Carne bajo la falda - Vale Vanessa - E-Book

Carne bajo la falda E-Book

Vale Vanessa

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Julia Duke fue testigo de cómo sus hermanos se enamoraron, y ahora es su turno. Pero luego de que un exnovio grosero se quejara de que era mala en la cama, su confianza está por el piso. Si no puede complacer a un hombre, ¿cómo podría complacer a dos? No está en la búsqueda del amor, pero un viernes por la noche, el amor la encuentra.

Con solo una mirada de parte de Bennett y Cash a la ardiente pelirroja, ellos no se pueden resistir a atraerla a sus brazos. Nada evitará que la hagan suya: ni el cretino del exnovio, ni el pasado escandaloso que podría cambiar para siempre la mirada con que mira a uno de los dos.

Una vez que Julia sepa lo que es ser amada por ejemplares de carne de primera clase, estará dispuesta a hacer lo que sea necesario para estar con sus hombres, sin importar con quién deba luchar para tener su final feliz: los rumores, la ley, el loco de su ex o ella misma.

Recuerda: Con un libro de Vanessa Vale, un vaquero nunca es suficiente. En esta serie ardiente, cada heroína obtiene una porción extra (o dos) de Carne de Primera Clase.

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Carne bajo la falda

Porciones de Carne de Primera Clase - 5

Vanessa Vale

Derechos de Autor © 2021 por Vanessa Vale

Este trabajo es pura ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora y usados con fines ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas, empresas y compañías, eventos o lugares es total coincidencia.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de este libro deberá ser reproducido de ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y retiro de información sin el consentimiento de la autora, a excepción del uso de citas breves en una revisión del libro.

Diseño de la Portada: Bridger Media

Imagen de la Portada: Shutterstock: Art of Photos; Period Images

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http://vanessavaleauthor.com/v/ed

Índice

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Contenido extra

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Acerca de la autora

Prólogo

JULIA

Cada uno de mis hermanos encontró a «la indicada», hasta mi primo Porter. Les ocurrió rapidísimo. Pum, fueron atropellados por el camión Mack del amor. Todos quedaron cautivados por sus féminas y fueron felices.

Era difícil de asimilar, porque deseaba aquello que sus mujeres tenían: un chico que fuera ridículamente posesivo, atento, protector, cariñoso y devoto. Todos los adjetivos que una mujer quería encontrar en un hombre.

Sus ardientes y profundas muestras de amor me deprimían más, hacían que las cenas de los viernes fueran más difíciles de procesar. Estaba claro que las relaciones amorosas no eran para mí. El amor existía, pero para el resto de las personas.

Estaba condenada a ser una solterona con seis gatos, e incluso, a comprar más consoladores.

Estaba tan decepcionada de las relaciones, que no esperaba al amor cuando llegó a mi puerta. Hasta me tocó el timbre. ¿Hablábamos de rapidez? Debí haber usado un cronómetro para cuantificar el tiempo que me tomó enamorarme. Apenas un fin de semana y ya podía escribir una historia sobre ello.

Los hombres Duke tenían apodos alusivos a la carne: trozo de res, porción grande, carne por partida triple, entredós. Éramos una familia de rancheros de ganado después de todo. ¿En cuanto a mí? Era conocida como carne bajo la falda. No había pensado mucho en ello hasta Cash y Bennett, porque me dijeron —y me mostraron— lo mucho que les gustaba mi carne rosada, pues dijeron que era jugosa y les hacía agua la boca.

Me creería sus palabras cada vez que me llevaran al clímax.

1

JULIA

—No eran precisamente consoladores lo que tenía en mente para los regalos de la fiesta —dijo Kaitlyn con uno de color verde neón en la mano. Se subió las gafas por la nariz y frunció el ceño mirándolo.

Hice una pausa cuando saqué uno de la caja marrón, que compré por internet para la fiesta.

—¿Nunca habías visto uno de cerca?

No era de las que usaba demasiados juguetes con un hombre, pero sí tenía un consolador en mi mesita de noche y lo usaba en períodos de sequía… como el actual.

Kaitlyn se ruborizó y me miró desde el otro lado de la mesa de la cocina. Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro mientras sacudía el juguete de un lado al otro haciendo que la punta se balanceara.

—¿Quién lo necesita con dos hombres de pollas grandes?

Cerré los ojos y gruñí.

—Puaj, odio cuando habláis de las pollas de mis hermanos.

Y me dio una punzada de soledad, enterrada bajo la espantosa imagen mental de mis hermanos desnudos. No tenía un hombre que me calentara la cama o el corazón, y no albergaba esperanzas de encontrar alguno. No después de lo que pasó con Frank Marsden, pero no era que se lo fuera a decir a alguien, mucho menos a Kaitlyn o a las demás, pues vivía en un pueblo y Raines era muy pequeño. Ya me había sentido lo suficientemente miserable después de que nuestra supuesta relación me convirtiera en una viajera constante, aceptando empleos en todos lados para estar lejos del pueblo, hasta que sentí que la confianza en mí misma no estaba en el retrete. Hasta que por fin superé a Frank.

Kaitlyn no se disculpó, y ¿por qué debería hacerlo? No era su culpa tener una relación sólida —y sexy— con Duke, mi hermano mayor, y también con Jed Cassidy, el dueño del bar en la calle Main. Se rio y colocó el consolador en la mesa.

—Nada más estoy yo aquí. Solo espera a que lleguen Ava y Parker.

Las otras dos mujeres tenían relaciones con mis otros hermanos. Parker iba a por todas con Gus y sus dos colegas Kemp y Poe. Ava estaba comprometida con mi hermano del medio, Tucker, y también con Colton Ridge. Sí, dos hombres con Ava y tres con Parker. Esta noche era la despedida de soltera de Ava, para la cual Kaitlyn sería la anfitriona y yo la organizadora. Esa era la razón por la que me había presentado temprano en su casa para comenzar con los preparativos.

—No te olvides de Jill. Porter es mi primo, y escuchar detalles de su polla tampoco es algo que me divierta demasiado —refunfuñé. La verdad es que estaba feliz por los cuatro, pero no quería saber los pormenores de sus vidas sexuales, sobre todo cuando en la mía solo tenía mi mano o mi vibrador.

—Entonces no debiste comprar consoladores —replicó Kaitlyn, cogiendo una bolsa de regalo, abriéndola y colocándola justo al lado de las demás que estaban en la mesa para ser llenadas.

—Oh, vamos, deshacernos de los consoladores no me evitará que hablen de hombres ardientes o que se coman con los ojos a los que vendrán.

—Entonces te parece bien decir que tus hermanos —y tu primo— son ardientes, pero sin mencionar sus pollas —contestó. Era hija única, por tanto, no tenía idea de lo que era tener tres hermanos mayores. Tres hermanos mayores mandones.

No era como si fuera a contarles de mi vida sexual a alguno de ellos… y después de Frank, supuse que ya no tendría más sexo. Jamás. No estaba buscando hombres. De hecho, debía esconderme de uno en la tienda de comestibles. Por supuesto que, con lo pequeño que era Raines, tenía que ver a Frank con alguna mujer frente a las manzanas en la sección de frutas y verduras. Tenía que quitar mi carrito de la charcutería y esconderme en la sección de pasta hasta estar segura de que se había ido.

Claro que un chico estaría bien. Siempre había anhelado tener lo que Kaitlyn tenía con Duke y Jed. Pero ahora que era considerada una «perra frígida», probablemente no iba a suceder. Suspiré, sabiendo que lo del cretino de Frank pasó hace mucho, pero todavía seguía afectando mi autoestima. Seguramente se había liado con una mujer que supiera lo que hacía, que pudiera hacer mamadas que no le dieran sueño. Joder, que no estuviese «rota».

Los hombres querían tener sexo —buen sexo— y dado que era mala en ello, ¿quién querría estar conmigo? Tenía la impresión de que uno de los consoladores de los regalos sería mi novio nocturno.

—Julia… —dijo Kaitlyn, sacudiendo la mano a pocos metros frente a mí.

Parpadeé, sonreí y mentí.

—Perdona, estaba bloqueando las imágenes de mis ardientes hermanos. —Cogí el consolador y lo agarré como si fuera un pepino—. Estos son nada más que para divertirnos, y solo para las chicas.

—No te olvides de los strippers. —Kaitlyn meneó las cejas y sonrió—. Eres mucho mejor que yo para estas cosas. De haberlo planeado yo, tendríamos una hora del té en lugar de tíos guapos dándonos un espectáculo y regalos divertidos.

—No eres tan aburrida como crees —repliqué, metiéndome el cabello detrás de la oreja—. Tienes dos hombres. Y fuiste al evento de hombres aquella noche en Cassidy’s.

Desde que empecé a trabajar en mercadeo, Jed me había consultado opciones para hacer crecer su negocio. Un espectáculo de desnudismo fue solo una idea que tuve. Como la noche de chicas del bar fue un éxito total, entonces le pedí a la misma compañía que enviara a dos strippers para la fiesta de Ava de esta noche. Si están como los hombres de aquellos días de otoño, van a estar B.U.E.N.O.S. Mis hermanos —y primo— me lo agradecerán después porque Kaitlyn, Ava, Parker y Jill quedarán cachondas y listas para tener otra noche ardiente.

Suspiré mentalmente, recordándome comprar más baterías para mi vibrador. Ya que no había ningún hombre —ni hombres— en mi vida y las necesitaría.

—Me subieron al escenario. Dios, frente a taaanta gente —añadió Kaitlyn, apartando la mirada con una vergüenza persistente.

—Duke y Jed no iban a permitir que esos strippers se te acercaran —le recordé, aunque dudaba que pudiera olvidarlo, pues fue cuando los tres se conocieron. Fue como si les hubiera caído un rayo.

—Esta noche será diferente. El espectáculo será aquí mismo, en mi sala de estar —gruñó—. Si los chicos se enterasen de que habrá strippers sacudiéndonos sus pollas en círculos en la sala, estarán furiosos.

—No se los diré. —Puse los ojos en blanco, aunque ninguno de los Duke me intimidaba—. Además, solo es un trabajo para ellos. Son profesionales.

Kaitlyn levantó las manos en señal de rendición.

—Vale, vale. Si se enfadan, realmente no importa mucho. Me encanta que me azoten, de todos modos.

No estaba segura de si debía reírme o taparme las orejas.

—Bueno, por lo menos no vendrá vuestra madre —continuó Kaitlyn—. No podría mirar a los strippers con ella, ni saber que se llevaría un consolador a casa.

Estallé en risas, luego me tapé la boca con la mano. Tenía una relación cercana con mi madre, pero no tan cercana.

Señaló a la mesa cubierta de artículos de regalo, bolsas y papel de seda.

—Si no tienes problema, iré a darme una ducha.

—Está bien. Terminaré de arreglar estas bolsas.

No pasaron ni dos minutos cuando sonó el timbre. Miré el reloj del microondas y me di cuenta de que debían de ser los strippers. Llegaron temprano, pero no importaba. Eso era mejor que llegar tarde. Cuando abrí la puerta, me congelé. Tragué fuerte, esperando no tener baba que me chorrease por la barbilla. Madre mía, estaban más buenos que los del espectáculo en Cassidy’s.

Frente a mí estaban dos hombres grandes y musculosos. Supuse que tendrían unos treinta años. Uno medía probablemente un metro ochenta y el otro un par de centímetros más. Uno era moreno y el otro rubio. El de cabello oscuro —que estaba a la derecha— tenía barba muy corta y ojos color marrón. Los del rubio eran claros. Ambos me recorrieron con las miradas, desde mi cabello rojo, probablemente salvaje, hasta mis pies cubiertos por calcetines. Se tomaron su tiempo para hacerlo, y sentí que no pasaron por alto ni un solo centímetro de mí. De pronto me puse caliente por todos lados y se me endurecieron los pezones.

Si se iban a quedar mirándome, entonces yo también. Catalogué la camiseta blanca tensa debajo de la camisa de cuadros del señor Ojos Marrón, la Henley ajustada manga larga del rubiecito, lo perfectos que les quedaban los vaqueros bien gastados en todos los lugares adecuados. Oh, definitivamente tenían lo que necesitaba un stripper dentro de esos pantalones si los significativos bultos eran alguna indicación. De hecho, ¿aquella era la polla del rubiecito que bajaba por la cara interna de su muslo?

Robustos, viriles, intensos, oscuros. Taciturnos. Bien dotados. Estos dos no eran vaqueros. No había ni camisas de botones ni sombreros a la vista.

—Hola, chicos, llegáis temprano —dije después de aclararme la garganta. De repente tenía la boca muy seca. Otras partes de mí… no tanto, y tuve que frotarme los muslos. Si las chicas tuviesen erecciones, tendría una ahora mismo.

—Me llamo Cash —dijo el señor Alto, Moreno y Apuesto, inclinando la cabeza—. Y él Bennett. —Dios, tenía la voz profunda y… sexy. Me dio la sensación de que, si me susurraba el diccionario al oído, llegaría al clímax.

Ava iba a reconsiderar casarse con Jed y con mi hermano después de echarle un vistazo a estos dos. Un destello de celos hizo que me detuviera y me diera cuenta de lo idiota que era. Eran strippers que venían a trabajar, no para que alguien los llevase al altar. No era la primera mujer que se los comía con los ojos, y no sería la última.

—Me llamo Julia. Fui yo quien solicitó que vinierais. Espero que os guste actuar en despedidas de solteras. Todas las chicas deberían llegar en una hora para ver vuestro pequeño espectáculo, así que podéis pasar el rato conmigo hasta entonces.

Bennett entrecerró los ojos y me estudió de nuevo, poniéndome muy nerviosa. No estaban intentando invitarme a salir, solo hacían su trabajo. Exhalé, pues me estaba comportando de forma ridícula.

—¿Pequeño espectáculo? —inquirió.

Me mordí el labio y comprendí que le había pinchado el orgullo. No estaba exactamente segura de cómo, porque no tenía dudas de que cualquier mujer les arrojaría las bragas dondequiera que fueran. Hasta completamente vestidos. Su autoestima debía de estar por los cielos.

—Sí, lamento haberlo dicho. —Bajé la mirada a mis calcetines verdes, luego los miré de nuevo—. No pretendía menospreciar vuestros trabajos. Entretener a mujeres cachondas no debe ser fácil, sobre todo si estáis prácticamente desnudos. Yo no podría ser stripper.

Me recorrieron el cuerpo con la mirada, como si me evaluaran para dicho papel.

—¿Por qué no? Me gustaría verte quitártelo todo —replicó Bennett.

Solté una risita ahogada. No tenía una delgadez de supermodelo, ni unas tetas de revista como Ava, y tenía una cabellera roja feroz con vida propia.

—No sé moverme.

«No sé moverme en lo absoluto, según Frank».

—Hablaste de entretener a mujeres cachondas. ¿Tú estás cachonda? —preguntó Cash dando un paso al frente hacia mí, obligándome a levantar la barbilla para mirarlo a los ojos. Y de forma instantánea, me pregunté cómo se sentiría esa barba en mi entrepierna. «¡Contrólate, mujer!».

Solo estaba coqueteando, era un stripper profesional. Coquetear era parte del trabajo. Definitivamente conseguía más propinas. Pero eso era todo. Bromas sensuales. No hablaban en serio respecto a mí.

—¿Qué mujer no estaría mirándolos a vosotros? —respondí inclinando la cabeza para mirar a Bennett también. Era sencillo coquetear con hombres que no estaban realmente interesados. Era algo como… una práctica de coqueteo.

Una sonrisa se esparció lentamente por el rostro de Bennett.

—No estoy interesado en todas las mujeres, solo en ti.

Vaya. Si las miradas mataran, estaría muerta… de orgasmos. Y mis bragas definitivamente arruinadas.

—Bueno, um… claro. Los chicos no son los únicos que piensan en sexo todo el tiempo. Qué bueno que tengo consoladores para obsequiar en la fiesta. Es como que obtienes todo sin todas las quejas. Pasad, podéis ayudarme a terminar de organizar las bolsas.

No dijeron una palabra, solo se quedaron mirándome con los ojos bien abiertos, luego se miraron entre sí por un momento.

—Tenéis disfraces o accesorios o algo que necesitéis traer? —Intenté mirar a la puerta detrás de ellos, pero eran tan grandes que bloqueaban la vista hacia la calle.

—No —dijo Cash.