Maternidades virtuosas - María do Cebreiro Rábade Villar - E-Book

Maternidades virtuosas E-Book

María do Cebreiro Rábade Villar

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"Tradicionalmente, la literatura sobre la maternidad ha recibido un tratamiento polarizado: de una parte, la variante apologética, a menudo de tono confesional, que se propone defender la experiencia maternal o argumentar sobre sus bondades intrínsecas; de otra parte, la crítica al vínculo entre feminidad y maternidad, articuladas desde ciertas variantes del feminismo contemporáneo y que adoptan una dicción generalmente científica. Frente a estas dos posibilidades, este ensayo se concibe como un análisis de las condiciones de la crianza en el mundo contemporáneo que no renuncia al compromiso con las dimensiones más creativas y vitales de la maternidad. Tomando como punto de partida las implicaciones sociales y culturales de la crianza, María do Cebreiro Rábade examina los modelos parentales importados, a menudo subrepticiamente, del mundo del trabajo. Estas prácticas y dispositivos, proyectados ad infinitum en las redes sociales, pivotan en torno a las ideas de control y autocontrol –fundamentalmente control del cuerpo y control emocional, en ambos casos del bebé y/o de la madre–, y en todos ellos se hace especialmente visible la conexión entre las nuevas maternidades y el neoliberalismo. Premio Ramón Piñeiro de Ensaio 2021"

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Seitenzahl: 215

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Akal / Pensamiento crítico / 104

María do Cebreiro Rábade Villar

Maternidades virtuosas

Una crítica de los nuevos modelos de crianza

Tradicionalmente, la literatura sobre la maternidad ha recibido un tratamiento polarizado: de una parte, la variante apologética, a menudo de tono confesional, que se propone defender la experiencia maternal o argumentar sobre sus bondades intrínsecas; de otra parte, la crítica al vínculo entre feminidad y maternidad, articuladas desde ciertas variantes del feminismo contemporáneo y que adoptan una dicción generalmente científica. Frente a estas dos posibilidades, este ensayo se concibe como un análisis de las condiciones de la crianza en el mundo contemporáneo que no renuncia al compromiso con las dimensiones más creativas y vitales de la maternidad.

Tomando como punto de partida las implicaciones sociales y culturales de la crianza, María do Cebreiro Rábade examina los modelos parentales importados, a menudo subrepticiamente, del mundo del trabajo. Estas prácticas y dispositivos, proyectados ad infinitum en las redes sociales, pivotan en torno a las ideas de control y autocontrol –fundamentalmente control del cuerpo y control emocional, en ambos casos del bebé y/o de la madre–, y en todos ellos se hace especialmente visible la conexión entre las nuevas maternidades y el neoliberalismo.

Premio Ramón Piñeiro de Ensaio 2021

María do Cebreiro Rábade Villar es escritora y profesora de Teoría de la literatura y Literatura comparada en la Facultad de Filología de la Universidad de Santiago de Compostela. Su obra poética ha sido reunida en la antología bilingüe Objetos perdidos (2007) y en A herba de namorar (2019), una selección de sus once libros de poemas publicados hasta la fecha. Su libro O deserto (2015) recibió el Premio de la Crítica Española al mejor poemario en lengua gallega. Es autora de los ensayos As antoloxías de poesía en Galicia e Cataluña (2004), premio Dámaso Alonso de Investigación Filológica; As terceiras mulleres (2005); Fogar impronunciable (2011) y Maternidades virtuosas. Unha crítica aos modelos profesionais de crianza (2022, Premio Ramón Piñeiro de En­saio 2021). Su monografía Política y afectos. La comunidad sensible en la obra de Rosalía de Castro recibió la mención honorífica del premio Margit Frenk de la UNAM (2014). En la actualidad dirige un proyecto del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación, titulado La inscripción de la memoria cultural en el espacio público: estrategias de consumo institucional del pasado literario (1837-1978).

Diseño de portada

RAG

Motivo de cubierta

Antonio Huelva Guerrero

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota editorial:

Para la correcta visualización de este ebook se recomienda no cambiar la tipografía original.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© María do Cebreiro Rábade Villar, 2024

© Ediciones Akal, S. A., 2024

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-5592-1

Este libro es una versión aumentada del original gallego Maternidades virtuosas. Una crítica aos modelos profesionais de crianza que recibió el Premio Ramón Piñeiro de Ensayo en la convocatoria de 2021. Agradecemos a la editorial Galaxia la cesión de derechos para su publicación en castellano.

En el diálogo de algunas de las hipótesis del libro con el contexto latinoamericano soy asimismo deudora de las valiosas pistas bibliográficas y sugerencias brindadas por mis colegas y amigos Débora Campos, Micaela Fernández Darriba y Ben Bollig.

CAPÍTULO I

Hacia una autoetnografía de la maternidad

Hace muchos años, cuando ni siquiera soñaba con ser madre, mi hermano supo que en pocos meses iba a tener un hijo. Con el paso de los días, su mujer se vio arrastrada por el mismo ímpetu que, una década más tarde, me haría devorar también a mí cuantos libros de embarazo, maternidad y crianza cayeran en mis manos.

A mi hermano le gusta leer, pero entonces no pensaba que tener un hijo le exigiese formarse como padre. Cierto es que, años después, por recomendación de mi compañero, llegaría a hacerse con un ejemplar de Il gesto di Ettore (2016) [El gesto de Héctor]. Delante de nuestros hijos, los dos tendrían conversaciones sobre el modo en el que Luigi Zoja tomaba el gesto de ternura del valeroso guerrero troyano, en el momento de despedirse de su familia, como emblema de la paternidad: «Héctor se quita el casco, lo deja en el suelo y puede abrazar al hijo. Formulando un deseo para el futuro, eleva al niño hacia lo alto con los brazos y con el pensamiento. Ese gesto será, para siempre, la marca del padre» (Zoja, 2022, p. 8).

Sin embargo, en aquellos meses en los que su hijo pertenecía todavía al tiempo incierto del porvenir, mi hermano no podía concebir que hubiese que leer nada para que el niño fuese bien recibido en este mundo. Su parecer quedó felizmente resumido en una frase que le dirigió a la futura madre: «¿Acaso tuvimos que leer libros para enamorarnos?». La pregunta es seductora, aunque, si fuese cierta, tendría que ser tomada como una invitación a cerrar este libro. Al igual que el amor de pareja, la maternidad y la paternidad son experiencias cultural y biológicamente tan determinantes para el género humano que con certeza seguirán siendo objeto de reflexión escrita. Lo único que cabría desear es que los textos dedicados a la cuestión superasen el nivel medio de los libros de autoayuda: es decir que como algunos de los mejores ejemplares del género –de A palabra das fillas de Eva (2005) de Teresa Moure a ¿Dónde está mi tribu? de Carolina del Olmo (2013); de Maternidades subversivas (2015) de María Llopis a Maternidade fóra de catálogo de Marga Tojo (2018); de Mamá desobediente de Esther Vivas (2020) a Maternidades precarias de Joana Oliver (2022)– incorporasen el sentido crítico a sus reflexiones, trascendiendo el compendio de opiniones y consejos más o menos bienintencionados para la crianza.

Este libro quiere situarse al amparo de una crítica incipiente a los nuevos modelos maternales, tomando como punto de partida la constatación de lo que, de ahora en adelante, denominaremos giro discursivo de la maternidad. Con este término nos referimos a la construcción –como veremos, relativamente reciente– de la maternidad como un extenso campo simbólico (tanto lingüístico como visual), a menudo muy polarizado, que viene disparando un ingente corpus de producción verbal donde caben desde los manuales y libros de autoayuda a los blogs, foros y cuentas especializadas en las redes sociales.

Correlativamente, parecería que para poder ejercer los roles de crianza, las madres deben convertirse, simultáneamente, en nutricionistas, pediatras, asesoras del sueño, asesoras de lactancia y, como veremos, incluso en psicólogas, coachs emocionales y neurocientíficas. Ocurre así que, incluso o especialmente en los casos en los que las mujeres deciden abandonar la esfera profesional para cuidar de sus hijos, esta aparente retirada al ámbito doméstico no supone en realidad un abandono del espacio público, sino un trasvase de fuerzas, por medio del cual las reglas que rigen el mundo laboral pasan a impregnar el mundo en apariencia íntimo de los cuidados.

Este giro discursivo está relacionado, a su vez, con la producción de una serie de ensayos que pretenden apartarse del tono autoconfesional, cuando no autoficcional, característico de cierta tradición del feminismo sobre la maternidad, introduciendo modelos de análisis directamente importados de las ciencias sociales. Lo cierto es que esta tendencia deriva a menudo en la conversión de la ciencia en cientifismo: es decir, en el abuso de un estilo académico que, por medios principalmente retóricos, concede preeminencia a los métodos cuantitativos frente a los cualitativos; a las encuestas y datos frente al análisis y la interpretación. En lo que sigue, intentaré examinar las implicaciones de esta tendencia por medio de un examen sumario de las principales referencias teóricas de esta investigación.

¿MADRES FRENTE A NO MADRES? DE LA BIOPOLÍTICA A LA BIOPOÉTICA DE LOS CUIDADOS

Acaso una de las características más llamativas de los ensayos críticos sobre la maternidad es el modo en el que parece establecer una frontera tajante entre las mujeres que son madres y las que no lo son. Podemos constatar esta tendencia en dos casos notables: la filósofa francesa Élisabeth Badinter y la socióloga israelí Orna Donath, dos exponentes de un cierto discurso cuestionador de la maternidad –al respecto se ha llegado a hablar de matrofobia– que ofrece especial interés en la medida en el que no es enunciado desde la misoginia, sino desde el feminismo.

Badinter es una heredera evidente del constructivismo cultural que, en la aproximación al género, hizo célebre la sentencia de Simone de Beauvoir en Le deuxième sexe (1949) [El segundo sexo]: la mujer no nace, sino que se hace. Empleando diversas herramientas de la historia cultural, la filósofa debutó en este debate en el año 1981 con la monografía L’Amour en plus. Histoire de l’amour maternel (XVIIe-XXe siècle). Sin embargo, su aproximación más sonada al debate sobre la maternidad fue el ensayo del año 2010 Le conflit. La femme et la mère, donde consideraba que algunas de las principales tendencias naturalistas que rodean en la actualidad el parto y la crianza (defensa del parto fisiológico y/o sin epidural, lactancia materna exclusiva y a demanda…) resultaban ser un nuevo modo de esclavitud para las mujeres.

El libro de Badinter proyecta de un modo muy nítido las aspiraciones del feminismo liberal y sus tensiones con el denominado feminismo de la diferencia, en sus modulaciones francesa o italiana. En efecto, en parte ignorando la sutil advertencia de Nancy Fraser –desde una lógica feminista, la verdadera oposición no se daría entre igualdad y diferencia, sino entre igualdad y desigualdad–, las feministas liberales esgrimen a menudo el igualitarismo político para defender la plena inserción de las mujeres en una esfera pública (política, profesional y mediática) históricamente definida desde los estándares del patriarcado. De ahí sus discrepancias históricas con el denominado feminismo de la diferencia, que viene a postular la necesidad de que, en la lucha por sus derechos, las mujeres preserven su singularidad de género, identificada por autoras como Luisa Muraro con marcadores biológicos como su capacidad reproductiva. Desde este punto de vista, resulta entendible hasta qué punto la retirada de la esfera pública y profesional por parte de algunas madres era juzgada por Badinter como un claro retroceso en la agenda de los derechos de las mujeres. Sin embargo, la pretensión de superioridad con la que la autora emite esta consideración termina por restarles solidez a sus argumentos, pues parecería que no puede ni siquiera concebir la posibilidad de que la renuncia total o parcial de algunas madres al mundo del trabajo, entendido este en el marco reglamentado de las modernas sociedades liberales, pueda ser, a su modo, un gesto soberano.

En el caso de la investigadora israelí Orna Donath, es necesario hacer referencia al libro Regretting Motherhood. A Study (2017), una suerte de contrapoética de la maternidad cuyos fundamentos habían sido desarrollados en su artículo del año 2015 «Regretting Motherhood: A Sociopolitical Analysis», publicado en la revista Signs Journal of Women in Culture and Society, y que, como la autora reconoce en la monografía, había generado ya un enconado debate mediático en Alemania, vehiculado al hilo del hagstag #regrettingmotherhood.

Lo primero que cabría señalar es el alto impacto de una monografía sobre el rechazo a la maternidad en sociedades afectadas por el envejecimiento poblacional, que Donath usa como punto de partida en su ensayo, si bien asume que la media de hijos por madre en el estado de Israel duplica generosamente el promedio europeo. Por decirlo de otro modo: ¿son ciertas mujeres las que habrían preferido no ser madres o son ciertas formas de organización social las que no se lo ponen fácil para serlo sin culpa y con placer? En este sentido, al planteamiento del libro podría objetársele una cierta reificación de afectos como el rechazo a la maternidad, tomado el término reificación en el sentido marxista, es decir, de atribución de capacidad de transformación o de incidencia social a una idea, emoción o valor (en este caso, el arrepentimiento), ignorando el indudable papel de las estructuras socioeconómicas en ese mismo proceso. En otras palabras, en vez de arrepentirse de haber sido madres, quizá lo que verdaderamente anhelan las madres es un mayor apoyo e implicación del tejido social e institucional, que les permita llevar a cabo de un modo menos demandante el trabajo a tiempo completo de la maternidad. La propia Donath parece plenamente consciente de este riesgo cuando, en la introducción de su ensayo, afirma:

Si pensamos en las emociones también como un medio para manifestarse contra los sistemas de poder, entonces el arrepentimiento es una señal de alarma que no solo debería instar a las sociedades a ponérselo más fácil a las madres, sino que nos invita a replantear las políticas de reproducción y nuestras ideas sobre la obligación misma de ser madres. En vista de que el arrepentimiento señala el «camino no tomado», arrepentirse de ser madre indica que hay en efecto caminos que la sociedad prohíbe a las mujeres eliminando a priori vías alternativas como la no maternidad (Donath, 2016, p. 5).

El fragmento viene a mostrar, de hecho, que la idea de la no maternidad es el verdadero subtexto del libro. Una posibilidad vital que para la autora resulta casi heroica, dado que es señalada, en una inesperada paráfrasis del poema «El camino no tomado» de Robert Frost, como una opción que «la sociedad prohíbe». En este contexto, me parece significativo el hecho de que la traducción española del libro de Donath optase por reemplazar la pretensión objetivista del título original por un tono abiertamente manifestario: Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales (Barcelona, Reservoir, 2016). En gran medida el título revela la tendencia de nuestra época a ahondar en las dimensiones más ominosas y oscuras de la maternidad, así como en la necesidad social de desmitificarla. Es una tentación a la que no escapan los discursos enunciados por algunas madres, y de la que también participa la retórica de la libre elección protagonizada por las mujeres que deciden autocaracterizarse como «no-madres».

Si, de acuerdo con este discurso, en el pasado la maternidad había sido un imperativo de sumisión social y política para las mujeres, hoy en día la mujer puede aspirar, por primera vez, a esquivar la carga de este papel histórico, contribuyendo a deconstruir –palabra clave en la articulación discursiva de los nuevos feminismos– la propia experiencia a la que renuncia. De alguna manera, estos discursos revelan que, en nuestras sociedades, la tendencia plurisecular a la idealización de las madres ha sido reemplazada, sin solución de continuidad, por un discurso a menudo más negativo que propiamente crítico, del que el libro de Donath, en el plano del debate intelectual, ofrece un poderoso indicio.

Muy revelador resulta el hecho de que, cuando trata de explicar la metodología empleada en los cuestionarios dirigidos a las madres arrepentidas, Donath decida presentarse ante sus encuestadas como una «no madre», explayándose en los efectos psicológicos de esta confesión: «Por un lado, provocaba a veces expresiones de frustración y envidia dolorosas que hacían aflorar la esencia del arrepentimiento por la maternidad, ya que para algunas de ellas yo representaba la figura de la “madre de nadie” que añoraban con pesar» (Donath, 2016, p. 15). La autora justifica su posición como una tentativa de transparencia ante la encrucijada derivada de la «paradoja del observador», verdadera piedra de toque de la antropología desde Malinowsky. Es decir, dado que es imposible no mediatizar, de uno u otro modo, la propia investigación, parece éticamente aconsejable que quien investiga renuncie a la asepsia científica y reconozca con franqueza cuál es su situación subjetiva en el proceso de trabajo de campo. Sin embargo, en las palabras de Donath asoma, inevitablemente, esa posición cuasi-heroica de la no madre como hipótesis de plena libertad, truncada para las madres: «Mi condición servía para recordarles el camino que no habían tomado».

No hace falta emprender una lectura psicoanalítica del libro para intuir que el uso de las herramientas sociológicas sirve al propósito de sostener una posición propia, al amparo de un coro de voces que adoptan unánimemente la posición apriorística de que a menudo las madres, en el fondo, rechazan el hecho de serlo. Por otra parte, bastaría con escuchar a una madre enojada para cobrar conciencia de que, tal vez, ese rechazo a su propio rol no es tan invisible socialmente como el estudio pretende.

Por esa misma razón resulta tan estimulante el breve ensayo Contra los hijos, de la chilena Lina Meruane (2014), que consigue escribir sobre la maternidad (y la no maternidad) desplazando el eje desde las madres hacia su descendencia. Los hijos contra los que escribe –«No estoy en contra de la niñez (…) Es contra los hijos que redacto estas páginas» (Meruane, 2014, p. 17)– no son las criaturas que en el mundo son y han sido, sino el producto de un régimen reproductivo específico que subyuga a las madres[1]. En las apretadas páginas de su manifiesto consigue, además, desplazar del debate en torno a la maternidad el privilegio eurocéntrico desde el que resulta a menudo definido, y al que no escapaba el libro de Donath. Esta es la razón por la que, desde el arranque de Contra los hijos, Meruane contrapone sarcásticamente el discurso elegíaco de los Estados de la UE sobre el envejecimiento poblacional a la ficción política del «surgimiento de una tropa de futuros europeos que active la industria, que sustente con sus ingresos la hiperactividad de los mercados y que sostenga, con sus prestaciones, un número desproporcionado de viejos cada día más centenarios que los Estados poscapitalistas se niegan o se han vuelto incapaces de cuidar» (Meruane, 2014, p. 14).

Es cierto que, a partir de la contraposición de los términos ingleses childless y childfree, Meruane no renuncia a adentrarse en la figura singular de la no madre, sea por imposibilidad o por elección. Pero bien lejos de atribuirle un destino heroico –la ironía de la autora actúa, a este respecto, como un saludable contrapeso– incardina su suerte en una red socioeconómica tejida por hijos y madres de un sistema concebido como fábrica reproductiva, y no como generación de vida creativa. De ahí la centralidad que en su discurso adquieren realidades como la emigración, tantas veces irregular: un mecanismo por medio del cual los Estados europeos compensan en la práctica la inversión de la pirámide poblacional. En el caso español conviene recordar, a este respecto, la alta incidencia de migrantes latinoamericanas en el servicio doméstico, tanto al cuidado de niños como al cuidado de ancianos. Por eso es tan sugerente la crítica de Contra los hijos a los discursos pro-natalidad esgrimidos desde los mismos Estados que en la práctica desprotegen a los ancianos, a los niños, a las madres y a las no madres que se ven o se verán abocadas a cuidar, pues cuidar es todavía hoy uno de los imperativos transversales a nuestro género. Por no hablar del uso retórico de las mujeres migrantes como futuras contribuyentes a la salud reproductiva de las envejecidas naciones europeas, un discurso a veces presentado como progresista y hábilmente desmontado por Meruane, que advierte su componente mecanicista y, en definitiva, literalmente inhumano.

En consecuencia, y al igual que otras polaridades que examinaremos a lo largo de este texto, la aparente dicotomía entre las mujeres que son madres y las que no lo son puede hacer invisibles y políticamente inoperantes los verdaderos fundamentos socioeconómicos que subyacen a tal oposición. Al menos en sentido biológico, es cierto que la maternidad actúa como un antes y un después en nuestra relación con nuestro cuerpo, con nosotras mismas y con el mundo, y por lo tanto también como una verdadera línea divisoria. Sin embargo, la dialéctica entre las mujeres que son madres y las que no lo son (o entre las que se alegran y se arrepienten de serlo) puede llegar también a convertirse en una operación biopolítica por medio de la cual el aparato ideológico del Estado consigue desviar la atención sobre la importancia decisiva de cualquier mujer en el trabajo invisible de los cuidados. Es así como esa self-made woman que asume en primera persona el papel social de la no-madre, no siempre consciente de la infiltración del ideario neoliberal en su discurso pretendidamente libertario, puede jactarse, a los treinta y muchos años, de haber decidido no ser madre, escapando del yugo a la que la habría sometido el trabajo de cuidar. Pero con frecuencia, una década después, esa misma mujer se dará de bruces con la realidad de tener que asumir en solitario el cuidado de sus padres ancianos, convertidos, en virtud del inexorable ciclo de la vida, en esos hijos desvalidos que un día no quiso tener.

Tal vez la clave, una vez más, resida en preguntarnos si el cuidar es siempre únicamente una carga o puede ser una realidad vivida y defendida desde el goce. A este respecto, resulta curioso el modo en el que se ha generalizado el uso retórico de los cuidados en el abordaje feminista del amor de pareja, con atención específica a las relaciones no monógamas. En este contexto, los cuidados son, siempre, lo deseable y hasta lo exigible en el intercambio personal. Sin embargo, los discursos sociales contemporáneos son mucho más críticos con los cuidados que, por su dependencia y vulnerabilidad intrínseca, necesitan los niños y los ancianos, y suelen presentar esos trabajos desde perspectivas como la sujeción personal, la falta de libertad o la esclavitud.

Tal vez haya llegado el momento de revisar profundamente los valores que asignamos en nuestra sociedad a los cuidados, adentrándonos en concepciones de la libertad alternativas a las impuestas por el neoliberalismo. Creo que, en este contexto, resulta muy valioso volver a Michel Foucault, el primer pensador del siglo XX en reconceptualizar el término cuidado-de-sí, que el filósofo elabora a partir de fuentes clásicas y que, desde finales de los años ochenta, la teoría feminista abrirá estratégicamente al cuidado de los otros (y de las otras). En un diálogo titulado «La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad», donde Foucault se refería a los avances sobre hermenéutica del sujeto presentados en los Cursos del Collège de France (1981-1982), el filósofo se preocupa por desligar el cuidado de las prácticas coercitivas, introduciendo una distinción crucial entre ascetismo y renuncia, que me parece muy relevante en términos del autoconocimiento y autocuidado de las madres: «[La práctica de autotransformación del sujeto] es lo que se podría llamar una práctica ascética, dando al ascetismo un sentido muy general, es decir, no el sentido de una moral de la renuncia, sino el de un ejercicio de sí sobre sí por el cual uno intenta elaborarse, transformarse y acceder a un determinado modo de ser» (Foucault, 2000, p. 258).

Es esta ética del cuidado –ya no tanto volcada en lo que Foucault denominaba el «ejercicio de sí sobre sí», sino en la apertura radical a la alteridad de nuestros amantes, criaturas o ancianos– la que podría hermanar definitivamente a las que somos madres con las que no lo somos, y la que puede mostrar que, así como en el pasado hubo hermandades de la sangre y hermandades de la leche, los hijos nunca son exclusivamente de quien los ha dado a luz. Es esta ética del cuidado, en ocasiones sacrificada y ascética, pero profundamente ligada a un sentido no liberal de la libertad, la que puede esquivar la tentación de convertir el cuidado en un bien de consumo, a menudo profesionalmente externalizado, o en un campo de estrictas reglamentaciones en la esfera interpersonal –tanto más paradójicas cuanto suelen formularse en el marco de relaciones supuestamente no normativas–.

Frente a la tentación cuasilegislativa con la que creemos que habría que abordar políticamente el trabajo de cuidar, la ética del cuidado nos enseña que la inmensa potencia del cuidar de otros, al menos con la misma paciencia y amor con los que deberíamos de cuidar de nosotros, descansa en su capacidad para oponer resistencia a la biopolítica: es decir, al modo en el que los Estados contemporáneos administran la muerte. Pues desde Michel Foucault sabemos que el nacimiento de la biopolítica está ligado, en las sociedades occidentales, al establecimiento de una frontera, tan nítida como artificial, entre la vida y la muerte. Que sean los niños y los ancianos, verdaderos guardianes de esa frontera, quienes necesitan de nuestros cuidados no hace sino acentuar la importancia existencial y simbólica de ese trabajo, en el marco de una concepción renovada y creativa que deberíamos aspirar a reformular fuera de las coordenadas de la servidumbre.

Empleamos aquí la palabra biopolítica siendo conscientes de que su fuerte impronta en el pensamiento contemporáneo es un poderoso indicio del eco de las consideraciones de Heidegger sobre la vida, la muerte y la técnica. Consideramos, de hecho, que el énfasis alcanzado por la categoría en autores como Foucault, o más recientemente Agamben, constituye un testimonio, quizá no siempre consciente, de la dimensión más ominosa del pensamiento de Heidegger, que como es sabido llegó a ejercer como rector en Friburgo durante el III Reich. Este libro se propone, entre otros objetivos, mostrar los peligros de asumir automáticamente que la vida no puede escapar a la maquinaria legislativa del Estado, en sus complejas alianzas con el capital. Y por más que en el corazón de este texto procuraremos analizar en detalle la impronta que sobre ciertas prácticas de crianza tiene el neoliberalismo, también pensamos que, de tenerlo, el valor de nuestros argumentos dependerá de su capacidad para mostrar hasta qué punto otra serie de prácticas alternativas, que bien podríamos denominar biopoéticas, podrían liberar la noción de vida del estricto dominio de la gestión económica y político-administrativa del Estado.

LA CENTRALIDAD DE LAS EMOCIONES EN EL CAPITALISMO COGNITIVO