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Los mensajes dados desde el Infinito contienen respuestas a las preguntas básicas de la humanidad, que en pocas ocasiones son aclaradas en la Biblia: el sentido y la finalidad de la vida en la Tierra, la libertad de cada ser, la ley de causa y efecto, la inmortalidad del alma y la reencarnación, el acto redentor de Cristo, el infinito amor de Dios hacia cada persona y hacia toda Su creación, y muchas cosas más. El lector se convierte una y otra vez en testigo de la vigencia y la atemporalidad con la que el Espíritu de Dios explica los que sucede en este mundo, lo que dice sobre temas como la manipulación genética o el cambio climático; y como casi en el mismo momento nos remueve, nos da consuelo y sanación y nos lleva a tomar decisiones. Lea usted mismo los mensajes dados desde el Infinito a través de Gabriele, la profeta y envida de Dios para nuestro tiempo. Del contenido (Tomo 3): Todo lo que vive es ley y es consciencia – Es un tiempo sublime –el tiempo de Cristo. Entregaos a Mi poder, al poder del amor – Vivid en el presente –entonces estaréis en comunicación con las energías de vida divinas que mantienen todo – La Ley Absoluta, enseñada en todos sus detalles –el fin de la época materialista – Entra en el fondo del alma, pues el fondo del alma Soy Yo – ¡Escuchad la voz del Infinito, y despertad en Mí! Yo Soy la paz…
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Seitenzahl: 215
Veröffentlichungsjahr: 2008
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El mensaje dadodesde el Infinito
La PROFECÍA de Dios en la actualidad.No la palabra de la Biblia
Tomo 3
Gabriele
El Espíritu universal es la enseñanza del amor a Dios y al prójimo, a los seres humanos, a la naturaleza y a los animales
1ª edición en español: 2008Spanisch
© Gabriele-Verlag Das Wort GmbHMax-Braun-Str. 2, 97828 Marktheidenfeld, Alemaniawww.gabriele-verlag.dewww.editorialgabriele.com
Título del original en alemán:»Die Botschaft aus dem All. Die Gottesprophetie heute - nicht das Bibelwort. Band 3«
Traducción autorizada por la editorial Gabriele-Verlag Das Wort.En todas las cuestiones relativas al sentido, la edición original en alemán tiene validez última
Todos los derechos reservados.
Nº de pedido: B141esISBN 978-84-8251-064-4 (edición impresa en español)ISBN 978-3-89201-901-5 (epub en español)ISBN 978-3-89201-902-2 (mobi en español)
«Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente se asombraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas». Así termina el Sermón de la Montaña.
También al hombre actual, dos mil años más tarde, sin duda se le da y le es posible percibir la diferencia entre el poder del Espíritu del Cristo de Dios y las argucias de los teólogos. El don espiritual de la palabra profética se mantuvo vivo en las primeras comunidades cristianas también después de Jesús de Nazaret –y lo ha seguido estando hasta el día de hoy. Dios nos ha hablado una y otra vez a los seres humanos a través de hombres y mujeres iluminados. Y en la actualidad vuelve a hacerlo, a decir verdad con una elocuencia y profundidad que la humanidad no conocía desde Jesús de Nazaret. En nuestro tiempo Él lo hace a través de Gabriele, que se encuentra muy cerca de Su corazón.
Lo hace porque los tiempos que vivimos son muy serios, en realidad muy serios. En los años en los que fueron transmitidos los «Mensajes dados desde el Infinito», recogidos en este libro, las advertencias de que el planeta se vería amenazado por cambios climáticos y tiempos turbulentos fueron escuchadas sólo con un encogimiento de hombros. Actualmente, en el momento en el que sale a la luz este libro, ya todo el mundo habla de las catástrofes que se están iniciando.
Por tanto, Dios advirtió a tiempo. Si actualmente (como en todos los tiempos) muchas personas preguntan «¿Por qué no interviene Dios?», encontrarán la respuesta en los textos recogidos en este libro: Dios intervino hace mucho tiempo; Él siempre intervino cuando los seres humanos han sufrido necesidades, cuando a sus candentes preguntas no han encontrado ninguna respuesta ni de parte de los escribas ni en las palabras de la Biblia, que ha sido censurada y restringida por éstos.
¿Por qué hay guerras? ¿Por qué hay enfermedades? ¿Por qué hay sufrimiento y se está destruyendo la naturaleza? ¿Dónde está el camino de salida? El Espíritu del Cristo de Dios no nos obliga a nada. Él da aclaraciones. Él habla directamente y sin rodeos. Él se dirige por igual al corazón y al entendimiento.
Los «Mensajes dados desde el Infinito» aquí presentados fueron transmitidos en diferentes ocasiones. Dios, nuestro Padre celestial y Cristo, Su hijo unigénito, se manifestaron por boca de un profeta en reuniones públicas, por ejemplo, con ocasión del fin de año, en Pentecostés o en cenas en comunidad a las que los cristianos originarios invitan una y otra vez. A través de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios para el tiempo actual, Cristo envió una y otra vez Su fuerza sanadora a todo el mundo. Estas «Irradiaciones de Cristo», como se llamaban estas reuniones de manifestación, fueron emitidas en directo a través de numerosas emisoras de radio, pudiendo ser escuchadas en todo el mundo –un acontecimiento cósmico cuyo significado para el futuro de la humanidad sólo podemos intuir.
El lector será así una y otra vez testigo de con cuánta actualidad y a la vez de qué forma intemporal el Espíritu de Dios explica los acontecimientos del mundo, de cómo se pronuncia respecto a temas como la reencarnación, la manipulación genética o el cambio climático, y cómo casi al mismo tiempo remueve, proporciona consuelo y sanación, y nos exhorta a que tomemos una decisión.
El lector también se verá enfrentado a la exigencia y al mismo tiempo a la invitación de dejar o bien sobre el papel los poderosos Mensajes dados desde el Infinito o de aceptarlos y ponerlos por obra en la vida diaria. En la actualidad siguen teniendo validez las palabras del Nazareno: Quien quiera captarlo, que lo capte. Quien quiera dejarlo, que lo deje.
Manifestación de Cristo, 1987
El Dios que habla es la consciencia universal. La consciencia universal es el Cristo en Dios, vuestro y Mi Padre. Cristo es la vida para todos los hombres y almas, en el camino hacia la Existencia eterna.
El Dios que habla es la ley eterna. Todo lo que vive es ley y es consciencia. Las palabras, los pensamientos, el canto de los pájaros, el murmullo del arroyo, el movimiento del aire y muchas otras cosas más son expresión de la consciencia cósmica, de la vida, Dios. Quien perciba en sí el canto de los pájaros, experimentará no sólo la expresión de Dios, el canto de los pájaros, sino la vida, la consciencia de las aves que trinan.
Cuando escuches el murmullo del arroyo, sabrás que es la expresión de la forma de vida, de la gota en sí. Pero si has ampliado tu propia consciencia, percibirás la vida, lo espiritual, la consciencia del arroyo que murmura.
Y en la medida en que tú, hijo Mío, hayas aceptado y acogido a tus semejantes, experimentarás a Dios en los pensamientos de tus semejantes, en las palabras y en los actos. Pues ningún pensamiento es posible, no importa de qué clase sea, a no ser que la fuerza universal toque la vida terrenal y ponga en movimiento lo que hay en el alma: lo positivo, la ley, o la ley causal, los efectos de las causas.
Lo que el hombre dice es la palabra, la expresión de su ser y también de lo que él es por el momento. Pero en cada palabra está la fuerza del Altísimo, la consciencia DIOS. Quien haya desarrollado su consciencia, quien viva más y más en Dios, la consciencia universal, experimentará a Dios en las palabras de su prójimo. No importa lo que éste piense, lo que diga –en todo está la consciencia, Dios. Él te mueve a reflexionar sobre tus pensamientos y palabras, para que tú, que estás en el camino hacia la consciencia absoluta, te reconozcas y reconozcas en tus pensamientos y palabras la consciencia, Dios, de modo que en los pensamientos y palabras de tu prójimo, reconozcas la consciencia, Dios.
Eso es vida. La vida se cumple en el alma y en el hombre sólo si lo reconocido se realiza y está realizado. La realización es lo que trae consigo la ampliación de la consciencia, no el conocimiento de la ley, El conocimiento de la ley es el requisito para la realización. Por eso Yo os di y os doy una y otra vez la ley: la ley causal, la ley de Siembra y cosecha, y luego la Ley Absoluta, que en definitiva sois en la existencia pura.
Oh, comprended y captad en vuestros corazones que la vida es rica y que enriquece por su parte al que realiza y al que poco a poco va viendo las cosas y los acontecimientos tal como son, y no como aparentan ser o como se los presenta.
El Dios que habla es la ley eterna que tiene efecto en la ley causal, que os advierte en todos los pensamientos y palabras humanos: ¡Levántate, hijo Mío, y despierta a tu verdadero ser, a la vida, que Yo Soy! Levántate, hijo Mío, y despierta, realizando lo que has reconocido, para que tu consciencia espiritual se amplíe y llegues a sentir al Dios que habla eternamente y vuelvas a ser divino. Entonces tu lenguaje será la vida eterna que fluye desde los orígenes, que tú eres, la ley. Ya no preguntarás: «¿Quién soy?¿Dónde estoy? ¿Es correcta mi forma de obrar?». Tú eres la ley. No sólo lo sabes –lo vives.
Date cuenta, oh hijo, hijo Mío, de esta infinita libertad, de la grandeza y el amor omniabarcante del Dios que habla eternamente, que te visualizó y te creó y que te ve como ser divino. ¡Vuélvete divina, oh alma en el hombre! A cada instante Dios, el Espíritu que habla eternamente, te da indicaciones sobre lo que ahora debes realizar.
Oh, hombre, ennoblece tus sentidos para que éstos formen el puente hacia el Dios que habla eternamente, y experimentarás lo que Dios dice al alma a cada intante, y lo que puedes realizar, que es lo que tu alma añora. Pues cada alma añora libertad, unidad, hermandad, amor eterno omniabarcante y cósmico, pues toda alma sabe en el fondo de su Existencia que está hecha de consciencia cósmica, que es por tanto amor cósmico.
¡Captad el tiempo de misericordia! Os encontráis en lo temporal, en vestido terrenal. Reconoced los valiosos instantes y minutos –¡cuán rápidamente se desvanecen en comparación con los eones! Acepta por tanto, hermano Mío, hermana Mía, el tiempo de misericordia. Hijos Míos, aceptadlo, y cumplid lo que os dice el instante, el minuto de la existencia terrenal, pues el Dios que habla eternamente habla en el instante, en el minuto, en la hora, en el día.
Día a día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, habla el Dios eterno en el minuto, el instante, es más, en el segundo. Escúchale a Él y te volverás de nuevo rico, rico en vida interna. Escucharás la expresión divina y experimentarás en ti la fuerza de la vida, pues lo que tú ves, lo que escuchas, lo que vive, es la expresión del Eterno. Experimenta la vida, la esencia en ti, aquello que hace surgir lo externo. Dios es la ley, la vida.
Hermano Mío, hermana Mía, hijos Míos, Yo Soy en Dios, vuestro y Mi Padre, el principio que habla, que redime a toda alma –Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, la fuente y el origen de la fuente.
Yo os di y os doy el camino hacia el origen de la fuente. Yo os sumerjo en la fuente para que sintáis lo que significa la vida, y tomo de la mano a cada uno y lo conduzco al origen de la fuente, para que vuelva a ser de nuevo la ley del amor.
Alegraos y sentid en vuestros corazones Mi cercanía. Yo estoy aquí en palabras y en obras, el Cristo, vuestro Redentor y guía hacia el origen del manantial, hacia la eterna consciencia cósmica del amor. El Dios que habla obra en cada uno de vosotros y está con vosotros de eternidad a eternidad.
Manifestación de Dios-Padre, 1987
Yo Soy vuestro Señor y Dios, el Creador del Cielo y de la Tierra. Mi Palabra eternamente sagrada fluye a través del éter y llega a muchos de Mis hijos. Aquellos que son de corazón puro perciben Mi voz en sus corazones –y sienten que Yo Soy el Espíritu eterno, que se manifiesta a través de boca humana. Mis hijos que están aún orientados al mundo escuchan Mi Palabra con los oídos externos y no pueden comprender que Yo, la todopoderosa fuerza creadora hable a los Míos.
Sabe, tú que me escuchas con los oídos externos: Yo Soy también tu Padre de la eternidad. Mientras Mis hijos no sean puros, no estén espiritualizados, Me sirvo de instrumentos humanos, es decir, de personas a través de las cuales hablo, para que Mis hijos –no importa en qué peldaño espiritual se encuentren– puedan percibirme y comprenderme.
¡Yo Soy vuestro Señor y Dios, vuestro Padre de eternidad a eternidad! Sentid Mi llamada en vuestros corazones y reconoceréis que la fuerza redentora se fortalece más y más; pues en lo temporal irá llegando poco a poco a su final. Cristo, Mi Hijo, vuestro Redentor, obra en cada alma y se esfuerza por despertar en cada uno de vosotros el amor interno, el amor desinteresado, pues Yo Soy el amor eterno. Yo Soy la ley eterna –y la ley eterna es amor.
Todos Mis hijos proceden del amor eterno, y a través de Cristo serán conducidos de nuevo a la consciencia suprema, al Yo Soy –el amor. Pero mientras cada cual no busque el amor interno, vivirá atado al mundo y no puede imaginarse que exista un Reino eterno del amor –un Reino de la paz y de la armonía. Sin embargo, hijo Mío, aunque no puedas imaginarte esto aún, procedes a pesar de ello de este Reino del amor y de la paz –y volverás de regreso al Reino de sustancia sutil de amor y paz, al Hogar eterno.
Más de uno está atado al mundo y cree que la Tierra es su hogar. Él sólo ve lo temporal, se aferra a las conquistas y cosas humanas y sólo difícilmente se puede liberar de ello. Tales personas están atadas a su Yo humano, a su amor propio. Quien está atado, carece de libertad. Todo el que carece de libertad no puede entrar en el Reino del amor y de la paz. Toda atadura a este mundo ha de ser disuelta. Por eso el Cristo de Dios, vuestro Redentor, se esfuerza por que os volváis libres de todo lo humano, pues cada alma ha de crucificar su yo para regresar a la consciencia eterna del amor.
Innumerables hijos humanos temen a la muerte. Innumerables personas tienen temor y luchan por su vida. ¿Por qué vida luchas, hijo Mío –por la vida temporal? Sabe, la vida terrenal, en la que crees, es apariencia y no la vida, el SER. ¡Tú, hijo Mío, nunca podrías existir en lo temporal, si el SER, la vida cósmica, que Yo Soy, no te abrasara ni tocara con su irradiación!
Por tanto, si te aferras a lo temporal, después de la muerte del cuerpo volverás a regresar y tu alma no entrará en el Espíritu, que Yo Soy, sino que regresará a una nueva carne. Pero ése no es el plan de Tu Padre, que Yo Soy. El plan cósmico para todos los hijos humanos y almas dice: Regresa al hogar paterno, a tu hogar espiritual –¡ése es tu sitio! Pero si el alma y el hombre se interceptan ante el plan espiritual, atándose ambos a lo material, después de la muerte del cuerpo el alma volverá a regresar, tomará un nuevo cuerpo y, según sea el caso, volverá a empezar donde terminó como ser humano. ¡Ésa no la voluntad de tu Padre!
La Tierra ha sido dada a las almas para que en ella, en vestido terrenal, purifiquen lo que causaron antaño. En vestido terrenal el alma lo tiene mucho más fácil, pues no tiene que sentir en su cuerpo espiritual todo lo que ella alguna vez causó. Aquí en la Tierra se juntan todos aquellos que tienen algo que purificar entre sí. Si esto se realiza, el alma se suelta paulatinamente de los lazos terrenales y mira hacia el Cielo, hacia Aquel, que Yo Soy.
Por eso comprende, oh, hombre, que has de morir cada día: deja que muera tu Yo humano para que se haga en ti. Y en la medida en que despiertes en Mi espíritu, experimentarás la reencarnación en el Espíritu, pues aquel que Yo Soy, se acercará a ti en tu interior, y tú sentirás lo que es el amor desinteresado.
Mira, Yo te veo perfecto. Ciertamente veo tus errores, pero no los afirmo. Yo te veo perfecto, hijo Mío, y te envío Mi amor absoluto. Por eso un día despertarás al amor desinteresado. ¿Cuándo?, eso lo decides tú, pues Yo te he dado el libre albedrío. Pero en Cristo puedes resucitar al instante y sentir el renacimiento en el Espíritu –el amor desinteresado que une a todas las personas, igual sea cómo piensen y actúen.
Amaos los unos a los otros –y llevaréis la paz a muchos hijos humanos desconsolados.
Amaos los unos a los otros –y llevaréis ayuda a muchos de Mis hijos enfermos.
Amaos los unos a los otros –y haréis posible lo imposible, pues el amor lo puede todo.
Amaos entre vosotros, y encontraos los unos a los otros.
Mantened la paz, y en este mundo se hará más claridad. Y las piedras empezarán a hablar y los árboles emitirán amor –la fuerza creadora, que Yo Soy. Y las estrellas empezarán a brillar con más intensidad; pues la atmósfera se está purificando, y la candente vida del amor irrumpe en este mundo, traspasa la Tierra y saca a la luz lo que el planeta Tierra alberga en su interior: el Reino de Paz sobre esta Tierra.
En verdad, los que se aman desinteresadamente son ya ahora los hijos e hijas conscientes de Dios. A vosotros, los que os amáis desinteresadamente, Yo os llamo. Vuestro Padre eterno llama a Sus hijos e hijas: ¡Escuchad la voz! Uníos, pues grande es la necesidad de los Míos. Necesito de aquellos que en verdad se aman desinteresadamente los unos a los otros –pues el amor sana. El amor disuelve las sombras. El amor trae paz. El amor es armonía. El amor es el poder del SER cósmico. Y quien se entrega a Mi poder, al poder del amor, ¡es invencible!
¡Amaos los unos a los otros y ablandad el cristianismo endurecido! Ablandadlo, vosotros hijos e hijas, pues el cristianismo está cubierto por la maleza de los dogmas y las formas, por ritos y ceremonias, por mucha apariencia externa. ¡Irradiad hacia todo eso el SER –el amor! Reventad la envoltura; pues en la envoltura están los Míos. Sus corazones están igualmente encostrados por opiniones, dogmas, filosofías, ideas y muchas otras cosas. Vosotros, los que os amáis desinteresadamente, comprended: A los que se aman desinteresadamente, todo les es posible; pues ¡Yo estoy con los Míos!
Oh, ved, y sentidlo en vuestros corazones: Este mundo, la apariencia, se está extinguiendo. Pero de los Cielos y de la Tierra emerge el SER. ¿Eres tú, hijo Mío, un hijo consciente? ¿Eres tú, hija Mía, una hija consciente? Entonces estás en el SER, y no en la apariencia. Entonces con tu luz traspasas la apariencia y comprendes lo que el alma de la Tierra contiene y hará surgir: el Reino de Dios en esta Tierra.
Yo llamo a mis hijos e hijas conscientes: Encontraos en el origen de la fuente, aquí, en este lugar; pues desde este lugar irradio Yo la luz por toda la Tierra y a los ámbitos de purificación.
Vosotros, hijos e hijas conscientes, captad Mi voluntad sagrada. Aquí en este lugar quiero Yo colocar el signo del amor, pues quien sirve desinteresadamente cumplirá y hará volverse visible lo que quiere salir del alma de la Tierra: la irradiación de la Jerusalén eterna.
Escuchad vosotros hijos e hijas repartidos por toda la Tierra: Yo os llamo, Yo, vuestro Padre. ¡Venid al origen del manantial! Pues desde aquí una poderosa corriente del Espíritu ha de abarcar toda la Tierra y los mundos astrales. Esta corriente creará entonces comunidades en toda la Tierra, de forma parecida a como en este lugar.
Pero ahora es el tiempo de crear en el nacimiento del manantial lo que anunció Jesús de Nazaret, Mi Hijo, y otros profetas. El Reino de Dios –en verdad, está empujando por surgir del alma de la Tierra. Hijo Mío, escucha el murmullo que viene del fondo de la Tierra –te habla; ¡Es Mi fuerza creadora!
Hijo, tú vives en medio del infinito. ¿Qué es el cuerpo humano si no está traspasado por Mi poder sagrado? Tu cuerpo terrenal es bueno, pues en la medida en que Yo lo pueda traspasar con Mi irradiación, te convertirás en Mi Palabra –y Mi Palabra vencerá.
Por eso, hijo Mío, levántate, y vive en el presente, aprovechando los días, las horas y los minutos, pues tú estás aquí para liberarte de tu yo humano, para servirme libremente a Mí, tu Señor y Dios, tu Padre. Ven y siéntelo. En este lugar sopla incrementadamente el Espíritu Santo; en este lugar se encuentra el latido de la consciencia de Cristo y del impulso originario de tu Padre eterno.
¡No vaciles! No mires atrás –de otra manera te alcanzará el fuego del ego humano y te consumirá.
Entonces tus miedos por la llamada muerte se volverán más grandes, pues te darás cuenta que no has aprovechado los días, tu ego no habrá muerto –y sentirás que tendrás que volver. ¿Pero por cuánto tiempo? Para las almas que están atadas a la apariencia el tiempo es limitado; pues tan pronto como los hijos e hijas que se aman entre sí, que se aman desinteresadamente, vayan resucitando más y más, se extinguirá la apariencia –y surgirá el Ser.
Hijo Mío, comprende: en el reino de las almas te darás cuenta entonces de lo que has desaprovechado, y tendrás que sentir en tu cuerpo anímico lo que habrías podido purificar con tu prójimo en la Tierra, en vestido terrenal. Pues mira, sólo los que se encuentran en la apariencia tienen miedo de la llamada muerte. Sabe, si tú ahora en este instante terrenal abandonas lo temporal, si por tanto tu cuerpo terrenal fallece, como alma volverás a ser otra vez lo mismo que eras como ser humano. Y como alma estarás allí donde estuviste como persona, atado a lo que como ser humano te era grato, preciado y valioso.
¿Crees, oh, hombre, tú que sigues permaneciendo en la apariencia, que si tu cuerpo fallece ahora todo cambiará? El último aliento dirá: ¡eres el mismo! Y entonces te verás sólo tal como te has visto a ti mismo siendo una persona. Y seguirás viviendo en sueños, tal como has soñado en la apariencia. Por eso, ¡aprovecha los instantes y vive conscientemente! ¡Vive de forma que a cada instante puedas traspasar el portal que lleva a la vida, pues ésa es la voluntad de tu Padre, que Yo Soy!
Es un tiempo sublime –es el tiempo del Cristo, vuestro Redentor. En este tiempo sublime actúan de forma incrementada los poderes del amor y obran en el mundo y en este Tierra. Es Mi poder, y son todos aquellos que viven en Mi poder, y todos los que son el amor mismo.
Mis hijos e hijas en vestido terrenal, amaos los unos a los otros –y los mensajeros del amor estarán en torno a vosotros. Amaos los unos a los otros –y estaréis protegidos por el poder supremo, el amor. Amaos los unos a los otros –y os daréis cuenta de que el Espíritu de la eternidad está con vosotros, la consciencia de vuestro Padre eterno, que Yo Soy.
¡No soñéis –mirad lo real! Penetrad con vuestra mirada más profundamente en los corazones de aquellos que están con vosotros, pues en cada uno vive el Cristo y llama a la puerta del interior. Abre, y Le experimentarás a Él, hijo Mío! ¡Él te conduce a Mí, Tu Padre!
Hijos Míos, hijas e hijos Míos, daos cuenta en vuestros corazones que el Espíritu eterno está aquí, que esta Tierra está rodeada y traspasada por Mí, la Existencia eterna, que en Mí no existe el aquí y el allí, pues Yo Soy omnipresente. ¡Hazte consciente de ello, y ama! ¡Ama desinteresadamente –entonces tus aparentes enemigos se convertirán en amigos! No preguntes cuándo –di: «¡Ahora!». Entonces ámalos tú, no importa lo que digan ni lo que piensen. Dales aclaraciones, y reza –entonces se aclarará el mundo, y se hará realidad lo que ya está activo en el alma de la Tierra.
Sabe, hijo Mío, sabe oh hijo, oh hija, que Yo te bendigo; ¡pues Yo te veo perfecto! Ésa es la plenitud y la fuerza que bendice, que te toca incesantemente, de eternidad a eternidad.
Mi Palabra es vida. Ella traspasa el infinito –no se detiene ante el tiempo y el espacio, pues Mi palabra es amor. El amor no conoce fronteras. Ama tú, hijo Mío, ilimitadamente, y vivirás conscientemente ya ahora en vestido terrenal, de eternidad a eternidad en Mí, el que Yo Soy de eternidad a eternidad, Tu Padre celestial, la fuerza del Infinito y el Infinito mismo.
Mi palabra tiene validez, pues Yo Soy –y es así como Yo lo veo, por toda la eternidad.
Manifestación de Cristo, en el cambio de año 1989/1990
Aquel que confíe en Mí, Cristo, la roca, se volverá nuevo desde el interior. La roca es la vida interna, es la fuerza y la plenitud que procede de Dios, nuestro Padre eterno.
Dios, la omnipresencia, habla desde innumerables bocas. A través de innumerables ámbitos de consciencia habla la omnipresencia, Dios. Y en la medida en que desarrolléis más y más vuestra consciencia espiritual, pronunciaréis la omnipresencia, Dios. Pues entonces vuestras sensaciones, pensamientos, palabras y obras serán puros. Lo puro es Dios. Mientras habláis de forma diferente a la que pensáis, habláis el lenguaje del yo humano y estáis también unidos con los campos de energía del yo humano –es decir, que estáis en comunicación con ellos.
Mis amados hermanos y hermanas, una y otra vez habéis leído o escuchado que no podéis hablar, pensar, percibir ni sentir, que ni tan siquiera os podríais mover –si no se os da la fuerza de la vida interna para que podáis moveros, sentir, percibir, pensar, hablar y obrar.
