Cómo concebir el urbanismo - Le Corbusier - E-Book

Cómo concebir el urbanismo E-Book

Le Corbusier

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Beschreibung

Es la obra no de un teórico, sino de una personalidad que verificó en la práctica la validez de sus ideas. Publicado en Francia, durante la ocupación de París, en 1943, este libro adquiere por momentos el carácter de un verdadero documento sobre las bases del urbanismo. Resume las ideas del autor a través de mas de cincuenta años de experiencias, investigaciones, proyectos y realizaciones, que ubican a Le Corbusier como uno de los grandes pensadores del siglo XX. Nueva edición ilustrada con dibujos originales del autor y con introducción del arquitecto Roberto Converti.  

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Seitenzahl: 225

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Biblioteca de Planeamiento y Vivienda

título de la edición original:Manière de penser l’urbanisme

Publicada por Editions de l’Architecture d’Aujourd’hui, Boulogne

Primera edición en francés: 1946

Primera edición en castellano: 1959

Séptima edición en castellano: 2022

versión castellana:Enrique L. Revol

diseño de la presente edición: Karina Di Pace

idea y supervisión general:Cristina Lafiandra

© Fondation Le Corbusier, Paris, France

© de todas las ediciones en español, Ediciones Infinito, Buenos Aires, Argentina

e-mail: [email protected]

http://www.edicionesinfinito.com

isbn978-987-3970-36-8

Hecho el depósito que marca la ley 11.723.

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión a cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permisoprevio y por escrito del editor. La infracción a los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual.

Digitalización: Proyecto451

Le Corbusier

Cómo concebir el urbanismo / Le Corbusier. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Infinito, 2022.

Libro digital, pdf- (Biblioteca de planeamiento y vivienda / Carlos Alberto Méndez Mosquera ; Jorge Enrique Hardoy ; J. Rey Pastor)

Archivo Digital: online

Traducción de: Enrique Luis Revol.

isbn978-987-3970-36-8

1. Urbanismo . I. Revol, Enrique Luis, trad. II. Título.

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Prólogo

I. Intervención del ASCORAL

II. 1943 y los años siguientes

III. Punto de vista técnico. Punto de vista espiritual. Solidaridad de los dos.

IV. Una nueva sociedad maquinista. Se lleva a cabo la revolución arquitectónica. Atlas de las aplicaciones de las nuevas tesis de la arquitectura y el urbanismo

V. Las reglas: humano y naturaleza

VI. Adquisición de un instrumental

VII. Ensayo de exploración urbanística

VIII. Ocupación del suelo

IX. No se trata de ideas de confección

X. La doctrina adquirida. Su utilización

XI. Secciones de estudios

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La admirada descripción de Le Corbusier sobre la existencia de la máquina y la vertiginosa modificación del proceder social de los hombres, permite comprender asimismo una perturbación superior, un momento de alteración en la historia de la humanidad.

Se cristalizaba así el momento de la destrucción de conductas seculares que hasta ahí conformaban una línea evolutiva basada en la tradición, el oficio es reemplazado por la industria, el artesano por la máquina acompañada por un obrero industrial o un peón, y los movimientos del caballo o el buey, por una nueva velocidad de auto-móviles, barcos y aviones o por la casi mágica comunicación a través de telégrafos, teléfonos y radios.

Le Corbusier ante tan trascendente escenario, profetiza sobre el destino de la sociedad, e imagina que, si nada de lo que en otros tiempos era una medida sirve hoy para apreciar el comportamiento humano, los primeros pasos hacia una nueva civilización mecanizada y de extensiones desconocidas ha comenzado.

Ante ello su visión sobre el porvenir respecto de la arquitectu-ra y el futuro de las ciudades es de gran fascinación, su convicción

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cómo concebir el urbanismo

surge frente a la característica del cambio, él advierte que la crea-ción y la construcción que había evolucionado desde la antigüedad mediterránea, la edad media revolucionaria y de ciertas adaptacio-nes de la época clásicase han quebrado y que las técnicas que en ellas se habían materializado constantes a través de la piedra, el ladrillo y la madera, sucumbían ante otra realidad representada por los materiales artificiales, el hormigón, el vidrio y el acero.

En la época de un moderno espíritu, Le Corbusier se convierte en el trabajador de un nuevo conocimiento. En este sentido la con-sideración de programas y tecnologías se presentan como su gran objetivo, creando, permanentemente, a través de criterios más racio-nales e innovadores, un variado instrumental que facilite y aliente las aplicaciones de las nuevas tesis de la arquitectura y el urbanismo internacional.

Ante esta nueva visión, excepcional para su época, Le Corbusier asume un lugar ético, estético, técnico y sociológico y replantea el plan de la ciudad futura como un problema integral, donde la vivien-da, el trabajo, el reposo y la circulación, tienen por objeto permitir el desarrollo de nuevas reglas, ideas e invenciones y desde ese lugar imagina y describe la figura de un protagonista casi de ficción, deno-minado «el lector de situación», o el explorador del mañana próximo.

Su curiosidad e inventiva, le permiten descubrir una cantidad de posibilidades que se transformarán en la base del instrumental necesario para orientar el nuevo camino, logrando identificar los datos originales de la relación entre construcción y diseño en la arquitectura.

La separación de las funciones de sostén y de las partes sos-tenidas.

La fachada sin función estructural, donde una simple membrana separa el exterior del interior.

El esqueleto independiente del inmueble, eliminando los lími-tes provocados por la construcción, permitiendo una planta baja

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libre y la determinación de la estructura solamente a través de algunos puntos.

Los techados construidos como terraza de hormigón disponien-do un nuevo lugar útil para la residencia.

Los tabiques interiores independientes a la estructura, modi-fican la concepción total del espacio interior.

Le Corbusier afirma, la revolución arquitectónica llevada a cabo ofrece sus recursos a la urbanización de las ciudades con-temporáneas.

Estos cambios colaboran para la alteración de la condición tradicional de la forma urbana, los edificios por su disposición estructural crecen hasta 300 metros de altura, la distribución de aire acondiciona tanto a edificios como aviones, introducen la for-ma mecánica y artificial de la calidad ambiental, la separación estratégica del peatón y el automóvil crean un nuevo paisaje en la ciudad, así la presencia del instrumental forjado premedita e ima-gina otra relación entre el hombre y su hábitat hacia la conquista de sus ideales.

Estas características destacan la oportunidad de situarnos ante algunos interrogantes cuando, como en los descriptos se está en un momento revolucionario para la historia de la humanidad y ple-namente situado en ese escenario.

Cómo habrá sido posible pensar tan inédito paisaje o cuál habrá sido la ilusión que acompañó a aquellos exploradores del mañana.

Una clave se refiere a la condición de recrear en la ciudad las condiciones observadas en la naturaleza, espacios con horizontes lejanos, vegetación y sol, lugares que como hallazgo esencial logren aportar un pensamiento formal, basado en la ruptura física del límite preciso en la concepción arquitectónica y urbana.

La influencia del avión y el transatlántico, el tren y el automó-vil, penetran el paisaje tradicional de otro modo, cruzan, atraviesan

prólogo

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cómo concebir el urbanismo

y surcan, océanos, desiertos y campos, lugares naturales, infinitos que se entreveran con el lugar humano, elaborado, preciso y contra-dictorio, el espacio natural y el artificial se integran.

Es la ocupación del suelo y el territorio, quizás el principio más determinante en el modo de concebir el urbanismo moderno expues-to como ideal por Le Corbusier, otra disposición, lugares que ima-ginan una nueva noción de la relación del espacio interior y exterior, proyectando otra ciudad, para otros itinerarios; consagrando una línea esencial: la búsqueda explícita de las aspiraciones modernas del hombre y los medios para llegar a él.

La tarea logró su objetivo, provocar, estimular, corroer, contrastar.

Por supuesto este ideario coloca la figura de Le Corbusier como el creador del modelo distinto y artífice de otro momento de la historia de la arquitectura y la ciudad, como estratega de las misio-nes futuras, extendió su concepción hacia todo el universo posible, anticipándose a la era global, los flujos materiales e inmateriales de carácter internacional y los complejos sistemas metropolitanos, ante ello el engranaje de ideas que despliega Le Corbusier no puede tra-tarse sino como la máxima exposición cultural sobre la arquitectura y el urbanismo en el siglo xx.

Esta potente unidad estratégica, lo revela como el protagonista que impulsa un cruce entre la cuestión urbana y los nuevos signos de una época, su dimensión se manifiesta a través de las creativas figuras del Modulor, la espiral armónica, la alternancia del día solar, el juego de los dos solsticios, la torre de los cuatro horizontes, la mano abierta, signos que exponen a la naturaleza como el omni-presente escenario y al hombre experimentando las reglas de un nuevo mundo.

La doctrina del urbanismo moderno proclama, urbanizar es valorar y ante esa empresa, el devenir de los métodos aplicados por Le Corbusier para interpretar la interdependencia del mundo que lo rodea y su obsesión por crear una original dimensión a través de la

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mutación racional de la belleza y la armonía de la ciudad, se trans-forman en el objeto más deseado de su múltiple mirada de arquitecto, urbanista, pintor y escultor.

Un sugerente viaje, una nave que va, junto a él, visualizando los gráficos donde se desarrolla la vida humana, ensanchando la red de los tiempos porvenir, transmitiendo imágenes y creyendo con optimismo en el futuro.

Arq. Roberto Converti

Buenos Aires, marzo de 2001.

prólogo

¿… No es la sabiduría y todas las otras cualidades espirituales de que fueron padres todos los poetas y todos los artistas dotados del genio creador?

Y la más bella y la más alta de las formas de la sabiduría, añade Diómedes, es la que se ocupa de la organización de las ciudades y de las familias: se la denomina la prudencia y la justicia…

Platón, El banquete

nota del editor francés

El ascoral, creado en 1942, reunía a sus miembros

como podía… según lo permitieran las circunstancias.

El primer libro del ascoral(Sección 1, «Ideas generales») data de julio de 1943, en medio de la guerra y durante la ocu-pación de Francia. ¡Por tres años tuvo que esperar su papel!

Escombros por todas partes sobre una civilización superada. Una realidad prodigiosa: el poderío de las máquinas que proporcionan la abundancia y los medios mismos de su distribución. Retorno al pasado o aceptación del desenvolvimiento natural de las cosas: es necesario optar por lo uno o por lo otro. Todo está disponible, todas las potencias,

las máquinas, los transportes, la organización industrial, la administración, la ciencia pura y la ciencia aplicada. Todo preexiste. La tarea consiste en arrancar la sociedad moderna de la

incoherencia y conducirla hacia la armonía.

El mundo tiene necesidad de armonía y de hacerse guiar por armonizadores.

EL ASCORAL es una asamblea de constructores para una renova-ción arquitectónica. Sus objetivos son: proceder al examen de la ocupación del suelo, muy en particular de la efectuada por el espa-cio edificado y sus prolongaciones, cuyos beneficios pueden ser extendidos al país entero —ciudades y campañas— y que respon-da a las cuatro funciones: habitar, trabajar, cultivar el cuerpo y el espíritu, circular:

difundir esta doctrina en la opinión;

hacerla adoptar por la autoridad;

promover su aplicación en el país.

Dicha agrupación no reúne profesionales de una sola disciplina (arquitectos) sino que está abierta a todas las actividades que se relacionan más o menos de cerca con el campo de la construcción: sociólogos, arquitectos, ingenieros, pensadores, pedagogos, hombres de ciencia, campesinos, obreros, dirigentes, economistas, juristas.

Agrupación sin límites preconcebidos, que crece naturalmen-te por cooptación, estableciendo por la conjugación del esfuerzo de sus miembros una doctrina de «Arquitectura y Urbanismo». En pleno arrebato en la confusión de una partida sin preparativos, decide proporcionar una certeza: la visión clara expresada sin el temor de la crítica de un destino que ofrece al país —e igualmente en todo el resto del mundo— una civilización maquinista. Este destino manifestado aquí por el campo de la construcción, en rea-lidad instrumental de una sociedad apta hoy, para favorecer la realización armoniosa de sus gestos más lícitos. Esta sustancia que ha de descubrirse en los factores constitutivos de nuestra civiliza-ción, materiales y espirituales, será puesta al desnudo, analizada, aclarada tanto mediante el texto como mediante la parte gráfica, liberada de toda oscuridad, por el contrario puesta valientemente en plena evidencia, en plena luz, ofrecida al juicio del país.

Este se halla ante una tarea ineludible: adaptar su zona edifi-cada a las realidades de una civilización mecanizada; la conciencia

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cómo concebir el urbanismo

está comprometida tan evidentemente como los actos de la vida material. Las reconstrucciones debidas a la guerra constituirían por sí solas un programa enorme, pero no podrían servir de panta-lla y enmascarar la misión total que corresponde a los herederos inmediatos de las conmociones presentes.

La confusión reina en los espíritus divididos; los unos se incli-nan hacia una vuelta a las épocas, las costumbres y el medio ambien-te de antaño, aferrándose a la esperanza de encontrar allí la seguri-dad, el bienestar. Otros se percatan de lo artificial de tal contramar-cha y estiman poder hallar ante ellos las tierras libres que se presten al desarrollo natural y armonioso del acontecimiento.

Las sociedades anteriores eran premaquinistas. La de hoy es maquinista. Perturbadora transformación radical. Escombros por todas partes sobre una civilización superada.

Una realidad prodigiosa: el poderío de las máquinas que pro-porcionan la abundancia y los medios mismos de su distribución.

Vuelta al pasado o aceptación del desarrollo natural de las cosas: es necesario optar por lo uno o lo otro.

En el plano mundial, Francia, único país que haya atravesado sin eclipse una extraordinaria secuencia de dos milenios, tiene capacidad para descubrir los medios para asegurar al espíritu a través de las contradicciones y confusiones, su claridad de lectura, su libertad de invención, su fuerza de decisión, sus medios de cons-trucción. A Francia le corresponde facilitar a la zona edificada de la civilización maquinista la seguridad de las concepciones sanas y armoniosas.

Se harán planos para construir inmuebles (viviendas, granjas, fábricas, sitios de expansión o de elevación del espíritu), para equi-par puertos, líneas aéreas, para establecer circulaciones en las aglomeraciones y conectarlas entre sí. El destino del campesino y del obrero debe estar asegurado en lo que toca más de cerca las realidades cotidianas de su vida, haciendo su felicidad o su infor-tunio: su techo —el techo que perturba su hogar y su familia— o el techo portador de verdadera alegría. Para lograr este techo, la acción

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no puede ser mezquina, limitada: hay que reconsiderar la ocupación misma del territorio del país a fin de asegurar el medio ambiente favorable tanto a aquel que sigue el ritmo solar anual, que es el paisano, como a aquel organizado según el ritmo solar diario, que es el obrero industrial.

El problema que hay que resolver sobrepasa la mera técnica del arte de construir. Hay que introducir, como explorador, como precursor, un elemento de decisión: el punto de vista verdadero.

Un punto de vistaverdadero desencadena la armonía de los actos productivos: al establecer la ley sus nuevos artículos, las ciu-dades, las aldeas, las granjas y las tierras recurrirán a ellos, los diseños seguirán las direcciones dadas por esta nueva óptica. Y el político llevará el plan a la vida.

Todo está disponible, todas las potencias: las máquinas, los transportes, la organización industrial, la administración, la cien-cia pura y la ciencia aplicada. Todo preexiste. La tarea es arrancar a la sociedad moderna de la incoherencia: llevarla hacia la armo-nía. El mundo tiene necesidad de armonía y de hacerse guiar por armonizadores.

El espíritu debe discernir y la conciencia debe designar los objetivos reales de una sociedad que ha caído hoy en la confusión y a la que se trata ni más ni menos, de volver a darle la alegría de vivir. Postulado subjetivo que es el único capaz de alumbrar el camino y de establecer el verdadero programa. La eficacia tendrá por medida lo humano. Entonces podrán trazarse los planos… «Las vicisitudes de los pueblos y los fracasos de las concepciones huma-nas sólo son, en definitiva, reacciones de la Naturaleza para obligar al espíritu humano a respetar el orden universal.»1

Lentamente y de pronto violentamente el hombre fue arranca-do de las condiciones de la naturaleza… Lo paga hoy, percatándo-se de que se ha dejado sumergir por una completa desorganización.

intervención del ascoral

1 Dr. E. T. Gillard: «Synthèse Universelle».

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cómo concebir el urbanismo

Se trata de restablecer las condiciones de la naturaleza, reinstalando al hombre en su medio genuino.

«Existe unidad entre las obras de la naturaleza y las obras del espíritu humano.» (Descartes.)

«Al reconocer la soberanía de la Naturaleza, Descartes ha puesto un término a la de la Razón; un término a la primacía del verbo. Lo que cuenta ya no son las palabras sino las realidades.»2

2 Ibid.

Si aparece a tiempo una doctrina coherente, todos estos nuevos profesionales del urbanismo quizás hallarán en ella una luz capaz de iluminar su camino. El buen sentido es capaz de recuperarse cuando llegue la otra, la nueva batalla violenta de la reconstrucción. El verdadero problema: ¡Vivir hoy! hallará su solución en un intenso esfuerzo de todo el país y la participación apasionada de aquellos que sean sus responsables: los arquitectos convertidos en urbanistas.

AÑO 1943 sin carácter particular, situado quizás en ese punto de inflexión entre la suma de los errores y el alba de la renovación.

Hay que tener una clara conciencia de la realidad de este pro-blema que nos ocupa aquí: el palacio edificado. Ligado todavía por las enseñanzas a las triquiñuelas y a los modos de pensar de antaño, otorgando todavía derecho de ciudad a los estilos grecolatinos, divi-dido entre dos grupos de pretendientes: los que se dan el nombre de arquitectosy los que son denominados ingenieros, el arte de cons-truir sólo aparece, ante la opinión y los dirigentes, como una cues-tión embrollada, un nido de víboras, un nudo gordiano. El nudo gordiano será cortado por un arma afilada: esta arma, que es un ejército, tiene nombre: los constructores; así se corta el debate. Una vez hecho esto, dicho término que expresa, a decir verdad, un pro-grama agrupa, reúne, une, ordena y produce. La unidad y la conti-nuidad penetran entonces el conjunto de los temas. Ya nada es con-tradictorio. El constructor está en el taller de fabricación tanto como en los andamios del templo: es razonador e ingenioso tanto como poeta. Cada cual bien dispuesto en orden y jerarquía ocupa su lugar.

El urbanista no es otro que el arquitecto. Primero organiza espacios arquitectónicos, determina el sitio y el destino de los volú-menes edificados, conecta todas las cosas en el tiempo y el espacio mediante una red de circunvalación. Y el otro, el arquitecto, ocu-pándose por ejemplo de una sola vivienda y en esa vivienda por ejemplo de una simple cocina, erige asimismo volúmenes, crea espacios, determina circulaciones. En el plano del acto creador, arquitecto y urbanista son sólo uno.

Hay ocho mil arquitectos en Francia y tan sólo algunos urba-nistas. Además, se trata de un urbanismo yacente y hasta el pre-sente más bien retrospectivo, museográfico y muy especialmente preocupado por la decoración, de la decoración en el sentido orna-mental, de una vestidura campestre, de ciudad o de aldea, de una vestidura que no es de estación sino de representación.

Hubo antes, sin embargo, grandes urbanistas pero no maneja-ban el lápiz, jugaban con la idea: Balzac, Furier, Considerérant,

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cómo concebir el urbanismo

Proudhon… Al nacer el maquinismo, ya hace cien años, el prime-ro había respirado en París la mefítica maceración de los siglos acumulados en una vasija encerrada entre sus murallas: la ciudad. Los otros dilataron sus pulmones con el soplo que venía del aire libre de la imaginación: habían sentido, pensado, formulado y esto había constituido una profecía sobre la cual la marejada de los hábitos de los intereses inmediatos cayó. Todo quedó recubierto. Vinieron otros pensando, a su vez, a partir de otras premisas y, a su vez profetizando, fueron cubiertos por la marejada de los hábitos y los intereses. Y todavía otra vez… Esfuerzo de generaciones, unas tras otras. Un acontecimiento formidable proyectaba sus cimas en el cielo, lanzaba sus olas inmensas hacia los horizontes: algo real-mente serio, profundo, íntimo y general ocurría: la civilización maquinista había nacido. Frutos amargos: las grandes guerras modernas, esas destructoras de la quietud, esas galeras de aventu-ras que arrancan y desarraigan, dejan escombros, establecen los dramas del mañana, apelan al ingenio de los hombres para que la vida no se extinga en estos lapsos tan cortos que pueden, a veces, ser propuestos a las sociedades y que bastan para hacer morir de hambre, de frío, de desesperación.

Este plazo tan corto exige de la prudencia una firmeza y una claridad de la decisión suficientes. El azar y la improvisación no son instrumentos que basten para la empresa que imponen la regulación, el aprovisionamiento técnico y sensible de una civilización maqui-nista. Tantas cosas deberán ser contempladas, planificadas, puestas en ejecución en pocos momentos en todos los puntos del país —verdadera y angustiosa sinfonía que armoniza a los hombres de las ciudades con los del campo— que a cualquier precio debe exis-tir una línea de conducta, de hecho una doctrina ni demasiado ni poco elaborada, ya que es necesaria y debe ser suficiente.

¿Qué ocurrió en la hora de la gran sorpresa, durante la derro-ta de 1940? Un incomprensible e instintivo movimiento de retro-ceso, restablecimiento de contacto con… lo sólido. ¿Dónde está lo sólido, en el minuto mismo de las catástrofes, sino en los reflejos

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que son la madurez de las reflexiones anteriores? Se pusieron, pues, pies y manos sobre lo que había existido, para sostenerse, para «volver a hacer pie». Hecho esto, habiendo reconsiderado lo que somos (hombres), quiénes somos (franceses), lo que sabemos y podemos (técnicos) y lo que queremos (lograr la alegría de vivir), nos hemos hallado divididos en estos dos grupos humanos funda-mentales: los activos y los pasivos. En estos otros grupos humanos: los desinteresados y los interesados. Y bajo la dependencia de los dos polos de la sensibilidad: los imaginativos y los conformistas, los poetas y los groseros.

Sin embargo, el talento no falta: abunda en Francia más que en otras partes. Pero el debilitamiento de las últimas décadas ha hecho que el país ya no esté dirigido por el gusto: y esto con gran ventaja para el mal gusto.

Si otros países sencillamente no tienen gusto, Francia se ha puesto a cultivar el mal gusto. La enseñanza contribuye mucho a esto, queriendo imponer la noción de que el gusto de antaño puede ser puesto al servicio de hoy, fabricado mediante procedimientos de imitación.

Pero siempre la divergencia sigue siendo entre ayer y mañana. Muchos de los que toman la palabra en esta controversia sólo son los periodistas, a veces escritores de talento, a menudo hombres de negocios. En el momento de elaborar un urbanismo de pies a cabe-za, muchos de los que querían atraer la opinión no son, por su parte, urbanistas.

No obstante, en oleadas sucesivas, durante esos tres años 41, 42 y 43 han habido personas puestas a la tarea, arquitectos encar-gados de establecer los planes de reconstrucción de las ciudades, de los municipios y las aldeas. Así se han hecho las unas: ciertos arquitectos, han saboreado el urbanismo y, convertidos en herreros herrando, han ingresado al urbanismo.

Por el momento, nada hay muy preciso en cuanto a plazo, pre-cio y existencia, euforia o apaciguamiento de una tregua. Pero mañana, y al son del clarín de la iniciación de las obras (materiales,

1943 y los años siguientes

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cómo concebir el urbanismo

mano de obra, transportes y precio y tiempo y servicio prestado) será de nuevo como las batallas en los frentes de guerra: Alemania o América, industria y comercio que saldrán a la caza de esta Fran-cia que ha creído poder fundar su reconstrucción sobre el inexis-tente ejército de sus artesanos, sobre un programa sentimental plan-teado (o que se hallará planteado) sin considerar las necesidades reales, fuera de las realidades y de las posibilidades de la vida.

Si aparece a tiempo una doctrina coherente, todos estos nuevos profesionales del urbanismo hallarán en ella, quizás, una luz capaz de iluminar su camino.

El buen sentido es capaz de recuperarse cuando llegue la otra, la nueva batalla violenta de la reconstrucción. El verdadero pro-blema:¡Vivir hoy!hallará su solución en un intenso esfuerzo de todo el país y la participación apasionada de aquellos que sean sus responsables: los arquitectos convertidos en urbanistas.

Nuevamente se tratará de diseños sobre el papel, nuevamente se tratará de planos. Pero, esta vez será un trabajo con ideas claras.

Las técnicas han ensanchado el campo de la poesía: de ningún modo han reducido los horizontes,

matando los espacios y metiendo a los poetas en calabozos. Con la precisión de los instrumentos de medición han abierto fantásticamente los espacios ante nosotros y por consiguiente el sueño: los mundos estelares y las profundidades vertiginosas de la vida en nuestra tierra. Sueño y poesía brotan

a cada instante de esta progresión técnica.

MÁS VALDRÍA dejar de jugar con las palabras, dejar de oponer siempre los puntos de vista, uniéndolos, más bien, en un orden razo-nable y armonioso. El punto de vista técnico no se opone al punto de vista espiritual: el uno es materia prima, en tanto que el otro es director de obras. El uno no vive sin el otro.

Materia prima en toda su inercia, la técnica es, en primer tér-mino, la suma de las invenciones inocentes, espontáneas, ingenuas y sin ligaduras, nacidas del azar o de los laboratorios; además, es esa marcha ilimitada hacia una meta también sin límites que lleva las cosas hacia fines inesperados, a veces revolucionarios. No hay pequeñas y grandes invenciones; sólo hay pequeñas o grandes con-secuencias: la pólvora de cañón y la imprenta han bastado para volver una de las grandes páginas de la historia humana.

El vapor, luego la electricidad y el motor a explosión, aumen-tando desmesuradamente la fuerza del bíceps o de las caballerías, han abierto la civilización maquinista. ¿Hasta dónde se expandirá la fuerza y cuándo alcanzará su posición estable? El interés del dine-ro o el interés del espíritu se han apoderado de las invenciones pequeñas o grandes: remolinos de afanosas fabricaciones o titubeos de una clientela siempre reticente. Un día llegará que lleve, por ejemplo, en este punto preciso, su cosecha a la madurez: el ferroca-rril (que fomentó la civilización maquinista) será suplantado en el camino para las distancias cortas, por el avión (que se prepara) para los trayectos largos.

El interés es diverso como lo son las necesidades. Estómago, sexo y cabeza, estableciendo los programas, deciden los éxitos finan-cieros o morales de las invenciones primordiales. No existe (en prin-cipio e igualmente de hecho) casi nunca, vínculo de derecho entre el inventor y el éxito: un campo de batalla se ha extendido entre los dos, en el cual se han manifestado las