Ensayo sobre la vida privada - Manuel García Morente - E-Book

Ensayo sobre la vida privada E-Book

Manuel García Morente

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"Los que quieran, los que tengan en el corazón profundamente anclada la preocupación por el porvenir de la cultura, tienen que declarar la guerra a la política, porque la vida pública, en su forma más característica, que es la política, invade todos los ámbitos y reduce la vida privada, reduce el silencio creador de la soledad íntima, reduce la conversación fecunda y profunda entre dos amigos, lo reduce a un hilillo que apenas si cuenta ya en nuestra existencia turbulenta de plaza pública y de hall de gran hotel". (Manuel García Morente)

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Seitenzahl: 84

Veröffentlichungsjahr: 2017

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opuscula philosophica

2

Manuel García Morente

ENSAYO SOBRE LA VIDA PRIVADA

© 2001 Ediciones Encuentro, S.A.

En: Manuel García Morente, Obras completas (Edición de Juan Miguel Palacios y Rogelio Rovira). Madrid-Barcelona, Fundación Caja de Madrid-Editorial Anthropos, 1996, I, vol. 2, pp. 425-455.

Fotocomposición Encuentro - Madrid

ISBN: 978-84-9920-779-7

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Redacción de Ediciones Encuentro

Ramírez de Arellano, 17, 10ª - 28043 Madrid - Tel. 91 532 26 07

www.edicionesencuentro.com

En 1934 Manuel García Morente visitó por primera vez la Argentina y el Uruguay, invitado por la Institución Cultural Española. Durante tres meses impartió varios ciclos de conferencias en Universidades y centros culturales de esas naciones. El éxito obtenido como conferenciante en tierras americanas fue complemento de la notoriedad que ya desde hacía años había adquirido en España su figura intelectual. Había sido poco antes, en efecto, cuando el catedrático de ética de la Universidad de Madrid resultó elegido por unanimidad decano de la Facultad de Filosofía y Letras, a la que dotó de un celebrado plan de estudios. Y fue también en esos años cuando el pensador cercano al círculo de Ortega logró una sazón en su pensamiento y dió a la estampa varios de sus ensayos más originales y penetrantes.

Aparte de las doctrinas más específicamente filosóficas que enseñó en Hispanoamérica, García Morente llevó sobre todo a la sociedad de aquellos países un mensaje muy nítido: la necesidad de incrementar la vida privada, cuyo fin es el desempeño de las funciones del espíritu, y de limitar de modo correlativo la vida pública, particularmente la política, al exclusivo logro de los fines subordinados que le son propios. «Hay que declarar la guerra a la política», afirmó con contundencia en la última lección dictada en esa ocasión en la Universidad de Buenos Aires. Y explicó así el sentido de sus palabras: «Los que quieran, los que tengan en el corazón profundamente anclada la preocupación por el porvenir de la cultura, tienen que declarar la guerra a la política, porque la vida pública, en su forma más característica, que es la política, invade todos los ámbitos y reduce la vida privada, reduce el silencio creador de la soledad íntima, reduce la conversación fecunda y profunda entre dos amigos, lo reduce a un hilillo que apenas si cuenta ya en nuestra existencia turbulenta de plaza pública y de hall de gran hotel» [1].

No puede por ello extrañar que nuestro pensador dedicara una de las conferencias que le fueron encomendadas entonces a exponer sus reflexiones sobre la esencia misma de la vida privada, que habrían de dar fundamento filosófico a su enseñanza. Tal fue, en efecto, el tema elegido para hablar el 15 de septiembre en la Asociación de Amigos del Arte, de Buenos Aires. A tenor de las notas personales que se conservan, García Morente desplegó ante sus oyentes su concepción de los tipos de relación o trato en que pueden estar dos personas, según que las dos personas no se conozcan, caso de la vida pública, o que sólo una conozca a la otra, caso de la fama, o que las dos personas se conozcan mutuamente, caso de la vida privada. El análisis del fenómeno del «conocerse» dos personas le sirvió luego a nuestro autor para aclarar la esencia de la vida privada, cuyo estudio completó en esa conferencia con un examen de sus tres formas básicas: la amistad, el amor y la soledad, destacando en cada una de ellas su fin propio, su condición y su modo de ejercicio. Sólo entonces quedaron racionalmente justificados la denuncia y el imperativo con los que García Morente concluyó su disertación: la denuncia de la invasión de lo público en lo privado y el imperativo de una intensificación de la vida privada para el desarrollo de la cultura.

A su regreso a Madrid, García Morente compuso un escrito con esas ideas y lo publicó a comienzos del año siguiente en la Revista de Occidente [2]. Consciente de la novedad del tema y de la amplitud que exigiría su tratamiento completo, le puso el título modesto de Ensayo sobre la vida privada. Tal es justamente el texto que el lector tiene ahora en sus manos. El interés de las reflexiones que en este escrito se contienen, la profundidad de los análisis que en él se desarrollan y la claridad que recorre toda la exposición han despertado en muchos la afición al pensamiento, al tiempo que la meditación sobre las tesis defendidas les ha confirmado la verdad del lema socrático según el cual una vida sin examen no es digna de ser vivida. Ya sólo por ello quedaría justificada la oportunidad de esta nueva edición del ensayo de García Morente, que se cuenta, por lo demás, entre los mejores de los suyos.

Todavía volvió el filósofo en el curso de reflexiones posteriores sobre esta preocupación suya por la infiltración de lo público en lo privado. Así, en la serie de conferencias dictadas nuevamente en Buenos Aires en junio de 1938, en su segundo viaje a la Argentina, García Morente se sirvió del criterio del diverso predominio de lo público o de lo privado para señalar las grandes épocas de la historia y la vida de los pueblos y sobre todo para definir lo que llama «el sentido hispano de la vida», que se basa, según declara, «en el predominio de la realidad sobre la abstracción, del ser individual sobre la definición racional, de la persona sobre la especie, de lo privado sobre lo público». Y añadió todavía en esa ocasión: «Es muy posible —y aun muy probable— que este modo de enfocar la vida vuelva otra vez a prevalecer en la historia próxima del hombre» [3]. ¿Se observan, en verdad, en nuestros días indicios de un próximo cumplimiento de este buen deseo de García Morente?

Rogelio Rovira

(Universidad Complutense)

En ningún tiempo de la historia humana ha sido la vida tan ruidosa como en el nuestro. Sin duda, siempre los hombres —salvo escasas y notables excepciones— han querido vivir. Pero hoy, el afán de vivir, la voluntad de vida se pregonan y claman a todos los vientos. No es seguro que estas explosiones correspondan a una auténtica intensificación de la vitalidad. El que más dice no siempre es el que más quiere; y la plaza pública, el rumor de las masas, la trepidación de las actividades, muy bien pueden ocultar una penuria de la vida auténtica; la cual no es ni embriaguez ni oleaje, ni mecánica repetición. En nuestros días, la vida suena y truena como nunca. Inunda las calles, los palacios, las salas públicas, las reuniones, los desfiles. Ha abandonado el recato de la alcoba y la soledad de la biblioteca. Nuestro vivir de hoy es un vivir extravertido, lanzado fuera de sí mismo, al aire libre de la publicidad. Y paralelamente, como fenómeno de recíproca penetración, la publicidad, la exterioridad invaden nuestros más íntimos recintos personales por mil agujeros que a propósito hemos abierto en ellos. Dijérase que nos avergonzamos de estar solos o con pocos; o que nos sentimos acobardados ante la perspectiva de habérnoslas con nosotros mismos y ajustarnos nuestras propias cuentas. En suma, los modos de nuestra vida presente prefieren lo público a lo privado. Por eso son tan aparatosos y arrogantes. Pero así como la viga no empieza a crujir hasta que empieza a ceder, así también los tumultos de una vida pública excesiva y predominante son síntomas no de mayor, sino de menor intensidad y fuerza vitales. La vida del hombre es radical, esencialmente la de cada hombre, la de cada individuo, la de cada persona. Esta, empero, es la que justamente llamamos vida privada, para distinguirla de la vida pública, cuyas formas comunes y mostrencas, siendo de todos, no son en verdad de nadie y más propiamente constituyen la corteza, la secreción anquilosada, mecanizada, enajenada, del auténtico vivir, que es el íntimo e individual. Entre los dos polos de la masa gregaria y de la soledad personal oscila la existencia humana. Sobre las formas colectivas de la vida descansamos, sostenidos por la base material de los usos, los gustos, las estimaciones, los pensamientos que, desprendidos de sus creadores, hállanse ya como solidificados y mecanizados cuando venimos al mundo. Pero de los íntimos senos de la persona es de donde brota toda renovación viviente. La especie se renueva por los individuos. En la soledad insobornable de cada cual es donde tiene su origen todo empuje y aliento, que transforma la faz de las cosas para cumplir el eterno destino del hombre: hacerse y deshacerse en la duración del tiempo, en la historia.

En este trabajo —que es un ensayo en el sentido más literal de la palabra— vamos a intentar una descripción de las formas fundamentales de la vida privada. No de esta o aquella vida privada —histórica—, sino de toda vida privada. Nos esforzamos por manifestar las estructuras en que la vida privada se realiza, los esquemas, por decirlo así, geométricos en que se vierte, las categorías con que se constituye. El tema está intacto. La empresa es, pues, arriesgada. Por eso decimos que debe considerarse como un simple ensayo. De la vida privada no se ha tratado nunca en general, sino siempre en particular. Los historiadores, los costumbristas, los novelistas han descrito vidas privadas de ciertas épocas, de ciertos lugares o de ciertas personas particulares. Pero el objetivo que nosotros nos proponemos es bien distinto. Nosotros quisiéramos definir qué sea ese trato o relación que llamamos «privada», a diferencia de la que denominamos «pública»; quisiéramos también caracterizar algunas de las principales formas en que ese trato o relación privada se verifica; por último, quisiéramos bosquejar las consecuencias que para la vida culta pueda tener la temible invasión de lo público en las intimidades fertilizantes de la relación privada [4].

Los esquemas fundamentales