Ooparts - Marc-Pierre Dylan - E-Book

Ooparts E-Book

Marc-Pierre Dylan

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Beschreibung

Un libro que no sólo brinda respuestas sino que además desvela las más fabulosas preguntas. Una obra que abrirá los ojos a sus lectores a un pasado que puede ser muy diferente a cómo nos lo han contado. Objetos cuya existencia es indudable pero que, precisamente por eso, contradicen las leyes científicas y obligan a reescribir la historia y a dudar de lo que nos han contado. ¿Puede existir una pila eléctrica con más de 2.000 años de antigüedad? ¿Es probable que haya cráneos prehistóricos que presenten heridas de bala? ¿Y una esfera cuya densidad interior es menor que cero? ¿Y lentes del Antiguo Egipto? Existen, y ahí radica su misterio. Ooparts. Objetos imposibles es la primera monografía en castellano que se ocupa, de una manera extensa, de estos objetos fuera de tiempo y lugar. Objetos cuya datación supone un problema para la ciencia como la misteriosa máquina de Antikitera, un complejo mecanismo que data del S. I a. C. o la columna metálica inoxidable de Nueva Dehli que data del año 400. El valor de esta obra es que analiza el fenómeno en toda su amplitud, dando todas las teorías que se han manejado de los objetos y tratando también las obras de arte que reproducen objetos peculiares. Marc-Pierre Dylan realiza un enorme trabajo de investigación y recopila cientos de objetos en esta obra que o bien han aparecido en un estrato geológico que no le corresponde o bien tienen una tecnología que no se ajusta a su tiempo. Cartografías imposibles, esferas inexplicables, juguetes enigmáticos u objetos metálicos llenan cada página de su obra, pero también falsos ooparts e intentos de estafa son desvelados por el autor en un ejercicio de rigor y exactitud. No es necesario aumentar el misterio de los ooparts, el misterio es que existen, que cualquier persona puede verlos y que están datados en una época que no les corresponde.

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Seitenzahl: 258

Veröffentlichungsjahr: 2012

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OOPARTS: DESAFÍO A LA REALIDAD

OOPARTS:DESAFÍO A LA REALIDAD

MARC-PIERRE DYLAN

Colección: Investigación abiertawww.nowtilus.com

Título: Ooparts: desafío a la realidadAutor: © Marc-Pierre Dylan

© 2012 Ediciones Nowtilus S. L. Doña Juana I de Castilla 44, 3° C, 28027 Madridwww.nowtilus.com

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

ISBN: 978-84-9967-207-6Fecha de publicación: Febrero 2012

Impreso en España

Índice

Introducción

Capítulo 1. Qué es un oopart?

Definición de oopart

Delimitación espacial

Delimitación temporal

Delimitación material

Capítulo 2. Antikythera, la máquina que llegó del futuro

Un diseño aún más extraño

El siglo XXI

Quién la hizo?

Tecnología imposible

Capítulo 3. Los mapas de los dioses: cartografía imposible en la antigüedad

Un enigma con una agitada historia

El mapa de Piri Reis

El mapa de Oronteus Finoeus

Otros mapas imposibles

Capítulo 4. Hace 2.800 millones de años: las esferas metálicas que desafían a la lógica

El oopart más antiguo

Sudáfrica

Antimateria?

La esfericidad en la naturaleza

Capítulo 5. Egipcios con gafas: lentes en la antigüedad

Coincidencias asombrosas

Entre Troya y Egipto

Otras evidencias: las piedras de lectura

Capítulo 6. Quién timaba en Mesopotamia ayudado por la electricidad?: la pila de Bagdad

Un hombre ante el enigma

La pila de Bagdad

Un potente analgésico?

Posiciones ortodoxas

La actualidad

Capítulo 7. Fusiles en la prehistoria: los cráneos horadados por balas

Las pruebas

Las hipótesis

La explicación

Capítulo 8. Pisadas imposibles: las huellas que desafían el conocimiento

Las huellas del río Paluxi

La polémica

Otras pisadas imposibles

Capítulo 9. Como un juego de niños: juguetes que no pueden existir

El avión de juguete de Egipto

Un diseño perfecto

Planeando

Un pueblo sin ruedas

… que fabrica maquetas con ruedas

Capítulo 10. La negación imposible: los discos Dropa

La historia

Los hechos

Otros casos de negación imposible

Conclusión

Capítulo 11. De espadas y hebillas: la metalurgia imposible a ambos lados del Atlántico

El aluminio en la antigüedad

Paredes vitrificadas

Otros imposibles metalúrgicos

Capítulo 12. Jeroglíficos misteriosos: de lámparas y helicópteros

Tanques y helicópteros en el Egipto faraónico

Pareidolias y palimpsestos

Qué son realmente esos jeroglíficos?

Otros ejemplos

Capítulo 13. En bloques de piedra: ooparts hallados incrustados en rocas

Martillos en piedras

Vasos y bujías

Fraudes y misterios

Capítulo 14. Escrituras ajenas: entre Kensington y Bolivia

Unas runas en Minnesota

Sumerios en Bolivia?

Inscripciones en Los Lunas

Capítulo 15. Metales extraños: cubos, pilares y hombres de hierro

El pilar de la India

Un hombre de hierro

El cubo que llegó del espacio

Antenas bajo el mar?

Capítulo 16. Cartografía aérea en relieve hace veinte millones de años: el mapa del Creador

El principio

La piedra

Últimos estudios

Capítulo 17. Dinosaurios y seres humanos: un plesiosauro en Marsella, y algunas falsificaciones

La cueva de Marsella

Otras evidencias

Las figuras de Acámbaro

Capítulo 18. Dónde surgió la primera escritura? La hipótesis francesa

El principio

Pero por qué es tan especial Glozel?

La teoría fenicia

Capítulo 19. Ooparts en el arte: de Madonas y platillos volantes

Madonas con ovnis

Carros de fuego, sombreros y otros objetos extraños

Un satélite orbital en el Renacimiento italiano

Capítulo 20. Ooparts en las crónicas históricas: estrellas que se mueven en el año 1000

La locura del año 1000

Luces durante la conquista de América

Cascos inexplicables

Conclusiones

Metodología de las explicaciones

Un pasado diferente al que nos han contado

Bibliografía

Introducción

Existen. Están ahí. En las vitrinas de los museos más conocidos del mundo. En algunas de las excavaciones más renombradas de la Tierra. Incluso en salas con millones de visitas anuales. Relucen al sol, pesan, ocupan espacio, tienen corporeidad física, tienen contornos, perfiles, volúmenes. Existen. Y su mera existencia supone un desafío absoluto a la ciencia moderna. Cientos de desafíos, cada uno planteando un enigma mayor que el anterior. Cientos de desafíos que nadie ha sabido resolver, como por ejemplo una pila eléctrica en la Bagdad del siglo II o una máquina sofisticadísima que alguien manejaba en la Grecia de aquella misma época.

La existencia de los ooparts se alza como uno de los mayores enigmas a los que la ciencia oficial se enfrenta, uno de los misterios más insondables que acecha al ser humano. Quizá pueda parecer esta una afirmación osada, pero no lo es, ni mucho menos gratuita, tal y como veremos a lo largo de las siguientes páginas. Dicho de otra manera, los ooparts representan nada menos que una negación frontal de algunas de esas verdades que, durante años o siglos, la humanidad ha venido considerando como incontrovertibles.

Un mapa donde aparecen Florida y el océano Pacífico antes de que se descubrieran, una pisada de un ser humano junto a otra de un dinosaurio.

Dentro de su subyugante heterogeneidad, los ooparts comparten una característica común que los hace fascinantes: su realidad física. Efectivamente, las pruebas que respaldan estos misterios no se basan en declaraciones, imágenes, indicios o suposiciones. No hay noticias de periódicos, fotografías borrosas o huellas sobre el terreno. No. Los ooparts tienen una existencia física y real, pueden ser vistos por cualquiera que esté interesado en ello, estudiados por todos aquellos que lo deseen. Se pueden observar, se pueden tocar, coexisten en el mismo ámbito de la realidad que el investigador, en el mismo espacio, en el mismo tiempo. Están ahí y, por esa razón, son tan fabulosos. Están ahí y, pese a estarlo, son imposibles.

Un juguete con ruedas en una civilización que no las conocía, un pilar de hierro que no se ha oxidado en milenios.

Pero cuál es la postura de la ciencia oficial ante estos objetos, inscripciones, pinturas que ponen en tela de juicio muchas de las bases mismas de ciertas ramas del conocimiento? No ha sido, en cualquier caso, una respuesta uniforme. En ocasiones, los esfuerzos se han centrado en intentar explicar la razón de la mera existencia de esos objetos imposibles. A veces con espíritu crítico, abierto, dispuesto a la comprensión, al avance; a veces, simplemente, tomando como punto de partida axiomas que, de reconocer la realidad tangible que son los ooparts, se verían desmoronados. Es decir, una interpretación basada en una solución ya prevista antes de comenzar el análisis. Una interpretación viciada de salida, por tanto. Otras veces desde los círculos científicos se rechaza el mero estudio de los ooparts, tachándolos de fraude, sin detenerse a descubrir las implicaciones que su propia realidad representa. Por último, existe una tercera vía a través de la cual la ciencia actual se enfrenta con estos objetos fuera de su tiempo. Esta vía es, sencillamente, ignorarlos. Hacer como si no existieran. Taparse los ojos. Rechazar una evidencia física. Aunque parezca increíble, aunque de hecho lo sea, será esta tercera opción la más utilizada por la llamada ciencia oficial a la hora de enfrentarse a los ooparts. En las siguientes páginas se intentará aglutinar todas estas formas de análisis científico, sin obviar ninguna de ellas, con el fin de presentar el mayor número posible de datos contrastables al lector.

El cráneo de un neandertal horadado por un impacto de bala, unos jeroglíficos egipcios que representan helicópteros y carros de combate.

Es digno de reseñar. Aunque parezca irracional, resulta evidente que la respuesta más habitual de la llamada ciencia oficial ante los ooparts es ignorarlos. Abrumados ante las pruebas, reales, palpables, físicas e irrefutables que amenazaban por desmontar ciertas certezas establecidas de antemano, la mayoría de los científicos han optado por soslayar la existencia de los ooparts. Así, en ocasiones, ni siquiera se molestan intentando encontrar una explicación lógica a aquel objeto que, situado ante él, desafía profundamente su inteligencia y su escala de valores. Aquel objeto que dinamita la base sobre la que basculan buena parte de las verdades admitidas por el grueso de las personas, que erosiona sin remedio esas columnas de certeza que representan lo comúnmente establecido, lo universalmente admitido. Igual da que estas realidades físicas se hallen tras la vitrina de un museo o dibujadas en algunas de las cavernas más conocidas del mundo, en mitad de una ciudad poblada por millones de personas o en un libro perfectamente conocido por cualquier estudioso. No importa, todo eso no importa. Nadie les hará caso, nadie hablará de ellos, nadie admitirá que se cuestionen las teorías oficiales a partir de esos descubrimientos. Parece que nadie está dispuesto a que se reescriba la historia de la humanidad.

Una hebilla de aluminio en la China del siglo i, restos de una escritura cuneiforme en la Bolivia precolombina.

Porque eso es, exactamente, lo que vamos a hacer.

Unas lentes toroidales en el Antiguo Egipto, un extraño objeto volador en cierto cuadro del Renacimiento italiano.

Reescribir la historia de la humanidad.

Capítulo 1Qué es un oopart?

No existe nada más aterrador para el ser humano que la negación de una verdad que se tiene por absoluta. Nada. No se puede competir con esa sensación de abandono casi vital, con esa soledad casi filosófica que se experimenta al notar que el suelo de nuestra conciencia, ese suelo erigido a partir de ciertas bases entendidas como incontrovertibles, se empieza a resquebrajar. Nada, nada puede compararse a ello.

Sin embargo, el mundo está lleno de evidencias que se empeñan en atacar al hombre con esa amenaza, que pugnan por desarmar los conocimientos que consideramos básicos sobre nosotros mismos, sobre nuestra historia. Aquellas certezas que se encuentran tan asimiladas en nuestro subconsciente que ni siquiera sospechamos que puedan resultar erróneas.

Es lo que intentaremos hacer en las siguientes páginas: remover esas certezas presentando pruebas, pruebas incontrovertibles, pruebas palpables, que no admiten discusión subjetiva sobre su existencia.

Pruebas que, claro, niegan algunas de esas verdades a las que hemos hecho referencia, esas que tenemos como absolutas. Pruebas que, por eso mismo, nos asoman de manera irremediable al abismo de la duda y el conocimiento. Al temor de la incertidumbre primero y de la perplejidad más tarde. Al escalofriante condicional que ataca por completo nuestro más arraigado núcleo de creencias y saberes. Y si…?

Presentaremos pruebas. No serán una ni dos; no serán excepciones, anomalías, casualidades, rarezas. Serán miles de ellas, un torrente abrumador de objetos, pinturas, inscripciones y restos fósiles que deberían cambiar por completo la visión que el ser humano tiene de sí mismo. Eso son los ooparts. De todo eso vamos a tratar.

La intención de este estudio sobre los ooparts es presentar, de una forma sistematizada y rigurosa, un listado completo de todos estos objetos que desafían el conocimiento humano, agrupándolos en una serie de categorías que previamente se han establecido, para facilitar la magnitud de las implicaciones que su reconocimiento lleva implícitas. Asimismo, se intentará exponer todas las posibles explicaciones que se han aportado para intentar desentrañar el enigma de cada uno de estos objetos, desde las más heterodoxas hasta las que prevé la ciencia oficial. Con ello se conseguirá despejar algunos enigmas tenidos tradicionalmente como ciertos, y que tanto el paso del tiempo como, sobre todo, los estudios serios sobre ellos han revelado como falsificaciones.

De igual manera, se pretende plantear la cuestión en torno a los ooparts con la mayor rigurosidad posible, intentando vertebrarla de una forma coherente y estricta. Situar, pues, a este fenómeno dentro de un análisis científico que permita así vislumbrar la verdadera importancia de este asunto. Y es que es algo que perfectamente permiten los ooparts; objetos, como ya se señaló, palpables, existentes y corpóreos, susceptibles, pues, de un estudio pormenorizado y sistematizado sobre los mismos. Un estudio basado en pruebas, hechos, no en suposiciones e indicios.

Todo esto se llevará a cabo con cada uno de los casos recopilados para esta pequeña introducción a tan gran misterio. Se narrarán, de forma sucinta, las condiciones especiales que acompañaron a la aparición o surgimiento de cada oopart, la forma en que fueron descubiertos o encontrados y los protagonistas de estos primeros momentos. Asimismo, se describirá minuciosamente el objeto en cuestión, centrando el interés, evidentemente, en aquellas características que lo sitúan fuera de lo común. Y, por último, se procurará exponer las distintas teorías que han intentado explicar la existencia del mismo, planteándolas de manera crítica, sin caer en un sensacionalismo que pudiera ser poco estricto, pero sin esconder la realidad detrás de una barrera de verdades preconcebidas e inamovibles. Y siempre, dejando la última palabra al lector, quien tendrá, en suma, la última reflexión sobre todos los temas planteados.

No obstante, como paso previo a esta exposición pormenorizada que acompañará a cada uno de los ooparts presentados en el libro, debemos de deslindar el objeto de trabajo del mismo. Es decir, resulta obligado establecer una delimitación temporal, espacial y material de los distintos artefactos que serán protagonistas en las siguientes páginas. Y, aun antes de todo eso, resolver la pregunta con la que comenzábamos el capítulo: qué es un oopart?

DEFINICIÓN DE OOPART

En primer lugar, hay que señalar que el término oopart es un acrónimo en inglés, que desplegado significa Out Of Place Artifact, literalmente traducido al castellano como ‘artefacto fuera de lugar’. Hoy en día se ha asumido el uso de esa palabra, que se utiliza para designar una enorme cantidad de realidades sumamente heterogéneas con un único punto en común: la imposibilidad de su existencia según los postulados actuales de la ciencia. Usualmente, esta palabra ha designado únicamente hallazgos arqueológicos para los que la datación oficial no encuentra acomodo alguno, es decir, anacronismos increíbles pero existentes. No obstante, y como veremos, el término oopart designa una realidad mucho mayor, y provoca una fascinación también superior.

El creador de esta expresión, que tan exitosa se ha mostrado a lo largo del tiempo, es el zoólogo estadounidense, aunque de origen escocés, Ivan Terrance Sanderson (1911-1973). Esta expresión fue acuñada por el doctor Sanderson a mediados de los años sesenta del siglo XX, tras tener conocimiento de la existencia de la llamada pila de Bagdad a través de los trabajos del arqueólogo alemán Wilhelm König. Su sorpresa ante aquel descubrimiento fue tal que, tras comprobar la certeza de su existencia y lo plausible de su interpretación, lo definió como un artefacto fuera de su tiempo, recogiendo, quizá sin pretenderlo, la expresión que designaría a este tipo de anomalías de allí en adelante.

Curiosamente, Sanderson es considerado también como el padre de la criptozoología, por ser el primero en intentar sistematizar con criterio científico una disciplina hasta entonces repleta de inexactitudes, errores y omisiones. Convirtió, por así decirlo, una ocupación de buscadores de aventuras y oyentes de leyendas locales en una actividad con terminología y condiciones de trabajo científicas. Pero esa es, seguramente, otra historia.

Apuntábamos antes que fue Sanderson quien creó de la nada el término oopart, pero eso no debe hacernos pensar que la existencia de esos objetos era desconocida por la opinión pública. Nada más lejos de la realidad. Los sucesivos descubrimientos que, en un goteo constante, fueron produciéndose eran incluidos habitualmente dentro de los llamados hechos forteanos. Esta categoría tomó su nombre del investigador norteamericano Charles Hoy Fort (1874-1932), incansable perseguidor en su época de situaciones anómalas y sucesos extraordinarios que la ciencia no podía explicar. Dentro del baúl de sastre que suponían los hechos forteanos nos encontramos avistamientos de objetos voladores, precipitaciones misteriosas de sangre, azufre o peces, desapariciones misteriosas, anomalías astronómicas y, por supuesto, hallazgos arqueológicos rodeados de controversia y misterio.

No obstante, aun reconociendo la mastodóntica labor emprendida por Fort en vida, resulta evidente que sus investigaciones carecían de una sistematización absolutamente necesaria, abarcando, per se, excesivos campos del conocimiento. Es por ello que la diferenciación efectuada por Sanderson resultaba, ya en aquella época, totalmente necesaria.

Así pues, recapitulando, podemos concluir que el término oopart es un acrónimo inglés, usado por primera vez por Ivan Terrance Sanderson, y que hace referencia, en una interpretación estricta, a aquellos descubrimientos arqueológicos y paleontológicos que son inexplicables por parte de la ciencia actual.

No obstante, el significado que se dará al término oopart en este libro difiere ligeramente de esta interpretación estricta. Y para deslindar la significación que tendrán los ooparts en las siguientes páginas debemos proceder a realizar delimitaciones espaciales, temporales y materiales.

DELIMITACIÓN ESPACIAL

Vamos a intentar establecer una delimitación espacial respecto de los objetos sobre los que versará el libro.

En primer lugar, hay que señalar que dicha delimitación hace referencia al lugar donde fueron encontrados esos objetos, y no al lugar donde pudieron haberse creado. Asunto, este, sumamente complicado, cuando no sencillamente irresoluble. Haremos, no obstante, una breve referencia a todas las teorías con respecto al origen mismo de los ooparts, intentando abarcar en ella todas las corrientes de opinión existentes.

En cuanto a la delimitación de los lugares en los que fueron hallados los objetos materia de estudio en el texto, resulta extremadamente extensa, cubriendo, de facto, los cinco continentes.

Así, haremos referencias a extrañas pisadas en América del Norte, inscripciones misteriosas en Sudamérica y monumentos imposibles en Mesoamérica.

La vieja Europa ha sido también semillero de estos enigmas imposibles. De esta manera, analizaremos, por ejemplo, una máquina encontrada frente a las costas griegas, en el mar Egeo, aleaciones anómalas en los Alpes austriacos y escrituras inverosímiles en Francia.

En África, asimismo, se han venido hallando algunos de estos objetos que desafían al conocimiento, y veremos de manera sucinta unas esferas sudafricanas con una datación aparentemente absurda o diversos misterios de la siempre enigmática cultura faraónica.

Asia es un continente repleto de secretos, algunos de los cuales se procurarán presentar en estas páginas. Casos como los discos Dropa, en China, o un pilar que, inexplicablemente, permanece inmune a la oxidación.

Por último, tampoco las tierras oceánicas permanecen ajenas a toda esta casuística. Bien al contrario, nos encontraremos casos de artilugios manufacturados encontrados dentro de rocas metamórficas, o pisadas en las que conviven dos tipos de seres vivos que jamás debieron de coexistir.

Como vemos, la delimitación espacial respecto del origen de los hallazgos de los ooparts que trataremos en el libro es, sencillamente, mundial. La procedencia inicial de cada uno de esos objetos tendrá que ser dictaminada, a la luz de las pruebas, por el propio lector.

DELIMITACIÓN TEMPORAL

Dos serán las preguntas que deberemos resolver a la hora de abordar esta cuestión. La primera de ellas será la datación de los hallazgos de los distintos ooparts. La segunda, más sorprendente en su respuesta, la propia antigüedad de los objetos.

Respecto al primero de estos puntos, la aparición o descubrimiento de los ooparts cubre, prácticamente, toda la historia de la humanidad. Es decir, desde monumentos egipcios de la IV dinastía que jamás cayeron en el olvido de los tiempos hasta la actualidad; durante todas las épocas, objetos sin explicación alguna han ido, regularmente, apareciendo ante los ojos de los hombres. Es por ello que este primer segmento de delimitación temporal cubre, prácticamente, cinco mil años, los que separan las primeras manifestaciones de arte en la cuenca del Nilo de los descubrimientos efectuados ya bien entrado el siglo XX.

La segunda disquisición es más sorprendente. Dentro de la delimitación material que más adelante haremos respecto de los ooparts a tratar en el libro, entran objetos creados ya en época moderna, como podrían ser el mapa de Piri Reis o algunos cuadros italianos y flamencos. Por tanto, el límite posterior de manufacturación llega casi hasta nuestros días. Pero cuál será el límite anterior? O dicho de otra manera, qué antigüedad tiene el más arcaico de los objetos que vamos a analizar en el libro? La respuesta resulta cuanto menos sorprendente. Y muy, muy inquietante.

El objeto más antiguo del que se tratará en el libro son las llamadas esferas de Klerksdorp, en Sudáfrica. Estas piedras, talladas por una mano inteligente, fueron encontradas en un sedimento geológico de dos mil ochocientos millones de años de antigüedad.

2.800 millones de años.

2.550 millones de años antes de que apareciera el primer dinosaurio.

2.600 millones de años antes de que apareciera el primer mamífero.

2.720 millones de años antes de que apareciera el primer primate.

2.773 millones de años antes de que apareciera el primer homínido bípedo.

2.779 millones de años antes de que apareciera el primer ser humano.

Unas esferas. Perfectas. Trabajadas.

Artificiales.

DELIMITACIÓN MATERIAL

Será este, el de la delimitación material, un tema especialmente delicado a la hora de abordarlo. Y ello por una pluralidad de razones.

Efectivamente, si analizamos la definición que dimos más arriba sobre lo que es un oopart podremos ver que prácticamente cualquier manifestación relacionada con el misterio se ajusta a la misma.

Así, cualquier avistamiento en el cielo o cualquier percepción de una presencia en una casa podrían entrar dentro de la definición genérica con la que caracterizamos estos ooparts. No obstante, con el fin de centrar la problemática, resulta preciso establecer una serie de limitaciones sobre lo que trataremos a lo largo del texto.

En primer lugar, únicamente tendremos como ooparts aquellos objetos físicos que se conserven en la actualidad o de cuya existencia a lo largo de diferentes etapas de la historia no exista la más mínima duda. No atenderemos, pues, a noticias, fotografías o leyendas, sino solamente a pruebas palpables.

Podrían ser consideradas como tales algunas huellas que supuestamente corresponden a animales criptozoológicos, incluso algún otro resto orgánico más fehaciente, como excrementos. No obstante, eliminaremos del campo de estudio todo el espectro de la criptozoología, por considerar que no se ajusta exactamente a lo buscado en el libro, además de existir ya abundante bibliografía sobre la misma.

No se atenderá únicamente a descubrimientos de corte arqueológico o paleontológico, aunque estos supongan el grueso principal de los ooparts a analizar. Por el contrario, se ampliará el horizonte de la investigación, enriqueciéndola con el trabajo sobre otro tipo de piezas.

Sí se establece como condición básica el criterio de la artificialidad. Efectivamente, para ser considerado un oopart, el artefacto en cuestión será inequívocamente artificial, manufacturado. Evitamos, de esta manera, todas las caprichosas construcciones naturales que podrían conllevar errores y taras en la investigación. Será esa artificialidad, pues, la característica principal de todas estas piezas.

Por último, los dos capítulos finales del estudio abordarán el análisis de dos realidades que no se ajustan a la perfección a estos caracteres que hemos descrito con anterioridad. Tratarán estas entradas, pues, de las anomalías cronológicas y factuales que aparecen en la pintura y en la literatura históricas. Resulta adecuado, desde nuestro punto de vista, incardinar estos hechos aquí, de tal manera que aporten una visión diferente pero complementario de la realidad mostrada por los ooparts. Por tanto, su inclusión se considera perfectamente justificada. No obstante, parecía oportuno hacer una pequeña aclaración sobre el porqué de estos apartados, que se alejan de la delimitación material que hemos establecido para el grueso del estudio.

Y, ahora sí, comencemos a reescribir la historia de la humanidad.

Capítulo 2Antikythera, la máquina que llegó del futuro

No hay otro instrumento como este. Nada comparable aparece en los textos científicos y literarios antiguos. Por el contrario, debido a lo que sabemos de la ciencia y la tecnología de la época helenística, habría que deducir que un dispositivo así no pudo existir dijo Derek John de Solla Price (1922-1983), un reputado físico e historiador de la ciencia, tras muchos años de estudio de lo que él llamaba mecanismo de Antikythera. Lo más sorprendente, lo que de verdad desafía la razón, es que estaba equivocado. Aquel extraño artefacto era mucho, mucho más misterioso aún. Pero comencemos por el principio.

Todo empezó con una tormenta, una tormenta furiosa que desvió el rumbo de un barco. Quienes estaban en él no sabían que sus vidas habían de cambiar radicalmente aquella tarde de primavera del año 1900.

La embarcación, pequeña y frágil, estaba tripulada por pescadores de esponjas, hombres que se sumergían a pleno pulmón en pos de esos animales, para luego venderlos en los mercados de tierra firme. Pero en aquella inmersión sus ojos iban a ser testigos de un tesoro mucho mayor.

Fueron los vientos los que enfilaron la proa del diminuto barco hasta las costas cercanas a la isla de Antikythera. Esta, una arruga rocosa en mitad del mar, apenas veinte kilómetros cuadrados de origen volcánico, se encuentra a mitad de camino entre la Grecia continental y la isla de Creta. Fue allí, frente a sus escarpados acantilados, donde los pescadores de esponjas decidieron tentar a la suerte. Y la suerte les sonrió.

A unos sesenta y un metros de profundidad encontraron un pecio, un pecio que parecía muy antiguo, pero que se encontraba en casi perfectas condiciones. Un auténtico tesoro. Luego sabrían que aquel naufragio databa, más o menos, del año 65 a. C., y que era un barco de construcción romana. Habían efectuado un hallazgo arqueológico de enorme importancia. Aún no sabían que el misterio se escondía entre las maderas cubiertas de pólipos de aquel barco hundido.

Isla de Antikythera, frente a cuyas costas se encontró el pecio que albergaba en su interior tecnología inimaginable para su época.

Durante más de un año arqueólogos y autoridades procedieron a sacar del mar todos los objetos que pudieron rescatar en jornadas maratonianas que sólo acababan cuando el sol se escondía, y daban paso a las no menos agotadoras labores de pillaje y expolio que cometían algunos particulares sedientos de dinero fácil. Esculturas de mármol y bronce, ánforas, monedas y multitud de otros pequeños objetos volvían a ver la luz del sol más de dos mil años después de hundirse en el océano. Adornos, bagajes, dinero. Y, entre todo eso, algo que no podía existir.

Así, mientras el resto de objetos salvados de aquel sueño de los tiempos era catalogado y encuadrado perfectamente, aquel del cual hablamos quedaba apartado. En parte, porque no parecía ser una pieza demasiado extraordinaria ni extremadamente bella ni llamativa. Pero, sobre todo, porque nadie sabía qué era. Y los que lo atisbaban a sospechar no osaban decirlo, porque era imposible.

En 1902, el director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, Valerios Stais, descubre una masa de madera y bronce que parecía un artefacto de engranajes, algo totalmente ridículo, habida cuenta de la época de la cual databa. Fue llamado, a falta de otro nombre mejor, el mecanismo de Antikythera.

Y de esta forma, considerado como algo hereje, que desafiaba la lógica de lo comúnmente establecido, tanto este fragmento como los demás que fueron rescatándose, correspondientes al mismo conjunto, fueron apartados de la crítica científica, volviendo a dormir un nuevo sueño, esta vez en la superficie. Hasta que llegó Derek John de Solla Price.

A mediados del siglo XX el importantísimo físico inglés, padre de la cienciometría (aún hoy existe un premio que lleva su nombre, que distingue a los investigadores que hayan realizado avances significativos en este campo), se ve a sí mismo asombrado mientras observa los ochenta y dos fragmentos de aquel aparato conocido enigmáticamente como máquina de Antikythera. Y Solla Price tiene la intuición, la certeza, de estar ante algo muy significativo, algo especial. Y, libre por completo de prejuicios, se lanza a investigar qué era y para qué servía aquello tan extraño que nadie osaba siquiera intentar explicar. Solla Price lo mira. Unos pocos engranajes ya casi fosilizados, ruedas dentadas que revelaban haber estado engarzadas en muchas más, un eje central de precisión impresionante. Un grosor en cada rueda de menos de siete milímetros. Sus conclusiones lo dejaron asombrado.

El aparato es un mecanismo de bronce y madera del tamaño de una caja de zapatos: treinta y un centímetros y medio de longitud, diecinueve de anchura y diez de grosor. Originalmente, el sistema de ruedas dentadas estaba protegido por una caja de madera, hoy casi totalmente perdida. Esa caja tenía una puerta frontal y otra trasera, con unas misteriosas inscripciones astronómicas que cubrían la mayor parte del exterior del mecanismo. Resultaba evidente que era un mecanismo de engranaje, pero Solla Price llegó a una conclusión aún más heterodoxa. La máquina de Antikythera usaba un mecanismo de engranajes diferenciales. Algo que, según la ciencia oficial, no aparece hasta principios del siglo XVI. Ni siquiera los avanzados mecanismos relojeros medievales llegaron a tal punto de sofisticación mil quinientos años después.

Primeros restos encontrados en el pecio.

Según Solla Price, el giro del engranaje central, perdido, movía todos los demás. Servía, según Price, para calcular los movimientos y la posición de los cuerpos celestes en el firmamento. Aún más fascinante, el mecanismo de Antikythera incorpora la razón astronómica de 254/19, lo que es una excelente aproximación al valor real, irracional, con un error aproximado de sólo 1/86.000. Dicho así puede parecer un dato frío, sin alma, incluso incomprensible. Sin embargo, se explica con facilidad, en pocas palabras. Para manejar esa razón astronómica tan precisa en un cuerpo como el que nos ocupa, haría falta la ayuda de un engranaje diferencial. Un engranaje con el grado de sofisticación como el presentado en el mecanismo de Antikythera sólo se comenzó a desarrollar a finales del siglo XVIII, y fue perfeccionado por el inglés James Starley en 1877. Mil ochocientos años después.

Solla Price, a la vista de estos hechos, concluyó que el funcionamiento del mecanismo permitía predecir las posiciones del Sol y la Luna en el Zodiaco. Esta especie de calculadora adelantada más de un milenio a su cronología oficial ya era de por sí un artefacto suficientemente anómalo.

El interior de la máquina sometido a rayos X revela un grado de sofisticación y precisión inédito en relación a su antigüedad.

Pero lo más asombroso es que los estudios posteriores fueron aún más allá, elevando la complejidad de la máquina hasta límites casi increíbles. Y es que las nuevas tecnologías y los avances científicos han permitido desentrañar el secreto que escondía el mecanismo de Antikythera para, a continuación, abrir la puerta a otro mucho más inquietante.

UN DISEÑO AÚN MÁS EXTRAÑO

En 1971, una comisión de investigación dirigida por el prestigioso profesor Karakaos, que contaba con el apoyo de la comisión griega para el desarrollo de la energía atómica, acometió un nuevo estudio que buscaba, muy especialmente, arrojar luz sobre los componentes externos del mecanismo hallado en el mar Egeo. Es decir, se pretendía fijar, con el menor margen de error, la forma que debió de tener la máquina cuando estuvo operativa.

Se procedió, pues, a radiografiar con las más modernas técnicas todos los fragmentos que se conservaban de este oopart. Y ello dejó al descubierto una rueda compuesta por sesenta y tres dientes, que actuaba de engranaje principal, y que venía a aportar consistencia a las manifestaciones teóricas que Solla Price había ido enunciando.

Pero el resultado más sorprendente que arrojó esta prueba fue relativo a la técnica de construcción que se había usado en la máquina. Efectivamente, esta fue troquelada en una sola y única pieza de bronce de unos dos milímetros de espesor, lo que resultaba inconcebible. Además, fue reparada en no menos de dos ocasiones, incluyendo la soldadura de uno de los dientes, que habría sido sustituido por otro. Esta actuación se llevó a cabo con una exactitud milimétrica.