Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
La libertad parece un asunto simple: todas nuestras elecciones han de ser válidas si conducen a nuestro propio bienestar. Pero incurrimos en decisiones que pueden dañarnos: fumar, llevar una dieta desbalanceada, gastar en cosas innecesarias…, actos de disfrute cuyas consecuencias pueden ser lamentables. Cass R. Sunstein considera que, para ponerle un alto a las malas elecciones, sólo hace falta un "empujoncito": sea en la forma de programas de ahorro automático o campañas de salud alimentaria, las políticas públicas pueden mejorar la navegabilidad por un mundo de decisiones difíciles sin hacer uso de la coerción violenta. Desde la manzana que Eva mordió en el Paraíso, hasta los escritos de John Stuart Mill o los estudios realizados por economistas contemporáneos, Sunstein echa mano de la economía experimental y conductual, así como un bagaje literario y cultural, para actualizar el viejo problema del libre albedrío. Éste es un libro de filosofía aplicada, útil para todo aquel responsable de tareas de planificación o legislación que tenga interés por mejorar la vida de la gente sin vulnerar su autonomía.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 102
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
CASS R. SUNSTEIN
Traducción de Tomás Granados Salinas
Primera edición, 2022
© Cass R. Sunstein, 2019. All rights reserved
Traducción de Tomás Granados Salinas
Diseño de portada: León Muñoz Santini y Andrea García Flores
Fotografía de solapa: Kathleen Dooher
D. R. © 2022, Libros Grano de Sal, SA de CV
Río San Joaquín, edif. 12-b, int. 104, Lomas de Sotelo, 11200, Miguel Hidalgo, Ciudad de México, México
www.granodesal.com GranodeSal
LibrosGranodeSal grano.de.sal
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, sin la autorización por escrito del titular de los derechos.
ISBN 978-607-59437-5-6
Introducción
Manzanas mordidas
Un olor nuevo y extraño
1. ¿Qué demonios es el agua?
Nudges
El miedo al gobierno
A juicio de ellos mismos
Tres objeciones
Acertijos
2. Navegabilidad
Cómo llegar ahí
¿A dónde quieres ir?
Navegabilidad y fango
3. Autocontrol
¿Qué piensa la gente?
Casos difíciles
4. Felices como sea
Reducir las opciones
Dos enfoques
Coerción
Epílogo. “Por el Edén emprendieron su solitario camino”
Agradecimientos
¿La libertad de elección favorece el bienestar humano? Muchas personas piensan que sí. Sostienen que cada uno de nosotros es el mejor juez de lo que favorecerá su propio bienestar. Y que se debería permitir a la gente seguir su propio camino, siempre y cuando no dañe a alguien más.
¿Pero qué pasa si las personas no sabes cómo encontrar su camino? ¿Y qué tal si no tienen ni idea sobre cuál es ese camino?
Para muchos de nosotros, la navegabilidad es un problema serio, tal vez el más importante de todos. Moverse en una ciudad o un aeropuerto desconocido puede ser algo desconcertante. Lo mismo podría ocurrir con la burocracia sanitaria o con el sistema de justicia penal. Cuando la vida es difícil de navegar, las personas son menos libres, no pueden llegar a donde quieren. El reto surge no sólo cuando literalmente buscamos un destino (una gasolinería, un banco, un consultorio médico), sino también cuando buscamos algún tipo de resultado (buena salud, una visa, un lugar decente para vivir, seguridad personal, tranquilidad económica, una relación satisfactoria, un buen trabajo).
Los obstáculos a la navegabilidad son grandes causas de falta de libertad en la vida. Crean una especie de esclavitud. Hacen que la gente se sienta perdida. En los países ricos y en los pobres, reducen el bienestar de las personas. La libertad de elección es importante, incluso diríamos que es un elemento decisivo, pero puede verse socavada o incluso destruida si la vida no puede ser navegada. Los obstáculos a la navegabilidad han sido el gran punto ciego en la tradición filosófica occidental. Merecen una mayor atención, no sólo por parte de filósofos y teóricos políticos, sino también por parte de economistas, psicólogos, diseñadores, arquitectos, informáticos, abogados, funcionarios públicos, el sector privado y los ciudadanos de a pie.
La navegabilidad es un reto particularmente difícil cuando las personas tienen problemas de autocontrol. Cuando no pueden superar esos problemas, su libertad se ve gravemente comprometida. Considérese por ejemplo el fumar, beber, comer en exceso, apostar y consumir drogas. La adicción es el caso más extremo de estas acciones, pero los problemas de autocontrol están en todas partes.1 Un obstáculo especial para resolver esos problemas es el “sesgo del presente”: la gente suele centrarse en el hoy y no en el mañana, lo que significa que prefiere el placer inmediato y evitar el dolor a corto plazo, incluso si esa elección empeora su vida (y la hace menos valiosa). Al mismo tiempo, las personas suelen saber que están cometiendo un error. Quieren ayuda. Quieren encontrar el camino correcto. Con intervenciones sutiles, las personas podrían resolver los problemas de autocontrol, y lo harían conservando su libertad (y, desde cierto punto de vista, incluso la aumentarían).
Si bien mi enfoque principal es la navegabilidad, también me plantearé las siguientes preguntas sobre la libertad y el bienestar: ¿qué pasaría si las elecciones libres de las personas estuvieran influidas de forma decisiva por algún aspecto del entorno social?, ¿y si de cualquier manera terminaran siendo felices? En esos casos, ¿cómo deberían proceder los diseñadores del entorno social: patrones, profesores, médicos, asesores financieros, empresas, gobiernos? Como veremos, estas preguntas son a la vez difíciles y esenciales.
En la vida de casi todo el mundo, alguna elección libre ha significado un gran cambio, incluso si esa decisión fue producto de la serendipia o de un factor pequeño o en apariencia accidental. Puede ser que, en el último momento, hayas optado por tomar una clase en la preparatoria en vez de otra y que un profesor haya cambiado el curso de tu vida. En un momento dado, podrías haber ido a una fiesta que no te entusiasmaba y por casualidad llamaste la atención de alguien: ese alguien es ahora tu pareja. O se canceló algún compromiso de trabajo y entonces visitaste una ciudad, muy lejana, para pasar un poco de tiempo libre con un amigo; para tu sorpresa, te enamoraste de ese sitio: ahora es tu hogar.
A los escritores de ciencia ficción (al igual que a algunos filósofos e historiadores) les gusta hablar de “mundos paralelos” o de “historia contrafactual”. Quiero apuntar a algo similar y más acotado: casos en los que alguna característica del entorno social lleva a la gente a elegir la opción A, la opción B, la opción C o la opción D, y en los que quienes deben elegir terminan felices a posteriori, sin desear nunca que las cosas sean diferentes, sea cual sea su elección.
Algunos de estos casos son triviales. Por ejemplo, podemos imaginarnos situaciones en las que la gente estaría igualmente feliz con uno u otro plan de salud, y su elección es producto de un guiño social aparentemente inocuo (como cierta fuente tipográfica o cierto color en un sitio electrónico). Otros casos involucran grandes aspectos de la vida —situaciones en las que las personas estarían felices en una u otra ciudad, con su pareja o con su carrera— y un guiño social aparentemente inocuo (un anuncio, una sonrisa, una palabra de aliento, un camino con menor resistencia) cambia todas las cosas. En los casos más difíciles, en los que las elecciones libres pueden conducir a diferentes direcciones, no hay escapatoria a la evaluación de resultados al preguntarse qué es lo que favorece el bienestar de las personas. Al menos no la hay si uno —sea un empleador, un médico, un gobierno— está encargado de decidir qué tipo de entorno social va a diseñarse.
Dos pasajes literarios nos ayudarán a enmarcar esta discusión. El primero resultará familiar:
Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.2
El segundo pasaje es de una magnífica novela sobre la libertad —Posesión, de A. S. Byatt (1990)—, después de una fatídica elección (y sí, implica una aventura amorosa):
Por la mañana el mundo entero tenía un olor nuevo y extraño. Era el olor del después, un olor a verde, a hojas rotas y resina rezumada, a madera aplastada y salpicaduras de savia, un olor agrio que tenía un cierto parentesco con el olor a manzana mordida. Era el olor de la muerte y la destrucción, y olía a cosa fresca, animosa y esperanzada.3
En el Génesis, Adán y Eva ejercieron su libertad de elección y lo perdieron todo. (También ganaron mucho.) Byatt también habla de una elección libre y una especie de caída. Aunque su historia se superpone con la del Génesis, su relato es mucho más optimista. Hay un olor a muerte y destrucción, pero está lleno de vida y esperanza. Seamos claros: cada ser humano tiene la suerte de poder experimentar ese olor.
¿Las elecciones libres de la gente realmente hacen que sus vidas sean mejores? La tradición filosófica liberal ofrece una respuesta simple: sí.4 Artistas, novelistas, psicólogos y teólogos dan una respuesta más complicada, y tienen razón al insistir en que la respuesta simple es demasiado simple.
Puede que la gente no tenga idea de cómo llegar a donde quiere ir. Como Adán y Eva, pueden ser tentados. A veces les falta autocontrol. Las condiciones del entorno importan mucho. En algunos casos, en el sentido más profundo, las elecciones de la gente no son suyas; se les priva de ellas, se les engaña o se les manipula. A veces la gente carece de información crucial. En otros casos sus preferencias son producto de injusticias o privaciones. A veces simplemente se equivocan. Como resultado, sus vidas empeoran.
Para avanzar, me centraré en gran medida en lo que Richard Thaler y yo llamamos nudges (en inglés) o “empujoncitos”:5 intervenciones que conducen a la gente en cierta dirección, pero que también preservan la libertad de elegir. E incluso tendré algo que decir sobre la coerción.
El asunto de la navegabilidad, por supuesto, no está cerca de agotar el tema de la libertad. Por ejemplo, no exploraré las diferencias entre “libertad negativa” y “libertad positiva”, ni diré una palabra sobre la libertad de expresión o la libertad de religión; tampoco haré un juicio final sobre el “principio del daño” de John Stuart Mill,6 ni profundizaré en la afirmación de que los derechos de propiedad, conferidos por el Estado, pueden resultar esenciales para la libertad, o bien pueden ser una limitación a ésta. Espero que mi enfoque más acotado ofrezca perspectivas nuevas tanto de la condición humana como de diversos problemas duraderos, algunos de los cuales son especialmente apremiantes en los tiempos que corren.
1 Véanse Shahram Heshmat, Addiction: A Behavioral Economic Perspective, Nueva York, Routledge, 2015; y Nick Heather y Gabriel Segal (eds.), Addiction and Choice: Rethinking the Relationship, Nueva York, Oxford University Press, 2017.
2 Génesis 3:6. Hay un tratamiento magnífico de este tema en Stephen Greenblatt, The Rise and Fall of Adam and Eve, Nueva York, W. W. Norton, 2017.
3 A. S. Byatt, Possession, Nueva York, Vintage, 1990, p. 551 [hay traducción al español, de María Luisa Balseiro: Posesión, Barcelona, Anagrama, 1990].
4 John Stuart Mill, On Liberty, Nueva York, Dover Thrift Editions, 2002 (1859) [tiene traducción al español, de César Ruiz Sanjuán: Sobre la libertad, Madrid, Akal, 2014]. Hay un cuidadoso análisis reciente en B. Douglas Bernheim, “The Good, the Bad, and the Ugly: A Unified Approach to Behavioral Welfare Economics”, Journal of Benefit-Cost Analysis, vol. 12, núm. 1 (2016), pp. 1-57. Por lo que toca a la tradición filosófica liberal, prefiero incluir un gran número de pensadores, entre ellos los más conservadores. Una crítica a Mill, ejemplo claro de un pensamiento notoriamente conservador, se puede encontrar en James Fitzjames Stephen, Liberty, Equality, Fraternity, Londres, Smith, Elder & Co., 1874 (Ann Arbor, Liberty Fund, 1993). Debería quedar claro que, al hacer hincapié en la centralidad de la navegabilidad, reconozco que estoy agrupando algunas cuestiones conceptuales con respecto a la definición de la libertad y que me baso en una forma de entender este asunto que es (espero) ampliamente compartida.
5 Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein, Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness, Nueva York, Penguin, 2009, p. 5 [hay traducción al español, de Belén Urrutia Domínguez: Un pequeño empujón. El impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad, Madrid, Taurus, 2017]. Un análisis instructivo, que vale la pena leer con cuidado, aunque no estoy totalmente de acuerdo con él, es B. Douglas Bernheim y Dmitry Taubinsky, “Behavioral Public Economics”, NBER Working Paper núm. 24 828, National Bureau of Economic Research, julio de 2018, www.nber.org/papers/w24828.
6 Algunas objeciones se pueden leer en Sarah Conly, Against Autonomy, Nueva York, Cambridge University Press, 2011.
