Marcada a la Medianoche - Claire Conrad - E-Book

Marcada a la Medianoche E-Book

Claire Conrad

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Beschreibung

Una noche ordinaria.
Un bar ordinario.
Dos hombres extraordinarios.

Cuando dos hombres casi idénticos y sexualmente atractivos entran al restaurante donde trabaja Britanny, ella voltea, estando totalmente segura de que pasará desapercibida ante sus miradas.

Pero ellos no solamente la miran, la observan.

No esperaba una proposición caliente, tan difícil de creer. 
Aun así, impaciente.
Acepta.

Y una noche de pasión la marcó de por vida.
Ella no puede dejar de pensar en ellos.
De necesitarlos.
De desearlos.

Pero ellos no son lo que parecen.
No son humanos, son un dragón y su jinete.

Una bestia y un Dragonborn.

Ellos viven para proteger a la humanidad. Para proteger la vida.
Pero una guerra se está gestando ...
Dragón contra dragón,
Hermano contra fermano,
Hielo contra fuego.

Brittany pronto se encuentra a sí misma no solo dándoles su corazón,
sino también en medio de una guerra que tal vez no puede entender.
Y su amor es la clave no solo para su supervivencia sino también la de ellos.
Para la supervivencia del mundo entero.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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Marcada a la Medianoche

La Marca del Dragón, Libro 1

Claire Conrad

Índice

Acerca del libro

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

Epílogo

Que pasa despues

Libros de Claire Conrad

Autor biografía

Books by Claire Conrad (English)

Acerca del libro

Una noche ordinaria.

Un bar ordinario.

Dos hombres extraordinarios.

Cuando dos hombres casi idénticos y sexualmente atractivos entran al restaurante donde trabaja Britanny, ella voltea, estando totalmente segura de que pasará desapercibida ante sus miradas.

Pero ellos no solamente la miran, la observan.

No esperaba una proposición caliente, tan difícil de creer.

Aun así, impaciente.

Acepta.

Y una noche de pasión la marcó de por vida.

Ella no puede dejar de pensar en ellos.

De necesitarlos.

De desearlos.

Pero ellos no son lo que parecen.

No son humanos, son un dragón y su jinete.

Una bestia y un Dragonborn.

Ellos viven para proteger a la humanidad. Para proteger la vida.

Pero una guerra se está gestando ...

Dragón contra dragón,

Hermano contra fermano,

Hielo contra fuego.

Brittany pronto se encuentra a sí misma no solo dándoles su corazón,

sino también en medio de una guerra que tal vez no puede entender.

Y su amor es la clave no solo para su supervivencia sino también la de ellos.

Para la supervivencia del mundo entero.

Copyright 2018 Tydbyts Media

Marcada a la Medianoche:

La Marca del Dragón, Libro 1

Diseño de Portada Copyright 2017 ebook indie covers

Todos los derechos reservados.

Este libro es una obra de ficción. Los nombres, personas, lugares y eventos son el producto de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas vivas, fallecidas o eventos históricos es pura coincidencia.

Capítulo Uno

Brittany Anderson, Chicago, Illinois

Con un suspiro de alivio entré al estacionamiento de la Taberna de Dave. El letrero de neón había empezado a parpadear, obviamente estaba a punto de apagarse, las letras D y T ya se habían fundido. Desde la distancia se leía aberna de ave.

Tanto el bar como el restaurante estaban ubicados en el muelle, en un viejo almacén de apariencia rústica por donde quiera que se mirara. Dave quería que se viera así, natural, cómodo y hogareño. Había mesas de madera para las cabinas y las paredes estaban decoradas con herraduras. Si no hubiera trabajado allí, no habría sido mi primera opción para cenar. Ese lugar era más un hogar para mí que mi horrible departamento, además no había almorzado ni desayunado y Dave casi siempre me dejaba comer gratis.

Mientras estacionaba el auto me sentí un poco más relajada al estar rodeada por otros vehículos. Era un alivio estar cerca de otras personas. Probablemente, por primera vez, me alegraba ver a una pareja fumando afuera. Todo parecía normal, pacífico y seguro. Necesitaba sentir la certeza de estar rodeada por otras personas luego de mi extraño viaje al parque.

Al entrar, me abrí paso entre la gente que estaba de pie y me deslicé hasta un taburete en la barra del bar. Sonreí cuando me percaté de que el cantinero, mi buen amigo y jefe se acercó a mí. "Hola, Dave".

"Ahí está mi chica. ¿Tienes hambre?” Dave era lo suficientemente mayor como para ser mi padre y de hecho actuaba como tal, observando cada noche todas las actividades en el bar y asegurándose de que incluso el peor de los imbéciles encontrara la puerta de salida.

"Muero de hambre. ¿Puedes traerme una hamburguesa, papas fritas, una cerveza y un trago de Tequila?”

Frunció el ceño. Sin embargo, colocó un vaso de tragos en la barra de madera y lo llenó con su mejor Tequila, no sin antes colocar una rodaja de limón en una servilleta limpia. "Tan mal estás, ¿eh?"

Tomé la sal y dejé que el alcohol consumiera el escalofrío persistente que traía desde el estacionamiento. "No muy bien." Aún tenía el limón en la boca cuando el otro cantinero, Pete, se acercó a escuchar.

Pete había abandonado la universidad hacía un año para probar suerte como músico. Si bien no muchos estuvieron de acuerdo con su decisión, yo si lo entendía. El chico tenía el talento y la apariencia para hacerlo. Tenía tatuajes en cada centímetro visible de sus brazos y era alto, de complexión delgada. No tenía problemas para atraer a las mujeres. Probablemente se había acostado con todas y cada una de las mujeres que trabajaban aquí. Todas menos yo.

“¿Cuándo volverás al trabajo Brittany?” Las chicas nuevas son torpes y hacen que mi trabajo sea mucho más difícil”. Él se apoyó en la barra y me sonrió.

Encogí los hombros y seguí sonriendo. "Oye, me gané estas vacaciones". Había ahorrado lo suficiente como para descansar al menos un mes. Necesitaba algo de tiempo para conocer a mi hermano, tal vez hacer uno o dos viajes por carretera. Necesitaba pensar en lo que haría el resto de mi vida.

"¿En serio? Bueno, si te aburres, habla con Dave. Necesitaremos algo de ayuda adicional esta semana".

"Está bien". Yo le habría ayudado, de hecho, siempre lo hacía, pero no tenía intenciones de atender mesas por el resto de mi vida. Generalmente el pago era genial, pero el trabajo agotador no lo era. También era muy decepcionante partirse el culo en una gran fiesta y después ser ignorarada o recibir una propina de dos dólares luego de haber gastado más de cien dólares en comida. Debía reponer docenas de bebidas y soportar toneladas de: "Oye, cariño, ¿puedes conseguirme un poco de ketchup?”, volver a la mesa con ella para que luego alguien más me enviara nuevamente a buscar otra cosa—enjuague y repita por dos o tres horas.

Pero bueno, ese era el trabajo. A veces los clientes eran muy amables y dejaban una buena propina, otros, solo eran agradables para obtener un buen servicio y no dejaban ninguna propina y, por último, algunos no dejaban propinas y se comportaban como completos idiotas. No tenía ningún interés en volver al trabajo de momento pues de todos modos, estaba centrada en otras cosas. Una vez que encontrara a mi hermano, mi plan era conseguir un trabajo de oficina en alguna parte. Podía responder llamadas telefónicas y escribir a una velocidad decente. Sabía cómo manejar una computadora. No era el mejor plan, pero esperaba que ahí hubiera menos idiotas borrachos agarrándome el trasero sin permiso.

Dave colocó una jarra de mi cerveza favorita frente a mí y frunció el ceño. "¿Cuánto has ahorrado, Brittany?"

"Lo suficiente Dave, créeme." Tomé un gran trago de la jarra. Finalmente empezaba a sacudirme la ansiedad que había sentido en el parque.

Todos hablábamos con los clientes de por medio a medida que yo me deleitaba con una comida estupenda y una cerveza relativamente buena. Transmitían un juego de hockey en un canal de televisión y un juego de baloncesto en otro. Ocasionalmente alguien en el bar gritaba cuando su equipo hacía una buena jugada.

Afuera, las familias y gente de negocios se sentaban en el malecón con vista al lago a disfrutar gruesos filetes de carne y langostas bañadas en mantequilla. El letrero de Dave quizás parpadeaba, pero el negocio iba bien. Siempre había estado bien. El lugar era muy frecuentado localmente y todos sabían que era el lugar ideal para degustar los mejores filetes y mariscos.

Pero aquí adentro, en el bar, yo estaba más que contenta con mi hamburguesa y mi cerveza.

Puedes sacar a una chica del campo, pero no puedes sacar al campo de una chica.

Estaba rodeada por el mundanal bullicio. Cuanto más tiempo pasaba en ese entorno familiar, mejor me sentía. Había comido ya la mitad de mi hamburguesa cuando la puerta del bar se abrió vi entrar a dos hombres por el rabillo del ojo. Sentí un cambio en el aire y observé cómo todas las demás mujeres alrededor del bar, ya sea que estuvieran conversando o sentadas solas, volteaban para verlos entrar.

Había oído la puerta, pero no me había molestado en voltear. Pero demonios, si eran lo suficientemente interesantes como para llamar la atención de todas las mujeres en la habitación, quería ver de qué se trataba.

Intenté mirarlos sin que lo notaran, pero fue difícil. Sin embargo, estaba totalmente segura de que pasaría desapercibida al igual que el resto de las mujeres en ese lugar.

Cuando tuve una visión clara, pude apreciar lo que ya el resto había visto. Ellos tenían una presencia magnética. Sentí que mis partes femeninas se estimularon cuando miré directamente a los ojos del primer hombre. Eran verdes, intensos, enfocados.

Lujuria, sexo, deseo. Todos eso podía verlo dentro de sus ojos y él, me estaba mirando a mí.

Cuando la habitación comenzó a girar a mi alrededor, me di cuenta de que había dejado de respirar.

Pensé que este tipo de reacción era un mito, algo que solo ocurría en las novelas románticas, pero literalmente no podía quitarle los ojos de encima. Él sostuvo mi mirada por un minuto y luego comenzó a mirar alrededor del bar como si estuviera buscando a alguien. Fue entonces cuando noté que el segundo hombre también me miraba fijamente. Mis pezones ya estaban duros, sin embargo, mi vagina se contrajo y todo se sentía muy intenso, como si me derritiera, como si debía dejarlos hacer lo que quisieran conmigo.

Tomé mi cerveza. Mi mano temblaba tanto que si la jarra helada hubiera estado llena se habría derramado.

¡Dios mío! Eran mellizos.

Mientras estaba allí sentada, atrapada en su telaraña, mi cerebro tuvo dificultades para asimilar la idea de que no era solo una, sino dos criaturas maravillosas. La única diferencia que pude notar con mi breve evaluación fue que el que ahora me observaba era unos centímetros más alto. Y sus ojos... los ojos del primer hombre eran verdes, como una espesa hierba de verano. Los ojos de éste eran de un color ámbar extrañamente hipnótico y a medida que me observaba, yo sentía que estaba mirando directamente dentro de mi alma.

Estaba hablando puras tonterías románticas sin sentido. Tenía que haber estado más nerviosa de lo que creía debido al espeluznante episodio que había vivido en el parque.

Había estado saboreando el trago de tequila, degustándolo, dejándolo quemar mi lengua en medio de los mordiscos a mi hamburguesa. Sin embargo, en un intento por apartar la mirada de ese dios sexual de ojos ambarinos y su sexy compañero, tomé todo lo que quedaba del trago y cerré los ojos con la esperanza de que el ardor del licor desviara la atención de mi libido y sus peligrosos pensamientos. Específicamente conmigo, el relleno húmedo y cremoso en un sándwich sexual de dioses.

Cuando abrí los ojos me quedé paralizada. Él estaba parado justo frente a mí. Su aroma me embriagaba como si fuera una droga, haciéndome pensar en vientos fuertes y fogatas. La verdad, nunca había olido algo así. Me preguntaba si era una colonia escandalosamente cara, o simplemente era él.

Mi vagina evidenciaba cada uno de los pensamientos en mí cabeza. Gritaba en primera fila y a todo volumen que lo llevara a casa y lo hiciera mío. Lo quería muy adentro. Rendido.

¿Qué demonios pasaba conmigo? No tenía tiempo para estas tonterías. No solía tener muchas citas, mucho menos solía abordar a extraños en los bares y...

Él sonrió y todo mi cuerpo se prendió en fuego. Me movía sobre el taburete. Mi cena había quedado olvidada desde hacía mucho rato a medida que yo era consumida por la lujuria hacía el hombre que tenía frente a mí. Era una reacción extraña.

Eran sexys, sin embargo, mi reacción hacia él me hacía sentir como si no fuera yo misma. A lo mejor había pasado demasiado tiempo desde la última vez que tuve relaciones sexuales. Aun así, en ese instante sentía como si hubiera pasado toda una eternidad. Me costó demasiado evitar decir una estupidez, o peor aún, evitar hacer algo estúpido, como lamerme los labios.

De pronto, estaban tan secos que parecía que no aguantaría más. Su mirada seguía mis movimientos con un nivel de atención que nunca había experimentado en un hombre. Yo quería que me besara, justo aquí, delante de todo el maldito bar. Pero él no se movía. Solo me veía. Me hacía derretir, retorcerme y desearlo.

Finalmente, después de un rato, encontré mi voz. "Hola”. El saludo vino en forma de graznido. Por supuesto, un hombre atractivo se había acercado a mí así que canalicé mi voz interior.

Él no hablaba. Continuó mirándome fijamente e inclinó la cabeza para observarme mejor. Inmediatamente me sentí acalorada. Mi cuerpo se calentó lo suficiente para sentir el deseo de abanicarme como un perro enloquecido por el calor en pleno verano.

Bajo su mirada, el calor entre mis piernas se transformó en una completa necesidad vibratoria. Me preguntaba cuán roja se había puesto mi cara ahora que el calor había escalado hasta mis mejillas. Se había formado una pequeña película de sudor en mi cuerpo. Él seguía sin pronunciar una sola palabra, probablemente porque sabía lo que él representaba. Ese hombre era más que consciente de lo hermoso que era, de cuan embelesadas tenía a todas las mujeres a su alrededor.

Yo era una mujer práctica. Nunca creí en vampiros, hombres lobo, ni en ninguna de esas tonterías místicas o mágicas. Pero, así como la parte lógica de mi cabeza gritaba que algo no estaba bien, mi cuerpo gritaba aún más, diciéndole a mi cabeza que se callara y me dejara tener lo que deseaba. A él. No, ellos. A los dos. Yo los quería a ambos.

El otro mellizo aun caminaba por el bar. No podía saber si buscaba algo o a alguien. Revisó las cabinas, a las personas que estaban sentadas en ellas; a pesar de las extrañas miradas que recibía.

La expresión de ojos ámbar se convirtió en una sonrisa que mostraba unos dientes perfectos. Tuve el deseo repentino de presionarme contra él. Era un deseo fuerte, en el límite de lo que se consideraría una necesidadfísica, por eso sujeté el borde de la barra del bar con ambas manos para asegurarme de no ir a ninguna parte.

¿Qué demonios pasaba conmigo? Esto era una locura.

Finalmente, el mellizo más bajo se acercó a su hermano y se paró a su lado, observándome con curiosidad. Yo aún sentía la lujuria, sin embargo, fue alterada un poco por la incorporación de un nuevo compañero.

"Mi nombre es Zach y este es mi hermano Iavo. Él es mudo". La forma en la que el hombre de ojos verdes lo dijo fue tan casual, casi como si hubiera dicho que su hermano era arquitecto. Al menos me sentí aliviada al saber que había una razón por la cual Iavo no me había hablado. "Iavo quiere dormir contigo. Él quiere que tu duermas con nosotros".

Zach se acercó y rozó su mejilla con la mía a medida que hacía a un lado el cabello en mi oreja. El roce de su piel por poco me quemaba. Se sentía increíble.

Mis ojos estaban completamente abiertos, posiblemente a un paso de caer de mi cabeza. "¿Disculpa?" Fue lo único que se me ocurrió responder mientras mi cuerpo aún se estremecía debido a su cercanía y al calor que irradiaba. El aroma de su piel era divino. Más a hombre, menos salvaje. Una combinación entre leñador, calor y sexo.

Iba a desmayarme si no comenzaba a respirar.

Los labios de Zach rozaron mi oreja a medida que susurraba con voz acalorada, "Ven a nuestra cabaña. Ven a jugar. Te prometo que no te vas a decepcionar".

Nuevamente, el calor recorría todo mi cuerpo. Los escalofríos se apoderaban de mí. Me di cuenta que Iavo se había acercado y había puesto su mano sobre mi muslo. Todo el calor en mi cuerpo provenía de una sola fuente, sus dedos. Esto que ocurría entre nosotros era una atracción innegable, e incluso si hubiera querido hacerme la dura, seguramente no hubiera podido.

"¿Necesitas ayuda, Brittany?" La voz de Pete interrumpió mi alejamiento momentáneo de la realidad. Sacudí mi cabeza rápidamente. Muy rápido. Casi como una niña pequeña frente a un malvado adulto que la amenaza con tomar sus dulces.

Tragué saliva, sabiendo que si trataba de hablar antes de tiempo saldría otro chillido vergonzoso de mí garganta. "No, Pete. Gracias." Quería este dulce solamente para mí.

El hombre silencioso se giró para mirar al cantinero. Algo casi aterrador brillaba en sus ojos ambarinos.

Sin titubear, Zach colocó la mano sobre el hombro de su hermano. "Iavo, ve a sentarte mientras yo hablo con la dama". Iavo volvió sus ojos enojados hacia su hermano y luego se dirigió a un rincón y se sentó. Observé a una de las mujeres que había estado mirándonos desde el otro lado del bar acercarse a él.

Dirigiendo su atención hacia mí, Zach dijo en voz baja, "Si no puedes manejar a dos hombres a la vez debes decírmelo ahora". Sujetó suavemente un mechón suelto de mi cabello y lo puso detrás de mi oreja. "Una vez que estés en nuestra cabaña, no hay vuelta atrás".

Debí haberme sentido asustada, amenazada quizás, sin embargo, era excitación lo que palpitaba a través de mis venas. La sensación que recorría mí cuerpo era muy fuerte como para resistirme. Los deseaba a los dos, a pesar de que nunca había estado con dos hombres a la vez. Sería algo diferente para mí. Había pasado tanto tiempo desde que tuve relaciones sexuales que mi cuerpo vibraba por tanta energía reprimida de solo mirar a esos mellizos.

Mis ojos vagaron por la habitación y noté que la mujer, segura de sí misma, intentaba hablar con Iavo. Se paró junto a su mesa moviendo el cabello. Ella tenía senos grandes, cabello negro hasta la cintura y curvas de infarto, pero, los ojos de Iavo no me abandonaban. Él me miraba con una intensidad que era casi palpable en la habitación. Se respiraba mucha tensión en el ambiente.

¿Acaso habían sido estos dos hombres los que me observaban en el parque?

No, no era posible. Aquello había sido aterrador, espeluznante. Por el contrario, esto era calor y lujuria mezclada con excitación. Mis acciones ya no me pertenecían. Era impulsada por un deseo que se acumulaba en mi abdomen y en el latido violento de mi corazón.

Iavo siguió observándome fijamente y la mujer, finalmente, resopló, obviamente molesta por su fracaso.

"Puedo manejarlo", le dije con más confianza de la que sentía. Vi a Iavo tensarse ante mis palabras, era como si realmente me hubiera escuchado desde el otro lado de la habitación. Mi estómago daba vueltas nuevamente, pero era más por anticipación a lo que iba a suceder que por miedo.

Zach no dijo nada más. Miró a Iavo levantarse y acercarse a nosotros. Me preguntaba cuánto del poder psíquico entre los mellizos estaba involucrado en todo lo que estaba sucediendo. Especialmente debido a que Iavo no podía comunicarse con sonidos. Era obvio que desde un inicio él no había usado ningún tipo de lenguaje, ni siquiera el lenguaje de señas. Entonces, ¿cómo se comunicaban?

¿Me importaba?

No. No ahora, no me importaba en lo absoluto.

Tomando mi mano, Iavo entrelazó nuestros dedos y tiró de mí en dirección a la puerta. Me levanté del asiento de la barra y lo seguí sin pensarlo dos veces. Zach nos siguió. Se sentía irreal ir a la cabaña de dos desconocidos a entregarme a ellos libremente. Las mujeres en el bar nos observaban fijamente. Algunas con una mirada fulminante a medida que caminaba junto a ellos. Sentí la necesidad de voltear y sonreír, de mover las caderas y menearlas a medida que salíamos, pero contuve el impulso. Ellos no me pertenecían. Solo serían míos por esta noche.

Ambos hombres eran hermosos en todos los sentidos y ambos querían estar conmigo. Estaba muy claro que pudieron elegir a cualquier mujer del bar que ellos hubieran querido, pero, me habían elegido a mí. Eso era excitante, especialmente porque era obvio que todas las demás mujeres en la habitación estaban muy celosas.

Mi hermano aún estará en la universidad para cuando amanezca, pensé. Metí la mano en mi bolsillo para sentir una pieza de papel. Sabía la dirección de memoria de la cantidad de veces que la había leído, pero guardé el pedazo de papel como una especie de garantía. La esperanza que tenía puesta en ese pequeño trozo de papel a menudo era mi única amiga, la única constante en mi vida y la clave para encontrar a mi hermano. Me había llevado años de investigación y un golpe de suerte poder encontrarlo. Todo este tiempo él había estado en la misma ciudad, a solo unas millas de distancia.

Iavo sujetó mi mano saliendo del bar, escoltándome hasta que llegamos a una linda camioneta negra. Abrió la puerta del pasajero para mí y me subí. Abroché el cinturón de seguridad del puesto del medio. Zach subió al asiento del conductor y Iavo tomó el lado del pasajero, justo al lado mío. No dijeron ni una sola palabra mientras abrochaban sus cinturones, fue entonces que comencé a pensar en qué era exactamente en lo que me había metido.

El ambiente dentro de la camioneta estaba muy silencioso, sólo se alcanzaba a escuchar el ruido del motor. No encendieron la radio y ninguno de los dos habló, sin embargo, había una carga en el aire. Sus olores combinados llenaban la cabina y el breve momento de lujuria abrumadora reprimida resurgió con más fuerza. Incapaz de controlarme, puse mis palmas en cada uno de sus musculosos muslos.

Cada uno llevaba una camiseta ajustada y pantalones de mezclilla. Sentir sus músculos bajo mis manos me hizo gemir. Nada me impidió tocarlos a medida que pasaba mis manos desde arriba hasta abajo, a lo largo de sus duras siluetas. Me desabroché el cinturón y me volteé de espaldas al parabrisas para poder tocar sus pechos. Los músculos allí eran igual de firmes. Sin darme cuenta lamí mis labios mientras mis dedos paseaban sobre ellos.

Ya anticipaba la llegada a su cabaña y lo que encontraría debajo de sus ropas. Cuando mis manos bajaron un poco más, Zach me tomó por la muñeca. Su voz fue casi un gruñido.

"Espera, debes ser paciente", dijo.

Iavo miró a su hermano y levantó una de sus cejas como si dijera: "Habla por ti mismo".

Me senté nuevamente, avergonzada, herida. Sentía como si me hubiera regañado y eso no me agradaba. Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba sentaba, más caía en cuenta que mi dolor no era por haber sido reprendida sino más bien porque no quería dejar de tocarlos.

Nada tenía sentido. En el momento en que dejé de tocarlos, me sentí perdida, vacía. Todo lo que quería era hacer conexión, sentir su piel. Me moría por sentirlos con cada centímetro de mi cuerpo.

Iavo debió haber sentido mi anhelo porque me llevó hasta su regazo y ahí me acurruqué, como si acabara de salvarme la vida. El alivio que sentí fue realmente alarmante. La confianza, la completa y total disposición de entregarme a su cuidado.

La atracción entre los mellizos y yo era peligrosa. No podía explicar por qué me sentía tan bien con toda esta situación, pero de alguna manera, así me sentía. Me consideraba una mujer inteligente, segura de mí misma, de calle; ir a casa con dos desconocidos para tener relaciones sexuales no era algo que una mujer así hiciera. Era demasiado arriesgado y peligroso.

Nos detuvimos en un camino de tierra con una cabaña oscura al final. No había luces encendidas adentro o afuera. El entorno era igual de oscuro. Lo único que pude ver fue un camino de tierr [...]