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«Descárgate una aplicación —prosigue Sarah—. Empieza a escribirles. Espera y mira a ver qué pasa. No tienes nada que perder, pero puedes encontrar a la vieja Vanessa otra vez muy dentro de ti. Yo la he echado de menos». Vanessa lleva cuatro meses separada de su marido. No ha sido una ruptura traumática en absoluto y por encima de todo han priorizado la felicidad de sus hijos, cuya compañía se reparten semana sí, semana no. La mejor amiga de Vanessa le dice que es momento de que se reencuentra con su antiguo yo, de que salga y conozca nuevos hombres. Vanessa se da cuenta de que es el momento de reencontrarse y, simplemente, disfrutar.
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Seitenzahl: 26
Veröffentlichungsjahr: 2020
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B. J. Hermansson
LUST
Semana sí, semana no
Original title:
Varannan vecka
Translated by Cymbeline Núñez
Copyright © 2019 B. J. Hermansson, 2020 LUST
All rights reserved ISBN 9788726313499
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
—¿Llevas la sudadera con capucha roja? —Vanessa le pregunta a su hijo.
— Sí, mamá.
— ¿Has guardado los impermeables? Papá dice que os vais al campo mañana.
— Sí, mamá.
— Entonces me parece que eso es todo…
— Se te olvida algo —Tim la mira con una mirada traviesa.
— ¡Los libros del colegio! ¿Los has guardado?
— Claro que sí, mamá.
Tim ya se marcha primero a casa de un amigo y luego a casa de su padre, el ex de Vanessa Harding. Acaba de despedirse de Tiffany, su hija mayor. Una vez más, está a solas. Es viernes y los niños han estado con ella una semana. En las semanas impares los niños se quedan en casa de su padre y en las semanas pares, se quedaban con ella. Así que ahora les toca ir de vuelta con él. Ella sabe que no les pasará nada malo, no se morirán de hambre y no les faltará de nada, estarán bien cuidados por su padre, que dará prioridad a su bienestar por encima del suyo propio. Hará cosas con ellos, les preguntará como están y estará para ellos igual que estuvo para ella.
Finalmente se fueron distanciando. Se conocieron en el instituto y fueron pareja desde entonces hasta hace cuatro meses. La decisión fue conjunta, no necesitaron más palabras y ninguno de los dos podía culpar al otro. La vida les había llevado ahí. El tiempo, dijeron ellos, se había cobrado su precio y se habían ido separando y habían cultivado intereses nuevos de forma separada. Quisieron hacer algo antes de que sufrieran los niños. Ninguna conmoción. Nada de gritos, llantos o lágrimas, nada de uno negándose a hacer esto o lo otro o gritarles para decirles que eran egoístas y que necesitaban poner a los niños por delante. Se lo habían esperado puesto que ambos eran hijos de padres divorciados y así es cómo habían reaccionado cuando sus propios padres les habían dicho que se separaban y que uno de los dos se mudaría de casa.
—Solo queremos que seáis felices.
Es lo que los niños les habían dicho. Niños con talento, listos e intuitivos que habían criado juntos para ser individuos sensatos. Aunque Tim solo tenía diez años y Tiffany trece, eran muy sabios y reflexivos para su edad.
