Mi dulce niña (AdN) - Romy Hausmann - E-Book

Mi dulce niña (AdN) E-Book

Romy Hausmann

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Beschreibung

Una cabaña sin ventanas en medio del bosque. La vida de Lena y sus dos hijos sigue reglas estrictas: los horarios para comer, ir al baño o estudiar se respetan a rajatabla. El oxígeno les llega a través de un «aparato de circulación». El padre provee a la familia de alimentos, los protege de los peligros del mundo exterior, se ocupa de que sus hijos siempre tengan una madre. Pero un día consiguen escapar... y es entonces cuando empieza la verdadera pesadilla. Porque todo parece indicar que el secuestrador quiere recuperar lo es suyo. En un thriller tan emocionalmente impactante como profundamente conmovedor, Romy Hausmann va desplegando línea a línea el panorama de un horror que sobrepasa toda capacidad de imaginación.

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Seitenzahl: 522

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Índice

La noche del accidente

Dos semanas después

Epílogo

Agradecimientos

Créditos

Para Caterina, por supuesto

«Nada es más triste que la muerte de una ilusión».

ARTHUR KOESTLER

El primer día pierdo la noción del tiempo, la dignidad y una muela. A cambio, ahora tengo dos hijos y una gata. No recuerdo cómo se llaman, salvo la gata, la Señorita Tinky. También tengo un marido. Es alto, con el pelo corto y oscuro, ojos grises. Lo miro de soslayo mientras estoy sentada a su lado en el sofá raído. Atrapada en su abrazo, siento latir las heridas que me bajan desde la parte alta de la espalda. Es como si cada una de ellas tuviera su propio pulso. El corte de la frente me escuece. De vez en cuando lo veo todo negro, o aparecen relámpagos blancos ante mis ojos. Entonces intento solamente respirar.

Es difícil saber si de verdad ha anochecido o si él lo ha decidido así. Las ventanas están tapadas con placas aislantes. Él gobierna el día y la noche. Igual que Dios. Intento convencerme de que ya ha pasado lo peor, pero sospecho que pronto nos iremos juntos a la cama. Los niños ya se han puesto el pijama. Al niño le queda algo pequeño, mientras que a la niña las mangas todavía le cuelgan mucho más allá de las muñecas. Los dos están arrodillados a unos pasos del sofá, en el suelo, y alargan las manos con las palmas extendidas hacia el calor residual de la estufa de leña. El fuego se ha consumido hasta convertirse en un montón negro en el que solo destacan algunas venas rojas y candentes entre las brasas. Las claras vocecillas infantiles y su alegre palabrería se entremezclan en la absoluta perversidad de la situación. No acabo de entender lo que dicen. Los oigo como a través de algodones mientras pienso en cómo mataré a su padre.