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"Ay, niña que creces, mi Verónica. Ya vamos conversando por la calle, a pasos iguales, deteniéndonos frente a las mismas vidrieras, codeándonos para avisarnos que hay que mirar a cualquiera que pasa, riéndonos de las mismas cosas, tú mucho más aguda, más profunda, más capaz de bucear en los seres y en los paisajes, dándome a cada rato un universo diferente y nuevo, que yo sola jamás hubiera podido descubrir. Ay, niña que creces, mi Verónica, niña que me pones nostálgica porque te vas llevando en ti los caminitos de la infancia y me estás enseñando a ser grande, mientras aprendes a ser no esta pequeña y a veces dolorida mujer que soy, sino una gran mujer que ya se te adivina".
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Seitenzahl: 45
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Verónica crece
Verónica crece
Poldy Bird
Poldy Bird
Verónica crece. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Del Nuevo Extremo, 2015.
E-Book.
ISBN 978-987-609-576-1
1. Narrativa Argentina.
CDD A863
© Poldy Bird
© de esta edición: Editorial del Nuevo Extremo S.A., 2014
A. J. Carranza 1852 (C1414COV) Buenos Aires, Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4773-3228
e-mail: [email protected]
www.delnuevoextremo.com
Imagen editorial: Marta Cánovas
Diseño de tapa / Diseño interior: m&s estudio
2ª edición: marzo de 2014
Primera edición en formato digital: junio de 2015
Digitalización: Proyecto451
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
Inscripción ley 11.723 en trámite
ISBN edición digital (ePub): 978-987-609-576-1
palabras
Hace unos años publiqué los primeros Cuentos para Verónica. Tuyos, mi niña.
Un poco míos también.
En aquel entonces ibas a primer grado y estabas cambiando los dientes... Hoy, mientras termina tu infancia y haces ruido, al caminar, con unos zuecos empinados, yo junto las emociones de los seis años transcurridos desde aquel libro, y las transformo en otro.
Seguimos, así, transitando juntas senderitos de papel y tinta. Yo siempre asombrada, siempre deslumbrándome con lo que revives en mi corazón..., y tú todavía con cara de manzana y con escondrijos para los secretos.
En estas páginas me tendrás, leyéndome. Algún día mis palabras escritas serán mi voz y te dirán lo que yo te diría...
Se las leerás a tus hijos. Tus hijos a sus hijos... Y nuestro cariño siempre estará naciendo otra vez, siempre será nuevo... Verónica: apresa estas palabras. Mariposas. Pajaritos de luz. Tan livianas que pueden volar, y tan necesarias, cuando dicen amor, tan necesarias para mí y para ti.
otra vez los reyes magos
¿Por qué no se lo conté a nadie todavía, yo, que todo lo cuento, que todo lo pongo boca arriba sobre la mesa porque los secretos se me vuelan como mariposas?
No, no dije que el año pasado, cuando me preguntaste si Papá Noel y los Reyes Magos eran de verdad, te dije que sí y que no..., que hace muchos, muchos, muchos años existieron, pero ahora se conservaba el recuerdo y se dejaba correr como agua de una fuente esa mentira linda de que “pasan los Reyes”, o “Papá Noel llegará en un trineo”.
—Entonces los regalos los compran papá y vos.
—Sí...
—¿Y el pasto que se comen los camellos, y el agua que se toman..., eh?
—Papá le echa el agua a las macetas, y el pasto lo tiramos por el incinerador.
—¿Cuando vos eras chica creías en los Reyes y en Papá Noel?
—¡Claro que creía!, y cuando supe la verdad, no se la dije a nadie porque tenía miedo de que no me pusieran nunca más regalos en los zapatos.
—Claro, vos te pusiste a mentir como mienten los grandes...
Como mienten los grandes. A veces para destruir, a veces para defenderse, a veces para no llegar hasta el final de los caminos. Fuimos los tres juntos a comprar los regalos, tuvimos unas alegres fiestas, pero después me quedó la nostalgia de los zapatos puestos en el balcón y la sorpresa... y el balde con agua y el pasto y los terrones de azúcar para los camellos cansados de viajes tan enormes...
Y los Reyes, cabalgando en la noche transparente, esquivando luceros y estrellas de topacio, pinchando el aire tibio con las puntas de sus coronas. Los Reyes, que de tanto quererlos, una vez me pareció verlos huyendo para que mis ojos no los tocaran.
¿Y quién puede decir que en realidad no existan?
¿Y quién puede afirmar que sean absolutamente de mentira?
Aquella vez, como pájaros oscuros con las coronas de luz, hendiendo una nube gris, haciendo el ruido de un papel que roza la mano, aquella vez los vi..., casi podría jurarlo.
¿Por qué no le conté a nadie que te dije que Papá Noel y los Reyes no traen los juguetes de diciembre y enero? Para que..., para que no pensaras que estás creciendo, para que no me dijeran “ya va siendo grande”, para conservarte chiquita y enteramente mía, detenida en el tiempo, en la inocencia... O tal vez para que los demás no se dieran cuenta de que..., de que yo no creo que los Reyes no existen.
De veras, gorda mía, creyendo que mentía al no decir que no creía ya, mantenía en alto una verdad.
Por eso, este año, vamos a hacer una cosa entre las dos: les vamos a escribir una carta a los Reyes, en papel de luna, con tinta de mar, con letras de hormigas que saben marchar; Melchor, mucho gusto, ¿qué dice, Gaspar?, una reverencia para Baltasar... Y también vamos a poner los zapatos en el balcón, bien lustrados, y el balde con agua, y la parva de pasto y los terrones de azúcar, y yo te voy a comprar un regalo que ni te imaginás, y vos a mí otro que yo no sepa, y las dos a papá, y papá a vos y a mí, y a la mañana temprano correremos los tres, descalzos, a mirar con asombro los papeles estampados, las cintas de colores, los zapatos sonrientes de los seis de enero, inflados de orgullo.
¿Dale que sí?
¿Dale que las dos creemos en los Reyes Magos para siempre?
