Pensar la muerte - Vladimir Jankélévitch - E-Book

Pensar la muerte E-Book

Vladimir Jankélévitch

0,0

Beschreibung

Este libro reúne cuatro entrevistas poco conocidas en las que Jankélévitch aborda el misterio del instante mortal. En la primera, el filósofo reflexiona sobre la experiencia de la muerte de alguien cercano, de la del otro en general y sobre la incertidumbre metafísica que cada uno siente frente a la propia muerte. En la segunda analiza el sentido de la vida en el marco de las prácticas religiosas, y el papel del incrédulo ante la muerte. En la tercera se ocupa de la eutanasia, la ciencia y los aspectos éticos ligados a ellas. La última trata de la violencia, el fanatismo y las ansiedades del hombre frente a lo efímero de la vida.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 121

Veröffentlichungsjahr: 2018

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



COLECCIÓN POPULAR

644

PENSAR LA MUERTE

Traducción de HORACIO ZABALJÁUREGUI

VLADIMIR JANKÉLÉVITCH

Pensar la muerte

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, FCE Argentina, 2004 Primera edición, FCE México, 2017 Primera edición electrónica, 2018

Diseño de portada: Teresa Guzmán Romero

D. R. © 2017, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicana e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-5721-3 (ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

ÍNDICE

Prólogo, por Françoise SchwabLo irrevocableEntrevista con Daniel DinéReflexiones sobre la muerteEntrevista con Georges van HoutA propósito de la eutanasiaEntrevista con Pascal DupontCuerpo, violencia y muerte

PRÓLOGO

¿Se puede pensar lo impensable, la muerte?

Vladimir Jankélévitch deseó responder a esta pregunta en 1966 con un libro titulado La muerte y precisó:

“No pienso absolutamente nunca en la muerte. Y en caso de que usted pensara en ella, le recomiendo hacer como yo, escribir un libro sobre la muerte […] antes que hacer un problema de ella […] ella es el problema por excelencia e incluso en un sentido el único!”1 Esta obra suscitó algunas entrevistas en las que le fue ofrecida la posibilidad de expresarse largamente sobre las motivaciones profundas de su interrogación.

En el transcurso de un trabajo bibliográfico reciente, efectuado en el marco de la preparación de una publicación de sus obras completas, fui llevado a releer estas entrevistas poco conocidas, inhallables, y, una de ellas, inédita; me pareció interesante reunirlas pues son un testimonio que nos aclara, al ritmo del lenguaje hablado, sobre los sentimientos personales y las elecciones éticas del autor.

Los cuatro textos elegidos se ubican en perspectivas diferentes y abordan las múltiples facetas de la cuestión.

En el primer texto, Vladimir Jankélévitch circunscribe los contornos de ese instante irrevocable que es el instante mortal; la experiencia primera que revistió la muerte de alguien cercano, la muerte del otro en general y la incertidumbre casi metafísica que cada uno siente ante la suya. Pues, nos dice, “es como si reserváramos soberbiamente la muerte a las personas que pasan por la calle. Es ése el engaño esencial, aplicar la muerte a los otros por una postergación perpetua y un aplazamiento”. Ilustra esta declaración con las palabras de Jacques Madaule: “Sé que moriré, pero no lo creo”.2 Y nos revela paralelamente su sentimiento sobre el envejecimiento, sobre los momentos desgarradores que son los últimos instantes de un condenado a muerte, sobre el “sinsentido [de la muerte] que da un sentido [a la vida] negando ese sentido”, o sobre el misterio insondable de nuestro pasaje sobre la tierra.

En eco, la segunda entrevista retoma la cuestión del sentido de la vida sub specie aeternitatis, explicando el papel del sentimiento religioso en las sociedades primitivas y en las sociedades evolucionadas, luego, la actitud del incrédulo frente a la muerte. Nos ofrece el ejercicio acrobático, apasionante, de un pensamiento que, no pudiendo aceptar la muerte, se aproxima a ella al máximo, “como la mariposa en la llama de la vela, se deja quemar las alas”.3 La búsqueda de los extremos, de los casos límite, de los momentos agudos “en los que se trata de pensar todo lo que hay de pensable en lo impensable”, le fascina muy particularmente. ¿No es el filósofo del “casi”, del “casi nada”? Como considerar el consuelo, la sobrevivencia… Se ingenia para responder a nuestras interrogaciones ansiosas frente a lo que llama espléndidamente el error supremo de la existencia, momento preciso “en el que el golpe restallante del que mete la pata, del niño terrible o de la muerte crea en primera instancia un gran desasosiego en el mundo de las apariencias decentes”.4 Ya no hay máscara, mascarada o malentendido, la gran simplificación anula toda vanidad y el hombre busca sosiego o consuelo. “El olivo maduro, dice Marco Aurelio, cae bendiciendo la tierra que lo levantó, dando gracias al árbol que lo hizo crecer. Pero ¿por qué estamos tan poco convencidos de esta gratitud del olivo? ¿Por qué todos esos consuelos son tan poco consoladores?”5

En la tercera entrevista, la eutanasia suscita reflexiones nuevas, valientes, resueltamente comprometidas sin ser dogmáticas. Es pertinente considerar, hoy en día, la instauración de una nueva aproximación filosófica y moral a la mirada de los elementos recientes de la ciencia (manipulación genética, definición del código genético, trasplante de órganos…). Y entonces, “lo que es angustiante no es el orden una vez instalado sino el hecho de que este orden sea totalmente otro”, subraya a menudo.

Para finalizar, la última entrevista da lugar al escándalo de la desaparición rechazada en el tiempo, la sociedad, la historia. La banalización de la muerte, familiar en la Edad Media, da lugar en nuestros días a la angustia metafísica y alcanza una gravedad mucho mayor todavía. “El hombre es llevado por su miedo fundamental a su destino fundamental.”6 Vladimir Jankélévitch nos ofrece profundas digresiones sobre las conductas del hombre frente a la muerte: actos religiosos, fanatismo, violencia verbal y física…, su actualidad es flagrante. Aun cuando siempre “el No de la muerte pone punto final a nuestras disertaciones y congela de estupor nuestro lenguaje”.7

Estas entrevistas responden así a nuestros miedos, nuestras ansiedades, nuestras angustias, ligadas a lo que llama el movimiento de nada hacia ninguna parte. Respetan la voluntad de “no sustraer la muerte a la nada” sino de dejar abierta la puerta al misterio de “haber sido” de “haber vivido”. Las palabras escritas sobre los muros de su residencia, en el paseo de las Flores, ilustran mejor que ninguna los propósitos de Pensar la muerte: “Aquel que ha sido no puede más en adelante no haber sido. En lo sucesivo ese hecho misterioso y profundamente oscuro de haber vivido es su viático para la eternidad”.8 Pues el casi nada del renombre póstumo no puede borrar la huella de las palabras…

FRANÇOISE SCHWAB

1 Entrevistas, France-Culture, 8 de junio de 1985, documentos del INA; retomados en Guy Suarès, Vladimir Jankélévitch, Qui suis-je?, Lion, La Manufacture, 1986.

2 Entrevistas: “Lo irrevocable”, infra, y France-Culture, op. cit.

3La Mort, París, Flammarion, 1966 [trad. esp.: La muerte, Valencia, Pre-Textos, 2002].

4Le Je-ne-sais-quoi et le Presque-rien, tomo II: Le malentendu, París, Le Seuil, p. 232.

5La Mort, op. cit., p. 355.

6 “Les philosophes et l’angoisse”, Revue de synthèse, núm. 66, París, 1949, p. 85.

7La Mort, op. cit., p. 80.

8L’irréversible et la nostalgie, París, Flammarion, 1983, p. 275.

LO IRREVOCABLE

Entrevista con Daniel Diné*

¿Permite la muerte que se filosofe sobre ella?

Muchos de mis colegas le dirán que la muerte no es un problema filosófico. El propio Spinoza dice que es malsano y un poco perverso, que la sabiduría no es la meditación de la muerte, sino la meditación de la vida. Muchos de mis amigos marxistas a los que les decía que quería hacer un libro sobre la muerte me respondían: “verdaderamente, no has encontrado otro tema, en 1966, cuando se viaja a la luna, habiendo tantas cosas apasionantes”. Hay uno que sin embargo me dijo: “Sí, seguro, todo el mundo ha perdido a alguien…” La filosofía es eso, hacer cosas que no son totalmente útiles.

Sin embargo, ¿la muerte es un fenómeno social?

Es un fenómeno demográfico, médico y, en ese caso, la muerte es la cosa más banal del mundo. Es también la tragedia personal, única en su género, incomparable, para aquel que ha perdido un niño, su mujer, sus padres, etcétera. Hay entonces un contraste entre la unicidad de una desgracia que hace perder el gusto de vivir, y la insignificancia del accidente… Para el médico, la muerte se vuelve rápidamente algo banal. Un muerto es rápidamente remplazado. La vida tapa los agujeros poco a poco. Todo el mundo es remplazable. Alguien desaparece y otro ocupa su lugar. Es la muerte en tercera persona, la muerte de no importa quién, un transeúnte alcanzado por una embolia… Es la muerte sin misterio. En resumen, no solamente no hay una disminución en la cantidad de seres humanos, sino que por el contrario la humanidad prospera y crece. Hay cada vez más hombres. Las tragedias individuales no perjudican de ninguna manera al género humano. Habrá no sé cuántos miles de millones de seres humanos en el año 2000. El género humano se encuentra bien, a pesar de Auschwitz. En lo que concierne a la muerte en primera persona, es decir la mía, y bien, no puedo hablar en absoluto porque es mi muerte. Llevo mi secreto, si hay tal, a la tumba. Queda la muerte en segunda persona, la muerte de alguien cercano, que es la experiencia filosófica privilegiada porque es tangencial a dos personas allegadas. Es la más parecida a la mía sin ser la mía, y sin ser para nada la muerte impersonal y anónima del fenómeno social. Es otro y no yo, entonces sobreviviré. Puedo verlo morir. Lo veo muerto. Es otro y no yo y, al mismo tiempo, es lo que me toca más de cerca. Más allá, eso sería mi muerte, me tocaría a mí. La filosofía de la muerte está hecha para nosotros por su proximidad. Es una experiencia que nadie busca, pero finalmente todo el mundo la hace un día u otro, mal que le pese. Esa muerte tiene otra importancia, porque cuando desaparecen vuestros padres, desaparece la última barrera biológica. Después, es su turno. Lo cual no es una idea muy agradable.

¿El No de la muerte y el Sí de la vida pueden ser comparados?

Se los compara, porque se considera la vida humana como una gran línea entre dos extremos. Uno a la izquierda, el otro a la derecha. Es un mito de simetría, un mito espacial, de la misma manera en que está el péndulo entre los dos candelabros en el adorno de una chimenea. Pero la vida es el tiempo. El tiempo no puede ser desplegado en el espacio. Uno es vivido en primer lugar, el otro es vivido a continuación. Cuando se da la muerte, el nacimiento se ha cumplido desde hace tiempo. Cuando el nacimiento se produce, la muerte es un futuro lejano aún inexistente. En consecuencia, la muerte y el nacimiento no son simétricos. La simetría es espacial. No es temporal. Son dos cosas incomparables. Ahora, uno tiene el derecho de hablar de ello. La vida humana comienza por el nacimiento y termina con la muerte. Entre esas dos cosas no hay nada en común. No son nunca dados juntos en una experiencia simultánea. Y si se los compara, aun cuando sean incomparables, es para decir que eso cambia completamente, porque en el nacimiento la nada está antes, mientras que en la muerte está después. El hecho de que en el comienzo la nada esté antes y que el futuro represente una larga promesa de ser, el hecho de que en la muerte, por el contrario, lo que está antes sea un largo pasado y que la nada esté después, eso lo cambia todo. Por esta misma razón, no pueden ser comparados en absoluto. En este aspecto, no se los compara sino para hacer comprender esto: la muerte es de un orden completamente distinto; la muerte no es un nacimiento al revés, ni el nacimiento una muerte al derecho. Como tampoco, además, que el pasado sea un futuro al revés o el futuro un pasado al derecho. El pasado y el futuro no están de un lado y del otro del presente. Vivo en un presente continuo. ¡Cuidado con los mitos de simetría! En fin, es útil quizá para fijar las ideas, para hablar de ello.

La muerte es no solamente lo inconcebible, sino aun lo invivible. Es lo que nihiliza la vida. ¿Por qué, entonces, el arco de la vida se encuentra tendido por la muerte?

La respuesta es complicada o, como se diría hoy en día, dialéctica. Es el papel dialéctico de la antítesis. Bergson dice curiosa, pero muy profundamente además, que el ojo es desde luego el órgano de la visión, porque sin los ojos no se vería, pero en otro sentido, es un obstáculo para la visión. No dice que si no tuviéramos ojos, veríamos todavía mejor, sino que el ojo es una limitación de la visión. Tener ojos es ver pero al mismo tiempo no es sino ver. La visión tiene un alcance, un campo limitado. Hay cosas que son invisibles más allá del horizonte. En consecuencia, el ojo no es solamente un medio para ver, es también un impedimento para ver. Pero eso es absolutamente cierto. El cuerpo por el cual estoy presente aquí, por el cual me expreso, existo, vivo, al mismo tiempo me impide estar en otra parte, me deja a merced de las enfermedades, de todas las miserias de las cuales el cuerpo es la fuente. El lenguaje por el cual me expreso y al mismo tiempo con el que me debato, siempre más acá o más allá de mi pensamiento, en retirada, cualquier otro que no fuese el de las palabras de las que me sirvo. En un sentido, el lenguaje es un impedimento para expresarse, pero el hombre no puede expresarse sino porque está impedido de expresarse. El impedimento de expresarse es el medio de expresión, porque somos hombres. Y bien, es lo mismo para la muerte. La muerte no solamente nos impide vivir, limita la vida y después un buen día la acorta, sino que al mismo tiempo comprendemos que el hombre no sería él mismo un hombre sin la muerte, que es la presencia latente de esa muerte la que hace las grandes existencias, la que les brinda su fervor, su ardor, su tono. Se puede decir entonces que lo que no muere no vive. Por lo tanto prefiero aún ser el que soy, condenado a algunos decenios, pero finalmente haber vivido.

Cada segundo nos aproxima a la muerte, envejecemos. ¿Qué es envejecer?

El envejecimiento engloba dos cosas que no están ligadas en absoluto una con la otra. Es la irreversibilidad del futuro que es el pathos