Numerología y cábala - AHARÓN DAVID SHLEZINGER - E-Book

Numerología y cábala E-Book

AHARÓN DAVID SHLEZINGER

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Beschreibung

De acuerdo con la sabiduría ancestral de la cábala, los números son mucho más que meros signos atemáticos y las letras mucho más que códigos que sirven para formar palabras y nombrar objetos y personas. Cada número esconde tras de sí un mundo entero y cada letra hace referencia a maravillas y perlas de sabiduría. Sin comprender lo que los números y las letras enseñan, deambulamos por un mundo mudo que no tiene nada para decirnos y que no despierta nuestro verdadero interés. En esteibro, el rabino Shlezinger nos invita a descubrir lo que la cábala nos enseña acerca del misterio de los números y las letras.

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Seitenzahl: 269

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Rabí Aharón Shlezinger

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Colección Cábala y Judaísmo

NUMEROLOGÍA Y CÁBALA

Rabí Aharón Shlezinger

1.ª edición en versión digital: junio de 2019

Maquetación: Marta Rovira

Diseño de cubierta: Enrique Iborra

© 2008, Aharón Shlezinger

(Reservados todos los derechos)

© 2018, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-452-9

Maquetación ebook: leerendigital.com

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

 

Portada

Numerología y Cábala

Créditos

I. La creación y las letras

II. Las 22 letras del alfabeto hebreo

III. Dos letras fundamentales

IV. Estipendio por cumplir los preceptos

V. Más letras

VI. Intercambio de letras

VII. Utilidades del «At-bash»

VIII. Creación del universo

IX. Anatomía de la letra «He»

X. El factor emocional

XI. Propiedades y manifestaciones de las creaciones

XII. El templo sagrado

XIII. La menorá

XIV. El principio de las palabras de Dios

XV. los datos de la creación en una letra

XVI. El inicio del estudio de la genética

XVII. Bondad y severidad

XVIII. La historia de Rashi

XIX. Buscar a Rashi en el Pentateuco

XX. La bondad y la severidad en la primera letra del Pentateuco

XXI. Antes de la creación

XXII. Esferas espirituales, pronunciaciones y mandamientos

XXIII. El pequeño mundo y el gran mundo

XXIV. Compatibilidad entre el corazón y el nombre de Dios

XXV. La Mishná y el Talmud

XXVI. El pago por estudiar y aplicar lo estudiado

I

LA CREACIÓN Y LAS LETRAS

Los sabios cabalistas nos enseñan que el elemento primario y fundamental con el cual todo lo existente fue creado son las letras. Las mismas cumplen una función trascendental e ineluctable en la totalidad del sistema concebido. Siendo así, y teniendo en cuenta el fuste de las letras y su imperiosa relevancia en el fundamento del Génesis, explicaremos el proceso de origen de las mismas y también describiremos, dentro del espacio que esta obra permite, y valiéndonos de ejemplos prácticos, la manera en la que éstas ingresaron en el complejo de la creación para dar lugar al cosmos. Asimismo, observaremos la estrecha relación existente entre las letras y los números, los cuales resultan esenciales para conformar todos los parámetros de la realidad universal.

Comenzamos la elucidación citando una alegoría

Cuando alguien desea crear o fabricar algo, lo primero que hace es imaginar en su mente aquello que pretende elaborar, su forma y aspecto. Luego, tras haber concebido la idea preliminar, con seguridad desea ponerla en práctica. Para ello se abocará de lleno a realizar todo tipo de cálculos numéricos, pues los mismos le permitirán obtener los valores necesarios para proyectar lo que pensó.

Por ejemplo, si decide construir una casa, concebirá en su mente un bosquejo preliminar, que contendrá una idea general de la futura edificación que incluirá la fachada y los rasgos más importantes.

A posteriori, para que este bosquejo pueda convertirse en el plano oficial de la obra, ideará también la estructura, los pormenores y subdivisiones deseados para ser incluidos dentro del inmueble. Los mismos deberán ajustarse a medidas determinadas que se ubiquen dentro de las fronteras previamente establecidas.

Por tal razón, este individuo calculará con la mayor precisión todas las medidas y dimensiones que tendrá la futura vivienda, incluidos los compartimentos interiores, de modo que no excedan los límites asignados a la construcción. A través de esta sistematización, la vivienda pensada dejará de ser un simple anhelo, para encaminarse definitivamente en el recorrido que la llevará a convertirse en una autentica realidad.

No obstante, hay algo más que deberá ser tenido en cuenta antes de poner manos a la obra. El dueño de este proyecto tendrá que prever de antemano la ubicación, el largo y el espesor de los caños y tuberías que pasarán por el interior de las paredes y el techo, pues no sea que acabe los muros y el cielorraso, con el revoque grueso y fino incluidos, y luego necesite romper todo para insertar los caños de electricidad, agua y gas.

Sumado a ello, será imprescindible que decida con antelación a qué distancia se ubicarán en el techo los portalámparas. Pues si no decide antes de realizar la obra dónde se situarán los agujeros para tal fin, tendrá que romper la loza después de culminada. Siendo esto netamente contraproducente, ya que entre otras cosas, el perforar la compacta y sólida capa de hormigón armado la maquinaria empleada causará una vibración general que puede afectar y debilitar la estructura, propiciando que en el futuro su techado sufra filtraciones o brotes de humedad.

En síntesis, antes de comenzar la obra, deberá contar con los parámetros –números– exactos de lo que desea construir, y también la de cada una de las secciones. Sólo entonces, cuando disponga de esta información, elaborará el plano oficial, el cual le servirá de base para cristalizar físicamente el proyecto que ideó.

Esta manera de proceder, necesaria para concretar materialmente una idea, es exactamente la utilizada por todas las personas que desean construir lo que programaron.

Reciprocidad

Tal como los hombres operan para llevar adelante su proyecto concebido, del mismo modo y siguiendo el mismo modelo actuó El Eterno cuando se dispuso a concretar el proyecto de la creación. Empleó este mismo sistema llevado a cabo por los humanos, a lo que se añadió la idealización de la codificación a utilizar en el plano. Pues fue necesario que primero creara las letras, cada una con su correspondiente valor numérico, para entonces sí, con ellas, elaborar el plano que ideó, en el cual colocó todos los parámetros. Luego, sobre la base del mismo, creó todo lo existente.

El plano elaborado por El Eterno para realizar la creación fue llamado Torá Pentateuco o los Cinco libros de Moisés. En el mismo constan todos los datos estructurales de la creación, los valores numéricos utilizados en la misma, y también los pormenores y reglas que deben cumplirse para que ésta pueda existir y mantenerse.[01]

Características e interpretación del plano

Cabe decir que el plano del universo, la Torá, tiene las mismas características que el plano de una vivienda. Esto significa que, para leerlo e interpretarlo, se procede exactamente igual a como se hace con el plano de una casa.

Veamos un ejemplo:

Si el dueño de la morada, u otra persona, necesita un dato global, como el ancho total de la vivienda, consulta el plano general, y extrae de allí el pormenor. Pero si necesita saber un detalle más puntilloso, como podría ser la ubicación de los caños de agua en la cocina, entonces deberá recurrir a un plano interno.

Lo dicho se basa en que el plano general de la vivienda muestra la fachada, y los datos más generales de los distintos compartimentos. Es decir, las dimensiones de cada uno de ellos, más la ubicación de las puertas, ventanas y demás estructuras. Pero si se desean saber pormenores de las habitaciones o la posición y distribución de las cañerías, deberán consultarse otros planos específicos, los cuales se encuentran en el interior de la carpeta que contiene los planos de la morada. Estos planos que portan los detalles y pormenores explican y desglosan el plano general.

Esto mismo acontece con el plano del universo, la Torá. La misma muestra los detalles generales, y para conocer pormenores más finos se debe consultar la explicación de la misma, o sea, el Talmud y los restantes libros explicatorios: el Midrash, El Zohar, y demás.

Las escritura del plano

Ya explicamos que la Torá es el plano del universo y contiene indicaciones. Las mismas están apuntadas en forma de palabras compuestas por letras. Éstas manifiestan los datos requeridos, exactamente igual al plano de una casa u otra construcción.

Ahora bien, cuando un arquitecto se dispone a diseñar el plano de una vivienda, cuenta con símbolos convencionales, y conoce muy bien el lenguaje que debe aplicar. Pero cuando El Eterno diseñó la Torá, no había ninguno de estos elementos. Por eso, una pregunta obvia surge indudablemente: ¿de dónde surgieron los símbolos –las letras– que permitieron escribir estos parámetros?

La respuesta la hallamos en el antiquísimo libro de cábala, titulado Sefer Yetzirá. Allí consta que El Eterno, antes de realizar la creación, produjo 32 conductos, consistentes en 10 niveles de esferas espirituales, llamadas sefirot y 22 letras que los comunican.

Las esferas espirituales –sefirot– constituirían el medio para dar origen al espacio y demás parámetros necesarios para posibilitar la existencia del universo. En tanto que las letras serían el medio para realizar la creación y comunicar entre las esferas.

Por tal razón, previo al inicio de la creación El Eterno tomó a las letras creadas y las combinó entre sí. Combinó la primera letra –Alef– con todas las demás letras. Luego, la segunda letra –Bet– con todas las demás, y prosiguió así hasta acabar con la totalidad del alfabeto.

Tras este proceso, resultó que cada letra poseía en su interior a todas las demás letras asociadas a ella.

Con estas 22 letras El Eterno creó la Torá, el plano del universo. (Sefer Yetzirá 1: 1)

[01]. Véase Tana Dbei Eliahu 31: 17 – Talmud, Tratado de Jaguigá, perek 2.

IV

ESTIPENDIO POR CUMPLIR LOS PRECEPTOS

En el capítulo previo se llegó a la conclusión de que realizando las tres acciones que conforman los pilares del mundo, el estudio de la Torá, ser generoso con los necesitados, y la plegaria, es posible completar el nombre de El Eterno.

Además se dijo que esto está representado en las seis primeras letras del alfabeto hebreo.

Ahora bien, llevar a la práctica lo enunciado, requiere de un gran esfuerzo personal, y por tal factor no es de extrañar que tras esta dura puja haya una retribución acorde.

La retribución a percibir por el cumplimiento de los preceptos que permiten la existencia del mundo fue precisamente el tema abordado a continuación por los extraordinarios jóvenes que disertaban en la academia de estudios de los mayores en su primer día de estadía en ese lugar. Ellos, tras la sensacional apertura brindada, prosiguieron explicando a partir de las letras del alfabeto hebreo lo concerniente a la recompensa dispuesta para los que realizan los preceptos antes enumerados.

Enunciado

✓ La séptima letra del alfabeto hebreo es Zain, y su símbolo es éste:

✓ La octava letra del alfabeto hebreo es Jet, y su símbolo es éste:

✓ La novena letra del alfabeto hebreo es Tet, y su símbolo es éste:

✓ La décima letra del alfabeto hebreo es Iod, y su símbolo es éste:

✓ La décima primera letra del alfabeto hebreo es Caf, y su símbolo es éste:

✓ La décima segunda letra del alfabeto hebreo es Lamed, y su símbolo es éste:

Explicación