Juan Carlos Dávalos - Patricio Colombo Murúa - E-Book

Juan Carlos Dávalos E-Book

Patricio Colombo Murúa

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Beschreibung

Juan Carlos Dávalos fue uno de los poetas más influyentes del siglo XX en Latinoamérica. Nació en San Lorenzo, provincia de Salta, el 11 de enero de 1887. Su escritura, de singular belleza, se abocó a transmitir el espíritu de su tierra y su gente. Este libro forma parte de la colección "Salta en la historia política y cultural de la Argentina", que responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que destacan el accionar de una serie de personalidades de la Provincia que realizaron un aporte significativo a la conformación del pensamiento y la historia política, social y cultural de nuestro país.

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Seitenzahl: 163

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Juan Carlos Dávalos

Juan Carlos Dávalos

Patricio Colombo Murúa

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA

AUTORIDADES

Rector

Ing. Rodolfo Gallo Cornejo

Vicerrectora Académica

Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich

Vicerrector Administrativo

CPN. Juan José Zitelli

Vicerrector de Formación

Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo

Vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación

Mg. Lic. Daniel R. Sánchez Fernández

Vicerrector de Tecnología y Educación Digital

Ing. Lic. Daniel Torres Jiménez

Secretaria General

Mg. Lic. Silvia Milagro Álvarez

INSTITUTO SAN FELIPE Y SANTIAGO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SALTA

Presidente

Dr. Patricio Colombo Murúa

Vicepresidente

R. P. Federico Prémoli

Secretario

Dr. Oscar Cornejo Torino

EDITORIAL EUCASA

Directora

Lic. Inés Brandán Valy

Administración y comercialización

Lic. Agostina Joaquín

Marketing y comunicación

Téc. Florencia Iliana Herrera

Producción

Esp. Lucía Cornejo Sylvester

Logística

Raúl Adolfo Resina

SALTA en la historia política y cultural de la Argentina

Índice de contenido

PREFACIO

EL POETA DE LA TIERRA Y DE LA ALEGRÍA DE VIVIR

Datos biográficos

Genio y figura

El humor: un rasgo sobresaliente de la personalidad de Juan Carlos Dávalos

La temprana vocación literaria de Dávalos

Su vocación docente

El noviazgo de Juan Carlos con Emma Solá

El matrimonio del poeta

Su obra literaria

La poesía

El género teatral

La obra en prosa

Juan Carlos Dávalos, par lui meme

Landmarks

Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

Portada

Colombo Murúa, Patricio

Juan Carlos Dávalos / Patricio Colombo Murúa. - 1a ed - Salta : EUCASA-Ediciones Universidad Católica de Salta ; Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, 2024..Libro digital, EPUB - (Salta en la historia política y cultural de la Argentina)

Archivo Digital: descarga ISBN 978-950-623-310-5

1. Historia de la Literatura. 2. Literatura. 3. Biografías. I. Título.

CDD 860.9982

@2024, por EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta)

Colección: Salta en la historia política y cultural de la Argentina

Resolución Rectoral: 529/2020

@2024, por Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta

Diseño general: Flavio Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar)

Arte de tapa: D.G. Carolina Ísola ([email protected])

Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina

Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa

Tel./fax: (54-387) 426 8607

e-mail: [email protected]

Digitalización: Proyecto451

Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.

PREFACIO

La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. (…) Lo fundamental en ella es Kalós, es decir, la belleza en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal.

(Werner Jaeger. Paideia: Los ideales de la cultura griega)

La colección denominada Salta en la historia política y cultural de la Argentina, que el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos y la Universidad Católica de Salta han decidido editar en conjunto, responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que rescatan del olvido a una pléyade de salteños prominentes, quienes a lo largo del tiempo construyeron una tradición virtuosa y permanente; esta tradición modeló la peculiar forma mentis que caracteriza al hombre salteño orientando su peregrinar hacia el futuro, y además, contribuyó a forjar, en gran medida, la personalidad, los estilos y la singularidad propia de la comunidad provincial.

Los insignes hijos de Salta —hombres y mujeres que actuaron en los tiempos complejos de las guerras por la independencia— abrazaron nobles ideales y sirvieron a su país, aun a costa de sacrificios personales, cuando la patria requirió sus talentos y sus servicios.

El ejemplo más relevante de esta vocación patriótica lo encarnó Martín Miguel de Güemes, militar que lideró una gesta que puede ser calificada sin exageración como homérica; cumplida en defensa de la patria y de la libertad de América de Sud, comenzó en el momento crítico en que el gobierno de Buenos Aires se hallaba ante el inminente peligro de sucumbir, tras las dramáticas derrotas de los ejércitos argentinos en el Alto Perú. Tal actuación le valió ser considerado por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield como uno de los grandes libertadores de América.

La Guerra Gaucha, a su vez, permitió el afloramiento de brillantes talentos guerreros, ciudadanos distinguidos que el desafío histórico convirtió en los «capitanes de Güemes». Entre ellos se destacó especialmente don Luis Burela, valiente estanciero que, despojándose de sus intereses personales, se puso a la cabeza de sus gauchos e inauguró en Chicoana la guerra de recursos. Otros lugartenientes de Güemes fueron José Ignacio Gorriti, Dionisio Puch, Bonifacio Ruiz de los Llanos, Apolinario Saravia, Juan Galo Leguizamón, Juan Antonio Rojas, José Ignacio Sierra y José Enrique Vidt —un militar francés del ejército de Napoleón—, y entre las heroínas de esta gesta libertadora cabe recordar a Macacha Güemes, quien lideró a las salteñas que sobresalieron por su devoción a la causa de la patria y por su eficacia en las tareas de inteligencia que requería imprescindiblemente la original y vigorosa estrategia güemesiana.

Hubo muchos otros temperamentos heroicos acuñados en la actitud de Salta que actuó como una «firme columna de la libertad», en el momento en que nacía la patria. En rápida revista podemos mencionar a Calixto Gauna, el cabildante elegido por sus pares para viajar a matacaballos a Buenos Aires e informar al gobierno patrio de los manejos realistas del gobernador don Severo Isasi de Isasmendi. Fue también un estrecho colaborador civil de Güemes en el gobierno de la provincia.

El coronel José Moldes fue un relevante precursor del movimiento de Mayo y militar de actuación distinguida en el Ejército del Norte al lado del Gral. Belgrano; integrante de la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» que, junto a otros americanos —como José y Francisco de Gurruchaga(1), Juan Martín de Pueyrredón, Carlos Alvear, José María Zapiola—, tenía el propósito de promover la emancipación de la América hispánica.

Los salteños tuvieron una presencia especialmente activa en el largo trayecto que el país transitó hasta lograr la organización nacional. Entre ellos sobresalen las figuras del Dr. Manuel Antonio de Castro, quien presidió el Congreso Nacional de 1824 y fue el fundador de la Academia Nacional de Jurisprudencia; el Dr. Mariano Boedo diputado en el Congreso de Tucumán en el que ejerció la vicepresidencia cuando se declaró la Independencia. En el momento de sancionar la Constitución Nacional en 1853, el Dr. Facundo de Zuviría, reconocido jurista salteño, fue elegido por sus pares en forma unánime para presidir el Congreso General Constituyente.

En el ámbito de la cultura nacional, es notable también la presencia de figuras salteñas de gran jerarquía que realizan un innegable aporte a la identidad y la singularidad genuinamente argentinos con sus estilos diversos. El listado es muy extenso, por esa razón y brevitatis causa solo mencionamos algunos nombres: Juana Manuela Gorriti, notable escritora; Juan Carlos Dávalos, quien dio origen a un fecundo linaje de poetas y artistas; Lola Mora, la insuperable escultora clásica de trascendencia internacional; Bernardo Frías y Atilio Cornejo, máximos y prolíficos historiadores de Salta; y el Dr. Carlos Ibarguren, quien presidió tres Academias Nacionales, fue un escritor y jurista eminente y se desempeñó con especial brillo como Ministro de Instrucción Pública y Justicia del presidente Roque Sáenz Peña.

En uno de los momentos más dramáticos del siglo XX, cuando se desató la Primera Guerra Mundial, la República Argentina contó con la conducción sabia y firme del Dr. Victorino de la Plaza —un distinguido hijo de Salta—. Este estadista afrontó decisiones complejas en un escenario bélico mundial lleno de asechanzas e incertidumbres y decidió mantener la neutralidad argentina a ultranza ante las naciones participantes en el conflicto.

Esta posición fue continuada por el presidente Hipólito Yrigoyen quien, siguiendo el ideario pacifista de don Victorino, al término de la guerra pidió un trato justo para los vencidos luego de proclamar: «Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos».

En esa época de esplendor argentino, don Indalecio Gómez —otro notable político salteño— fue el alma y nervio que hizo posible la sanción de la célebre «Ley Sáenz Peña», que permitiría al país alcanzar el desideratum de la democracia plena.

El testimonio de estas vidas virtuosas nos permite afirmar que los pueblos solo cumplen su misión histórica cuando quienes los conducen poseen un temple sereno y enérgico, una acrisolada moral, una gran vocación de servicio, un claro programa prospectivo y una gran fe en el destino de su patria.

Los editores

1- José de Gurruchaga presidió en sus inicios la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» de Cádiz; Francisco de Gurruchaga fue diputado por Salta en la Asamblea del Año XIII. Él aportó el dinero y su experiencia de marino para crear la primera escuadra de guerra argentina.

EL POETA DE LA TIERRA Y DE LA ALEGRÍA DE VIVIR

Datos biográficos

Juan Carlos Dávalos nació en La Montaña, San Lorenzo, provincia de Salta, el 11 de enero de 1887. Su madre, Isabel Patrón Costas —distinguida dama salteña— se había aislado en su solariega casa de campo para proteger su vida y la de su hijo en ciernes de la epidemia de cólera que se hallaba en pleno desarrollo en Salta.

Su padre, Arturo León Dávalos Isasmendi, fue un distinguido jurisconsulto que profesaba un exaltado amor por la poesía y se distinguía por su pasión por la historia. Sus obras más logradas son Recreaciones poéticas, una colección de versos publicados en Valparaíso en 1876 y Noticias históricas sobre el descubrimiento y la conquista del Tucumán, publicadas en 1886 y merecedoras de un elogioso comentario de Ricardo Rojas.

Arturo Dávalos también participó activamente en el ámbito político nacional y provincial. Se desempeñó como diputado nacional en dos oportunidades —la primera en 1880 y la segunda en 1896— y luego fue senador provincial, ministro de Gobierno, presidente del Supremo Tribunal de Justicia de la provincia y del Consejo General de Educación. También, como lo sería su hijo Juan Carlos, fue profesor del Colegio Nacional.

En 1900 Arturo Dávalos murió sin haber podido ejercer una influencia perdurable en la formación de su hijo, difícil tarea que debió asumir su madre.

Genio y figura

El poeta dedicó su vida a expresar, con una estética original, el mensaje de su tierra y de su gente. Él sintió que su misión vital era develar el contenido espiritual de su provincia, tarea que, a pesar de su bohemia, cumplió cabalmente y dejó el legado intelectual de una obra literaria titánica y elaborada sin pausa a lo largo de su existencia.

Juan Carlos Dávalos murió en su ciudad amada el 6 de noviembre de 1959. Años después, cuando se erigió su monumento en la plazoleta del Paseo Güemes, el diario El Intransigente comentó: “Hacía tiempo que Salta no estaba tan cerca de su poeta. Y ahora, la ciudad le ha levantado un monumento. Juan Carlos Dávalos, para que a él no le pese, está simplemente de pie, con los ojos altos mirando al cerro…”.

“Alto, bien parecido, de rostro sereno y facciones inmóviles, de hablar muy calmoso, lleno de cuentos divertidos, ingenioso y espiritual, era el joven más agradable de sus compañeros…”, así lo describe el gran escritor Manuel Gálvez.

Su estampa evocaba a la de un austero hidalgo castellano (1); su andar tenía un ritmo pausado pero no solemne. Su mirada inquisitiva, escrutadora, tenía una profunda ternura que provenía de su confesada perspectiva “panteísta” (2), porque él veía la presencia o la huella del amor divino en todas las cosas creadas y aun en las criaturas humanas, en las que a veces le resultaba difícil encontrar los vestigios de la imagen de la divinidad que nos ha moldeado a su semejanza y con sus propias manos (3).

Ese respeto por la sacralidad de la vida lo llevó a estudiar los seres vivos, aun los insectos, los entes mínimos y sus hábitats, la diversidad milagrosa de las plantas, la prodigiosa geometría de las flores y la simbiosis entre ellas, y los volátiles insectos que liban de su néctar. La zoología y la botánica fueron las ciencias que estudió con especial interés.

Su hijo Jaime dice de él: “El tata era un pedazo cautivo del paisaje” y agrega en un poema que le dedica con el título “Sanca”: “Entre la tierra y el cielo anduvo a la deriva / este enamorado cósmico de la naturaleza”. Luego, poéticamente proclama la dimensión expansiva hacia lo alto del poeta, su clara tendencia heliotrópica (4) de crecer hacia la fuente de la luz, que expresa bellamente en la frase: “Como se mira un árbol lo veía hacia arriba / crecer en todo el hombre debajo del sombrero / cuya órbita alada giraba en su cabeza”.

Ese chambergo inseparable de su persona casi pertenecía a su anatomía de hidalgo y caballero. Este objeto peculiar de su indumentaria dio lugar a una anécdota risueña en la que se manifestó el sano humor de Dávalos.

En una oportunidad, le fue sustraído el entrañable sombrero alón, pieza característica del escritor. La pachorrienta policía salteña resolvió con una celeridad y acierto británicos el caso, y finalmente se detuvo al autor del hurto.

Dávalos le agradeció al jefe de la Policía provincial y agregó: “Debo reconocer que la policía de esta ciudad ha sido tan eficiente como la mejor del mundo. Es por eso por lo que a partir de ahora debería llamarse “Cotland Yard”, mutatis mutandis como la célebre Scotland Yard de Inglaterra (5).

El autor de la sustracción era un admirador del poeta que quería tener un recuerdo de Juan Carlos Dávalos. Don Sanca intercedió para que no se levantara ningún cargo contra este impulsivo y devoto discípulo, quien a pesar de su fallido intento, dio gracias al poeta y a Dios por haber salido indemne de ese ridículo episodio y por haber evadido el rigor de la ley que el policía quería aplicarle por la ofensa hecha a una personalidad ilustre y querida por el pueblo salteño.

El sentido del humor de Juan Carlosera proverbial.En Córdoba participaba en una tertulia espontánea que se armó tras una conferencia del poeta, cuando un indiscreto aspirante a escribidor hablaba sin parar pro domo sua de su supuesto preclaro linaje y aludía reiteradamente a los pergaminos que certificaban las grandezas imaginarias de su estirpe.Después de soportar la cháchara insustancial y machacona del genealogista aficionado, Juan Carlos Dávalos le dijo: “Vea amigo, yo le gano por una cabeza. En mi familia provenimos de tan antigua prosapia, que somos casi faraónicos y hasta tenemos momia”.

La frase era irónica, pero también rigurosamente cierta. La aludida momia era la de don Severo Isasi de Isasmendi —último gobernador realista de Salta y antepasado de Dávalos— cuyo cuerpo se momificó espontáneamente debido a los extremos rigores del clima de Molinos, lugar donde vivió y murió este personaje singular (6), quien fue fiel a la causa del rey y a sus juramentos de honor hasta el final.

Juan Carlos Dávalos descendía también de Fructuoso de Figueroa Mendoza, que provenía del esclarecido linaje de los monarcas visigodos de Castilla y, en especial, del rey Alfonso X el Sabio (7). En efecto, Fructuoso Figueroa era descendiente directo de don Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, La Docta, quien a su vez era un digno y acreditado retoño de la estirpe del monarca castellano, que emuló al sapiente rey Salomón; por su madre, doña María del Carmen de Toledo y Pimentel, pertenecía al linaje griego de los Comneno, cuyo más significativo vástago fue el muy célebre Isaac Comneno, emperador de Bizancio entre 1075 y 1079.

Pedro Anzúrez, descendiente directo de este monarca grecorromano, llegó a España y participó en 1085 en la toma de Toledo. El nombre de esta ciudad –gracias al comportamiento heroico de Anzúrez— se agregó como apellido propio de esta ilustre familia, a la que también perteneció el virrey del Perú, Francisco de Toledo y Pimentel, llamado el Solón de América por su humanidad y respeto a las leyes de Indias. Este virrey fue quien ordenó la fundación de Salta al bachiller en Leyes de Salamanca, don Hernando de Lerma.

A pesar de esta boutade oportuna, Dávalos no dejaba de valorar su antigua y prestigiosa tradición familiar. En efecto, dice:

Nada explica mejor mi pasión por expresar el contenido espiritual de mi provincia que mis antecedentes genealógicos y el arraigo secular en ella de las familias de que desciendo. Mi bisabuelo por línea paterna fue un criollo, hijo de vascos, último gobernador realista de Salta. Por línea materna, desciendo de una hermana del general don Martín Miguel de Güemes, que luchó por la Independencia; de modo que desde mis primeros años, a principios de este siglo, me hallé, por fuerza, rodeado de recuerdos históricos y antagonismos y emulaciones de familia (8).

El humor: un rasgo sobresaliente de la personalidad de Juan Carlos Dávalos

Como hemos dicho, el buen humor de Dávalos fue uno de sus rasgos característicos; se trataba de un humor que se prodigaba consustanciado con sentimientos de empatía hacia el prójimo, siempre estuvo exento de toda veta de autoconmiseración, de amargura o de crueldad y jamás estuvo lastrado por la intención de menoscabar a los demás; nuestro poeta tampoco utilizó la sátira peyorativa ni la broma sardónica o el chiste que oculta una anfibia intención de denigrar al destinatario de sus pullas.

Sus anécdotas más recordadas son siempre pintorescas, amables y tan variadas y múltiples que, si nos propusiéramos hacer una antología de ellas, nos demandaría un par de gruesos volúmenes. Por esa razón, y brevitatis causa como suelen decir los abogados en sus interminables escritos forenses, hemos escogido las que a continuación se relatan:

Hace unos años, un devoto epígono de Dávalos me contó la anécdota que reproduzco: tras el fuertísimo sacudón que produjo el terremoto de 1948 en la ciudad de Salta, cuando la apocalíptica polvareda que sucede a los sismos de gran magnitud todavía no se había disipado, un nervioso pelotón de los amigos y admiradores del poeta corrieron hasta la vieja casa de Dávalos con ansiosa consternación.

El primero en llegar a la calle 20 de Febrero 647 fue quien me relató esta humorada. Este amigo encontró al poeta plácidamente recostado bajo la añosa higuera del patio, con un libro de versos en la mano izquierda; asentados en el suelo se divisaban un frasco de vino tinto de Colomé y el correspondiente vaso lleno del denso y aromático soma vallisto al alcance de su mano derecha.

Mi amigo describió esta escena como una estampa viva de La Guirlande de L´Iran, libro que en una bella ilustración iluminaba una de las más recitadas Rubaiyat del sabio dionisíaco Omar Khayyam (9).

El recién llegado, ya más tranquilo de verlo íntegro y sereno, le preguntó solícito:

—¿Cómo está, Juan Carlos? Sus amigos y yo estábamos hondamente preocupados por usted. El temblor fue muy fuerte y su casa es algo vetusta (10).

—Mi querido amigo, yo, afortunadamente en el momento culminante del remezón, estaba gozando de un glorioso estado de ataraxia, provocado por una profunda curda antisísmica, que me protegió tanto del terremoto cuanto de cualquier angustia subsiguiente. Gracias por su gesto, pero estoy muy bien y feliz de verlo.

Esta insólita humorada desconcertó al atento interlocutor un instante, pero en seguida se rio estentóreamente de la ocurrencia de don Sanca y luego contó este episodio con regocijo a cada uno de los adeptos davalianos que fueron llegando.

En su “Oda al vino”, Juan Carlos invita efusivamente a sus lectores a beber el néctar divino que nos proporcionan las viñas, la tierra fértil y el trabajo del hombre. Transcribimos parcialmente este hermoso poema que exalta el don del vino:

¡Alza tu copa, bebedor ingenuo!

(…) tan solo el hombre puede estar triste… Pero su corazón, vaso de gracia

que una infinita paz alcanzar quiere

solo la encuentra en el licor excelso

que dan las viñas (...) La lucidez que tu alma revoltosa

en mis venas infunde, ¡Oh noble vino!

hace que vuelva a ser, si soy villano

de alta progenie… Tu al viejo Rabelais, médico y monje,

y bebedor insigne, le infundiste

contra el temor de los Inquisidores

sabia alegría … y es milagrosa tu virtud que amengua