Cachondas - Alba M. Hernández - E-Book

Cachondas E-Book

Alba M. Hernández

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Beschreibung

Tienes en tu mano disfrutar de momentos de erotismo y humor en distinto grado. Porque todo el mundo vive su sexualidad de forma distinta, ninguna de estas historias se parece a otra. Estos son los finalistas de la I Convocatoria de Relatos Eróticos de Humor de LES Editorial: 19 de julio (Alba M. Hernández): Un reencuentro inesperado con una persona de su pasado podría cambiar el mal fario de ese día. Las lesbianas se casan de penalti (Carolina Pascual): A una celebración disparatada le sigue una noche de bodas surrealista. El tamaño sí importa (Carolina Ramos): El éxito del nuevo sex shop del barrio atrae a cierta clientela, y trabajar allí se convierte en una actividad de alto riesgo. Confluencia en la residencia (Elena Tejedor): Paula ingresa en la residencia para la tercera edad sin esperar encontrarse allí con Joana, una vieja rival, nunca mejor dicho. El espíritu de las bragas rojas (Juana de Sastre): Si antes de la última campanada no consigue tener un orgasmo con alguien que lleve bragas rojas, no volverá a tener buen sexo. La miel más dulce (Laura Arenas y Marina Tena): Diana es la mujer más odiosa del reino. Hace arder de rabia a Catalina, una rabia tan intensa e irracional como el deseo. Pecado rural (Nairam Allábaz): Apolonia, una vampiresa hastiada de la vida eterna, llega a Bollullos de la Mitación en unas vacaciones forzadas por su empresa Baile de máscaras (Nuria Parra Pozo): El mundo parece un lugar terrible… y las fiestas de Silvia también. ¿Será cuestión de dejarse llevar? Dile que bailando te conocí (Patricia Carr): Eva no tiene un cuerpo de escándalo, ni deseo sexual. Eva va a entender, a ritmo de salsa, que la vida todavía puede sorprenderle.

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Seitenzahl: 182

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Humor y erotismo, de eso va este libro, y me pregunto a veces qué tienen en común para quedar tan bien juntos. ¿Serán las endorfinas? ¿Las risas son excitantes?

Esta mezcla será la que encontraréis concentrada en distintos porcentajes en los relatos que leeréis a continuación y no se me ocurre otra forma para introducirlos que mediante un relato:

«Tienes que relajarte».

Se había convertido en su mantra de los últimos cinco minutos, pero no hacía efecto solo usar su voz. Observó preocupada a Laura, no estaba pasándolo bien y podía notar lo angustiada y tensa que se sentía.

—No consigo relajarme. Es tu culpa, ¡es tu culpa! —le echó en cara y ella alzó las cejas.

—¿Perdona? —preguntó indignada—. «Más arriba, Lola, más… ¡más!» —la imitó, pero se llevó una mirada cabreada de su pareja.

A ella se le escapó una sonrisa

[...]

CRIS GINSEY

Cachondas

Primera edición: octubre de 2021

© Las autoras, 2021

© Cris Ginsey, prólogo, 2021

© Letras Raras Ediciones, S. L. U., 2021

© M-Production, fotografía original de portada

LES Editorial pertenece a Letras Raras Ediciones, S. L. U.

www.leseditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-17829-53-7

IBIC: FP, FRD, DQFP

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com).

 

 

Tienes en tu mano disfrutar de momentos de erotismo y humor en distinto grado. Porque todo el mundo vive su sexualidad de forma distinta, ninguna de estas historias se parece a otra. Estos son los finalistas de la I Convocatoria de Relatos Eróticos de Humor de LES Editorial:

19 de julio (Alba M. Hernández): Un reencuentro inesperado con una persona de su pasado podría cambiar el mal fario de ese día.

Las lesbianas se casan de penalti (Carolina Pascual): A una celebración disparatada le sigue una noche de bodas surrealista.

El tamaño sí importa (Carolina Ramos): El éxito del nuevo sex shop del barrio atrae a cierta clientela, y trabajar allí se convierte en una actividad de alto riesgo.

Confluencia en la residencia (Elena Tejedor): Paula ingresa en la residencia para la tercera edad sin esperar encontrarse allí con Joana, una vieja rival, nunca mejor dicho.

El espíritu de las bragas rojas (Juana de Sastre): Si antes de la última campanada no consigue tener un orgasmo con alguien que lleve bragas rojas, no volverá a tener buen sexo.

La miel más dulce (Laura Arenas y Marina Tena): Diana es la mujer más odiosa del reino. Hace arder de rabia a Catalina, una rabia tan intensa e irracional como el deseo.

Pecado rural (Nairam Allábaz): Apolonia, una vampiresa hastiada de la vida eterna, llega a Bollullos de la Mitación en unas vacaciones forzadas por su empresa

Baile de máscaras (Nuria Parra Pozo): El mundo parece un lugar terrible… y las fiestas de Silvia también. ¿Será cuestión de dejarse llevar?

Dile que bailando te conocí (Patricia Carr): Eva no tiene un cuerpo de escándalo, ni deseo sexual. Eva va a entender, a ritmo de salsa, que la vida todavía puede sorprenderle.

«El erotismo es una de las bases del conocimientode uno mismo, tan indispensable como la poesía».

ANAÏS NIN

 

 

 

 

 

¿Quieres escuchar la banda sonora de esta historia?

Índice

Prólogo

Cris Ginsey

19 de julio

Alba M. Hernández

Las lesbianas se casan de penalti

Carolina Pascual

El tamaño sí importa

Carolina Ramos

Confluencia en la residencia

Elena Tejedor Gómez

El espíritu de las bragas rojas

Juana de Sastre

La miel más dulce

Laura Arenas Manzanares, Marina Tena Tena

Pecado rural

Nairam Allábaz

Baile de máscaras

Nuria Parra Pozo

Dile que bailando te conocí

Patricia Carr

Prólogo

En la antología Cachondas se recogen los relatos finalistas de la I Convocatoria de Relatos Eróticos de Humor de LES Editorial. He tenido el honor de participar como jurado en la selección de los nueve relatos que encontrarás en las siguientes páginas y, además, me propusieron escribir este prólogo que estás leyendo.

Humor y erotismo, de eso va este libro, y me pregunto a veces qué tienen en común para quedar tan bien juntos. ¿Serán las endorfinas? ¿Las risas son excitantes?

Esta mezcla será la que encontraréis concentrada en distintos porcentajes en los relatos que leeréis a continuación y no se me ocurre otra forma para introducirlos que mediante un relato.

***

«Tienes que relajarte».

Se había convertido en su mantra de los últimos cinco minutos, pero no hacía efecto solo usar su voz. Observó preocupada a Laura, no estaba pasándolo bien y podía notar lo angustiada y tensa que se sentía.

—No consigo relajarme. Es tu culpa, ¡es tu culpa! —le echó en cara y ella alzó las cejas.

—¿Perdona? —preguntó indignada—. «Más arriba, Lola, más… ¡más!» —la imitó, pero se llevó una mirada cabreada de su pareja.

A ella se le escapó una sonrisa.

—Eres gilipollas —le dijo, tapándose la cara con las manos e inspirando profundamente.

—No te pelees conmigo, solo vas a conseguir que te moleste más. Tienes que relajar el músculo y ya verás que todo pasa.

—Qué fácil es decirlo, tú que estás tan tranquila ahí, sin nada en las entrañas que puede matarte.

Soltó una risita mientras le acariciaba el pelo.

—No va a matarte. Si te relajas, saldrá solo.

Laura soltó un gruñidito frustrada y cerró los ojos antes de inspirar hondo. Volvió a sonreír, porque era algo que le encantaba en ella. Llevaban juntas más de quince años y podía afirmar que estaba tan enamorada como siempre, e incluso más. Podía decir miles de cosas que destacar sobre su mujer, pero sus imperfecciones eran algo que le encantaba, aunque discutieran de vez en cuando por ellas. ¿No eran lo que hacía a una persona más humana?

—Laura, cariño… —dijo tranquilamente y colocó su puño frente a su cara—. Esto es tu vagina, hasta que no lo sueltes —destensó los dedos y abrió la palma de tu mano— no va a salir. Imagínate en una playa…

—Ya lo sé, ya lo sé —la interrumpió—. Me cuesta no pensar en otra cosa que no sea que se va a quedar ahí dentro.

—Vamos a urgencias —insistió por tercera vez.

—Me muero de la vergüenza si voy a urgencias por esto.

—Si quieres, hacemos meditación… ¡o yoga!

—No tengo otra cosa mejor que hacer.

—¿Escribimos una carta en voz alta a un exnovio o una exnovia cagándonos en todo?

—No me apetece.

Observó la habitación y vio el libro que estaba leyendo en ese momento y se lo mostró sonriente, en la portada se podía leer Cachondas.

—Esas historias son estúpidas, Lola.

—No son estúpidas, es tu yo enfadada la que está hablando.

—No estoy enfadada, estoy asustada.

—¿Sabes? Después miraremos atrás y nos reiremos de esto.

—Quiero reírme ya —pidió, cerrando los ojos.

—La solución está en este libro. Puedo leerte algunos fragmentos… por ejemplo… —Lo abrió en una página cualquiera—. «Diviértete. Baila. Pero ten cuidado y no la elijas a ella». Menudo suspense —opinó adoptando un tono misterioso.

—No me gusta.

—Son historias divertidas.

—Ay, joder, vale, cuéntame alguna.

—Mira, una va de que en una Nochevieja dos amigas hacen una güija y…

—No me gusta la güija.

—Pero la historia es lo más.

—No, me da miedo.

—No tiene que…

—Lola, otra.

—Vaale… —aceptó—. Cagona. —Se puso a pensar mientras pasaba las páginas—. Dos abuelas cachondas en una residencia.

—¿En serio? —Alzó las cejas con sorpresa.

—Las abuelas follan. Cuando tú y yo tengamos esa edad también lo haremos como ellas… Juguetes nuevos y más grandes y tu vagina estará tan desgastada que no te pasará lo de ahora.

—Qué idiota eres.

Le gustó sacarle una sonrisa, por fin.

—En otra historia, la persona encargada de un sex shop lucha de forma épica con los juguetes de su tienda.

—Eso es ridículo.

—Pero cierto. Tienes que leerlo entero en realidad. —Entonces recordó una escena de uno de los relatos—. Se me ha ocurrido algo, en una de las historias que leí…

—No me cuentes más historias de esas —se quejó angustiada.

—Ya verás, esto seguro que funciona.

Se levantó de un salto de la cama, dispuesta a dar su espectáculo. Adoptó una postura de como si sostuviera un capote y comenzó a cantar.

—«Cuando llega la alegre mañana y la luna se escapa del río…».

—¿Qué haces? —preguntó, pero cuando la miró en mitad de su destartalado baile vio que Laura aguantaba una risa.

Siguió cantando y bailando de forma torpe sin dejar de ver cómo su chica le sonreía. La verdad es que era una situación ridícula, pero por ella haría todo, porque estar girando y moviendo los brazos de esa forma con las tetas dando botes para todos lados no le estaba resultando muy agradable.

—«Y ese toro enamorado de la luna, que abandona por las noches la maná…». ¡Olé! —Dio una vuelta sobre sí misma y entonces se percató de algo rosa que había entre las piernas de su pareja—. ¿Eso es el huevo?

Laura se sentó y lo vio también entre ellas antes de mirarla con los ojos brillantes.

—¿Cuándo se ha salido?

—No lo sé. Pero creo que ha sido gracias a Los Centellas… —Se inclinó y cogió el juguete maldito—. Dile adiós.

—Adiós.

—¿Ni un beso ni nada, vagina succionadora? Seguro que lo ha pasado mal ahí dentro.

Le acercó el juguete a los labios, pero Laura lo empujó de un manotazo y a ella se le resbaló, así que acabó en el suelo.

—Lola…

El tono que usó la hizo sonreír y le encantó verla con ese gesto alegre en el rostro, tanto que la besó en los labios rápidamente, por fin había sido liberada del huevo vibrador maldito.

O el huevo vibrador maldito había sido liberado por la temible vagina succionadora.

Todo era cuestión de perspectivas.

—Dime.

Lo dijo de forma coqueta e inclinándose de nuevo para besarla, dispuesta incluso a tumbarse sobre ella.

—Cuéntame esas historias.

Vaya, se esperaba continuar con la sesión en la que estaban antes de que el maldito vibrador viajara a las profundidades de su ser, pero ese cambio en el guion le gustó.

—¿Las que eran estúpidas?

—Las mismas, pero quiero que me las leas.

Se estiró para llegar a la mesita de noche y volver a coger el libro que se terminó de leer la noche anterior. Se acomodaron juntas en la cama y se lo leyó en voz alta, porque, en el fondo, a Laura también le gustaba mezclar el sexo y el humor.

***

Espero que riais y disfrutéis mucho.

CRIS GINSEY

19 de julio

Alba M. Hernández

 

Alba M. Hernández

Alba M. Hernández nació en Almería y está graduada en Historia. Empezó su andadura en la escritura debido a una pequeña lesión y al maravilloso fandom Clexa. Compartió sus historias online y el recibimiento de la gente la empujó a continuar y a descubrir su gran pasión por crear y desarrollar personajes y sus aventuras. No ha parado desde entonces y considera que uno de sus pasatiempos favoritos es la planificación de la historia antes de ponerse a escribir.

Se considera una gran amante de las novelas románticas con toques divertidos y finales felices y tiene una capacidad increíble para enamorarse de todos los personajes.

La mayoría de sus historias están en Wattpad con el seudónimo Natura7. Recibió una mención de honor en I Premio Herstoria (LES Editorial) y ha sido finalista de la I Convocatoria de Relatos Eróticos de Humor, organizada también por la misma editorial.

 

 

19 de julio

Alba M. Hernández

Su gato la mira fijamente desde el otro sillón como si estuviera analizándola. No puede adivinar sus pensamientos, pero está segura de que en aquella pequeña cabecita no podría estar pasando nada bueno. A aquella bola peluda, llamada Toulouse, no parece haberle entusiasmado el hecho de haberse quedado como última invitada en la casa de su dueña. La observa con mucha atención, casi sin pestañear, y se obliga a apartarle la mirada por la tensión que le está generando. Espera unos segundos para comprobar si ha dejado de mirarla, pero no. Sigue en la misma posición y está segura de que su gesto se ha vuelto incluso más amenazante. Se desespera un poco y se endereza en el asiento para mostrarle más seguridad a aquel pequeño demonio, pero abandona su postura para arrinconarse contra el brazo del sillón y reza en cuanto lo ve caminar lentamente hacia ella. Toulouse suelta un maullido y su cuerpo decide actuar sin su consentimiento. Se levanta, alejándose de aquel ser maligno, y decide echar un vistazo por el salón.

Suspira examinando un par de fotografías y a su mente regresa la difícil tarea de sobrellevar las pocas horas que le quedan al día. Es 19 de julio. Un día marcado en rojo en su calendario personal. Cada año, en esa misma fecha, la desgracia la invade y la arrasa. Coche averiado, brazo roto, despido en el trabajo y, la última y más reciente, su novia la deja. Esa misma mañana se planteó no salir de casa, pero su hermana acabó arrastrándola a una reunión y, en cuanto vio sus ojos azules tras la puerta, se apuntó el tener que agradecérselo, porque jamás imaginó que la anfitriona sería Marta.

La conoció en la universidad. Por aquel entonces era la mejor amiga de su hermana y, desde el primer segundo, se quedó totalmente prendada de ella. Como un maldito hechizo. Quizás fue culpa del impresionante mar que retenía su mirada. O de su pelo castaño y brillante a la altura de los hombros. O de su espectacular sonrisa y su increíble sentido del humor. O quizás fue la mezcla de todo. El maravilloso conjunto expuesto en la chica más guapa del universo. Y no exageraba. Cualquier persona, con dos dedos de frente y un poco de gusto, le daría la razón.

Repasa su colección de libros y discos para intentar encontrar alguna pista que le dé detalles de su vida actual. Lo que sea. Pero no encuentra nada destacable entre sus novelas negras y su gran variedad en música.

—¿Qué es esto? —susurra muy interesada al ver un libro tras un marco de fotos con algo en su interior haciendo de marca páginas.

Su título, Un orgasmo más, eleva su curiosidad y, al abrirlo, sonríe un poco incómoda al descubrir una pequeña bala vibradora. Un marcapáginas muy interesante y muy personal. Sin duda. La coge para leer el texto y, de repente, algo capta por completo su atención. El felino del demonio se mueve y sus oídos perciben que Marta se aproxima al salón. Cierra el libro con mucha prisa, lo deja en su sitio y se autorregaña al darse cuenta de que ya es tarde para guardar la bala vibradora que aún tiene en la mano. Se la mete rápidamente en el bolsillo trasero del pantalón e intenta disimular acercándose a su enemigo. El gato.

—Ya estoy aquí.

Marta anuncia su llegada alegremente con dos vasos y una botella de alcohol y ella baja unos segundos la guardia, lo suficiente como para recibir un manotazo de la bola peluda.

—¿Me habéis echado de menos?

La dueña de la casa lo pregunta con una sonrisa, sin haberse dado cuenta de aquel ataque y llama a su mascota antes de dejar la bebida sobre la mesa. Le presta toda la atención al peludo y ella siente que el animal le clava la mirada victorioso. Puede verlo en sus ojos y en cómo busca el regazo de su dueña para conseguir unas caricias. ¿Es envidia lo que siente hacia esa bola de pelo? Posiblemente.

—¿Te apetecen un par de chupitos? —le pregunta animándola a sentarse a su lado.

Asiente con la cabeza antes de recortar la distancia entre ambas y pega un respingo nada más sentarse al percibir una vibración en el trasero. La maldita bala vibradora acaba de activarse y la mirada de Marta se clava en ella inmediatamente. No sabe si la mira curiosa por su acción, por la expresión de su cara, o porque también está escuchando el ruido que iba a provocar su muerte.

—Es mi móvil.

Miente extremadamente nerviosa y reza a todos los dioses habidos y por haber para que la crea. Marta asiente con la cabeza y aprovecha que sirve el alcohol para intentar desactivarla y disimular a la vez. Saca el teléfono con una mano y con la otra se esfuerza en localizar el botón del juguete para apagarlo.

—¿Es importante? —le pregunta ofreciéndole el vaso ya lleno de alcohol.

—Qué va. Responderé más tarde.

Miente de nuevo y le dedica una leve sonrisa para intentar mitigar sus nervios. Se bebe el chupito de golpe y observa al felino dormido sobre las piernas de su dueña. Un auténtico afortunado. Sin duda. Su envidia crece un poco más y ahora es ella la que lo mira mal a él.

—¿De verdad llevábamos doce años sin vernos?

Marta se lo pregunta atrayendo su atención y ella decide girarse ligeramente en el sillón para poder tener un mejor contacto visual. Su movimiento provoca que la bola de pelo alce la cabeza y su mirada de advertencia la pone un poquito nerviosa. Un «cuidadito con lo que haces» que pasa a un segundo plano en cuanto siente que la dichosa bala vibradora se activa de nuevo.

—Vaya, parece que eres una chica muy solicitada.

Fuerza una sonrisa al escuchar esas palabras y se levanta del sillón bajo su atenta mirada para intentar apagarla de nuevo. Se lleva las manos a la espalda y se fija en que su compañera frunce el ceño extrañada.

—Me ha dado un pinchazo.

Vuelve a mentir por tercera vez consecutiva y consigue apagarla tras unos cuantos segundos incómodos y muy vergonzosos. Los peores de su vida. No le hubiese gustado verse a ella misma ejecutando movimientos raros para conseguir su objetivo. Recupera su asiento evitando ejercer mucha presión sobre el juguete e, inmediatamente, Marta le cede un nuevo chupito. Se lo bebe como el anterior, de golpe. Necesita ayuda para salir del paso y no morir en el intento. Maldito 19 de julio.

—Y sí. Llevamos doce años sin vernos —dice retomando la pregunta que había quedado en el aire debido a la interrupción—. Estoy segura de que recordaría haberte visto.

Se le escapa esa confesión y la sonrisa que le dedica la anima como el que recibe una palmadita en el hombro. La observa apartarse un mechón de pelo tras la oreja y aguanta las ganas de decirle que sigue pareciéndole la chica más atractiva del mundo. Acompaña su movimiento con la mirada y se pierde en la piel expuesta de su cuello. Atrayente. Jodidamente atrayente.

—No has cambiado nada.

Marta se lo asegura mirándola de arriba abajo. Sin cortarse un pelo. Como si esas palabras no hubiesen sido suficientes para despertar gran parte de su sistema nervioso.

—No sé cómo tomarme eso —bromea.

—Yo me lo tomaría muy bien, Laura.

Una ceja ligeramente alzada, media sonrisa, su nombre pronunciado con su voz y ella completamente hipnotizada.

Sirve un par de chupitos más para intentar disimular esa agradable sensación que comienza a recorrer su cuerpo y decide, esa vez, tomarse el alcohol poco a poco. No quiere perder el autocontrol ni alterar a sus hormonas para nada.

Debe pensar en algo que la ayude a percibir algún tipo de interés en ella. O huir. Directamente y sin complicaciones. Pero todo su pensamiento se ve interrumpido al recibir una nueva advertencia gatuna cuando el animal abandona las piernas de su dueña para colocarse entre las dos, rozando su muslo.

—Ahora que estamos a solas... ¿Vas a contarme esa historia con tu ex?

El tema salió, muy por encima, durante la cena junto a su hermana y el resto de invitadas. Pero decidió no entrar en detalles porque pensó que, realmente, no le interesaría a nadie.

—No es gran cosa —dice quitándole importancia.

—¿Tiene algo que ver con aquel disfraz de vikinga que te compraste en la universidad para el carnaval?

Recuerda eso y también el momento que compartió con ella y con su hermana para que todo quedase perfecto y pareciese una guerrera auténtica.

—Nada que ver —confiesa y, durante unos segundos, el silencio toma por completo el protagonismo.

—Estoy esperando esa historia —le recuerda.

Sonríe intentando disimular el nerviosismo, porque contarle a esa increíble mujer alguna de sus experiencias sexuales no entraba en sus planes. Su mente le pide que se calle, que mantenga el pico cerrado. E incluso se lo suplica de rodillas. Pero Marta le dedica una de sus miradas y siente que no puede hacer nada contra aquellos ojos azules.

—Estaba con una chica en su casa...

—Follando.

—Sí —confirma sonriente ante su anticipación—. Íbamos a estar solas todo el fin de semana, pero su familia apareció de golpe y solamente me dio tiempo a recoger mi ropa interior antes de que me encerrase en la terraza. Aclaro que era verano y que estábamos a treinta grados. Me achicharré. Literal.

—Seguro que estabas igual de sexi con bronceado de langosta.

Traga saliva con aquella confirmación y con la forma tan sugerente que tiene de morderse el labio inferior. ¿Le está divirtiendo la situación o su yo hipnotizado está percibiendo algo que es imposible? Hasta donde ella sabe, a Marta no le gustan las chicas. O al menos eso era lo que su mente sacó en conclusión durante la etapa universitaria. La posibilidad de la bisexualidad estaba ahí, pero nunca vio algún tipo de señal.

—¿Tienes alguna anécdota más?

Se lo pregunta sin apartarle la mirada y, de nuevo, se siente atrapada. Tanto que teme quedarse sin sentido y que su maniático gato acabe con su vida.

—Es posible.

—¿Me la cuentas?

—¿Y qué gano yo contando mis vergonzosas historias sexuales?

—¿Qué quieres ganar?

El ambiente se tensa de golpe y se le seca la garganta con el tono de voz que ha usado. Se anima mentalmente con un «venga, valiente, que tú puedes» y decenas de propuestas se colapsan en su cabeza. Un beso. Un reto. Un baile. Un striptease. Cualquiera de esas ideas puede ser una gran candidata.

—¿Un chupito?

Lo suelta al sentir que se le acaba el tiempo y se muere de vergüenza por haber sido tan ridículamente cobarde.