Un mapa - Carlos Pérez - E-Book

Un mapa E-Book

Carlos Pérez

0,0

Beschreibung

Hemos venido a este mundo con una deuda que no podemos saldar con quienes nos precedieron, les debemos casi todo lo que somos. Esa actitud de gratitud nos mueve a ser humildes. A todo lo más que podemos aspirar, seguramente, es a que nos lloren de verdad cuando faltemos. Este credo es la base para este texto, una suerte de ensayo-legado dividido en 2 partes: ocio y negocio. No hay fórmulas mágicas, atajos, ni ideas finales. Se trata de ofrecer cierta guía, altitud de miras, y algo de consuelo para quien se halle algo cansado y desorientado. ¿Qué me gustaría dejarle por escrito a mi hijo? Esto es lo que tienes entre manos, querido lector.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 211

Veröffentlichungsjahr: 2023

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Un mapa

Carlos Pérez

ISBN: 978-84-19925-02-2

1ª edición, enero de 2023.

Conversión de formato e-Book: Lucia Quaresma

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

Nada te turbe, nada te espante, [...]

la paciencia todo lo alcanza.

Santa Teresa de Ávila.

Prólogo

Todos los mapas están equivocados, tienen errores, pero algunos nos resultan útiles.

Pasa con cualquier modelo: Al pasar de la realidad a la representación, incluso cuando se trata de una foto, se sacrifican elementos, pero nos quedamos con lo esencial. Este escrito no es distinto, es un intento de entresacar lo importante de vivencias y lecturas, limpiándolo de lo superfluo, a modo de herencia. Me habría gustado tener algo así a mis 18 años. Pero si lo hubiera tenido, no habría experimentado la necesidad de pasar a limpio las enseñanzas que reúno aquí, con mis mejores deseos. ¡Que aproveche!

Epílogo1

Hijo, durante todo este tiempo hemos tratado de darte lo mejor de nosotros.

Hace años, con la pandemia (¿recuerdas?), decidí recoger la esencia de lo que te venimos dando en este librito. Así que, lo que contiene, ya lo llevas dentro. Enhorabuena, ya puedes dejar de leer, y seguir con tu vida.

¡Que sea larga y próspera!

1. Sí, has leído bien.

¿Sigues ahí? Eres de los míos, curioso, e inconformista.

¡Bien!

Pero, ¿qué te puedo decir para que leas esto? Pues que:

ESTO NO ES UN LIBRO DE AUTOAYUDA.

Por lo menos, no en el sentido de los que dicen:

—“Sonríe, y la vida te sonreirá.” (¿Y si lloras, llorará?)

—“Si quieres, puedes.” (Vale: Quiero ser millonario... Cri, cri, cri2).

—“Si lloras, las lágrimas te impedirán ver las estrellas.” (Si estoy mal, ¿qué me importa lo que a lo mejor ni existe ya?).

—“Cuando quieres realmente una cosa, todo el universo conspira a tu favor.” (Al universo no le importa qué quieres, no es una persona).

—“Los errores nos ayudan a aprender.” (Si así fuera, no se repetirían; y no siempre se aprenden cosas útiles).

—“Tú eres único.” (Como todos los demás).

—“¿Estás triste? No tienes motivo, sé feliz.” (Vale, ahora además me siento culpable).

... (Y otras m*erdas parecidas).

De hecho, si alguien habla así, es casi seguro que se limita a repetir consignas que suenan bien, que consuelan, pero no va más allá. Lo mejor que puedes hacer es huir.

Pero no nos desviemos del tema, que es: ¿por qué leer esto? Bueno, ya hemos dicho qué no es, ha llegado el momento de desvelar la verdad:

ESTO ES UN LIBRO DE RECETAS.

Sí. De las recetas secretas que se pasan dentro de una familia, de generación en generación. Te aseguro que no hablo de oídas, todos los ingredientes están probados en carnes propias, y solo están los que han superado la prueba del tiempo. Las ideas se han pulido gracias a haberlas puesto a prueba con la familia (incluido tú, por supuesto), amigos, y todos aquellos con quienes he mantenido relación. Por tanto, no encontrarás aquí ocurrencias biensonantes, para quedar bien.

Así que puedes llamarlo un legado, tu recetario secreto, tu vademécum, o tu mapa.

Está organizado en dos bloques: Ocio y negocio. Verás que hay principios que son válidos en ambos ámbitos, pero merece la pena considerarlos por separado.

Espero que te sirva de inspiración, sobre todo, cuando las cosas no te vayan como esperabas.

2. Grillos.

Primera parte:

Ocio.

1

Disputas.

Lo que habrás oído: En cualquier disputa, la razón solo puede ser de uno. Y si uno la lleva, tiene que defenderla con uñas y dientes. Como no lo hagas, te ganan terreno, y harán contigo lo que quieran. Dejarán de respetarte.

Lo que tal vez no: Hablar de razón es engañoso, sería más preciso hablar de razones. Puesto que todos nos equivocamos, no es posible tener siempre la razón; como mucho, puede uno tener razones legítimas para defender una postura. Pero si nos fijamos en por qué se trata de imponer un punto de vista, de dónde surge esa necesidad, comprenderemos mejor la situación.

DISPUTAS POR TODAS PARTES.

Habrás visto, como yo, discusiones de parejas. Incluso te habrás percatado de esos “silencios atronadores” que a veces se producen, y que pueden durar hasta meses (créeme, los he visto de cerca).

No solo les pasa a las parejas, las disputas se dan en cualquier ámbito y escala de las relaciones humanas. En familias, entre amigos, en todo tipo de organizaciones, hasta entre países. Pero nos interesa más la forma de resolver el conflicto que el motivo de la disputa, ¿verdad? En algún punto, un tema en cuestión deja de tratarse de forma racional, el lenguaje se usa como arma, y llevar la razón se convierte en lo único importante. Por su parte, los argumentos pasan a ser ataques personales. De hecho, es un buen indicador: si la conversación ha entrado en el terreno de las acusaciones, es que ya descarriló. Otro buen indicador es el silencio. La adrenalina fluye, y se dispara el mecanismo de lucha o huida. Lo racional deja paso a lo visceral.

DILEMAS.

Muchas veces recurrimos al pensamiento dicotómico3, porque nos facilita razonar.

Cuando nos planteamos un dilema, estamos recurriendo a esa forma de pensar.

En un juicio se contraponen dos partes, aunque haya muchos matices; pero al final está la acusación contra la defensa.

En lo político, pocas ideas escapan a la clasificación de ‘izquierda-derecha’, ¿verdad?

Hay ejemplos para aburrir, pero en el fondo se trata de sobre-simplificar. Lo complejo es un rollo, porque requiere mucho esfuerzo; y por eso necesitamos simplificar los problemas hasta que entren en una categoría, o en la contraria, con sus correspondientes etiquetas y valores.

CÓMO LIDIAR CON LAS DISPUTAS.

Muchas disputas se plantean como una lucha entre el bien y el mal, lo acertado y lo equivocado, lo egoísta y lo generoso. La razón y la sinrazón.

Cuando reducimos la postura del otro a una idea atacable, o cuando nos identificamos con nuestro planteamiento, estamos preparándonos para la guerra. No para comprender mejor, sino para atacar y defendernos. Y de las guerras nunca se sale indemne, sea quien sea que lleve la razón: se trata de imponer por la fuerza, y esto crea resentimiento, como poco. O cerrazón, como la de aquel paisano mío:

—“Yo sé que llevas razón, pero no te la voy a dar.”

Cuando dos partes pelean por la razón, es como si dos niños se disputaran un columpio, olvidando que han venido a jugar. Y cuanto más empeño pone uno en quedárselo, más enconadamente se defiende el otro. Recordar esta imagen me ha ayudado a no comportarme como un niño chico.

También sabemos que, al presionar demasiado para salirnos con la nuestra, podemos poner al otro entre la espada y la pared. Y cuando alguien siente la pared en su espalda, puede pasar cualquier cosa. Pensemos en esos conflictos de tráfico que han acabado en el hospital y la cárcel, por ejemplo.

¿Cómo evitar esta deriva? Pues algo que me ha dado muy buen resultado es dar un paso atrás para tener una visión más panorámica. No disputar la razón, sino buscar ver más allá de lo evidente. (De hecho, disputar la razón con la pareja puede convertir la convivencia en un infierno; lo he visto tantas veces, y tardé tanto en darme cuenta...).

En una situación dada, cualquiera, poniéndose en el lugar del otro, seguramente actuaría igual. Si nos parece que lo que alguien ha dicho o hecho es una barbaridad, seguramente es porque nos falta mucha información. A lo mejor resulta que es una barbaridad, pero a esa conclusión hay que llegar despacio, después de haber considerado todas las explicaciones.

Sí, pero ¿ cómo sondeamos para conseguir explicaciones? Etiquetar intenciones o emociones es el mejor modo que conozco.4

—“Parece que... esa furia viene de lejos, ¿no?”

—“Eso suena a que... no quieres volver a sufrir.”

—“Tiene toda la pinta de que...te han herido el orgullo.” El caso es que hasta etiquetando mal adrede, funciona:

el otro querrá desmarcarse rápidamente, y aclarar lo que de verdad siente y quiere.

Por ejemplo:

—“Parece que quieres poner todos los obstáculos para que no vea a mis amigos.”

—“¿¿Yo?? ¡Qué va! Lo que pasa es que...”

Sondeando de forma prudente, sin violentar, sin ofender, se puede tener una conversación civilizada. Cosa imposible cuando alguno se pone a la defensiva. Querer saber es legítimo, siempre que a uno le concierna el asunto, claro.

Para evitar una respuesta defensiva, lo mejor es NO etiquetar a la persona, lo que dice, ni lo que hace, SINO sus emociones e intenciones, tanteando en forma de pregunta.

Una buena guía es pensar en nuestra meta, que diga: “¡Eso es!”. Imaginemos que resumimos con nuestras palabras lo que ha dicho (no tenemos que estar de acuerdo). Si demostramos que hemos escuchado atentamente, el conflicto está casi resuelto (¡La de peleas que hay por no sentirse escuchados, ¿verdad?!). Lo mismo vale para defendernos: Auditar las acusaciones, como hacen los mejores abogados, repasándolas una a una, es el mejor camino para volver al entendimiento. Ejemplo:

—“Parece que estás molesta. A ver si lo entiendo: Me acusas de ser egoísta por no avisarte de que llegaría tarde (acusación #1), y por haberme servido la cena, sin siquiera preguntarte (acusación #2). Es verdad, he sido un desconsiderado, te pido disculpas5(#1). También te pido que me dejes explicarme: me quedé sin batería en el teléfono (#1), y al llegar, vi que estaba la cocina recogida, así que pensé que ya habías comido (#2). Aunque venía cansado, y ya me conoces cuando tengo hambre, tenía que haberte preguntado... (#2)”.

En el fondo se trata de no dejarse llevar y buscar una explicación “aguas arriba”. Pero hay formas de prevenir más efectivas. De eso trata el siguiente capítulo, que éste6ya está quedando demasiado largo, ¿no?

3. A o B, blanco o negro, sí o no...

4. “Etiquetar está mal”, habrás oído. Sí, a las personas, porque las reduces a adjetivos, casi siempre, despectivos. Y eso entorpece el buen entendimiento.

5. Pedir disculpas sinceras es un poderosísimo disolvente de problemas. Mejor usarlo con discreción y autenticidad.

6. Lecturas que han inspirado este capítulo:

—Antifrágil, de Nassim Nicholas Taleb.

—Rompe la barrera del no, de Chris Voss. Muy recomendable.

2

Cultivar.

Lo que habrás oído: Cuando das con la persona adecuada, se produce un tipo de conexión casi mágica, de modo que te entiende sin tener que hablar; te conoce como nadie, y se adelanta a tus necesidades, de manera que ya no hace falta pedir nada. Por eso se dice: “Si me quisieras, lo sabrías”.

Lo que tal vez no: Todos cambiamos con el tiempo, por lo que para conocer de verdad al otro hay que mantener un contacto continuo y cercano, para así ver cómo varían sus prioridades, y lo que siente.

CUÁNDO.

Para conocer a alguien, hay que compartir un quintal7de sal. Eso se dice en mi tierra, que solo se conoce a alguien cuando has usado esa sal para sazonar las comidas compartidas.

Es difícil pensar en actividades que unan más que las comidas, unas cervezas, o un “café charlado”.

Tomar algo con allegados tiene un efecto en la salud comparable a la dieta. La mera existencia de las “zonas azules”, lugares del mundo donde se encuentran las personas más longevas, apunta en esa dirección: Sus dietas son muy diferentes, pero tienen en común la importancia que les dan a las relaciones personales (volveremos a esto en el capítulo 16).

Sea como sea, se sabe que con la comida nos relajamos, y eso propicia que nos abramos. Es lo que se busca en el mundo empresarial para llegar a acuerdos más profundos, con más compromiso de lo que se podría conseguir con la firma de un contrato.

QUÉ.

Desde que nacemos, necesitamos sentirnos cómodos y seguros. De hecho, demandamos ser queridos incondicionalmente. Es más, esa necesidad básica evoluciona al hacernos adultos: queremos ser escuchados, estar en lo cierto, nos gusta gustar, que se nos reconozca y acepte, y por supuesto, ser queridos. Esto nos lleva a querer conseguir el éxito, y a mostrar nuestras fortalezas en público, ya sea belleza, títulos, o una personalidad encantadora, y a esconder nuestras debilidades. Con esto esperamos salir bien parados al compararnos con otros, que es la forma de comprobar qué tal nos va. Pero la única comparación válida es con uno mismo.

CÓMO.

Una comida es un momento muy propicio para tener charlas profundas y significativas. Pero puede haber obstáculos. Si la persona se siente incómoda, inferior de alguna manera, las barreras suben. Y al contrario.

¿Por qué ve la gente dramas, en culebrones, películas o noticiarios? Por muchas razones, pero veo una que se repite: ver a otros en apuros de alguna manera nos hace sentir que no estamos tan mal, y por tanto, nos reconforta.

Ése es el motivo por el que, tras confesar algo ligeramente embarazoso, puede comenzar una animada conversación: el otro se siente más cómodo. Y también porque se dispara la reciprocidad, claro.

“In vino veritas” lo confirma: El alcohol facilita relajarnos, y que digamos cosas que de otro modo nos costaría mucho, lo que de verdad pensamos y sentimos: Por ejemplo, algo que nos atormenta, y tratamos de ocultar a los demás. Pero la frase, continuaba: in aqua sanitas, en el agua está la salud. Dos milenios después, sigue vigente.

Y es que cultivar la confianza requiere dos elementos que el etanol puede comprometer:

Uno es que sintamos que somos iguales y tiene sentido compartir la experiencia. Cuando alguien se intoxica, ya no podemos verlo igual, ni se puede afianzar una amistad, porque, esencialmente, ya no se es la misma persona. ¿Te caería bien tu “yo” borracho?El otro elemento es el respeto, que es como el aire: lo damos por sentado, pero si falta, nadie podrá pensar en otra cosa. Es difícil que sintamos respeto por alguien borracho, por no mencionar que la embriaguez puede desembocar en faltas de respeto.

Por resumir, ¿cómo vamos a cultivar una relación amistosa, amorosa, o familiar, sin crear seguridad? ¿Sin que se sienta cómodo con nosotros en todo momento? Qué menos que esté seguro de que nada de lo que nos diga se volverá en su contra, nunca.8Vamos, lo contrario de lo que dice la policía en las películas estadounidenses:

—“Todo lo que diga podrá, y será (¡!) usado en su contra” (¿y así pretenden conseguir confesiones? ¿Poniendo al sospechoso a la defensiva?).

Como dijo alguien que yo me sé:

—“Mami, el mundo está al revés...”

7. Unos 46 kg.

8. Buena parte de este capítulo es deudor de: “Diga no para obtener un sí”, de Jim Camp.

3

El sesgo propio.

Lo que habrás oído: Confía en tu corazón. La intuición no falla. Fíate de tu instinto.

Lo que no tal vez no: Todos nos equivocamos, y muchas veces; nos engañamos al exagerar la importancia de nuestra visión y experiencia.

“Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira:

todo es según el color

del cristal con que se mira.”

Ramón de Campoamor.

PENSAR RÁPIDO, PENSAR DESPACIO.

Qué complejo el mundo, ¿eh? Somos individualmente complejos (cada uno con sus “cada-unadas”), lo son nuestras relaciones, no digamos la sociedad.

Tomar decisiones puede ser agotador, si no fuera porque desarrollamos heurísticas, atajos basados en nuestras experiencias previas. Gracias a eso podemos sortear la parálisis por análisis.

—“No sé por qué, pero no me fío de esta persona”.

Así funciona la intuición, y se perfecciona con los años. Pero la intuición falla, y la prueba está en que nadie está libre de que lo engañen, por muy mayor que se sea.

Al tomar decisiones rápidas sobre asuntos muy complejos recurrimos a las experiencias previas, a principios, prejuicios que nos permiten ser operativos, funcionales. Como ocurre con la conducción, y gracias a eso somos capaces de anticiparnos a peligros, ¿verdad? Pero está el peligro de que le demos demasiada importancia a lo que encaja con nuestros ideas previas, desdeñando lo que las contradice9. Y así nos engañamos sin siquiera ser conscientes, fiándonos en exceso de lo que pensamos que va a ocurrir. Como ocurre en la conducción, si no nos cuestionamos nuestras intuiciones. Si siempre actuaran los demás como esperamos, no habría colisiones, o serían muchas menos, ¿no?

LO QUE NOS DECIMOS.

“En este mundo no existe nada ni bueno ni malo, es el pensamiento lo que lo hace parecer así.”

William Shakespeare.

Entre un dicho o hecho y nuestra reacción, tomamos en un instante una decisión sobre qué pensar. Sucede tan rápido, y estamos tan habituados a ello que ni siquiera somos conscientes. Es decir, ante lo que observamos, conjeturamos sobre la motivación, juzgamos si es bueno o malo, y solo entonces damos una respuesta de aceptación o rechazo. Esto explica la gran variedad de reacciones ante un mismo hecho, porque cada cual se cuenta a sí mismo su interpretación. Le ocurre a un bebé si se expone a una serpiente: consultará con la mirada a su madre cómo reaccionar, porque carece de experiencia previa. También nos ocurre si formamos parte de una muchedumbre, donde es más fácil dejarse llevar que pensar por uno mismo. O si se nos pregunta sobre un asunto que es nuevo para nosotros, buscaremos referentes (autoridad o prueba social).

Incluso en vivencias propias es probable que, con el tiempo, nuestra postura cambie conforme evoluciona lo que nos decimos (o nos dicen), a la luz de lo que vamos sabiendo después. No es que cambie nada, solo nuestra perspectiva.

DOMINAR NUESTRO SESGO.

Así que tenemos una herramienta muy poderosa, pero conviene saber cómo funciona, y revisarla a menudo.

¿Por qué? Porque apoyarnos demasiado en ella nos abotarga, nos hace menos observadores, menos curiosos, más categóricos en nuestras apreciaciones, más rígidos, más soberbios. El día en que dejamos de hacernos preguntas, nos hacemos viejos.

Pero hay una forma sencilla de dominar esta herramienta: pensar un poco más despacio, especialmente cuando hay consecuencias importantes en juego. Hay ocasiones en que merece la pena hacer de abogado del diablo, cuestionar nuestra postura, y considerar detenidamente las alternativas. De hecho, si lo piensas, la Ciencia avanza gracias a cuestionar sistemáticamente las hipótesis, vengan de donde vengan. Y lo mismo ocurre en las empresas, es muy bueno contar con alguien que desafíe las creencias o preferencias del jefe.

Si el sesgo propio ya ha salido a relucir en un momento dado, costará desdecirse, porque entra en juego el orgullo. Sin darnos cuenta, podemos estar cavando un hoyo, y atrincherándonos. Y para salir, hay que dejar de cavar, que es justo lo opuesto de lo que solemos preferir: asentarnos más firmemente, recurriendo a argumentos peregrinos y acusaciones. Cuesta mucho reconocer los propios errores, y muy poco repartir culpas para taparlos. Pero esta dinámica es perjudicial a muchos niveles; sobre todo, nos impide mejorar. Ya lo dijo Salomón:

“Donde hay soberbia, allí habrá deshonra; pero donde hay humildad, habrá sabiduría”.

Proverbios 11:2.

Lo curioso es que esta dinámica nace de dentro, aunque haya factores externos que favorezcan su funcionamiento. Vamos a verlos en el próximo capítulo.

9. Sesgo de confirmación lo llaman.

4

Embudos.

Lo que habrás oído: Haz esto, es por tu bien, ahora a lo mejor no lo comprendes, pero ya verás. Hazme caso, que yo sé de lo que hablo.

Lo que tal vez no: Si te paras a pensarlo, puedes darte cuenta de que me conviene a mí más que a ti.

GRATIS (POR AHORA).

Estamos rodeados de embudos. Nos asedian, y nos roban la tranquilidad. Tanto en el plano comercial, como en el personal.

Probar gratis es el modo de suscitar la reciprocidad, de crear una deuda, de ponernos suavemente un lazo, y llevarnos adonde quieren.

Muchos guiones de ventas están ideados para cortarnos las salidas, que no podamos decir “no”, ya se trate de una empresa o una organización sin ánimo de lucro (¡éstas son las peores, las más despiadadas!). Otras veces, las propuestas de servicios están pensadas para alejar el “no” a un futuro donde ya sea tarde para decirlo. “Pruébalo gratis” (...pero danos tu tarjeta de crédito, que ya te cargaremos el importe en un mes, cuando ya ni te acuerdes).

En el plano personal, cuando alguien tiene mucho interés en que hagamos algo, puede que presione desde el primer momento con firmeza, como si nos empujara para pasarnos por un embudo, para extraernos el “sí”. Y más, si es de la familia, ¿verdad? Se toman unas confianzas...

NO DIGAS NO.

Desde chicos nos reafirmamos diciendo “no”. Es la forma más directa y eficaz de hacernos valer: Nos proporciona control, especialmente, cuando se nos demanda un cambio. Los cambios asustan, pero el “no” nos permite mantener, al menos temporalmente, las cosas como están, y por tanto mantener a raya el miedo.

Por otra parte, pasar por alto el derecho a veto es nefasto. Las personas somos capaces de morir por este derecho, por mantener nuestra autonomía. Es complicado llegar a buen puerto si ignoramos el derecho a decir “no” con tal de llegar como sea y cuanto antes al “sí”. Puede que reconozcas esta estrategia en estas frases:

—“Es por tu bien.”

—“Cuando crezcas, lo comprenderás.”

—“Hazme caso, que yo sé de lo que te hablo.”

—“Si no haces lo que te digo, lo lamentarás.”

—“Tú, lo que tienes que hacer es...”

DEFENSA PERSONAL.

¿Cómo defenderse? En el ámbito comercial, muchas veces se aprovechan de la buena educación, y de que resulte embarazoso rechazar la oferta. Pero hay que reparar en lo manipulador de la estrategia, y hacerlo notar:

—“Oye, eso es un poquito manipulador, ¿no te parece? ”

En el ámbito personal, suelen coincidir la toma de atajos (presionar con fuerza para conseguir el “sí”) con lo difícil que es “defendernos” de quienes nos quieren, y quieren lo mejor para nosotros (supuestamente). ¿Cómo vamos a decir “no” sin parecer unos egoístas, insensibles, desagradecidos?

La mejor forma de enfrentarse a algo así es pasar de las posturas (lo que se dice) a las intenciones (el porqué).

—¿Por qué quieres que haga esto?

—¿Es porque me conviene, o por alguna otra razón que se me escapa?

—¿Puedo decir “no” de verdad, sin temor a las consecuencias, o se trata de un chantaje?

—¿Y si te planteara yo a ti lo mismo, cómo te lo tomarías?10Necesitamos preservar nuestra autonomía, sentir que tenemos el control, y quien nos lo quiera quitar, se enfrentará a una firme oposición. No nos llevará adonde pretende. Es instintivo retener el control. De eso va el siguiente capítulo.

10. La regla de oro de la ética suele funcionar: trata a los demás como te gustaría ser tratado. Pero me gusta más la regla de plata, que se entiende mejor: no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran. De aquí se deduce que te metas en tus propios asuntos, y no decidas qué es lo mejor para los demás; sería como un intento de colonización, una falta de respeto, ¿no crees? En cualquier caso, la base de toda ética tiene dos pilares (ojalá hubiera tenido esto claro con tu edad):

1. El sufrimiento evitable es un mal absoluto.

2. Cualquier vida humana (no insoportablemente sufriente) es un bien absoluto.

Estas son las raíces para cultivar el honor ético, como escribe David Cerdá en “Ética para valientes”.

5

Control.

Lo que habrás oído: Tú eres el dueño de tu destino. Puedes ser lo que quieras, como nos enseña la vida de X, que nació pobre, y construyó un imperio. Que nadie te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño, hay que perseguirlo, y trabajar duro; eso es lo que diferencia a las personas exitosas de los muertos de hambre.

Lo que tal vez no: El azar determina mucho más de lo que queremos reconocer. Podemos mejorar nuestras posibilidades de éxito fingiendo que depende de nosotros, poniendo todo nuestro empeño. Pero los acontecimientos que más determinan nuestra vida son azarosos: dónde nacemos, cómo conocemos a nuestra pareja, y a quiénes elegimos como compañeros de viaje.

TRABAJO DURO.

¿Qué controlamos? Siendo sinceros, muy poco.

¿Alguien al final de su vida puede decir que fue como planeó? Como mucho, que vivió su vida a su manera, como cantaba Frank Sinatra (“My way”).

Se oyen consignas tramposas que hablan de que, si uno quiere, puede conseguir lo que se proponga. Que no se consienta que otro diga hasta dónde puede uno llegar; el cielo es el límite. Que con esfuerzo, todo se consigue. Que uno es la fuente de su éxito, que todo depende de tener la actitud correcta, y de hacer buenas elecciones.