Tutores de resiliencia - Gema Puig - E-Book

Tutores de resiliencia E-Book

Gema Puig

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Beschreibung

Desde que Boris Cyrulnik acuñó el término "Tutor de resiliencia" hace algunos años, las referencias a la figura, así como los interrogantes, se han sucedido de manera creciente. Inicialmente, las alusiones al "Tutor de resiliencia", hacen referencia a una persona que, de manera a veces inconsciente, acompaña de manera incondicional a quien se enfrenta a una situación traumática; de tal forma que su simple presencia y su vínculo, muchas veces silencioso, provoca en éste una auténtica convulsión a todos los niveles (neuronal, metabólico, afectivo, corporal). Es decir, el "Tutor de resiliencia" ayuda a que la persona consiga resignificar sus traumas.En este libro los autores han intentado mostrar las dos caras de un "Tutor de resiliencia". De una parte los conocimientos teóricos que todo Tutor debe tener, y de la otra un relato novedoso de las reflexiones y vivencias que los autores han experimentado en sus últimos años como "Tutores de resiliencia".

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Seitenzahl: 241

Veröffentlichungsjahr: 2015

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© José Luis Rubio y Gema Puig, equipo coordinador de Addima, 2015

© Prólogo de Boris Cyrulnik, 2015

Traducción de Alfonso Díez

© Prólogo de Iñigo Martínez de Mandojana y Sagrario Martín García, 2015

Cubierta: David Guti

Primera edición: febrero de 2015, Barcelona

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.

Avda. Tibidabo, 12, 3º

08022 Barcelona (España)

Tel. 93 253 09 04

[email protected]

www.gedisa.com

Preimpresión:

Editor Service S.L.

Diagonal 299, entresol 1ª – 08013 Barcelona

www.editorservice.net

eISBN: 978-84-9784-733-9

eDepósito legal: B.537-2015

Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

Gracias a Vanesa que contra mi viento y mis mareos se mantuvo firme navegando a mi lado. A nuestro pequeño grumete, Gabriel, con quien cada día es una nueva aventura. Gracias a mi amiga y tutora Gema, con quien los sueños se vuelven realidad. Y por supuesto a todas esas estrellas que brillan en el firmamento y me guían aun en la distancia: Agus, David y Orosia.

A Saúl y a Leire, que me habéis demostrado

lo que es el primer vínculo y el apego seguro.

A Patxi, que me das el aliento y sigues creyendo en mí incondicionalmente, tal como soy.

A Pedro, Mila, Maura, José Luis, Héctor, y tantas otras que habéis inspirado este libro porque dais sin pedir nada a cambio.

«Si he visto más lejos ha sido porque

me he aupado a hombros de gigantes.»

Isaac Newton

(Carta a Robert Hooke, 5 de febrero de 1676)

Prólogo

Ningún niño puede desarrollarse si no puede encontrar a su alrededor un nicho sensorial que lo envuelva y tutorice su desarrollo. Este nicho afectivo se compone de los comportamientos inevitables de la vida cotidiana: alimentar, hablar, dar seguridad, el cuidado del cuerpo y su limpieza. Sería erróneo referirse a lo cotidiano como banal, porque estos comportamientos son vitales, indispensables para la supervivencia del bebé.

Esta estructura sensorial, compuesta por el cuerpo del dador del cuidados, proporciona tutores de desarrollo: el olor del hueco supraclavicular, el brillo de los ojos, la prosodia de la voz, el modo de acunar o de manipular al niño, componen un envoltorio sensorial que se inscribe en la memoria del bebé durante las interacciones precoces, en el curso de los primeros meses del embarazo y los primeros años del desarrollo del niño preverbal.1

Este nicho sensorial, aunque es biológico, está estructurado por la historia de los padres y su forma de coordinarse. Cuando ambos padres han adquirido, en su propia infancia, un apego seguro, el bebé está rodeado por un conjunto de comportamientos coherentes, predecibles, ya que se inscriben en su memoria a través de la regularidad de las interacciones. El bebé se desarrolla entonces en un entorno estable, dinamizador y dador de seguridad.

Cuando el apego entre los padres incluye elementos de evitación, porque adquirieron durante su infancia un estilo afectivo distante, el bebé tendrá que desarrollarse en un nicho afectivo más frío y distante.

Cuando los padres son ambivalentes, no es infrecuente que entren en rivalidad o incluso en conflicto para ocuparse del bebé y atraer su atención. En tal caso el mundo sensorial que rodea al niño se torna más difícil de prever. El recién nacido no sabe si va a recibir un afecto dinamizador y que le proporcione seguridad o, por el contrario, interacciones crispadas por la rivalidad parental.2

Los tutores de desarrollo dispuestos en torno al bebé se componen de las bases sensoriales que provienen del propio desarrollo de los padres. Por eso los vínculos parentales seguros disponen alrededor de los niños tutores de desarrollos seguros, de tal modo que impregnan la memoria del niño con un estilo afectivo seguro que facilita la socialización preverbal en la guardería y en la escuela.

Sea cual sea la cultura, este nicho sensorial es universal. Permite la supervivencia de los niños. Pero el nicho vital se estructura de modos sorprendentemente distintos según las culturas. En nuestra cultura occidental moderna, la madre y el padre a menudo se coordinan, y los bebés suelen estar solos en habitaciones confortables. Tal organización es impensable en una cultura asiática, donde un bebé nunca está solo. A menudo adquiere muy pronto un apego seguro que tendrá que establecer con su grupo familiar. En Occidente, la «persona» se ha convertido en un valor tan prioritario, que un niño seguro consagrará sus pequeña fuerzas a su propia realización, para felicidad y orgullo de sus padres. En muchos pueblos africanos es un grupo de mujeres el que rodea al recién nacido, hasta tal punto que, entre los pigmeos, puede mamar de cualquier seno capaz de dar leche. La imagen materna, base de seguridad, está compuesta entonces por varias mujeres. A menudo los hombres no se ocupan de los bebés. Van al campo por la mañana y vuelven tarde por la noche. Entonces, la imagen del padre está compuesta de un conjunto de hombres. Cualquiera de ellos puede intervenir para aportar seguridad o dinamismo o para reñir a un niño.

Así son las cosas cuando no hay un problema importante. Las inevitables contrariedades de la existencia son re-equilibradas por estos niños estructurados por el entente entre los padres, su propia historia y los valores de su cultura.3

En caso de trauma, el nicho se desgarra. Los tutores de desarrollo se rompen. El contexto, al quebrarse, rompe el mundo íntimo del superviviente. Los recursos son aplastados (ésta es la definición del trauma). Pero cuando el sujeto ha adquirido precozmente algunos factores de protección como el apego seguro y la aptitud para mentalizar imágenes y palabras, resistirá mucho mejor (definición del coping).

Cuando el desarrollo del sujeto se ha llevado a cabo en las condiciones adversas de un nicho empobrecido por la infelicidad de los padres, la precariedad social o el hundimiento cultural, el sujeto ha adquirido factores de vulnerabilidad emocional.4 Tal pobreza de recursos hacen que sea más fácil de traumatizar ante el menor acontecimiento difícil.

Entonces el herido se enfrenta a una alternativa vital:

1. Estupefacto ante el fracaso, con todos sus recursos anulados, no consigue pensar lo impensable. Tras el terremoto en Haití, ¿quién hubiera podido imaginar 250.000 muertos en un solo minuto? ¿Cómo reanudar la vida?

2. En el síndrome postraumático, la memoria desconcertada por el espanto es incapaz de evolucionar. El sujeto permanece prisionero del pasado, sometido a la imagen intrusiva del acontecimiento traumático que se impone a su conciencia, día y noche.

3. Si quiere reanudar su vida, sea como sea (así se podría definir la resiliencia), necesitará encontrar nuevos tutores de desarrollo. En tal caso, los llamaremos «tutores de resiliencia». Estos tutores que no son los habituales (afectivos, comportamentales, verbales y socioculturales) habrían sido menos investidos de no haberse producido el trauma. La pérdida, la rotura o el menoscabo del apoyo habitual del desarrollo acarrea el sobreinvestimiento de estos tutores que hubieran debido ser secundarios. Pero si el medio dispone alrededor de los afectados algunas posibilidades de nuevos desarrollos, estos tutores no habituales se tornan vitales. El afectado podrá reanudar entonces un nuevo desarrollo imprevisto, a menudo difícil, pero que da acceso a una nueva armonía existencial.5

Podemos categorizar los tutores de resiliencia en tutores explícitos y tutores implícitos.6

Los tutores explícitos son aquellos que se proponen para ayudar a los traumatizados. A menudo se trata de profesionales: miembros de equipos de rescate, trabajadores sociales o psicólogos. Pero también puede tratarse de tutores que provienen de otros horizontes, como sacerdotes, educadores, artistas o deportistas que componen imágenes identificatorias y afectivas hacia las que el traumatizado se orienta para obtener seguridad.

En un país en guerra o tras una catástrofe natural, es una presencia muda (mucho más que una elaboración verbal) la que tiene un efecto securizador. En combate, es un compañero, una figura familiar la que asume esta función.7

No es infrecuente que la personalidad del que aporta la ayuda no se ajuste bien a la del que la recibe, que el contexto social no proponga tutores a los afectados, o incluso, peor aún, que la cultura prohiba tal ayuda.

El ethos cambia de acuerdo con el contexto cultural. Una mujer violada en ciertos países es considerada sucia y se cree que contamina a su marido y a su hijos. Entonces será expulsada de su grupo familiar, lo que añade un inmenso trauma cultural a un inmenso trauma personal, haciendo así improbable el proceso de resiliencia.

Los tutores de resiliencia implícita los propone el entorno familiar, amistoso y cultural. No se trata de personas diplomadas, sino de gente de la vida cotidiana hacia quienes el afectado se orienta en busca de apoyo. Trata de encontrar un sacerdote que le ofrezca alguna espiritualidad para escapar del hundimiento de lo real, o rituales religiosos para luchar con el sentimiento de vergüenza y abandono que a menudo experimentan los traumatizados. Según su edad, su temperamento o su sexo, el afectado puede acercarse a un artista que escenificará su desgracia, ayudándolo así a comprenderla, a modificar su representación y así dominar la emoción provocada por la tragedia.8 En las favelas de Brasil, el ejército y la policía no son ya los enviados para combatir a los delincuentes. Son los deportistas, los bailarines y los músicos quienes proponen actividades más valoradas, más bellas, más alegres y más creadoras de socialización en comparación con el narcotráfico. En algunos años, más de la mitad de los niños han sido escolarizados gracias a este planteamiento. Las calles son cada vez menos lugares de combate y se convierten en lugares de encuentro con ocasión de manifestaciones deportivas o artísticas. Las psicoterapias de grupo o individuales son llevadas a cabo por psicólogos o por legos que demuestran un gran talento relacional.9

Este modo de abordar la reanudación resiliente de una existencia traumatizada se ve facilitada por los razonamientos sistémicos que coordinan datos heterogéneos (biológicos, psico-afectivos y socioculturales). Quienes están acostumbrados a las explicaciones monocausales encuentran del todo absurda esta forma de pensar: «¿Dice usted que después de haber sido violada le basta con escribir una poesía para que todo vaya mejor?».

Pero cuando uno se entrena en hacer converger causas heterogéneas, como en un sistema familiar, se comprende sin dificultad la evaluación siguiente: cuando ambos padres son maltratadores, el 90% de los hijos adquieren un estilo de apego inseguro. Cuando sólo uno de los padres es maltratador, esto sólo ocurre en el 60% de los casos, porque el otro miembro de la pareja parental puede servir como base dadora de seguridad y como tutor de resiliencia. Pero aun cuando ambos padres están motivados y aportan seguridad, hay, de todas formas, un 30% de hijos inseguros, como en la población general. Este dato invita a buscar fuera del sistema familiar una causa de inseguridad que afecta al desarrollo.10

Se puede resumir y evaluar la eficacia de los tutores de desarrollo y de los tutores de resiliencia mediante el siguiente esquema, que coordina datos heterogéneos: antes, durante y después del trauma.

Antes del trauma: se puede evaluar y manipular experimentalmente la adquisición muy precoz de dos factores de protección:

• El apego seguro en una cultura en paz y en una familia suficientemente segura: dos niños de cada tres, a partir del 10º mes (bastante antes de la palabra) habrán adquirido la competencia de explorar su medio, sobreponerse a la inquietud de la separación de la figura de apego y activar el apego en cuanto esta reaparece.• La mentalización: el niño preverbal juega a manipular los objetos de su entorno y a hacerse de ellos una representación en imagen. Cuando sepa hablar, hará con representaciones verbales el mismo esfuerzo para dominar su medio y expresar sus emociones, mediante una forma verbal dirigida a una figura de apego.

Durante el trauma: la estructura de la agresión impactará a un sujeto ya estructurado. Si ya ha adquirido algunos factores de protección, afrontará la prueba (coping) y será más difícil de traumatizar que aquel que, precozmente aislado, estresado por la violencia conyugal o abatido por la infelicidad de sus padres, habrá adquirido previamente factores de vulnerabilidad. Sumergido por una emoción que no sabe controlar, pasa al acto en una reacción explosiva11 que impide el trabajo de mentalización. Cuando la agresión es infligida por un personaje lejano, desconocido y sin apego, el golpe puede ser duro. Pero cuando la violencia es infligida por alguien cercano (lo que es a menudo el caso), al sufrimiento del golpe real se añade la desesperación por haber sido herido, traicionado por aquél o aquélla de quien se esperaba afecto y protección.

El impacto del choque será distinto en función del tejido previo del apego:

1. Cuando el vínculo ha sido seguro, si el golpe es asestado por una figura lejana y si tras el golpe el sujeto, sostenido afectivamente, trata de comprender lo que le ha ocurrido de forma que pueda recuperar el control de su mundo mental, sufrirá una herida, pero no un trauma.

2. Cuando el vínculo nunca ha sido tejido, cuando el nicho sensorial ha quedado afectado por el espanto del trauma o cuando el recién nacido estuvo aislado sensorialmente por alguna desgracia, las alteraciones cognitivas son importantes. La ausencia de arborización de las neuronas prefrontales apenas estimuladas en un medio empobrecido imposibilita la inhibición de las reacciones emocionales de la amígdala rinencefáclica hipertrofiada.12 Para un organismo como éste, en el que no se ha podido llevar a cabo la impregnación del apego, la menor información es una alerta y el menor acontecimiento tiene el efecto de un trauma.

3. Cuando el apego empieza a tejerse pero es todavía frágil, un contexto difícil lo desgarra de nuevo. Entonces se observa una especie de torsión afectiva en la que el sujeto así construido provoca el apego que necesita, pero no lo soporta. El apego es intenso, pero frágil, y los trastornos de la relación son tales que el sujeto sufre una cascada de traumatismos, como se ve en los borderline.

4. Cuando el vínculo está bien tejido pero queda desgarrado por una tragedia de la existencia (debido a la muerte de uno de los padres, un accidente o una enfermedad grave), el proceso de resiliencia será muy distinto en función del nivel de desarrollo del sujeto, que le da más o menos acceso al soporte afectivo y narrativo aportado por el entorno.13 Un desgarro preverbal deja una huella tanto más durable cuanto más tardío es el sostén afectivo propuesto. En este periodo sensible del desarrollo, el menor desgarro requiere un tutor de resiliencia urgente, porque la ebullición sináptica es tal que se inscribe en la memoria biológica y hace al sujeto hipersensible a la menor pérdida afectiva.14 Incluso cuando los tutores tardíamente propuestos han permitido una reanudación del desarrollo correcta, al surgir la necesaria autonomía de la adolescencia el sujeto así construido desea alejarse de su base de seguridad parental, pero experimenta este distanciamiento como una pérdida. En esta población es en la que se encuentra una mayor ideación suicida y también mayor número de suicidios logrados.

Tras el trauma, las dos palabras clave de la resiliencia son «apoyo» y «sentido»:15

• El apoyo preverbal requiere una presencia securizadora que comparta una actividad cotidiana. Esta cotidianidad no es indiferente, sino que, por el contrario, es vital. La acción posee un fuerte efecto de resiliencia cuando es compartida con una base dadora de seguridad. Puede tratarse de un tutor de resiliencia explícita, como cuando, tras una catástrofe natural, un bombero, un médico o un oficial controlan los acontecimientos. Pero no es infrecuente que el tutor sea implícito, adaptado a la situación traumática y que el herido otorgue un poder securizante a un tutor implícito inesperado. En Haití, los supervivientes estupefactos ante un trauma intenso, imposible de pensar, otorgaban su confianza a los niños de la calle que se ocupaban de ellos, les indicaban dónde se podía conseguir agua, los refugios donde poder dormir y los dispensarios que seguían en pie.• Cuando el bebé se queda solo no puede elaborar lo que acaba de ocurrirle. Es preciso que haya alguien cerca para poder dirigirle intencionalmente un relato sobre el acontecimiento excepcional. Cuando no hay nadie, el acontecimiento permanece impensable. Sólo es posible darle vueltas obsesivamente, dejar que vuelva a la conciencia la imagen del espanto que, repitiéndose día y noche, refuerza la memoria, llenando así el mundo íntimo en el que cualquier índice percibido recuerda el trauma, de tal manera que el afectado permanece prisionero de su pasado (esto podría ser la definición del síndrome psico-traumático). Basta con que el afectado acepte o solicite un tutor de resiliencia narrativo para que pueda ser invitado a dirigirse a su pasado en busca de las imágenes y las palabras con las que organizará un relato dirigido a dicho tutor. En este proceso narrativo, el afectado por el trauma anticipa su pasado, así como anticipa su futuro, llevando a cabo en ambos casos un trabajo de creación.

La rumia obsesiva monopoliza la conciencia del herido por el trauma, empujándolo así al tobogán de la depresión. Mientras que el esfuerzo de construir un relato para compartirlo convierte al afectado de nuevo en sujeto de su historia y no ya en cosa maltratada por el trauma.

Luego es preciso que los relatos colectivos sean congruentes con los relatos compartidos, para que el poder colmador y estructurador de la narración resiliente quede reforzada. Esta elaboración es posible cuando la cultura da la palabra a los afectados, lo que a menudo no ocurre, porque la denegación cultural protege a los no afectados y les permite evitar esos relatos angustiantes.

Cuando los relatos culturales son disonantes, el traumatizado se calla o no consigue decir lo que la sociedad es capaz de oír.16 Esto provoca la construcción de una cripta en el alma o una escisión psíquica que hace que las relaciones se vuelvan ambivalentes, porque el afectado produce un discurso fluido y coherente, pero interrumpido repentinamente por un silencio, un agujero que desorienta e indica al mismo tiempo el lugar de la angustia. Una retórica de este tipo, provocada por el contexto cultural disonante, obstruye el trabajo de resiliencia.

La reflexión sobre los tutores de resiliencia se opone a las causalidades lineales exclusivas. Es un conjunto funcional el que desencadena el proceso resiliente o lo impide. La heterogeneidad de las causas funciona en un sistema y requiere un equipo multidisciplinar, porque no se puede ser especialista en todo.

La noción de «tutor de resiliencia» contiene gran número de aplicaciones prácticas: para un niño preverbal, es el nicho sensorial compuesto de afectos e interacciones precoces el que proporciona esos tutores. En un niño que ya habla, es la presentación verbal de un relato compartido lo que calmará el pequeño herido. Y cuando los relatos culturales concuerdan con los del traumatizado, el proceso resiliente podrá, sin lugar a dudas, ponerse en marcha.

Boris Cyrulnik

Notas:

1. Rousseau P., «Naissance, trauma, attachement et résilience». En M. Anaut, B. Cyrulnik, Résilience. De la recherche à la pratique, París, Odile Jacob, 2014, págs. 23-37.

2. Fivaz-Depeursinge E., Corboz-Warnery A., Le triangle primaire, París, Odile Jacob, 2001.

3. IJzendoorn M. H., Sagi A., «Cross-Cultural Patern of Attachment». En, J. Cassidy, P. R. Shaver, Handbook of Attachment. Theory, Research and Clinical Applications, The Guilford Press, Nueva York, 1999, págs. 713-734.

4. Cohen D., «The Developmental Being : Modeling a Probabilistic Approach to Child Development and Psychopathology». En G. Garralda, J.P. Raynaud, Brain, Mind and Developmental Psychopathology in Childhood, Jason Aronson, Nueva York, 2012, págs. 3-29.

5. Aïn J.(dir.), Résiliences. Réparations, élaboration ou création ?, Ramonville Saint-Agne, 2007, pág. 27.

6. Como propone Emilio Salguiero de la Universidad de Coimbra, Portugal.

7. Clervoy P. (dir.), Les psy en intervention, Doin, Reuil-Malmaison, 2009.

8. Schauder S. (dir.), Camille Claudel. De la vie à l’œuvre, Colloque Cerisy-la-Salle, 2006, París, L’Harmattan.

9. Barreto A., La thérapie communautaire pas à pas, París, Dangles, 2012.

10. Glaser D., «The Effects of Child Maltreatment on the Developing Brain». En E. Garralda, J. P. Raynaud, Brain, MindandDevelopmentalPsychopathology in Childhood, Nueva York, Jason Aronson, 2012, págs. 199-218.

11. Bateman A., Fonagy P., Mentalization-Based Treatment for Bordeline Personality Disorders, Oxford University Press, 2006.

12. Bustany P., «Neurobiologie de la résilience». En B. Cyrulnik, G. Jorland, Résilience. Connaissances de base, París, Odile Jacob, 2012, págs. 45-64.

13. Ungar M. (dir.), The Social Ecology of Resilience, Nueva York, Springer, 2012.

14. Cyrulnik B., «Limites de la résilience». En B. Cyrulnik, G. Jorland, Résilience. Connaissances de bases, París, Odile Jacob, 2012, págs. 191-204.

15. Ehrensaft E., Tousignant M., «Immigration and resilience». In D.L. Sam, J.W. Berry, Acculturation psychology, Cambridge University Press, 2006, págs. 469-483.

16. Rimé B., Christophe V., «How Individual Emotional Episodes Feed Collective Memory». En J. W. Pennebaker, D. Paez, B. Rimé, Collective Memory of Political Events, Nueva York, Taylor and Francis, 2008, págs. 131-146.

Introducción

SAWABONA, es un saludo usado en África del Sur, quiere decir:

«Yo te respeto, eres valioso, eres importante para mí.»

En respuesta las personas contestan SHIKOBA, que es:

«Entonces, yo existo para ti.»

Como asociación pronto cumpliremos los diez años en el camino de la promoción y el desarrollo de la resiliencia. Haciendo una retrospectiva, podríamos decir que la figura del tutor o tutora de resiliencia es la que más curiosidad ha despertado entre las personas que se acercaban al concepto de resiliencia. Puede que una de las razones tenga que ver con que la mayor parte de nuestra labor de divulgación la hemos orientado hacia los profesionales de la ayuda, lo cual es un sesgo importante. Muchos nos acercamos a la resiliencia deslumbrados por un fenómeno, que por desconocido resultaba insólito, casi mágico.

Si la resiliencia era magia, sin duda el tutor de resiliencia tenía que ser el mago. Quién no se ha sentido tentado por ese don del mago, que despierta la sorpresa y la admiración, desafiando las leyes de la física.

No hace falta ahondar mucho para darse cuenta de que la magia tiene truco y no por eso deja de ser fascinante. Lo mismo ocurre con la resiliencia. Para desánimo de muchos, el tutor de resiliencia no es el mago que está en el centro del escenario. En la mayoría de los casos no sabe siquiera que está en el centro del escenario. Con suerte, con mucha suerte, puede que años después sepamos que una vez subimos al escenario y alguien nos hizo protagonistas de su truco de magia. Un truco en el que esta vez lo que se desafió no fueron las leyes de la física sino las leyes del destino.

Con todo, hemos considerado la posibilidad de que como espectadores, los profesionales de la ayuda, podamos sentarnos en esas primeras filas del público. Igual que el mago echa mano de esos espectadores de las primeras filas, los profesionales de la ayuda solemos estar en las butacas delanteras del patio cuando la vida se vuelve desafiante.

Salir al escenario, colaborar o no en el truco, es una decisión del mago. Nuestra tarea es estar a y en disposición, con nuestros recursos profesionales (educativos, terapéuticos, informativos, etcétera) pero sobre todo con nuestros recursos más humanos (afecto, compromiso y coherencia).

Implícito al estilo de Addima va la divulgación. Desde el primer momento creamos un área de trabajo encargada de difundir todo aquello que por el camino íbamos aprendiendo. Decimos aprender porque para nosotros en esta palabra está inscrita la idea de desarrollo, de transformación. Este cambio profundo irremediablemente sólo nos alcanza cuando nos toca y sacude emocionalmente.

Es por esto que una parte del libro se expresa en un lenguaje vivencial, emotivo y directo, tal y como nosotros lo hemos sentido. Ha supuesto un gran reto personal, dado que compartir esta parte forzosamente nos implica, nos obliga a revisar y volcar nuestra propia vivencia, aunque, como en este caso, sea novelada. Pero no podíamos dejar de asumir este compromiso con todas aquellas personas que, día tras día, ejercen una labor de acompañamiento en momentos de crisis, y reivindican no sólo hacerlo, sino hacerlo desde una creencia fundamental en la potencialidad humana de resurgir de la adversidad.

Comprobará el lector que este libro son en realidad dos en uno. La primera parte relata, de manera novelada, las reflexiones en torno a las cuales hemos ido construyendo un concepto de tutor y tutora de resiliencia, la segunda está destinada para todas aquellas personas que deseen profundizar en el tema, y revisar la bibliografía y las citas en las que está inspirado este trabajo. Así pues cada capítulo de la primera parte tiene su homólogo en la segunda parte.

Hasta ahora hemos hablado de magos y tutores en masculino, pero a partir de aquí —y así sucederá en el resto del libro— lo femenino tomará el protagonismo. No deja de ser asombroso que, en el fragor de una batalla librada casi por completo por mujeres, el título de héroe, aunque sea anónimo, se lo lleve un hombre. Sea, pues, nuestro pequeño homenaje a la figura de la tutora de resiliencia.

Como complemento al contenido del libro, aparecen una serie de códigos QR. Estos códigos, que recuerdan a los de barras, nos permiten enlazar con contenidos a través de un simple dispositivo móvil con cámara —siempre que tenga conexión a la red y la aplicación pertinente—. Muchos teléfonos ya tienen instaladas aplicaciones para la lectura de estos códigos, pero si no es así su descarga suele ser gratuita.

En este libro, el lector encontrará a través de estos códigos tres tipos de enlaces. Por un lado están unas fichas de trabajo, en las que se proponen sencillos ejercicios con el fin de trasladar lo leído a la experiencia personal. También hallará documentos que amplían o matizan aquello que se presenta en el capítulo. Por último algunos enlaces conducirán hasta breves documentales, escenas cinematográficas o musicales, que han sido la banda sonora de nuestro trabajo.

¡Pasen y vean!

Índice

Primera parte: Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo

Principia

Desde el principio al fin, el amor

Dame un punto de apoyo

El patchwork del vínculo

Los lazos invisibles de la incondicionalidad

Cuando el suelo tiembla bajo mis pies

El Principio de Incertidumbre

Cuando la «normalidad» se vuelve un yugo

Todas las monedas tienen dos caras: cara y cruz

De perlas y diamantes

Todo empieza en la sorpresa, en un encuentro casual

Se teje el azar

El viraje de la existencia

Si me dejas, moveré MI mundo

Hay estrellas más allá de Orión

Ley de la conservación de la materia

Entre el mood y la actitud

La grandeza de la invisibilidad

Humanidad entre hipotenusas

Haciendo explícito lo implícito

La firmeza de la ternura o cómo convertirse en un C3PO

Hacer algo con el dolor del otro

Viajeros espaciales en una galaxia muy grave

Estar presentes y disponibles en los momentos de crisis

Estimular la confianza y favorecer el vínculo

Reconocer a la persona más allá del problema

Las personas no sólo necesitan saberse apoyadas, necesitan sentirse apoyadas

La ley de Henry

En la trastienda

¿Hay alguien ahí?

Buscando el sentido

Segunda parte: Tutores de resiliencia

Principia

Desde el principio al fin, el amor

Dame un punto de apoyo

El patchwork del vínculo

Los lazos invisibles de la incondicionalidad

Cuando el suelo tiembla bajo mis pies

El Principio de Incertidumbre

Cuando la «normalidad» se vuelve un yugo

Todas las monedas tienen dos caras: cara y cruz

De perlas y diamantes

Todo empieza en la sorpresa, en un encuentro casual

Se teje el azar

El viraje de la existencia

Si me dejas, moveré MI mundo

Hay estrellas más allá de Orión

Ley de la conservación de la materia

Entre el mood y la actitud

La grandeza de la invisibilidad

Humanidad entre hipotenusas

Haciendo explícito lo implícito

La firmeza de la ternura, o cómo convertirse en un C3PO

Hacer algo con el dolor del otro

Viajeros espaciales en una galaxia muy grave

Estar presentes y disponibles en los momentos de crisis

Estimular la confianza y favorecer el vínculo

Reconocer a la persona más allá del problema

Las personas no sólo necesitan saberse apoyadas, necesitan sentirse apoyadas

La ley de Henry

En la trastienda

¿Hay alguien ahí?

Buscando el sentido

Primera parte: Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo

Principia

Leía en la trastienda, una revista de divulgación científica. Contaban de un jovencísimo matemático que había conseguido descifrar todas las ecuaciones contenidas en Principia.

Principia, posiblemente uno de los libros más inaccesibles que se han escrito, fue publicado por Newton en 1687. Sentada en la banqueta, recuerdo cómo fantaseaba recreándome con las sensaciones de aquel muchacho que, traspasando la trastienda de la realidad, había sido capaz de descifrar y comprender buena parte de las leyes que ordenaban los entresijos de la física.

Sentía su turbación al encontrar sentido a algo tan complejo, tan inexplicable, que hubiera hecho desistir a cualquiera de tamaña empresa. Seguramente,