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El presente libro registra un panorama de la historia institucional de las Bandas Departamentales del Valle del Cauca y Nariño. Se parte del reconocimiento de tres momentos históricos: el origen de las primeras bandas y su evolución; su desarrollo y sus usos militares y políticos, en el contexto universal y en el contexto colonial americano; y el de la apropiación e institucionalización de estas agrupaciones musicales como entidades culturales en el siglo XX, luego de su desuso militar tras la independencia del gobierno español, momento en el que las gentes de los pueblos y ciudades lograron una identificación local en los espacios musicales, tipo retreta, con los que se proyectó la música nacional. Como aporte final, se presenta la historia y trayectoria de estas dos agrupaciones que, tras sobrevivir a una cantidad de vicisitudes, son las únicas que subsisten en nuestro país. Las fuentes de información fueron las bibliotecas y los archivos de la ciudad, los conservatorios, los fondos de cultura departamental y, más importante aún, se recurrió a la tradición oral, al testimonio de los propios integrantes, entre ellos el autor, o de personas que han vivido muy de cerca el quehacer de estas dos bandas musicales. Dedicamos este trabajo a estas agrupaciones que bien merecen de la ciudadanía y toda la nación el esfuerzo por preservarlas para que continúen con su maravilloso arte de crear y difundir la música, y en especial nuestro patrimonio musical.
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Seitenzahl: 239
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Burbano Parra, Ritho Mauro
Una historia musical. Bandas departamentales del Valle del Cauca y de Nariño / Ritho Mauro Burbano Parra Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2021.
188 páginas ; 21 cm -- (Colección Artes y Humanidades)
1. Bandas musicales - 2. Música instrumental - 3. Identidad cultural - 4. Historia de la música - 5. Valle del Cauca (Colombia) - 6. Nariño (Colombia)
780.9861 cd 22 ed.
B946
Universidad del Valle - Biblioteca Mario Carvajal
Universidad del Valle
Programa Editorial
Título: Una historia musical. Bandas departamentales del Valle del Cauca y de Nariño
Autor: Ritho Mauro Burbano Parra
ISBN: 978-958-5168-97-8
ISBN-PDF: 978-958-5168-99-2
ISBN-EPUB: 978-958-5168-98-5
Colección: Artes y Humanidades
Primera edición
Rector de la Universidad del Valle: Édgar Varela Barrios
Vicerrector de Investigaciones: Héctor Cadavid Ramírez
Director del Programa Editorial: Francisco Ramírez Potes
© Universidad del Valle
© Ritho Mauro Burbano Parra
Diseño de carátula y diagramación: Sara Isabel Solarte Espinosa
Corrección de estilo: Luz Stella Grisales Herrera
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Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.
El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación, razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.
Cali, Colombia, junio de 2021
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
AGRADECIMIENTOS
RECONOCIMIENTO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1
ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA MÚSICA INSTRUMENTAL
Origen y significado del término banda (bandwo)
Antecedentes de las primeras bandas
Las bandas de corte
Las bandas de iglesia
Las bandas de ciudades o municipales
Antecedentes e influencia de la música en América Latina
Influencia indígena
Influencia europea
Influencia africana
Inicios de los procesos de consolidación de las bandas en América Latina y específicamente en Colombia
¿Qué es una banda de música?
Algunas clases de bandas en el contexto nacional e internacional
CAPÍTULO 2
LAS BANDAS MUSICALES COMO ELEMENTO IDENTITARIO
Las reminiscencias o improntas de caleños y pastusos sobre las bandas musicales locales
La música y las bandas musicales de viento en la construcción de identidades
CAPÍTULO 3
UNA HISTORIA Y DOS CAMINOS: LAS BANDAS DEPARTAMENTALES DEL VALLE Y DE NARIÑO
Registros e historiografía
Breve paralelo histórico entre el Valle del Cauca y Nariño
Análisis comparativo de las bandas departamentales del Valle del Cauca y Nariño
Santiago de Cali y la Banda Departamental del Valle
La Banda Departamental del Valle: su creación e historia institucional
Banda Departamental de Nariño
San Juan de Pasto y su proceso histórico-musical, influenciado por la religión española
La tradición histórica de las bandas musicales en Pasto
De Banda de la Guardia Nacional a Banda Departamental y a Banda Sinfónica Departamental
CONCLUSIONES
RECOMENDACIONES
ACERCA DEL AUTOR
BIBLIOGRAFÍA
NOTAS AL PIE
A mi familia. Mi madre, Isabel; mi esposa, Martha Lucía, por su apoyo constante; mis hijos, Andrés, Andrea, Alejandra, y mi nieta, Isabel.
A todos los músicos y amigos de la cultura.
A la profesora Isabel Cristina Bermúdez, por sus consejos que enriquecieron esta obra.
A todo el equipo del Programa Editorial de la Universidad del Valle; en especial a Luz Stella Grisales, por su acompañamiento en el proceso de edición.
Se hace necesario resaltar el trabajo de un excelente maestro, gestor de bandas y formador de un gran número de músicos, quien con sus conocimientos y experiencias sembró y creó una saga de músicos y bandas a lo largo de los departamentos del Valle del Cauca y de Nariño; hablamos del maestro Manuel María Burbano (bisabuelo del investigador de este trabajo). Nacido en el Tambo, Nariño, en 1866 y fallecido en Cali a la edad de 105 años. Estudió Armonía Instrumental con el profesor español José María Navarro, exdirector del Conservatorio Nacional de España. Completando su educación con los profesores Conrado Hamerlin (alemán), Ismael Solís (español) y el sacerdote Martínez (jesuita español), personajes que influyeron de gran manera en su formación musical y que por aquella época se establecieron en la ciudad de Pasto, Nariño. Fue solista de flauta traversa en la Banda Departamental de Nariño por varios años, participó en la banda de Pereira bajo la dirección del profesor Agustín Payán y en la orquesta de la “Voz amiga” de la misma ciudad.
En el departamento de Nariño, organizó las bandas de música de los municipios de Samaniego, Linares, Yacancuer, Ancuya, Consacá, Buesaco y La Unión, y en lo que anteriormente fue la Comisaría del Putumayo, las de Mocoa y de Colón. En el departamento del Valle, las de Buenaventura y Batallón “Codazzi” de Palmira.
La historia del maestro Burbano lo lleva a Buenaventura, cuando el 31 de diciembre de 1940, en la fiesta de fin de año en el Hotel Estación de la ciudad, tocaba la orquesta Jazz Colombia dirigida por el maestro Ignacio Burbano, hijo del maestro Manuel María Burbano, a quien el concejal y dirigente político Néstor Urbano Tenorio le preguntó si conocía de algún profesor de música para dirigir una banda en el Puerto; don Ignacio le manifestó que hablaría con el maestro Manuel María Burbano, quien podría ser la persona indicada para tal propósito. Así se estableció el contacto con el maestro y en el año de 1944 se definieron los términos del contrato para que se hiciera cargo de la dirección de la banda municipal de músicos.
El maestro llegó a Buenaventura el 4 de mayo de 1944 y después de reunirse con la junta convino integrar la banda con estudiantes del colegio Pascual de Andagoya. El rector Pastor Díaz del Castillo, aportó una significativa ayuda al proyecto. Los instrumentos fueron comprados de segunda a una institución educativa del Valle. Los ensayos de la banda inicialmente se realizaron en la concentración Escolar n.º 1, después en la inspección de policía del barrio Obrero y, posteriormente, en una casa de la calle “La Chambita”. Estuvo en el cargo hasta 1949, año en que se retiró, pero este retiro fue temporal, ya que volvió en 1954; pero más tarde deja el cargo definitivamente para trasladarse a Palmira a dirigir la Banda de Músicos del Batallón Codazzi1.
En el presente trabajo, se registra un panorama de la historia institucional de las bandas de música de los departamentos de Valle del Cauca y Nariño. Se parte del reconocimiento de tres momentos históricos: el primero, sobre el origen de las primeras bandas (bandwo) y su evolución; el segundo, sobre su desarrollo y sus usos militares y políticos, en el contexto universal e introducción al contexto colonial americano; y el tercero, que marca la apropiación e institucionalización de estas agrupaciones musicales como entidades culturales, luego de su desuso militar lograda la independencia del gobierno español. Las bandas dejan su carácter militar con el transcurrir republicano y en el siglo XX son adoptadas con carácter cívico por las instituciones político-administrativas.
Se rescata su evolución, la historia de su institucionalización, la tradición cívica que permite a las gentes de los pueblos y ciudades reconocerse en sus identidades locales, gracias a los espacios musicales, tipo retreta, con los que se proyectó la música nacional.
Como aporte final, se presenta la historia y trayectoria de estas dos grandes Bandas Departamentales del Valle del Cauca y Nariño, objeto de esta investigación, deteniéndonos un poco en sus inicios, sus diferencias sociales y culturales; ligadas entrañablemente, claro está, a sus lugares de origen, a sus gentes, pero primordialmente a su momento histórico y su repercusión en la población y en la forma de vida. Por su parte, en Cali los naturales mantuvieron una lucha por evitar el sometimiento, por lo que no tuvieron el influjo cultural español sino tiempo después, en comparación con Pasto, donde se dio más tempranamente la apropiación del idioma español, la religión y, claro está, la música, ya que la práctica religiosa iba de la mano con la enseñanza y la práctica musical impartida por los sacerdotes extranjeros que se dedicaron a la evangelización de la población.
En este orden de ideas, la música y la conformación cultural en las ciudades de Cali y Pasto muestran rasgos distintos de sus orígenes, ambas en una historia de hibridaciones culturales permanentes —al igual que el resto de Latinoamérica— que aún lleva a sus espaldas el arraigo de las comunidades indígena, africana y europea, mezclas que se convirtieron en las grandes constituyentes de la cultura colombiana.
Cada región tiene sus características propias, y en los casos del Valle del Cauca y Nariño esas particularidades son bien marcadas debido precisamente a como cada región vivió y asumió el sometimiento español, y cada banda perteneciente a ese espacio sociocultural trae una esencia que la enmarca en tradiciones y arraigos culturales de la zona, unas especificidades que las denotan y diferencian de las otras, gracias a la versatilidad que se tiene de la música en Colombia. A finales de los años ochenta y comienzos de los noventa ocurrieron grandes cambios políticos a nivel nacional. Con la Constitución Política de 1991 se define a nuestra sociedad como “multiétnica y multicultural”, permitiendo que las minorías étnicas participen de forma activa en la música, particularmente en las bandas y orquestas de las regiones.
Lo que sí es innegable es que estas dos instituciones musicales a través del tiempo han dejado una huella y una historia llena de satisfacciones, que se ven reflejadas en su trabajo del día a día, instituciones musicales que para el momento actual cuentan con un personal altamente capacitado y profesional, y con un patrón de trabajo representativo no solo a nivel regional, sino a nivel departamental, cada una de ellas se ha dedicado a llevar muy en alto la cultura musical de su región y del país, convirtiéndose en embajadoras de la música y la cultura, participando activamente en cuanto acto y evento haga referencia en su ciudad y departamento. Esperamos seguir teniendo Bandas Departamentales por siempre y disfrutar de la calidad de su interpretación y de su amenidad.
Desde épocas muy antiguas las agrupaciones musicales han estado presentes en las diferentes sociedades que han poblado la tierra. Según Pérez Perazzo, algunas excavaciones arqueológicas realizadas en Sumeria (antigua Mesopotamia, cerca del golfo Pérsico) dan cuenta de la utilización de instrumentos de percusión y de otros como el esirtu y el gi-bu (tubo largo sin embocadura y sostenido de forma casi vertical). El uso de trompetas rectas y en espiral se encuentra para el año 10 000 a. C., todos ellos empleados en actos militares y ceremoniales2.
También se referencia que, en el Antiguo Testamento hay muchas historias que relacionan instrumentos musicales usados en grupos, en actividades ceremoniosas y bélicas; por ejemplo, en el libro del Génesis (4:21), Moisés cita a Jubal, descendiente de Caín, como padre de los que tocan kinnôr (lira portátil) y ûgabh (flauta vertical de varios tubos). Para esta época se conoce la existencia de grupos de músicos ejecutantes entre los hebreos (año 5650 a. C.) que, para los fines del culto en el templo, usaban instrumentos como la jazozra (trompeta de plata), una trompa o cuerno de carnero sin boquilla llamada shofar, e instrumentos de percusión como el tof (antiguo tambor hebreo) y el paramon (campanilla de los príncipes tribales). La Biblia ofrece numerosas menciones y referencias originales acerca de la importancia de la música y de los diferentes usos musicales (p. e., Gén. 4:21, 3:27; Éx. 15:1-20; I de Sam. 18:6-7, 10:5, 16:23; Ecl. 2:8; Job 21:12; Núm. 10:1-2; Jue. 7:19; II de Sam. 1:17, 6:5; Jos. 6; Sal. 108:3, 149:3) y formas rituales de tocar y de cantar. Para la misma época el libro de Números (Núm. 10:1-2) cita el uso de la trompeta de plata, “Locutusque est Dominus and Moysen, dicens: Fac tibi duas tubas argente as ductiles, quibus convocare possis multitudinem quando movenda sunt castra...”, traducido tenemos: “Y habló el Señor a Moisés, diciendo: hazte dos trompetas de plata, de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar a la multitud y para poner en movimiento a los campamentos”3.
Igualmente, en el libro de Josué (6:4) relata las instrucciones precisas que este recibió de Dios: “Siete sacerdotes llevarán delante del Arca siete trompetas resonantes. Al séptimo día daréis siete vueltas en derredor de la ciudad, yendo los sacerdotes tocando sus trompetas”.
En la India (año 3000 a. C.) se usaron trompetas y dobles chirimías: shannai, timpani, panderos y tamburos en la música guerrera, como puede observarse en los tapices, grabados y pinturas de la época. Los chinos en el mismo año introdujeron en sus ceremonias y rituales el uso de largas trompetas cuya longitud era, aproximadamente, tres palmos; construidas de madera con incrustaciones de oro. Además, utilizaron el órgano de boca, sheng; una especie de flauta de pan, pái siao; las flautas verticales, yo y ti; la flauta traversa, ch ih; la flauta de vasija, hun. En el año 3100 a. C., los egipcios dedicaban gran culto a la música militar, utilizaban la tuba, una trompeta recta que precedía los desfiles seguida de tambores y sistros (sonajeros para el culto de Isis), tal como lo señala Ptolomeo Filadelfo. También utilizaron flautas verticales: nay y uffata, dobles chirimías, zumarah y trompetas, las cuales eran utilizadas en el culto a los muertos. Así mismo, usaron una gran variedad de instrumentos de percusión, timbales de mano, sonajeros, varillas entrechocadas, etc.
De esta época llega referencia de Khufu-Anch, considerado uno de los músicos ejecutantes más antiguos, tal vez el primero; cantor y flautista virtuoso, fue director musical de la corte del faraón durante el tercer milenio antes de nuestra era4.
Los caldeos en el año 2000 a. C. practicaron la música guerrera, como lo muestran los trabajos arqueológicos realizados en los monumentos de Senaquerib y Nabucodonosor. Entre 1100 y 500 a. C. se desarrollaron los conjuntos instrumentales de luras vikingas en los países escandinavos; instrumentos de sonido fuerte y vigoroso, comparable al del moderno trombón, usados en las funciones ceremoniales y rituales.
Asurbanipal, valga decir Sardana Palo IV (668-625 a. C.), utilizó grupos de músicos militares asirios, según consta en grabados y relieves que se exhiben en el Museo del Louvre, en París. Otros rastros que muestran el desarrollo de los instrumentos y su interpretación en conjunto, según Pérez Perazzo, pueden ser apreciados en los relieves y vasos que se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, donde se observan claramente guerreros ibéricos tocando instrumentos musicales de uso militar.
Antes de conocer las primeras bandas, es necesario mirar un poco de dónde proviene el término “banda”, y a qué se debe su nombre. El término banda proviene de la palabra bandwo, que procede de la antigua lengua gótica de los troncos lingüísticos germanos, posteriormente adaptada al castellano. Su significado hace referencia a un grupo de hombres unidos para ir a la guerra bajo ciertos emblemas e insignias que los identificaban como miembros de una misma hermandad y los diferenciaban de sus enemigos. Bandwo también hace referencia a una bandera izada que el viento agita, alude al sonido de filiación, es música y emblema, su signo y su significación; por ejemplo, es el shofar judío, la tuba romana, el lur escandinavo, la gaita gallega, la quena incaica, y de términos sonoros las trompas de cacería congregadas para las faenas venatorias que se hacían bandwo con música y señales musicales provocadoras del instinto persecutorio; así mismo, el galope acompasado de cabalgaduras que el tiempo transformó en marcialidad al toque de trompetas y tambores. Se conformó todo ello con código musical desarrollado a principios del Renacimiento francés con enorme variedad, evolucionando a las marchas durante el reinado de Luis XIV, para quien Lully, compositor de la corte, escribía las primeras piezas del género musical militar ejecutadas con sencillos instrumentos que solo se fueron perfeccionando con la inclusión del sistema de válvulas en aquellos de metal, iniciado el siglo XIX5.
Es así que los más remotos vestigios de agrupaciones que hacían música y la tradición del uso de sonidos e instrumentos musicales tienen un origen en la historia antigua asociada a colectivos y bandas guerreras, por ende, a prácticas militares, que les permitía cierto sentido de unidad, animaba el espíritu a la lid, a la vez que producía sentimientos de temor o miedo en la banda contrincante.
En cuanto a estos antecedentes, en la cultura precolombina tanto en los imperios Azteca, Maya e Inca como en el Muisca se encuentran referencias de este tipo de usos instrumentales y musicales asociados a la festividad y la guerra. Cesar Bolaños dice que en el Tahuantinsuyo se hallaron instrumentos musicales que permiten inferir que usaban escalas, que la organología y la acústica son muy precisas, pero que no es posible especular acerca del uso evolutivo de los mismos6. Así mismo, Aza, Montilla y Sánchez establecen que los incas poseían una numerosa variedad de instrumentos como címbalos, tambores de hendidura, vasos de percusión y frotación, maracas naturales y de terracota, cascabeles, raspadores, además de los instrumentos aerófonos que constituyen el grupo más numeroso de los instrumentos melódicos precolombinos, siendo los más representativos del altiplano, la antara y la quena.
Hay también una gran variedad de flautas (tarka, anata, silbato, flautillos, ocarina) y de trompetas naturales (de caracol, arcilla y bambú); flautas de carrizo, utilizadas entre los indígenas: flautas pentáfonas, flautas de madera, flautas traversas y flautas de hueso; silbatos de barro cocido, ocarinas zoomorfas hechas de barro cocido y bocinas de caracol. Estos autores citan al investigador mexicano Samuel Martí, al decir que entre los aztecas existían escuelas de canto y de música denominadas cuicacalli, que significa casa de canto, donde el único ejercicio que se impartía era el de cantar, bailar y tañer a mozos y mozas7.
Estas ligeras reseñas de instrumentaciones antiguas, haciendo alusión al pueblo que los creaba y utilizaba, pretende dentro del marco del término bandwo, entrar un poco en el conocimiento de las instrumentaciones de los pueblos que en algún momento de la historia hicieron el bandwo, porque no se puede desligar la música que pudo ser utilizada en esos momentos emblemáticos, sin conocer un poco de los instrumentos que hacían parte de aquellas épocas.
En cuanto a los indígenas antillanos, sus instrumentos se reducían a flautas y silbatos, caracoles marinos, sonajeros, cascabeles de madera o concha, y el tambor xilofónico. Los investigadores citados antes, a su vez citan al musicólogo alemán Curt Sachs, quien señala que las culturas de México y Perú conocieron tres tipos de instrumentos: los diófonos (sonajas, raspadores); los aerófonos (flautas, silbatos, trompetas), y los membranófonos (tambores con parches). Descubrimientos posteriores demostraron que existieron también instrumentos como el cordófono, un arco musical cuya autoctonía aún se discute. En el caso de las culturas prehispánicas, se han encontrado, desde la arqueología, variedad de instrumentos para hacer música que permiten a estos investigadores dar cuenta de los materiales que usaban, las formas de construcción y la complejidad de su ejecución, además de lugares especializados para su diseño y enseñanza, pero permanece poco estudiado lo referente a los diversos usos específicos.
La antropología y la etnohistoria dicen que estas comunidades indígenas utilizaban las agrupaciones musicales en actividades que podían variar entre ritos de caza y pesca, curaciones, festividades en honor a sus dioses, avivar a los guerreros en la batalla, rituales fúnebres y, en general, en la mayoría de tareas de la vida cotidiana, cada una de ellas bajo ritmos y melodías diferentes que denotaban la utilización de elementos presentes en los cánones melódicos modernos8.
Todos estos instrumentos, reunidos en conjuntos musicales, tenían una gran importancia en los actos ceremoniales y litúrgicos: imitar a ciertos animales de poder para los indígenas o amenizar los cultos con ciertos sonidos naturales, eran unas de sus utilizaciones. Por otra parte, los instrumentos también eran usados como ofrendas a los dioses de la música. Más adelante, en el proceso de evangelización por parte de los españoles, los indígenas aprendieron a fabricar e interpretar diversos instrumentos occidentales de uso litúrgico.
Aplicando la concepción de bandwos, se podría decir que dentro de la música indígena prehispánica se organizaban bandwos de música mágica, asociada a los ritos de caza y pesca, de fertilidad, curaciones y maleficios; música religiosa, asociada a festividades de los distintos dioses para rogarles, aplacarlos o agradecerles; música guerrera, asociada con la producción de ambientes y sonidos aterradores para enardecer a los guerreros de batalla. Se trataba de una música en bandwos con una armonía elemental con dos o más sonidos simultáneos, pero polirrítmica. Muchos de los cronistas europeos del siglo XVI dejaron sus testimonios y a veces sus juicios sobre la extraña música y danzas de los indígenas americanos, con los que tuvieron contacto por primera vez en las Antillas. Entre estos cronistas se puede encontrar a fray Ramón Pané, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Fernando Colón, fray Bartolomé de las Casas y Gonzalo Fernández de Oviedo. Lo más impresionante a los ojos de los españoles, realizado por los indígenas, fueron sus actividades festivas que observaron primero entre los taínos de la Española y Cuba, y que pasaron con el nombre indocubano de areito.
El bandwo predominante en las celebraciones indígenas era el religioso, sumamente ligado a los acontecimientos naturales, se complementaba con la creación de cultos a las rocas, a los montes, a las plantas, a los bosques, a los animales, a las fieras, a las estrellas, al Sol, a la Luna, a los muertos, a los espíritus y frecuentemente a las fuerzas que les impresionaban. Esa simbiosis casi litúrgica fue sustituida en la colonización española por la del culto cristiano, en el cual fue utilizada la música como un dispositivo muy poderoso en pro de la conversión de los aborígenes.
Las primeras bandas musicales de carácter municipal, o de hermandades, aparecieron en la Edad Media, hacia la mitad del siglo XIII, a partir de la importación del tambor durante las Cruzadas, dando lugar a lo que realmente se llaman bandas de música: conformación realizada a partir de instrumentos de viento y de percusión, que se fueron definiendo en tres tipos, como bandas de corte, de iglesia y de ciudad9; veamos rápidamente en qué consistían:
Tenían funcionalidades de protocolo ceremonial, eran convocadas para dar inicio a los actos dinásticos o monárquicos, de una manera formal en las cortes de Gran Bretaña, Portugal y Germania; siendo la banda de la corte del conde de Kraiburg la primera de la que se tiene registro, hacia el año de 1050; posteriormente, en 1212 fue formada la banda del conde de Chester, quien promueve la organización corporativa con diferentes nombres como City Piper, Ratsmusikant, Stadmusikant, Zinkenist o Stadtpfeiffer, de los músicos ejecutantes de instrumentos de viento, percusión, etc., en la región de Gran Bretaña.
La corte germana del Kaiser Friedrich II tenía, en 1217, un cuerpo de Trompeteros Reales con funciones claramente definidas, para el ceremonial y usos militares, incluidos diferentes toques y señales musicales. Heinrich W. Schwa en su obra Die Anfänge des weltlichen Berufsmusikertums in der mittelalterlichen Stadt, afirma que los primeros documentos sobre un Spilleute o grupo de músicos de viento datan del 10 octubre de 1265, cuando en Brunswick, los duques Albrecht y Johann organizaron estos grupos y definieron la instrumentación que debían tener10.
Desde tiempos remotos, según Pérez Perazzo, el uso de bandas de viento y percusión era fundamental en las cortes europeas. Es necesario resaltar dos casos que se consideran importantes: el primero, para el siglo XIV con la llegada del tambor sarraceno a Francia con las tropas inglesas, cuando se produce la invasión de Eduardo III (rey de Inglaterra, 1327-1377) de Inglaterra a Calais en 1347. Este monarca dio inicio a la Guerra de los cien años, en esta se hacía uso de los tambores y timbales con la intención de producir pánico y horror en el enemigo. A partir de este siglo el uso del tambor sarraceno se generalizó por las diferentes cortes europeas según las necesidades protocolares y militares, un ejemplo de ello es el surgimiento de la compañía de trompeteros, para esta época, en la ciudad de Lucca. El segundo caso fue la incursión, en 1461, de un grupo de militares húngaros que viajaban a Francia a solicitar la mano de la hija del rey Carlos VII (el Victorioso, rey de Francia entre 1422-1461); cuando se introdujeron en este país los timbales usados en ambos lados de las cabalgaduras, causaron gran impresión en la población Parisina, a tal punto que el rey Luis XI, quien asumió la corona ese mismo año, dispuso la inmediata organización de un cuerpo de trompetas, tambores y timbales. Esto alcanzó tanta fama y prestigio que, ya en Augusta (Alemania), en 1462, se concedió el privilegio a la ciudad de formar y mantener un cuerpo de trompetistas y timbaleros municipales11.
Así se fueron enriqueciendo las bandas musicales con instrumentos llegados de otros lugares para fortalecer los toques militares; esta práctica pronto se extendería, haciendo que cada corte quisiera tener su banda para hacer uso de ella como muestra de ostentación.
Eran usadas en los actos litúrgicos, como parte de sus ritos en el culto público, inicialmente eran muy fuertes los coros y el canto llano o gregoriano, luego pasaron a ser acompañados de arreglos polifónicos e instrumentales que ambientaban la liturgia. La primera banda que aparece reseñada en la historia es la banda de la iglesia germana del obispo de Passau en el año 1203. Este tipo de banda es la que, durante la colonización europea, nos llega a América; durante los tres siglos de vida colonial las celebraciones religiosas estuvieron cargadas de la influencia tanto en instrumentos como en ritmos europeos, pues las órdenes religiosas también se encargaron de formar coros, formar músicos y enseñar a elaborar los instrumentos necesarios. El llamado barroco americano no solo debe limitarse a las obras pictóricas, puesto que los talleres musicales fueron igualmente prestigiosos y dejaron una herencia y tradición hasta hoy vista.
Durante los siglos XV y XVI el esplendor de la música española se representó en la música religiosa; en México fue temprana su incursión, ya en 1527 era famoso el franciscano Pedro de Gante con sus enseñanzas. En Quito desde su misma fundación, en 1535, empezó a funcionar una escuela organizada por los franciscanos en la cual se enseñaba, entre otras disciplinas, la música. En cada región eran los hijos de los caciques, principalmente, a quienes se les enseñaba canto, como también a tocar órgano, flauta y sacabuches. Guatemala introdujo músicos europeos en su catedral por lo menos desde 1548; la catedral de Santo Domingo desde su misma construcción en 152012.
Hubo un hecho importante que marcaría un cambio en el rumbo musical de la cultura criolla americana, llevándola hacia la modernidad, la llegada del violinista italiano Mateo Medici o (Melfi), contado entre los que acompañaban al virrey José Solís Folch de Cardona, quien asumió funciones en 1753. Medici fue nombrado violinista de la catedral con la obligación adicional de “enseñar a los niños que se le asignaren para que siempre haya personas hábiles”13, aunque parece ser que Melfi no permaneció por mucho tiempo en la catedral, y debido a ello no se le da mucha importancia en la documentación; es cierto el hecho que su presencia aquí debió servir de puente a los músicos locales para adquirir conocimientos básicos de elementos del estilo musical italiano desconocido hasta entonces, esta influencia se puede hacer notoria en algunas obras italianas en el repertorio de iglesia, pudiéndose nombrar a compositores como Pietro Franchi (?-1731), Giuseppe Ottavio Pitoni (1657-1743) y Carmine Giordani (1685-1758), todos ellos ejemplificando el estilo vocal instrumental usado en la música catedralicia de aquel tiempo, especialmente el estilo napolitano y romano a varias voces con violines y bajo continuo al órgano14.
Con el desarrollo de la música religiosa, en Europa surgieron múltiples compositores y géneros que incorporaron instrumentos cada vez más especializados a sus acompañamientos orquestales, tanto que para el siglo XVIII terminaron trasladándose las numerosas piezas musicales de las celebraciones religiosas a las salas de concierto.
Antes de observar dónde surgieron las primeras bandas de ciudades o municipales, nótese una previa aclaración respecto al tema, para que no se preste a confusión, se puede apreciar que las bandas municipales de hoy en día se pueden encontrar a lo largo y ancho del territorio colombiano, en muchísimos municipios, mientras que las departamentales, como su nombre lo indica, se encuentra una sola por departamento, del cual recibe auspicio y, musicalmente hablando, un departamento colombiano requiere de una célula musical de este tipo que lo represente. Las bandas municipales difieren de las departamentales en el número de sus instrumentos, y en la clase de música que interpretan, pues las bandas municipales colombianas están más orientadas a la interpretación de la música colombiana; mientras que las departamentales, por ser más grandes, lo que les permite manejar un formato más amplio, poseen también un repertorio más variado, desde la música colombiana hasta obras de otras fronteras y continentes, generando así un repertorio de talla internacional.
Ahora se verá lo que fueron las bandas de ciudades o municipales en sus inicios, teniendo en cuenta que este tipo de bandas nada tienen que ver con las actuales existentes en Colombia a nivel municipal. Las de la antigüedad tocaban en lugares públicos con auspicio de la nobleza, para el esparcimiento de las comunidades cercanas, mientras que a su vez estaban las bandas de iglesia para actos litúrgicos y las bandas de corte que eran de uso exclusivo del rey.
