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Lola Mora, escultora, esculpió" su propia vida como una perfecta obra de arte. Surgió de una tierra ignota y se elevó como un cometa rutilante, desde la lejana estancia salteña donde nació, hasta brillar en los salones de mayor distinción de Roma en el momento culminante de la belle époque italiana. La evocamos a lo largo de los momentos estelares de su vida, admiramos su entereza ante la adversidad y recordamos cuando abandonó el arte y deambuló incansablemente en una afanosa búsqueda de minerales y yacimientos de oro, tarea vanguardista en la que agotó sus menguados recursos y su salud. Este libro forma parte de la colección "Salta en la historia política y cultural de la Argentina", que responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que destacan el accionar de una serie de personalidades de la Provincia que realizaron un aporte significativo a la conformación del pensamiento y la historia política, social y cultural de nuestro país.
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Seitenzahl: 167
Veröffentlichungsjahr: 2022
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LOLA MORA
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA
AUTORIDADES
Rector
Ing. Rodolfo Gallo Cornejo
Vicerrectora Académica
Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich
Vicerrector Administrativo
Dr. Darío Eugenio Arias
Vicerrector de Formación
Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo
Vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación
Mg. Lic. Daniel R. Sánchez Fernández
Director General del Sistema de Educación a Distancia
Ing. Lic. Daniel Torres Jiménez
Vicerrector de Extensión e Integración
Ing. Alejandro Patrón Costas
Secretaria General
Mg. Lic. Silvia Milagro Álvarez
INSTITUTO SAN FELIPE Y SANTIAGO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SALTA
Presidente
Dr. Patricio Colombo Murúa
Vicepresidente
R. P. Federico Prémoli
Secretario
Dr. Oscar Cornejo Torino
EDITORIAL EUCASA
Directora
Lic. Rosanna Caramella
Comercialización
Lic. Mariana Remaggi
Administración
Lic. Agostina Joaquín
SALTA
en la historia política y cultural de la Argentina
2021
Año del bicentenario de la muerte del Gral. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
LOLA MORA
PATRICIO COLOMBO MURÚA
Colombo Murúa, Patricio.
Lola Mora / Patricio Colombo Murúa. - 1a ed - Salta : EUCASA-Ediciones Universidad Católica de Salta ; Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, 2022.
ibro digital, EPUB - (Salta en la historia política y cultural de la Argentina / 7)
Archivo Digital: descarga y online
SBN 978-950-623-265-8
Historia. 2. Historia Argentina. I. Título.
CDD 982
© 2022, por EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta)
Colección: Salta en la historia política y cultural de la Argentina
Resolución Rectoral 529/2020
© 2022, por Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta
Diseño interior: Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar) Arte de tapa: D.G. Carolina Ísola ([email protected])
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Primera edición en formato digital: julio de 2022
Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina
Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa
Tel./fax: (54-387) 426 8607
e-mail: [email protected]
Depósito Ley 11.723
ISBN: 978-950-623-265-8
Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.
PREFACIO
La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. (…) Lo fundamental en ella es Kalós, es decir, la belleza en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal.
(Werner Jaeger. Paideia: Los ideales de la cultura griega)
La colección denominada Salta en la historia política y cultural de la Argentina, que el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos y la Universidad Católica de Salta han decidido editar en conjunto, responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que rescatan del olvido a una pléyade de salteños prominentes, quienes a lo largo del tiempo construyeron una tradición virtuosa y permanente; esta tradición modeló la peculiar forma mentis que caracteriza al hombre salteño orientando su peregrinar hacia el futuro, y además, contribuyó a forjar, en gran medida, la personalidad, los estilos y la singularidad propia de la comunidad provincial.
Los insignes hijos de Salta —hombres y mujeres que actuaron en los tiempos complejos de las guerras por la independencia— abrazaron nobles ideales y sirvieron a su país, aun a costa de sacrificios personales, cuando la patria requirió sus talentos y sus servicios.
El ejemplo más relevante de esta vocación patriótica lo encarnó MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, militar que lideró una gesta que puede ser calificada sin exageración como homérica; cumplida en defensa de la patria y de la libertad de América de Sud, comenzó en el momento crítico en que el gobierno de Buenos Aires se hallaba ante el inminente peligro de sucumbir, tras las dramáticas derrotas de los ejércitos argentinos en el Alto Perú. Tal actuación le valió ser considerado por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield como uno de los grandes libertadores de América.
La Guerra Gaucha, a su vez, permitió el afloramiento de brillantes talentos guerreros, ciudadanos distinguidos que el desafío histórico convirtió en los «capitanes de Güemes». Entre ellos se destacó especialmente don LUIS BURELA, valiente estanciero que, despojándose de sus intereses personales, se puso a la cabeza de sus gauchos e inauguró en Chicoana la guerra de recursos. Otros lugartenientes de Güemes, fueron: JOSÉ IGNACIO GORRITI, DIONISIO PUCH, BONIFACIO RUIZ DE LOS LLANOS, APOLINARIO SARAVIA, JUAN GALO LEGUIZAMÓN, JUAN ANTONIO ROJAS, JOSÉ IGNACIO SIERRA y JOSÉ ENRIQUE VIDT —un militar francés del ejército de Napoleón—, y entre las heroínas de esta gesta libertadora cabe recordar a MACACHA GÜEMES, quien lideró a las salteñas que sobresalieron por su devoción a la causa de la patria y por su eficacia en las tareas de inteligencia que requería imprescindiblemente la original y vigorosa estrategia güemesiana.
Hubo muchos otros temperamentos heroicos acuñados en la actitud de Salta que actuó como una «firme columna de la libertad», en el momento en que nacía la patria. En rápida revista podemos mencionar a CALIXTO GAUNA, el cabildante elegido por sus pares para viajar a matacaballos a Buenos Aires e informar al gobierno patrio de los manejos realistas del gobernador don Severo Isasi de Isasmendi. Fue también un estrecho colaborador civil de Güemes en el gobierno de la provincia.
El coronel JOSÉ MOLDES fue un relevante precursor del movimiento de Mayo y militar de actuación distinguida en el Ejército del Norte al lado del Gral. Belgrano; integrante de la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» que, junto a otros americanos —como JOSÉ y FRANCISCO DE GURRUCHAGA (1), Juan Martín de Pueyrredón, Carlos Alvear, José María Zapiola—, tenía el propósito de promover la emancipación de la América hispánica.
Los salteños tuvieron una presencia especialmente activa en el largo trayecto que el país transitó hasta lograr la organización nacional. Entre ellos sobresalen las figuras del Dr. MANUEL ANTONIO DE CASTRO, quien presidió el Congreso Nacional de 1824 y fue el fundador de la Academia Nacional de Jurisprudencia; el Dr. MARIANO BOEDO diputado al Congreso de Tucumán en el que ejerció la vicepresidencia cuando se declaró la Independencia. En el momento de sancionar la Constitución Nacional en 1853, el Dr. FACUNDO DE ZUVIRÍA, reconocido jurista salteño, fue elegido por sus pares en forma unánime para presidir el Congreso General Constituyente.
En el ámbito de la cultura nacional, es notable también la presencia de figuras salteñas de gran jerarquía que realizan un innegable aporte a la identidad y la singularidad genuinamente argentinos con sus estilos diversos. El listado es muy extenso, por esa razón y brevitatis causa solo mencionamos algunos nombres: JUANA MANUELA GORRITI, notable escritora; JUAN CARLOS DÁVALOS, quien dio origen a un fecundo linaje de poetas y artistas; LOLA MORA, la insuperable escultora clásica de trascendencia internacional; BERNARDO FRÍAS y ATILIO CORNEJO, máximos y prolíficos historiadores de Salta; y el Dr. CARLOS IBARGUREN, quien presidió tres Academias Nacionales, fue un escritor y jurista eminente y se desempeñó con especial brillo como Ministro de Instrucción Pública y Justicia del presidente Roque Sáenz Peña.
En uno de los momentos más dramáticos del siglo XX, cuando se desató la Primera Guerra Mundial, la República Argentina contó con la conducción sabia y firme del Dr. VICTORINO DE LA PLAZA —un distinguido hijo de Salta—. Este estadista afrontó decisiones complejas en un escenario bélico mundial lleno de asechanzas e incertidumbres y decidió mantener la neutralidad argentina a ultranza ante las naciones participantes en el conflicto.
Esta posición fue continuada por el presidente Hipólito Yrigoyen quien, siguiendo el ideario pacifista de don Victorino, al término de la guerra pidió un trato justo para los vencidos luego de proclamar: «Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos».
En esa época de esplendor argentino, don INDALECIO GÓMEZ —otro notable político salteño— fue el alma y nervio que hizo posible la sanción de la célebre «Ley Sáenz Peña», que permitiría al país alcanzar el desideratum de la democracia plena.
El testimonio de estas vidas virtuosas nos permite afirmar que los pueblos solo cumplen su misión histórica cuando quienes los conducen poseen un temple sereno y enérgico, una acrisolada moral, una gran vocación de servicio, un claro programa prospectivo y una gran fe en el destino de su patria.
Los editores Salta, febrero de 2021
1. José de Gurruchaga presidió en sus inicios la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» de Cádiz; Francisco de Gurruchaga fue diputado por Salta en la Asamblea del Año XIII. Él aportó el dinero y su experiencia de marino para crear la primera escuadra de guerra argentina.
INTRODUCCIÓN
Una mujer de personalidad carismática
José León Pagano describe a Lola Mora trabajando en su taller, iluminada por el carisma que manaba de su singular y exquisita personalidad. Ella apareció ante sus ojos como
… una mujer que vestía traje de brin con bombachas masculinas, holgado pantalón de hombre, blusa suelta, ajustada chaquetilla y una boina que retenía con dificultad los rebeldes rizos de su abundante cabellera; menudita de carnes; de cuerpo pequeñito, de tez morena, pero muy empolvada, y en sus ojos retintos se traslucía una mirada ensoñadora. A veces trabajaba cantando. El canto claro del cincel sobre el mármol: zambas, bagualas y chayas endulzaban un poco las horas de intenso trabajo, para deleite de sus operarios (1).
Las bombachas masculinas a las que alude Pagano eran similares a las que usan los gauchos salteños con sus elegantes bordados «nido de abeja». Otros admiradores de Lola confirman que mientras ella trabajaba, solía entonar los ritmos vernáculos y tradicionales señalados por el citado autor como un signo de su pertenencia al terruño más que para endulzar el arduo trabajo del escultor, que ella amaba.
El canto era también una manifestación espiritual, una expresión del intenso y expansivo gozo que la acompañaba en el acto de crear formas hermosas y significativas, cumpliendo con la consigna de Dostoyevski quien profetizó que «la belleza salvará al mundo»(2).
Su primer maestro de dibujo y pintura, Santiago Falcucci, evoca a Lola en el momento de su dorada adolescencia como una joven vivaz, poseedora de una desbordante vitalidad que se expresaba en una auténtica joie de vivre, en sus firmes anhelos de libertad y sus nobles aspiraciones, rasgos espirituales que mantuvo durante toda su vida.
Ella poseía un glamoroso don de gentes sin afectación, carisma que le permitió convencer a distintos funcionarios jerárquicos, gobernadores y presidentes argentinos que su talento artístico merecía el apoyo del Estado para llegar a su plenitud. Esa condición natural exigía una adecuada formación que no estaba disponible en la Argentina.
Ella sola, con ese mismo poder de convicción, supo relacionarse con los mejores maestros de pintura y escultura de Italia, y luego logró que en su país se le hicieran grandes encargos de monumentos y obras ornamentales de importancia, que le permitieron perfeccionar su arte y alcanzar la plenitud de sus capacidades.
Ese don de vincularse le facilitó su acceso a los más altos estratos sociales y sus contactos con las eliteseuropeas; las prensas italiana y argentina dan cuenta de que la visitaron en su palacio de Via Dogali las reinas de Italia, la más selecta y antigua nobleza romana, príncipes y marqueses de preclaros linajes europeos y los intelectuales de mayor prestigio de la península, como el laureado poeta Gabriele D’Annunzio —quien admiraba la rebelde cabellera de Lola que parecía peinada por un Céfiro travieso—, los artistas plásticos de la jerarquía de Giulio Monteverde y Francesco Michetti, algún político encumbrado y periodistas de notable distinción.
Finalmente, recordamos las referencias que el escultor Carlos de la Cárcova (3) hacía sobre Lola Mora, a quien admiraba por su gran inspiración intuitiva, su notable capacidad escultórica y su gran erudición clásica (4).
La recordamos a lo largo de su camino ascendente y luego en su actitud estoica ante la adversidad, ante la incuria de los funcionarios y su propia decadencia. En esta última etapa nunca se quejó de nada, ni de la insolencia de los burócratas, ni de los desplantes de los políticos. Siempre mantuvo su actitud de servicio, estuvo lista para dirigir las relocalizaciones de la Fuente de las Nereidas y, cuando las alegorías esculpidas para ornamentar el palacio del Congreso de la Nación fueron llevadas a Jujuy, ella asistió a la Municipalidad y al Gobierno provincial para la puesta en valor de sus esculturas en un excelente proyecto de embellecimiento de la ciudad.
Cuando dejó finalmente el arte, comenzó a diseñar un tipo de cine revolucionario, holístico —en tres dimensiones— para ser mirado a plena luz del día. Logró progresos que demostraron la factibilidad de su invento, que no se concretó comercialmente por falta de inversores.
Abandonó el arte, pero no la naturaleza. Se la vio primero en las serranías de Jujuy y luego en Salta, deambulando por bosques añosos, valles floridos y montañas escarpadas, siempre atenta, siempre buscando minerales y yacimientos de oro, piedras o mármoles, formaciones bituminosas, pensando en la petroquímica de los combustibles, los aceites y las demás aplicaciones posibles.
Luego, podemos imaginarla trabajando en su laboratorio con la pasión de un antiguo alquimista, inclinada sobre el crepitante atanor, las retortas y alambiques, para desarrollar nuevas opciones en el ámbito petrolero partiendo de los esquistos bituminosos. Realizó esta tarea vanguardista en silencio hasta que agotó sus menguados recursos y su salud.
En síntesis, fue una mujer extraordinaria, luchadora inclaudicable, creadora incomparable de belleza, brillante artista, persona dotada de un gran don de gentes —sofisticada expresión del «eterno femenino»—: es decir, fue una gran dama universal, contrafigura del uomo universale, arquetipo del caballero humanista de Castiglione, por ser ella genuinamente norteña.
Caricatura de Lola Mora. Revista Caras y Caretas, del 24 de enero de 1903
1. Citado en: Silvia Rey Campero y Néstor José (2013). Lola Mora de Hernández. Jujuy: Ideas Nuestras, pág. 11.
2. «La belleza salvará al mundo» es una frase profética que Fiódor Dostoyevski pone en boca del príncipe Myshkin en su hermosa novela El idiota. El novelista está convencido de que el hombre puede vivir sin pan y sin ciencia, pero que no podrá sobrevivir sin belleza, porque la belleza nos señala que algo sustantivo debemos hacer con nuestra propia vida, que es asumir el sentido profundo de la existencia. Ficino, comentando ElBanquete de Platón, señala que Venus, símbolo de la belleza, seduce a Marte, quien representa la acción. Precisamente porque el mundo es bello, debemos actuar para preservarlo y para acrecentar con nuestra acción creadora su hermosura. La belleza impone a las criaturas vivas un dinamismo prodigioso que impide que la evolución se cristalice e instaura un perpetuo ímpetu en la proteica fuerza de cambio ínsita en la naturaleza que busca crear formas de vida cada vez más perfectas y plenas.
3. Carlos de la Cárcova era hijo de Ernesto de la Cárcova, famoso pintor argentino que, siendo funcionario municipal de Buenos Aires, trató con Lola Mora las soluciones en el conflicto suscitado entre el Consejo Deliberante y el intendente Bullrich, debido a los defectos formales existentes en la contratación celebrada por el municipio capitalino a la gran escultora.
4. Lola Mora admiraba especialmente a Leonardo Da Vinci, hasta el punto de que usó el siguiente seudónimo en un importante concurso internacional: «L. M. da Vinci». Este tema será desarrollado más adelante.
CAPÍTULO I
Lugar de nacimiento y bautismo de Lola Mora
Dolores Mora Vega —la futura Lola Mora— nació probablemente el 22 de abril o de mayo de 1867 en la estancia El Dátil, propiedad de sus progenitores, que se halla en las inmediaciones de El Tala, departamento de La Candelaria de Salta.
La fecha conjetural del nacimiento surge de las constancias obrantes en el acta de bautismo, fechada el 22 de junio de 1867 en la Parroquia de San Joaquín de las Trancas. En ese documento se señala que ese día el cura José D. Torres puso el «óleo y crisma» a Dolores, «de edad de dos meses, hija legítima de Romualdo Mora y de doña Regina Vega… (que) fue bautizada por don Ramón Cañabere, sujeto aprobado».
Esta acta testimonia que el cura José D. Torres puso el «óleo y crisma» a la niña que ya había sido bautizada por un laico cuyo nombre y apellido se consigna en el Acta bautismal.
En los parajes alejados de las parroquias o de los templos, era costumbre que laicos autorizados celebraran los denominados «bautismos de socorro». Esta modalidad se hacía en aquellos tiempos debido a la alta tasa de mortalidad infantil y al problema de conciencia que provocaba el peligro espiritual de la dilación en la administración de este sacramento esencial, sacramento que significaba la incorporación de las criaturas recién nacidas al «Cuerpo místico de Cristo» —la iglesia— y aseguraba su salvación eterna en caso de muerte.
Por una aplicación analógica del principio jurídico del ius soli que rige en nuestro país, queda acreditado que Lola Mora era indiscutiblemente salteña por el lugar de su nacimiento, a lo que agregaba las típicas virtudes femeninas que caracterizaron a las damas norteñas y que adornaron su personalidad y su acendrado patriotismo.
Respecto a su sentido subjetivo de pertenencia a una patria chica distinta a la de su nacimiento, es cierto que, siguiendo el viejo axioma romano que reza ubi bene ibi patria, ella eligió Tucumán porque fue donde se bautizó, creció, se educó (5) y, además, en esos lares fue donde comenzó su iniciación artística, alentada por distinguidos políticos, periodistas y educadores de renombre.
La familia de Lola Mora
Romualdo Alejandro Mora fue un acaudalado hacendado, propietario de varias fincas en las inmediaciones de la estancia El Tala, que era la principal de sus propiedades y donde la familia tenía su residencia. Los demás inmuebles rurales se denominaban Los Mogotes, Vázquez, El Borbollón y La Ovejería.
Probablemente, Romualdo Alejandro Mora contrajo matrimonio con Regina Vega en 1859. En 1860 nació su hija Paula y luego Regina, Dolores, Juan Cruz, Alejandro, Romualdo y Ángela.
En 1870 estas nuevas circunstancias obligaron al matrimonio Mora-Vega a decidir el traslado a Tucumán de Regina, la mater familiae, para brindar a sus hijos una educación acorde con la posición de la familia.
Para cumplir con ese propósito, Romualdo Mora adquirió la casa ubicada en la calle Belgrano 72 que quedaba «a un paso de la plaza principal».
Lola va al colegio
En 1874 figura anotada en el libro de matrículas del colegio Sarmiento, prestigioso establecimiento educativo para señoritas de Tucumán, en la clase primaria —contando 7 años—; allí continuará cursando sus estudios hasta 1876.
Lola reaparece matriculada en el mismo colegio en 1881, en el nivel medio, como alumna pupila, donde se destaca como una estudiante distinguida y alcanza calificaciones sobresalientes en materias que prefiguran su vocación futura, tales como historia romana, literatura, francés, aritmética, geometría, teoría musical, canto y piano. En 1886 alcanzaría las máximas calificaciones en todas las asignaturas y lograría así el privilegiado estatus de la mejor alumna de su clase.
