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Josefina es una mujer de pechos abundantes. Por encima de su escote se escapan esas tetas bien apretadas por el corpiño de dos tallas menor. Sobre el pecho izquierdo, un delfín tatuado salta brioso a los ojos del hombre que le ofrecía comprarle un trago.
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Seitenzahl: 121
Veröffentlichungsjahr: 2013
A mis amores.
Josefina es una mujer de pechos abundantes. Por encima de su escote se escapan esas tetas bien apretadas por el corpiño de dos tallas menor. Sobre el pecho izquierdo un delfín tatuado salta brioso a los ojos del hombre que le ofrecía un comprarle un trago.
_ Me gusta el whisky- le dijo con su practicada sensualidad.
El hombre le ordeno al barman un whisky en las rocas y se lo ofreció a Josefina. Ella, sin apartarle la vista, se lo agradeció. Posó sus labios en el borde del vaso fingiendo beber. El hombre sacó su billetera del bolsillo interno del saco azul. Con uno de los billetes de cincuenta pesos le pago al barman.
Josefina lo catalogó detenidamente. “Ha este tipo le voy a cobrar doscientos pesos por lo menos. Debe ser un hombre casado, a pesar que no lleve alianza. Cuarenta y cortos años recién cumplidos. Vida marital monótona o problemática, uno o dos hijos, quizás. Es de esos que buscan una aventura que le devuelva un poco de sazón a su vida. Estos clientes pagan muy bien.”
_ Mariel me llamo – respondió con su nombre de trabajo a su nervioso posible cliente.- ¿Y vos?
_ Soy José. ¿Siempre venís a este lugar?
_No. Debe ser la segunda o tercer vez que vengo.- “Que parloteo barato que tiene este tipo. Vamos a hacerlo sufrir un poco”. Josefina alargo el silencio, aun más, al ver que José se quedaba sin argumento.
_ Eeeehhhh…- José miró para otra parte nervioso.- ¿Te gusta este whisky?
_ Algo.
_ ¿Cómo era tu nombre?
_ Mariel- “Vamos a salvarlo que sé está ahogando.”- ¿A qué te dedicas José?- El se sorprendió que recodara su nombre.-“Para que pregunté. Acá viene un aburrido monologo”
_ Trabajo en una empresa de seguridad informática. Estoy en la parte de investigación y desarrollo. Ahora estamos probando la seguridad en el servidor de un punto Web – Josefina lo observaba hablar sentada en una butaca al lado de la barra. Siguió parloteando pero Josefina no entendía nada de lo que decía. Calculaba que debería trabajar con computadoras. “Parece un buen sujeto. Demasiado buenazo, quizás. Me pregunto cómo su mujer no lo cuidaba. No ser de esos que engaña a su esposa. Solo debe estar buscando las caricias que no consigue en su casa. Debería ganar un buen sueldo por lo grueso de su billetera, llena de billetes de a cien, a esta altura del mes”. Él siguió disertando sobre su oficio, a lo que ella asentía con monosílabos. Y después de un buen rato de hablar concluyo: – Y en resumidas cuentas eso es a lo que me dedico. ¿A qué te dedicas vos?
_ Trabajo organizando fiestas- Dijo irónicamente Josefina. “Este es un dormido.”
_ Ah mira que bien ¿Y cómo te está yendo?
_ No me puedo quejar. Hay mucho trabajo. Ayer tuvimos una gran fiesta para cinco ejecutivos.- Se sonrió al escuchar lo que decía ya que lo que le contaba era real en cierto modo.
_ Aaaahhh, a fin de mes tenemos que hacer una fiesta de despedida a un contador de la empresa que se jubila. Te podríamos contratar. ¿Me puedo tomar el atrevimiento de pedirte tu tarjeta?
_ ¿Cuántos van a ser?_ Preguntó Josefina siguiéndole la corriente.
_Somos como 50.
_Si tenemos la capacidad para una fiesta de ese tamaño.- “Voy a tener que llamar a las chicas o me la van a tener que cocer el trasero después de la fiesta.”- Acá tienes mi tarjeta personal.- José la guardo en su billetera. Bebió de un sorbo lago lo que quedaba de su whisky. Lo que hizo sentir más coraje.
_ ¿Cuándo te tatuaste el delfín?
_ ¡Uhhh! Hace 5 años atrás, ya. Tenía 18 años y no estaba sobria. Lo tengo medio descuidado. Se me puso rugoso. Tócalo con el dedo. Dame la mano- Josefina le tamo la mano y le apoyó la palma en su teta izquierda. Le rozó con su pezón y se masajeó el seno. Ella le miró los pantalones vio que José tenía una erección furiosa. José estaba colorado.- Tocá con el pulgar. Ves que esta rugoso.- Le acercó la rodilla hasta la entrepierna para palpar la insipiente excitación de José.
_Se nota que esta rugoso- Asintió él. Ella le apartó la mano
_ ¿Te gusta el tatuaje?-
_ Esta lindo-
Josefina simuló tomar un trago del whisky. José pidió otro bien cargado.
_ Me duele un poco la rodilla- Se quejo Mariel tocándose la rotula y sin apartar la pierna aprovechando para pasarle los dedos para sentir su erección
Mariel dejo descansar el brazo en el regazo. Despacio deslizó los dedos por el pantalón. José sentía que estaba por estallar. Nunca había tenido un contacto tan rápido con una desconocida. Ella dibujó círculos con la yema del dedo en la punta de su miembro. Su cliente se estremeció.
_ Vamos a tu departamento- Le murmuró José en el oído.
_ ¿Andas en coche?-Le preguntó palpando con suavidad los testículos.
_Si… – Suspiro entrecortado. “Si esta mujer sigue así voy a acabar acá mismo. Esta seguro me va a cobrar”. José le dejo una suculenta propina al barman y se la llevó de la mano hasta la entrada de bar. El patovica les abrió la puerta y salieron a la calle. Caminaron hacia el final de la cuadra. Sacó de su bolsillo las llaves para desconectar la alarma con el llavero. Al subir al automóvil puso la llave en encendido.
_ ¿Dónde vivís?- Le pregunto a Josefina sin disimular su apuro por llevarla a la cama.
_A cinco cuadras de acá. Arranca que yo te indico.
Llegaron al departamento. Lo invitó a sentarse en el sofá del living. José se inclino para darle un beso pero ella lo detuvo.
_ Esto te va a costar trescientos pesos
_ Ya me parecía que era demasiado bonito esto.- Sacó el dinero de la billetera y se lo ofreció. Mariel lo guardo en su cartera. Revolvió el contenido en busca de un preservativo. Mordió el sobrecito abriéndolo por una esquina. Dejó el condón en la mesita ratona enfrente de ellos. Le bajo el cierre del pantalón. Hurgó en el calzoncillo en busca de su miembro.
Josefina saboreo su entrepierna como si fuese un exquisito manjar. José estaba por estallar.
***
_ Josefina, para que estoy por acabar.- Le advirtió entre suspiros. Pero ya era tarde. Gimió con extasiado placer dentro de boca de ella.
_ ¡Sos un boludo! Sabes que no me gusta que me acabes en la boca. No me calienta que me lo hagas.
_ Bueno perdoname- Se disculpo el esposo de Josefina.- ¿Querés que empecemos de nuevo?
_ No ahora ya está. No es lo mismo. Ya arruinaste el ambiente.
_ ¿Querés intentar mañana de nuevo?-
_ ¡No! Mañana tenemos que acostarnos temprano. Además mañana domingo a la noche televisan mis series favoritas en el canal de los documentales.
José Sánchez se limitó a no insistirle a su esposa. La acompaño hasta el baño. La observó cepillarse la boca. Por la expresión del rostro sabía que era inútil insistir con el juego amoroso.
_Volvemos a casa, entonces.- Asintió con un suspiro de frustración.
_ Para que voy a limpiar un poco el departamento de Carina, para devolvérselo limpio.- Dicho esto Josefina fue hasta el lavadero para buscar un balde para llenarlo de agua con detergente y lejía. Trapeo el piso del comedor con esmero. José lavó los trastos sucios en que quedaron en la pileta de la cocina. Mientras secaba la vajilla, la disponía en pilas para después guardarlas.
Josefina dejo su tarea de lado para observar el departamento de su amiga Carina. A través de un gran ventanal en el living comedor se veían las chispas de las luces de la ciudad por la noche. Los muebles eran de madera de cedro. La mesa, también de cedro ocupaba su lugar junto al ventanal. El centro de mesa, un florero con rosas blancas ofrecía un jovial toque primaveral. Detrás de mesa, de espaldas a la puerta de entrada, un sillón de tres cuerpos coronaba el medio del ambiente. Josefina opino que el color del tapizado no hacía juego con el color de los muebles. Pero era un sillón muy cómodo para jugar en él en la compañía de su esposo. Este pensamiento la encendió. A hurtadillas caminó sin hacer ruido hasta la cocina. Abrazo a su esposo par la espalda. Le acarició el pecho y fue bajando hasta encontrarse con la bragueta del pantalón.
_ Dejamos un desastre en la cocina- Dijo agitada Josefina.- ¿Qué hora es?
_ Casi son las seis de la mañana.
_ Para que ordeno de nuevo un poco y nos vamos. Hay que ir antes que se despierten los chicos. ¿Tenés el dinero para pagarle a la niñera?
_ Tengo el dinero en el pantalón.- José señalo a donde se había perdido el pantalón el medio del frenesí.
***
Josefina volvió de su ensueño cuando su cliente quedo satisfecho. Ya hace tiempo tenía estos ensueños en que su cliente era su esposo. No sabía por qué le atacaba estos delirios. Cuando le atacaban estos ensueños todo parecía tan real.
Ya hace varios años que los padecía. “Me estaré volviendo loca” se preguntaba cuando volvía en sí. Pero una parte de su mente le decía que eran fundados en su necesidad de establecerse en la vida. Formar una familia y vivir como una persona normal. Se sentía sola y desdichada. Fantaseaba conocer un hombre que la acompañara. Que la contuviera. Tener hijos que llenar su vida vacía. No prostituirse para estar con un hombre. Quería tener en la cama con un hombre y que no fuese por dinero. Detrás de la máscara de mujer come hombres, se ocultaba una persona cariñosa que necesitaba contención. Lloraba cada vez que su cliente partía de su departamento. Lloraba desdichada y desesperanzada. No besaba a ninguno de sus amoríos por dinero. Besarlos complicaba la depresión en que se sumergía después de cada ensueño. “Cuando va a terminar esta pesadilla” se lamento. Josefina apenas había podido completar los estudios formales de adulta. A sus cortos 23 años el mejor sustento que podía alcanzar era la prostitución. Se permitía lujos que con otros trabajos no llegaría conseguirlos. La idea de mudarse a otra ciudad donde no la conocieran y empezar de nuevo la meditó repetidas veces. No era aventurera. Era una persona sedentaria muy establecida. “Pero que otra cosa puedo hacer”. No tenía habilidades para oficios y era muy buena en el sexo pago. Cuando dormía soñaba con que era ama de casa y esperaba a su marido con la cena servida. Se despertaba llorando. Meditaba con hacer terapia con un psicólogo, pero no creía en la psicología. “Mal no me va a hacer, que puedo perder con intentar”.
Su madre murió cuando ella era una joven adolescente. Su padrastro la dejó a su suerte. El hambre y la desdicha la llevaron a su oficio. Había trabajado por su cuenta desde el principio. Cuando tuvo que valerse por sí misma e independizarse de golpe, probó suerte como prostituta. Le iba muy bien. Pero la soledad la termino por vencer.
José se incorporó de la cama, para vestirse. Olió la camisa para ver si le hubiese quedado el perfume de Mariel. No había rastros de perfume que le podían traer problemas con su esposa.
_ ¿Cuánto te debo?- Le pregunto a ella
_ Trescientos pesos.
José le dejó cincuenta pesos más de lo que le pidió, por haber quedado muy satisfecho con el servicio. Sin más que decir, José se retiro del departamento.
Josefina, caminado desnuda, fue hasta el baño para darse una ducha. El calor del agua no la reconforto. Lloró amargamente anhelando una mejor vida. Su vida era como estar en un pasillo oscuro, donde al final del corredor, a través de las rendijas de una puerta, se vislumbraba una luz. Pero ella se sentía incapacitada, para mover sus pies para alcanzar la puerta, sabiendo que del otro lado de la puerta estaría mejor.
Josefina concluyo el baño secándose el cabello. Se acostó desnuda en su cama de dos plazas. Concilió el sueño rápidamente olvidando sus penurias. Despertó temprano en la mañana de un sobresalto. Miró el reloj de la mesita de luz. No había dormido las adecuadas ocho horas de sueño a las que estaba acostumbrada.
Fue hasta el baño para acicalarse el pelo revuelto. A pesar de haberlo secado la noche anterior, lo tenía hecho una maraña. Miró en el espejo su delgada figura coronada por sus abundantes pechos y sus nalgas esculturales. Se pregunto cuántos años más podía sacar provecho de su cuerpo, antes que el paso del tiempo lo marcase. Ofreció su mejor perfil como si alguien la estuviera observando del otro lado del espejo. Se estrujo los pechos y se lamió un pezón estirando la lengua. Dio la espalda al espejo y miró al supuesto espectador un con golpe de vista, clavando la mirada en el espejo. Deslizó sus manos por sus caderas hasta llegar a sus pétreas nalgas. Imitando un tosco acento español dijo:
_ ¿Quieres follarme?- Rió con ganas de sí misma.
Llegado el medio día, almorzó frugalmente. Se vistió cómoda para dar un paseo por la plaza a unas cuadras de su departamento. “Si tuviera un perro lo sacaría pasear. Pero como no tengo, me paseo a mi sola”, se dijo. Bajo mediante el ascensor hasta la planta baja del edificio. Saludó cortésmente al portero. Hombre de pocas palabras y de no hacer preguntas sobre la vida de los demás. Abrió puerta de entrada que siempre permanece cerrada como medida preventiva. Cerró la cremallera de la campera al pisar la vereda. Acomodo los anteojos de sol frente a los ojos. Sufría de fotofobia, por las mañanas debido a sus repetidas trasnochadas. No todas las noches buscaba clientes. Solo de jueves a domingo cuando el bar que frecuentaba suele tener más clientela. El resto de los días se los tomaba para ella sola, o para atender a clientes fijos que solían llamarla. Muy de vez en cuando atendía a más de un hombre a la vez. Esas ocasiones, eran por montos de dinero que superase lo que recaudaba en una semana.
El sol de pasado el medio día dejó atrás las frescas brisas de la mañana. Cada paso que daba le hicieron olvidar la amargura del día anterior. Lloraba con más frecuencia de lo habitual. Al pasarse el mal estar, olvidaba todo el torrente de desdicha. Renovándose como una persona sin memoria. El calor de las primeras horas de la tarde le acariciaba el rostro.
