"Quiero escribir mi historia" - Pablo Francisco Di Leo - E-Book

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Pablo Francisco Di Leo

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El diagnóstico de época que se desprende de los testimonios de jóvenes populares en los que se basa este libro refiere al sentimiento de inexistencia de claras trayectorias institucionales que aseguren el tránsito entre los diferentes períodos etarios; en la imagen de una trama institucional globalmente abusiva y que sólo algunos individuos logran matizar; en la fuerza de las aspiraciones y de los sueños personales que no se abdican. Los distintos capítulos de esta obra suscitarán la polémica. El retrato que aquí se lee de la juventud popular será, sin lugar a dudas, inquietante para algunos, esperanzador para otros. Algunos, al poner el énfasis en la experiencia de una juventud que, inserta en una sociedad, y en su tráfago económico, social y cultural, se percibe a sí misma desde un horizonte de interpretación que hace de la vida personal el principal universo de comprensión, concluirán que la sociedad argentina está en tren de perder el lazo con su juventud y el arco de la alianza entre las generaciones. Otros, al contrario, serán conmovidos por la fuerza de los relatos, las voluntades que se expresan en ellos, la capacidad para afrontar retos múltiples sin desfallecer, contando antes que nada y a veces exclusivamente con ellos mismos, pero también con los vínculos interpersonales que han podido establecer y podrán tejer más tarde; una juventud que, por sobre todo, no se resigna al descorazonamiento. Pero unos y otros deberán coincidir en que se trata de una juventud que, tal vez como pocas otras antes de ella, está condenada a inventar mañana, sin grandes ilusiones ni personales ni colectivas, el futuro.

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“QUIERO ESCRIBIR MI HISTORIA”

El diagnóstico de época que se desprende de los testimonios de jóvenes populares en los que se basa este libro refiere al sentimiento de inexistencia de claras trayectorias institucionales que aseguren el tránsito entre los diferentes períodos etarios; en la imagen de una trama institucional globalmente abusiva y que sólo algunos individuos logran matizar; en la fuerza de las aspiraciones y de los sueños personales que no se abdican.

Los distintos capítulos de esta obra suscitarán la polémica. El retrato que aquí se lee de la juventud popular será, sin lugar a dudas, inquietante para algunos, esperanzador para otros. Algunos, al poner el énfasis en la experiencia de una juventud que, inserta en una sociedad, y en su tráfago económico, social y cultural, se percibe a sí misma desde un horizonte de interpretación que hace de la vida personal el principal universo de comprensión, concluirán que la sociedad argentina está en tren de perder el lazo con su juventud y el arco de la alianza entre las generaciones. Otros, al contrario, serán conmovidos por la fuerza de los relatos, las voluntades que se expresan en ellos, la capacidad para afrontar retos múltiples sin desfallecer, contando antes que nada y a veces exclusivamente con ellos mismos, pero también con los vínculos interpersonales que han podido establecer y podrán tejer más tarde; una juventud que, por sobre todo, no se resigna al descorazonamiento.

Pero unos y otros deberán coincidir en que se trata de una juventud que, tal vez como pocas otras antes de ella, está condenada a inventar mañana, sin grandes ilusiones ni personales ni colectivas, el futuro.

(Del Prefacio de Danilo Martuccelli)

Pablo Francisco Di Leo. Licenciado en Sociología, doctor en Ciencias Sociales y magíster en Políticas Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Docente en la carrera de Sociología de la misma universidad. Investigador del Conicet.

Ana Clara Camarotti. Licenciada en Sociología, doctora en Ciencias Sociales y magíster en Políticas Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Investigadora adjunta del Conicet.

PABLO FRANCISCO DI LEO • ANA CLARA CAMAROTTI editores

“QUIERO ESCRIBIR MI HISTORIA”

VIDAS DE JÓVENES ENBARRIOS POPULARES

Índice

CubiertaAcerca de este libroPortadaPrefacio, por Danilo MartuccelliIntroducción, por Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara CamarottiLa sociedad a escala de los individuosConstruyendo relatos biográficosPresentación de los resultadosParte 1. Vínculos afectivos e instituciones1. Refugios afectivos: el amor en los nuevos tiempos, por Sebastián Ezequiel Sustas y María Cecilia Touris2. Madres e hijos: múltiples modos de construir y significar los vínculos filial-maternales, por Soledad Vázquez y Pablo Borda3. El barrio, la Iglesia y la escuela: instituciones donde los jóvenes construyen sus biografías, por Romina RamírezParte 2. Cuerpos, sociabilidades y vulnerabilidades4. Tramas hechas cuerpo: experiencias y sociabilidades juveniles alrededor de los consumos de drogas, por Victoria Farina y Natalia Laura González5. Lazo social y usos de drogas: los consumos desde las significaciones juveniles, por Ana Clara Camarotti y Martín Güelman6. Cuerpos, vulnerabilidades y reconocimiento: las violencias en las experiencias y sociabilidades juveniles, por Pablo Francisco Di LeoParte 3 Trayectorias, proyectos y temporalidades7. Cómo salir del barrio sin morir en el intento: trayectorias juveniles y proyectos de vida, por Alejandro José Capriati8. Relatos biográficos y temporalidades juveniles: transmisión, subjetivación e implicancias para el campo de la salud, por Alejandro Marcelo Villa9. Relatos biográficosAnexo. Perfiles de los entrevistadosBibliografíaSobre los autoresCréditos

Prefacio

Danilo Martuccelli

Por medio de diez historias de vida, este libro estudia la experiencia de jóvenes en barrios populares en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Se trata de un conjunto de hombres y de mujeres, entre dieciocho y veintiséis años, con estudios interrumpidos o en curso, con experiencias laborales plurales, con trayectorias y eventos familiares disímiles. El interés mayor de esta investigación es adentrarnos en las vivencias de unos y otros, y comprender, desde ellas, los horizontes de la juventud contemporánea.

El trabajo que el lector tiene entre las manos se propone abordar con nuevas herramientas el estudio del fenómeno juvenil. Es desde las trayectorias individuales, y teniéndolas como horizonte, como se comprende a la juventud. La mirada sociológica se organiza alrededor de las significaciones plurales que testimonian los jóvenes de ciertos eventos biográficos. Pero, si es cierto que el relato biográfico es la llave principal de los análisis desarrollados, también lo es que, en este trabajo, es la selección efectuada por los jóvenes mismos entre eventos que son señalados como centrales y otros que, como lo veremos, tienden a ser minimizados, los que constituyen el hilo principal de la investigación.

Es esto último, sin duda, la originalidad del libro. La línea central de lectura no reside ni en la formalización de las trayectorias ni en un proyecto de articulación entre condicionamientos estructurales y el trabajo de los individuos. No es que estos aspectos no sean abordados, pero lo son desde una mirada específica: el objetivo central es comprender a escala de los actores, y desde sus relatos biográficos, lo que es percibido como particularmente difícil y significativo en los retos de las existencias. A diferencia notoria, entonces, de trabajos que centrándose en el estudio de la estandarización de trayectorias privilegian las rupturas o los giros biográficos, la investigación se interesa por los eventos biográficos mayores de una vida y las maneras en que los jóvenes relatan haberlos enfrentados.

Es desde la opción biográfica que los autores han movilizado –y recreado– la noción de prueba. Este operador analítico les sirve así menos para comprender desde las experiencias individuales los grandes desafíos estructurales comunes de una sociedad, que para estudiar, desde las vidas personales, las maneras como los individuos lidian con un conjunto de retos vivenciales. En el primer caso, la aplicación de la noción de prueba conduce a una inteligencia de la sociedad; en la manera en que los autores han recreado –y movilizado– la noción, lo importante es comprender el significado biográfico que los actores otorgan a los eventos. Lo esencial reside en el trabajo de elaboración narrativa que los jóvenes dan de sus experiencias. En breve, sin desconocer lo que le corresponde a las posiciones sociales o las dimensiones identitarias, la mirada sociológica producida se estructura desde las biografías. Éste es un giro importante: las visiones posicionales o identitarias, por justas que sean, aparecen como demasiado simples (en el fondo unilaterales y excesivamente dependientes de consideraciones socioeconómicas o socioculturales) para dar cuenta de lo que testimonian los jóvenes.

El libro nos restituye, así, otra cartografía de la vida social, infinitamente más compleja, incluso subterránea, donde, sin desconocer la importancia de factores sociales, lo esencial parece jugarse a ojos de los jóvenes a otro nivel: en las familias, en las emociones, en las relaciones, en los amores y en el abismo de los desamores. La vida, descripta y percibida a través de las narrativas biográficas de los jóvenes, se presenta bajo la forma de una sucesión de escollos que cada una de las personas entrevistadas, a través de recursos personales, está obligada a enfrentar. Lo que impacta, por sobre todo, es la naturaleza de estos obstáculos y el hecho de que el proceso que se vivencia es, en el momento mismo en el que se narra, una aventura abierta. Una instantánea en medio de una historia en curso, en la cual muy pocos avizoran un final estable. Para decirlo simplemente: la narrativa tradicional de la Bildungsroman, aquella de la formación paulatina a través de pruebas estandarizadas y con un término claramente establecido propio del tránsito de la juventud hacia el mundo adulto, aparece como muy alejada de las experiencias de estos jóvenes. Ni el final o el abandono de los estudios ni el ingreso, más o menos precario, al mundo del trabajo como tampoco la constitución de una familia o la parentalidad parecen ser hitos suficientes para marcar el ingreso a otro período: la vida adulta. Los tiempos y las experiencias se superponen sin solución de continuidad.

A mi juicio, es en este nivel donde se ubica el resultado más sugerente de esta investigación: la manera en que los problemas sociales e institucionales, sin desaparecer, pasan, no obstante, a un segundo plano, detrás, a veces muy detrás, de problemas personales y familiares. Ciertamente, el resultado –como en toda investigación sociológica– es en parte dependiente del método biográfico empleado; sin embargo, los testimonios son tan masivos en la voluntad de hacer de la propia vida personal el epicentro de la comprensión del mundo en que se vive que una lectura que reduce el resultado obtenido a una cuestión metodológica no hace justicia a lo que dicen los jóvenes.

Lo que caracteriza los relatos es la tensión entre un número, en apariencia, muy amplio de “problemas” personales y las formas, en apariencia, muy contingentes de respuesta que los jóvenes les dan. Doble espejismo. Una segunda mirada permite distinguir un conjunto relativamente reducido de retos y un abanico de respuestas profundamente similares en sus recursos y apoyos. En los dos casos, la vida personal es el epicentro del relato: sea porque los problemas se leen en clave biográfica, sea porque los factores de la respuesta se organizan mayoritariamente desde individuos que intentan dar, por sí mismos, en medio de soledades más o menos activas, y de solidaridades más o menos contingentes, “su” propia respuesta.

En consonancia con lo que otros trabajos indican, aquí también los jóvenes deben enfrentar y resolver por sí mismos problemas sociales que en otras latitudes son procesados por las instituciones. Por supuesto, éstas están presentes en los relatos (en la evocación de un profesor que “cree” en un joven, en el rol de ciertas asociaciones religiosas, en el maltrato de la institución policial…) pero, globalmente, lo que prima es la experiencia de la relativa soledad institucional de los individuos. Los problemas evocados y señalados como los más significativos por los jóvenes mismos son, en su gran mayoría, de índole “personal” e intrafamiliar. Por supuesto, estas dificultades se explican en parte –pero sólo en parte– por la posición social de los jóvenes estudiados, miembros de sectores populares, cuyas biografías han sido marcadas, muchas veces, por las consecuencias de la crisis de 2001 y los cambios sobrevenidos a nivel de los barrios, de la sociabilidad, de la inseguridad. Sin embargo, y a pesar de su presencia, ésta no es la línea de interpretación privilegiada por los jóvenes.

Resulta difícil no destacar, en este sentido, el desequilibrio narrativo observable entre la centralidad indiscutida acordada a los retos personales y familiares, por un lado, y la relativa ausencia –y en algunos casos incluso la ausencia radical– de toda referencia a desafíos de índole laboral, escolar o político. Por supuesto, estas temáticas aparecen en los relatos pero, por lo general, de manera sesgada, más como un contexto que como un desafío en el sentido fuerte del término; más como una posibilidad de producción de recursos que como un lugar significativo de la existencia. El resultado es sorprendente y, en parte, incluso, enigmático. Todo acontece como si lo verdaderamente importante en la vida se jugase en otra escena: más existencial y más cotidiana. Como si la vida estuviera en otro lado: en la dialéctica entre el barrio, las calles y la ciudad. Tras ella, la cuestión de la vida abierta y del mundo cerrado; en los amigos y las traiciones, en la familia y sus usuras y sus apoyos; pero también en las drogas, claro, en la pluralidad de sus sentidos y sus usos, desde el agujero negro hasta el recurso festivo y episódico, pasando por el consumo problemático; en los amores, por cierto y, tal vez, por sobre todo. Al escuchar las voces de estos jóvenes, resulta imposible no tener el sentimiento de que intentan forjar la brújula de sus biografías más desde dimensiones existenciales que desde una interpretación socialmente contextualizada de sus trayectorias.

Digámoslo con la mayor fuerza posible: cuando hablan de ellos, cuando relatan sus vidas, los jóvenes entrevistados no hablan de “la” sociedad aunque evoquen sus barrios, a veces sus escuelas o sus experiencias laborales, incluso los abusos de ciertas instituciones. Lo que ellos testimonian por sobre todo y profusamente son sus dilemas y dificultades existenciales. Por supuesto, repitámoslo, el relato biográfico induce a este tipo de interpretación, adjudicándoles, por razones de legitimidad cultural, a las experiencias personales y familiares (y muchas veces a los primeros años de la vida) un mayor peso a la hora de diseñar el perfil de los individuos. Pero, más allá de ello, la investigación da cuenta de otra realidad: una en la cual “la” sociedad está lejos y “la” existencia es central; una en la cual, de manera incluso inquietante, los aspectos experienciales e incluso existenciales tienden, al menos a nivel de los relatos, a separarse por momentos de los contextos estructurales que los producen; una interpretación en la que los jóvenes tienden a sobredimensionar las capacidades cognitivas, reflexivas o pragmáticas como herramientas exclusivas para enfrentar la vida.

Sin embargo, y esto es un elemento relevante aportado por esta investigación, el peso de lo existencial no implica que nos encontremos frente a una producción unificada de sentidos. En los relatos de vida, tal vez con más intensidad que en otros métodos sociológicos, el narrador no es un mero informador, él es, también, un productor activo de sentido a través de la producción de una historia, la suya. La puesta en intriga y en palabras de sí mismo da lugar así, por lo general, a la voluntad de recrear retrospectivamente un proyecto de coherencia personal. Es una crítica recurrente al método biográfico: que éste propone justamente que es posible asir la totalidad de una vida desde un código central. Convengamos que no es esto lo que se observa en las entrevistas efectuadas. Por el contrario, lo que resalta es la dificultad que testimonian los jóvenes para presentar sus biografías a través de una línea central de sentido.

En verdad, el sentido central de la vida es la lucha misma. El combate cotidiano contra los embates de la existencia. El mundo es asombrosamente representado como un mar de peligros, de acechos y de tentaciones, de abusos y de atropellos. Lo importante es buscar lugares de contención, e incluso de refugio –como el barrio y a veces la familia–, pero es central, sobre todo, encontrar elementos y personas capaces de transmitir un anclaje existencial. Se trata de hallar soportes desde los cuales dar consistencia a proyectos personales en medio de una sociedad percibida como particularmente hostil e indiferente.

El diagnóstico de época que se desprende de los testimonios se encuentra precisamente en este ámbito: en el sentimiento de inexistencia de claras trayectorias institucionales que aseguren el tránsito entre los diferentes períodos etarios; en la imagen de una trama institucional globalmente abusiva en sus estructuras y que sólo algunos individuos –y encuentros– logran matizar; en la fuerza de las aspiraciones y de los sueños personales que, contra viento y marea, y gracias a las energías vitales de la juventud, no se abdican. Y, al mismo tiempo, todo ello animado por una distancia, una desconfianza, un abismo, tal vez, simplemente, un universo de experiencias vivenciado como paralelo a las instituciones, lo que se ve bien reflejado en la radical ausencia de referencias políticas en los testimonios recabados. Es probable que esto explique la debilidad de los lenguajes y de los sentimientos de rebeldía y de injusticia, y el vigor de los vocabularios del infortunio y del abuso.

La investigación dirigida por Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara Camarotti debe suscitar la polémica. El retrato que el libro da de la juventud popular del Área Metropolitana de Buenos Aires será, sin lugar a dudas, inquietante para algunos, esperanzador para otros. Algunos, al poner el énfasis en la experiencia de una juventud que, inserta en una sociedad, y en su tráfago económico, social y cultural, se percibe a sí misma desde un horizonte de interpretación que hace de la vida personal el principal universo de comprensión, concluirán que la sociedad argentina está en tren de perder el lazo con su juventud y el arco de la alianza entre las generaciones. Otros, al contrario, serán conmovidos por la fuerza de los relatos, las voluntades que se expresan en ellos, la capacidad para afrontar retos múltiples sin desfallecer, contando antes que nada y, a veces, exclusivamente con ellos mismos, pero también con los vínculos interpersonales que han podido establecer y podrán tejer más tarde; una juventud que, por sobre todo, no se resigna al descorazonamiento.

Pero unos y otros deberán coincidir en que se trata de una juventud que, tal vez como pocas otras antes de ella, está condenada a inventar mañana, sin grandes ilusiones ni personales ni colectivas, el futuro.

Introducción

Pablo Francisco Di Leo y Ana Clara Camarotti

Como sintetiza Rossana Reguillo (2004), hoy existen en América Latina dos grandes tipos de discursos académico-políticos dominantes en torno a los jóvenes:1 por un lado, continuando con el mandato clásico a constituirse como individuos en las instituciones modernas –la familia, la escuela y el trabajo–, se postula que deben incorporarse a las mismas “a como dé lugar”, sin problematizar las condiciones que reproducen y/o profundizan las desigualdades sociales; una segunda posición genera una sobreatención en el “carácter tribal” de las identidades juveniles, en detrimento de sus dimensiones sociales e institucionales, invisibilizando o negando su capacidad de agencia reflexiva y política, contribuyendo también a la naturalización de sus actuales condiciones de vulnerabilidad. Frente a estas posiciones reduccionistas y negativizantes de las juventudes, las ciencias sociales de nuestra región vienen generando valiosas herramientas analíticas y datos empíricos que contribuyen a los procesos de problematización y disputa alrededor de su definición, comprensión y abordaje desde las políticas públicas (Margulis, 1996; Balardini, 2000; Reguillo, 2000; Margulis et al., 2003; Islas, 2006; Saintout, 2009; Bendit, Hahn y Miranda, 2008; Chaves, 2010; Trejo Sánchez, Arzate Salgado y Palermo, 2010; Hopenhayn, 2011).

En esta línea, desde el Área de Salud y Población del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos (UBA), desde hace varios años venimos estudiando distintas experiencias y problemáticas de jóvenes en diversos contextos urbanos de la Argentina, buscando generar insumos analíticos y prácticos para su abordaje desde investigaciones sociales y políticas públicas, principalmente desde los campos educativo y de promoción de la salud (Kornblit, 2007; 2008; Camarotti, 2010; Mendes Diz et al., 2010; Di Leo, 2010, 2011a, 2011b). Profundizando en esta búsqueda, en 2010 iniciamos dos proyectos de investigación,2 partiendo de las siguientes preguntas:

¿Cómo conforman, sostienen y proyectan sus vidas los jóvenes en barrios populares?

¿Cómo construyen sus identidades individuales y colectivas en estos escenarios sociales? ¿Cómo inciden las condiciones estructurales en esas construcciones? ¿Con qué posibilidades de agenciamiento cuentan estos jóvenes?

¿Cuáles y cómo son las principales instituciones sociales y políticas con las que se relacionan en sus historias y vidas cotidianas? ¿Qué significaciones, prácticas y estrategias despliegan los jóvenes en torno a las mismas?

¿Cuáles son, cómo significan y cómo afrontan sus principales problemáticas vitales?

¿Qué características y vinculaciones tienen las vulnerabilidades –en sus dimensiones individual, vincular y estructural– que atraviesan en sus trayectorias biográficas?

¿Cómo se configuran sus trayectorias y temporalidades biográficas, en la tensión entre la reproducción y el cambio?

Estos interrogantes nos impulsaron a la búsqueda y adaptación de diversas herramientas teóricas y metodológicas que nos permitieran desplegar el problema y construir nuestro objeto de investigación, contribuyendo tanto a la reflexividad epistemológica como a lograr una mejor aproximación –tanto en términos éticos como sociológicos– a las experiencias de los jóvenes que habitan en barrios populares. A continuación, presentamos brevemente las herramientas conceptuales más relevantes que retomamos en nuestro estudio, la estrategia metodológica utilizada para la construcción de los datos y la manera en que organizamos la presentación de los resultados en este libro.

La sociedad a escala de los individuos3

En el contexto de las transformaciones recientes de la denominada “segunda modernidad”, se profundizan las tensiones en los procesos de constitución de las subjetividades juveniles. A diferencia de la relativa previsibilidad que otorgaban a las biografías sus vinculaciones con las instituciones en las sociedades salariales, en las actuales sociedades de riesgo los sujetos se encuentran, como nunca antes, “obligados a individualizarse”. Los jóvenes, hijos de la libertad, practican una moral de búsqueda, de experimentación, que une cosas que parecen excluirse mutuamente: el egoísmo y el altruismo, las experiencias personales y los sentidos colectivos. Ya no creen en los proyectos institucionales que giraban en torno a la socialización de ciudadanos para un espacio público abstracto, totalmente ajeno a sus vidas privadas. Permanentemente demandan, desde sus prácticas y sus reflexividades, que las instituciones socializadoras den razones acerca de sus normas y sentidos, incorporando a las mismas sus experiencias individuales y colectivas de construcción identitaria (Beck y Beck-Gernsheim, 2003; Reguillo, 2000; 2004).

A partir de la crisis de integración social que vivió la Argentina durante las últimas décadas del siglo XX como consecuencia de las políticas neoliberales, se multiplicaron y acentuaron las distancias entre las diversas experiencias vitales de los jóvenes, atravesadas por profundas desigualdades e inequidades socieconómicas, étnicas, de género y territoriales (Kessler, 2006; Urresti, 2008; Chaves, 2010; Hopenhayn, 2011). Como sintetiza Juan Carlos Tedesco (2008), la paradoja de la situación actual reside en que, por un lado, la segunda modernidad amplía efectivamente la capacidad de elección de los individuos, que pueden construir mucho más libremente sus identidades, pero, simultáneamente, como este proceso va acompañado de enormes desigualdades, exclusión y fragmentación, si todo queda librado a la capacidad de demanda de los sujetos, éstos obtienen sólo aquello que están en condiciones de pedir y no lo que necesitan. Así, para muchos jóvenes que viven en barrios ubicados en los márgenes de nuestras sociedades existen necesidades que no logran ser expresadas como demandas, ya que el salto de las primeras a las segundas requiere una fuerte capacidad de expresión y de organización.

Por otra parte, muchos de los jóvenes en contextos de gran vulnerabilidad social también pueden resolver sus problemas cotidianos de trabajo, educación, salud y, a pesar de todo, logran “salir adelante”, “soñar”, “planificar un futuro”. Es en esta tensión en la que buscamos centrar nuestra investigación, otorgándoles un papel preferencial a los jóvenes, a sus experiencias y a sus reflexividades, lo que nos permitirá encontrar las heterogeneidades, sus distintos modos de actuar y sus múltiples posibilidades de individuación, producto del encuentro entre la agencia y la estructura. En las experiencias de estos jóvenes hay estructuras que se encarnan en los cuerpos, así como también sujetos que seleccionan, con diversos grados de libertad y autonomía, sus modos de realización.

Estas transformaciones estructurales y tensiones en las experiencias subjetivas exigen a las ciencias sociales de nuestra región un cambio en su mirada. Si bien las representaciones clásicas de lo social siguen teniendo un lugar importante, cada vez más investigaciones en ese campo se centran en los individuos, sus experiencias, reflexividades y construcciones identitarias. En esta línea, Danilo Martuccelli (2006; 2007a; 2007b; Araujo y Martuccelli, 2012) viene desarrollando durante los últimos años diversos trabajos de investigación teórica y empírica en torno a una sociología de la individuación, cuyo objetivo central es “describir y analizar, a partir de la consideración de algunos grandes cambios históricos, la producción de los individuos. La cuestión no es entonces saber cómo el individuo se integra a la sociedad por la socialización o se libera por medio de la subjetivación, sino de dar cuenta de los procesos históricos y sociales que lo fabrican en función de las diversidades societales” (Martuccelli, 2007b: 30).

En la modernidad tardía el modelo según el cual la posición social del actor se erige como principal factor explicativo de sus prácticas y experiencias ha perdido buena parte de su pertinencia. La estrecha homología entre los procesos estructurales, la trayectoria colectiva (de clase, género o generación) y la experiencia personal de los individuos se revela menos efectiva que antaño en virtud del creciente número de anomalías registradas en sociedades marcadas por la incertidumbre y la contingencia. Con la singularización de las trayectorias individuales como corolario, el mentado proceso pone en jaque las herramientas con que tradicionalmente la sociología ha intentado –y sigue intentando– hacer inteligibles las acciones y experiencias de los sujetos en función de su posición social: “Los individuos se rebelan contra los casilleros sociológicos” (Araujo y Martuccelli, 2010: 80).

Aquí es donde el autor plantea la necesidad de un cambio de rumbo para la sociología del siglo XXI, teniendo como horizonte el estudio de las capacidades existenciales y sociales del individuo de sostenerse en el mundo. No hay individuo sin un conjunto muy importante de soportes,4 afectivos, materiales y simbólicos, que se despliegan en su experiencia biográfica, a través de un entramado de vínculos con sus entornos sociales e institucionales:

Lo importante es la manera como los individuos se constituyen un entorno existencial combinando relaciones u objetos, experiencias o actividades diversas, próximas o lejanas, que, en la ecología así constituida, van o no a dotarse de significaciones absolutamente singulares. Este entramado heterogéneo y proteiforme crea alrededor de cada uno de nosotros un tejido existencial y social elástico que es, en el sentido a la vez más estricto y restringido del término, “nuestro” verdadero mundo. (Martuccelli, 2007b: 81)

Para la identificación y el análisis sociológico de los soportes, evitando caer tanto en una tipificación o cuantificación de personajes sociales como en una galería de historias individuales, es preciso tener en cuenta ciertas características comunes y articuladas en sus modos de funcionamiento. Pueden presentarse, alternativamente, bajo una forma activa –movilizados conscientemente por el sujeto–, o como un efecto indirecto, no consciente –consecuencia colateral de su entramado social y existencial–. El grado de conciencia de los mismos es muy variable, y está condicionado por las desigualdades sociales más que por las capacidades de reflexividad de los individuos (en general, no son controlados por los sujetos). Muchas veces funcionan de un modo indirecto u oblicuo, siendo vivenciados como un beneficio secundario o colateral de otras actividades o relaciones. Algunos, especialmente los simbólicos, se presentan en la intersección entre los mundos interior –como autosostén individual– y externo –como un apoyo exterior al sujeto– (Martuccelli, 2007a; 2007b).

Coincidimos con la concepción elástica de lo social que emerge de esta perspectiva sociológica, en tanto entendemos que si bien la estructura condiciona la acción, esta propuesta analítica permite aproximarnos a los diversos grados de elasticidad que tiene la primera, dejando a los sujetos márgenes variables de autonomía y libertad. Este enfoque muestra que nada es tan rígido ni determinante, pero también nos recuerda que el campo de movilidad no es ilimitado. Esta mirada nos permite aproximarnos analíticamente a la experiencia social de los individuos a partir de un doble movimiento: por un lado, es una manera de percibir el mundo social, de significarlo, de definirlo a partir de un conjunto de condicionamientos y situaciones preexistentes; simultáneamente, como lo social no tiene unidad ni coherencia a priori, es una manera de construirlo y de construirse a sí mismo (Dubet y Martuccelli, 2001):

La experiencia es el proceso por el cual se construye una subjetividad para todos los seres sociales. A través de este proceso uno se ubica o es ubicado en la realidad social y de ese modo percibe y comprende como subjetivas (referidas a y originadas en uno mismo) esas relaciones –materiales, económicas e interpersonales– que de hecho son sociales y, en una perspectiva más amplia, históricas. (De Laurentis, 1984, citado por Scott, 2001: 53)

La experiencia no es ni totalmente determinada ni totalmente libre. Es una construcción nunca acabada que realizan permanentemente los sujetos para articular tres grandes lógicas de acción social: 1) integración –la interiorización de lo social–; 2) estrategia –conjunto de recursos movilizados en situaciones de intercambios sociales particulares–, y 3) subjetivación –todo lo que se presenta como no social, más allá o más acá de toda determinación (Dubet y Martuccelli, 2001)–. Desde este marco, retomamos de Mariana Chaves una definición de los jóvenes que permite dar cuenta de las tensiones entre estructuras y agencias presentes en sus experiencias individuales y colectivas:

Actores sociales completos, inmersos en relaciones de clase, de edad, de género, étnicas, cuyo análisis corresponde ser encarado desde una triple complejidad: contextual –espacial e históricamente situado–; relacional –conflictos y consensos–; heterogénea –diversidad y desigualdad–. (Chaves, 2010: 37)

Para estudiar empíricamente las complejas y heterogéneas vinculaciones entre lo individual y lo social en los procesos de individuación, Martuccelli (2006) utiliza la noción de prueba:

Las pruebas se declinan en forma diferente según las trayectorias y los lugares sociales, y asumen significaciones plurales según los actores considerados. […] Conservando en primer plano los cambios históricos y los inevitables efectos del diferencial de posicionamiento social entre actores, las pruebas permiten justamente dar cuenta de la manera en que los individuos son producidos y se producen. (Martuccelli, 2007b: 111-112)

Esta categoría se construye articulando dos niveles analíticos: 1) el examen de las formas efectivas a través de las cuales los individuos dan cuenta de sí mismos, con los discursos con los que disponen sobre sus vidas, y 2) una representación analítica, a distancia de las historias concretas, pero animada por la escrupulosa voluntad de construir herramientas que permitan poner en relación los fenómenos sociales y las experiencias individuales. La prueba permite, en efecto, poner en relación los cambios sociales o históricos y la vida de los actores. Describir el sistema estandarizado de pruebas equivale a describir una sociedad histórica en su unidad (Martuccelli, 2006). Por ende, el análisis de los procesos de individuación y de construcción de las experiencias sociales tiene en el estudio de las pruebas presentes en las biografías individuales una vía metodológica privilegiada.

Estableciendo una ruptura con las concepciones homogeneizantes y estigmatizantes actualmente dominantes en torno a los jóvenes en barrios populares, nuestro trabajo parte de una perspectiva que tiene en cuenta la diversidad de situaciones y las interconexiones complejas y hasta contradictorias en que constituyen sus identidades individuales y sus experiencias sociales. Tal como indicamos en la próxima sección, a partir de los relatos biográficos de los jóvenes buscaremos ir deshaciendo la madeja de los acontecimientos que ponen en acto los momentos donde sus existencias son efectivamente –sea de manera implícita e indirecta o de manera explícita y directa– atravesadas por lo social.

Construyendo relatos biográficos

En consonancia con las herramientas conceptuales reseñadas, para la construcción de los datos empíricos seleccionamos el enfoque biográfico, que consiste en el despliegue narrativo de las experiencias vitales de una persona a lo largo del tiempo con el objeto de elaborar, a través de entrevistas sucesivas, un relato que permita mostrar “el testimonio subjetivo [buscando dar cuenta] tanto de los acontecimientos como de las valoraciones que dicha persona hace de su propia existencia” (Pujadas Muñoz, 1992: 47-48). Esta elección se sustenta en que el mismo recupera un mundo de significaciones a la vez que permite vislumbrar los sentidos individuales atribuidos a la experiencia en el contexto social en el que surgen. Por ende, consideramos que mediante la construcción de relatos biográficos podemos tener una mejor aproximación a los procesos de construcción de las identidades y las experiencias sociales de los sujetos y a las vinculaciones entre sus reflexividades, pruebas y soportes relacionales, materiales y simbólicos (Kornblit, 2004; Sautu, 2004; Vasilachis de Gialdino, 2007; Leclerc-Olive, 2009; Arfuch, 2010).

Frente a la imposibilidad de aproximarnos a la experiencia biográfica en un único encuentro, optamos por la realización de cinco o seis entrevistas –de alrededor de una hora y media de duración cada una– con cada sujeto, en forma individual, a diez jóvenes –cuatro mujeres y seis varones, de entre dieciocho y veintiséis años– cuyos espacios de sociabilidad se encontraran en barrios vulnerabilizados del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). En los estudios cualitativos la selección de los entrevistados no está sujeta a la aleatoriedad sino que responde al grado de saturación de la información que se construye. En este sentido, siguiendo la estrategia del muestreo teórico de la teoría fundamentada, buscamos alcanzar la mayor cantidad posible de visiones dentro de nuestro universo de estudio (Strauss y Corbin, 2006). Con ese objetivo, para la selección de jóvenes a incluir en la muestra utilizamos distintos criterios de diversificación: edad, sexo, espacios de sociabilidad, barrios, niveles educativos. Asimismo, los reclutamos en distintas instituciones y organizaciones comunitarias –iglesias, escuelas, centros de salud, organizaciones de la sociedad civil–, buscando evitar que los entrevistados tuvieran los mismos grupos de pertenencia.5

Con el objetivo de identificar los acontecimientos significativos, giros de la existencia en la vida de los jóvenes, retomamos y adaptamos la estrategia metodológica utilizada por Michèle Leclerc-Olive (2009). En primer lugar, luego de un interrogante inicial formulado para evitar la introversión de los sujetos durante la situación de entrevista y acceder a su autoidentificación subjetiva –“Si tuvieras que decirme quién sos, ¿qué dirías?, ¿cómo te describirías?”–, intentamos rastrear los acontecimientos significativos en la vida de las personas mediante una pregunta que a modo de disparador sugería: “Si tuvieras que elegir los principales momentos o hechos que provocaron cambios muy importantes en tu vida, ¿cuáles serían?”.6

Para lograr una aproximación a la experiencia subjetiva de los entrevistados, sugerimos que llevaran a los encuentros fotografías u otros objetos personales. Con relación a cada uno, les proponíamos las siguientes preguntas: ¿Por qué lo elegiste? ¿Qué significa para vos este objeto? ¿Qué, a quién o a quiénes te recuerda? Su inclusión produjo efectos positivos en la situación de entrevista, ya que generó una mayor empatía entre entrevistador y entrevistado y posibilitó que el primero pudiera formarse una idea más acabada de la dimensión cultural, social y familiar de los entrevistados. Para los jóvenes esos objetos funcionaron a modo de evocación de acontecimientos significativos. Optamos por considerar como significativos aquellos acontecimientos que eran concebidos como tales por los propios entrevistados y no por el investigador.

Durante los encuentros propusimos a los sujetos que describieran y reflexionaran sobre cada uno de los acontecimientos significativos que ellos habían identificado –que anotamos y fuimos recordando en el transcurso de las entrevistas–, utilizando como facilitadoras, entre otras, las siguientes preguntas: ¿Cuándo ocurrió? ¿En qué lugar? ¿Qué edad tenías? ¿Cómo empezó? ¿Quiénes estuvieron presentes? ¿Qué hicieron? ¿Vos qué hiciste? ¿Cómo te sentiste? ¿Cómo terminó? ¿Qué cambios te parece que provocó este hecho en tu vida? ¿Qué pensás hoy sobre lo que sucedió? ¿Por qué te parece que ocurrió?

Luego de haber identificado y relatado los acontecimientos más significativos de sus vidas, hacia el tercer o cuarto encuentro pedimos a los jóvenes que ubicaran los mismos en una (o varias) línea/s de vida del modo que desearan y que explicaran el porqué de ese ordenamiento. Esta organización no necesariamente respeta un orden cronológico, aunque sí establece una temporalidad antes-después que los entrevistados ubican a raíz del acontecimiento, es decir, se identifica una diferencia con el momento anterior. La justificación teórico-metodológica de la identificación y posterior “puesta en papel” de los “acontecimientos significativos” reside en el hecho de que ellos “constituyen el armazón narrativo de los relatos” (Leclerc-Olive, 2009: 4).

El proceso de construcción de los relatos se fue consensuando a lo largo de las entrevistas. Luego de cada encuentro, los investigadores devolvimos a los jóvenes la transcripción de la entrevista anterior, de modo que pudieran introducir las modificaciones que consideraran pertinentes. A partir de este trabajo los entrevistadores escribimos un primer borrador de relato, redactado en primera persona, como punto inicial para el trabajo de relatoría consensuado, proponiendo a los entrevistados que realizaran todos los cambios que desearan en los mismos e intervinieran en su redacción.7

Como producto del trabajo se obtuvieron diez textos que sintetizaban los acontecimientos más importantes de las vidas de los jóvenes entrevistados. Estos productos tuvieron una doble finalidad: por un lado, constituyeron objetos de valor para los sujetos, puesto que se convirtieron en “sus propios relatos biográficos”; por otro lado, se obtuvieron documentos que contribuyeron a nuestro análisis sociológico, sin sustituir de ningún modo a las entrevistas en sí mismas. Este material constituyó a la vez un producto en sí mismo –surgido del vínculo intersubjetivo entre entrevistadores y entrevistados– como un valioso insumo para los procesos analíticos propios de la investigación social. Por ende, como indicamos en el próximo apartado, para la comprensión y valoración crítica de los resultados de nuestra investigación recomendamos la lectura de los diez relatos biográficos escritos con los sujetos y la consulta del Anexo con los perfiles de los jóvenes entrevistados, incluidos en el cierre del libro.

Una condición fundamental para poder concretar todas las etapas de nuestro trabajo de campo fue la construcción y el mantenimiento del adecuado vínculo intersubjetivo entre entrevistadores y entrevistados. Desde la etapa de reclutamiento y lectura del consentimiento informado, pasando por los sucesivos encuentros y culminando con la redacción consensuada del relato biográfico, buscamos generar un clima de confianza y compromiso compartido con el trabajo, imprescindible para que cada joven pudiera objetivar sus experiencias vitales de la manera más cómoda y sincera posible. Logramos construir esta relación en casi todos los casos, a excepción de dos jóvenes que, por diversas circunstancias, decidieron interrumpir la actividad. Asimismo, no podemos ignorar que, si bien con esta estrategia se buscó disminuir lo más posible la asimetría propia de toda relación entre sujeto cognoscente y sujeto conocido, la misma no desapareció totalmente, ya que nosotros no dejamos de ser adultos, investigadores sociales, ajenos al mundo cotidiano de los jóvenes entrevistados, que proponíamos el tema y las condiciones de inicio, desarrollo y finalización del trabajo.

Siguiendo la estrategia de la comparación constante recogimos, codificamos y analizamos los datos de manera simultánea, utilizando como auxiliar el software de análisis de datos cualitativos Atlas ti. De esta manera, a lo largo del trabajo de codificación formulamos varias hipótesis y categorías emergentes que fueron ahondando y a la vez sintetizando nuestro análisis del corpus de relatos y entrevistas. Buscando aplicar los criterios de parsimonia –maximizar la comprensión de un fenómeno con el mínimo de conceptos posible– y de alcance –ampliar el campo de aplicación del análisis sin desligarse de la base empírica–, en diálogo con el estado del arte y el marco conceptual que seguimos construyendo, identificamos algunas categorías centrales vinculadas a los soportes, las pruebas y las tensiones presentes en los procesos de individuación juveniles (Kornblit, 2004; Strauss y Corbin, 2006; Vasilachis de Gialdino, 2007). En torno a estas categorías continuamos desarrollando –de manera individual o grupal– nuestro análisis de los datos, escribiendo y discutiendo los primeros textos con los resultados de la investigación, hasta llegar al presente libro.

Presentación de los resultados

Este libro está compuesto por ocho capítulos distribuidos en tres partes, los diez relatos biográficos escritos con los jóvenes entrevistados y un anexo con algunos datos personales de estos últimos. La escritura de los capítulos partió de un prolongado trabajo de discusión grupal de cada uno de los manuscritos, en el que todos los integrantes del equipo fueron haciendo críticas y sugerencias que, en su mayoría, fueron incorporadas por los respectivos autores. Las nuevas versiones de los textos fueron revisadas por los directores de la investigación, que hicimos nuevas propuestas y correcciones, llegando así a sus versiones finales.

En la primera parte incluimos los trabajos que se centran en los principales vínculos afectivos e institucionales presentes en los procesos de individuación juveniles en barrios vulnerabilizados. En el capítulo 1, Sebastián Ezequiel Sustas y María Cecilia Touris abordan, a partir del análisis de las emociones –entendidas como una fusión inseparable entre significados culturales y relaciones sociales–, los sentidos y significados que los jóvenes les otorgan a las relaciones afectivas. Parten de la idea de que frente a las escasez de otros amortiguadores materiales y simbólicos, las emociones se vuelven para los jóvenes de barrios populares soportes centrales en sus vidas, produciendo transformaciones en sus espacios de sociabilidades. Es decir, en contextos de vulnerabilidad social donde los soportes materiales están menos disponibles, la red de soportes afectivos aparece como un recurso imprescindible. Son los refugios afectivos los que les permiten a los jóvenes vivir en un mundo que se les presenta cada vez más hostil. En palabras de los autores, “los refugios afectivos cobran una función de amortiguación de las privaciones cotidianas, no sólo materiales sino también existenciales”.

Soledad Vázquez y Pablo Borda analizan, en el capítulo 2, las continuidades y diferencias en las formas de vivir y significar los vínculos filial-maternales por los jóvenes. Partiendo del lugar central que ocupa la institución familiar en casi todos sus relatos biográficos y dialogando con otras investigaciones recientes de sociología del individuo y de las maternidades, los autores se centran en las tensiones y articulaciones entre sus dimensiones estatutaria y subjetiva, en torno a tres categorías emergentes del análisis del corpus: 1) los bordes de la maternidad; 2) las enseñanzas y violencias, y c) las separaciones: ausencias, dolores y resignificaciones biográficas. De esta manera, realizan un aporte original al debate actual alrededor de las maternidades, visibilizando tanto su centralidad como soportes –más o menos legítimos y visibles– en los procesos de individuación juveniles, como las heterogeneidades y tensiones en las personas, prácticas, dependencias y resignificaciones que las encarnan.

En el capítulo 3, Romina Ramírez busca analizar cuáles son las relaciones que en la actualidad se producen entre los jóvenes de barrios populares y las instituciones que tradicionalmente han sido espacios privilegiados de socialización y de integración de las nuevas generaciones. Partiendo del supuesto de que en 2001-2002 muchas de estas instituciones tradicionales sufrieron crisis y modificaciones, lo que la autora busca analizar son las alternativas institucionales que fueron surgiendo en estos barrios, cómo conviven éstas con las ya existentes, de qué modo las instituciones existentes fueron mutando y qué características presentan los vínculos que en la actualidad están generando con los jóvenes. Asimismo, analiza cómo en estos contextos los jóvenes logran recuperar espacios públicos como plazas, galpones abandonados o la calle para realizar actividades culturales o deportivas.

En la segunda parte, el libro presenta distintos abordajes en torno a las experiencias corporales, las sociabilidades y los procesos de vulnerabilidad juveniles, identificando sus principales dimensiones, tensiones y articulaciones. En el capítulo 4, Victoria Fariña y Natalia Laura González analizan los usos y consumos recreativos de drogas que se llevan a cabo en estos contextos, es decir, aquellos consumos vinculados con diversas formas de diversión. Más específicamente, buscan comprender qué características asumen estos usos de drogas y cómo se relacionan con los grupos de pares y sus espacios de sociabilidad. Para ello, centran su análisis en las sociabilidades que estas prácticas generan y en los vínculos que allí se producen. Para conocer los modos en que estos consumos son percibidos y significados por los jóvenes consideran fundamental entender la articulación que se produce entre lo corporal, lo emocional y lo simbólico.

Ana Clara Camarotti y Martín Guelman, en el capítulo 5, buscan repensar y confrontar los discursos que sostienen que todos los consumos de drogas de los jóvenes son problemáticos. Para ello, analizan las significaciones y experiencias en torno a las vinculaciones entre los usos de drogas y la conformación de los lazos sociales que allí se generan. En este sentido, el trabajo busca relevar las vivencias de los jóvenes de barrios populares pero sin dejar de descuidar las heterogeneidades presentes en estas prácticas juveniles. A lo largo del capítulo, los autores abordan la tensión que se pone en juego en torno a los discursos del sentido común que sostienen y propagan los medios de comunicación, por ejemplo, “los consumos de drogas legales son menos problemáticos que los de las drogas ilegales”, así como la asociación entre consumo de drogas, violencia y delincuencia, entre otras.

En el capítulo 6, Pablo Francisco Di Leo aborda las significaciones y experiencias de jóvenes relacionadas a las violencias. Partiendo de un despliegue de esa categoría –utilizando herramientas conceptuales provenientes de la teoría social contemporánea–, propone estudiar estas vivencias como analizadoras socioculturales de las condiciones en las que los jóvenes construyen sus experiencias individuales y sociales. A partir del análisis del corpus de entrevistas y relatos biográficos, identifica cuatro categorías emergentes: heridas familiares, miradas que lastiman, barrios violentos, violencias policiales. En torno a ellas, el autor analiza las características y vinculaciones entre los soportes –principalmente relacionales y simbólicos– movilizados, demandados o creados por los jóvenes frente a diversas pruebas biográficas, las corporalidades, las vulnerabilidades, las luchas por el reconocimiento y los regímenes de interacción que participan en sus procesos de individuación. Finalmente, propone una articulación de las categorías, reflexionando sobre posibles implicancias de este abordaje para políticas públicas dirigidas a jóvenes.

En la tercera parte del libro se incluyen los trabajos que enfatizan una lectura diacrónica de los relatos biográficos de los jóvenes, identificando las regularidades y heterogeneidades presentes en sus trayectorias, temporalidades y proyectos de vida. En el capítulo 7 Alejandro Capriati comienza enmarcando las experiencias juveniles en el espacio social de los barrios populares: escenarios dinámicos y complejos, constituidos en el cruce de imaginarios, estigmas e inequidades en la apropiación del espacio público y el acceso a servicios. A continuación, retoma algunas situaciones significativas de las trayectorias vitales de jóvenes que las marcan con el signo de la vulnerabilidad: migraciones, privaciones, violencias y desprotecciones. En un tercer momento, al que se dedica especialmente, el autor aborda distintas dimensiones y tensiones presentes en los proyectos de vida juveniles, analizando sus fragilidades –generadas principalmente por las crisis socioeconómicas e institucionales que las atraviesan– y sus fortalezas –que les permite sostenerlos, con mayor o menor éxito, aun en escenarios tan adversos–. Desde ahí realiza una valiosa contribución al campo de los estudios y las políticas de juventudes, distanciándose de concepciones negatizantes que invisibilizan sus dimensiones creativas, transformadoras e instituyentes.

En el capítulo 8, Alejandro Marcelo Villa realiza un recorrido analítico por los modos que tienen los jóvenes de rememorar, actualizar y transmitir sus acontecimientos biográficos, indagando sobre sus vinculaciones con sus procesos de subjetivación. Partiendo de concepciones polifónicas e intersubjetivas de la memoria y las identidades, el autor analiza el corpus de entrevistas y relatos de jóvenes, encontrando tres grandes modalidades de historizar sus biografías: temporalidad traumática, temporalidad de sociabilidades diversificadas, temporalidad melancólica. En torno a cada una de estas categorías emergentes, identifica las regularidades, heterogeneidades, articulaciones y tensiones en los procesos de socialización, subjetivación y las sociabilidades juveniles. Este trabajo, que articula productivamente herramientas analíticas de las ciencias sociales y la psicología, realiza un aporte original y valioso para la comprensión e intervención desde el campo de la salud mental sobre los factores que pueden obstaculizar o facilitar el despliegue de las reflexividades, agencias y autonomías de los jóvenes.

Como cierre del libro se incluyen los diez relatos biográficos, tal como fueron escritos y acordados (siguiendo la estrategia metodológica reseñada) con los jóvenes que participaron en nuestra investigación: Carlos, Charly, Dora, Facu, José Luis, Juana, Julito, Lili, Nora y Purly.8 Recomendamos especialmente leer estos textos, ya que constituyen, a la vez, un momento fundamental de nuestro proceso de investigación –plasmando su carácter dialógico y polifónico– y uno de sus principales resultados –productos que exceden los análisis desarrollados en el resto del libro y cuya publicación puede significar para los jóvenes entrevistados un acontecimiento que abra nuevas posibilidades en sus biografías–. Por ende, su lectura es necesaria para la comprensión acabada y la valoración crítica de nuestro trabajo. Asimismo, consideramos que pueden resultar insumos productivos, tanto para futuros estudios desde los campos de las ciencias sociales de las juventudes y la sociología de la individuación, como para políticas públicas dirigidas a visibilizar y abordar integralmente las vulnerabilidades, los soportes y las agencias presentes en las vidas de jóvenes en barrios populares de nuestra región. Finalmente, se incluye un anexo con algunos datos de los sujetos que pueden servir para delinear sus perfiles, complementando –sin reemplazar– sus presentaciones y narraciones personales.

Nos resta agradecer: a la UBA, a la ANPCYT y al Conicet, por financiar esta investigación; a nuestro equipo, por su constancia, cooperación y pasión por el trabajo; a todos los jóvenes que nos permitieron entrar en sus vidas, reflexionar junto con ellos, comprender sus contextos barriales y los vínculos que establecen con estos escenarios; a Ana Lía Kornblit, quien desde hace años nos enseña y acompaña en este oficio; a Danilo Martuccelli, quien generosamente nos enriquece con sus lecturas y novedosas herramientas para mirar a nuestra sociedad y a sus individuos.

Buenos Aires, marzo de 2013

1. Teniendo conciencia de la orientación androcéntrica del español, en este libro utilizamos el género masculino en los plurales sólo para facilitar su lectura, sin olvidar por ello sus implicancias simbólicas y políticas.

2. Proyectos: a) UBACYT 2010-2012, código 20020090200376. Financiado por Universidad de Buenos Aires (UBA). Director: Pablo Francisco Di Leo. Codirectora: Ana Clara Camarotti. Integrantes del grupo de investigación: Pablo Daniel Borda, Alejandro José Capriati, Victoria Farina, Natalia Laura González, Martín Güelman, Ana Lía Kornblit, Romina Ramírez, Sebastián Ezequiel Sustas, María Cecilia Touris, María Soledad Vázquez, Alejandro Marcelo Villa. b) PICT 2010, código 0621. Financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCYT). Investigador responsable: Pablo Francisco Di Leo. Sede de ambos proyectos: Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.

3. Retomando el título del libro de Danilo Martuccelli (2007b).

4. Los soportes son definidos por Martuccelli (2007a) como los medios por los cuales el individuo llega a tenerse frente al mundo; el conjunto de elementos, materiales e inmateriales, que lo vinculan a su contexto: “Es solo inscribiendo las historias de los individuos en el entramado particular de interdependencias que los rodean como es posible diseñar su perímetro. Pero más que una serie estandarizada de configuraciones, de lo que se trata es de dar con las ecologías existenciales intersticiales que los actores entretejen entre las diferentes posiciones sociales. La realidad de estas ecologías existenciales no anula, por supuesto, la importancia que les cabe a las posiciones estructurales, sobre todo en términos de diferenciales de oportunidad. A lo que introducen estas ecologías es a otro nivel de análisis que puede –o no– funcionar como un amortiguador social” (Martuccelli, 2007b: 93-94).

5. Ver perfiles de los entrevistados en el Anexo. Desarrollamos nuestro trabajo de campo en diversos barrios y localidades de la zona sur del AMBA (ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires), pues en esta área se concentran algunos de los más altos índices de pobreza, indigencia y desigualdad de la Argentina, que impacta especialmente en la población infantil y juvenil (Svampa, 2005; INDEC, 2006; Kessler, 2006; odsa, 2009; Epele, 2010). Durante todo el desarrollo de nuestro trabajo de campo tomamos los resguardos éticos de rigor para preservar el anonimato, la identidad y la integridad moral, social, psicológica y cultural de los sujetos que participaron en las entrevistas de manera informada y voluntaria, asegurando también la confidencialidad de sus respuestas. Al requerirles su colaboración, leímos y entregamos a los sujetos un consentimiento informado en el que se explicaba brevemente, con lenguaje accesible y adecuado, el marco institucional, los objetivos principales de la investigación, el carácter voluntario de la participación en la misma y las condiciones de anonimato y confidencialidad en el manejo de todos los datos recogidos.

6. Este interrogante fue elaborado retomando la pregunta con que Leclerc-Olive (2009) da inicio a sus entrevistas: “¿Cuáles son los acontecimientos que, según usted, marcaron u orientaron su vida?”. Los acontecimientos permiten identificar los momentos de bifurcación o de cambios importantes en las biografías individuales.

7. La redacción del primer borrador de los relatos biográficos estuvo a cargo de los investigadores debido a la dificultad que presentaron algunos entrevistados para elaborar textos escritos.

8. Siguiendo los resguardos éticos indicados en la nota 5, en la presentación de los resultados reemplazamos los nombres de los jóvenes entrevistados por seudónimos y los de otras personas, instituciones o lugares por iniciales, salvo en un caso –Julito– que nos solicitó expresamente no modificar su identidad ni los datos presentados en su relato biográfico, ya que deseaba publicarlos de esa manera.

Parte 1 Vínculos afectivos e instituciones

1. Refugios afectivos: el amor en los nuevos tiempos

Sebastián Ezequiel Sustas y María Cecilia Touris

El impacto económico, social y cultural de las crisis en la Argentina produjo un aumento de la pobreza y mayor desigualdad estructural; como efecto de ello, se profundizó la fragmentación urbana y la disolución de los marcos de sociabilidad tradicionales (Cicollela, 1999; Torres, 2001). Las instituciones que enmarcaban los procesos de sociabilidad se han transformado y están produciendo cambios en los procesos de individuación. Esta situación configuró, sin lugar a dudas, transformaciones en los escenarios barriales.

Las opciones fuera de los barrios, con relación a trabajos y/o estudios, fueron resultando paulatinamente más inaccesibles, lo que produjo un aumento de las restricciones de circulación y movilidad social por parte de estas poblaciones y por lo tanto un progresivo encierro barrial (Epele, 2010). Para los jóvenes entrevistados esta situación distingue en términos dicotómicos significaciones y prácticas, limitando un adentro y un afuera barrial que establece nuevos modos de habitar el territorio. En la medida en que el afuera deviene más ajeno, más se intensifica el tránsito en los espacios de sociabilidad propios del barrio.

El crecimiento de las economías informales, y sobre todo de las ilegales, establece modificaciones morales en las transacciones, actividades y prácticas basadas en los cambios de estrategias en la obtención de recursos que producen efectos tanto materiales como simbólicos. Los procesos macroestructurales económicos y políticos producen reacomodamientos en los códigos y pactos de convivencia propios de cada barrio. Esta variación en los códigos no habla de la desaparición de mandatos y normas, de valores y moralidad, sino más bien de la transformación de éstos que en un pasado no muy lejano condicionaban de otro modo las relaciones entre las personas.

Las relaciones afectivas –como las amistades o los patrones de elección de pareja– se vieron afectadas por estas limitaciones espaciales, y se establecieron nuevos modos de expresar las emociones.

Los relatos biográficos de los jóvenes entrevistados dan cuenta de la importancia de considerar, además de las cuestiones de índole sociopolíticas y económicas, la dimensión de lo emocional. Como plantea María Epele (2010), la perspectiva ortodoxa de las ciencias sociales suele hacer un análisis sobre los barrios vulnerabilizados que hace hincapié en los componentes macroeconómicos y sociopolíticos que los constituyen mientras se hacen a un lado los componentes emocionales. El análisis desde este punto de vista vuelve necesario incluir la perspectiva de los propios jóvenes sobre las dimensiones políticas, económicas y sociales, más características de los estudios tradicionales, pero también la dimensión emotiva. Según Eva Illouz (2007), las emociones se configuran como “el aspecto cargado de energía de las acciones” en las que se implican al mismo tiempo cognición, afecto, evaluación, motivación y cuerpo. No son presociales o preculturales; por el contrario, las emociones son significados culturales y relaciones sociales fusionados de manera inseparable y es esa fusión lo que les confiere la capacidad de impartir energía a la acción. En este sentido, las emociones nos permiten establecer los modos en que estos jóvenes significan sus relaciones afectivas como refugios que, ante la escasez de otros amortiguadores materiales y simbólicos, se establecen como soportes de la vida y producen al mismo tiempo transformaciones en sus espacios de sociabilidad. De esta manera, hemos buscado que los jóvenes reflexionen en torno a sus propias experiencias, procurando captar pluralidades, tensiones, discontinuidades, contradicciones, temáticas emergentes y articulaciones narrativas.

De jóvenes y afectos

Las vivencias de los jóvenes entrevistados se encuentran estrechamente vinculadas a las formas en que experiencias, actividades y prácticas cotidianas se corporizan en redes sociales que los contienen. Los lazos sociales mediados por vinculaciones de tipo institucional formal fueron perdiendo terreno frente a contextos de deterioro y devastación socioeconómica, que repercutieron en muchos casos en la reducción del mundo vivido (Epele, 2010), generando simultáneamente una mayor presión sobre las relaciones afectivas y su condición de soporte.

El relajamiento en las certidumbres sobre los umbrales de riesgo aceptados es un ejemplo del deterioro institucional. Ser anti se presenta como una disposición personal frente al riesgo de los diversos afueras, pero también una referencia de sentido hacia los otros que conforman el círculo cercano del entramado afectivo. Contando acerca de las salidas con sus amigos, Nora señala:

Así me dijeron: “Sos re anti”. Y bueno, después estaban organizando para salir y yo no decía nada, me hacía la boluda. Porque mucho no me gusta salir tampoco. (Nora)

La reducción de espacios de recreación y ocio –con umbrales de certidumbre aceptados por los propios jóvenes– puede leerse como la contracara de las predisposiciones y/o estereotipos hacia el mote de anti. En el caso de Purly, quien también señala que su novia es medio anti, estas reconfiguraciones se exponen por la imposibilidad de salir con ella a ciertos lugares, particularmente los de baile, ya que allí “los pibes son todos atrevidos”. Juana identifica este proceso a partir de una sensación de malestar individual: “Vas a los boliches de la villa y terminás no disfrutando porque estás pendiente”.

Las relaciones afectivas se constituyen, al igual que otros soportes de tipo simbólico y material, en vínculos clave para comprender las dinámicas de las redes sociales e institucionales en torno de los individuos. Es así como la afectividad, y las formas en que ésta se expresa en las relaciones, permite dar cuenta de los distintos entramados que son construidos por los mismos individuos en sus trayectorias biográficas (Martuccelli, 2007a). En escenarios sociales como los descriptos, la reducción del mundo experimentado y el aumento de la percepción de instancias de riesgo e inseguridades son la contracara de un proceso de desplazamiento en el cual se transfiere a las esferas vinculares íntimas (familiares, de pareja, de amistad) toda una serie de tensiones, problemáticas y sus resoluciones que antes se dirimían en toda una gama de instituciones de índole pública. A este proceso de desplazamiento, retomando a Epele (2010), es al que se denomina privatización de los cuidados. En este sentido, los espacios íntimos y las relaciones que se establecen en ellos se transforman en lo que denominamos refugios afectivos que operan como soporte de los individuos.Si los soportes se constituyen en la última trinchera de amortiguadores que permiten instancias de individuación en contextos de vulnerabilidad crítica (Martuccelli, 2007a), en escenarios sociales donde priman estos tipos de desplazamientos, las relaciones afectivas cobran aun mayor importancia para comprender las formas vinculares en las que participan. En otras palabras, en contextos donde existe una transferencia hacia el dominio de las relaciones próximas e íntimas de tensiones cotidianas, los lazos afectivos, familiares, de amistad y de pareja emergen como refugios posibles a partir de los cuales alivianar la carga que las grandes transformaciones macrosociales imprimen a los individuos.

Cuando los afectos soportan

La presencia de políticas informales de privatización de los cuidados, ante el retraimiento del Estado a través de sus canales institucionales, permiten visibilizar las carencias materiales que, a pesar de su crudeza, no deben ocultar otro tipo de incertidumbres más vinculadas a la existencia de los jóvenes entrevistados. Es así como, frente a una imposibilidad de recurrir a soportes de tipo material o al menos de recurrir en menor medida a ellos, los soportes asociados a lo afectivo resultan en el recurso propio de mayor importancia del cual disponer o, en todo caso, anhelar. Sin embargo, es necesario precisar que esos lugares de resguardo se encuentran afectados por tensiones que exponen el carácter inestable y frágil de tales refugios afectivos.

En los relatos de los jóvenes entrevistados podemos destacar una serie de variantes vinculares en que las relaciones afectivas íntimas y cercanas cobran una notoria y expresa relevancia para los individuos que las narran. Partiendo de estas premisas, a continuación analizamos cómo las relaciones próximas se constituyen en refugios afectivos que encauzan las elecciones de rumbo en la vida. Las relaciones fraternales que se establecen con niños, hijos y/o sobrinos; los procesos de constitución y ruptura de las parejas y las formas normativas de amar asociadas a dichos procesos relacionales anclan en estos jóvenes condiciones de sobrevivencia. A propósito de ello, nos comentaba Lili con relación a sus hijos: