Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Laura Malosetti Costa aborda la inmensa trascendencia de las figuras de Eva Duarte de Perón, Ernesto "Che" Guevara, Diego Maradona y Lionel Messi a partir del impacto de sus retratos icónicos. En un texto breve y profundo, la autora hace dialogar las imágenes más perdurables y difundidas de estos héroes con los relatos épicos y literarios construidos alrededor de cada uno de ellos.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 81
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
LAURA MALOSETTI COSTA
ÍCONOS ARGENTINOS
Evita, Che, Diego, Lionel
Laura Malosetti Costa aborda la inmensa trascendencia de las figuras de Eva Duarte de Perón, Ernesto “Che” Guevara, Diego Maradona y Lionel Messi a partir del impacto de sus retratos icónicos. En un texto breve y profundo, la autora hace dialogar las imágenes más perdurables y difundidas de estos héroes con los relatos épicos y literarios construidos alrededor de cada uno de ellos.
Es doctora en Historia del Arte por la Universidad de Buenos Aires y académica de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Asimismo, es investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesora regular de Arte argentino y latinoamericano del siglo XIX en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (IDAES-UNSAM). Desde 2021, además, se desempeña como decana de la Escuela de Arte y Patrimonio de la UNSAM. Ha sido investigadora visitante en la University of Leeds en el Reino Unido, en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y el Institut Nationale d’Histoire de l’Art de París, en la Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras instituciones.
Ha publicado numerosos ensayos en revistas especializadas y volúmenes colectivos. También editó, en colaboración, los libros: Arte de posguerra. Jorge Romero Brest y la revista Ver y Estimar (2005) y Atrapados por la imagen. Arte y política en la cultura impresa argentina (2013). El Fondo de Cultura Económica ha publicado Los primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires a fines del siglo XIX (2001, 2021); Retratos públicos. Pintura y fotografía en la construcción de imágenes heroicas en América Latina desde el siglo XIX (2022), y su compilación Cuadros de viaje. Artistas argentinos en Europa y Estados Unidos (1880-1910) (2008).
Hoy su cara está en todas las remeras,
es un muerto que no para de nacer.
BERSUIT VERGARABAT,
“Murguita del sur” (1998)1
1 “Murguita del sur”, con letra de Gustavo Cordera, es una canción con aire de murga de la banda argentina Bersuit Vergarabat, incluida en su cuarto álbum: Libertinaje, editado en 1998. No está claro si está dedicada a Ernesto “Che” Guevara, aunque es la interpretación más difundida.
HACE POCO PUBLIQUÉ UN LIBRO:Retratos públicos (2022) dedicado al origen, el impacto público, la persistencia en la memoria, de algunos retratos del siglo XIX latinoamericano que se volvieron icónicos y —en algunos casos— el rostro mismo de las naciones: José Artigas, Simón Bolívar, José de San Martín, Juana Azurduy, Francisco de Miranda, entre ellos.1 Este nuevo libro nace en las reflexiones finales de aquel respecto de la pregnancia de algunas personalidades que se proyectaron en el siglo XX desde Argentina saltando fronteras y convocando universos de valores y de sentidos que se vieron encarnados en sus figuras y trascendieron incluso sus biografías.
¿Por qué icónicos? ¿Qué significa? En un sentido amplio, “ícono” deriva del griego eikon y significaría simplemente “imagen”. Por eso hablamos de iconografía e iconología cuando nos referimos a la persistencia en el tiempo de algunas imágenes y configuraciones visuales, que con un golpe de vista dicen cosas mucho menos precisas que las palabras pero que tienen la capacidad de impactar nuestra sensibilidad e instalarse en la memoria afectiva.2 Pero hay algo más: existe toda una tradición de la religión cristiana bizantina, según la cual los íconos religiosos no deben cambiar nunca su estilo y apariencia pues es en la imagen donde reside la presencia de la virgen y los santos.3 Algo de eso persiste en el culto contemporáneo de la imagen, y en particular de ciertos retratos de los ídolos tanto políticos como deportivos, aunque lo interpretemos en sentido no religioso sino metafórico. El avance de lo que llamamos la era de la imagen se vincula, sin duda, con esos poderes tan difíciles de asir con precisión.4
Ese es el asunto central de estas reflexiones, aunque el libro se divide claramente en dos partes. La devoción popular, la censura y los actos de iconoclasia que sufrieron dos figuras icónicas del siglo XX que alcanzaron estatura mítica, Eva Perón y Ernesto “Che” Guevara, es el asunto analizado en la primera parte. En la segunda propongo una mirada sobre la trascendencia de dos estrellas del fútbol que, también nacidos en Argentina, se volvieron héroes o ídolos de trascendencia cuasiplanetaria: Diego Armando Maradona y Lionel Messi.
Se ha escrito y se sigue escribiendo muchísimo sobre todos ellos desde diferentes disciplinas y puntos de vista. Propongo aquí abordar la inmensa trascendencia de esas figuras a partir del impacto de sus retratos icónicos, condensando tendencias y sentimientos colectivos, como imágenes reconocibles a la distancia y constructoras de vastos y tal vez todavía poco definidos universos de sentido. Aun cuando persiste en el imaginario de nuestras naciones latinoamericanas la figura del héroe militar decimonónico como imagen fundante, a lo largo del siglo XX se forjaron nuevas identidades colectivas que trascendieron esas fronteras para volverse referentes de alcance mundial y que se identifican rápidamente en un retrato. De modo que estas reflexiones están dedicadas a aquellos que han saltado de Argentina a la esfera mundial y se han vuelto objeto de innumerables artículos periodísticos, indagaciones históricas, ensayos críticos y académicos, tesis doctorales, novelas, películas, reapropiaciones en obras de arte contemporáneo, exposiciones y manifestaciones populares, publicaciones efímeras en redes sociales y plataformas digitales.
Tal como en la fortuna crítica de los retratos decimonónicos, la deriva de esas imágenes es inescindible de la significación de los personajes representados, las ideas que ponen en juego, los ideales que encarnan en distintos momentos, sus usos políticos. Los retratos de Evita y el Che se enmarcan en la emergencia del peronismo en Argentina desde la década de 1940 y la del movimiento juvenil que, a partir del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, hizo eclosión en 1968. Pero trascendieron esos momentos históricos, se sostuvieron pese a las persecuciones y prohibiciones de que fueron objeto y se volvieron símbolos de más vasto alcance. Mi propuesta (de raíz warburgiana) es observar que en la prevalencia en el tiempo de algunos de sus retratos sobre otros es posible advertir que esas imágenes han resultado las que con mayor eficacia logran evocar afectivamente en un solo golpe de vista la supervivencia de las ideas y los universos de ideales que encarnaron. Hay en ellos también una continuidad en los modos de percepción de la estatura heroica, de identificación de gestos trascendentes, de poder de impacto y persistencia en la memoria.
La figura de los héroes del fútbol nos plantea otras cuestiones: en particular quiero aproximarme a ella desde la hipótesis de que representan la persistencia y la transformación de la tradición antigua del héroe singular. El detenimiento en los gestos de sus rostros, en sus miradas y actitudes, y en sus proezas se construyó a partir de la televisación de los partidos desde mediados del siglo XX. Esos gestos llegaron a ocupar un lugar en la memoria colectiva y a evocar antiguos modelos heroicos.
Figuras de cuerpos fornidos y hermosos, situadas entre los hombres y los dioses (Hércules, Perseo, Aquiles), dieron forma en la Antigüedad a los modos de representar e imaginar a grandes líderes como Julio César y Augusto, modos que adquirieron el liderazgo napoleónico y el de los libertadores latinoamericanos en el siglo XIX. Hay sin embargo, en la circulación masiva y planetaria de la imagen de estos nuevos héroes singulares, indicios de nuevas masculinidades: algo híbridas, algo diferentes de los modelos heredados.5
La guerra ya no tiene líderes heroicos. Al menos no desde las dos guerras mundiales del siglo XX, con armas de destrucción masiva, poderes que se mantienen ocultos planificando grandes masacres, decisiones que se toman a inmensas distancias. Hay responsables, criminales, víctimas. A lo sumo, en medio del desastre, surge a veces en las imágenes de algún reportero de guerra un rescatista, un médico, un civil o un soldado llevando un bebé sobreviviente en brazos, lo cual emula el antiguo símbolo de la esperanza, pese a todo. Nada más. El fútbol forma parte de esas actividades recreativas que producen emociones lúdicas miméticas (miméticas con la violencia real de la guerra, con las confrontaciones de la desesperación, el odio o la imposición del más fuerte) que Norbert Elias y Eric Dunning describen como el lugar reservado en las sociedades industriales avanzadas y pacificadas para la evocación morigerada del antiguo despliegue de emociones violentas:
En una sociedad en la que han disminuido las inclinaciones hacia la emoción de tipo serio y amenazador, aumenta la función compensadora de la emoción lúdica. Con la ayuda de esta, la esfera mimética ofrece, por decirlo así, la oportunidad muchas veces repetida, de refrescar el espíritu en el curso por lo demás imperturbable de la vida social ordinaria.6
Claro que existe también la guerra del fútbol, que se cobra innumerables víctimas y es un fenómeno que sigue creciendo. Esa violencia es una de las cuestiones que ha sido y es objeto de más estudios y reflexiones desde diversas perspectivas y disciplinas. Como observa José Garriga Zucal, esa violencia se vincula con la imposibilidad de autocontrolarse de cada sociedad en cada momento histórico.7 Y hay cruces entre esas guerras del fútbol y las naciones: solo a modo de ejemplo, la crónica de Ryszard Kapuściński de la guerra entre Honduras y El Salvador que estalló en un partido en 1969.8 Se trata de guerras reales, entre hinchas furiosos, mafias y corporaciones, que crean siempre nuevas fronteras: entre barrios, ciudades, naciones, clubes.9
