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Hablar de la mesa es hablar de nuestros orígenes, de nuestras raíces, de nuestro ADN. Esa mesa donde comemos, donde compartimos, donde hemos crecido y hemos aprendido a ser personas y de la que guardamos recuerdos imborrables que nos acompañarán el resto de nuestra vida. El autor nos propone un recorrido por su historia, analizando diversos aspectos: evolución, tipologías, formas, materiales, protocolos… creando un ideal de mesa que nos corresponda y que, sobre todo, nos permita integrar una serie de hábitos saludables para gozar de nuestra mejor versión. El autor relata, de forma personal y apasionada, experiencias y reflexiones donde la salud y el placer están siempre presentes. Tu vida en la mesa es un homenaje a esta mesa y a nuestra identidad. «Somos lo que comemos» y tú decides qué quieres ser. Cada uno es protagonista de su vida, nadie nos obliga a comer según que cosas. La mesa es el escenario donde se representa y tiene lugar esta función. Es nuestro marco de encuentro donde el impacto de lo que comamos va a determinar nuestra tarde, nuestro día, nuestra semana y nuestra salud en general.
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Seitenzahl: 142
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Tu vida en la mesa
Una terapia gastronómica
Josep Pont
Primera edición en esta colección: febrero de 2022
© Josep Pont, 2022
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2022
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-18927-37-9
Diseño de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
MESA (del latín mensa)
‘Mueble formado por un tablero horizontal con uno o más pies, destinado a usos domésticos, profesionales o de recreo’.
Este libro que tienes en las manos empezó a gestarse hará unos tres años. Tenía el deseo y las ganas de plasmar en un texto muchas de las ideas, influencias y experiencias que me han acompañado en estos últimos tiempos y, seguramente, a lo largo de mi vida. Esta pandemia que hemos vivido lo paró todo, en mi caso supuso un paréntesis durante el que dejé aparcado este proyecto para priorizar mi proceso de adaptación a la nueva realidad. Una llamada fortuita, de esta editorial, hizo que retomase la escritura hace medio año y que volviese a poner el foco y toda mi energía en esta ilusión que ahora ve la luz.
Desde el principio tuve muy claro que no sería un libro de nutrición al uso. Mi profesión, la de ayudar a las personas a comer mejor, podría indicar o dar a suponer una propuesta de pautas y consejos nutricionales que diesen como resultado un libro más en las estanterías superpobladas, de esta temática, de cualquier librería. Mi intención no es desmerecerlos, al contrario, he sido (y sigo siendo) un gran consumidor de ellos. Pero mi idea era la de mezclar salud y placer, hablar de cómo mejorar nuestra alimentación, pero reflexionando sobre la manera de hacerlo, utilizando como vínculo un mueble que forma parte indiscutiblemente de nuestro ADN: la mesa. Esa mesa donde comemos, donde compartimos, donde hemos crecido y hemos aprendido a ser personas, y de la que guardamos recuerdos imborrables que nos acompañarán el resto de nuestra vida.
Es un libro muy personal, de reflexión, con un lenguaje simple y directo; mi experiencia y vivencias acompañan en muchos momentos al relato dando esa carga emocional que no puedo, ni quiero, disimular. Por esto mismo, para que conectes conmigo y me conozcas mejor, te hablaré brevemente de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí.
Mi vida la puedo dividir en dos partes: la primera mitad más gastronómica y la segunda más saludable, curiosamente como el hilo conductor de este libro. Cuando nací, hacía pocos meses que mi padre había abierto un restaurante que se convirtió en un referente de la buena cocina en nuestra zona. Este restaurante acabaría condicionando mi vida y la de toda mi familia.
Nunca fui un buen estudiante, el colegio y los deberes me interesaban más bien poco, siempre hice lo justo y necesario para poder ir superando cursos (y no siempre lo conseguí). Mi madre escuchaba, una y otra vez, un mantra en boca de mis profesores que decía: «A su hijo no le gusta estudiar, pero no se preocupe, tiene un don de gentes que hará que nunca le falte un plato en la mesa…». Todo parecía dispuesto y preparado para que yo fuese el «elegido», la persona que sucediera a mi padre al frente del restaurante y continuase con la tradición familiar. Crecí con esta idea en la cabeza producto de tantos comentarios en este sentido de mi entorno más próximo. La verdad es que era lo más cómodo, ¿por qué no continuar en el negocio familiar que tan bien funcionaba por aquel entonces? Pues bien, pasé casi veinte años entre los muros de aquel negocio intentándome convencer de que aquello era lo mío. Lo que conseguí fue apreciar las bondades de la gastronomía y de la buena mesa, pero nunca me enamoré de la restauración. Durante aquellos años visité y degusté muchos de los mejores restaurantes de nuestra tierra, descubriendo y aprendiendo nuevas combinaciones de alimentos y nuevos sabores que no imaginaba que me fueran a servir para tanto en el futuro.
La gente, en el fondo, tenía razón. Me encantaba relacionarme y conocer a personas de todo tipo, pero, curiosamente, me daba mucho reparo dar la cara en el restaurante de mi padre. Supongo que siempre pensé eso, que era su restaurante, su obra, su criatura… Nunca conseguí convencerme de que «era mi sitio» y, poco a poco, empecé a soñar con nuevos retos. Oí hablar del coaching y me interesó de inmediato. La decisión estaba tomada, mi mujer y su primer embarazo fueron el clic definitivo que me faltaba para dar ese paso. La clásica pregunta de «¿dónde me veo en diez años?» solo tenía una respuesta: lejos de la restauración. Dicho y hecho, me formé como coach personal en Barcelona y ahí comenzó la que llamo «mi segunda vida».
Empecé a encadenar formaciones. Hice másteres de coaching, de PNL (Programación Neurolingüística), de mindfulness… Notaba que quería recuperar el tiempo perdido (aunque, cada vez más, me doy cuenta de que realmente fue un tiempo ganado). Empecé a colaborar en distintas consultas de centros de salud. Mis primeros clientes tenían algo en común: querían perder peso y me pedían, como coach, que los motivase para lograr su objetivo. Incluso algunos querían que les diese pautas para lograrlo, pero yo no era ni médico, ni dietista, ni nutricionista… Tan solo podía valerme de mi sentido común para aconsejarles cuatro cosas básicas. Fue entonces cuando decidí formarme en lo que se convertiría en mi pasión: la alimentación natural.
Cursé Nutrición y Dietoterapia, y me enamoré y puse en práctica todo lo que iba aprendiendo. Por fin encontraba la puerta de entrada para facilitar un cambio vital en las personas. Entendí lo determinante que es lo que comemos en nuestro día a día y el impacto que provoca en nuestro físico y en nuestras emociones. Fui ampliando mis conocimientos con estudios de nutrición ortomolecular, nutrición energética, medicina tradicional china… hasta convertirme, sin darme cuenta, en técnico en Alimentación Natural. Paralelamente, devoraba libros y estudios que tuviesen cualquier tipo de relación con temas nutricionales, y llegué a crear mi propio ideario y propuesta autodidacta, la cual pongo en práctica hoy en día. Propuesta equilibrada, a mi entender, que busca alejarse de modas, tendencias o extremos radicales excluyentes que pueden conducir a obsesiones alimentarias enfermizas.
Aquel sueño que tuve en su día hoy es una realidad. Colaboro con distintos colegios, empresas y colectivos divulgando información nutricional para mejorar nuestra manera de alimentarnos y para ser más conscientes de cuánto nos influye esta. Acompaño a muchos de mis clientes a un cambio de hábitos que les transforme su vida, sin ninguna pretensión ni enrocado en verdades absolutas, escuchando y respetando a cada uno de ellos. Compartiendo esa «gran revolución» que supone comer de otro modo. Haciéndoles entender que, si yo un día pude cambiar, cualquiera puede hacerlo.
Empecé en un restaurante relacionándome con la alimentación para volver a ella de otro modo, con un enfoque terapéutico. He tenido la suerte de convertir mi pasión en mi trabajo, combinando elementos de la gastronomía clásica con propuestas saludables más puristas. Por esto la protagonista de este libro es, sin duda, la mesa, símbolo de unión de estos dos mundos. Se trata de una especie de carta de amor, de un homenaje sentido a toda su ceremonia y liturgia. Desde mi enfoque holístico e integrativo, la mesa es el crisol cultural y emocional ideal para cuidarte y amarte más y mejor.
Uno de los motivos que me han llevado a escribir este libro ha sido el de motivar y hacer reflexionar a la gente sobre la importancia de «volver a la mesa», de recuperar nuestra tradición de celebrar comidas, cenas y otros momentos de unión familiar en torno a este fantástico mueble. Con las prisas, con los horarios de trabajo interminables, con la vida en las grandes ciudades, estamos perdiendo esta maravillosa costumbre, tan nuestra, de compartir momentos preciosos de convivencia en nuestra vida cotidiana.
El objetivo de alimentarte es el de construirte, el de asimilar un grupo de nutrientes que te ayuden a obtener esa energía y esos materiales estructurales que necesitas para sobrevivir en primer término, y para desarrollarte y evolucionar en segundo. Tu elección será la clave para el desempeño de muchas habilidades y competencias en tu vida. «Somos lo que comemos», y tú decides qué quieres ser. Cada uno es protagonista de su vida, de lo que compra, de lo que cocina y de lo que se mete en la boca. Nadie nos obliga a comer según qué cosas, en la sociedad del bienestar tenemos una oferta de productos y alimentos interminable para satisfacer nuestras necesidades, antojos o caprichos. Ser conscientes de ello nos ayudará en este propósito.
La mesa es el escenario donde se representa y tiene lugar esta función. Del mismo modo que un deportista necesita su terreno de juego, o un artista, su taller, nosotros ponemos en práctica el arte de alimentarnos en la mesa. Es nuestro marco de encuentro donde el impacto de lo que comamos va a determinar nuestra tarde, nuestro día, nuestra semana y nuestra salud en general.
Curiosamente, estos últimos meses, cuando explicaba a mis familiares y amigos más allegados que estaba escribiendo este libro y que trataría sobre la mesa, se les iluminaba la mirada. Se mostraban encantados con la idea, me decían que su vida también estaba ligada a ella indiscutiblemente. Algunos me preguntaban si creía que seguiría siendo tan importante en el futuro, si esta «nueva era» y los cambios de hábitos en la sociedad podrían alterar este tipo de reuniones y costumbres. Mi respuesta, en todo momento, fue y será que sí. Nuestro ADN y nuestra manera de entender la vida, sobre todo en estas latitudes, van de la mano de sentarnos alrededor de una mesa y compartir mantel. Por más agentes tóxicos que se presenten en nuestra cotidianeidad, siempre «volveremos a ella». El día que eso no sea así, probablemente nos habremos convertido en algo distinto. No sé si mejor o peor, pero habremos perdido nuestra alma y esencia.
Pero esta mesa es también el marco de una manera de comer, de unas costumbres muy ligadas a factores culturales que transmitimos de generación en generación. En este libro me propongo unir estos dos conceptos: «gastronomía» y «salud». Para ello empiezo desgranando la evolución de la mesa, tanto culturalmente como en cuanto a tipologías, materiales y formas. También hablo de protocolo y de valores, de cómo educar a nuestros hijos alrededor de ella. El núcleo duro lo forman los capítulos destinados a la mesa saludable y a la mesa gastronómica. En ellos sintetizo y resumo todos estos años de aprendizaje dando consejos y pautas para ganar salud y disfrutar al mismo tiempo. De lo macro a lo micro, de la mesa a las vitaminas o los minerales, un viaje apasionante en el que quiero que me acompañes.
Este libro supone un paso más, otro sueño que realizo. Espero que te inspire y te ayude a reflexionar sobre tu relación con la comida y que, a partir de ahora, mires con otros ojos esa mesa donde comes y donde pasan las cosas que más cuentan en tu vida.
Para encontrar los orígenes de la mesa, tendríamos que remontarnos, irremediablemente, hasta la época de nuestros más antiguos ancestros. En las cavernas utilizaban un tipo de soporte para depositar y disponer de todos los alimentos, las herramientas o los utensilios que utilizaban para abastecerse. Esa necesidad de sostener cualquier tipo de objeto provocó su aparición.
La historia de la mesa forma parte de la historia de los muebles. Desde que el hombre deja de ser un cazador nómada y se convierte en un agricultor con un estilo de vida más sedentario, introduce una serie de objetos: sillas, mesas, camas… que le permitan mejorar su calidad de vida.
Con esta evolución de la especie, evidentemente, la mesa fue transformándose y adaptándose a cada cultura. Así pues, los egipcios crearon modelos impresionantes. Solían ser pequeñas y bajas, de estilo sobrio y muy estilizadas. Tenían la costumbre de comer solos o de dos en dos, nunca se les ocurrió utilizar grandes mesas para toda la familia o para banquetes. Sus motivos decorativos eran varios y muy ornamentales. Figuras de animales y distintos tipos de juegos destacaban por encima del resto. Incluso utilizaban cajas o arcones, con diseños geométricos, para comer y jugar al mismo tiempo. Sus mesas y sillas en forma de tijera serían uno de sus mejores exponentes. El material usado, básicamente, fue la madera. En el caso de las mesas más lujosas, se utilizaban metales preciosos como el marfil, el oro o la plata para recubrirlas. Podemos considerar que el nacimiento de la mesa tuvo su origen en Egipto.
En la Grecia clásica, los muebles fueron más estilizados. Las patas de la mesa abandonaron su forma de animal para dejar paso a modelos más sencillos, no tan ornamentados. Solían ser de tres patas y de bronce, con uso exclusivo para la comida.
Roma, por su parte, fue un imperio conquistador y esta faceta la proyectó en su mobiliario. El bronce fue su material estrella. Sus mesas fueron más majestuosas, el cartibulum fue una muestra de ello. Tenía un soporte de mármol con unas dos únicas patas de tamaño considerable en forma de leones. Una de las costumbres más comunes de los romanos era comer en los triclinios, estancias donde disponían de tres klinai (cama tipo diván) en forma de «U» y dejaban un espacio en el medio para una mesa baja y el acceso de la servidumbre. En estos lechos había espacio para unas tres personas en cada uno de ellos. Las familias con más recursos disponían de más de un triclinio en su casa.
Los orígenes de la palabra «mesa» son fruto de la evolución del latín y en Occidente han existido distintas maneras para referirse a ella: «mensa», «mesa», «tabula», «table», «taula»…
En la Edad Media las mesas consistían en simples tablones sustentados sobre caballetes y cubiertos por un enorme mantel donde los comensales podían limpiarse los dedos. Las expresiones de «poner la mesa» o «levantar la mesa» provienen de esta época debido al hecho de que, literalmente, cada vez estaban obligados a colocar y posteriormente desmontar estos largos y estrechos tableros sustentados en soportes cuando tocaba comer o celebrar una ocasión especial. En la Edad Media predominaba el feudalismo, con todas las diferencias entre clases sociales que ello supone. Nace la burguesía, base del sistema capitalista y gran impulsora de la evolución y sofisticación de la mesa en el futuro.
A partir del Renacimiento, siglos XIV y XV, las mesas fueron más ostentosas y adornadas. Aumentan de tamaño y son más robustas. Se convierten en un mueble más importante dentro de las casas. Nace un nuevo concepto del comer. Erasmo de Rotterdam, en su tratado De la urbanidad en las maneras de los niños,
