Toque ardiente - Claire Conrad - E-Book

Toque ardiente E-Book

Claire Conrad

0,0
2,99 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Un viaje con amigos se convierte en un ensueño de proporciones épicas cuando un hechizo mágico obliga a Kayla Evans a tomar un desvío inesperado hacia Ningún lugar, Nuevo México. La pequeña ciudad abunda en locos, hadas bebés traviesas, animales parlantes, y es donde habita un personaje peculiar, un hombre sexy que no dejará a kayla sola ni un instante. De hecho, la seguirá a todas partes, robándole besos, volviéndola un poco loca. Pero Kayla tiene una vida en Colorado, y vivir en medio de un desierto no es su idea de un plan de vida, aunque venga con un increíble beneficio: un sexy elemental de fuego decidido a derretir hasta sus calcetines.

Para el resto del mundo, la mitología antigua es solo eso, cuentos de hadas; sin embargo, para Xander y sus hermanos mágicos, es demasiado real. Descendiente de una larga progenie de hombres poderosos, pero malditos, está destinado a esperar a que los dioses llamen a una compañera para él usando un poderoso hechizo mágico. Cuando la magia convoca a la descarada y obstinada Kayla, Xander se enfrentará a la prueba definitiva. Puede que Kayla no sea capaz de resistir su seducción, pero Xander ansía más que el placer físico, está decidido a reclamar su corazón.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2018

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Toque ardiente

Una historia mágica de Nuevo México

Claire Conrad

Índice

Acerca de Toque Ardiente

Capítulo uno

Capítulo dos

Capítulo tres

Capítulo cuatro

Capítulo cinco

Capítulo seis

Capítulo siete

Capítulo ocho

Capítulo nueve

Capítulo diez

Capítulo once

Capítulo doce

Libros de Claire Conrad

Autor biografía

Books by Claire Conrad (English)

Acerca de Toque Ardiente

Un viaje con amigos se convierte en un ensueño de proporciones épicas cuando un hechizo mágico obliga a Kayla Evans a tomar un desvío inesperado hacia Ningún lugar, Nuevo México. La pequeña ciudad abunda en locos, hadas bebés traviesas, animales parlantes, y es donde habita un personaje peculiar, un hombre sexy que no dejará a kayla sola ni un instante. De hecho, la seguirá a todas partes, robándole besos, volviéndola un poco loca. Pero Kayla tiene una vida en Colorado, y vivir en medio de un desierto no es su idea de un plan de vida, aunque venga con un increíble beneficio: un sexy elemental de fuego decidido a derretir hasta sus calcetines.

Para el resto del mundo, la mitología antigua es solo eso, cuentos de hadas; sin embargo, para Xander y sus hermanos mágicos, es demasiado real. Descendiente de una larga progenie de hombres poderosos, pero malditos, está destinado a esperar a que los dioses llamen a una compañera para él usando un poderoso hechizo mágico. Cuando la magia convoca a la descarada y obstinada Kayla, Xander se enfrentará a la prueba definitiva. Puede que Kayla no sea capaz de resistir su seducción, pero Xander ansía más que el placer físico, está decidido a reclamar su corazón.

Copyright 2018 Tydbyts Media

Toque ardiente

Diseño de Portada Copyright 2017 ebook indie covers

Todos los derechos reservados.

Este libro es una obra de ficción. Los nombres, personas, lugares y eventos son el producto de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas vivas, fallecidas o eventos históricos es pura coincidencia.

Capítulo uno

Xander Davis frotó el centro de su dolorido pecho con la palma de su mano y se preguntó cuándo su madre decidiría compadecerse de él. Había cumplido las condiciones de la maldición. Su casa estaba lista para compartirla con una compañera. Él estaba listo...

Levantándose del suelo del desierto rojo que lo rodeaba, su casa parecía más una hacienda española centenaria que una nueva estructura construida con sangre, sudor y magia. La salvia, el cactus y la roca lo rodeaban por todos lados. Aquí y allá, solo un pedazo de hierba alta luchaba por sobrevivir. Su casa encajaba en el paisaje estéril como si siempre hubiera estado ahí. A pocos minutos, había un pequeño pueblo lleno de humanos y criaturas mágicas que, simplemente, querían vivir sus vidas en paz. Se sintió atraído por ese lugar, por su poder. A su llegada había comprado esta tierra y trabajado día y noche para construir la casa para ella. Su compañera. Pero había un pequeño problema. No tenía ni idea quién sería.

Xander y su nueva compañera encajarían perfectamente en la comunidad. Ya había aceptado un trabajo como bombero local. Había empezado a conocer a la gente del pueblo; donde había desde vampiros, enanos, brujas hasta hombres lobo y hadas. Xander estaba seguro de que había más criaturas mágicas que aún no había conocido. Y quería conocerlos a todos, si vivía lo suficiente. Ahora que la maldición de apareamiento había sido activada, se le estaba acabando el tiempo.

Un grito alto y agudo vino desde lo alto de una de las mesetas del desierto y elevó su mirada al cielo azul mientras un pequeño dragón volaba hacia él. El dragón voló directamente hacia él y aterrizó sobre los pequeños guijarros que bordeaban su nuevo camino de entrada. Solo había visto a su madre anteriormente en dos ocasiones; una, el día en que su magia de fuego casi había quemado su casa; y la segunda, en el funeral de su padre hacía tres años. Ese fue el día en que ella le contó todo sobre su miserable pasado y sobre la maldición que había echado sobre sus hijos a causa de ello. Ese fue el día en que realmente llegó a despreciarla.

“Xander. Ya es hora”. La voz del dragón no era muy diferente a la voz de su madre en forma humana. El poder y la magia flotaban con sus palabras, como el calor seguía a la luz del sol. La forma de dragón que tomaba su madre al viajar era, más o menos, del tamaño de un caballo grande con alas, pero ella era mucho más hermosa. Sus escamas brillaban con los colores del mar. Escamas verdes y azules en todas las sombras imaginables brillaban a la luz del sol. Sus ojos, ya sea en forma humana o de dragón, eran del color del agua congelada en un glaciar, y sus garras y dientes eran de un azul profundo de medianoche, casi tan negros como él imaginaba que serían las profundidades del mar. Sin embargo, nunca había visto las profundidades del mar, no como algunos de sus hermanastros, ya que desde niño llevaba la marca de fuego de su madre. El agua estaba bien, en pequeñas dosis, pero no tenía interés en ir a nadar. Nunca.

—Madre.

El dragón se sentó en sus ancas y se enrolló la cola alrededor de sus pies, subiendo y bajando del suelo la punta dura como un diamante de su cola, tal cual un gato irritado moviendo su cola.

—¿Esta es tu casa?

Él suspiró, resignado a jugar su juego. Si no lo hacía, se quedaría con este hueco y dolorido corazón hasta su muerte.

—Sí, madre. ¿Te gustaría ver el interior?

—No, hijo. He venido a darte una piedra para tu corazón. —El dragón levantó una ceja gigante como si él fuera el mayor idiota de la faz de la Tierra. Amplió su postura y cruzó los brazos sobre su pecho para no parecer intimidado o demasiado ansioso por el regalo de ella.

—Gracias, madre. —No valía la pena refutar a una mítica ninfa del mar, ni ante una diosa aunque fuera su propia madre.

Su madre asintió con la cabeza como una reina y levantó su pie delantero hacia su gran mandíbula. Con una profunda respiración, exhaló fuego, fuego caliente de dragón, sobre su propia garra empuñada durante varios segundos. El calor lo atrajo hacia adelante. Tan poderoso. Tan puro. Había heredado de ella la magia del fuego que vivía dentro de él. Igualmente, ella les había otorgado otros elementos mágicos a sus otros hermanos medio humanos. Ella podía tomar cuatro formas y comandar los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Dependiendo de su estado de ánimo cuando seducía a sus amantes mortales, sus hijos, siempre hijos, heredaban uno de sus dones.

También heredaron su maldición. No podía enamorarse sin una piedra en el corazón. Una vez que su pareja fuese convocada por la magia de una piedra en el corazón, él tendría un ciclo de la luna para ganar el amor de la mujer para siempre o morir solo. Aún más intimidante, la mujer tenía que elegir quedarse con él por su propia voluntad. Había temido este día durante años, pero ahora todo en lo que podía pensar era en encontrarla. Seducirla. Y ganar su corazón.

Xander observó con asombro cómo una piedra roja oscura tomaba forma en medio del fuego del dragón. Había oído historias de que una vez, hacía muchos años, un hijo con magia de la tierra había intentado atrapar a su no muy entusiasta compañera en una cueva. La propia tierra había retumbado y temblado hasta que se formó una fisura, lo suficientemente ancha como para que la mujer escapase. Ella había huido lejos, dejando a su devastado compañero para que viviera solo sus años, atado como estaba a la piedra de su corazón.

Una vez que la piedra estuviera ensangrentada, también quedaría atrapado aquí. Atrapado en esta casa, en este lugar, en este pueblo loco. Podría irse por un corto tiempo, pero el poder de la maldición se iba y venía con la luna, como las mareas del océano. Si no estaba en casa la noche en que una luna nueva colgara en el cielo sobre su casa, se desvanecería, drenaría de él la magia hasta que su cuerpo físico muriera. Había visto lo que pasaba. Una vez. Había visto cómo uno de sus muchos hermanastros se convertía en una cáscara seca de trescientos años en cuestión de días.

El dragón refunfuñó y el fuego cesó. Entre las garras de cinco pulgadas de su mano yacía una joya de color rojo oscuro. De forma ovalada, brillaba y latía con magia. Él la tomo, pero su madre se puso de pie sobre sus caderas y la sostuvo muy por encima de su cabeza.

—No tan rápido, hijo. Conoces las reglas. —El dragón lo resopló con buena medida y caminó sobre sus dos patas traseras hasta el arco por encima de su puerta principal—Sí. Esto estará bien.

Inclinándose hacia adelante, presionó la joya contra la pared exterior de su casa. La magia se impregnó en el aire que la rodeaba, haciendo que pareciera que estaba en una nube de brillo flotante de plata. Cuando terminó, dio un paso atrás y admiró su trabajo. La piedra estaba incrustada en su casa con su magia.

Inclinó la cabeza hacia un lado, y en su forma de dragón, la vista era extraña.

—Hay magia fuerte en este lugar. Muy inusual. Nunca he creado una piedra tan fuerte. —Ella lo miró por encima del hombro, sus pálidos ojos azules se concentraron en su cara—. ¿Qué es este lugar?

—Magia, Nuevo México. Tal vez haya una razón para el nombre. —Se encogió de hombros. Sabía lo que ella quería decir, también había sentido el poder aquí. Lo había atraído como la luz a una polilla.

—Tal vez investigue esta ciudad. —Su madre se apartó de su puerta, dio unos pasos y abrió sus alas de par en par. No podía esperar a que se fuera. Ella lo inquietaba, y él necesitaba ensangrentar esa piedra. Necesitaba a su compañera. Le dolía el cuerpo todas las noches. Le dolía el corazón. Había estado solo por mucho tiempo.

Ella agitó sus alas como si fuera a despegar, pero se detuvo y se volvió hacia él.

—La piedra es fuerte, Xander. No la ensangrientes hasta que estes listo. —Con eso, ella despegó, volando en dirección al extraño pueblito que ahora llamaba su hogar.

Se volvió hacia la puerta y hacia la brillante joya incrustada en el estuco de arcilla roja. Todo lo que tenía que hacer era alimentar la magia dentro de esa joya con una sola gota de su sangre y su pareja vendría a él. Ella vendría, y lo amaría. No le importaba cómo era ella. No le importaba lo que tenía que hacer para ganársela. Compraría flores y leería sonetos. A pesar de que el pensamiento le hacía estremecerse de asco, sabía que no había nada que no haría para ganarse su corazón, incluso... bailar. No quiso esperar ni un momento más. Él había construido una casa para ella y estaba más que listo para comenzar una nueva vida.

Xander levantó el pulgar hasta sus dientes y mordió la carne con fuerza. Cuando el salpicado de sangre llenó su boca, levantó su dedo hacia la piedra y frotó el líquido rojo oscuro sobre las brillantes facetas. La piedra se encendió brillantemente bajo su dedo y bajó su mano mientras una ola de magia recorría su cuerpo, lanzándolo varios pies hacia atrás, donde cayó de espaldas. Un pulso visible corrió sobre el suelo en todas direcciones con la joya en su centro.

Xander recostó la cabeza en el suelo y miró el cielo azul casi sin nubes. La magia estaba en camino hacia ella.

Y ella no sería capaz de resistir su llamada.

Capítulo dos

Kayla Evans tiró su bikini rosa favorito en la maleta abierta sobre su cama y bailó a través de su habitación. Una semana entera en la playa con sus mejores amigos la esperaba. Estaba demasiado lista para un descanso.

—Amiga, te ves tan sexy con ese bikini. Tendremos que conseguir un equipo SWAT para mantenerlos alejados a todos de ti en la playa. —Amber, la compañera de cuarto de Kayla durante toda la escuela de veterinaria, le sonrió desde la puerta abierta del dormitorio. Kayla se rió.

—Correcto. ¿Empacaste tu bikini amarillo?

—Tú lo sabes.

—Bueno, entonces, el equipo SWAT estará tan ocupado mirándote que no podrán protegerme de todos modos. Te lo juro, tu trasero es como la kriptonita de los hombres.

Amber levantó su mano y se dio una palmada en el trasero de camino a su propia habitación para hacer las maletas. Amber estaba en forma, pero su trasero era curvo y rebotó como una burbuja. También era guapísima, con el pelo negro rizado, la piel suave de color moca y los ojos oscuros y sensuales. Cuando caminaba por allí hacía las mandíbulas caer, que los ojos se abrieran de par en par, y que los hombres se cayeran sobre sí mismos para comprarle bebidas. Lo típico en el bar, aunque no tanto para Kayla quien era la suave y desordenada compañera de piel pálida, pelo castaño rojizo y simples ojos color avellana. Nada en especial. Kayla era mucho mejor con los animales que trataba que con miembros de su propia especie, especialmente con la mitad masculina.

Cuando trataba a un animal no tenía que preocuparse por sus motivaciones. Si un perro movía la cola, no intentaba sacarle nada. No quería vivir en su sofá, comer su comida y, por la tarde, intentar tener sexo con la vecina de al lado.

La voz de Amber se oyó desde el otro lado del pasillo.

—¿A qué hora nos esperan en el aeropuerto?

Kayla revisó su reloj.

—Tenemos una hora. —Ella iba a conducir. Estacionarían en el amplio estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Denver y se encontrarían en la entrada con sus dos amigos. Seis días de diversión bajo el sol en Florida sonaban perfectos después de un duro invierno en Colorado. Era marzo, y las montañas aún estaban cubiertas de nieve.

Kayla no podía esperar. No le importaban los hombres de la playa. Estaba cansada. Ocho años de escuela más uno en el hospital de entrenamiento veterinario de CSU, donde obtuvo su subespecialidad en genética. Estaba cansada hasta los huesos. Demasiadas horas leyendo. Memorizando. Estudiando. Haciendo exámenes. Pruebas. Y más pruebas.

Una semana. Sin teléfono. Sin computadora. Nada. Ni siquiera llevaría con ella un libro. Iba a sentarse en la playa, a beber daiquiris de fresa y a ver pasar las nubes. Y al regresar, comenzaría su nuevo trabajo en una de las clínicas de investigación veterinaria más prestigiosas del país. Había trabajado durante casi una década para conseguir ese trabajo, y la satisfacción que sentía cada vez que pensaba en ello la hacía querer bailar en una pata. Ella era increíble. Por primera vez en su vida, ¡lo creía!

Caminando hacia su cómoda, abrió el cajón de arriba y cavó profundamente en la parte de atrás donde guardaba su lencería sexy. Si no estuviera en bikini, se sentiría como un millón de dólares en este viaje. Su maleta estaba llena de ropa nueva, sandalias y esmalte de neón brillante para las uñas de los pies. El día anterior se había sometido a una manicura y pedicura, y ese sorprendente esmalte azul brillante se adaptaba perfectamente a su estado de ánimo.

Sin reglas. Durante la semana siguiente, no había reglas. No habría fechas límite. Nadie esperaba por ella, nadie. Nada.

Al terminar de empacar, dejó caer un comedero semanal en el tanque para su pez ángel y siguió a Amber hasta el coche. Cargada, el viaje de Fort Collins al aeropuerto le tomó casi dos horas de tráfico, pero cuando tomó la salida final de la E-470 a Peña Boulevard, un extraño hormigueo comenzó en el centro de su pecho.

Con una mano en el volante, se frotó el esternón con la otra, pero no ayudó. El hormigueo empeoró y ella tuvo la repentina compulsión de dar vuelta el coche. No debería estar conduciendo hacia el este. Necesitaba conducir hacia el sur. Ahora.

“Ahora mismo”, se dijo.

Los comerciales estaban sonando en la radio, lo cual odiaba, así que encendió su estación satelital y subió el volumen. Llegó una canción clásica de viaje y cantó como si su v [...]