Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Reunidas por primera vez en un solo volumen y tras dos años de ambicioso y cuidado trabajo editorial, ven la luz un total de diecisiete piezas teatrales, en su gran mayoría inéditas, que se encontraban hasta ahora dispersas en distintos archivos personales e institucionales. Mil páginas de unas obras desafiantes y revolucionarias que acabaron prohibidas por la censura y obligaron a su autor al exilio. En ellas ya se prefiguran algunos de los temas, tramas y personajes que más tarde caracterizarán también su narrativa, así como una destreza que él mismo consideraría crucial en su escritura: el dominio de los diálogos. En su teatro se pueden distinguir dos etapas. La primera, aún en España, se caracteriza por sus ecos de picaresca, esperpento y voces lorquianas. En la segunda, ya en Francia, se acerca al teatro del absurdo y al surrealismo. Su escritura es una intersección entre tradiciones, que aúna transgresión y lirismo. La alegoría le sirve de recurso para reflejar la sociedad del momento, pero también trascenderla en un revelador análisis atemporal de los mecanismos del poder y su contrapunto: figuras disidentes que señalan las fisuras y rompen los tabúes para vivir de acuerdo a sus propias reglas. Listado de obras que contiene el volumen: Doña Frivolidad (1955), Unos muertos perdidos (obra perdida), Historia privada de un pequeño pueblo (1959), Verano (1959), Elecciones generales (1959-1960), Fedra en el sur (obra perdida), El tribunal, Prometeo Jiménez, revolucionario (1961), Diálogos de la herejía (1961; nueva versión 1980), El salón, Los gatos (1963), Balada matrimonial (1964-1965; nueva versión 1996), Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas (1965-1966), Mil y un mesías (1966), Adorado Alberto (1968), Prepapá (1968), Cena con Mr. & Mrs. Q. (1969; nueva versión 1996), Sentencia dictada contra P. y J. (1970; nueva versión 1993), Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas (1970-1972). «Tierra mía, país mío, haré como los viejos guerreros; no quedará en pie nada que recuerde al pasado, tu opio. Te arrasaré primero y luego te construiré. Tu próximo árbol no será el viejo árbol que dio sombra a tantas iniquidades. Será nuevo y dará sombra a verdades nuevas. Tu próximo pájaro no cantará en mañanas tristemente conocidas. Serán mañanas diferentes, alegres, con una tarea distinta. Una tarea humana que llevará al hombre al conocimiento de su fuerza, de su libertad, donde no quedará rencor ni sombra de esclavitud. Y te proyectarás con hijos verdaderos, que te conozcan y te superen. Tierra mía, país mío, espérame. Yo pienso en ti.» Lucio, Mil y un mesías. A. G. A.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 1366
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
TEATROOBRA COMPLETA
AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS
EDITORESMIGUEL LÁZARO GARCÍADAVID MARTÍN COPÉ
CABARET VOLTAIRE
2024
PRIMERA EDICIÓNseptiembre 2024
Publicado por
EDITORIAL CABARET VOLTAIRE S.L.
www.cabaretvoltaire.es
©2024 herederos de Agustín Gómez Arcos
©de esta edición, 2024 Editorial Cabaret Voltaire SL
IBIC: DD
ISBN-13: 978-84-19047-78-6
Producción del ePub
BOOQLAB
Dirección y Diseño de la Colección
MIGUEL LÁZARO GARCÍA
JOSÉ MIGUEL POMARES VALDIVIA
Cubierta: ©2024 Editorial Cabaret Voltaire SL
Esta obra ha recibido una ayuda a la
edición de la Comunidad de Madrid
Bajo las sanciones establecidas por las leyes, quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización por escrito de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico electrónico, actual o futuro -incluyendo las fotocopias y la difusión a través de internet-y la distribución de ejemplares de esta edición mediante alquiler o préstamo públicos.
En 2022 Cabaret Voltaire se planteó la necesidad de reunir y editar por primera vez la obra dramática completa de Agustín Gómez Arcos. El proyecto, ya de por sí ambicioso, se enfrentaba a priori con diversas dificultades: unos originales dispersos entre varios particulares e instituciones, una cronología con fechas no siempre ciertas, versiones diferentes de una misma obra y, en la mayoría de los casos, la ausencia de documentación que hubiera podido guiarnos fácilmente en la labor de edición.
De la extensa producción dramática de Gómez Arcos, con un total de veinte piezas teatrales catalogadas, hemos podido rescatar dieciocho, dando finalmente como perdidas, tras una larga e infructuosa búsqueda, dos de sus primeras creaciones: Unos muertos perdidos y Fedra en el sur. La comedia musical El rapto de las siamesas, realizada en colaboración con Enrique Ortenbach y Adolfo Waitzman, decidimos no incluirla en el presente volumen por no ser una idea original de Gómez Arcos ni estar escrita exclusivamente por él.
De las diecisiete piezas finales, fue fácil obtener cuatro de ellas, puesto que se habían editado con anterioridad en distintas publicaciones: Diálogos de la herejía, Los gatos, Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas e Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas.
En cuanto al resto de las piezas, la labor fue más ardua. Es justo nombrar aquí y agradecer la cuidadosa custodia que a lo largo de todos estos años ha realizado el actor y escritor Antonio Duque Moros, que ha conservado la única copia existente de nueve de ellas. Para obtener las que nos faltaban, hemos acudido a la Biblioteca Nacional de España, donde estaba depositada una copia de Prometeo Jiménez, revolucionario (facilitada por la profesora María Teresa Santa María Fernández); a la Universidad de Richmond, en Virginia, donde la profesora Sharon G. Feldman, experta en la obra de Gómez Arcos, puso a nuestra disposición Mil y un mesías, y al Instituto de Estudios Almerienses, que alberga una parte del legado documental del autor, depositado por su familia, y que nos proporcionó El salón y Prepapá.
Así, tras dos años de un esmerado y respetuoso trabajo de edición, os ofrecemos ahora, a lo largo de mil páginas, esta nueva ventana al universo de Agustín Gómez Arcos, habitado por una galería de personajes que ya se nos hacen imprescindibles y que configuran el germen de lo que más tarde sería la producción novelística del autor. Personajes que con esta edición esperamos salvar de la desaparición y el olvido, y que con un discurso más actual que nunca se abren paso al fin a través de estas páginas.
Hemos optado por ordenar las piezas teatrales cronológicamente, respetando el año de escritura, independientemente de la revisión, reescritura o reestructuración posterior. En los casos con diferentes versiones, siempre hemos optado por seleccionar la última firmada por el autor. Debemos prestar atención a una fecha que marcó toda su trayectoria, 1966, año del autoexilio, y que de alguna manera divide su producción teatral en un antes, con censura, pero sin acatamiento, y un después en libertad. Dejamos, pues, que sea el lector quien decida el orden para adentrarse en este visionario universo gomezarquiano.
DOÑA FRIVOLIDAD
UNOS MUERTOS PERDIDOS (PERDIDA)
HISTORIA PRIVADA DE UN PEQUEÑO PUEBLO
VERANO
ELECCIONES GENERALES
FEDRA EN EL SUR (PERDIDA)
EL TRIBUNAL
PROMETEO JIMÉNEZ, REVOLUCIONARIO
DIÁLOGOS DE LA HEREJÍA
EL SALÓN
LOS GATOS
BALADA MATRIMONIAL
QUERIDOS MÍOS, ES PRECISO CONTAROS CIERTAS COSAS
MIL Y UN MESÍAS
ADORADO ALBERTO
PREPAPÁ
CENA CON MR. & MRS. Q.
SENTENCIA DICTADA CONTRA P. Y J.
INTERVIEW DE MRS. MUERTA SMITH POR SUS FANTASMAS
TEATROOBRA COMPLETA
Yo cuando escribo teatro hago la guerra.
A. G. A.
Tierra mía, país mío, haré como los viejos guerreros; no quedará en pie nada que recuerde al pasado, tu opio. Te arrasaré primero y luego te construiré. Tu próximo árbol no será el viejo árbol que dio sombra a tantas iniquidades. Será nuevo y dará sombra a verdades nuevas. Tu próximo pájaro no cantará en mañanas tristemente conocidas. Serán mañanas diferentes, alegres, con una tarea distinta. Una tarea humana que llevará al hombre al conocimiento de su fuerza, de su libertad, donde no quedará rencor ni sombra de esclavitud. Y te proyectarás con hijos verdaderos, que te conozcan y te superen. Tierra mía, país mío, espérame. Yo pienso en ti.
LUCIO, Mil y un mesías. A. G. A.
En el fondo, lo que siempre defiendo es la libertad del ser.
A. G. A.
EL ESCULTOR
LA MODELO
DOÑA FRIVOLIDAD
LAS DOS MONJITAS (1 Y 2)
UNA SEÑORA DISFRAZADA DE SÍ MISMA
EL SEÑOR DE CIERTA EDAD
EL HOMBRE SIN CORAZÓN
EL ASESINO
EL CABALLERO JOVEN
UN SEÑOR EQUIVOCADO
EL DOCTOR
EL POLICÍA DE TRÁFICO
Estudio delESCULTOR, una mezcolanza casi fantástica de elementos de todas las épocas. Puerta exterior y puertas de acceso a la cocina y al cuarto de baño. Un gran ventanal al fondo a través del cual se ven, o mejor, se adivinan, el jardín y la calle.
En el momento de levantarse el telón es hora avanzada de una tarde de verano. La modelo posa con túnica corta y ceñida. ElESCULTORtrabaja.
ESCULTOR:(Se detiene un momento y contempla su obra.) Sí; será la diosa del movimiento, del vuelo, de la danza…, tal vez de la vibración. (A laMODELO.) ¿Qué le parece?
MODELO:(Extrañada.) ¿Mi opinión?
ESCULTOR: Claro está.
MODELO: Si me permite, yo…
ESCULTOR:(Atajándola.) ¡No; excusarse, no!
MODELO: Es que yo, la verdad, no…
ESCULTOR:(Como antes.) ¡Basta! Usted nunca habla, nunca dice nada que deba ser escuchado. Siempre frente a mí, en silencio, como si fuese muda.
MODELO:(Molesta.) Me trata usted con demasiada brusquedad. Quisiera…
ESCULTOR: Retirarse, ya lo sé. Pero no, no puede irse todavía. Y menos ahora que está enfadada. He de captar la expresión de su rostro. (Se le va acercando.) En estos momentos no parece usted un ángel, y me gusta. Da la impresión de un animal herido, con esos ojos que buscan la puerta… (Va de nuevo hacia la estatua.) ¿No me cree?
MODELO:(Sonriendo aliviada.) Me parece que mi rostro es completamente inexpresivo, sobre todo mis ojos. Casi podría decir que usted ve hacia dentro, hacia sí mismo… ¿Me explico bien?
ESCULTOR: ¡Maravillosamente! Pero no es eso. Usted es el alma, el aliento…
MODELO:(Burlona.) Sí; la vibración.
ESCULTOR: ¡Exacto! La vibración de todo lo que busco, usted lo ha dicho. (Mientras reanuda su trabajo.) Pero me contraría su burla, diosa. ¿Quiere gastar su ingenio en mi contra? Le ruego que no lo haga. Seguramente yo no podría soportarlo. Me gusta usted más cuando es sencilla. En usted la sencillez, esa difícil cualidad, es como el latido de sus pulsos: algo muy natural. Su mayor atractivo es ése. Y usted, a pesar de saberlo, se esfuerza en ser frívola y no es capaz de estimularse. ¡Ah, es usted un tesoro oculto! ¡Dichoso el que la descubra!
MODELO:(Irónica.) ¿Con quién habla?
ESCULTOR: Con usted. La conozco muy bien.
MODELO: ¿Quiere alentarme al suicidio?
ESCULTOR: Desde luego que no. ¿A qué viene eso ahora?
MODELO: Me ofrece un panorama de mí misma que…
ESCULTOR: ¿Que le desagrada?
MODELO:(Categórica.) Sí.
ESCULTOR:(Se acerca a ella y le toma una mano.) No es usted seria. Me gustaría enseñarle seriedad.
MODELO:(Burlona.) ¿De esta manera? Es usted un hombre muy poco serio.
ESCULTOR: ¿Sería capaz de rechazarme?
MODELO:(Retirando la mano.) ¡Y de morderle!
ESCULTOR: ¡Qué atrocidad! ¿Sabe cómo criticaría mi amiga su actitud?
MODELO: ¿Qué amiga?
ESCULTOR: Sabe usted cuál. La del pelo rojo como una llama.
MODELO:(Irónica.) ¿Se refiere usted a esa mujercita frívola de bellos ojos?
ESCULTOR: (Divertido.) ¿Frívola?
MODELO: ¡Como un demonio!
ESCULTOR: ¡Qué expresión!
MODELO: Oh, no se extrañe. Es un dicho familiar. Así hablaba mi madre. Cualquier cosa la comparaba siempre con un demonio. Decía «hermosa como un demonio» y «fea como un demonio», y todo así. Yo he heredado esa costumbre. No me dirá que no es bonita.
ESCULTOR: ¿Y…?
MODELO: ¿Y qué?
ESCULTOR: Y… lo que sea. Continúe hablando. Me gusta oírla. Es como escuchar el ruido del mar, casi como…
MODELO: ¡Basta ya! ¿Y si le oyera su dama?
ESCULTOR: ¿Mi dama?
MODELO: Sí, sí, su dama; la del cabello…
ESCULTOR: … rojo como la lumbre, ya. Se refiere usted a doña Frivolidad. Me fastidia.
MODELO: ¿Doña Frivolidad?
ESCULTOR: Así la llamo yo. Voy a casarme con ella.
MODELO: ¿Por eso le fastidia?
ESCULTOR: Casarse con una mujer como mi amiga es algo así como una jugada a vida o muerte. No la conoce usted. Es posible que hasta se quede dormida el día de la boda.
MODELO: Así se libraría usted de ella.
ESCULTOR: Lo malo es que reincidiría.
MODELO: ¿Quién? ¿Ella?
ESCULTOR: ¡No! Yo.
MODELO: Entonces, ¿de qué se queja?
ESCULTOR: De lo irremediable.
MODELO: Bueno. De todas maneras, si no tiene arreglo, pienso en lo hermoso que es casarse.
ESCULTOR: Sí; la ceremonia es algo regio. Me gustaría casarme con usted.
MODELO: ¿Conmigo? ¿Y ella?
ESCULTOR:(Sorprendido.) Ella es la amante. Y un hombre jamás debe casarse con su amante. Es una deslealtad.
MODELO: ¡Me escandaliza!
ESCULTOR:(Intentando abrazarla.) ¡Me apasiona!
MODELO:(Huye de él, se coloca un abrigo sobre los hombros y corre hacia la puerta.) Es muy tarde ya. Me espera un hombre.
ESCULTOR:(Con dolor un tanto burlón.) ¡Cruel!
MODELO: ¡Adiós! Usted me subyuga.
ESCULTOR: ¿Por qué no se queda al baile?
MODELO: ¿Qué baile?
ESCULTOR: El de disfraces.
MODELO: ¿Aquí?
ESCULTOR: Aquí mismo. Esta noche.
MODELO: ¿Y mientras tanto?
ESCULTOR:(Con definida intención.) Podemos… hablar.
MODELO:(Decidiendo ante una duda interior.) No. No me quedo.
ESCULTOR: ¡Dios mío!
MODELO: Oh, no se aflija, buen hombre.
ESCULTOR: ¡Dios mío!
MODELO: Por favor, no se apene.
ESCULTOR: ¡Dios mío!
MODELO: Está bien. No me voy.
ESCULTOR:(Avanzando hacia ella.) ¡Se queda!
MODELO: ¡Por lo que más quiera, no se me acerque!
ESCULTOR: Sea mi musa. (E intentando otra vez abrazarla.) Se lo pido, se lo ruego, se lo…
MODELO:(Escapando.) ¡Basta! (Luego.) Vendré. Le prometo que ven dré.
ESCULTOR:(Desencantado.) ¿Pero se va? ¿No dijo antes que se quedaba?
MODELO: Volveré disfrazada. Será lo mejor.
ESCULTOR: ¿Cuándo?
MODELO: A la hora exacta del baile.
ESCULTOR: ¿Vendrá sola?
MODELO: Tal vez. (Desaparece con la ligera rapidez de la comedia del arte. Este diapasón regirá la mayor parte de la comedia.)
ESCULTOR:(Extático, con la burla requerida en la actitud juvenil de un hombre entrado ya en años.) ¡Amor, amor, amor!
En ese momento entraDOÑA FRIVOLIDADpor la misma puerta por la que ha desaparecido laMODELO. Hará su aparición de manera tal que queda defi nida de una vez para siempre.
FRIVOLIDAD: ¿Me llamabas?
ESCULTOR:(Un tanto decepcionado.) Tu nombre es amor.
FRIVOLIDAD: Y es el único objeto para el que he nacido.
ESCULTOR: Por eso lo ejercitas a tu gusto.
FRIVOLIDAD: No seas vulgar, querido.
ESCULTOR:(De mala gana.) Perdona. No he querido herirte.
FRIVOLIDAD: Todo lo haces sin querer. Me encanta tu inconsciencia.
ESCULTOR: Y a mí tu puntualidad… y tu lealtad.
FRIVOLIDAD: ¿Yo leal? ¡Me ofendes!
ESCULTOR:(Volviendo al trabajo.) Ya.
DOÑA FRIVOLIDADda unas vueltas como para lucir su vestido. Se detiene junto al
ESCULTOR, lo abraza y se aparta de él.
FRIVOLIDAD: ¿Te gusta mi vestido? (Se contempla en un espejo.)
ESCULTOR:(Sin mirarla.) ¿Qué es?
FRIVOLIDAD: Una mariposa
ESCULTOR:(Entre dientes.) Lo comprendo.
FRIVOLIDAD:(Distraídamente, frente al espejo.) ¿Qué?
ESCULTOR:(Igual.) ¿He dicho algo?
FRIVOLIDAD: Quizá cantaras.
ESCULTOR: Sí; cantaba.
FRIVOLIDAD: ¿Cómo lo sabes?
ESCULTOR: Tú acabas de decírmelo.
FRIVOLIDAD: ¿Yo? ¿Pero es posible?
ESCULTOR:(Volviéndose hacia ella furioso.) ¿Quieres dejar de ser incoherente?
FRIVOLIDAD: ¡Dios mío! ¿Te enfadas conmigo?
ESCULTOR: ¡No!
FRIVOLIDAD:( Yendo hacia él y haciéndole carantoñas.) Amorcín, amorcín, ¿te enfadas conmigo?
ESCULTOR:(Suspira largamente.) ¿Por qué has venido tan temprano?
FRIVOLIDAD: ¿Temprano? ¡Pero si son las ocho y media!
ESCULTOR: Todavía queda casi una hora de luz.
FRIVOLIDAD: ¿Tanto? Perdóname, corazón. Olvidé que era verano.
ESCULTOR:(Enfureciéndose por momentos.) Una hora que yo podía trabajar.
FRIVOLIDAD: ¡Qué hermoso es el verano! ¿Verdad? El trigo madura, la gente se broncea…
ESCULTOR:(Como antes.) Y el baile no es hasta las once.
FRIVOLIDAD: Pero qué pena que los días sean tan largos. No se acaban nunca. ¡Egoístas! No le dejan tiempo a la noche, a la pobrecita noche.
ESCULTOR:(Como antes.) ¿Quieres hablar de lo mismo que hablo yo?
FRIVOLIDAD: ¿Me prohíbes que hable del verano?
ESCULTOR: ¡¡Sí!!
FRIVOLIDAD: ¡No me dejas que hable de lo que me gusta, no me dejas que haga lo que quiero, no me dejas que ame a quien amo!
ESCULTOR: ¿A quién amas ahora?
FRIVOLIDAD:(Acercándosele.) Ahora y siempre… a ti.
ESCULTOR:(Decepcionado.) No es una novedad.
FRIVOLIDAD: Y tú me esquivas… A mí, la frívola, la elegante, la apetecida, me esquivas tú, ¡grosero!
ESCULTOR: Amor mío, ¿por qué no te vas y vuelves a las once… o a las doce?
FRIVOLIDAD: Ni pensarlo… He venido para quedarme y me quedaré.
ESCULTOR: Está bien. Como quieras. Déjame al menos trabajar.
FRIVOLIDAD: Tampoco puedes echarme de tu casa.
ESCULTOR: Tampoco.
FRIVOLIDAD: Se armaría un gran escándalo social. «El famoso escultor Fulano de Tal ha roto sus relaciones con su antigua amante, Menganita de Cual.»
ESCULTOR: Ya te encargarías tú de que fuese de boca en boca.
FRIVOLIDAD: No te quepa duda. (Transición.) Los invitados llegarán muy pronto.
ESCULTOR: ¿Cómo?
FRIVOLIDAD: Muy pronto.
ESCULTOR: ¡Esto es la locura!
FRIVOLIDAD: ¡El amor!
ESCULTOR: ¡La locura!
FRIVOLIDAD: ¡Tú eres mi locura!
ESCULTOR: Me meteré en un manicomio, si quieres, pero déjame en paz.
FRIVOLIDAD: ¡Vulgar!
ESCULTOR: ¿Otra vez con eso?
FRIVOLIDAD: Y mil más…, pero mil veces más que te adoro.
ESCULTOR: Lo sospechaba.
FRIVOLIDAD: Dicen que los polos opuestos se atraen.
ESCULTOR: Sí; en física es una ley.
FRIVOLIDAD: ¿Y entre tú y yo? (Se oye el timbre de la puerta.) ¡Mira, ya están ahí los invitados!
ESCULTOR: ¡Dios me ampare! ¿Es que no pueden dejar que un hombre honrado trabaje en paz?
FRIVOLIDAD: ¿No te das cuenta? ¡Vendrán disfrazados! ¡Oh, ardo en deseos de verlos!
ESCULTOR: Yo no.
FRIVOLIDAD: Ya lo sabía. Porque a ti te basta conmigo, ¿verdad?
ESCULTOR: Y me sobra.
FRIVOLIDAD: ¡Así soy yo! Desbordo por encima de todo, de ti…
(Nuevo timbrazo.)
ESCULTOR: Anda a abrir.
FRIVOLIDAD: Te adoro.
ESCULTOR: ¡Abre la puerta!
FRIVOLIDAD: ¿Me temes?
ESCULTOR:(Gritando.) ¿Quieres abrir de una vez?
FRIVOLIDAD:(Riendo a carcajadas se dirige a la puerta y la abre.) ¡Oh! ¡Pero no, no, no se vayan ustedes! ¡Pasen!
Entran lasDOS MONJITAS. En principio nada resueltas.
MONJA 1: Encontramos la puerta del jardín abierta, la hemos cerrado y hemos subido. Pero aquí gritaban… Si somos inoportunas…
FRIVOLIDAD:(Las mira embobada, creyendo que vienen disfrazadas. No presta oído a sus palabras.) ¡Pero qué original! ¡A mí nunca se me hubiera ocurrido! (AlESCULTOR.) ¿Te has dado cuenta? (Las mira de nuevo.) ¡Qué maravilla! Van ustedes a dar el golpe, se lo aseguro. ¡Es de asombro!
MONJA 2: (Mira a su compañera y hace un gesto de incomprensión; luego:) Perdone, señora. Nosotras somos…
FRIVOLIDAD:(Interrumpiéndola.) Oh, no importa nada quiénes sean ustedes, no faltaba más. Hemos decidido que ninguno de nosotros use esta noche su verdadero nombre. ¿No les resulta fastidioso el nombre de todos los días? La cara puede cambiar…, no sé, una crema, un nuevo peinado; pero el nombre… Todos los días de la vida llamándose Juana…, o Joaquín… ¡Qué horror!
ESCULTOR:(Impaciente.) Pero, querida, ¿tú crees que estas señoras vienen disfrazadas?
FRIVOLIDAD: ¡Pues claro que sí! ¿A qué si no iban a venir dos monjas a esta casa? (ElESCULTORva a decir algo, pero ella se le adelanta.) ¡Y no me interrumpas! ¿De verdad nunca te has sentido hastiado de tu propio nombre? ¡No me mientas! ¿Nunca?
ESCULTOR: ¿Pero por qué vuelves a eso?
FRIVOLIDAD: ¡Contesta!
ESCULTOR: Pues sí…, alguna vez… me he sentido hastiado de muchas cosas. Entre ellas, de mi nombre y del tu…
FRIVOLIDAD:(Cortándolo, a lasMONJAS.) ¿Lo oyen ustedes? ¡Alguna vez! ¡Exactamente lo que yo les decía!
MONJA 1: Comprendo, señora, que el propio nombre pese de cuando en cuando, pero…
FRIVOLIDAD: ¿A ustedes también? Entonces convendrán conmigo en que es una estupenda idea el que lo cambiemos.
ESCULTOR:(Cada vez más exasperado.) Amor mío, creo que una cosa así no es razón suficiente para hacer de ella un tema de conversación y menos aún una controversia.
FRIVOLIDAD:(Gritando.) ¡Tú nunca quieres hablar de nada! ¡Ni del amor, ni del tiempo, ni siquiera de los nombres! ¡Oh, eres fastidioso…!
ESCULTOR: ¡Pero Cecilia…!
FRIVOLIDAD: ¡No! ¡Mi nombre, no! Por favor. Ya sabes las reglas: esta noche ni un solo nombre. Concédemelo, cachorrín.
MONJA 2: (A laMONJA 1.) ¡Cuánto se quieren!
MONJA 1: (Haciendo ademán de retirarse.) Si ustedes nos permiten…
FRIVOLIDAD: ¡De ninguna manera! Verán ustedes. Lo primero es decidir los nombres que usaremos cada uno esta noche. (A laMONJA 2.) Usted, por ejemplo, que es tan joven, se llamará la «monjita joven», y usted, por su edad, la «monja…».
ESCULTOR:(Escandalizado.) Pero querida…
FRIVOLIDAD: Oh, es verdad; perdóname. Creo que he dicho una inconveniencia, ¿no es eso? No sé cómo excusarme…
MONJA 1: (Irónica.) No se preocupe, señora. Crea que, para mí, el no ser ya joven no es una razón de vanidad; muy al contrario.
FRIVOLIDAD:(Acusando el golpe, pero encajándolo.) ¡Extraordinario! Por fin me tropiezo con una mujer que no ha desperdiciado sus…, sus muchos años. ¿Cómo no nos conocimos antes?
MONJA 2: Pues verá, las rejas del convento…
ESCULTOR:(Mirándola asombrado.) ¡Maravilloso! Muy en su papel, se lo aseguro.
MONJA 2: (AlESCULTOR.) ¿Ya no está usted enfadado? (ADOÑA FRIVOLIDAD.) Si nos permite, hermana, nosotras debemos…
FRIVOLIDAD: ¡Oh, encantadora frivolidad! Vienen ustedes decididas a ser las heroínas de la fiesta. ¡Estupendo, queridas! Les aseguro un éxito rotundo. (AlESCULTOR.) ¿Por qué no les sirves una copa? (A lasMONJAS.)¿Coñac? ¿Menta? (LaMONJA 2 se horroriza en gesto. Ella se va muy decidida al mueble bar.) Díganme qué prefieren, por favor.
MONJA 2: (Más escandalizada todavía.) ¿Quééé?
ESCULTOR:(Siguiendo el juego, que empieza a divertirle.) ¿Coñac? ¿Menta? ¿Tal vez whisky?
MONJA 2: (Desesperada, a laMONJA 1.) Pero hermana…
MONJA 1: Déjelo, hermana. El servicio de Nuestro Señor justifica a veces estas pequeñas cosas. ¿Qué prefiere: coñac o menta?
MONJA 2: ¡Hermana, por Dios, yo nunca he bebido!
MONJA 1: Yo sí.
MONJA 2: ¡Me escandaliza, hermana!
MONJA 1: No juzgue demasiado aprisa, hermana. Olvida que tenía treinta años cuando entré en el convento. ¿Qué cree que hice hasta entonces?
MONJA 2: ¡Digo yo que no sería beber!
MONJA 1: Entre otras cosas.
MONJA 2: ¡Dios nos asista!
ESCULTOR:(Regresando con dos copas que ha tomado deDOÑA FRIVOLIDADen el mueble bar.) ¡Estupendo, hermana! Es usted una neoconversa… o algo parecido, ¿verdad?
MONJA 1: El corazón está siempre dispuesto a recibir una llamada del Señor. Yo tenía las puertas de mi corazón cerradas y oí unos aldabonazos. Me asomé a ver qué sucedía, quién me llamaba, y me encontré con la maravilla de Su voz.
FRIVOLIDAD:(Regresando con dos copas, una de las cuales da alESCULTOR.) ¿De qué voz hablan?
MONJA 2: La hermana habla de la voz de Nuestro Señor.
FRIVOLIDAD: ¡Interesantísimo! Es un tema que siempre me ha apasionado. Tiene algo de ocultismo, ¿verdad? ¿Lo discutimos? (Transición.) Pero ¿por qué no beben?
MONJA 1: (Bebe rápidamente del contenido de su copa y anima con un gesto a hacer lo mismo a laMONJA 2.) Si ya lo hacemos.
MONJA 2: (Cierra los ojos y se dispone a beber.) ¡Todo sea por Dios!
ESCULTOR: Bien, amigas mías. Y ahora, puesto que ya hemos roto el hielo, hagamos un brindis. (Alza su copa.) Brindemos por la prosperidad de nuestras vidas y por la salvación de nuestro amor…
FRIVOLIDAD: ¿Cómo has dicho?
ESCULTOR: Por la prosperidad…
FRIVOLIDAD:(Interrumpiendo.) No, no; lo segundo.
ESCULTOR: Por la salvación de nuestro amor.
FRIVOLIDAD: (Sonriente.) ¿Me incluyes?
ESCULTOR: Pues… sí.
FRIVOLIDAD: ¿Tan dudosamente?
ESCULTOR: Debo de estar un poco borracho.
MONJA 1: Lo que quiere decir, señora, que tiene usted que perdonarlo.
FRIVOLIDAD: ¡Pero si no ha bebido!
MONJA 2: ¿De verdad? (Transición.) Oh, perdón.
FRIVOLIDAD: Tan sólo esta copa.
MONJA 2: Quizá sea suficiente. ¿No es así, señor?
FRIVOLIDAD: No lo crea. Aguanta muy bien.
MONJA 2: (Con ingenuidad.) Pues es difícil.
FRIVOLIDAD: ¿O acaso…?
ESCULTOR: ¿O acaso qué?
FRIVOLIDAD: Acaso bebiste antes.
ESCULTOR:(Perdiendo de nuevo la paciencia.) ¿Antes de qué?
FRIVOLIDAD: Antes de venir yo.
ESCULTOR: Antes de venir tú estuve trabajando. No he descansado un momento en toda la tarde. Y pensaba continuar, pero…
FRIVOLIDAD: Pero aquella mujer se fue demasiado pronto.
ESCULTOR: ¿Qué mujer?
FRIVOLIDAD: No te hagas el tonto. La modelo.
MONJA 1: Si ustedes permiten…
MONJA 2: ¡Sí! Podemos irnos.
ESCULTOR:(Rabioso.) ¡Desde luego que no! Vayan ustedes aprendiendo lo que es la locura de una de sus congéneres.
MONJA 2: (A laMONJA 1.)¿Con… qué?
MONJA 1: Calle, hermana.
ESCULTOR: ¡Una mujer celosa es inaguantable!
FRIVOLIDAD: ¿Celos, querido? ¿Celos yo? No, no digas eso, por favor.
ESCULTOR: ¿Cómo es posible casarse con una mujer como tú, comida por el gusano de la sospecha?
FRIVOLIDAD: ¿Casarte conmigo? Esto parece un cuento infantil.
ESCULTOR: Sí, contigo. ¡Contigo! De eso estuve hablando con la modelo esta tarde.
FRIVOLIDAD: ¡Ah, caramba! ¿De modo que hablando con ella… y sobre nuestra boda? (Con resquemor.) ¿Y habías pensado en mí para tomar esa decisión? ¿Me habías consultado?
ESCULTOR:(Estupefacto.) ¡Pero si lo estás deseando!
FRIVOLIDAD: ¿Yo? ¡Ja, ja, ja! (Ríe contenidamente los momentos que dura el diálogo entre lasDOS MONJITAS.)
MONJA 2: (Aparte a laMONJA 1.)Hermana, por lo que más quiera, vámonos. Nos hemos metido en el mismísimo infierno.
MONJA 1: Aprenda, hija mía, no sea que después la coja por sorpresa el infierno verdadero.
MONJA 2: Hermana, no diga esas cosas. ¡No es posible que nosotras…!
MONJA 1: ¿Que no es posible? Más cerca de él estamos nosotras que ninguna otra persona. Nuestra virtud ha de ser como una montaña, no como un grano de arena.
MONJA 2: ¡Aquí no la agrandaremos, por cierto!
MONJA 1: ¿Y usted qué sabe, chiquilla? Ahora cállese.
FRIVOLIDAD:(Riendo frente alESCULTOR.) ¡Vanidoso! ¡Mi querido vanidoso! (Ríe más.)
ESCULTOR: ¡No vuelvas a reírte! ¡Ya está bien!
FRIVOLIDAD: ¿Pero quién te ha dicho a ti que yo estuviera deseando casarme contigo?
ESCULTOR: Entonces…, ¿a qué vienen todas esas escenas de celos…?
FRIVOLIDAD: No son celos, amor mío. Es fastidio. (A lasMONJITAS.) ¿Lo ven, queridas? Es deliciosamente ingenuo. Pues así son todos. Aprecian tanto su propia persona que se figuran que en lo único que piensa cualquier mujer que se les acerca o les hace caso es en cazarlos cuanto antes… o en hacer a cada paso una demostración de los irrazonables y furiosos celos femeninos.
ESCULTOR: ¡Qué estupidez!
MONJA 1: (A DOÑA FRIVOLIDAD.)Perdóneme…; pretendo inmiscuirme en sus asuntos privados.
ESCULTOR: ¿Privados? ¡Ya lo está usted viendo!
FRIVOLIDAD: ¡Deja hablar a las señoras!
MONJA 1: Si no me equivoco, todo…, todo esto ha venido por la presencia en esta casa de una mujer que no es usted, ¿cierto?
MONJA 2: (A media voz.) Hermana, no se meta en estas cosas.
FRIVOLIDAD: Oh, precisamente una mujer, lo que se dice una mujer, pues…
MONJA 1: ¿Y qué es esa mujer?
FRIVOLIDAD: A eso me refería. En realidad, no es nada. Una modelo.
ESCULTOR: Una mujer como otra cualquiera. No veo que tenga nada de particular el ser modelo.
MONJA 1: Desde luego que no.
FRIVOLIDAD: Pero, querida, lo que yo quiero decir es que salió demasiado aprisa. Ya ve; chocó conmigo en el rellano de la escalera del jardín. Y ni siquiera cerró la puerta al salir.
MONJA 1: Entonces, quiere dar a entender que huía de algo, ¿no es eso?
FRIVOLIDAD: ¡Exactamente! A eso iba yo. Una pregunta, querida: ¿estudió usted Psicología?
ESCULTOR: ¡Bah! Siempre con sus incongruencias… No le haga caso, por favor.
FRIVOLIDAD: No seas brusco, querido. Estás hablando con señoras. Tienes el defecto de olvidarlo siempre. (A laMONJA 1.)Conteste a mi pregunta, amiga mía.
MONJA 1: Desde luego que no, señora; no estudié Psicología. ¿Por qué lo pregunta usted?
FRIVOLIDAD: Ah, pues si quiere que le diga, la verdad es que ya no recuerdo por qué… (AlESCULTOR.)¿Ves? ¡Esto sacas interrumpiéndome cuando yo hablo! ¡Dios mío! ¡Cuándo aprenderás a tener urbanidad!
ESCULTOR:(Entre dientes.) Si quieres, puedo decirte por qué hacías esa pregunta. A mí no se me ha olvidado.
FRIVOLIDAD: No me vengas con tu buena memoria. Siempre lo mismo. Hablemos de otra cosa.
MONJA 2: (Rápidamente.) Si nos permite, señora, nosotras debemos retirarnos.
FRIVOLIDAD: ¡Pero no! Quédense. (En otro tono.) Se lo suplicamos: quédense. Lo cierto es que nos hemos portado muy mal con ustedes.
ESCULTOR:(Con no mucho entusiasmo.) Y estamos dispuestos a una reparación. ¿Cuál debe ser?
MONJA 1: (Con simpatía.) Ya les diremos cuál debe ser la penitencia.
MONJA 2: Pero es que las puertas del convento las cierran a las nueve.
FRIVOLIDAD: Me gusta su buen humor, queridita. Se quedarán, ¿verdad?
MONJA 1: La hermana portera es amiga nuestra. No le importará abrirnos un poco más tarde.
FRIVOLIDAD: Les prometo llevarlas en mi coche en cuanto acabe la fiesta.
ESCULTOR: Llenaré de nuevo sus copas. Recuerdo que habíamos empezado un brindis que no terminamos. (Llenando las copas.) A ver si ahora no tenemos nuevas interrupciones. (DOÑA FRIVOLIDADríe. Él regresa con las copas.) Brindemos por…
Alzan todos las copas.
FRIVOLIDAD: ¿Por qué, querido?
ESCULTOR:(Mirándola.) Por la mejor felicidad de nuestras vidas.
LaMONJITA 2,deliberadamente y sin que nadie la vea, arroja el licor de su copa, probándolo antes levemente. LaMONJA 1se lleva su copa a los labios, untándolos apenas con su contenido.
MONJA 1: Sí; por la felicidad de las vidas del mundo entero. Por que la muerte no se nos acerque en mucho tiempo. Por que escuchemos las voces que continuamente suenan en nuestros oídos, sin olvidarnos de ninguna de sus palabras.
MONJA 2: También por los niños huérfanos de nuestro hospicio, hermana.
MONJA 1: También.
FRIVOLIDAD: ¿Cómo han dicho?
MONJA 1: Somos hermanas de la caridad, señora.
ESCULTOR: Este licor es una maravilla. Suelta la lengua con una rapidez increíble.
FRIVOLIDAD: ¿Hermanas de la caridad? ¡Qué gracia!
MONJA 2: Si viera a los niñitos del hospicio… Parecen angelotes de gordos y lindos que son.
MONJA 1: Hoy salimos del hospicio, como hacemos todos los días, a pedir dinero para nuestros pequeños.
FRIVOLIDAD: (Medio en serio, medio en broma, confundida casi con la identidad de lasMONJITAS.) ¡Dios mío! ¡Qué maravilla de mujeres! ¿Y la gente da dinero para esas cosas?
MONJA 1: Pues sí; dan algo.
ESCULTOR: No olvides que la caridad está de moda hoy día.
MONJA 2: No lo crea, señor. Algunos no dan ni una perrilla. ¡Son más tacaños!
MONJA 1: Calle, hermana. No se debe hablar mal del prójimo.
ESCULTOR:(Con sorna.) Desde luego que no, hermana. Todo eso lo castiga Dios. Hay que hacerse un nudo en la lengua.
MONJA 2: Les pido perdón. Y pido humildemente perdón a Dios por lo que he dicho antes, pero…
FRIVOLIDAD: No se preocupe, querida. Hoy estamos de fiesta. Nos podemos permitir ciertos lujos.
MONJA 1: Excusada, hermana.
MONJA 2: (Con cierta vehemencia.) Pero lo que yo quiero decir es que la culpa es de ese licor que me ha dado usted antes, señor. ¡Es tan fuerte!
ESCULTOR: No me diga, hermana. ¡Pero si era menta!
MONJA 2: ¡Pues parecía vino!
MONJA 1: (Sonriente.) Hermana, cállese. Cédanos la palabra.
MONJA 2: Ave María Purísima.
MONJA 1: Sin pecado concebida.
MONJA 2: Amén.
FRIVOLIDAD: ¡Ah, son ustedes encantadoras! ¡Ni en el teatro sale tan bien!
MONJA 1: La realidad es algo que se impone.
ESCULTOR:(Más serio.) Veo que están decididas a que nos creamos que son auténticas religiosas.
MONJA 2: ¡Podemos enseñarles nuestros escapularios!
FRIVOLIDAD: ¡Pero cuántas tonterías dicen ustedes! Esto es un baile de disfraces y no consiento que nada de lo que haya en él sea auténtico. ¡Todo falso! ¡Todo ficticio! ¡Todo enmascarado, sonriente, luciendo la limpieza de sus deseos, fingiendo hermosura, locura, vehemencia! Es mi baile, ¿me oyen?, ¡es mi farsa! ¡La farsa de doña Frivolidad!
ESCULTOR: Oye, amor mío, ¿no crees que has bebido demasiado coñac?
FRIVOLIDAD: No, no lo creo. Ni tú tampoco. Sabes que estoy más cuerda que nunca, y plenamente metida en el centro de mi alegría. Pero me tienes miedo.
ESCULTOR: ¿Miedo? ¿Por qué dices eso?
FRIVOLIDAD: Sí; miedo. Porque hay cosas en mí que te inquietan. Porque no sabes cuál será mi última reacción. Porque carezco de lógica…
ESCULTOR: Ven, mujer; siéntate a mi lado. Aquí, en el sofá. (A las
MONJITAS.)Ustedes nos perdonarán, ¿verdad?
MONJA 2: ¡Siento que me ahogo! ¿Podemos salir a la terraza?
ESCULTOR: ¿A la terraza? ¿Qué se les ha perdido allí?
MONJA 1: La hermana teme ser indiscreta. Yo también. Con el permiso de ustedes, mejor nos marchamos. (Inician el mutis.)
FRIVOLIDAD: ¡De ninguna manera! (En otro tono.) Por favor, no hagan ustedes caso de lo que nosotros decimos y permítannos que las retengamos algún tiempo más. Ahora tengo curiosidad por saber si en realidad son ustedes así… o no son así. Me refiero a los hábitos. Esperarán a que vengan los invitados, ¿verdad? Ya apenas tardarán.
ESCULTOR: Creo que tienen ustedes razón, hermanas. Será preferible que se marchen. Los invitados han de tardar todavía. Es muy temprano.
FRIVOLIDAD: Te digo que no tardarán. Les insistí a todos en que vinieran antes de las once…, mucho antes. (A lasMONJITAS.) Así pues, no se irán ustedes, ¿eh? La gente que viene esta noche es toda muy simpática, ya verán. Contando con que vengan aquellos a quienes hemos invitado, cosa que, en realidad, muy pocas veces sucede…
ESCULTOR: Querida, por favor, estas señoras tienen prisa. ¿Sabes tú lo que es eso?
FRIVOLIDAD: ¿Quieres no interrumpirme cuando hablo? ¡Dichosa costumbre! (A lasMONJITAS.) Pero ya ven ustedes, cuando les cuento todas estas cosas de los invitados es que empiezo a creer que ustedes no lo son, lo que quiere decir que esos hábitos y esas tocas son de verdad.
MONJA 1: También podemos ser de aquellos a quienes no se invita, pero que de alguna manera se hacen con la invitación.
ESCULTOR: Olvídense de eso. No son más que tonterías.
FRIVOLIDAD: Desde luego que no. Ustedes o son o no son, pero nada de medias tintas. No puedo con la gente tibia. Me da jaqueca.
MONJA 2: Nuestro Señor tampoco podía con esas personas. Dijo: «A los tibios los vomitaré». ¡Figúrese!
ESCULTOR: ¿Daba también fiestas Nuestro Señor?
MONJA 1: (Muy seria.) Una observación de muy mal gusto.
ESCULTOR: No era observación, hermana; era pregunta.
MONJA 1: El mal gusto persiste.
MONJA 2: Yo diría la impiedad.
FRIVOLIDAD: ¡Y yo también! Miren, hermanas, para todas las cuestiones de iglesia…
MONJA 1: Perdón, señora; no son cuestiones de iglesia, sino de religión.
FRIVOLIDAD: Bueno, de religión… Pues, como le decía, para todo eso es un impío. ¡Dios le vomitará!
ESCULTOR: Pues… no sé, no sé. Eso no está incluido en la regla. Sólo dice que vomitará a los tibios. Y un impío no es un tibio.
MONJA 2: Suele hacer excepciones, señor.
FRIVOLIDAD: Bueno, concluyendo, no salgan ustedes a la terraza ni se vayan a ningún otro sitio. Quédense. Podemos hacer una colecta para sus niños entre nuestros invitados. ¿Qué les parece la idea?
MONJA 1: Excelente.
MONJA 2: ¿Darán mucho dinero?
FRIVOLIDAD: Ya me encargaré yo de que den bastante, querida. Oh, perdón… Con la costumbre… De ahora en adelante les prometo que les diré simplemente «hermanas». (Se oye un timbrazo.) ¡Oh, los invitados! ¡Ya están ahí! Es el timbre de la puerta del jardín. (A laMONJA 1.)¿Dijo usted que la había cerrado?
MONJA 1: Sí.
FRIVOLIDAD: Entonces, voy a abrir. ¡Quiero ser la primera en verlos!
ESCULTOR:(Adelantándose.) ¡Espera!
FRIVOLIDAD:(Deteniéndose.) ¿Qué?
ESCULTOR: Abriré yo.
FRIVOLIDAD: Pero nunca lo has hecho.
ESCULTOR: Hoy quiero hacerlo.
FRIVOLIDAD: Me extraña.
ESCULTOR: ¿Sí?
FRIVOLIDAD: ¡Es tan raro en ti!
ESCULTOR: ¿Tanto?
FRIVOLIDAD:(Dejando el juego.) Oye…
ESCULTOR: Dime.
FRIVOLIDAD: ¿Qué esperas encontrar detrás de esa puerta? Mejor dicho, ¿quién va a venir?
ESCULTOR:(Un tanto cínico.) El destino puede estar en cualquier sitio, querida. Detrás de la puerta, en la calle, aquí… Quizá haya varios destinos, y al hombre le toca escoger uno, uno solo. Yo quiero salir al encuentro del mío. En un momento se ha convertido dentro de mí en una especie de pasión indestructible.
FRIVOLIDAD: ¿Y yo?
ESCULTOR: ¿Tú?
FRIVOLIDAD: Sí; yo.
ESCULTOR: A ti te basta contigo misma. Me lo ha demostrado la experiencia. Anda, espérame. Nos jugamos el futuro a una sola carta. (La besa en la frente.) Vuelvo al momento. (Nuevo timbrazo.) Los invitados se impacientan. (Sale.)
DOÑA FRIVOLIDADse dirige lentamente hacia una mesita donde está el teléfono.
MONJA 1: ¿Qué va usted a hacer, señora?
FRIVOLIDAD:(Un tanto ausente.) Una llamada telefónica.
MONJA 1: (Intentando contenerla.) Por favor, hermana…, piense que detrás de las puertas, de todas las puertas de la vida, no sólo está la voz de otras mujeres o la presencia de otro amor; también está la llamada de Nuestro Señor… ¡Ya sabe usted lo que me sucedió a mí!
FRIVOLIDAD: No se canse, hermana. (Empieza a marcar.)
MONJA 1: (Insistiendo.) ¡Por Dios, señora, reflexione!
FRIVOLIDAD: Pero ¿por qué se pone así? ¿Qué piensa que voy a hacer?
MONJA 1: (Desesperada.) ¡Estoy segura de que hará algo irreparable, algo de lo que tendrá que arrepentirse!
FRIVOLIDAD: No, hermana; está equivocada. Sólo me propongo desentrañar el destino (mirando a la puerta por donde ha salido elESCULTOR), su destino…, por mí misma. (Al teléfono.) ¿Oiga? ¿Llamo al número del asesino?
LaMONJA 2se tapa la cara con las manos, laMONJA 1vuelve la cabeza tristemente yDOÑA FRIVOLIDAD,al teléfono, gesticula.
El mismo escenario, momentos después del acto anterior.
En escena,DOÑA FRIVOLIDADy lasDOS MONJITAS.
FRIVOLIDAD:(Al teléfono.) ¿Ha entendido usted bien todas mis instrucciones? De acuerdo… Dentro de unos minutos. Muy bien. Sí; calle de las Acacias, número 13… ¿Qué tiene que ver el número 13? ¿Que es usted supersticioso? Oh, no sea retrospectivo, se lo ruego. Ahora se llevan otras cosas… Uy, sí, completamente distintas. Mire, una amiga mía oye voces por la radio… Sí, sí: voces… ¿Quééé? ¡No, hombre, no! ¡Voces! Por la BBC de Londres, por Radio París, por Radio Andorra… Sí; le dicen «¡Tadea! ¡Tadea!», y luego continúa la emisión… ¡Uy, modernísimo, claro que sí! Es que usted no se da cuenta, pero los tiempos han cambiado mucho. Yo, por ejemplo, no volveré a dar una fiesta en mi casa sin invitar a una monjita o a un sacerdote…, es lo mismo. Le aseguro que sí, que son deliciosos. ¿Cómo? ¿Que no viene habiendo monjas…? ¡Qué malas consecuencias ni qué niño muerto…! ¡No, hombre, no! No es un niño el que tiene usted que asesinar; ya le he dicho antes de quién se trata… ¡Bueno, bueno, basta ya! Es usted asquerosamente honrado. ¡Ni que un crimen fuese una cosa del otro jueves…! Claro, hombre; ahora no se le da al crimen tanta importancia. Está a la orden del día. ¡Uy, todo el mundo…! Sí, calle de las Acacias, número…, bueno, ya sabe usted el número; no es necesario que se lo repita. Le espero dentro de unos minutos… ¡Ah! ¡Póngase el antifaz! ¡Y no se olvide del maletín! ¡Me gusta tanto! Adiós. (Cuelga.) ¡Uf, qué pesadez! Les confieso, hermanas, que jamás me había ocurrido una cosa así. ¡Qué horror…! Tanto poner pegas un hombre que, a fin de cuentas, tiene el oficio que tiene.
MONJA 1: Me parece que…
FRIVOLIDAD: ¡No me contradiga, hermana! Si hubiera estado usted al teléfono, ya hablaría de otra manera.
MONJA 1: No he hablado de ninguna manera, señora.
FRIVOLIDAD: ¿Cómo que no? Ha dicho usted que no me creía, que le parece absurdo mi proceder y hasta estoy segura de que ha nombrado el «crimen».
MONJA 2: Pero, señora, ¡si sólo ha dicho «me parece que»!
FRIVOLIDAD: ¿Y le parece poco?
MONJA 1: Para su imaginación, suficiente. Está usted sobreexcitada. Si quiere, le haremos una taza de tila. ¿Dónde está la cocina?
FRIVOLIDAD: Por esa puerta. Pero les advierto que lo que yo necesito es beber una copa.
MONJA 1: Una copa de tila le sentará muy bien. (Caminan hacia la puerta de la cocina.) Dígame, ¿nos presentará usted a ese hombre?
MONJA 2: ¡Hermana!
FRIVOLIDAD: ¿A quién?
MONJA 1: A ése con quien ha estado usted hablando por teléfono.
FRIVOLIDAD: Es el asesino.
MONJA 1: A él me refiero.
MONJA 2: ¡Hermana, no tiente usted al diablo!
MONJA 1: Le prohíbo que hable del diablo en mi presencia, hermana. Me desagrada oírlo.
MONJA 2: ¿Y el asesino la deja tan tranquila?
MONJA 1: Oh, es una palabra muy distinta. Y casi siempre es una palabra y nada más. Se puede llegar a un arreglo, hermana.
FRIVOLIDAD: Se lo presentaré, si así lo desea. Es una persona muy simpática. Siempre que he requerido sus servicios, traía un maletín con una serie de utensilios propios de su oficio. ¡Una divinidad! Pasábamos ratos muy agradables mientras me los enseñaba y me instruía sobre su uso.
MONJA 2: ¡Como si lo viera: puñales, revólveres, escopetas…!
FRIVOLIDAD: ¡No! Escopetas no, hermana. Abultan demasiado. Pero unos revólveres con cachas de nácar, famosos en el mundo entero por sus hazañas… ¡Una preciosidad!
MONJA 1: Será interesante. Siento una especie de nostalgia…
FRIVOLIDAD: ¿Nostalgia?
MONJA 1: Sólo de la contemplación, claro está. Porque ha de saber usted que yo también…
MONJA 2: (Interrumpiéndola y tratando de arrastrarla hacia la cocina.) ¡Hagamos la tila, hermana!
MONJA 1: Ah, es verdad. Le agradezco su oportuna intervención. A veces la lengua…
MONJA 2: (ADOÑA FRIVOLIDAD.)¿Le gusta cargada?
FRIVOLIDAD:(Distraída.) ¿La pistola?
MONJA 2: ¡Dios nos ampare! ¡La tila, señora!
FRIVOLIDAD: Háganla como quieran. Y les aconsejo que se metan pronto en la cocina si no quieren asistir a una escena desagradable. Oigo que suben ya las escaleras. ¡Estoy que muerdo!
MONJA 1: ¡Cálmese, por favor!
MONJA 2: ¡La tila, rápido! (Arrastra a laMONJA 1hacia la cocina y entran.)
FRIVOLIDAD:(Sola, mirando hacia la puerta de entrada.) Conmigo no se juega, amor mío. Yo respondo. Ya lo verás. (Entran elESCULTOR,unaSEÑORA DISFRAZADA DE SÍ MISMA,elSEÑOR DE CIERTA EDADy elHOMBRE SIN CORAZÓN,disfrazados de manera especial.DOÑA FRIVOLIDADtiene un gesto de sorpresa.) Pero ¿sólo vienen ustedes?
ESCULTOR: Es demasiado temprano aún. Ya sabes que no vienen a cenar.
SEÑORA: ¿Cómo? ¿Que no hay cena?
FRIVOLIDAD: Oh, siempre habrá algo que llevarse a los labios, pero lo que se dice cena…, cena, pues no.
SEÑORA: Entonces me perdonarán ustedes. Iré a cenar y volveré.
ESCULTOR: ¡De ninguna manera, señora! ¡Yo mismo le preparo enseguida un bocadillo! Hay algunas sobras en la cocina.
SEÑORA:(Despectiva.) ¡Sobras!
FRIVOLIDAD:(Mosca.) Quiere decir provisiones.
SEÑORA:(Sin convencerse.) ¡Ya!
HOMBRE: No parece quedarse muy convencida, señora.
SEÑORA: Tengo hambre.
FRIVOLIDAD:(Aparte alESCULTOR.) ¡Pero esto es horrible! ¿Quién ha invitado a esa mujer?
ESCULTOR: Cualquiera sabe.
FRIVOLIDAD: Siempre critiqué a la gente con la que te reunías. Pero nunca pensé que llegarías a estos extremos. ¡Qué vulgaridad!
ESCULTOR: No empieces.
SEÑOR:(Adelantándose hacia laSEÑORA DISFRAZADA DE Sí MISMA.)Es natural, señora, que a nuestra edad antepongamos las cosas puramente…, ¿cómo diría yo…?, puramente fisiológicas a esta leve luminosidad de gracia y gallardía que nos rodea, ¿verdad?
SEÑORA: ¿Con quién habla?
HOMBRE: Con usted. Acaba de llamarla vieja; bastante retóricamente, hay que reconocerlo, pero… ¡vieja!
FRIVOLIDAD:(Queriendo estar en todo.) Dispénselo, señora. Es un hombre sin corazón.
SEÑOR: ¿Quién? ¿Yo?
FRIVOLIDAD: ¡No! (Por elHOMBRE.)Este otro señor.
SEÑORA:(Aparte.) No entiendo nada.
SEÑOR: ¡Ah, bueno! (A laSEÑORA.)Y en cierto modo es así, puedo asegurárselo. Goza de una merecida fama de tirano entre las mujeres.
SEÑORA: ¿Y por qué?
SEÑOR: Oh, muy sencillo. Porque no saca a los niños a pasear ni besa a las doncellas. No es lo que oficialmente se llama un hombre virtuoso.
SEÑORA: ¿Está aquí su mujer?
SEÑOR: No he dicho que esté casado.
SEÑORA: Pero entonces lo de los niños…
SEÑOR: (Severo.) Señora, ¿no irá usted a escandalizarse?
SEÑORA: ¡A morirme es a lo que voy! ¡Válgame el cielo, dónde me he metido! Y pensar que mi hermana me dijo que…
FRIVOLIDAD: (Que regresa, con elESCULTOR,de llenar unas copas y oye la última frase.) Ah, pero ¿tiene usted una hermana, querida? (AlESCULTOR.) ¿Sabes, querido? Tiene una hermana. (Entre dientes.) ¡Supongo que también la conoces! (Como antes.) ¿Por qué no vas a prepararle un bocadillo?
SEÑORA: Pero, señora, mi hermana no está…
ESCULTOR: ¿Otro para su hermana?
FRIVOLIDAD: Ha de ser encantadora su hermana, si es como usted. ¡Qué caché! ¿Verdad, amigos míos? ¡Qué sencillez en el porte! ¡Qué hermosísimo collar de perlas!
HOMBRE: ¡Y qué buche!
FRIVOLIDAD:(Examinando el collar un instante.) Dígame, ¿son majóricas?
SEÑORA:(Ofendidísima.) ¡Auténticas!
FRIVOLIDAD: Es peligroso hoy día llevar perlas auténticas.
HOMBRE: ¡Qué embustera! ¡Auténticas! (Al público, con cierto descaro.) ¿Quién tiene hoy perlas auténticas? (Leve pausa.) ¿Quién?
FRIVOLIDAD: Pues le aconsejo que las falsifique, querida. ¿Sabe?, es más atractivo un collar que no es auténtico… si antes lo ha sido. Tiene más leyenda.
SEÑORA: Me parece que exagera usted, señora.
FRIVOLIDAD: ¡No, por favor, no me llame usted «señora»! No puedo permitir que una mujer de sus años… ¿Cuántos, querida? ¡Pero qué indiscreta soy! Siempre me lo estoy reprochando a mí misma. Cuando una es sincera y no le importa decir por ahí la fecha de nacimiento y cuánto mide de busto, pues claro, se piensa que toda la gente ha de ser igual. Y no, querida, no. Ahí está el verdadero atractivo de la mujer: en su habilidad para sortear ciertos escollos con sonrisas y… abanicazos. (LaSEÑORA DISFRAZADA DE SÍ MISMAse está abanicando y, de repente, cesa. ElESCULTOR,en cualquier momento de este párrafo, se echa las manos a la cabeza con gesto de cómica desesperación y entra en la cocina.) Sí, querida, sí, se lo aseguro: soy estúpida cuando digo cuántos centímetros mido de busto y de caderas…
HOMBRE: ¿Cuántos, por favor?
FRIVOLIDAD: Oh, no sea usted frívolo. El atractivo de la edad de una mujer es precisamente ése: el que los hombres saben al día cuántos años tienen y las mujeres no; de las mujeres sólo lo sospechas.
HOMBRE: ¿Y en cuanto a las medidas?
FRIVOLIDAD: Vamos, amigo mío, no sea usted tan ingenuo. Las mujeres no suelen abrazarse entre sí de una manera tan… diríamos calculadora. Sólo el hombre abraza de esa forma, y está claro que sólo a la mujer.
SEÑORA: ¿Habla la experiencia, querida?
FRIVOLIDAD: Yo… no suelo teorizar. ¡Desgraciada de la experiencia muda! La experiencia es como la tradición: tiene que transmitirse.
SEÑOR: En fin, de todo esto se deduce que es el hombre quien únicamente conoce los secretos de las mujeres.
FRIVOLIDAD: Ciertos hombres.
SEÑORA: Y de ciertas mujeres.
HOMBRE: Yo diría que es por una razón de privilegios mutuos.
FRIVOLIDAD: Usted siempre tan oportuno.
Entran elESCULTORy lasDOS MONJITAS.
ESCULTOR:(A laSEÑORA.) Aquí está su bocadillo. (LaSEÑORAlo coge y lo examina detenidamente.)
MONJA 1: (ADOÑA FRIVOLIDAD.) Y aquí su taza de tila.
HOMBRE:(Irónico.) ¿Pero toma usted tila?
ESCULTOR:(En el mismo tono.) La hermana presintió que la necesitaría.
FRIVOLIDAD: ¿Y crees tú que ha pasado el peligro? ¿Lo crees?
MONJA 2: Es un peligro que no está a la vista. No ha venido esa…
MONJA 1: (Severa.) Calle, hermana.
MONJA 2: Perdón.
FRIVOLIDAD:(Siguiendo el viejo juego.) ¿Y es posible que sólo vengan estos invitado? Yo invité a mucha más gente.
ESCULTOR:(Igual.) Yo también.
FRIVOLIDAD: ¿Tú?
ESCULTOR: En realidad no es mucha más gente, sino una sola persona.
FRIVOLIDAD: ¿Quién, querido?
ESCULTOR: Es una sorpresa… que puede no tener ninguna importancia.
SEÑORA: No se preocupe, querida. Es fácil que no venga nadie más. He oído decir que hay muchas fiestas esta noche.
FRIVOLIDAD: La mía es única.
SEÑORA: Ya lo he comprobado.
FRIVOLIDAD:(Sin hacerle caso.) Y como es única (mirando alESCULTOR) les reserva una gran sorpresa. Una gran e importante sorpresa.
HOMBRE: ¿Sí?
FRIVOLIDAD: Sí.
SEÑOR: ¿Qué sorpresa?
MONJA 1: Reflexione, señora; aún es tiempo de avisarle y que no…
FRIVOLIDAD:(Interrumpiéndola.) Una magnífica sorpresa. ¡Un invitado de honor!
MONJA 2: ¡Dios mío!
ESCULTOR:(Picado.) ¿Y puede saberse quién es…, cariño?
FRIVOLIDAD: Esta noche es regla de la fiesta no decir ni un solo nombre.
HOMBRE: ¿Puede llamarse Amor?
SEÑOR:(Divertido.) ¿Cómo?
SEÑORA: ¡Qué escándalo!
MONJA 2: ¡Hermana, ponga remedio!
MONJA 1: No está en mis manos ahora. Esperemos.
ESCULTOR: ¿Tan secreto es ese invitado?
FRIVOLIDAD: ¡Desde luego que no, querido! Una fiesta mundana que se precie de serlo ha de tener irremediablemente un invitado así.
HOMBRE: ¡No me digas más! ¡Un pariente pobre!
FRIVOLIDAD: ¡Ah…! Es mi secreto. (Suena el timbre de la puerta.) Quizá sea él.
ESCULTOR: Iré yo a abrir… por si no es.
FRIVOLIDAD: ¡No! Dejémoslo en manos de la suerte.
HOMBRE: Y si está la puerta cerrada…, ¿qué va a hacer la suerte?
FRIVOLIDAD: Mi invitado no se detiene ante cosas tan insignificantes como una puerta cerrada.
ESCULTOR: Qué invitado… tan especial.
FRIVOLIDAD: Ya te lo he dicho. Esperemos a que vuelva a llamar.
Se crea una pausa de espera. Hay algo latente en la atmósfera, que puede ser miedo, ansiedad, expectación, según cada personaje.
SEÑOR:(Rompiendo bruscamente el silencio.) Les digo que estas cosas, a mi edad…
HOMBRE: ¿Teme usted que le estalle el corazón?
SEÑOR: Sí, porque lo tengo.
HOMBRE: Le aconsejaré un remedio para extirpárselo.
SEÑORA: ¿Un remedio propio?
Otra pausa de la misma intensidad. Se miran unos a otros y también a la puerta.
MONJA 1: ¿No sería mejor que alguien bajase al jardín?
MONJA 2: ¡Yo tampoco lo resisto!
FRIVOLIDAD: Lo que sea, será… ¿No está así escrito?
MONJA 1: (Seca.) Nada hay escrito. Es el hombre el que tiene la pluma en la mano… y la palabra en la boca.
SEÑORA: Eso mismo digo yo. Pero tengo más hambre.
ESCULTOR:(Nervioso y a punto de gritar.) ¡Le prepararé otro bocadillo!
En este momento se abre la puerta silenciosamente y entra elASESINO, bastante cohibido. Trae antifaz y maletín.
ASESINO: Buenas noches.
FRIVOLIDAD: No le hizo falta llamar una segunda vez. Es usted mi hombre. (Adelantándose.) Venga, le presentaré. Mis invitados tienen mucha curiosidad en conocerle. Señores, les presento a mi invitado de honor: el asesino.
MONJA 2: Hermana, esto es irreparable.
MONJA 1: Nada hay irreparable bajo la luz del sol.
HOMBRE: Pero ahora es de noche, hermana.
MONJA 1: (Seca.) Un detalle en el que no había reparado.
HOMBRE: Así parece.
FRIVOLIDAD:(Mirando y remirando al asesino hasta saciarse.) ¿Verdad que es una sorpresa estupenda? Les advierto que es asesino de profesión.
HOMBRE: ¡Bonita profesión!
SEÑORA: ¡Qué horror! ¡Adónde he venido a meterme!
FRIVOLIDAD: Fíjense en el antifaz. ¡Es de seda!
ESCULTOR:(Fuerte.) ¿Quieres dejar ya de bromear?
FRIVOLIDAD: Pero si no es broma, querido.
MONJA 2: ¡Le aseguro a usted que no es…!
MONJA 1: ¡Hermana!
ESCULTOR: ¡Quítese el antifaz! Basta con que oculte el nombre, pero no la cara.
ASESINO: (A DOÑA FRIVOLIDAD.) ¿Es éste, señora?
ESCULTOR: ¡Le he dicho que se quite el antifaz!
ASESINO: En mi profesión, caballero, el antifaz es algo reglamentario. No se puede prescindir de él.
ESCULTOR:(Harto.) ¡Está bien, está bien! ¡Vaya como le apetezca!
ASESINO: Le aseguro a usted que no es apetencia, sino algo muy riguroso.
FRIVOLIDAD: ¿No es encantador, señores?
SEÑORA: ¡Esta fiesta es una mezcla de lo más indeseable!
SEÑOR: ¿Supongo que su misión no será asesinar a alguien esta noche…, aquí?
HOMBRE: ¿Y por qué no? Son tan aburridas las fiestas de sociedad…
SEÑORA: ¿Quiere no hacer chistes de mala sangre?
HOMBRE: ¿Tanto miedo tiene usted de morir?
FRIVOLIDAD:(A lasMONJAS.) Miren, éste es el maletín del que les hablé. ¿Quieren verlo?
MONJA 1: No.
FRIVOLIDAD: ¡Pues antes tenían mucha curiosidad!
MONJA 1: Pero se nos ha quitado… repentinamente.
ASESINO: Les advierto que no es el baúl de los cadáveres. Todo se puede ver. Sólo hay un par de pistolas, un juego de puñales, desde la daga veneciana hasta la navaja de Albacete…
SEÑORA: ¡Basta! ¿Quién me acompaña a la terraza?
SEÑOR: Yo mismo, señora.
MONJA 2: ¡Y nosotras!
FRIVOLIDAD: Pero, queridas, ¿tanto miedo tienen?
MONJA 1: Hermana, ¿no cree usted que sería más humano apagar la luz y marcharnos todos?
FRIVOLIDAD: ¡Pero si un crimen no es nada!
ASESINO: Eso digo yo.
SEÑORA: ¡Ay, siento que de ésta no me escapo! ¡Sales! ¡Sales! ¡Me desmayo!
HOMBRE: Se desmaya. ( Y laSEÑORAcae redonda.)
MONJA 1: (Junto a laSEÑORAdesmayada.) ¡Pronto! ¡Amoniaco!
ESCULTOR: ¿Dónde están las sales? Esta condenada mujer está dando una lata…
FRIVOLIDAD: En el cuarto de baño, querido. En mi tocador.
ESCULTOR: ¡Ya ves lo que has hecho con tus tonterías! (Se va rápidamente.)
FRIVOLIDAD: ¿Yo? ¿No irán ustedes a decir que soy yo la causante de este desmayo? ¡Estoy en mi casa!
HOMBRE: ¿Es ésta su casa?
MONJA 1: ¡Oh, cállense todos! ¡Ayúdenme a sacarla a la terraza!
ExceptoDOÑA FRIVOLIDADy elASESINO,todos salen a la terraza llevando a laSEÑORAdesmayada.
ASESINO: Pues estoy asombrado. Si fuese tan fácil matar a todas las personas…
FRIVOLIDAD: No se preocupe. No está muerta.
ASESINO: ¡Si no me preocupo! Sólo son gajes del oficio.
ESCULTOR: (Saliendo con las sales.) ¿Dónde están?
FRIVOLIDAD: En la terraza, amor mío. No sé por qué te esfuerzas tanto en que recupere el conocimiento. Total, va a seguir dando la lata… (ElESCULTORsale a la terraza sin hacerle caso. Durante las escenas siguientes se ven a través de los cristales los esfuerzos que hacen todos para reanimar a laSEÑORAdesmayada.) Ay, qué difícil me va a ser educarlo.
ASESINO:(Tragando saliva.) Bueno, señora. Me parece que ya es hora de que hablemos de dos cosas. La primera, la víctima.
FRIVOLIDAD:(Sentándose cómoda.) Bueno, señor. No tengo ningún inconveniente. No hay nada tan hermoso como ayudar a los demás a hacer su trabajo.
ASESINO: Perdóneme usted, pero esto no es una colaboración. Si no la he oído mal por teléfono, lo que usted quería es que yo le hiciese un trabajito…
FRIVOLIDAD: ¡Claro, amigo mío! Ha entendido usted perfectamente. Lo que sucede es que los teléfonos… Ya sabe usted.
ASESINO:(Desorientado.) Sí, claro, ya sé; los teléfonos… (Recuperándose.) Pero es que resulta que usted habla muy deprisa. ¿No se ha dado cuenta? Y además habla usted de todo a la vez…, de la BBC de Londres, y de una amiga suya, y de un niño muerto, y de voces…, y luego de Radio Andorra. ¡Y ésta sí que es buena: hablar de Radio Andorra!
FRIVOLIDAD:(Picada.) ¡Hombre! ¿Y por qué es buena?
ASESINO: ¡Toma! Pues porque nadie habla ya de Radio Andorra. Se habla de Radio Moscú o de Radio España Independiente, y si no, no se habla de radio. ¡Pero ponerse a hablar por teléfono de la radio para luego decir cuatro memeces de Radio Andorra es imperdonable e impermisible!
FRIVOLIDAD: ¡Pero, querido amigo mío, no se excite!
ASESINO: ¡Es que me dan nervios!
FRIVOLIDAD:(Alarmada.) ¿Y eso es perjudicial para su trabajo?
ASESINO: ¡Figúrese! Como que hay veces que me encargan que mate a un señor y yo quito de en medio a una señora o a cinco niños. Hace poco sucedió lo primero, lo de la señora. ¡Qué disgusto me llevé! Fue un encargo muy parecido a este de usted… Total, no sé qué pasó, no puedo acordarme, pero el caso es que cuando disparé, ¡paf!, en vez de caer el fulano, ¡pues cayó ella!
FRIVOLIDAD: ¡Dios mío!
ASESINO: Como se lo digo, señora. ¡Si hasta salió en los periódicos! Imagínese usted qué berrinche cogí. Parece que todavía lo estoy leyendo: «El asesino cometió un nefasto error profesional…». ¡No quiero ni acordarme!
FRIVOLIDAD: Dígame, ¿podrá llevar esto a cabo sin equivocaciones?
ASESINO: Creo que sí. Me tranquilizaré un poco y…
FRIVOLIDAD: Si es necesario que tome usted un calmante, se llama al doctor y que lo recete.
ASESINO: Pues mire usted, pensándolo bien, lo del calmante no deja de ser una buena idea.
FRIVOLIDAD: Pues dicho y hecho.
ASESINO: Pero el doctor…
FRIVOLIDAD: No se preocupe. Es de los «discretos». Me debe algunos favores. Y además, nadie mejor que él. Vive en la casa de al lado. Con sólo llamarlo por teléfono lo tenemos aquí en unos instantes.
ASESINO: Pues llámelo. Las cosas, cuanto mejor se hagan…
FRIVOLIDAD: Lo comprendo, amigo mío. Ostenta usted una gran filosofía del deber. ¡Ah, si todos fueran como usted! (Está marcando.)
ASESINO: No estaría la profesión tan maleada.
FRIVOLIDAD: Y que lo diga. (Al teléfono.) ¿Está en casa el doctor? Desde el número 13, sí.
ASESINO: ¡No repita ese número!
FRIVOLIDAD: ¡Shhh! (Al teléfono.) No, no es nada grave. (AlASESINO.) ¡Pero qué fisgona es la doctora! (Al teléfono.) Eso es, un catarro, sí… Ha tenido usted una buena idea. Y muy graciosa. Es tan difícil acatarrarse en invierno que hay que hacerlo en verano. (AlASESINO.) ¡Será cretina! (Al teléfono.) Claro, claro… ¡Sí, sí! Lo comprendo. Dígale que venga enseguida. Adiós, querida mía. ¡Adióssss! (Cuelga.) A ésta sí que habría que quitarla de en medio cuanto antes.
ASESINO:(Solícito.) Si quiere usted, ya que estoy aquí…
FRIVOLIDAD: ¡No, por Dios! No se entusiasme.
ASESINO: La tarifa, cuando es más de uno y menos de cinco, sólo es un cincuenta por ciento más.
FRIVOLIDAD: No sea testarudo, hombre. No es cuestión de precios. Y a propósito…
ASESINO:(Rápido.) Igual que la temporada pasada.
FRIVOLIDAD: Creí que habría subido.
ASESINO: Es que no pago impuestos, señora. Como no estoy sindicado…
FRIVOLIDAD: ¡Qué raro!
ASESINO: Como lo oye. Además, me defiendo bastante bien con las antiguas tarifas. Me salen muchos encargos y en este terreno apenas hay competencia. La gente no se decide del todo a seguir una carrera tan llena de sacrificios como la mía. Hay que tener temple de héroe. ¡Limpiar el mundo de bocas que pidan pan y justicia! Ahí es nada. (Cambiando.) Quizá dentro de algún tiempo ponga una sociedad…
FRIVOLIDAD: ¿Anónima?
ASESINO: ¡Quia! De pompas fúnebres.
FRIVOLIDAD: ¡Ah!
ASESINO: (Animándose.) Lo he estado pensando mucho. Me parece una tontería no llevar las cosas hasta el último extremo. A mí me gusta que todo quede bien. Y esto, precisamente, puede resultar. Yo los mato, yo los entierro. Resulta hasta caritativo, ¿verdad? Nadie puede estar más interesado que yo en que mis víctimas tengan entierros dignos de ellas. E incluso llega a ser una preocupación casi religiosa por el trabajo esto que le digo.
FRIVOLIDAD:(Interesada.) Y que además puede proporcionarle muchos beneficios.
ASESINO: Y más en estos tiempos en que se necesita de todo. Figúrese lo que me cuestan los estudios de los chicos. El mayor va ya a la universidad, y el otro terminará el bachillerato el año que viene. Hay que vestirlos bien, y calzarlos, y darles de comer… ¿Y los libros de texto? ¡Dios del cielo! ¡Alcanzan precios de manuscritos antiguos!
FRIVOLIDAD: ¡Ya ve usted! Yo, como estoy alejada de esos problemas…
Los otros continúan en la terraza auxiliando a laSEÑORA.Entra rápida mente laMONJITA 2y se les dirige.
MONJA 2: Perdonen que interrumpa. ¿El cuarto de baño?
FRIVOLIDAD:(Señala.) Allí.
MONJA 2: Busco una toalla.
FRIVOLIDAD: Ya.
MONJA 2: Supongo que habrá, ¿no?
FRIVOLIDAD: Sí.
MONJA 2: Esa señora está muy enferma.
FRIVOLIDAD: ¿Y por qué no se quedó en su casa?
MONJA 2: ( Yendo hacia el cuarto de baño.) ¡El diablo, señora, que no descansa!
FRIVOLIDAD: ¿Decía usted?
ASESINO: Oh, nada; hablaba de mis hijos. El mayor estudia Filosofía y Letras.
FRIVOLIDAD: Pero ¿cómo es posible?
ASESINO: ¡Vocación, señora!
FRIVOLIDAD: ¡Qué desgracia, amigo mío!
ASESINO: ¡Y usted que lo diga!
Sale laMONJITA 2del cuarto de baño con la toalla y los ve tristes.
MONJA 2: ¿Han decidido no matar a nadie?
FRIVOLIDAD: Pero, hermana, ¿cree que somos tan débiles de voluntad?
ASESINO:(Iracundo.) ¡Esto es lo último que me quedaba por oír! ¿Por quién me ha tomado, hermana? ¡Yo nunca abandono mi deber!
MONJA 2: (Azorada.) No, no… Es que… como los veo tan tristes…, pues había pensado… que…
ASESINO: ¡Es que mi hijo estudia Filosofía y Letras! ¿Le parece poco?
MONJA 2: (Compungida.) ¡Ay, Señor, pobre hombre! Lo compadezco de todo corazón. Tenga este escapulario y encomiéndese a las santas ánimas, a ver si el cielo lo remedia. (Le da el escapulario y escapa hacia la terraza.)
ASESINO: ¡Qué monjita más rica!
FRIVOLIDAD: Son un primor, ¿verdad que sí?
ASESINO: Y tanto. Así da gusto. (Transición.) Pero óigame, señora… (Entra rápidamente elESCULTORy desaparece hacia la cocina.) ¿Es a éste?
FRIVOLIDAD:(Rápida.) Sí.
ASESINO: Pero ¿no le parece un poco corpulento?
FRIVOLIDAD: ¿Cree usted que no habrá suficiente con una bala?
ASESINO: ¡Oh, sí, claro! Pero pensé que quizá querría usted más sangre…, una puñalada intercostal…
FRIVOLIDAD: ¡Por favor, no sea usted melodramático!
ASESINO: Como es un baile de disfraces y es todo tan especial, pues yo…
Aparece elESCULTORcon la misma prisa. Lleva un bocadillo.
FRIVOLIDAD:(Fastidiada.) ¿Pero no se ha muerto aún esa mujer?
ESCULTOR:(Sin detenerse.) ¡Qué va! ¡Tiene más hambre! (Entra en la terraza.)
FRIVOLIDAD: ¡Santo Dios!
ASESINO: Bueno…, ¿quiere usted que nos pongamos manos a la obra?
FRIVOLIDAD: Espere. Espere un poco a ver si esa señora deja ya de fastidiar.
En este momento se abre la puerta y entran ruidosamente laMODELO,elCABALLERO JOVEN,elDOCTORy unSEÑOR EQUIVOCADO.Todos disfrazados, menos elDOCTOR.
MODELO: Pero… ¡qué triste todo! ¿No era esto un baile de disfraces?
FRIVOLIDAD:(Entre dientes.) Todavía no llegó la orquesta, querida. Pero anímense. Pronto tendrán diversión.
MODELO: Es a lo que venimos dispuestos. ¿Dónde está el escultor?
FRIVOLIDAD: En la terraza.
MODELO:(AlCABALLERO JOVEN.) Vamos allá. Te lo presentaré. (Se van los dos hacia la terraza y salen.)
FRIVOLIDAD:(AlASESINO,en un grito histérico.) ¡Mátalo! ¡Mátalo de una vez!
ASESINO: Hay que esperar el momento oportuno, señora.
FRIVOLIDAD: ¡Cuanto antes!
ASESINO: Pero, señora, ¿qué le sucede ahora?
FRIVOLIDAD: Aquí…, delante de mis propios ojos…, la invita a bailar. Y es joven…, y es bella…
ASESINO: Usted también está muy bien, ¡córcholis!
DOCTOR: Señora…
FRIVOLIDAD:(AlASESINO.) ¡Cuanto antes, ¿me oye?, cuanto antes!
DOCTOR: Señora…
FRIVOLIDAD:(Mirándolo.) ¿Quién es usted?
DOCTOR: Pero ¿no me reconoce? Soy el doctor.
FRIVOLIDAD: Oh, perdone. Pase a la terraza. Hay una enferma. (ElDOCTORobedece.)
ASESINO: ¡Pero si el doctor era para mí!
FRIVOLIDAD:(AlSEÑOR EQUIVOCADO.) ¿Y usted? ¿Quién es usted?
EQUIVOCADO:(Mirando hacia la calle, que se ve a través de la terraza, como si temiera algo.) Señora, tengo la impresión de haber venido equivocadamente… Si usted perdonara mi intromisión… Me marcharé dentro de unos instantes.
FRIVOLIDAD: Oh, quédese el tiempo que desee. Pero ¿qué es lo que mira?
EQUIVOCADO: Hay tanta gente en la terraza…
FRIVOLIDAD: ¿Conoce usted a alguno de ellos?
EQUIVOCADO: No…, no conozco a ninguno.
ASESINO: Oiga, ¿no vendrá a hacerme la competencia? Porque le advierto que no admito…
FRIVOLIDAD: ¡Cállese y a lo suyo! Escoja el momento preciso en que él esté en el centro de todos, cuando entren, y así podremos ver qué cara pone.
ASESINO: ¡Toma! ¡Pues pondrá cara de muerto! (Abre su maletín y hurga en él.)
FRIVOLIDAD:(Entre dientes.) Usted no lo conoce todavía. Es capaz de poner cara de antifaz y así no nos enteraremos de nada.
ASESINO: Es que tiene usted una curiosidad morbosa.
EQUIVOCADO: Señora, apártese de esa idea. ¡Se lo ruego!
FRIVOLIDAD: ¿Por qué dice usted eso?
EQUIVOCADO: Me asusta lo que pretende hacer.
FRIVOLIDAD: ¡Métase en sus cosas!
EQUIVOCADO: ¡Le insisto, señora!
FRIVOLIDAD: ¡Cállese!
EQUIVOCADO: Luego en su corazón habrá una garra de dolor y de miedo. Y sentirá que ha deshecho algo muy bueno que poseía del todo, y que ya nada podrá ser igual.
FRIVOLIDAD: ¿Usted qué sabe?
EQUIVOCADO: Desgraciadamente lo sé todo.
FRIVOLIDAD: ¡Va usted disfrazado!
EQUIVOCADO: Como todos ahora.
FRIVOLIDAD: No. Usted es distinto. No me está hablando un ser humano. Cállese… o márchese. (ElSEÑOR EQUIVOCADOinicia el mutis con gesto triste. Ella se le acerca.) La ha traído aquí, ¿comprende?, a enseñármela joven y bella para que yo me vea sucia, vieja y podrida…
EQUIVOCADO: Señora, es usted muy joven y muy hermosa, y él la quiere. No pretenda destrozar ese amor que está vivo como el primer día.
FRIVOLIDAD: ¡Mentira! ¡Mentira cochina! ¡Están en la terraza y no quiero mirarlos!
