTRO ESPIRITUAL o Guru es la base y la esencia del Sendero Divino. El discípulo es como el pabilo de una lámpara de aceite, y el Maestro es el fuego que la enciende. El discípulo es como un viajero extraviado en medio de un bosque, y el Maestro es el guía que lo conduce por el buen camino.
En el Chândogya Upanishad hallamos el siguiente ejemplo, muy pedagógico, acerca del discípulo y su Maestro:
