La Era Hibórea de Robert E. Howard - Rodolfo Martínez - E-Book

La Era Hibórea de Robert E. Howard E-Book

Rodolfo Martínez

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SEGUNDA EDICIÓN, REVISADA Y AMPLIADA PREMIO THE ATLANTEAN 2025 AL MEJOR ENSAYO, OTORGADO POR LA ROBERT E. HOWARD FOUNDATION. Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra. Las Crónicas Nemedias Así se iniciaba «El Fénix en la espada», el relato que dio a conocer al más famoso de los héroes bárbaros. Durante los siguientes cuatro años, Robert E. Howard iría narrando la peripecia vital de su personaje, al tiempo que creaba el mundo ficticio en el que este corría sus aventuras: La Era Hibórea, una mezcla diversa, dinámica y colorida de distintas épocas y lugares históricos adaptados al gusto de Howard. Este libro pretende ser un recorrido exhaustivo por ese mundo legendario y fascinante. Además de una detallada guía alfabética de términos, se incluye un análisis de todos y cada uno de los relatos de Conan escritos por Howard y se sitúan tanto en el contexto biográfico del autor como en el de la ficción. El libro se completa con diversos apéndices y mapas. Tanto si eres un conocedor de la obra de Howard como si es la primera vez que te acercas a ella, La Era Hibórea de Robert E. Howard es el libro que andabas buscando, aunque no lo supieses.

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Seitenzahl: 416

Veröffentlichungsjahr: 2026

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RODOLFO MARTÍNEZ

 

LA ERA HIBÓREA DE ROBERT E. HOWARD

 

 

LA GUÍA COMPLETA Y DEFINITIVA

 

 

 

 

PERMIO «THE ATLANTEAN» 2025 AL MEJOR LIBRO DE ENSAYO

 

Primera edición: Febrero, 2024

 

© 2024, Rodolfo Martínez, por el texto

© 2022, Rodolfo Martínez por la traducción de «Carta de Howard a P. Schuyler Miller»

© 2024, Rodolfo Martínez, por los mapas

Mapa de Europa con el trazado del territorio y las naciones hibóreas inspirado en el mapa original de Robert E. Howard

 

Ilustración y diseño de cubierta: Spórtula

 

El © del resto de las imágenes pertenece a sus respectivos propietarios o licenciatarios y se han incluido en el libro a modo de apoyo y complemento del cuerpo teórico del texto y para situarlo en su correspondiente contexto histórico.

 

 

ISBN (tapa dura): 978-84-127494-5-8

ISBN (ePub): 978-84-127494-6-5

 

D.L: AS-00213-2024

 

 

SPÓRTULA

www.sportula.es

[email protected]

 

SPÓRTULA y sus logos asociados son marca registrada de Rodolfo Martínez

 

Prohibida la reproducción sin permiso previo de los titulares de los derechos de autor. Para obtener más información al respecto, diríjase al editor en

[email protected]

ÍNDICE

 

ÍNDICE

UNAS PALABRAS INICIALES

EL HOMBRE QUE PUDO SOÑAR

DE PELO NEGRO Y MIRADA TACITURNA

0 UN REY VIENE A CABALLO

1 EL FÉNIX EN LA ESPADA

2 LA HIJA DEL GIGANTE DE HIELO

3 EL DIOS DEL CUENCO

4 LA TORRE DEL ELEFANTE

5 LA CIUDADELA ESCARLATA

6 LA REINA DE LA COSTA NEGRA

7 COLOSO NEGRO

8 SOMBRAS DE HIERRO A LA LUZ DE LA LUNA

9 XUTHAL DEL CREPÚSCULO

10 EL ESTANQUE DEL NEGRO

11 HATAJO DE RUFIANES

12 EL VALLE DE LAS MUJERES PERDIDAS

13 EL DIABLO DE HIERRO

14 EL PUEBLO DEL CÍRCULO NEGRO

15 LA HORA DEL DRAGÓN

16 NACERÁ UNA BRUJA

17 LOS SIRVIENTES DE BIT-YAKIN

18 MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO

19 EL FORASTERO NEGRO

20 LOS CANÍBALES DE ZAMBOULA

21 CLAVOS ROJOS

LA ERA HIBÓREA DE LA«A» A LA «Z»

FUENTES Y ABREVIATURAS

ALGUNOS PROBLEMAS DE COHERENCIA

A

B

C

D

E

F

G

H

I

J

K

L

M

N

O

P

R

S

T

V

W

X

Y

Z

TOPONIMIA HIBÓREA Y ANÁLOGOS ACTUALES

CRONOLOGÍA

KULL

DE LAS CENIZAS

LA ERA HIBÓREA

CONAN

LA CAÍDA

UN NUEVO MUNDO

APÉNDICES

AY, LAS ETIQUETAS

HOWARD Y LA TEOSOFÍA

LOS HIJASTROS DE CONAN

A CUESTAS CON LA HISTORIA

EL PUEBLO DEL BREZO

CARTA DE HOWARD A P. SCHUYLER MILLER

MAPAS

BIBLIOGRAFÍA

AGRADECIMIENTOS

 

 

 

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro... Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste. Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

Las Crónicas Nemedias, tal como se citan en «El fénix en la espada».

 

UNAS PALABRAS INICIALES

 

 

 

 

 

Aunque posiblemente este libro se disfrute con más intensidad si se tiene algún conocimiento previo de la obra de Robert E. Howard, se escribió con la idea de que resultase interesante y comprensible tanto para quien conoce al dedillo todas las peripecias de Conan como para las personas que, como mucho, han visto u oído hablar de alguna de las películas.

De ahí que se empiece con una pequeña biografía del creador del personaje, como forma de situar las cosas en contexto y poner en antecedentes a quien se acerque a la figura de Conan por primera vez.

El propósito del libro, por otro lado, queda muy claro en la portada. Se trata de ofrecer una guía minuciosa y detallada del universo ficticio en el que Conan de Cimeria vivió sus aventuras (y alguna desventura que otra).

Su creador llamó a ese mundo la Era Hibórea; como iremos viendo, trasladó a ese escenario algunas de sus épocas históricas favoritas, modificándolas y mezclándolas sin vacilar según convenía a su propósito. Y creando en el proceso uno de los más fascinantes escenarios ficticios que ha dado la fantasía moderna, algo que espero que quede patente tras la lectura.

 

 

La segunda parte de este libro se compone del análisis de los relatos escritos por Howard. No solo los de Conan; tras reflexionar y oír diversas opiniones he decidido incluir también los relatos de Kull, personaje que en algunos aspectos fue el antecedente del cimerio y que, tal como el autor estableció en su ensayo La Era Hibórea1, comparte escenario con él. De hecho, el mundo de Conan nace a partir del cataclismo que destruye el de Kull y hay numerosos lazos de parentesco entre los pueblos de ambas épocas2.

Dado que este libro se centra en la Era Hibórea y en su personaje más famoso, Conan, el análisis de los relatos de Kull se inserta como un único capítulo, previo al estudio de los relatos del cimerio. Es por tanto un análisis más breve y ligero.

Tal capítulo previo, Un rey viene a caballo, tiene como fuentes principales el volumen que recoge los relatos de Kull El reino de las sombras (Spórtula, 2024) y «Atlantean Genesis», el extenso artículo de Patrice Louinet que aparece en la edición de Ballantine de los cuentos del atlante3.

En lo que se refiere al análisis de las historias de Conan, utilicé también dos fuentes principales: el prolijo ensayo de Patrice Louinet «Hyborian Genesis» (dividido en tres partes en la edición en inglés de Conan realizada por Ballantine4) y la edición española en cuatro volúmenes de Las Crónicas Nemedias realizada por Spórtula entre 2018 y 20225, donde se recoge en castellano la saga del cimerio.

El orden seguido para el análisis ha sido el de creación de cada relato, lo que no quiere decir que ordenarlos atendiendo a la biografía del personaje no sea igualmente razonable.

Ordenar siguiendo la biografía del personaje permite ver la evolución de este (que existe en el caso de Conan, por más que algunos estudiosos se empeñen en negarlo); seguir el orden de creación de cada historia permite asistir a la evolución del autor. Ambas ordenaciones tienen su interés y su sentido, cada una en un contexto distinto. Sin duda cada lector tendrá distintas preferencias, lo que no vuelve necesariamente superior un orden al otro.

Patrice Louinet, probablemente el principal experto del mundo en Howard, odia con todo su corazón la ordenación cronológica y defiende a muerte el orden de escritura, algo perfectamente respetable. El problema es que algunos de sus argumentos no suenan muy convincentes y ni siquiera señalan algo real, como cuando afirma que a ningún experto en Sherlock Holmes se le ocurriría publicar el canon holmesiano ordenado cronológicamente… algo que se ha hecho varias veces, en realidad.

En el caso concreto de este libro y puesto que a menudo en el análisis hablo de la relación de cada relato con otros, el orden de escritura me permite mostrar mejor el proceso de creación de la saga y el desarrollo de Howard como escritor.

 

 

No me duelen prendas en reconocer que además de mis propias impresiones personales y mis pensamientos sobre los distintos relatos de Conan he acudido con frecuencia a lo que comentan sobre ellos tanto Patrice Louinet como Mark Finn. No siempre estoy de acuerdo con lo que dicen, pero en todo momento sus puntos de vista y sus reflexiones son interesantes y señalan con agudeza elementos importantes para el análisis. Los dos han abierto el camino para una crítica racional, argumentada y alejada de prejuicios de la obra de Howard y, sobre todo, un acercamiento más riguroso a este, como autor y como persona; sería un tonto si no me aprovechase, en el mejor sentido de la palabra, de su labor.

Ambos han sido sumamente generosos a la hora de permitirme citarlos, algo que les agradezco de corazón. De paso, aprovecho para recomendar sus trabajos sobre Howard, que se pueden encontrar en la bibliografía, tanto en inglés como en su versión en castellano, de la que en algún caso tuve el inmenso placer de encargarme.

También he consultado Cuando cantan las espadas de Javier Martín Lalanda. El trabajo de este estudioso español tiene mérito especial cuando consideramos que la primera versión de su libro (La canción de las espadas) apareció en 1983, en un momento en que Howard (aunque no Conan) era casi por completo desconocido en nuestro país y encontrar documentación y corroborarla no resultaba ni la décima parte de lo fácil que es hoy en día. La versión definitiva de su ensayo (que abarca toda la fantasía de Howard, no solo los relatos del cimerio) sigue siendo un hito bibliográfico en los estudios españoles de la obra del autor texano.

Me ha resultado especialmente útil el segundo apéndice, sobre los continentes perdidos y las razas antiguas, en el que muestra la influencia de ideas como la teosofía de Madame Blavatsky en el pensamiento y la obra de Howard.

 

 

Quiero señalar algo que no debería ser necesario, pero que pese a todo creo que es prudente: los comentarios y análisis de los relatos no buscan el espóiler, pero tampoco lo rehúyen. Cuando así lo considero adecuado detallo partes del argumento de la obra que estoy comentando.

Si tenemos en cuenta que estoy hablando de un material cuya antigüedad empieza a acercarse a los cien años, creo que estoy autorizado a realizar cuantos espóilers considere conveniente.6

Por otro lado, los comentarios que realizo a cada relato son siempre personales y subjetivos y no pretenden en ningún momento ser tomados como verdades absolutas.

A la hora de valorar el arte no existen las verdades absolutas independientes de los contextos, digan lo que digan los escolásticos. El arte está creado para resonar emocional y estéticamente7 con uno o varios espectadores: si lo consigue, ha tenido éxito; si no, ha fracasado.

No hay imposición de gusto posible más allá de esa. Lo que no significa que el análisis sea imposible o que no existan elementos definibles y detallables para un posible enriquecimiento de la lectura, como hace la disciplina llamada Teoría de la Literatura al describir qué técnicas se han utilizado, cómo se han usado y qué efectos estéticos o narrativos pretenden producir, así como las razones por los que ha podido producirse un efecto u otro en los lectores.

El juicio de valor tendrá siempre un elemento subjetivo —no necesariamente caprichoso― del que no se puede escapar, y este no es otro que la mente (con vivencias, educación, inclinaciones, gustos y manías propias) de cada espectador. Es decir, al vincularlo a lo subjetivo lo asociamos con un sujeto y con unos motivos concretos que rastrear en ese efecto, que no son caprichosos ni del todo azarosos. Así, la obra maestra de una persona puede ser el bodrio infecto de otra8; y ambas valoraciones son ciertas y correctas, porque sus experiencias estéticas y sus respuestas emocionales frente al libro son igual de auténticas, por diferentes e incluso irreconciliables que sean.

De ahí que la Teoría de la Literatura debiera dedicarse al análisis, no a los juicios de valor.

Pero que algo sea subjetivo no implica que carezca de valor. Como he apuntado, lo subjetivo también puede (y en casos como este diría que debe) argumentarse. Una opinión por sí misma, sin más contexto, vale bien poco incluso cuando la emite un experto.

El principio de autoritas puede tener sentido en disciplinas científicas (en realidad, no, porque un científico está obligado a probar ante sus pares cómo ha llegado a las conclusiones a las que ha llegado y de qué modo ha realizado sus experimentos), pero carece de sentido en la valoración artística.

Dicho de otro modo: un arquitecto puede afirmar que cierta estructura tiene un defecto de diseño que la hará derrumbarse en menos de diez años. Y, si nada me demuestra lo contrario, asumiré que tiene los conocimientos objetivos suficientes para llegar a esa conclusión. Pero su afirmación respecto a si la estructura es fea o hermosa no tiene más peso que mi propia opinión al respecto.

Del mismo modo, un teórico de la literatura puede afirmar que una estructura narrativa está mal construida respecto a un modelo previo, pero ese modelo previo no tiene por qué ser el único aplicable ni mucho menos el único efectivo ni mucho menos aún el único a considerar independientemente de la época y del espacio cultural.

Es el proceso por el que se ha llegado a la opinión (los razonamientos que hay tras ella y los argumentos que la defienden) lo que la convertirán en algo útil para otras personas.

A lo largo de estos comentarios intento siempre argumentar y razonar por qué llego a determinadas conclusiones. No me cabe duda de que habrá quien disienta conmigo. Eso no importa, en tanto mis palabras ayuden a reflexionar y alcanzar conclusiones, tan válidas como las mías.

 

 

Sí que he tenido en cuenta la ordenación biográfica de Las crónicas nemedias para el Glosario, tercera parte del libro. He tratado este como si fuera una obra de ficción, situándome como «cronista» dentro del mundo secundario creado por Howard, aunque a varios miles de años en el futuro respecto a la Era Hibórea, y tratando sus escritos como si formaran parte de un corpus legendario que narra las hazañas de dos antiquísimos personajes reales a los que el tiempo y la distancia han convertido en un mito9. Me pareció que adoptando ese punto de vista se le podía sacar más jugo a la idea del glosario, además de que lo encontré un juego literario con posibilidades.

En ese contexto vi que tenía más sentido detallar en qué momento de su vida tuvieron su primer contacto Conan o Kull con tal personaje, lugar o situación más que el primer momento en que el autor decidió usarlo en uno de los relatos.

Cierto que, como muy bien se apunta en el artículo online «The Chronology Controversy»10, lo único que podemos afirmar a ciencia cierta sobre la peripecia vital del cimerio es que su primer contacto con el mundo civilizado es, a los diecisiete años, en «La torre del elefante» y lo último que sabemos de él es que recupera el trono de Aquilonia tras haberlo perdido en La hora del dragón, cuando cuenta con cuarenta y cuatro años. Entre esos dos puntos todo lo demás es fluido, si bien hay ciertos momentos que se pueden fijar con razonable exactitud. Se pueden establecer una trayectoria vital y una cierta cronología, por más que serán flexibles y nunca definitivas.

La línea temporal de Kull es más esquiva, ya que apenas hay pistas en los diferentes relatos sobre en qué momento de su reinado tienen lugar. Parece claro que el fragmento titulado «El exiliado de la Atlántida» va en primer lugar, seguido inmediatamente por «El reino de las sombras», pero el orden de los demás es incierto. He seguido el que se establece en la edición de Spórtula, donde se intentan montar las distintas historias como si fueran capítulos de una novela.

Lógicamente para componer el glosario he consultado todas las historias que Howard llegó a acabar sobre el cimerio y el atlante, tanto si fueron publicadas en vida del autor como si su publicación fue póstuma.

Me pareció interesante utilizar también el material que dejó inacabado, especialmente en el caso de Conan. Los fragmentos de Kull que nunca se completaron no pasan de unas pocas páginas con el arranque de la historia y sin ninguna indicación de hacia dónde puede ir la trama. Los de Conan son por lo general bastante más elaborados y ricos en detalle.

Ese material se publicó en La hora del dragón, cuarto volumen de Las Crónicas Nemedias. Utilizarlo aquí ha acarreado pequeños problemas, porque los relatos sin finalizar no son del todo consistentes (sobre todo en ciertos elementos de ambientación y de trasfondo histórico) con lo que se llegó a publicar en vida del autor. He intentado resolver tales inconsistencias de la mejor forma posible siguiendo siempre el juego literario mencionado antes y asumiendo que, como ocurre a menudo en los textos históricos reales, las distintas fuentes pueden diferir y que no siempre se detallan los acontecimientos del mismo modo ni se implica en ellos a los mismos personajes históricos.

También he tenido en cuenta la famosa carta de Howard a P. Schuyler Miller11 y, por supuesto, el no menos famoso ensayo La Era Hibórea, que ya he mencionado varias veces. Ambos textos aportan información sumamente interesante sobre el mundo secundario que el autor texano creó entre 1932 y 1936.

Estoy seguro de que habrá quien que querría ver en las páginas del glosario alusiones a los distintos pastiches12 o a las adaptaciones al cómic, sean de Marvel, de Dark Horse o de Glénat.

Pero este libro tiene en cuenta única y exclusivamente los textos canónicos de Howard sobre sus dos bárbaros, que es lo único que «sucedió de verdad»13. Lo aportado por otros autores, yo mismo incluido, puede ser más o menos interesante, pero no son más que especulaciones y posibilidades.

Debo aclarar que, cuando hablo de que solo he tenido en cuenta lo escrito por Robert E. Howard me refiero, en el caso de Conan, a aquello que concibió como relato de este, no los cuentos de otros personajes que autores posteriores (fundamentalmente L. Sprague de Camp en el terreno del relato y Roy Thomas en el cómic) modificaron, retocaron o adaptaron para que encajasen como historias del cimerio.

L. Sprague de Camp transforma (entre otros) el cuento «Three-Bladed Doom»14, protagonizado por El Borak, en uno de Conan llamado «The Flame Knife»15 donde reaparece como villano Olgerd Vladislav, personaje creado por Howard en «Nacerá una bruja». El relato original de Howard es el de El Borak, no la «conanización»16 posterior realizada por De Camp.

Por el mismo motivo, no hay la menor alusión a Red Sonja en el glosario. El texto de Howard donde aparece Sonya la Roja17, «Shadow of the Vulture»18, nada tiene que ver con Conan, ni es culpa del autor que Thomas decidiera usarlo como base en su adaptación al cómic de una de las aventuras del cimerio.

Al añadir el análisis de los relatos de Kull, no me quedó otra que incorporar al glosario algunos términos relacionados con épocas históricas, ya que al menos un par de relatos del rey de Valusia llegan a esos periodos. El más famoso es, sin duda, «Reyes de la noche», protagonizado por el rey picto Bran Mak Morn, que combate a los romanos a finales del siglo iii de nuestra era, durante el reinado del emperador Diocleciano. Kull no solo tiene una aparición estelar en el relato sino que en él se nos cuenta (entre otras cosas) que Bran es un remoto descendiente de Brule el lancero, camarada de armas del rey de Valusia.

Llegados a ese punto mentiría si no dijese que sentí la tentación de establecer una cronología y compilar un glosario que abarcase toda (o casi) la obra de Howard. La idea de que la mayor parte de su ficción tiene lugar en el mismo mundo secundario (del que las eras Hibórea y Thuria serían el remoto pasado, perdido en la bruma de los tiempos) es perfectamente defendible y con tiempo y paciencia podría establecerse una línea temporal que lo abarcase prácticamente todo y en la que fueran encajando los distintos relatos del texano.

La prudencia me detuvo. Por un lado un libro así sería de un tamaño descomunal; por el otro, el tiempo que me llevaría tal empeño sería excesivo y las dificultades en el proceso, abundantes, al menos para una sola persona. Así que decidí ceñirme a mi propósito original, que era la glosa de la Era Hibórea. Decidí por tanto incorporar solo aquellos cuentos que conectaban con ese propósito de forma explícita, lo que me permitió detenerme en Kull.

No obstante, las ideas son muy pertinaces, y esta no ha muerto. No descarto en el futuro un intento de creación de una suerte de Enciclopedia de Robert E. Howard. Pero eso ya se verá… si se ve.

 

 

La parte final del libro es una cronología del mundo hibóreo, con especial atención a la vida de Conan y de Kull19. He decidido usar como marco temporal básico para la Era Hibórea el periodo que comprendido entre el 22.000 y el 8.000 antes de Cristo, que son los años que estudiosos y aficionados aceptan en general como límites temporales del pasado ficticio creado por Howard20.

Dentro de ese marco y siguiendo las indicaciones que da el autor texano en su ensayo La Era Hibórea he intentado situar los distintos acontecimientos de la forma que me ha parecido más razonable.

Incluir a Kull en el proyecto, por otro lado, me llevó a ampliar la cronología y detallar acontecimientos tanto anteriores como posteriores a ese periodo. Y, dado que por fuerza tenía que mencionar un par de veces épocas históricas (el siglo iii una vez y el xx, otra), decidí prolongar la cronología hasta el año 1936 de nuestra era.

Si alguien se pregunta por qué precisamente ese año, encontrará la respuesta cuando llegue a ese punto.

 

 

Mi intención principal es que este libro resulte útil a cualquiera que se interese por Conan y su mundo y que aporte información interesante y relevante al respecto. Si además sirve para iniciar a aquellos que aún no conocen el personaje y acercarlos a la obra de Robert E. Howard, eso sería maravilloso, por supuesto.

Juzgadlo vosotros mismos, en todo caso.

 

Rodolfo Martínez

Gijón, junio de 2023

 

EL HOMBRE QUE PUDO SOÑAR

 

 

 

 

Robert E. Howard nació en 1906 en una pequeña población de Texas. Murió treinta años más tarde: subió a su coche y se pegó un tiro en la cabeza con un colt calibre 3821.

En esos treinta años hizo muchas cosas. Fue, especialmente, un prolífico autor para las revistas pulp de la época, las cuales inundó literalmente con sus relatos: de aventuras, históricos, «picantes», de boxeo, de misterio, de terror, westerns… y fantásticos. De hecho se lo considera el inventor, junto a Tolkien, de la fantasía moderna. Al tipo de relato que él y otros desarrollaron en las páginas de la revista Weird Tales, el escritor Fritz Leiber lo llamaría «de espada y brujería», en una suerte de eco con el género «de capa y espada».

En plena época de la Gran Depresión era el hombre más acaudalado de la pequeña población texana en la que vivía, incluso teniendo en cuenta que algunas revistas aún le debían dinero. Era, también, un completo desconocido para la mayoría de los lectores ajenos al circuito de la literatura pulp. Circuito del que intentó salirse alguna vez sin éxito; escribió La hora del dragón, su única novela de Conan, con destino a un editor inglés, pero el proyecto se malogró. Era tremendamente prolífico y si unimos el material que publicó en vida con toda la obra que quedó inédita a su muerte tendríamos para llenar varias cajas de buen tamaño. Si a eso añadimos los poemas, las sinopsis de relatos que nunca llegó a escribir y los inicios de historias inacabadas, la fertilidad literaria de Howard se convierte en algo apabullante.

Aunque como autor era mucho menos espontáneo de lo que le gustaba hacer creer a su amigos, sí que es cierto que escribía de prisa, para un mercado que pagaba poco y con retraso y que a menudo fraccionaba los pagos. Su estilo es dinámico y expresivo, capaz de describir una situación y un personaje con tres o cuatro frases y dejar ambos remachados con contundencia en la mente del lector.

Sus páginas, incluso las de los relatos más manidos y rutinarios, rebosan vida, nervio, expresividad. Sus personajes, pese a ser delineados con rapidez a base de tres o cuatro rasgos destacados, parecen vivos y de carne y hueso. No importa lo que cuente: es capaz de meterse al lector en el bolsillo y de mantenerlo enganchado e interesado de la primera página a la última.

Se pueden aprender muchas cosas en el oficio de escribir: el trabajo duro y la constancia pueden limar muchos defectos, ayudar en el manejo de numerosas técnicas y potenciar las cosas buenas que se tengan.

Pero o eres un buen narrador o no lo eres. Y eso no se aprende. Simplemente, algunas personas han nacido para contar historias y otras no.

Howard había nacido para ello, sin la menor duda, y lo demostró con creces a lo largo de su vida. No todo su trabajo es bueno, no todo es notable, seguro que buena parte de él no es merecedor de pasar a la posteridad. Pero incluso sus relatos más manidos, más de fórmula, tienen algo que aún hoy hace que el pulso se nos acelere y no podamos parar de leer.

 

 

Ya desde joven se sentía sumamente insatisfecho con su vida, en parte debido a su situación familiar, con un padre a menudo ausente ya fuese por su oficio de médico ya por sus continuas diferencias conyugales, y una madre medio recluida en casa por culpa de la tuberculosis que cada vez dependía más de su hijo22 y no estaba dispuesta a dejarlo libre23.

Pero también, sin duda, por el resto de su entorno. Era un joven introspectivo e imaginativo, con inquietudes literarias, que vivía en una pequeña ciudad del oeste de Texas a principios del siglo xx en la que los estímulos intelectuales eran, por decirlo suave, escasos.

Encontraría dos actividades con las que intentaría escapar de esa vida insatisfactoria: la literatura y el boxeo.

No tardó en darse cuenta de que llevaba mal la autoridad (sobre todo cuando consideraba que quien estaba por encima de él sabía o valía menos), así que la idea de trabajar a sueldo de otros quedó descartada tras varios intentos infructuosos. Por otro lado, no sentía deseo alguno de seguir los pasos de su padre, así que la carrera médica tampoco era una opción.

Empezó a escribir en la adolescencia y no tardó en decidir que esa era la profesión a la que quería dedicarse, especialmente cuando descubrió el mundo de las revistas pulp. Llegó a un acuerdo con sus padres. Intentaría durante un año ganarse la vida escribiendo y, si fracasaba, buscaría trabajo como contable, que era la profesión para la que se había preparado.

No hace falta decir que antes de que terminase el año estaba claro que Howard no se iba a ganar la vida cuadrando balances.

En cuanto al boxeo, se aficionó a él en la adolescencia y le proporcionó una valiosa oportunidad de socializar con personas con las que, de otro modo, no habría entablado contacto nunca. Y sobre todo lo dotó de una válvula de escape mucho más inmediata y eficaz que la literatura. Practicar, ejercitarse, pelear en pequeñas veladas amateurs no tardó en convertirse en algo importantísimo para el joven Howard. Por un lado era un ambiente donde se lo respetaba y no se lo miraba como el bicho raro ese que no tenía trabajo conocido y se pasaba el día escribiendo a máquina en casa de sus padres. Y por el otro, era una magnífica oportunidad de desquitarse de los reveses de la vida a base de dar (y, por supuesto, recibir) golpes en el cuadrilátero.

No tardó en convertirse en un experto en el deporte, algo que demostraría en varias de sus series de relatos, donde el protagonista sería casi siempre un marinero (normalmente de origen irlandés) que antes o después se veía envuelto en una pelea, lo quisiera o no.

Cuando empeoró la salud de su madre y tuvo que dejar las veladas de boxeo para ocuparse de ella, su humor empeoró. Y seguramente también lo hizo su salud mental. Es muy probable que pasara los diez últimos años de su vida en medio de una depresión crónica (en buena medida motivada por la insatisfacción enorme que sentía por su vida, aunque no se descartan factores fisiológicos) y los pensamientos suicidas le venían con cierta frecuencia a la cabeza, como demuestra su correspondencia.

Se las fue apañando para encontrar motivos para seguir adelante. Sin el boxeo, le quedaba la literatura. Y las cartas con sus amigos escritores24. Y, por un breve periodo poco antes de su muerte, su relación con Novalyne Price.

Pero la depresión seguía ahí. Y a medida que el estado de su madre empeoraba y se volvía más dependiente de él, se iba sintiendo cada vez más atrapado y no veía salida por ninguna parte.

 

 

Pasó casi toda su infancia y buena parte de su adolescencia yendo de una ciudad a otra del oeste de Texas, a causa de un padre obsesionado en hacer fortuna de un modo u otro. Llegó a conocer muy bien el ambiente de las ciudades del boom texano del petróleo y crecer en ese ambiente lo marcaría de forma imborrable. Tal como argumenta Mark Finn en su biografía, la itinerancia de su infancia y juventud es el origen de la idea howardiana de que la civilización es alcanzada antes o después por la corrupción y la decadencia y acaba siendo destruida, ya sea por tensiones internas ya por factores externos, solo para que la barbarie se apodere de ella.

El boom del petróleo en la Texas de los primeros años del siglo xx fue una de las últimas fronteras estadounidenses, en cierto modo. Y lo que trajo con ella fue, junto a una aparente y veloz prosperidad material y un crecimiento exagerado de la población y las infraestructuras, un montón de pícaros, estafadores, matones a sueldo, trabajadores, empresarios marrulleros, locales de dudosa reputación, ventajistas, pistoleros… Una fauna, en realidad, no muy distinta de la de cualquier ciudad fronteriza del oeste de la década de 1880, treinta o cuarenta años antes.

Eso era lo que conocía el joven Howard, ese era el mundo por el que se movía. La única ciudad grande, bulliciosa y cosmopolita en la que vivió fue Nueva Orleans por un corto periodo de tiempo en su adolescencia y no guardaría un gran recuerdo de ella25. Para él, urbanización y progreso eran sinónimos de corrupción y decadencia.

Cuando, ya adulto, interiorice y racionalice ese sentimiento infantil, lo que quedará es la idea de que antes o después toda civilización se corrompe y se destruye y que la barbarie es el estado natural del ser humano26.

Ese será el mundo que refleje una y otra vez en sus escritos, ya sea un relato de las cruzadas, un cuento de piratas, una historia de boxeo… o un relato fantástico. Da igual que hable de la Viena asediada por los turcos, de la Francia del siglo xvi o de la Ciudad de los Ladrones en la época de Conan. Todas esas metrópolis bulliciosas que a veces muestra en su momento de esplendor y otras en su declinar, esas urbes de enorme movilidad social, violentas, peligrosas y dinámicas están inspiradas en las ciudades del boom del petróleo texano que conoció en su infancia.

 

 

Con tan solo 20 años escribe el cuento que revolucionará el género fantástico: «The Shadow Kingdom»27, primera historia de Kull, rey de Valusia (reino legendario de un remotísimo pasado), antecedente en algunos aspectos de Conan, su creación más famosa.

Conan como tal nace seis años después, a partir de un cuento de Kull que no ha conseguido publicar. No tarda en tener claro el personaje y se pasa casi un año escribiendo sobre él antes de tomarse un descanso de unos meses. Atravesará periodos en los que lo deja en favor de otro tipo de relatos pero entre 1932 y 1936 Conan está presente en su obra de un modo y otro.

A finales de 1935 empieza a notársele cierto cansancio con el personaje. Que la revista Weird Tales, donde han aparecido los relatos del cimerio, le deba más de mil dólares no ayuda tampoco a motivarlo. Así que decide aparcarlo de momento y centra su atención en los westerns humorísticos a los que ha empezado a dedicarse unos meses atrás.

Ese parón, que él cree temporal, será definitivo.

Poco sospecha que el cimerio se va a convertir en su creación más famosa con diferencia y que, andando el tiempo, habrá pastiches escritos por otros autores, adaptaciones al cómic, al cine o la televisión (en imagen real y en animación)28.

Con Conan da salida a su amor por la novela de aventuras de ambientación histórica sin necesidad de pasarse meses documentándose para no cometer fallos en la ambientación: de ahí que la Era Hibórea sea un batiburrillo de diferentes lugares y épocas históricas que, de algún modo extraño, Howard consigue que funcione.

Y si el universo en el que vive el cimerio es una mezcolanza de diversos momentos robados del mundo real, algo parecido podemos decir del propio personaje:

 

Puede parecer descabellado el uso del término «realista» en relación a Conan, pero, dejando a un lado los elementos sobrenaturales de sus aventuras, es el personaje más realista que jamás he creado. No es más que una combinación de diversos individuos que he conocido y creo que por eso es por lo que parece haber saltado directamente a mi pensamiento consciente cuando escribí los primeros relatos. De algún modo mi subconsciente tomó y combinó las características principales de diversos luchadores profesionales, pistoleros, contrabandistas de licor, matones de campos de petróleo, jugadores de ventaja y hombres honrados a los que había conocido, y dio como resultado la amalgama a la que he llamado Conan el cimerio.29

 

En sus relatos de aventuras, ya estén ambientados en algún momento histórico real, ya en algún pasado imaginario, el mundo es siempre un lugar cruel, despiadado, que no da cuartel y puede triturar a las personas más fuertes si no se andan con cuidado. Sus héroes (que tienden a serlo casi siempre a su pesar y Conan es quizá el ejemplo más sintomático de eso30) han sido forjados por ese mundo y lo que verdaderamente los define, más que la fuerza física extraordinaria o su habilidad con las armas, es su resistencia a todo lo que la vida les puede echar encima. A eso hay que añadir en muchos casos su humor, a menudo tan afilado como su espada, y un código ético propio y personal que no están dispuestos a transgredir ni aunque les cueste la vida.

Si Howard hubiera visto Rocky Balboa (2006) sin duda habría encontrado familiar este parlamento del personaje interpretado por Stallone:

 

Deja que te diga algo que ya sabes. El mundo no es un cuento de hadas. Es un lugar malo y desagradable, y no importa lo duro que seas, te pondrá de rodillas y, si te das por vencido, no permitirá que te pongas pie. Nadie pega tan fuerte como la vida, ni tú ni yo ni nadie, pero no es cuestión de golpear fuerte, sino de seguir adelante, por muy fuerte que te golpeen.31

 

Conan habría dicho lo mismo; seguramente con bastantes menos palabras.

Por desgracia, llega un momento en que Howard ya no es capaz de seguir adelante. Atrapado por la depresión, asaltado por pensamientos suicidas, cada vez ve más lejana la luz al final del túnel. Eso llega a su conclusión cuando la enfermedad de la madre se vuelve terminal, algo que coincide más o menos en el tiempo con la ruptura de su relación de pareja con Novalyne Price y la comprensión de que la ha perdido y que, probablemente, ha sido por su culpa.

De haberse encontrado en un estado de ánimo más sereno, quizá habría visto (no sin la inevitable punzada de culpabilidad) la inminente muerte de su madre como una forma de escapar de la asfixiante situación en la que vive. Como una salida hacia la vida, no hacia la muerte. En lugar de eso, le parece la oportunidad perfecta para acabar con todo. Si su madre se muere, ya no lo necesitará para cuidar de ella. Sin responsabilidades que lo aten a la vida, está libre para dejarla.

Eso hace en junio de 1936, pocos minutos después de que la enfermera le confirme que a su madre le quedan horas. Toma un colt que le ha pedido prestado a un amigo, se sube al coche aparcado en el patio y se pega un tiro en la cabeza.

 

 

Entre el material que publica en vida y el que queda inédito a su muerte se calcula que escribió unos trescientos relatos de diversa extensión (cuentos cortos, largos, novelas cortas y unas pocas novelas) y más de setecientos poemas. Eso sin contar sus cartas, que son numerosas (y en algunos casos larguísimas, como las enviadas a Lovecraft).

Su fama empieza a crecer poco a poco después de su muerte, a medida que parte de su obra es recopilada en libros. En 1937 se publica en Inglaterra A Gent From Bear Creek32, novela construida a base de ensamblar diversos relatos del oeste que comparten como protagonista a Breckinridge Elkins.

Arkham House (la editorial creada por August Derleth para, en un principio, editar la obra de su admirado H. P. Lovecraft) publica en 1946 Skull-Face and Others33, que contiene mayoritariamente relatos fantásticos y es su primer libro en Estados Unidos.

En los años cincuenta una pequeña editorial llamada Gnome Press edita todos los relatos de Conan publicados en vida del autor en cinco libros: Conan the Conqueror (1950), The Sword of Conan (1952), King Conan (1953), The Coming of Conan (1953) y Conan the Barbarian (1954).

Se añaden luego otros dos. En Tales of Conan (1955) se recuperan cuentos de Howard de otros personajes que el escritor L. Sprague de Camp transforma en historias del cimerio. The Return of Conan (1957) contiene una novela original del bárbaro escrita por el fan sueco Björn Nyberg y retocada (supongo que para que el inglés pase por el de un nativo) por L. Sprague de Camp.

Este le pilla el gusto a manipular los relatos de Howard y prepara años después una edición que pretende ser «definitiva» en la que ordena los relatos de Howard (todos ellos retocados por él, a veces de forma excesiva, otras en detalles irrelevantes34) de acuerdo a la cronología del personaje. No contento con ello incorpora nuevos cuentos escritos por él o por su colega Lin Carter para rellenar huecos en la biografía de Conan. Esa versión se publicará en los años sesenta por la editorial Lancer y será durante muchos años la única a la que tendrán acceso los lectores35.

De Camp se opondrá una y otra vez a que se editen los cuentos de Howard (y solo estos) sin retocar, lo cual, aunque mezquino, no es extraño: cobra royalties por los pastiches propios y por los retoques a los cuentos originales, pero de una edición sin ninguno de esos elementos no vería ni un centavo36.

Sin quererlo quizá le ha hecho un favor a Howard, ya que los cuentos de este, ya buenos de por sí, destacan aún más publicados al lado de las mediocridades rutinarias perpetradas por De Camp y Carter, aunque dudo que fuese esa su intención.

En cualquier caso, la edición de Lancer se volverá enormemente popular, en parte gracias a que tiene la suerte de contar con portadas de Frank Frazetta, uno de los más míticos ilustradores del fantástico. Frazetta cambiará por completo el paradigma visual de Conan, al extremo de que incluso hoy en día es su versión visual del personaje la que se sigue considerando canónica.

Esa popularidad acaba llevando a una adaptación al cómic en los años setenta por parte de Marvel, donde se convierte en una de las series más exitosas durante más de diez años.

La película de 1982 Conan the Barbarian (Conan el bárbaro), dirigida por John Milius y protagonizada por Arnold Schwarzenegger, terminará de situar a Conan en el panteón de los iconos de la cultura popular.

 

 

Con el cambio de siglo surgen diversos expertos y estudiosos que buscan restaurar la obra de Howard a su forma original y que preparan excelentes ediciones de buena parte de su obra.

Al respecto hay que mencionar la labor de la Robert E. Howard Foundation Press, que edita desde Estados Unidos unos estupendos volúmenes en tapa dura y pequeñas tiradas en los que, con calma y mimo, van recopilando los principales escritos del texano.

Ahora mismo, y frente al panorama de sequía de hace unos años, donde solo estaba disponible Conan, y no siempre el que debía (llegó a haber una época absurda en la que se publicaban nuevos pastiches de nuevos autores pero no se reeditaba el material original) nos encontramos en un momento muy dulce tanto en la edición de la obra howardiana como en el conocimiento de esta, sobre todo en inglés. En nuestro país, distintas editoriales han ido publicando sus ciclos narrativos más importantes y seguro que antes o después acabará apariendo, si no toda, al menos la mayoría de su narrativa.

Y, de paso, Howard ocupa el puesto que se merece como uno de los más importantes autores de literatura popular del pasado siglo y la principal influencia, junto con Tolkien, en la fantasía moderna.

 

DE PELO NEGRO Y MIRADA TACITURNA

 

 

0UN REY VIENE A CABALLO

 

 

1

el exiliado de la atlántida

(Originalmente sin título)

Escrito probablemente entre julio de 1925 y enero de 1926

Publicado originalmente en King Kull, 1967

 

 

Una partida de caza atlante, entre la que se encuentra el joven Kull, regresa a la tribu y allí asisten a los primeros momentos del sacrificio por fuego de una joven, por el pecado de haberse casado con un extranjero. Llevado por la compasión y ante una petición muda de la muchacha, Kull lanza el puñal y se lo clava en el corazón, ahorrándole así el sufrimiento de la hoguera. Tras esto, huye de su tribu.

 

 

No está muy claro si este fragmento estaba previsto como una suerte de prólogo a «El reino de las sombras» del que luego se decidió prescindir o si se trataba del arranque de otro relato. Como sea, suele aceptarse que es lo primero que Howard escribe sobre Kull y, en efecto, funciona como una suerte de prólogo a su saga, al contar, aunque no por completo, sus orígenes.

Es un fragmento breve donde los atlantes son tratados como habitantes del neolítico y se los describe como feroces y tremendamente xenófobos. Kull, que ansía ver mundo, no ve las cosas como sus paisanos.

La historia no da mucho más de sí. Sirve para revelar algunas facetas futuras del personaje, como su compasión por los débiles, algo que mostrará más de una vez cuando sea rey y que lo marca como alguien excepcional entre su gente. Más que como relato (que no lo es, claramente nunca se completó) funciona y tiene sentido como prólogo a las aventuras del futuro rey de Valusia y así se ha utilizado normalmente, tanto en las recopilaciones de relatos como en las adaptaciones al cómic37.

Uno de los acompañantes de Kull se llama Am-ra, y no es la primera vez que Howard usa el nombre. Se han encontrado unos cuantos fragmentos, tanto en prosa como en verso, dedicados a Am-ra, un guerrero neolítico38.

Como le ocurrirá otras veces, Howard se ha ido cansando del personaje, pero utiliza elementos suyos para componer uno nuevo. Así que se podría decir, como bien afirma Louinet, que igual que Conan nace de las cenizas de Kull, este nace a su vez de las de Am-ra.

 

 

2

EL REINO DE LAS SOMBRAS

(The Shadow Kingdom)

Iniciado el verano de 1926; terminado el verano de 1927

Publicado originalmente en Weird Tales, agosto de 1929

 

 

Kull, bárbaro atlante que se sienta en el trono de Valusia, recibe un aviso del embajador picto, que le explica que su trono se tambalea y su vida está amenazada; los hombres-serpiente pretenden eliminarlo y suplantarlo. Kull descubre que no puede confiar en ninguno de sus concejeros y que solo con la ayuda del picto Brule sobrevivirá a la noche.

 

 

Con este relato Howard inventa la fantasía moderna. Así de claro y así de sencillo. «El reino de las sombras» tiene para el género el mismo valor fundacional que pueda tener Cosecha roja para la novela negra o Frankenstein para la ciencia ficción. De hecho, Howard realiza con la fantasía algo muy parecido a lo que, según Raymond Chandler, había realizado Dashell Hammett con la novela policiaca:

 

Sacó al asesinato del jarrón veneciano y lo arrojó al callejón (…), devolviéndolo a la clase de gente que lo comete por auténticos motivos, no por el mero hecho de proporcionar un cadáver.39

 

Al igual que Hammett vuelve plebeya, sucia y americana la novela policíaca, Howard hace otro tanto con la fantasía40. Y es con este relato con el que todo se inicia.

Lo curioso es que las raíces de esta historia son bíblicas, con Kull ejerciendo de trasunto del rey Saúl de Israel, personaje que fascina a Howard; lo ve como alguien puesto en del trono para servir de títere a los profetas, sin que estos comprendan que el carácter del rey jamás le permitirá ser una marioneta.

En una carta a Lovecraft en enero de 1931 dice:

 

¿Es extraño que se volviera loco hacia el final? No estaba capacitado para enfrentarse a los misterios del oficio de rey, y era demasiado independiente y orgulloso para bailar como una marioneta al son del sumo sacerdote. Ahí selló su propia perdición. Al frustrar las intenciones del astuto Samuel, debería haber cortado a continuación la garganta de ese ladino caballero, pero no se atrevió.41

 

Kull lleva cabo aquello que Saúl no osa. Claro que la diferencia es que Kull tiene a su lado a Brule, el lancero picto, feroz y leal, y a quien tenía a su lado Saúl era a David, que estaba siendo preparado para sucederlo en el trono por Samuel y los profetas (que equivaldrían a los hombres-serpiente en esta extraña metáfora).

En el arranque se nos muestra la gloria de Valusia en todo su esplendor y es ahí donde vemos a Kull, quien contempla un desfile militar. La escena nos permite, por un lado, familiarizarnos con la ciudad de Valusia y los chismes que cuentan sus habitantes y, por el otro, con el propio Kull, y su patente soledad y distancia en medio de la multitud.

La secuencia de la cena con el embajador picto empieza teniendo tintes burlones y acaba derivando por lugares sombríos, que dejan al rey de humor meditabundo cuando vuelve a palacio:

 

—Eres joven —decían palacios, templos y capillas—. Pero nosotros somos viejos. El mundo era joven y salvaje cuando nos erigieron. Tú y tu tribu pasaréis, pero nosotros somos invencibles, indestructibles.

(…)

»¿A cuántos reyes hemos visto cabalgar por estas calles antes de que Kull de la Atlántida fuera siquiera un sueño en la mente de Ka, pájaro de la Creación? Sigue cabalgando, Kull; te seguirán otros más grandes, igual que otros más grandes vinieron antes que tú. Son polvo; están olvidados; nosotros seguimos en pie; sabemos; somos. Cabalga, cabalga, Kull de la Atlántida. ¡Kull el rey, Kull el tonto!42

 

El relato no tarda en deslizarse por una pendiente resbaladiza de pura paranoia, a medida que Kull va viendo personas que creía conocer suplantadas por los hombres-serpiente. Hay un momento especialmente intenso cuando incluso Brule parece ser un impostor. Aunque la situación se resuelve satisfactoriamente, la paranoia ya no abandona a Kull (ni las páginas del relato) hasta el final, en el momento en que entra en la sala del Consejo Real y ve a otro Kull sentado y presidiendo la reunión.

En ese preciso instante está a punto de perder su propia identidad y llega a plantearse si no será él el impostor, en lugar del que está en el Consejo. Sale de esa espiral autodestructiva gracias a Brule, que en todo momento se muestra leal y sin cuya ayuda el rey jamás habría sobrevivido.

La amistad entre ambos es lo que mantendrá en pie al reino y al rey, una amistad inverosímil entre miembros de dos pueblos que llevan siglos odiándose, cimentada en haber enfrentado juntos el horror y haber sobrevivido.

Se ha dicho a menudo43 que los héroes de Howard son intercambiables. Si algo demuestra este relato es que eso es falso: todos tienen ciertos elementos, comunes, sí, pero el Kull de «El reino de las sombras» no se parece Conan en casi nada, más allá de su físico y su origen bárbaro. Por un lado, Conan jamás habría caído en los pensamientos en los que cae Kull y por el otro, el cimerio no necesita un personaje como Brule, entre otras cosas porque se parece más a Brule, por carácter y pensamiento, que a Kull.

 

 

3

LOS ESPEJOS DE TUZUN THUNE

(The Mirrors of Tuzun Thune)

Escrito hacia setiembre de 1927

Publicado originalmente en Weird Tales, setiembre de 1929